viernes, 11 de junio de 2010

FÚTBOL A DEBATE

“Hay mucha desconfianza hacia el fútbol desde su origen. Un poco porque se ha considerado una expresión casi animalesca, y otro poco por la desconfianza que el intelectual siente hacia la masa. Y también porque el fútbol expresa pasiones, y entre la reflexión y la pasión hay siempre una desconfianza mutua. Todo eso ha ido cambiando con el paso del tiempo, hasta el punto de que hoy los futbolistas son auténticos referentes sociales, lo que tiene que ver con cierta infantilización de la sociedad.” Jorge Valdano.

Un mes para atascarse de fútbol, un mes para olvidarse de los problemas cotidianos y “enajenarse” con lo que alguna vez se llamara “el juego del hombre” haciendo eco de esa “animalidad” a que se refiere el exjugador argentino con quien comenzamos este texto, aunque ahora lo juegan también las mujeres. Al momento de redactar este artículo ignoramos el resultado del partido inaugural, no sabemos si las esperanzas y el orgullo nacional depositado en 11 pares de botines resultaron premiados con un triunfo, o se quedaron en la pausa, más parecida a un purgatorio, del empate; o si resultaron vapuleados con una derrota.
Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, enajenar tiene entre sus significados al menos dos que se pueden aplicar sin mayor problema a este deporte, el primero es: “Sacar a alguien fuera de sí, entorpecerle o turbarle el uso de la razón o de los sentidos”, y eso es lo que en muchos logrará la transmisión de los juegos del campeonato mundial, a través de los medios de comunicación masiva, desde un lugar para nosotros tan remoto como Sudáfrica; no tendremos más tema que las alineaciones, los resultados propios y ajenos, las estadísticas muchas veces inútiles. El segundo es: “Extasiar, embelesar, producir asombro o admiración”, y es que el fútbol además de deporte cuando se practica tiene que ser un espectáculo cuando se ve jugar, buscamos esa jugada, ese jugador, esas genialidades individuales y de equipo, ese resultado sorpresivo, ese gol casi imposible y logrado por la chispa, la estrategia o la destreza técnica.
Pero la distancia que existe entre la intelectualidad y ese deporte de masas es real, aunque los factores de ese alejamiento se deben más a la manera en que se comercializa y se utiliza hasta políticamente, que a su propia dinámica. Para explicarnos estos temas recurrimos a Jorge Valdano, exjugador, extécnico, comentarista, directivo de equipos importantes y que utilizó al fútbol para desarrollarse en todos los ámbitos posibles. Tan amplia es su cultura que ha leído a Borges, ese maravilloso escritor que resultara desconocido para nuestra ignorante clase política ―recordar a Vicente Fox―. “Borges dijo, entre otras cosas, que el hombre había pasado de jugar al ajedrez a jugar al fútbol, y que eso era un signo de degradación social (pero es que) El fútbol tiene tics conservadores y autoritarios, tal vez porque es un juego primario, con un punto de brutalidad evidente. Alguien que pretenda reflexionar sobre el fenómeno del fútbol no tiene buena aceptación.”
A fin de cuentas, o más bien al principio de ellas, el deporte de las patadas tiene un origen y desarrollo que da para mucho más de lo que parece, es organizado, tiene reglas claras, sanciones casi inmediatas para cualquier infracción de las mismas, lo que ocurre sucede frente a los ojos de miles de espectadores, aunque algunos de los dueños y directivos se empeñan en ocultar y transar fuera del terreno de juego.
Hay que aprovechar las ventajas y aprender a eludir las desventajas: “Mi punto de partida ha sido el fútbol. Ahí me han plantado y ahí germiné. Lo considero como una escuela. Es uno de esos medios donde uno aprende sin tener conciencia de la enseñanza: aprende a relacionarse, a repartir roles, aprende la superación personal… Hay muchos mensajes implícitos que a través del juego se van incorporando como enseñanza. Pero además yo aproveché el fútbol para ramificarme. He conocido gente que de tan admirada era inalcanzable, con la que tengo una relación estrecha, y de la que también aprendo. Entre las ventajas del fútbol hay una invalorable y es que te deja libre mucho tiempo. Yo lo he aprovechado para leer, para curiosear, eso ha completado mi formación. Y como todos terminamos ocupando un lugar en el paisaje mediático, a mí me tocó ser una especie de vaso comunicante entre el fútbol y la cultura”.
Decíamos que los medios de comunicación, por sus características propias, ocultan y desaparecen aspectos positivos del deporte organizado como es el que tratamos: “Yo creo que hay un lenguaje hecho de imagen, derivado de la televisión, en el que las cosas son instantáneas. Vemos un chico jugando al fútbol en el parque, y en la imagen siguiente ya está dentro del gran estadio, como si en medio no hubiera montañas de sacrificio y de esfuerzo. Eso me parece peligrosísimo y desmoralizador para la gente joven. Además, no se tiene en cuenta que los emergentes más famosos son personas con un talento extraordinario, pero que incluso ellos han tenido que superar situaciones límite... ¿A quién le interesa la formación integral de un chico que todavía no está en el primer equipo? Cuando llega allí, vive durante quince años una adolescencia prolongada e irreal, y la siguiente pregunta es: ¿A quién le interesa un ex -futbolista? Sólo interesa la productividad, la fama. Estamos en un tiempo en el que, además, la fama otorga derechos; da igual cómo se consiga. Y eso ayuda a la confusión general. Se habla muy poco de la dimensión ética del fútbol, cuando es un emisor de mensajes muy poderosos, que habría que aprovechar para difundir valores”. Ese es el tema, nuestros futbolistas no tienen fama de cultos, no han sabido aprovechar esos espacios y las oportunidades para trascender fuera de los brevísimos 90 minutos semanales de estar frente a las cámaras, a los directivos y entrenadores tampoco les interesa lo que hagan mientras no afecte su rendimiento físico y aparecen los efectos indeseables, para algunos el fin justifica los medios, afortunadamente hay opiniones contrarias: “Hay una perversión que es el famoso ganar como sea. Termina siendo un atajo hacia la droga, la violencia, la trampa… Esa es la parte que debería estar prohibida. Ganar es importantísimo, pero los medios que se emplean son igual de importantes. Y hay medios lícitos e ilícitos, nobles e innobles. Si al ganador, sea cual sea el medio que ha empleado, lo consideramos impune, estamos cometiendo un error terrible”.
Vivimos una cultura de masas, los medios de comunicación masiva terminan por deformar la realidad y promoviendo valores opuestos a los que necesitamos, por eso, ahora y siempre que estemos participando en un partido, al nivel que sea, o sufriendo y gozando como espectadores, no debemos olvidar algo que es básico y que el conocido como el “filósofo” del fútbol transmite mejor que nadie: “Para mí la esencia del fútbol es la búsqueda de la excelencia a través del reto colectivo. A partir de ahí, uno debe encontrar el conjunto de derechos y deberes del buen competidor. Y eso no existe en estos momentos. Tú vas a ver a un equipo y dices no me gusta, pero ganó. ¿Y se termina la discusión sólo porque ganó? Yo estoy en el fútbol porque me gusta convertirlo en un lugar de debate sobre lo que es bueno, lo que es malo, lo que es bello, lo que es feo, lo que es noble y lo que es innoble”.
Aprovechemos para debatir.

sábado, 5 de junio de 2010

EL PENSAMIENTO LÍQUIDO

Hay muchos indicios de que, a diferencia de sus padres y abuelos, los jóvenes tienden a abandonar la concepción "cíclica" y "lineal" del tiempo y a volver a un modelo "puntillista": el tiempo se pulveriza en una serie desordenada de "momentos", cada uno de los cuales se vive solo, tiene un valor que puede desvanecerse con la llegada del momento siguiente y tiene poca relación con el pasado y con el futuro. Como la fluidez endémica de las condiciones tiene la mala costumbre de cambiar sin previo aviso, la atención tiende a concentrarse en aprovechar al máximo el momento actual en lugar de preocuparse por sus posibles consecuencias a largo plazo. Cada punto del tiempo, por más efímero que sea, puede resultar otro "big bang", pero no hay forma de saber qué punto con anticipación, de modo que, por las dudas, hay que explorar cada uno a fondo. Zygmunt Bauman Premio Príncipe de Asturias en Comunicación y Humanidades 2010.

En una época como la actual, donde hasta los intelectuales se quejan de que hay poca producción de ideas que sirvan para explicarnos lo que sucede, el trabajo analítico del sociólogo polaco nacido en Poznan en 1925 pero avecindado en Gran Bretaña desde hace muchos años por el antisemitismo que lo exilió de su país de origen, es una bocanada de aire fresco en esa atmósfera asfixiante, soporífera, de una supuesta no ideología.
Según el periodista argentino Héctor Pavón, lo que dispara la visión teórica de Bauman es un suplemento de un medio de comunicación escrito inglés, así lo narra: How to spend it.... Cómo gastarlo. Ese es el nombre de un suplemento del diario británico Financial Times. Ricos y poderosos lo leen para saber qué hacer con el dinero que les sobra. Constituyen una pequeña parte de un mundo distanciado por una frontera infranqueable. En ese suplemento alguien escribió que en un mundo en el que "cualquiera" se puede permitir un auto de lujo, aquellos que apuntan realmente alto "no tienen otra opción que ir a por uno mejor...". La desigualdad a todo lo que da. Unos poquitos que no encuentran en qué gastar una minúscula parte de todo lo que han acumulado gracias a un sistema económico que se nos presentó como el único posible después de la caída del muro de Berlín. Ese capitalismo turbo que analiza la sociología alemana y que produce estragos a lo largo y ancho del único planeta en que podemos vivir.
En ese tiempo que carece de fluidez porque está constituido por una gran cantidad de episodios de vida que aparecen desconectados unos de otros, donde el esfuerzo empeñado en el presente no garantiza nada en el futuro, ni siquiera la posibilidad de seguir estudiando, ni un empleo seguro, ni un ingreso digno y permanente, ni una familia estable, ni una vida saludable física y emocionalmente, ni vivienda propia, ni escapar de caer en la miseria, ni el gozo, ni el disfrute, ni nada. Por eso ese tiempo que aparece como miríadas de puntos, sin relación unos con otros, hay que exprimirlos al máximo. ¿Para qué quemarse las pestañas leyendo, estudiando, haciendo tareas? Si se puede estar en el chupe, en la fiesta, en el consumo desmedido de alcohol y de otras sustancias aunque sean adictivas. ¿Para qué practicar la abstinencia o una sexualidad responsable? Si la oportunidad de tener sexo se presenta casi sin previo aviso y de la misma forma se puede perder para siempre, no importan las consecuencias como los embarazos no deseados, las enfermedades de transmisión sexual, la pérdida de un proyecto de vida que no existe más que en la mente de los mayores que no entienden la urgencia por vivir lo que se tiene, porque quizás mañana no se tenga.
Por eso los esfuerzos, más voluntaristas y plagados de supuestas buenas intenciones, por reforzar una moral religiosa o laica se estrellan contra una realidad que las rebasa, no es que carezcamos de valores, es que el sistema económico y sus provocadas desigualdades están determinando nuestra manera de pensar y comportarnos, la incertidumbre sobre nuestro futuro más inmediato produce tensiones sociales que no sabemos resolver.
El propio Bauman nos contextualiza y es tan actual que parece que está refiriéndose a nuestra circunstancia mexicana: Cada época y cada tipo de sociedad tiene sus propios problemas específicos y sus pesadillas, y crea sus propias estratagemas para manejar sus propios miedos y angustias. En nuestra época, la angustia aterradora y paralizante tiene sus raíces en la fluidez, la fragilidad y la inevitable incertidumbre de la posición y las perspectivas sociales. Por un lado, se proclama el libre acceso a todas las opciones imaginables (de ahí las depresiones y la autocondena: debo tener algún problema si no consigo lo que otros lograron); por otro lado, todo lo que ya se ganó y se obtuvo es nuestro "hasta nuevo aviso" y podría retirársenos y negársenos en cualquier momento. La angustia resultante permanecería con nosotros mientras la "liquidez" siga siendo la característica de la sociedad. Nuestros abuelos lucharon con valentía por la libertad. Nosotros parecemos cada vez más preocupados por nuestra seguridad personal... Todo indica que estamos dispuestos a entregar parte de la libertad que tanto costó a cambio de mayor seguridad.
Para colmo, existe una desvinculación creciente entre la política (y los políticos) con las necesidades e intereses de las mayorías, por eso abominamos a los partidos políticos y a sus cúpulas que sólo persiguen sus propios intereses y entrar (infructuosamente) a esas pequeñas élites económicas que concentran la riqueza que se produce socialmente, de allí la tendencia de privatizar hasta los servicios públicos más básicos e indispensables y la tentación de seguir presentando los mismos turbios personajes –véase la presentación de Emilio Gamboa Patrón como propuesta de líder de organizaciones populares― para amparar más de lo mismo.
Estudiosos como Bauman, Touraine y otros más que no se han dejado absorber por esa aspiradora que es el neoliberalismo, hacen su trabajo e intentan explicarnos lo que nos pasa hasta en nuestra vida diaria y cómo y por qué nos relacionamos con los otros, toca nuestro turno el conocerlos, el intentar darle “fluidez” a la vida, lograr que el esfuerzo, el aprendizaje, la originalidad, los valores y el trabajo legal y honesto sean las fuentes principales de bienestar; y no esa dispersión temporal que propicia y justifica la impunidad, la delincuencia y la concentración desmedida e insultante de riqueza.

LAS REACCIONES

LAS REACCIONES
Joaquín Córdova Rivas

La “desaparición” de Diego Fernández de Cevallos, la falta de información oficial verás y el “retiro” de las instancias legales de investigación han dejado varias pistas para que el imaginario colectivo las recorra prácticamente sin restricciones.
A la “valentía” de señor feudal que permitía circular por las vías públicas sin escoltas se opone la percepción de que se le protegía estrechamente vía satélite, que de allí las tijeras manchadas de sangre con su tipo específico, que se supone fueron usadas para quitar el chip localizador subcutáneo, acción que volvió simple escenografía los vuelos de los aviones equipados con radar especializado ¿en qué? A la reacción inmediata de las procuradurías, del ejército y del gabinete federal que convirtieron en un hervidero de policías el municipio de Pedro Escobedo esperando conseguir un resultado rápido, le siguió el retiro vergonzoso que, sin decirlo, admite que la primera estrategia resultó fallida y que corregirla implicaba irse hasta el otro extremo. Después… el sospechosismo al buscarle una relación con otros casos simultáneos, como la liberación de la exesposa del Chapo Guzmán y la otra “desaparición”, la de “el Coronel”, supuesto lugarteniente del mismo personaje que se reportó detenido un día y al siguiente nadie sabía de él. Pero todo es especulación.
Lo que más ha polarizado la opinión de los columnistas y articulistas de los medios de comunicación ha sido la reacción de los ciudadanos expresada a través de los comentarios a las pocas notas informativas y por el uso de las redes sociales en internet. Por ejemplo Lydia Cacho señala en su columna de El Universal: “Está claro que hay casos que por sus características son más mediáticos que otros y que las reacciones sociales ante la desaparición del abogado revelan la pluralidad de sentimientos de la sociedad; algunos por burdos o soeces que nos parezcan muestran la radiografía emocional de un país que, por un lado demuestra su hartazgo ante la violencia extrema y por otro una ira largamente contenida producto de los abusos de poder, las inequidades, la pobreza, el racismo y el rampante descaro de la oligarquía a la que el desaparecido pertenece”. Sara Sefchovich, después de que algunos de sus colegas compartiera con ella algunos de esos comentarios refrenda su postura: “Me encontré con que la mayor parte de quienes mandan sus comentarios para que se suban a la página, no dicen nada que merezca la pena leerse y en cambio suman la prepotencia y grosería a la ignorancia y la mala ortografía. Decidí entonces no leerlos más. Y lo he venido cumpliendo desde hace buen rato”. Pero cerrar los ojos, los oídos y el resto de los sentidos quizás sirva para seguir escribiendo “inteligentemente” desde el gabinete, pero se ignora a parte significativa de ese lector real que no tiene la misma educación, la misma humanidad y consideración que el escribiente, que seguramente sufre desde hace años las consecuencias de un sistema político cínico que ahora quiere imponer sus héroes, sus ejemplos, hacer sus propias beatificaciones.
Desde otra perspectiva, desde la que impone el desarrollo tecnológico y los cambios en los medios de comunicación, Jesus Silva-Herzog Márquez explica y se lamenta: “El intelectual nace de un público que lee. Necesitó del instrumento de la imprenta para formar una comunidad de lectores a la que se le puede exigir atención. El intelectual del que habla Bourdieu en su ensayo contra la televisión es capaz de definir el tema del que habla, el tono en el que escribe, la extensión de su alegato. Pero cuando es capturado en la pecera mediática, el pensador se convierte en otro profesional del entretenimiento. La televisión, decía Bourdieu, no puede ser transporte del pensamiento. Al delimitar el tema, al demandar concisión y velocidad, al empuñar constantemente la amenaza del reloj, la televisión impone superficialidad”.
Casi lo mismo podemos decir del lector que busca expresarse, Twitter apenas admite 140 espacios para escribir algo, además hay que esperar un tiempo entre un textito y otro. Los espacios en las páginas electrónicas de los diarios que todavía permiten el acceso libremente tampoco son ilimitados, apenas somos lectores y algunos ya quieren que seamos escritores, sin tomar en cuenta que la escritura requiere de un esfuerzo mayor, de una habilidad que hay que desarrollar con la práctica continua, que la ortografía se logra con la lectura de buenos textos. Si los lectores y escritores nos ignoramos mutuamente nos volveremos esquizofrénicos, porque a final de cuentas somos los mismos.
En fin, sea cualquiera el resultado del “caso Diego” no podemos ignorar las reacciones, descalificar a los hartos, molestos, enojados, groseros, insensibles o como se quiera llamarles impide comprender la reacción de esa parte de la ciudadanía que al menos encontró la forma de expresarse. Podemos tomar como conclusión provisional la misma que Lydia Cacho: “Las reacciones, algunas compasivas, otras crueles o cínicas, ante la desaparición de Diego nos recuerdan todas las complejidades de una sociedad que batalla por reconstruirse en un contexto en que las reglas no se respetan y las leyes no se cumplen. En la que el esfuerzo individual por hacer lo que es ético pierde importancia ante la facilidad de incurrir en cotidianos actos de corrupción. Leyendo a quienes celebran la desaparición del político, imagino que será su manera de corroborar que nadie está a salvo en México, ni ellos ni nos. Vaya triste consuelo”.

lunes, 17 de mayo de 2010

BUENA SEMANA

Muy Buena Semana:
Ya hasta suena a chunga decir lo anterior, pero créame que es un deseo que esperamos que se haga realidad a pesar de los pesares, aunque sea una fórmula para saludar el tener una semana buena, en lo general, es una necesidad creciente.
Ya pasó lo festivo del mes de mayo, el primero, el cinco, el 10 y el 15, con asuntos importantes que se pierden en el torbellino publicitario que nos quieren hacer gastar lo que no tenemos. Están los procesos electorales, algunos menos pacíficos y sangrientos que otros, pero todos, mostrando el hartazgo con todos los partidos y cebándose con los que pierden posiciones de manera acelerada, que no han sabido gobernar diferente, que no han sabido deshacerse de los oportunistas, de los que llegan a servirse de los dineros públicos hasta para amueblar su casa. Tampoco hay que perder de vista que hay que seguir bordando en la educación y sus efectos.
Vamos a los temas y su reflexión, hoy, es el día internacional contra la homofobia, es el día para pensar en esas cualidades humanas que nos permiten hacer cosas sublimes, por nosotros y por los demás, y también cosas francamente aborrecibles. La homofobia tiene que ver con las inseguridades propias, el ver a alguien que es, se ve o piensa diferente y percibirlo como una agresión personal, al grado de suscitar nuestra intolerancia y nuestro odio para pasar a la agresión directa, ya sea verbal o física.
Entre más acomplejados estamos, más agresivos nos volvemos, no hay de otra. En nuestro estado, el día internacional contra la homofobia tiene una demanda específica, el asesinato hace 5 años, de un activista por la diversidad sexual Octavio Acuña Rubio, que se “resolvió” entre comillas, argumentando un crimen pasional, lo mismo que se hace en todos los crímenes que tienen que ver con este tema. Nunca se reconocen como crímenes de odio porque nuestras policías y procuradurías, a pesar de lo discriminadores que somos todos, no contemplan entre sus hipótesis el que alguien se sienta tan agredido por la existencia de otro, que sea capaz de matarlo aunque no se vea afectado, en realidad, en nada.
Y es que discriminar es una forma de defendernos de los otros, de los que por simplemente estar allí, cuestionan nuestros gustos, nuestra forma de ser, lo que creemos y frecuentemente mal pensamos. Discriminamos a los otros porque son chaparros o altos, gueros o prietos, gordos o flacos, feos o bonitos, o fresas, o emos, o darketos, o viejos, o indígenas, o mujeres, o madres solteras, o diabéticos, o portadores de VIH, o por ser homosexual, o por tener alguna discapacidad física o mental. Como si uno eligiera el cuerpo con el que nace, como si uno viviera o tuviera alguna preferencia nada más para molestar a los demás. En fin, ojalá que los eventos que se hicieron en diferentes partes del mundo, que la atención de los medios de comunicación, sirvan para evitar los odios, las agresiones, las discriminaciones, que todos seamos solidarios con todos, la vida ya es lo suficientemente difícil como para cargarle más broncas.
El otro tema que tiene múltiples cabezas, la inseguridad, la impunidad, la corrupción, la desigualdad, la pobreza. Si usted es de los que está asombrado porque la macroeconomía mexicana se esté comportando más o menos bien, a pesar de que en los bolsillos las cosas no sean tan halagüeñas, la razón ya fue descubierta por nuestros economistas y hasta se comentó en los medios, el crimen organizado le inyecta 40 mil millones de dólares al año a nuestra economía, por eso no se investiga el lavado de dinero, tampoco los enriquecimientos inexplicables legalmente, ni la proliferación de negocios sin importar que tan redituables sean. Ese dinero, producto de actividades ilícitas entra a desarrollos residenciales y habitacionales, a los bancos y casas de cambio, a centros turísticos, a lugares de esparcimientos como los antros, restaurantes, hoteles y todo lo que se le ocurra ahorita.
Pero la noticia no es nueva, hace algunos meses, nada más como ejemplo, en el espacio hermano del semanario Magazine de Querétaro, dábamos cuenta de investigaciones europeas que alertaban sobre el poder de la delincuencia organizada nada más por la capacidad de chantajear a cualquier autoridad legalmente constituida, amenazando con retirar sus capitales de un país o de una región en específico, es tal su caudal y sus ganancias, que son capaces de hacer quebrar países enteros y arrastrar a otros igualmente débiles.
También hablamos, ya de forma reiterada, que la manera en que se estaba atacando a la delincuencia, sin cortar el flujo de recursos, sólo produciría más violencia y más víctimas inocentes. Allí están los titulares diarios, hay más ejecuciones, más levantones, más desaparecidos y ejecutados, más caídos disque en fuego cruzado o por equivocaciones y confusiones. Que las acciones efectivas contra la delincuencia se darían cuando las élites sintieran que se les afectaba directamente, que ese desborde en la actividad de los grupos violentos se volteara contra ellos, está pasando y no se quieren dar cuenta, para ellos se justifican las cosas mientras tengan ganancias económicas, como si el dinero y la riqueza lo fueran todo, ya están viendo que no y están asustados.

sábado, 15 de mayo de 2010

PROFESORES Y EDUCACIÓN

Seguramente no es políticamente correcto decirlo, menos de forma brusca y sin grandes rodeos, sin matices, sin dorarle la píldora a propios y ajenos. Son de las cosas que no se quieren admitir y las razones son muchas: tenemos uno de los sistemas educativos más malos del mundo. No siempre fue así y también podemos hablar de algunas excepciones, pero hay que decirlo claramente porque no se puede ni se debe ocultar, porque las pruebas son muchas, nada menos que todos y cada uno de los niños y jóvenes que han padecido las mañas, las simulaciones, los dobles discursos, las prácticas dentro del salón de clase que son todo menos facilitadoras del aprendizaje.
No lo afirmo desde la teoría, ni desde el gabinete del investigador objetivo y desapasionado. Lo digo desde la práctica cotidiana, desde la reflexión anclada en una necesaria subjetividad, desde ese salón de clases que es mucho más que un espacio de paredes y ventanas más o menos equipado para hacer lo que se supone que se tiene que hacer, despertar o desarrollar esa capacidad de asombro, esa curiosidad por conocerse y descifrar la vida propia y la de los demás, el aprender a utilizar todos los productos que ha creado la humanidad para ser cada vez mejores seres humanos.
Parece que no hay dudas al respecto de asuntos básicos, el aprendizaje humano es un producto social, para aprender requerimos de los otros; que jugando, experimentando, relacionándonos, comunicándonos, hacemos uso de habilidades y conocimientos que desarrollan nuestro cuerpo y cerebro, que necesitamos de otros humanos que son iguales a nosotros y que a la vez saben más, que la afectividad no puede estar fuera de esta relación aprendizaje-enseñanza; que nos fijamos en lo que hacen, creen y dicen los otros para elegir nuestros modelos de comportamiento.
Sabemos más de cómo funciona el cerebro, pero los avances respecto de cómo aprendemos no son igual de espectaculares, de lo que no hay duda es que cualquier cambio en la práctica educativa tiene que ser acompañada por los profesores, que ellos tienen que estar convencidos de la importancia de su labor, que recuerden que deben estar más allá del simple interés monetario y que recuperen su creatividad, que no dejen morir ese impulso vital que los llevó a la docencia, que no se “acostumbren” y sigan sintiendo esa preocupación y nerviosismo cada vez que se encuentran frente o al lado de un grupo de niños y jóvenes que quedan bajo su influencia durante parte de su vida diaria.
No podemos hablar de educación sin referirnos al contexto en que se desarrolla. Ya no estamos en esas épocas donde se consideraba a la docencia como un apostolado, como esa actitud de vencer las resistencias que hicieran falta en aras del desarrollo de los estudiantes, de sus familias, de sus comunidades. Ahora se le considera una profesión más, quizás de las menos prestigiosas porque los practicantes de la docencia están ausentes de los centros de decisión y discusión de los grandes temas sociales y culturales. Ser profesor en cualquiera de los niveles educativos no se considera currículo suficiente para participar en un panel de especialistas, para dar alguna conferencia, para ostentar un punto de vista válido desde la experiencia y la formación propia; mejor se echa mano de lo que ha aprendido fuera del aula que en la interacción constante, conflictiva, angustiante y a la vez enriquecedora con sus alumnos. Vale más por los títulos personales que ostente, las licenciaturas, diplomados, maestrías y doctorados aunque sean de poca calidad y, lo más importante, aunque no cambien en nada su práctica en el aula, no importa que sus alumnos no aprendan, que terminen odiando la materia que imparte, que se sientan incomprendidos y hasta agredidos. Cuenta la asistencia a cursos aburridos, impartidos por personas mal preparadas pero que necesitan aparecer como instructores para justificar el puesto, el salario más alto; cuenta el apego a sistemas de calidad que sólo se siguen en el papel porque no son adecuados para la actividad educativa, cuentan los títulos, los papeles, los sellos, los puntos.
El profesor actual se encuentra atado a intereses de los que no se quiere dar cuenta, se ha vuelto acrítico, siempre pendiente de la manera de cachar algún bono, de aprovechar los permisos con goce de sueldo para ampliar los días no laborables haciendo más grandes los “puentes”, de checar tarjeta o firmar la lista de asistencia en el límite de la tolerancia para que no le descuenten de su sueldo, de entrar al aula después de hacer un largo periplo por toda la escuela para “quemar” el tiempo efectivo de clase. Se le ha restado vocación a golpe de comidas, ceremonias y rifas con motivo del día del maestro, también con procesos viciados que premian su conformismo e ignoran su compromiso y sus resultados, ni qué decir de los escalafones amañados, de las prestaciones selectivas para los incondicionales, de la vida sindical antidemocrática, de la falta de solidaridad que no es lo mismo que las complicidades.
Cuando las autoridades, que frecuentemente desconocen lo elemental del proceso educativo, hablan de que una de sus prioridades es la educación, sólo utilizan el discurso para justificar cambios que beneficien a sus cuates, a sus parientes, a pagar cuotas políticas internas de su partido, compromisos con personajes siniestros que sólo van a medrar de un presupuesto que siempre resulta insuficiente.
No nos referimos sólo a la educación pública, las críticas también abarcan a la privada, apenas a fines del mes pasado la cabeza de la Compañía de Jesús afirmaba, según las notas periodísticas, que: “frente a un mundo donde abunda la información, prevalece una creciente superficialidad que propicia generaciones de jóvenes menos preparados para la vida académica y sin una visión crítica de la realidad”. Adolfo Nicolás Pachón, con toda la experiencia que da el dirigir una organización con cientos de escuelas en todos los niveles, consideradas algunas como de alto prestigio académico, y además con una larga carrera académica en un país como Japón, que se percibe como ejemplo en productividad, nos ofrece algunas conclusiones precisas y que no requieren de mayor explicación, por ejemplo cuando afirma que vivimos un modelo social en donde: “El ciudadano común no se hace preguntas ni se cuestiona”.
Mientras los profesores y profesoras no cuestionemos nuestras prácticas cotidianas, nuestros resultados reales con los estudiantes, mientras sigamos negando lo evidente, las cosas no van a cambiar, por muchas maestrías, doctorados, cursos y diplomados amarrados a sistemas de puntos que no sirven para lo que deben servir: tener una mejor educación.
Afortunadamente, en este caso, no solo se aprende en la escuela, existen organizaciones sociales comprometidas con causas que nos conciernen a todos y que buscan ampliar los márgenes de respeto, tolerancia y convivencia, como las que convocan a eventos en contra de la homofobia este sábado 15 de mayo desde las 11 horas en la Plaza Constitución con una marcha a las 18:00 horas del mismo día y partiendo del mismo lugar.

lunes, 10 de mayo de 2010

¡MADRES!

El tema se impone y la reflexión también, pero que sea una reflexión adecuada a los tiempos que vivimos, porque ya no celebramos el modelo de maternidad que inculcara el cine mexicano en su etapa dorada, de esa madre abnegada, prácticamente inútil, completamente dependiente del macho y víctima de hijos calaveras e hijas que terminaban, o empezaban, siendo atraídas por novios cincuentones más interesados en la fortuna familiar que en el amor. Ese modelo perfectamente actuado por la inolvidable Sara García, la madre que todo lo sufre y todo lo perdona, que ignora a los hijos fieles a la familia y se empeña en salvar o “recuperar” a los desagradecidos con el consiguiente despedazamiento del núcleo familiar que sólo en las películas tiene un final que supuestamente debe ser feliz, pero que en la realidad resulta en una desgracia tras otra; y es que la maternidad se vivía como una obligación, no como una opción, como comenzó a ocurrir hace 50 años con el descubrimiento de la píldora anticonceptiva.
No hay una persona igual a otra ni una madre igual a otra, pero sí existen modelos de lo que algunos pretenden que sea la maternidad, habrá que preguntarse si ese sacrificio generacional de millones de mujeres que vieron coartado su desarrollo educativo y profesional, porque su misión era quedarse en casa haciéndola de enfermera, cocinera, niñera, lavadora, planchadora y ese largo etcétera que cansa con solo hacer el recuento de esos trabajos, no considerados como tales y por tanto no recompensados, valió la pena.
Pero que reproducían, las mismas mujeres en su papel de madres, esas formas de pensar y actuar machistas, ese ponerse al cuello la soga de la servidumbre eterna. Esa “educación sentimental” que dijeran algunos autores, basada en el chantaje (si me sube la presión es por las preocupaciones que me das), en la culpa (aunque seas muy malo yo te tengo que querer porque soy tu madre), porque a principios del siglo XX el psicoanálisis descubre que hay madres castrantes desde el punto de vista emocional, destructoras de la autoestima, con evidentes favoritismos hacia unos de sus hijos y repulsión mal disfrazada hacia otros. Si Agustín Yañez hablaba del “pueblo chico” que en realidad era un “infierno grande”, habría que dejar de ser tan complacientes y cuestionar también esas maternidades que se imponen desde las ideologías, de las maternidades que requieren los sistemas económicos depredadores y productores de desigualdad.
Con todo y los activos movimientos feministas de la década de los 70 del siglo pasado, no se habla de una maternidad activa o participativa, se habla de hombres que comparten algunas tareas domésticas, porque quieren, porque son consientes, tan sigue sin ser un comportamiento ampliamente aceptado que se les tacha de mandilones o que lo tienen que hacer porque la esposa o concubina es la que tiene un trabajo e ingreso fijos y tiene que “sacrificarse” trabajando, mientras él se queda a cargo de las tareas domésticas y se gana, injustamente, el título de mantenido.
¿Qué maternidad estaremos viviendo? Las cifras de embarazos en menores de edad son alarmantes no sólo por su número, sino porque no están preparadas para ser madres, ni biológica, ni emocionalmente. Son apenas niñas que sin salir plenamente de su infancia ya están haciendo niños, como respuesta a familias con modelos paternales y maternales que les niegan un desarrollo pleno y equilibrado.
Y eso que no estamos considerando a las niñas y adolescentes que tienen que ejercer la maternidad sin ser madres, porque se ocupan de sus hermanos mayores y menores, porque se les dejó la pesada e injusta responsabilidad de la atención, educación, alimentación y sobrevivencia de familias mochas y en situaciones de precariedad, al grado de que tienen que posponer, a veces por toda la vida, su propio desarrollo en etapas de la vida que no se pueden dar el lujo de vivir.
Como sea, el ser madre no es una relación unidireccional, alrededor hay muchas personas con lazos sanguíneos que resentirán cualquier favoritismo, cualquier mala decisión, cualquier desprecio o maltrato. De allí las cifras de maltrato intrafamiliar, de violencia en el noviazgo, de mujeres que viven su feminidad y maternidad como una predestinación biológica contra la que no hay nada qué hacer.
¿Qué pasa con esas mujeres que no tuvieron la oportunidad de ser madres? Las que por las circunstancias emocionales, biológicas o cualquier otra no pudieron serlo, o las que haciendo uso de una opción de proyecto de vida renunciaron a serlo pero sin perder, en ninguno de esos casos, la capacidad de volcar su afectividad en los demás. Esas mujeres que no pueden o no quieren ser madres no por eso dejan de ser miembros activos, pensantes y necesarios de una sociedad, no por eso son menos mujeres.
En fin, hay países que cuidan a toda su población, incluidas las mujeres gestantes, que garantizan una atención adecuada, que les dan hasta más de un año con goce de sueldo para que se ocupen de sus hijos en esa etapa importante de la vida, en otros no, en otros la precariedad convierte la maternidad en situación de alto riesgo y hay quien muere dando la vida.
¿De qué maternidad estamos hablando y a qué intereses está sirviendo?

domingo, 9 de mayo de 2010

PRENSA Y LIBERTAD

En la vorágine festiva del mes de mayo se están perdiendo eventos cuya importancia es cada vez mayor por los efectos que tienen sobre nuestras vidas. Sin ir más lejos, la semana pasada se conmemoró el Día Internacional de la Libertad de Prensa, desde un día antes, la Comisión Nacional de Derechos Humanos de nuestro país presentó un primer diagnóstico poco halagüeño, más bien escalofriante, en un comunicado dado a conocer y que poco trascendió, se señaló textualmente que: "Los ataques contra periodistas en nuestro país han hecho que los recientes años sean negros para ellos. No debemos permitir que trabajen bajo la amenaza de la violencia y de las balas… debemos mantener una actitud de rechazo a la violencia y de exigencia para evitar que el periodismo se convierta en el oficio más peligroso… de 1999 a la fecha se han radicado en la CNDH 594 expedientes de queja por agravios a periodistas… tiene registradas 10 desapariciones de periodistas… De 2000 a la fecha se tienen registrados 61 homicidios de periodistas”.
Y es que el periodista es el encargado de recoger las voces de los ciudadanos que tienen el derecho de expresarse libremente, de dar cuenta de los sucesos más importantes, de exponer lo que está excepcional y cotidianamente bien pero también lo que se hace mal o en contra de los intereses de esos ciudadanos que son mayoría y contribuyen con su actividad, respeto y tolerancia a reforzar un tejido social que se desgarra por los malos gobiernos y la delincuencia.
En este contexto se da la emboscada a una caravana compuesta por integrantes de organizaciones no gubernamentales mexicanas y finlandesas, que acompañados de periodistas fueron cobardemente baleados por esas fuerzas paramilitares que controlan buena parte del sur del territorio nacional. Si en el centro y norte ya estaban las cosas más que calientitas, y como muestra macabra allí está la cuota de asesinatos diarios en diferentes estados y el terror que paraliza ciudades y provoca estampidas humanas en lugares de supuesto esparcimiento, ahora resulta que en lugares como Oaxaca y muchos otros de nuestro diverso y caluroso sur, operan grupos paramilitares patrocinados, protegidos y armados por caciques, presidentes municipales, líderes religiosos y empresas trasnacionales, allí tampoco opera la ley, allí la impunidad y la corrupción también son moneda corriente y la vida no vale nada. Lamentable y dolorosa la muerte de Beatriz Alberta Cariño Trujillo, que en el primer apellido llevaba la dedicación por su pueblo, por una vida mejor, digna por lo menos; también la del activista finlandés que obliga a los gobiernos europeos a reaccionar con indignación y con enojo, para que luego el señor que cobra como presidente de este país diga que los medios son los que hablan mal de México, como si no pasara nada malo.
Otra perla de nuestro surrealismo y de esas fiestas que se transforman en tragedias, en el espacio temporal de esta semana que pasó, la ciudadana Sara López González recibió el premio “Don Sergio Méndez Arceo” que otorga la fundación del mismo nombre para reconocer a quienes se hayan destacado por su valor en la defensa y promoción de los derechos humanos en nuestro país, nada más que esta ilustre mexicana se encuentra presa en el penal de Kobén en Campeche por luchar contra los cobros desproporcionados de la Comisión Federal de Electricidad, esta notable mujer es miembro del Movimiento de resistencia contra las altas tarifas de la energía eléctrica de Candelaria, Campeche. Según las crónicas periodísticas: “En noviembre de 2008 Sara López, Joaquín Aguilar y Guadalupe Borja fueron acusados por la CFE de privación ilegal de la libertad de un funcionario público e impedimento para la realización de un servicio público, cuando en realidad el funcionario les acompañó a supervisar la reconexión del servicio... Dicho movimiento agrupa a más de tres mil personas de 30 comunidades de la región y es parte de un movimiento nacional contra las altas tarifas de energía. Su exigencia ha sido el que se acaben los abusos que representan los cobros excesivos de la energía eléctrica, el establecimiento de una tarifa justa adecuada al nivel adquisitivo de la población de la región y el mejoramiento del servicio de energía eléctrica por el que los ciudadanos pagan a la paraestatal. La prestigiada organización Amnistía Internacional los declaró presos de conciencia el pasado 4 de marzo y acusó a las autoridades mexicanas de utilizar indebidamente el sistema de justicia para detener a estos líderes comunitarios”. Sin necesidad de jugar al adivino, en textos anteriores nos referíamos a los efectos del proceso de empobrecimiento de gruesas capas de nuestra población, que estaban haciendo que no pudieran tener acceso a los servicios públicos indispensables para diferenciar nuestro modo de vivir al de los animales, también, que nuestro gobierno federal prefería castigar penalmente la protesta social antes que ofrecer soluciones viables y dignas.
Otra vez nuestro desaseado e injusto sistema de justicia puesto en entredicho, con datos duros, no con chismes o rumores malintencionados. Igual que con el caso de las indígenas queretanas que por fin salieron libres, igual que con los padres de los niños de la guardería ABC, igual que en el caso de los ejecutados en un retén de Tamaulipas o de los estudiantes del Tec de Monterrey. Parece que las autoridades recibieron la orden de justificar lo injustificable y terminaron exhibiéndose más de lo que ya estaban.
De las demandas de los trabajadores el primero de mayo, de los ciudadanos que claman por un país seguro, sin corrupción ni impunidad; de la actitud digna y participativa de nuestros paisanos que están más allá de nuestra frontera norte y sus protestas contra mantenerlos en la ilegalidad, contra la discriminación, contra el racismo; de todo esto y más nos enteramos por los periodistas y los medios para los que trabajan y que saben que hay que proteger y ejercer la libertad de prensa, que los lectores, radioescuchas, televidentes, usuarios de internet tienen el derecho a estar bien informados para que puedan sustentar sus decisiones cotidianas y saber que vivir tiene algún sentido y vale la pena.
La esperanza es que la prensa y el periodismo queretanos estén a la altura de las circunstancias, que sepan que informar con la verdad, investigar con independencia, son exigencias actuales que hay que satisfacer, y si no, que la ciudadanía se los demande.