domingo, 13 de octubre de 2019

EL HORROR Y EL ERROR


EL HORROR Y EL ERROR
Joaquín Córdova Rivas

Una historia de horror y de dolor. Las fechas conmemorativas quedan rebasadas porque hay un continuo de agresiones desde hace décadas, que se nos comenzaron a hacer normales porque nos enseñaron que la violencia es consustancial al simple paso de los días y los años, como si los tiempos de paz, de tranquilidad, de espacios de vida digna, de simple felicidad fueran excepciones cada vez más espaciadas, más cortas, como si no lo mereciéramos.

Entre más sabemos más nos asombramos de nuestra incapacidad de indignarnos, de nuestra desmemoria, de la falta de solidaridad, del inmenso miedo que nos paraliza y nos impide actuar. Lo peor es que racionalizamos nuestra falta de arrojo, nuestro silencio culpable, no faltan los pretextos para no involucrarse.

No encuentro la referencia exacta, seguramente el texto existe porque lo recuerdo, era de Heberto Castillo —si la memoria no traiciona— y hablaba sobre la tolerancia y los intolerantes. De esos que se escudaban en las supuestas libertades para renegar de ellas y atacarlas, para convertir en víctimas a quienes defendían la tolerancia en abstracto y no atinaban a poner límites a quienes abusaban de su poder. Una vieja paradoja que cada tanto se recicla. Los mismos que antes sin pudor, sin vergüenza, sin misericordia o ética alguna masacraron a los más débiles e indefensos, ahora se dicen reprimidos porque no pueden hacer lo que antes hacían.

Así, como sin querer, se van develando sus abusos cotidianos. “Hasta los dientes” es el título de un documental que se puede ver en Prime video, da cuenta del calvario de los familiares, amigos, compañeros y de cientos de ciudadanos regiomontanos por exigir una justicia que sigue sin cristalizar. Que presenta el horror de esa maquinaria burocrática al servicio de la brutalidad y la ignorancia que asesina a dos estudiantes del Tec de Monterrey —dentro de sus instalaciones— y los hace parecer como sicarios del crimen organizado que mueren en un enfrentamiento, cuando fue una ejecución extrajudicial. Esto en el marco de una irresponsable y cruenta “guerra contra el narcotráfico” declarada y dirigida por Felipe Calderón y sus cómplices. El mismo expresidente que quiso presentarse, en días pasados, a dar una conferencia en ese mismo campus y que fuera repudiado por la comunidad estudiantil. Suceso que no tardó en ser presentado como una forma de intolerancia y de ataque a la libertad de expresión, como si las comunidades de cualquier tipo no tuvieran derecho a defenderse y elegir a quién quieren escuchar y a quién no, a quién toleran que pise un lugar que debiera ser pluralmente académico y rechazar versiones ideológicas violentas y, esperamos, obsoletas. Rechazar el autoritarismo y sus símbolos se quiere presentar como intolerancia cuando es un sentido y digno rechazo a los agresores de siempre.

El poeta Javier Sicilia recuerda, dolorosamente, en un libro editado en el 2016 —El deshabitado. Grijalbo-Proceso—, hablando de sí mismo en tercera persona:

«México, pese a la reserva moral que gente como ellos había mantenido viva, a pesar de la lucha zapatista que diecisiete años atrás dio una salida al país, pero que, incomprendida, fue cercada y marginada, estaba devastado, extraviado en el infierno. Setenta años de una dictadura de partido que trató al país como su patrimonio, enquistándolo de mafiosos y criminales, veinte de una economía liberal y de una transición democrática fallida, y cinco de una guerra contra el narcotráfico desatada por el presidente Felipe Calderón y auspiciada por los Estados Unidos, lo sembraron de miseria, de cadáveres desmembrados y exhibidos como basura, de secuestrados, de desaparecidos y de miedo. Un lento pudrimiento del esqueleto moral y político del país lo había derruido.»

Las metáforas del poeta son precisas, estamos “sembrados” de horrores y errores, de miseria y violencia y esa “siembra” sigue dando sus macabros frutos y lo seguirá haciendo por mucho tiempo hasta que no se arranque de raíz, hasta que no siga germinando. Pero eso lleva tiempo. Sembrar una cultura de paz, de no violencia, de honestidad y ética requiere de voluntad y no dejarse corromper, sus frutos no serán instantáneos, pero tendrán que irse dando antes de que los violentos tengan más posibilidades de regresar y destruir lo ya logrado.

La decepción y traición foxista fue narrada como fábula, por la escritora Sabina Berman, en esa reunión de intelectuales que le piden al lenguaraz guanajuatense honrar los millones de votos que lo llevan a la presidencia de la república y que exigen un rompimiento con el régimen priista. Su cobardía no tiene nombre, prefiere entregarse y acordar con un derrotado partido oficial que honrar su palabra. https://www.eluniversal.com.mx/opinion/sabina-berman/fox-cae-en-un-hoyo-otra-vez

Sicilia tampoco es optimista, conoce el sistema y a través de la imaginación de un amigo describe:

«Por la mente de Georges pasó la presencia de ese ser con rostro de hombre honesto y cuerpo de serpiente, multicolor y alado, cuya cola termina en una punta venenosa y que custodia el octavo círculo del infierno de Dante, el de los fraudulentos que siembran las discordias y las guerras civiles.»

Refiriéndose a Peña Nieto y la entonces pendiente aprobación de la Ley de Víctimas:

«Es un nuevo Gerión. Cada presidente de México es Gerión. Pero lo hará, No tiene otra opción para ganar la legitimidad frente al desastre del país. Peña Nieto es un hombre intelectualmente pobre y también violento. Recuerda la espantosa represión de Atenco cuando era gobernador del Estado de México. Pero a diferencia de Calderón —un hombre visceral y contradictorio— es frío, ajeno al sentimiento y tiene asesores políticos maquiavélicos a los que escucha. Nos dará la Ley y cambiará el discurso belicista. Lo verás. Pero en el fondo todo permanecerá igual o empeorará. Son las perversiones de la política: que todo cambie para que todo siga igual. Esa Ley de Víctimas que acusa al Estado, es el rostro benévolo de una atrocidad: el incumplimiento de las leyes que estaban hechas para protegernos e impartir justicia. La promulgará, luego la manipulará mientras la violencia continúa apilando muertos y desaparecidos.»

Hay que recordar ese pasado de horror para evitar el error de justificarlo, de tolerar a sus emisarios que quieren recuperar ese poder que utilizaron para masacrar a una población que no atinaba a defenderse ante el terror provocado. Que nunca retornemos a racionalizar la maldad para darle otra oportunidad invocando libertades que quieren destruir.

APRENDER A PENSAR


APRENDER A PENSAR
Joaquín Córdova Rivas

Fue una mezcla de reacciones justificadas por una visión de la historia anclada en siglos pasados, la indignación corrió por los alfombrados pasillos de la cámara de diputados, por las oficinas de las cúpulas partidarias que creen que el pragmatismo neoliberal —y la corrupción— los liberó de tener una ideología, por los despachos de los órganos empresariales que siguen pensando que los trabajadores que piensan y se defienden deben ser contra natura, por las sacristías y confesionarios de obispos que creen que todo es un servicio que se puede y debe cobrar sin que existan derechos que garanticen nada que no pase por su santa voluntad.

¿A quién se le ocurre que los trabajadores de la educación, los profesores, puedan opinar, proponer, y ser parte de la decisión en asuntos que tienen que ver con su labor cotidiana? Eso es para expertos amaestrados en las artes de la eficiencia, la disciplina y la docilidad ajenas. Por esos vericuetos caminó la aprobación de las llamadas leyes secundarias que aterrizan a la nueva reforma educativa, esa que pretende desarmar los mecanismos punitivos y de desprestigio que nos aplicaron en contra a los millones de docentes en los nefastos y corruptos sexenios anteriores. Falta ver cómo nos va en este.

Lo obvio pero que no se quiere entender, sin la participación y convicción de los profesores, esos que realizan el trabajo cotidiano en las aulas frente a los niños y jóvenes convertidos en estudiantes, ninguna reforma tendrá éxito. Esperar que renunciemos a reflexionar críticamente, a organizarnos, a tener parte de la decisión en lo que nos compete en nuestro trabajo es una estupidez. Así lo entendemos a pesar de que otros se escandalicen y no lo quieran entender.

Hay un viraje importante, se trata de formar ciudadanos completos, integrales e íntegros, que sepan diferenciar entre datos e informaciones ancladas en una realidad cambiante pero que otorga cierto margen de certidumbre en la toma de decisiones; no en los chismes malintencionados, en manipulaciones interesadas, en la defensa de privilegios normalizados pero nada éticos, se trata de regresar a la justa y digna medianía en cuanto a la forma de vida, además el planeta ya no aguanta los excesos de los poderosos, esos que no dudan en devastar lo poco que queda para disque vivir a todo lujo, que no bien, por unos cuantos años si bien les va. Ya no es el simple aprender a aprender, es aprender a pensar.

Se trata de lograr el bienestar social, una forma digna y disfrutable de vivir, no la mera sobrevivencia de la pobreza que se vuelve generacional y origen de odios y violencia, por esos rumbos tiene que transitar la nueva reforma educativa.

El 17 de septiembre de 1913 dio su discurso en el Senado, eran tiempos convulsos y violentos, estaban recientes los asesinatos de Francisco I. Madero y el de José María Pino Suárez (presidente y vicepresidente respectivamente) apenas siete meses antes, pero su valentía y honradez fueron despreciadas por sus compañeros legisladores, a costa de su vida denunció:

«Todos vosotros habéis leído con profundo interés el informe presentado por don Victoriano Huerta ante el Congreso de la Unión el 16 del presente.
Indudablemente, señores senadores, que lo mismo que a mí, os ha llenado de indignación el cúmulo de falsedades que encierra ese documento. ¿A quién se pretende engañar, señores? ¿Al Congreso de la Unión? No, señores, todos sus miembros son hombres ilustrados que se ocupan en política, que están al corriente de los sucesos del país y que no pueden ser engañados sobre el particular. Se pretende engañar a la nación mexicana, a esa patria que confiando en vuestra honradez y vuestro valor, ha puesto en vuestras manos sus más caros intereses.
¿Qué debe hacer en este caso la representación nacional?
Corresponder a la confianza con que la patria la ha honrado, decirle la verdad y no dejarla caer en el abismo que se abre a sus pies.» https://www.animalpolitico.com/2011/10/discurso-original-de-belisario-dominguez-contra-victoriano-huerta/

«El 23 de septiembre siguiente, Domínguez subió a la tribuna del Senado para llamar asesino y desequilibrado mental a Huerta; y al igual que el discurso del día 16, este fue impreso y distribuido entre la población. 
Irreductible, el 29 de septiembre exhortó a los legisladores, en un discurso aún más radical que los anteriores, a cumplir con su deber de implantar el orden y para ello solicitaba ser comisionado para pedir la renuncia de Huerta mediante un escrito firmado por todos los senadores. Sabía que esa pretensión lo ponía en peligro de muerte, pero pensaba que era la única manera de volver a la legalidad. 
Le costó la vida. La noche del 7 de octubre (algunas fuentes señalan que en la madrugada del 8), dos hombres lo sacaron del hotel donde se hospedaba. Ya no se supo de su paradero hasta unos días después, cuando su cadáver fue encontrado en una fosa, a la orilla del cementerio de Coyoacán. Este artero crimen provocó un gran clamor público. Por su parte, Huerta, en el afán de acabar con la oposición en el Congreso, disolvió la Cámara de Diputados pocos días después y encarceló a más de cien de legisladores.» https://relatosehistorias.mx/nuestras-historias/el-7-de-octubre-de-1913-fue-asesinado-el-senador-belisario-dominguez

Intentando rescatar y tomar el ejemplo de su antecesor, el senado honra a algún mexicano, de los muchos que podrían ser nominados, para recibir la medalla que lleva el nombre del senador chiapaneco, ojalá que en este contexto político que se pretende diferente, sus cualidades fructifiquen en los mexicanos del siglo XXI.

domingo, 29 de septiembre de 2019

LAS BANDERAS


LAS BANDERAS
Joaquín Córdova Rivas

Cuando un régimen político les teme a sus ciudadanos, o tiene miedo de que las masas adquieran el carácter de ciudadanía con todos los derechos y obligaciones que eso contiene, se cierra. Invocando a una frágil democracia que se encuentra en riesgo por unos aventureros e irresponsables, clausura todas las vías pacíficas de resolución de conflictos, niega derechos humanos básicos y desata una violencia que pretende justificar en una falsa defensa colectiva de valores que, supuestamente, todos compartimos.

Cada uno tiene sus banderas, son los símbolos de las reivindicaciones colectivas que necesitan ser tomadas en cuenta para tener una vida lo más disfrutable posible. No se trata del simple sobrevivir, sino de vivir dignamente sin carencias ni excesos.

El autoritarismo priista se nos coló hasta el inconsciente, llegamos al extremo de referirnos al “priista que todos llevamos dentro” cuando remedábamos, en escala micro, algunas de sus nefastas características. Todo parecía seguir la misma lógica, había que defender hasta la ignominia un sistema, que, por presentarse como heredero único y legítimo de un movimiento armado revolucionario, estaba siempre en la mira de la contrarrevolución de derecha, o de izquierda, según conviniera. Y con ese pretexto, los medios quedaban justificados por el fin: salvaguardar, a cualquier costo y pasando por encima de quien fuera, la paradoja de una revolución institucionalizada.

A pesar de esa visión única, las cuarteaduras que anunciaban un derrumbe no tardaron en presentarse. A la cerrazón política que mostró sus límites en diferentes momentos históricos de la última mitad del siglo XX —movimientos obreros en ferrocarriles, en la industria petrolera, en la minería; después en los “encargados” de llevar la Revolución a la realidad: los médicos, los estudiantes universitarios con sus fechas icónicas como el 2 de octubre de 1968 y el 10 de junio de 1971—, le siguió lo que para algunos parecía una alternativa forzada pero viable: la guerrilla campesina o urbana. Parafraseando a diversos autores, las armas de una utopía que se negaba a dejarse desaparecer.

El desarrollo de los grupos clandestinos que se oponen a un régimen que presume un monolitismo que necesita del miedo y la represión como argamasa para reparar las fisuras que provoca el abuso cotidiano del poder, está documentado en diversas investigaciones publicadas, quizás la más conocida sea la de Hugo Esteve Díaz titulada, precisamente Las armas de la utopía, publicada por el Instituto de Proposiciones Estratégicas y cuya primera edición impresa carece de fecha aunque parece ser de 1996, a pesar de que ha seguido escribiendo sobre el tema no es tan conocido como otros autores que prefieren la novela —con su componente importante de ficción— para recrear una coyuntura social específica.

En ese contexto histórico, el director de cine Gabriel Retes saca a la luz un filme titulado Bandera Rota (1978) cuya reseña se puede encontrar hasta en video en la plataforma más popular. Lo que no aparece mencionado, dentro de las diferentes historias que arman la principal, es la manera en que los mismos aparatos de seguridad del gobierno —la Dirección Federal de Seguridad para empezar—, infiltraban las organizaciones y movimientos clandestinos para radicalizarlos y provocar una respuesta violenta que los desarticulara con la consiguiente desaparición, tortura y asesinato de sus integrantes. Esa llamada guerra sucia que algunos insisten en justificar.

Esa estrategia dual —infiltración y radicalización—, les resultó tan efectiva que la siguen utilizando. Cuando en algunos estados o regiones del país aparecen los mismos dirigentes, aunque las causas sean de distinto origen, que promueven acciones que los movimientos incipientes no pueden soportar sin el riesgo evidente de desfondarse, y a pesar de que sus propuestas no sean motivo de acuerdo, en el momento de las movilizaciones imponen —por la vía de los hechos— esas acciones a sabiendas que terminarán debilitando lo que supuestamente quieren fortalecer, además de provocar el descrédito público en una parte expectante de la población que duda entre apoyar, hacerse a un lado o condenar, no la causa que puede parecer justa, sino los medios para querer lograrla. Y, en el último de los casos, “provocar” la represión desmedida de las llamadas fuerzas de seguridad.

El resultado será el mismo, movimientos sociales que no pueden desarrollarse porque sus medidas de presión rebasaron su fuerza y no midieron el desgaste ni se prepararon para resistir más allá de algunos días, o la radicalización forzada por los interesados en reventar una organización con demandas legítimas, necesarias y que incluso resultarían convenientes para casi todos. Esa bandera rota que utiliza como metáfora la película a que nos referimos termina con la represión abierta a unos estudiantes de cine que graban, de forma accidental, un asesinato que creen les servirá para darle una lección a un capitalismo desalmado que es capaz de disfrazarse de lo que sea, hasta de obrerista y sindicalista, para lograr sus fines, siendo el principal la concentración de la riqueza que producen muchos para quedarse en unas cuantas manos.

Por eso hay que cuidar los mecanismos de deliberación pública, los espacios pacíficos de negociación entre sectores que abanderan intereses hasta contrarios para resolver temporalmente los conflictos, que son ineludibles. Pero no los creados por una democracia de fachada, esos organismos que se repartieron por cuotas los partidos políticos con cúpulas corruptas sin atender a una ciudadanía harta de simulaciones.

Mención especial merece ese cuarto poder, la prensa, que tiene que renunciar a la domesticación exhibida de diferentes maneras. Si le gusta la novela para sumergirse en el tema hay que darle una leída a Enrique Serna y su obra el vendedor de silencio.

NI FUE TAN FÁCIL


NI FUE TAN FÁCIL
Joaquín Córdova Rivas

Si no conocemos el pasado, el presente se nos presenta como un rompecabezas imposible de armar. Eso pasa con algo tan importante como el proceso independentista de México y del resto de los países del subcontinente. Presentar ese proceso histórico como un simple enfrentamiento de criollos —invisibilizando al resto de los pobladores y sus culturas— contra españoles, sirvió para amalgamar un relato que parecía incluyente y monotemático.

Pero las ideas, expresadas en palabras, cuentan otra historia.

«Deudor de la historia conceptual, de la historia intelectual y de la historia de los lenguajes políticos, un conjunto de autores ha producido un sugerente corpus que ha puesto el ojo clínico en la materia prima con que todas aquellas transformaciones se materializaron: las palabras. Conscientes de que el lenguaje no es, no puede ser, un medio transparente de transmisión de ideas, estos autores han examinado los usos de los conceptos, los contextos en que cobraron vigencia y sentidos y los medios particulares en que fueron enunciados. Así, las independencias se revelaron como momento crítico de una larga época bisagra —visible desde el último tercio del siglo XVIII y extensiva hasta los convulsos mediados del XIX— en que se articularon los lenguajes políticos de la modernidad. Nación, pueblo, soberanía, patria, libertad, ciudadanía, república, revolución, Estado e incluso democracia fueron, desde esta perspectiva teórica y metodológica, algunos de los conceptos medulares que, debido a su potencial de controversia y polisemia, hicieron pensables y “decibles” las nuevas maneras en que los hombres organizaron y disputaron sus relaciones con el poder y transitaron de un mundo de imperios y monarquía a uno de estados nacionales.»

Como podemos ver, ese proceso histórico de principios del siglo XVIII fue algo mucho más complejo y la historiografía lo revela al decir del Doctor en Historia Rodrigo Moreno de la UNAM. https://www.academia.edu/38974274/La_historiograf%C3%ADa_del_siglo_XXI_sobre_la_independencia_de_M%C3%A9xico

Y otra vez topamos con una idea de la historia en que las rupturas esconden procesos diferentes, que requirieron de confrontarse por la vía de las ideas, de las urnas y finalmente de las armas para encontrarse o dirimir un ganador, no podemos hablar de fuerzas antagónicas homogéneas, menos en casos como este aunque se expresen en coyunturas comunes porque sirven a sus diferentes fines, y por eso:

«... la independencia dejara de ser vista como una gesta heroica o como una rebelión campesina y se convirtiera en el más o menos sofisticado laboratorio de una serie de experimentos políticos, en buena medida impulsados por los devenires metropolitanos. La independencia, entonces, ya no se explicó tanto como la liberación de una patria prexistente, sino como el disputado escenario en que la soberanía dejó de ser la máxima atribución del rey para convertirse en el fundamento del pueblo y de la nación como entidades genuinamente constituyentes. Dicho en pocas palabras, esta historiografía dejó en claro que la nación (cualquiera) no se liberaba, se “constituía”. Así, fueron meticulosamente analizados los ámbitos en que dicho proceso se materializó: las elecciones, los debates legislativos, las polémicas públicas, las instituciones y las corporaciones (como las eclesiásticas). [...] la imagen un tanto pétrea y homogénea de un “pueblo” levantado en armas que buscó romper las cadenas que lo subyugaban, se ha historizado en un mosaico plural de grupos e individuos dotados de intereses diversos que incorporaron de maneras muy variadas los mecanismos y los argumentos que proveían el liberalismo, el republicanismo y la independencia. Armas y urnas (herencias revolucionarias, ambas) habrían sido herramientas frecuentemente recurridas para dirimir las tensiones y los conflictos en este tiempo de adaptación, asimilación y reacomodo. Para algunos, esa multiplicidad de intereses obliga a considerar el plural para referir a los movimientos que poblaron amplias regiones novohispanas entre 1810 y 1821 (y no solo). Desde este ángulo, pareciera poder distinguirse una insurgencia políticamente organizada (y no exenta de sus propias disputas interiores) que surgió con Hidalgo y evolucionó luego a la Junta Nacional Americana y al Congreso que promulgó la Constitución de Apatzingán; por ejemplo, y al lado o alrededor de esta un conjunto de “insurgencias populares” diversas provistas de intereses particulares y las más de las veces comunitarios de muy problemática conexión con los proyectos políticos de la primera.» La historiografía del siglo XXI sobre la Independencia de México. Rodrigo Moreno Gutiérrez. Historiagenda, año 27, núm. 38, octubre de 2018 - marzo 2019. UNAM.


Por eso resulta en una etapa histórica dilatada de difícil conclusión pero que, finalmente, sirve para consolidar algunos conceptos que permiten hablar de una patria común, aunque sin resolver algunas de sus contradicciones que irán decantándose con la Reforma y la Revolución. Por eso en la noche del 15 de septiembre, madrugada del 16 invocamos a esos personajes —héroes— que nos dieran patria y libertad.

PODER IMAGINARSE



PODER IMAGINARSE
Joaquín Córdova Rivas

Se imaginan morenas, chaparritas, regordetas y fuertes, de cabellos negros, lacios y peinados en trenzas que se enroscan alrededor de su cabeza sujetadas con amplios moños lucidores; de vestimenta amplia y muy colorida, resistente a las inclemencias del tiempo, abrigadora sin perder su esencia; y a la imaginación le siguió la representación, pero primero es eso: imaginarse. Salirse de la envoltura corporal y transformarse en trapo y bordados, de esos que cuentan historias y se envuelven de esperanzas al tiempo que se aferran a un presente que las ningunea, que las discrimina, que en el mejor de los casos las invisibiliza y en el peor las reprime y las explota.

Ha sido un batallar de muchos años de esas mujeres del pueblo originario ñhañhu que decidieron salir de sus comunidades a ofrecer, ante las carencias generacionales, lo mejor que tenían: ellas mismas. Su persistencia es la que les ha ganado esa presencia en un imaginario colectivo que ahora las devora para convertirlas en moda pasajera, que somete su arte folclórico a un desgaste brutal que las obliga a querer adaptarse a un mercado que solo mira por sí mismo. Y aparecen las muñecas de piel clara o de plano blanca, de cabelleras rubias o pelirrojas, nada más alejado de ese origen que las singulariza y las vuelve resistentes a la comercialización en masa o la producción en serie. Lo peor es que sean los gobiernos quienes propicien eso, en lugar de cobijarlas, de entrar a la difusión de su cosmovisión y cultura, de potencializar esas significaciones y encontrar formas diferentes de vivir y pensar.

Algo parecido sucede con nuestra identidad nacional, se pierden los símbolos para convertirse en simples mercaderías que hay que tirar después de las fiestas patrias, además hechos en serie y en China, ni siquiera nuestras banderitas son de producción nacional. Ese llamado a la Independencia desde un pueblito del centro del país, inspirado en tertulias literarias donde se leían colectivamente los libros que contenían ideas diferentes a las imperantes, esos textos que fueron inútilmente prohibidos, que se buscaban obsesivamente en los puntos fronterizos —principalmente marítimos— para ser requisados y destruidos. Porque los libros tienen eso, despiertan la imaginación y hacen que sus lectores quieran vivir en otros mundos que se antojan posibles y necesarios.

La coyuntura histórica fue simultánea para la mayoría de nuestros países colonizados por españoles y portugueses, por eso no es casual que fuera a inicios de los 1800 que muchos busquen independizarse de unas metrópolis monárquicas profundamente corruptas, discriminadoras y explotadoras. Por el lado español, su otrora poderosa armada está diezmada por las guerras con otros países europeos, el mismo país está invadido por las tropas francesas y solo queda responder con el cambio político representado por las Cortes de Cádiz, instaladas 9 días después de iniciada la revolución mexicana de independencia, seguida por la Constitución promulgada el 19 de marzo de 1812 que da lugar a procesos electorales cuyos resultados fueron anulados parcial o totalmente porque la copiosa votación que elegía a criollos y algunos indígenas en los recién formados ayuntamientos, más de mil según señalan algunos historiadores.

Pero lo que nos interesa señalar es el poder de despertar la imaginación de esos textos, muchos inspirados en la revolución francesa, que, aunque circularon clandestinamente, fueron recibidos y procesados por una intelectualidad criolla que buscaba ser reconocida en su lugar de origen. Es decir, la independencia no se peleó únicamente en los campos de batalla a sangre y fuego, la principal lucha estuvo en la creación de un imaginario colectivo diferente y posible por deseable.

Esa batalla por la imaginación está presente en nuestros días. El autollamado gobierno de la cuarta transformación se apropió del discurso del cambio, de la lucha contra la corrupción con todos los valores morales y éticos que eso implica y dejó en la vaciedad ideológica a una oposición que se percibe como revanchista y convenenciera. Parafraseando a algunos analistas, la corriente ideológica representada por el lopezobradorismo les ganó el presente y les impide disputar un futuro que está en construcción, dejándoles solo un pasado vergonzante de donde no pueden salir.

Imaginarnos como un país menos desigual, más justo y equitativo, menos corrupto y más seguro, con oportunidades de desarrollo para todos, con instituciones públicas eficientes que garanticen una vida digna, en resumen: un futuro posible que sea disfrutable. Por eso votamos hace poquito más de un año.

Vamos a ver cómo se avanza en la reconstrucción de esos símbolos de la presentada como primera transformación —la independencia—, que se rebase el estrecho límite del jolgorio para recuperar esa historia que al oficializarse perdió su esencia emancipadora para convertirse en un simple echar desmadre, como dicen hasta nuestros tiernos escolapios.

domingo, 1 de septiembre de 2019

AÑO UNO


AÑO UNO
Joaquín Córdova Rivas

Los retos han sido muchos. El contexto político no auguraba nada bueno, demasiados compromisos amarrados con las cúpulas de los partidos tradicionales que implicaban vergonzantes apoyos mutuos. Para algunos poderosos era impensable perder la titularidad del gobierno federal y se embarcaron em proyectos transexenales con todas las ventajas habidas y malhabidas. Se acostumbraron a lo fácil sin detenerse a considerar a los que acabarían pagando sus excesos. Ahora algunos estorban lo más que pueden.

El primer reto se supera, llegar al primer informe de gobierno era igual de azaroso que ganar y se reconociera el triunfo, pero es que el límite no aguantaba una estirada más sin que se desfondara el país. Había que entregar resultados lo más pronto posible, algunos simbólicos y otros encaminados a concretarse. Estirar la mano en plan conciliador y después cerrar el puño si no había respuesta o esta era abiertamente retadora, impertinente, cínica.

Hubo que corregir, algunas propuestas se quedaron sin asidero en la realidad, no había y todavía está en construcción una fuerza policial federal confiable ante la corrupción generalizada en los estados y municipios. Hubo que negociar y presionar con titulares de instituciones que se resisten a perder sus privilegios y actuar por consigna. Hubo que comenzar a romper inercias que se adquieren fácilmente y se desarraigan en lapsos desesperadamente largos.

La protección o complicidad de algunos grupos del crimen organizado con instancias federales quedó mocha, en el aire, sin acuerdos que se cumplieran y se desató la violencia. Es su forma de presionar para seguir operando con impunidad y ganancia máxima, pero hasta en eso hay cambios propios de la dinámica delictiva. Los estupefacientes que antes eran demandados son sustituidos por otros más baratos y letales, para colmo fuera del control productivo y distributivo de los grupos tradicionales. Sus bases sociales pierden la cohesión de la complicidad piramidal cuando se plantea la posibilidad de reintegración o la consideración de atenuantes por coerción o violencia para realizar trabajo en contra de la voluntad de los agraviados. No todos son iguales ni merecen ser castigados igual.

Antes se destapaban casos de corrupción y no pasaba nada. ¿Desde cuando sabíamos de los fraudes comprando chatarra a empresas privadas como si fueran instalaciones operativas y en buenas condiciones? O de los manejos sospechosos en entidades financieras que de un día para otro cambiaban de cooperativas a tener dueños privados. O del huachicoleo y las redes de gasolineras que se beneficiaban del mismo o de los litros de muchos mililitros menos. Sabíamos del manejo faccioso del dinero público para pagar comentaristas noticiosos, para maquillar una realidad que a nivel de calle muestra su rostro más perverso, para normalizar la impunidad —es un robo pero es legal, es un abuso pero es legal—, los continuos llamados a respetar un estado de derecho que no podía estar más chueco, como si las leyes y reglamentos no estuvieran diseñados para “legalizar” y atenuar los delitos graves y castigar, hasta la fabricación de culpables, los delitos comunes. Se trataba de crear un ambiente de terror para inhibir las protestas, para evitar las denuncias, para que el ciudadano se conformara con que no le pasara algo peor.

La revictimización se puso en boga. Las mujeres se descubrieron culpables de ejercer las libertades que los machos tienen aseguradas: te pasó eso por andar fuera de tu casa a altas horas de la noche, por no andar acompañada de hombre que te cuide, por vestir provocadoramente, por descuidada, por no pedir ayuda aunque tuvieras un cuchillo en la garganta o el cañón de una pistola en la nuca, por andar tomando, por confiada. Si fuiste víctima de un robo: es que andabas exhibiendo tus pobrezas, es que te descuidaste, es que antes no te pasó algo peor. A veces hasta te piden agradecer que quien te robó el radio del auto, o la batería, o sacara lo poco de valor que llevabas fuera alguien “con experiencia”, que no dañó más de lo necesario, que no destrozó el tablero, que no rompió más de un cristal de la ventana más chiquita.

Y los abusos fueron instalándose en la cotidianidad aprovechando el creciente e intencional vacío de autoridad, nos molestamos y atacamos a nosotros mismos en lugar de cuestionar y organizarnos para acabar con los abusos que sí nos afectan a todos. Como que las venganzas chiquitas eran suficientes para reforzar una autoestima y seguridad muy disminuidas por las corruptelas impunes de los “peces gordos”, tan gordos que podían romper la red de cualquier intento por atraparlos, y hasta lo presumían en las redes sociales.

Año uno que no corresponde estrictamente con los 365 días de ejercicio del poder, año mocho al que le faltan 3 meses, pero al menos se perfilan cambios que pueden ser convenientes y duraderos, que ya se necesitaban. Estamos en el pantanoso pasado que se niega a desaparecer y lo nuevo que tarda en consolidarse. Ni siquiera las formas tradicionales, propias de este capitalismo devastador son aptas para medir los cambios en la dinámica social y económica cotidiana. El contexto planetario tampoco es halagüeño, ya no se puede “crecer” como antes a riesgo de acelerar la espiral apocalíptica, como nunca sentimos que si no desaceleramos nuestro consumo nos acabamos lo poco que queda para sobrevivir como especie, tendremos que irnos acostumbrando a disfrutar de la vida en una equidad moderada, sin los excesos propios de una especie irresponsable, buscar en la ética el uso responsable de la tecnología, mirar a los otros y mirarnos en ellos sin permitir abusos como los que estábamos y seguimos padeciendo. Año uno del resto de nuestras vidas.

domingo, 25 de agosto de 2019

DISOLUCIÓN CULTURAL

Joaquín Córdova Rivas Le decimos artesanía porque su origen se pierde en el tiempo, porque no tiene un autor reconocido, porque no había sido asimilada por la oligarquía local, pero los bordados, la vestimenta, los colores vistosos y contrastantes de nuestros pueblos originarios comienzan a caer bajo el influjo de la cultura del consumo como efecto de la falta de originalidad, del desgaste por repetición de la moda occidental que tiende a uniformarlo todo, la apariencia y el pensamiento. La muñeca ñhañhu, era vista como una manifestación menor de la identidad de un pueblo indígena vencido y avasallado por un cristianismo que se impone hasta con la violencia, detrás de costumbres ajenas, europeizantes y presuntamente civilizadas por modernas. Que para colonizar necesita destruir, desaparecer o mínimo menospreciar cualquier tradición o costumbre arraigada en la identidad de los pueblos. Un estudioso como Benjamín Valdivia de la Universidad de Guanajuato habla de “artes folclóricas” para evitar el desprecio detrás del término artesanía, y aclara que estas artes mantienen su significación cultural en la comunidad que las produce, debido a que su origen no es claro son cobijadas por toda la comunidad, formando parte de su identidad cultural, mientras no salgan de allí y cambien lo menos posible. De otra forma esa significación comienza a perderse, a disolverse, se convierte en un fenómeno comercial, en una moda, con todos los riesgos que eso tiene. Lo que estamos viendo no es un “reconocimiento” sino una apropiación, ese arte folclórico: «Aunque no es producido en el seno de la comunidad, sí es consumida ampliamente por esta. De ahí que la significación cultural de esos actos u objetos aumente de forma drástica en un lapso breve. Sin embargo, debido a la ausencia de arraigo en la comunidad –a la que ha llegado como formulación externa– esa significación desciende igualmente rápido, de modo que en poco tiempo llega a minimizarse o desaparecer.» La muerte del folclor. Benjamín Valdivia. https://www.academia.edu/39017694/Benjam%C3%ADn_Valdivia_-_La_muerte_del_folclor Una manera de llevar esa significación a otro nivel «compete a aquellos actos y objetos que son apropiados por una élite ilustrada para el cultivo de su propio estatus. Allí se encuentran las invenciones más vanguardistas de cada época a la par que las supervivencias más exóticas de las culturas del pasado. En su ámbito permite la inserción de cosas tanto anónimas como nominales, o bien procedentes de la tradición ancestral o de la moda más presente. Lo importante en este tercer orden es que la élite se vea reflejada en su propia elección de lo distintivo, de lo que se sustrae a la creación originada por las comunidades o al consumo masivo de lo efímero. Ese distintivo adquiere un carácter de perdurabilidad muy distinto del folclórico, puesto que la significación no tiende a permanecer sino a incrementarse.» Pero quizás podamos poner en duda la esperanza de que eso suceda, la difusión de la muñeca llamada Lele no fue iniciativa de esa élite ilustrada local, sino del aparato gubernamental que busca mimetizarse en identidades que siempre ha despreciado y que no le corresponden. El trato es el de una marca comercial, efímero porque pierde su significado, desarraigado al sacarlo de su comunidad de origen, y vaciado de su identidad. «De lo presentado se desprende que el folclor tiene una raíz comunitaria y anónima con un sentido persistente y reiterativo durante un tiempo extenso. En esa dirección, se podría caracterizar al folclor como aquel conjunto de objetos, actos y significaciones culturales anónimas que tienden a permanecer como patrimonio comunitario durante múltiples generaciones y repetirse en sus rasgos más distintivos, procurando la mayor continuidad de su sentido y la menor variación de sus componentes. [...] Entonces, una paradoja se hace visible en el folclor: es necesariamente elitista, es decir, solo puede darse con autenticidad en el interior de la comunidad que lo ha creado o adoptado con todas sus implicaciones de anonimato y pervivencia. Las manifestaciones folclóricas solo pertenecen a ciertas comunidades, en las demás es notoria la exterioridad y el desarraigo, o incluso la imposición de aquello que no le confiere identidad a su tradición. Sin embargo, no obsta para que en el futuro esa exterioridad se interiorice, constituyendo una formula válida del folclor propio de esa comunidad; pero en cualquier actualidad, la calidad de algo folclórico se opone al resto de condiciones folclóricas de otras comunidades y, en términos generales, se opone también a la cultura de masas.» La necesidad económica, la falta de oportunidades en sus comunidades, más para las mujeres, ha propiciado que la difusión de esa forma de cultura, casi sin cambios, ya transgeneracional, sea vista como algo distintivo de una región o estado. Las artesanas ñhañhu deben a su permanencia el reconocimiento popular de esa peculiar forma de expresar su identidad, a pesar del ninguneo oficial, de los obstáculos que les ponen, de la marginalidad a la que se les quiere condenar, aunque a costa de perder su significación. La explicación de esa “disolución cultural” es más compleja e interesante y quien se interese podrá dirigirse al documento fuente de las citas textuales, solo alcanza para decir que «El folclor, por su ser mismo, resiste los intentos de exportación y niega la patente de origen a quienes pretendan extraerlo de las comunidades que lo resguardan, eso garantiza la base de capital cultural que representa. Nuevas modas y usos comienzan dividiendo las identidades comunitarias hasta desfigurarlas, y junto con ello las integran en una comunidad mundializada de consumo de significados efímeros. [...] la cultura de masas no solamente aplana los relieves distintivos de las diversas tradiciones en el mundo, sino que produce individuos sin vínculos reales con el pasado de sus propios grupos de origen.» Finalmente, una mención a la realización del festival a Lele a los pies del Acueducto «Los indios siembran los campos, los indios cogen los trigos, los indios hacen el pan y todo lo hacen los indios. Y es cierto que si faltaran indios en estos dominios, faltara todo, porque ellos son el elemento quinto. Y porque conozca el mundo de lo mucho que han servido en la conducción del agua, es bien que hoy se diga a gritos. Desde el principio hasta el fin, ellos solamente han sido, los que a costa de trabajos han dado agua a los vecinos. Ellos han hecho la alberca, ellos, pisando peligros, han hecho la atarjea y arcos, las pilas, cal y ladrillos.» https://www.researchgate.net/publication/262564990_Quien_construyo_el_acueducto_de_Queretaro/link/0deec5381359f92fc6000000/download