lunes, 25 de junio de 2018

999

999 Joaquín Córdova Rivas Malvado, perverso, salvaje, inhumano, los epítetos se acumulan en contra de una persona, el detestable señor Trump; pero nos estamos haciendo guajes, no queremos entender que no es él, es el sistema económico y social neoliberal el que está mostrando, ya sin ropajes piadosos que lo cubran, sus efectos esperados en el largo plazo. No es casual que las víctimas directas sean niños migrantes o hijos de indocumentados, con repercusiones directas en familias extensas como las latinas, por que ellos, junto con los pobres, los mal llamados marginados, los indígenas o pertenecientes a cualquier etnia, los jóvenes depauperados, muchas mujeres, constituyen los “desechables” de esta sociedad. “En el nuevo mundo de los consumidores, la producción masiva no requiere ya mano de obra masiva. Por eso los pobres, que alguna vez cumplieron el papel de «ejército de reserva de mano de obra», pasan a ser ahora «consumidores expulsados del mercado». Esto los despoja de cualquier función útil (real o potencial) con profundas consecuencias para su ubicación en la sociedad y sus posibilidades de mejorar en ella.” Trabajo, consumismo y nuevos pobres. Zygmunt Bauman. Los niños, hijos de migrantes e indocumentados, no producen ni consumen. Sus padres seguramente tampoco, de otra forma no estarían tratando de alcanzar ese “american dream” que nos han vendido por medio de las películas de Hollywood y de sus medios de comunicación. Al no producir ni consumir se convierten en una carga, en algo que hay que ocultar, encerrar, desaparecer, evitar. Recordemos que en otro alarde verbal, el señor Trump interpeló al primer ministro de Japón, en la reunión del G7 diciéndole, sobre el tema de los migrantes en Europa y su país: "Shinzo, tú no tienes ese problema, pero yo te puedo enviar 25 millones de mexicanos y estarás fuera del cargo muy pronto", como si los mexicanos fuéramos simple mercancía dispuesta a ser trasladada donde se le pega la gana, aunque la intención clara fue mandar el mensaje de: no se metan conmigo porque estos malos consumidores, bad hombres, pueden estar en sus fronteras antes de lo que se imaginan. Por eso es importante la defensa de los derechos humanos, es la última trinchera contra los abusos de este neoliberalismo devastador, sin ética ni misericordia. Démonos el lujo de cambiar de tema. Constancia, persistencia, terquedad, eso y más se requiere para permanecer en un mundo que cambia a una velocidad vertiginosa, donde el “antes” parece sacado de un texto de antropología no porque “sea” viejo, sino porque “parece” viejo. Venimos de una época donde las certezas duraban años, donde la realidad y el tiempo eran construcciones sociales “sólidas”, ajenas a la incertidumbre actual, contrarias a ese estado “líquido” que disuelve al amor, a esta modernidad, a la vida, al miedo, al tiempo. Prevalecer como texto escrito en papel a lo largo de 999 ediciones no cualquiera lo presume, aunque ya se tenga también versión electrónica. Y es que leer es toda una aventura sensorial que no se limita a lo que dice la Real Academia de la Lengua (RAE): «Pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados», tiene que ver también con el olor del papel y la tinta, con la aspereza en el tacto, con el juego de luces, sombras y colores del diseño, con la posición y disposición del cuerpo, con abstraerse del entorno que algunos juzgarían poco propicio para la concentración. El reto parece que no cambia, pero se percibe con mayor grado de dificultad ante la proliferación de redes sociales que convierten a cualquiera en experto en todos los temas. Y es que esa ilusión da el poder de la interacción con otros, que asumimos iguales a uno mismo cuando no lo son. Algunos, pocos, serán verdaderos expertos en el tema que les apasiona; otros, muchos, creerán que la simple posibilidad de opinar se convierte en obligación y confundirán el parloteo con sabiduría. Publicar semanalmente y no con otra periodicidad tiene sus ventajas y problemas. No se tiene la inmediatez de la prensa diaria y se pelea contra ese “tiempo líquido” que todo puede volver obsoleto en apenas instantes. En contraste, da espacio para reflexionar, comparar, contrastar, encontrar un enfoque que difiera en algo de los ya presentados, hacer el intento de lograr el objetivo que me marcaran cuando comencé a colaborar en este Magazine: que los lectores sepan que detrás de cualquier hecho convertido en noticia hay mucho más de lo que se ve a simple vista, que lo trivial puede no serlo y merecer mayor análisis y reflexión, que lo noticiosamente destacado puede no ser tan importante como aparenta. Huir de la fugacidad y del lugar común pudiera ser la síntesis. O como escribiera el sociólogo Zygmunt Bauman: «Cuando una cantidad cada vez más grande de información se distribuye a una velocidad cada vez más alta, la creación de secuencias narrativas, ordenadas y progresivas, se hace paulatinamente más dificultosa. La fragmentación amenaza con devenir hegemónica. Y esto tiene consecuencias en el modo en que nos relacionamos con el conocimiento, con el trabajo y con el estilo de vida en un sentido amplio.» http://www.lavanguardia.com/cultura/20170110/413219646963/zygmunt-bauman-frases-celebres-pensamiento.html Todo con respeto hacia un lector que imaginamos, y seguramente lo es, interesado e inteligente. Que no desprecia un medio porque sea accesible y de distribución gratuita, que sabe que el precio al público no es garantía de calidad. En fin, comencemos a festejar el número mil, que no es cualquier cosa.

sábado, 16 de junio de 2018

EL PROGRESO INMÓVIL

EL PROGRESO INMÓVIL Joaquín Córdova Rivas Lo que se interpretó como un simple ajuste de cuentas resultó ser algo más profundo. Lo vivimos como la cotidianidad cambiante en el valor de nuestra moneda, en el costo de llenar el tanque de gasolina de nuestros transportes, en la inflación incontenible e indetectable para los funcionarios pasmados de las áreas económicas del gobierno; en la vaguedad de los discursos de los candidatos presidenciales, que cuando caen en las escasas precisiones provocan más incredulidad que confianza; en la incertidumbre del único mecanismo “modernizador” que pergeñaron nuestros limitados neoliberales. El “eterno” Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con el que hipotecamos nuestro futuro y nos separamos del resto de los países de nuestra América Latina, creyéndonos los tocados por los dioses capitalistas, se viene abajo estrepitosamente, resultó que tenía fecha de caducidad. Caímos en la trampa de los expertos y sus falsas creencias. La salida de la Gran Bretaña del mercado común europeo nos la pintaron como la venganza, poco racional, de la generación “vieja”, que vio disminuido su poder adquisitivo y su calidad de vida de forma consistente en las últimas décadas, a cambio del supuesto futuro promisorio que tendría la generación “joven” después de ese “ajuste necesario, aunque doloroso”. Es decir, los viejos no entendieron que su sacrificio económico era necesario para una bonanza que nunca terminó de llegar. Bueno, pues ahora vamos descubriendo que ese “capricho generacional” no era tal, sino el síntoma alarmante de que el modelo neoliberal promovido e impuesto por la dupla Gran Bretaña-Estados Unidos de América terminaba por desfondarse. La victoria de Donald Trump, su llegada a la presidencia de su país y el riesgo actual de su reelección tampoco fue la sorpresa que muchos insistieron en pregonar. Los herederos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher se niegan a aceptar que su “fin de la historia” no era más que el pretexto para someter a las economías periféricas a sus caprichos y devastación. Tampoco reconocerían que los tratados de un supuesto libre comercio, que beneficiaba a los poderosos globales, estaban fundamentados en mentiras que terminarían por desvelarse con el tiempo y con las brutales desigualdades sociales que produjo. «¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos?» Es la pregunta que responde uno de los pensadores más lúcidos de la modernidad. Zygmunt Bauman le arranca, uno por uno, los ropajes “benéficos” de que se disfraza el modelo económico actual y deja al descubierto sus perversos resultados: «La “mano invisible del mercado”, ilusoriamente reputada por actuar en favor del bienestar universal (la mano que la política estatal de desregulación pretende liberar de las cadenas legales que habían sido diseñadas para limitar su libertad de movimientos) puede que sea invisible, pero no hay dudas sobre a quién pertenece esa mano y quién dirige sus movimientos. La desregulación de los bancos y de sus movimientos de capital permite a los ricos moverse libremente, buscar y encontrar los mejores terrenos para obtener los mayores beneficios, lo que les hará más ricos; mientras que la desregulación de los mercados de trabajo hace que los pobres no se puedan beneficiar de las mejoras, y mucho menos parar o atenuar los desplazamientos de los propietarios del capital (rebautizados como “inversores” en la jerga de las bolsas de valores), y por tanto estarán condenados a empobrecerse. Además de que ha empeorado su nivel de renta y sus oportunidades de obtener un empleo y un salario suficiente para vivir, dependen ahora de las veleidades de los movimientos del capital en busca de beneficios, so capa de la competitividad, que les hace crónicamente precarios y les provoca un grave malestar espiritual, una preocupación constante y una infelicidad crónica, unas lacras que no desaparecerán y no dejarán de atormentarles incluso en los (breves períodos) de relativa bonanza.» https://drive.google.com/file/d/0B9h7aliyWcfjMlNvR3g1VWV6ck0/view Cualquiera con dos dedos de frente sabe que el papel de México en ese TLCAN era el de suministrar mano de obra barata y dócil para las maquiladoras que producirían los bienes de los consumidores canadienses y norteamericanos, ansiosos por gastarse lo que sus dolarizados ingresos exigían, antes de que los inundaran los productos asiáticos o europeos. México además proveería de petróleo barato y a una distancia cercana a las refinerías del norte, y de otros recursos naturales —oro, plata, productos agrícolas— a precios de regalo. Todo para que el consumidor de esos “socios” incrementara, artificialmente, su nivel de vida y gozar de una “felicidad” basada en tener muchas cosas aunque no fueran necesarias, y reemplazarlas continuamente por otras “nuevas”. Pero esa ilusión se terminó. Las medidas “proteccionistas” que limitan aún más ese supuesto “libre mercado” son simple reflejo de la crisis interna del modelo económico que se enseña en las aulas de las universidades anglosajonas y que nosotros nos empeñamos en creer y copiar a pie juntillas, suponiendo que eso nos hace “modernos”, que el “progreso” siempre es hacia arriba y adelante, como lo pregonara el presidencialismo del post 68 y que no hay vuelta atrás porque eso sería antihistórico, impensable, poco moderno. El problema es que mientras el modelo está en franca decadencia, aquí profundizamos sus perversiones con las reformas estructurales recetadas desde organismos internacionales y tropicalizadas por instituciones como el ITAM, de donde egresan nuestros trasnochados neoliberales. No se trata de meter la reversa cuando el auto está lanzado a toda velocidad hacia adelante, el problema es que no nos queremos dar cuenta que hace mucho nos robaron las ruedas y estamos hacinados en un chasis viejo trepado en tabiques, que está inmóvil desde hace al menos dos décadas y que está sufriendo de su desmantelamiento, que se le arrancan las piezas para venderlas en un mercado negro que no tiene ética y sí mucha corrupción. De eso se trata este proceso electoral, de darnos cuenta que no es nuestra velocidad la que nos despeina, sino que es el viento de los cambios que amenaza con arrastrarnos, otra vez, al fondo del callejón.

sábado, 2 de junio de 2018

LA VENGANZA DE LO REAL

Joaquín Córdova Rivas Esta vez me fusilo como título de este texto, la frase del especialista griego Yannis Stavrakakis, experto en el estudio de la política moderna y la democracia, por que creo refleja el ánimo que prevalece en el proceso electoral presidencial actual en nuestro país. Pero vamos por partes. Las campañas electorales no escapan al intento de interpretarlas de manera diferente a lo tradicional, y así comenzamos a intentarlo desde la semana pasada. Todos sabíamos que la desesperación lleva al uso indiscriminado de “campañas negativas”, al ataca, miente y difama que en lo que se aclara, si hay tiempo, algo quedará; y ese algo es quitarle simpatías al adversario que va arriba en las preferencias del voto, aunque no signifique, en automático, que quien hace uso de ese recurso coseche lo que el otro perdió. Es como la estrategia kamikaze —que significa “viento divino” en japonés, y que según la RAE es: «En la Segunda Guerra Mundial, piloto suicida japonés que tripulaba un avión con explosivos con el que se lanzaba contra un objetivo»— destruir al otro, pero sin percatarse que se destruye uno mismo. Tal parece que esa característica que le achacábamos a la comprobada ignorancia presidencial es generalizada en nuestra casta política y empresarial: no entienden que no entienden. Siguen empeñados en ver el mundo con la mirada nostálgica y anclada en el pasado que le achacan al candidato puntero, siguen creyendo en esa democracia comprada, que aguanta cualquier nivel de corrupción y hasta pretenden utilizarla como recurso electoral. Ya lo veíamos en un texto anterior publicado en este semanario —Magazine de Querétaro, Los principios van primero—, los debates, los ataques, las descalificaciones no han logrado mover significativamente los resultados de las encuestas sobre preferencia electoral, y es que la democracia necesita de aspectos desdeñados por nuestros avariciosos gobernantes, por eso resulta fallida la “estrategia Alazraki” y el intento de acabar montado en la estructura de un partido desprestigiado que no alcanza ni para provocar alguna esperanza en sus afiliados y simpatizantes. Hay estudios sobre lo que estamos viendo y viviendo, no con dedicatoria expresa a nuestra coyuntura nacional, pero sí en cuanto a los tiempos que estamos transitando, por ejemplo, Lauren Berlant, citada por Leonor Arfuch se refiere a: «Crueloptimism (2011), un libro y un concepto que expresa cabalmente la encrucijada en la que se encuentra la afectividad en el contexto actual. En él la autora analiza la crisis del neoliberalismo, sobre todo en Europa y los Estados Unidos y el fracaso de las fantasías de movilidad social asociadas al estado liberal. El oxímoron intenta dar cuenta de la dinámica relacional en la cual los individuos crean ciertos lazos, en términos de un cumulo de promesas hacia objetos de deseo que sostienen la fantasía de una buena vida aunque esas ataduras sean en verdad una amenaza para el florecimiento personal y la realización de esas promesas. Y no son los objetos en sí mismos los “crueles” sino las relaciones –de doble restricción- que suelen establecerse con ellos. Tampoco el “optimismo” se refiere a la emoción en si misma sino a la estructura afectiva de apego que la gente establece, pese a la inadecuación a sus fantasías, para sobrevivir en un permanente estado de crisis. Se juega aquí, en el plano político, una pedagogía de las emociones, donde la compasión –por ejemplo- aparece como uno de los recursos del conservadurismo: la compasión ante injusticias y violencias del mundo, que exime de una participación verdadera y reactiva. Aunque, podríamos agregar, esta emoción este mediada, según se trate de vidas que merecen “ser lloradas” –al decir de Judith Butler (2007)- o pertenezcan al distante universo de los que “no son como nosotros”.» Ese optimismo cruel que exigen, porque no convencen, los candidatos de “más de lo mismo”. Pero hagamos una conclusión provisional, tratando de explicar lo que le falta a nuestra democracia para salir del pasmo en que se encuentra, en ese estado casi permanente de desilusión que puede eternizarse si no se entiende que las elecciones ya no están para fraudes o maniqueísmos, es de Yannis Stavrakakis, con quien comenzamos el texto: «Desde esta perspectiva, si la democracia adquiere relevancia a largo plazo, deberá además ganar las mentes y los corazones de las personas, deberá operar a un nivel visceral. Pero con un requerimiento significativo. La democracia necesita esta dimensión, pero puede solamente florecer si sus efectos colaterales son chequeados. En efecto, su relación con el goce precisa ser de un tipo diferente: necesita movilizar la pasión y el afecto. Por otro lado, pero también, de otro modo, moderar su intensidad y sublimar su potencial agresivo. Esto es lo que Chantal Mouffe describe como el pasaje desde un “siempre presente” antagonismo crudo, a un agonismo democrático. Este es el desafío cotidiano de una cultura democrática vibrante.» Mezza, Giuliana; Ruiz del Ferrier, María Cristina. 2017. Entrevista a Yannis Stavrakakis (entrevistas). Revista Estado y Políticas Públicas, 5 (9): 223-232. Buenos Aires: FLACSO. Sede Académica Argentina.

viernes, 25 de mayo de 2018

LOS PRINCIPIOS VAN PRIMERO

Joaquín Córdova Rivas Resulta evidente, es hasta una tontería decirlo, pero es que lo pasamos por alto. En los dos debates presidenciales nos hemos quejado de que no hay propuestas específicas para resolver problemas puntuales. Las organizaciones no gubernamentales (ONGs) dedicadas a la protección del medio ambiente no encuentran nada concreto para evitar la privatización del agua, las preocupadas por los derechos humanos no hayan compromisos específicos para disminuir la discriminación o los feminicidios, las que procuran la protección de la infancia, las que luchan contra la corrupción, las que piden mayor transparencia, las que abogan por los derechos de la diversidad sexual, las que exigen una educación integral e inclusiva, y el largo etcétera que nos faltaría por señalar. Todos señalando los grandes huecos en los discursos de los candidatos. Regresemos al inicio: es que los principios van primero. Cualquier propuesta que se haga, hasta la más pequeña en término de detalle, si no está contextualizada adecuadamente termina por no servir. ¿De qué sirve cambiar a todos los agentes ubicados en las aduanas si la corrupción sigue tan campante? ¿De qué sirve mocharles la mano a los ladrones si cualquiera puede ser acusado falsamente de serlo? ¿De qué sirve proponer incrementar los albergues para migrantes si no se respetan los derechos humanos? ¿Para qué “ajustar” la reforma educativa si desde el principio se desdeñó y atacó a los profesores? ¿Para qué proponer construirle el muro fronterizo a Trump, a cambio de respetar a los dreamers, si son cosas que ideológicamente se excluyen mutuamente? Por eso la terquedad de defender lo que va primero: freno a la corrupción, honestidad, autoridad moral, poner el ejemplo, normalidad mínima respetada por todos sin excepciones, respeto a la legalidad, justicia, ética y los que Usted, amable lector y además elector, juzgue conveniente. Finalmente ¿un buen presidente tiene que ser un buen polemista, con límites de tiempo, y saltando bruscamente de un tema a otro porque así lo especifica un formato? Condición, además, que seguramente nunca enfrentará en la vida real presidencial. Pues no, por eso ninguno de los aspirantes se vio bien, aunque alguno, inexplicablemente, se declare ganador. La anécdota la conté hace años pero la metáfora sigue siendo aplicable: hay personas que reaccionan como si fueran jugadores de tenis de mesa, de reacciones rápidas, casi instintivas, que se mueven por toda su área de juego, que sean buenos o no es otra cosa; hay otros que semejan jugadores de ajedrez, en lo que piensan parecen en pausa, no se mueven, se tardan en responder las jugadas, está definido como un deporte mental, por tanto los movimientos físicos son lo menos importante. En cualquiera de los dos casos, para saber quién juega mejor es necesario conocer las reglas y el sistema de “puntuación”, aunque en el segundo caso —el ajedrez—, lo que cuenta es la posición y movimiento de las piezas, no necesariamente cuáles “valen” más. Por eso los debates no fueron debates, tampoco lo podían ser porque se olvida que estamos en la política-espectáculo, un efecto generalizado del modelo norteamericano de presentar cualquier cosa a través de los medios de comunicación masiva, señaladamente la televisión. No importan las ideas, ni las propuestas mochas, ni las mentiras cínicas, importa sí, la provocación afectiva, el que me identifiquen positivamente y sospechen negativamente de los demás, por eso se pega más el “abrazos, no balazos”, que las propuestas técnicas que pocos entienden y todos olvidan; por eso contó más el esconder la cartera que la intención de encarar, saliéndose de cuadro, para intentar descolocar al adversario. Por eso, los mal llamados debates no tienen efecto en las preferencias electorales. Lo mejor del caso es que existe investigación sobre lo anterior, no es una simple ocurrencia, por ejemplo, Leonor Arfuch llama “giro afectivo” al efecto provocado o buscado por la televisión como espectáculo, por encima de lo informativo, de lo cultural, de lo educativo, y eso ha provocado una avalancha de estudios para conocer los afectos y las emociones. «El afecto como común a lo humano y lo no humano -otros animales- pre-subjetivo, visceral, corpóreo, el afecto como fuerzas e intensidades que influyen en nuestros pensamientos y juicios pero separados de ellos. Afecto como diferente de la cognición –que solo sobrevendría después, en un escaso margen temporal- y que se expresa por ejemplo, según el clásico paradigma de Tomkins-Ekman- en 6 o 9 afectos básicos y biológicos: interés-excitación; disfrute-alegría; sorpresa-susto; disgusto- angustia; indignación-ira; miedo-terror; vergüenza-humillación; repugnancia-repulsión -el segundo término evoca el grado mayor de intensidad.» Leonor Arfuch. El “giro afectivo”. Emociones, subjetividad y política. Universidad de Lille 3. 15 de septiembre de 2015. A los “asesores” y a los candidatos, les convendría darle una revisadita al tema, para que se expliquen por qué sus estrategias no atinan y por qué la manipulación de resultados y la compra de votos pueden no ser tan efectivas o creíbles esta vez. Arfuch cita otra investigación de la inglesa Sarah Ahmed llamada The cultural politics of emotion (2004). «En su perspectiva, las emociones no son estados psicológicos sino practicas sociales y culturales, no suponen una autoexpresión que se vuelca hacia afuera (in/out) sino más bien se asumen desde el cuerpo social (outside/in), en tanto son las que brindan cohesión al mismo. Esenciales para el aparato psíquico y social, ligadas a objetos no siempre conscientes, son inseparables de las sensaciones corporales y suponen tanto ligazón como movimiento, un aspecto importante en términos de estructura social. Mas que interrogarse sobre “qué son” las emociones la pregunta es “qué hacen” y el terreno para el análisis es, en este caso, las figuras del habla o del discurso que condensan la emocionalidad de los textos.» Nada más y nada menos, por eso los principios van primero, están conectados con los afectos.

domingo, 20 de mayo de 2018

DESIGUALDAD EDUCATIVA

Joaquín Córdova Rivas El daño ya está hecho y revertirlo llevará muchos años. Nuestra casta política —donde se entretejen intereses empresariales y religiosos— escogió el camino fácil: denostar a los maestros frente a grupo, culparlos de los malos resultados obtenidos en pruebas estandarizadas donde se nos compara con países tan disímiles culturalmente como Finlandia, Dinamarca, Singapur, Japón o cualquiera de los considerados “desarrollados” y miembros de la OCDE, ignorando completamente nuestro contexto histórico y la larga tradición pedagógica mexicana que despegara desde antes de la Revolución Mexicana y se afianzara con ella. Los resultados son obvios, no porque unos sean mejores que otros, sino porque el diseño de las evaluaciones atiende a necesidades y contenidos diferentes, a formas de pensar y de ver el mundo todavía, afortunadamente, disímiles. No es lo mismo, por irnos a lo básico, alfabetizar una población más o menos homogénea, que un país con más de 60 idiomas indígenas, tan ricos y con tantos matices que sus fonemas rebasan los de nuestro limitado abecedario, acompañados cada uno de una cosmovisión propia que todavía no alcanzamos a comprender. Además, a nuestros gobernantes se les olvida convenientemente, que vivimos en uno de los países más desiguales del planeta, donde la concentración de la riqueza, que todos generamos, en pocas familias es escandalosa, y no porque trabajen mucho, sino por sus tratos privilegiados con el sector público. Si algo mostró PISA 2015 —porque la prueba se aplica cada 3 años y en este 2018 toca—, es que los mejores resultados los obtuvieron los países con mayor equidad económica: «los alumnos desfavorecidos obtienen 88 puntos menos en la prueba de ciencias que los más favorecidos. Además, en más de 40 países y economías, y teniendo en cuenta el rendimiento de los estudiantes en la prueba de ciencias, es mucho más improbable que los alumnos desfavorecidos se proyecten a sí mismos en una carrera científica [...] En PISA 2015, Canadá, Dinamarca, Estonia, Hong Kong (China) y Macao (China) destacaron por sus altos niveles de equidad y rendimiento educativos.» http://www.oecd.org/pisa/pisa-2015-results-in-focus-ESP.pdf Por eso sonó más a burla que a reconocimiento este 15 de mayo. Como es costumbre, nuestros funcionarios armaron comidas, rifas, reconocimientos por antigüedad a los profesores a los que se han pasado denostando durante décadas, aunque su campaña descalificadora tomó mayor velocidad y brutalidad con el mal llamado Pacto por México y su engendro bautizado como “reforma educativa”. Pero siguen montados en su ignorancia y creen que el engaño traspasa sus falsas felicitaciones y las miradas de lástima a esos “obreros de la educación”, porque ellos se sienten los gerentes de esas inmensas fábricas de falsas conciencias en que pretenden convertir a las escuelas. Hay que darle una repasada a proyectos críticos pedagógicos que, a pesar de seguir siendo excluidos y denostados, proponen una educación diferente, capaz de formar ciudadanos integrales e íntegros en lugar del simple adiestramiento en seguir órdenes —instrucciones—, sin conocer su sentido o razón; una educación que resulte en sintonía con la curiosidad natural y las necesidades de conocer de nuestros niños, jóvenes y, por qué no, adultos, en lugar de los contenidos aburridos, saturados de términos y definiciones que carecen de significado porque no se ponen en práctica; dejar atrás el modelo carcelario o fabril que impide que la realidad cotidiana entre a las escuelas o que los estudiantes se escapen de sufrir largas jornadas de destrucción de la fantasía o de competir por obtener puntos de una calificación que los clasifica como personas ignorantes o flojas, mediocres, buenas o excelentes, tal y como ocurre hasta en la evaluación magisterial. Habría que volver a ver el documental «La Educación Prohibida», como una síntesis de los cuestionamientos y propuestas existentes a la escuela actual, nada más para comenzar a sumergirse en el apasionante tema de la educación. https://www.google.com.mx/search?q=educacion+prohibida+pelicula&oq=educacion+prohibida+&aqs=chrome.2.69i57j0l5.19388j0j8&sourceid=chrome&ie=UTF-8 Pero regresemos a lo oficial, a lo que tiene una mal ganada reputación de ser “la verdad” científica, con ese halo de supuesta objetividad poco entendida. Regresemos pues a la OCDE y su informe sobre los resultados de PISA 2015 que van en contra de lo que los defensores de la mal llamada reforma educativa creen y sostienen: «Los sistemas educativos en los que los estudiantes pasan más tiempo estudiando después de clase (haciendo los deberes, con clases adicionales o estudiando por su cuenta) suelen tener peores resultados medios en ciencias que los sistemas donde el tiempo de estudio fuera de la escuela es menor.» Más fácil, no rinde el secuestrar el tiempo “libre” de niños y jóvenes con el argumento de que si hacen más tareas o estudian extra van a tener mejores resultados, hasta el cerebro se satura, requiere de tiempo para procesar lo vivido, las escuelas de jornada completa no tienen sentido a menos que se asuman como inmensas guarderías; tampoco las clases en fines de semana disque para repasar lo no aprendido. Pero la OCDE, dirigida por el responsable del “error de diciembre” de 1994, que dejó a miles de familias en la ruina y desesperación, tiene que justificar las desigualdades o por lo menos darles una salida que no implique el cambio de modelo económico. «El aprendizaje no debería resentirse porque un estudiante venga de una familia pobre, tenga un origen inmigrante, viva en una familia monoparental o no cuente con determinados recursos en su hogar, como un ordenador o una habitación tranquila en la que estudiar. Los sistemas educativos de éxito no ignoran estas cuestiones y han encontrado maneras de distribuir los recursos para igualar las condiciones de aquellos estudiantes que carecen de los recursos materiales y humanos de los que sí disfrutan los estudiantes de entornos privilegiados.» Y allí está la fórmula mágica: no cambies el modelo económico que propicia las desigualdades, no tomes medidas que impliquen una mejor distribución de la riqueza que generamos todos y un salario digno para los trabajadores, no propicies un sistema educativo que cuestione la realidad y que pueda transformarla, mejor reparte becas y además de presumir que “atiendes” las inequidades, tienes una forma efectiva de control político sobre cientos de miles o millones de familias. ¿Y los maestros? Festéjalos un día y satúralos de trabajo administrativo, con grupos numerosos, con la amenaza de una evaluación que no sirve para capacitarlos sino para castigarlos por no seguir al pie de la letra programas de estudio absurdos e inadecuados, en fin, cúlpalos de todo por todo el sexenio.

CREATIVIDAD SURREALISTA

Joaquín Córdova Rivas Cuando los problemas no se detectan, o no se aceptan, o se ocultan, terminan por no resolverse. Para algunos eso sería bueno porque se “normalizan”, es decir, se transforman en un no-problema porque las cosas son así como por designio divino, por fatalidad, porque está en nuestra cultura o porque así es el destino. Pero al no resolverse en cualquier momento se reactivan, en el sentido de que regresan a formar parte del malestar social y político; como si esa memoria colectiva de la que hablan algunos científicos sociales fuera incapaz de olvidar, como si solo reprimiera temporalmente el recuerdo como un mecanismo de defensa para poder ocuparse de lo inmediato. Para eso sirven algunas Organizaciones No Gubernamentales nacionales e internacionales, esas integradas por ciudadanos que se organizan para denunciar y actualizar lo que no debe olvidarse, lo que seguirá doliendo hasta que se resuelva. «Ciudad de México, 30 de abril de 2018.-Amnistía Internacional México e Indignación A.C. se unen para denunciar el caso de un niño maya que fue arbitrariamente arrestado el 25 de febrero de 2016. José Adrián tenía 14 años cuando volvía a casa desde la escuela justo después de que un grupo de muchachos tuviera una pelea en la calle, en la que se lanzaron piedras contra una patrulla. Los vecinos presenciaron cómo, al llegar la policía, ésta detuvo y golpeó al niño contra el vehículo policial, le pisaban la cabeza y le lesionaron el cuello, culpándolo por los daños a la patrulla. Le quitaron la camisa y los zapatos y lo llevaron a las celdas de la comisaría de la cercana localidad de Chemax el 25 de febrero de 2016. Lo esposaron, lo colgaron de la pared y lo dejaron ahí durante un largo tiempo. Tras saber de la terrible experiencia del niño, sus padres fueron a recoger a José Adrián y se vieron obligados a firmar un acuerdo para pagar una multa y los daños al vehículo policial, para sacarlo de la cárcel. A pesar de la extrema gravedad de los hechos y de la denuncia ante la Fiscalía General del Estado de Yucatán, a dos años del altercado violento, se desconocen los avances de la investigación y los responsables no han sido llevados ante la justicia, lo que no le permite sentirse seguro.» El caso de José Adrián no es único y revela un patrón sistemático de nuestro podrido sistema policiaco y de justicia, y eso que no estamos hablando de extremos como los de policías municipales cooptados y pagados por el crimen organizado, sino apenas de lo que es normal en un país donde nada funciona como debiera. En el informe: “Falsas Sospechas: detenciones arbitrarias por las policías en México” que se publicó el 13 de Julio del 2016, «Amnistía Internacional documentó que los arrestos a las personas que supuestamente estaban cometiendo un delito al ser aprendidas no suelen funcionar como una respuesta auténtica para enfrentar los delitos cometidos en el país, sino que son utilizados por las autoridades de forma ilegal, principalmente contra aquellas personas que enfrentan situaciones históricas de discriminación, con una preocupante afectación a hombres jóvenes que viven en pobreza. Uno supondría, de buena fe, que las policías están para prevenir la comisión de delitos o, en caso de cometerse alguno, detener a los responsables. Pero aquí no ocurre eso: «Las razones que Amnistía Internacional encontró sobre las detenciones cotidianas y arbitrarias de la policía de distintas corporaciones son: la extorsión a quienes detienen, los pagos de terceras personas para detener a alguien, la realización de detenciones políticamente motivadas (por ejemplo, de participantes en movimientos sociales o personas defensoras de los derechos humanos), la detención de personas por un delito menor —que muchas veces no se cometió— para investigarlas por algún otro delito, o para sembrar evidencia y así no tener que investigar auténticamente los delitos que sí se llevan a cabo [...] Los arrestos en supuesta flagrancia han servido particularmente para legitimar la actuación de las autoridades, ya que transmiten la imagen de que la policía —y por extensión el gobierno— está realizando un trabajo eficaz de combate al delito; “es cuando el Estado se ve y se siente más exitoso”, como indicó una jueza penal entrevistada por Amnistía Internacional. Claramente el problema no radica en que se lleven a cabo arrestos cuando se comete un delito, sino en que se pasen por alto los requerimientos legales e incluso se simulen delitos que no ocurrieron o se siembre o fabrique evidencia con tal de lograr una aprehensión. La misma jueza indicó que “las flagrancias le sirven al Estado sean legales o no… Hay flagrancias que se crean”. Ya no sabemos qué es peor porque hay una interrelación entre impunidad y fabricación de culpables de falsos delitos. Para simular la primera agarran a cualquiera que se les cruza en el camino, que se vea que difícilmente se podrá defender —por eso la preferencia por jóvenes en situación de pobreza—, sembrarles armas o drogas y presentarlos como peligrosos capos responsables de numerosos delitos pendientes de resolver, y así los presentan frente a los medios. El “modus operandi” de nuestras policías es persistente porque nadie investiga, porque prefieren simular que están trabajando, porque las víctimas de sus corruptelas les importan nada. «Asimismo, se utiliza arbitrariamente la figura de la flagrancia sobre un supuesto delito, en muchas ocasiones inexistente, para investigar otro delito. En este tipo de detenciones se alega lo que varios operadores de justicia denominaron “delitos puente” o “chaleco” como cohecho o lesiones; y se siembran objetos para generar una falsa flagrancia de un delito no grave que permita detener a una persona para investigarla por otro delito que generalmente sí es grave. En algunas ocasiones esta operación se hace alegando faltas administrativas. Esta práctica ha resultado eficaz para la policía porque priva de la libertad a la persona por el tiempo suficiente —en ocasiones unas cuantas horas— para que la policía encuentre o fabrique evidencia de otro delito [...] Las circunstancias en que ocurren los arrestos arbitrarios son variadas pero no parecen tener relación con las acciones de las víctimas, muchas veces suceden en el trascurso de un día de normal en la vida de las personas, sin que se requiera un evento excepcional para provocarlas. En los casos mencionados en este informe, por ejemplo, el caso de José Adrián (de 14 años), que regresaba de la escuela a su casa; o el de Pedro Euan, que se encontraba en su hogar, acompañado de su familia. En efecto, en México, cualquier persona puede ser arbitrariamente arrestada, aunque hay un riesgo significativo si se halla en una situación de mayor vulnerabilidad, por ejemplo: si es una persona joven, pobre o indígena. https://www.amnesty.org/download/Documents/AMR4153402017SPANISH.PDF Bueno, hasta creamos terminología absurda para disfrazar la realidad, al intento de secuestro de un menor de edad en San José el Alto la semana pasada, se le refirió en los medios de comunicación como “ingreso ilegal a una camioneta”, por creatividad surrealista no paramos.

CONVOCATORIAS PERVERSAS

Joaquín Córdova Rivas En el vendaval de violencia que sacude al país y nos empantana en el horror cotidiano es difícil encontrar consuelo o algún asomo de solución. Seguramente el saqueo de dos supermercados en Chilapa Guerrero se perderá entre las notas de los medios que no atinan a jerarquizar la cotidiana inseguridad, pero se puede tomar como muestra de lo que no funciona en este país. ¿Qué hubiera pasado si a la convocatorio del crimen organizado al saqueo, la población no hubiera acudido? ¿Qué hubiera pasado si los liderazgos sociales, éticos, religiosos, políticos y hasta empresariales hubieran llamado a la no violencia, al respeto de una normalidad necesaria para convivir pacíficamente, y hubieran sido escuchados? Ninguna de esas cosas sucedió, pero sí el saqueo, sí se evidenció la falta de esos liderazgos, la carencia de una suma de voluntades que le quitara base social al crimen, que lo evidenciara frente al repudio popular, que lo desnudara ilegal, abusivo y detestable. Se supone que los partidos políticos suman voluntades, propuestas, planes, identifican el interés general y promueven la organización para lograrlo. Cada uno a su modo, cada uno con sus prioridades y ritmos, cada uno con sus siglas y colores, pero todos coincidiendo en atraer, por la buena, a los ciudadanos para construir modos de vida en equidad de oportunidades, en la diversidad, en el acuerdo pacífico. Pero la kakistocracia —partidocracia le llaman algunos— actual, con su cauda de corrupciones e impunidades, ha renunciado a esos fines y se ha vuelto cómplice, por omisión o comisión, de esa delincuencia que todo atrapa y descompone. También se supone que los líderes religiosos cumplen, en algo, con ese papel. Que son guía de personas que se identifican con preceptos que se supone ampliamente aceptados, que promueven un comportamiento apegado a los mismos. Debe ser frustrante encontrar que sus feligreses, al menor llamado a desoír sus prédicas, se comporten como una turba descontrolada que roba o destruye lo que encuentra a su paso. Del resto de los liderazgos mejor ni hablar, o no existen, o solo sirven para posar en las páginas de sociales presumiendo de la importancia social que se adjudican y no tienen. Por eso urge una transformación política y social, con líderes que concentren voluntades y acciones, que se sientan obligados a responderle a los ciudadanos que los apoyen, que tengan la base social suficiente para ir pacificando al país desapareciendo corrupciones e impunidades. Que establezcan reglas claras para que convenga más, a todos, portarse bien que portarse mal. No es un llamado al caudillismo, sí a la creación ciudadana de dirigentes que respondan a los intereses mayoritarios, que sean respetados porque tienen una base social que los impulsa y protege, pero que también exige rendición de cuentas y un comportamiento ético. ¿Qué o quién impide que se convoque a saquear domicilios particulares, oficinas públicas, centros comerciales, gasolineras, iglesias o lo que sea, y que nos convirtamos en parte de una multitud que no piensa ni mide consecuencias?, ¿dónde están las instituciones que cobijen a quienes presenten resistencia al crimen organizado? Parece que solo los presuntos convocados a delinquir podríamos hacerlo, ni la policía, ni el ejército, son ni serán suficientes. Solo el apego de todos, hasta de los que se asumen como poderosos económicamente, a reglas básicas de convivencia y a la organización ciudadana que las promueva y pueda hacerlas respetar, evitarán la barbarie colectiva. Ni modo. Las efemérides sufrieron el embate de los temas actuales y urgentes. Tocaba hablar de la mitad de los niños mexicanos que viven en la pobreza junto con sus familias, buen caldo de cultivo para esa incontrolada delincuencia. Tocaba escribir sobre la pérdida de derechos laborales, del raquítico poder adquisitivo del salario, del trabajo informal, del subempleo de las protegidas outsourcing, de las desigualdades sociales y de la destrucción de los mecanismos efectivos de reparto de la riqueza producida por todos y que se quedan en pocas manos. Tocaba hablar de los miles de jóvenes que no tienen acceso a la educación superior porque es época de exámenes de admisión en las universidades públicas y no hay lugares suficientes. Tocaba escribir sobre la cancelación de becas de CONACYT a los estudiantes de maestría y doctorado, que requieren dedicarse de tiempo completo a sacar sus posgrados, en algunas universidades públicas. De la falta de resultados de la evaluación docente del año pasado porque no hay dinero para completar el proceso, para pagarles a los evaluadores, para cumplir con los estímulos a los profesores que lograron mostrar un buen desempeño. Pero lo sucedido en Chilapa Guerrero había que escribirlo, porque se puede generalizar, porque muestra el filo de la navaja en que estamos sentados.