domingo, 29 de septiembre de 2019

LAS BANDERAS


LAS BANDERAS
Joaquín Córdova Rivas

Cuando un régimen político les teme a sus ciudadanos, o tiene miedo de que las masas adquieran el carácter de ciudadanía con todos los derechos y obligaciones que eso contiene, se cierra. Invocando a una frágil democracia que se encuentra en riesgo por unos aventureros e irresponsables, clausura todas las vías pacíficas de resolución de conflictos, niega derechos humanos básicos y desata una violencia que pretende justificar en una falsa defensa colectiva de valores que, supuestamente, todos compartimos.

Cada uno tiene sus banderas, son los símbolos de las reivindicaciones colectivas que necesitan ser tomadas en cuenta para tener una vida lo más disfrutable posible. No se trata del simple sobrevivir, sino de vivir dignamente sin carencias ni excesos.

El autoritarismo priista se nos coló hasta el inconsciente, llegamos al extremo de referirnos al “priista que todos llevamos dentro” cuando remedábamos, en escala micro, algunas de sus nefastas características. Todo parecía seguir la misma lógica, había que defender hasta la ignominia un sistema, que, por presentarse como heredero único y legítimo de un movimiento armado revolucionario, estaba siempre en la mira de la contrarrevolución de derecha, o de izquierda, según conviniera. Y con ese pretexto, los medios quedaban justificados por el fin: salvaguardar, a cualquier costo y pasando por encima de quien fuera, la paradoja de una revolución institucionalizada.

A pesar de esa visión única, las cuarteaduras que anunciaban un derrumbe no tardaron en presentarse. A la cerrazón política que mostró sus límites en diferentes momentos históricos de la última mitad del siglo XX —movimientos obreros en ferrocarriles, en la industria petrolera, en la minería; después en los “encargados” de llevar la Revolución a la realidad: los médicos, los estudiantes universitarios con sus fechas icónicas como el 2 de octubre de 1968 y el 10 de junio de 1971—, le siguió lo que para algunos parecía una alternativa forzada pero viable: la guerrilla campesina o urbana. Parafraseando a diversos autores, las armas de una utopía que se negaba a dejarse desaparecer.

El desarrollo de los grupos clandestinos que se oponen a un régimen que presume un monolitismo que necesita del miedo y la represión como argamasa para reparar las fisuras que provoca el abuso cotidiano del poder, está documentado en diversas investigaciones publicadas, quizás la más conocida sea la de Hugo Esteve Díaz titulada, precisamente Las armas de la utopía, publicada por el Instituto de Proposiciones Estratégicas y cuya primera edición impresa carece de fecha aunque parece ser de 1996, a pesar de que ha seguido escribiendo sobre el tema no es tan conocido como otros autores que prefieren la novela —con su componente importante de ficción— para recrear una coyuntura social específica.

En ese contexto histórico, el director de cine Gabriel Retes saca a la luz un filme titulado Bandera Rota (1978) cuya reseña se puede encontrar hasta en video en la plataforma más popular. Lo que no aparece mencionado, dentro de las diferentes historias que arman la principal, es la manera en que los mismos aparatos de seguridad del gobierno —la Dirección Federal de Seguridad para empezar—, infiltraban las organizaciones y movimientos clandestinos para radicalizarlos y provocar una respuesta violenta que los desarticulara con la consiguiente desaparición, tortura y asesinato de sus integrantes. Esa llamada guerra sucia que algunos insisten en justificar.

Esa estrategia dual —infiltración y radicalización—, les resultó tan efectiva que la siguen utilizando. Cuando en algunos estados o regiones del país aparecen los mismos dirigentes, aunque las causas sean de distinto origen, que promueven acciones que los movimientos incipientes no pueden soportar sin el riesgo evidente de desfondarse, y a pesar de que sus propuestas no sean motivo de acuerdo, en el momento de las movilizaciones imponen —por la vía de los hechos— esas acciones a sabiendas que terminarán debilitando lo que supuestamente quieren fortalecer, además de provocar el descrédito público en una parte expectante de la población que duda entre apoyar, hacerse a un lado o condenar, no la causa que puede parecer justa, sino los medios para querer lograrla. Y, en el último de los casos, “provocar” la represión desmedida de las llamadas fuerzas de seguridad.

El resultado será el mismo, movimientos sociales que no pueden desarrollarse porque sus medidas de presión rebasaron su fuerza y no midieron el desgaste ni se prepararon para resistir más allá de algunos días, o la radicalización forzada por los interesados en reventar una organización con demandas legítimas, necesarias y que incluso resultarían convenientes para casi todos. Esa bandera rota que utiliza como metáfora la película a que nos referimos termina con la represión abierta a unos estudiantes de cine que graban, de forma accidental, un asesinato que creen les servirá para darle una lección a un capitalismo desalmado que es capaz de disfrazarse de lo que sea, hasta de obrerista y sindicalista, para lograr sus fines, siendo el principal la concentración de la riqueza que producen muchos para quedarse en unas cuantas manos.

Por eso hay que cuidar los mecanismos de deliberación pública, los espacios pacíficos de negociación entre sectores que abanderan intereses hasta contrarios para resolver temporalmente los conflictos, que son ineludibles. Pero no los creados por una democracia de fachada, esos organismos que se repartieron por cuotas los partidos políticos con cúpulas corruptas sin atender a una ciudadanía harta de simulaciones.

Mención especial merece ese cuarto poder, la prensa, que tiene que renunciar a la domesticación exhibida de diferentes maneras. Si le gusta la novela para sumergirse en el tema hay que darle una leída a Enrique Serna y su obra el vendedor de silencio.

NI FUE TAN FÁCIL


NI FUE TAN FÁCIL
Joaquín Córdova Rivas

Si no conocemos el pasado, el presente se nos presenta como un rompecabezas imposible de armar. Eso pasa con algo tan importante como el proceso independentista de México y del resto de los países del subcontinente. Presentar ese proceso histórico como un simple enfrentamiento de criollos —invisibilizando al resto de los pobladores y sus culturas— contra españoles, sirvió para amalgamar un relato que parecía incluyente y monotemático.

Pero las ideas, expresadas en palabras, cuentan otra historia.

«Deudor de la historia conceptual, de la historia intelectual y de la historia de los lenguajes políticos, un conjunto de autores ha producido un sugerente corpus que ha puesto el ojo clínico en la materia prima con que todas aquellas transformaciones se materializaron: las palabras. Conscientes de que el lenguaje no es, no puede ser, un medio transparente de transmisión de ideas, estos autores han examinado los usos de los conceptos, los contextos en que cobraron vigencia y sentidos y los medios particulares en que fueron enunciados. Así, las independencias se revelaron como momento crítico de una larga época bisagra —visible desde el último tercio del siglo XVIII y extensiva hasta los convulsos mediados del XIX— en que se articularon los lenguajes políticos de la modernidad. Nación, pueblo, soberanía, patria, libertad, ciudadanía, república, revolución, Estado e incluso democracia fueron, desde esta perspectiva teórica y metodológica, algunos de los conceptos medulares que, debido a su potencial de controversia y polisemia, hicieron pensables y “decibles” las nuevas maneras en que los hombres organizaron y disputaron sus relaciones con el poder y transitaron de un mundo de imperios y monarquía a uno de estados nacionales.»

Como podemos ver, ese proceso histórico de principios del siglo XVIII fue algo mucho más complejo y la historiografía lo revela al decir del Doctor en Historia Rodrigo Moreno de la UNAM. https://www.academia.edu/38974274/La_historiograf%C3%ADa_del_siglo_XXI_sobre_la_independencia_de_M%C3%A9xico

Y otra vez topamos con una idea de la historia en que las rupturas esconden procesos diferentes, que requirieron de confrontarse por la vía de las ideas, de las urnas y finalmente de las armas para encontrarse o dirimir un ganador, no podemos hablar de fuerzas antagónicas homogéneas, menos en casos como este aunque se expresen en coyunturas comunes porque sirven a sus diferentes fines, y por eso:

«... la independencia dejara de ser vista como una gesta heroica o como una rebelión campesina y se convirtiera en el más o menos sofisticado laboratorio de una serie de experimentos políticos, en buena medida impulsados por los devenires metropolitanos. La independencia, entonces, ya no se explicó tanto como la liberación de una patria prexistente, sino como el disputado escenario en que la soberanía dejó de ser la máxima atribución del rey para convertirse en el fundamento del pueblo y de la nación como entidades genuinamente constituyentes. Dicho en pocas palabras, esta historiografía dejó en claro que la nación (cualquiera) no se liberaba, se “constituía”. Así, fueron meticulosamente analizados los ámbitos en que dicho proceso se materializó: las elecciones, los debates legislativos, las polémicas públicas, las instituciones y las corporaciones (como las eclesiásticas). [...] la imagen un tanto pétrea y homogénea de un “pueblo” levantado en armas que buscó romper las cadenas que lo subyugaban, se ha historizado en un mosaico plural de grupos e individuos dotados de intereses diversos que incorporaron de maneras muy variadas los mecanismos y los argumentos que proveían el liberalismo, el republicanismo y la independencia. Armas y urnas (herencias revolucionarias, ambas) habrían sido herramientas frecuentemente recurridas para dirimir las tensiones y los conflictos en este tiempo de adaptación, asimilación y reacomodo. Para algunos, esa multiplicidad de intereses obliga a considerar el plural para referir a los movimientos que poblaron amplias regiones novohispanas entre 1810 y 1821 (y no solo). Desde este ángulo, pareciera poder distinguirse una insurgencia políticamente organizada (y no exenta de sus propias disputas interiores) que surgió con Hidalgo y evolucionó luego a la Junta Nacional Americana y al Congreso que promulgó la Constitución de Apatzingán; por ejemplo, y al lado o alrededor de esta un conjunto de “insurgencias populares” diversas provistas de intereses particulares y las más de las veces comunitarios de muy problemática conexión con los proyectos políticos de la primera.» La historiografía del siglo XXI sobre la Independencia de México. Rodrigo Moreno Gutiérrez. Historiagenda, año 27, núm. 38, octubre de 2018 - marzo 2019. UNAM.


Por eso resulta en una etapa histórica dilatada de difícil conclusión pero que, finalmente, sirve para consolidar algunos conceptos que permiten hablar de una patria común, aunque sin resolver algunas de sus contradicciones que irán decantándose con la Reforma y la Revolución. Por eso en la noche del 15 de septiembre, madrugada del 16 invocamos a esos personajes —héroes— que nos dieran patria y libertad.

PODER IMAGINARSE



PODER IMAGINARSE
Joaquín Córdova Rivas

Se imaginan morenas, chaparritas, regordetas y fuertes, de cabellos negros, lacios y peinados en trenzas que se enroscan alrededor de su cabeza sujetadas con amplios moños lucidores; de vestimenta amplia y muy colorida, resistente a las inclemencias del tiempo, abrigadora sin perder su esencia; y a la imaginación le siguió la representación, pero primero es eso: imaginarse. Salirse de la envoltura corporal y transformarse en trapo y bordados, de esos que cuentan historias y se envuelven de esperanzas al tiempo que se aferran a un presente que las ningunea, que las discrimina, que en el mejor de los casos las invisibiliza y en el peor las reprime y las explota.

Ha sido un batallar de muchos años de esas mujeres del pueblo originario ñhañhu que decidieron salir de sus comunidades a ofrecer, ante las carencias generacionales, lo mejor que tenían: ellas mismas. Su persistencia es la que les ha ganado esa presencia en un imaginario colectivo que ahora las devora para convertirlas en moda pasajera, que somete su arte folclórico a un desgaste brutal que las obliga a querer adaptarse a un mercado que solo mira por sí mismo. Y aparecen las muñecas de piel clara o de plano blanca, de cabelleras rubias o pelirrojas, nada más alejado de ese origen que las singulariza y las vuelve resistentes a la comercialización en masa o la producción en serie. Lo peor es que sean los gobiernos quienes propicien eso, en lugar de cobijarlas, de entrar a la difusión de su cosmovisión y cultura, de potencializar esas significaciones y encontrar formas diferentes de vivir y pensar.

Algo parecido sucede con nuestra identidad nacional, se pierden los símbolos para convertirse en simples mercaderías que hay que tirar después de las fiestas patrias, además hechos en serie y en China, ni siquiera nuestras banderitas son de producción nacional. Ese llamado a la Independencia desde un pueblito del centro del país, inspirado en tertulias literarias donde se leían colectivamente los libros que contenían ideas diferentes a las imperantes, esos textos que fueron inútilmente prohibidos, que se buscaban obsesivamente en los puntos fronterizos —principalmente marítimos— para ser requisados y destruidos. Porque los libros tienen eso, despiertan la imaginación y hacen que sus lectores quieran vivir en otros mundos que se antojan posibles y necesarios.

La coyuntura histórica fue simultánea para la mayoría de nuestros países colonizados por españoles y portugueses, por eso no es casual que fuera a inicios de los 1800 que muchos busquen independizarse de unas metrópolis monárquicas profundamente corruptas, discriminadoras y explotadoras. Por el lado español, su otrora poderosa armada está diezmada por las guerras con otros países europeos, el mismo país está invadido por las tropas francesas y solo queda responder con el cambio político representado por las Cortes de Cádiz, instaladas 9 días después de iniciada la revolución mexicana de independencia, seguida por la Constitución promulgada el 19 de marzo de 1812 que da lugar a procesos electorales cuyos resultados fueron anulados parcial o totalmente porque la copiosa votación que elegía a criollos y algunos indígenas en los recién formados ayuntamientos, más de mil según señalan algunos historiadores.

Pero lo que nos interesa señalar es el poder de despertar la imaginación de esos textos, muchos inspirados en la revolución francesa, que, aunque circularon clandestinamente, fueron recibidos y procesados por una intelectualidad criolla que buscaba ser reconocida en su lugar de origen. Es decir, la independencia no se peleó únicamente en los campos de batalla a sangre y fuego, la principal lucha estuvo en la creación de un imaginario colectivo diferente y posible por deseable.

Esa batalla por la imaginación está presente en nuestros días. El autollamado gobierno de la cuarta transformación se apropió del discurso del cambio, de la lucha contra la corrupción con todos los valores morales y éticos que eso implica y dejó en la vaciedad ideológica a una oposición que se percibe como revanchista y convenenciera. Parafraseando a algunos analistas, la corriente ideológica representada por el lopezobradorismo les ganó el presente y les impide disputar un futuro que está en construcción, dejándoles solo un pasado vergonzante de donde no pueden salir.

Imaginarnos como un país menos desigual, más justo y equitativo, menos corrupto y más seguro, con oportunidades de desarrollo para todos, con instituciones públicas eficientes que garanticen una vida digna, en resumen: un futuro posible que sea disfrutable. Por eso votamos hace poquito más de un año.

Vamos a ver cómo se avanza en la reconstrucción de esos símbolos de la presentada como primera transformación —la independencia—, que se rebase el estrecho límite del jolgorio para recuperar esa historia que al oficializarse perdió su esencia emancipadora para convertirse en un simple echar desmadre, como dicen hasta nuestros tiernos escolapios.

domingo, 1 de septiembre de 2019

AÑO UNO


AÑO UNO
Joaquín Córdova Rivas

Los retos han sido muchos. El contexto político no auguraba nada bueno, demasiados compromisos amarrados con las cúpulas de los partidos tradicionales que implicaban vergonzantes apoyos mutuos. Para algunos poderosos era impensable perder la titularidad del gobierno federal y se embarcaron em proyectos transexenales con todas las ventajas habidas y malhabidas. Se acostumbraron a lo fácil sin detenerse a considerar a los que acabarían pagando sus excesos. Ahora algunos estorban lo más que pueden.

El primer reto se supera, llegar al primer informe de gobierno era igual de azaroso que ganar y se reconociera el triunfo, pero es que el límite no aguantaba una estirada más sin que se desfondara el país. Había que entregar resultados lo más pronto posible, algunos simbólicos y otros encaminados a concretarse. Estirar la mano en plan conciliador y después cerrar el puño si no había respuesta o esta era abiertamente retadora, impertinente, cínica.

Hubo que corregir, algunas propuestas se quedaron sin asidero en la realidad, no había y todavía está en construcción una fuerza policial federal confiable ante la corrupción generalizada en los estados y municipios. Hubo que negociar y presionar con titulares de instituciones que se resisten a perder sus privilegios y actuar por consigna. Hubo que comenzar a romper inercias que se adquieren fácilmente y se desarraigan en lapsos desesperadamente largos.

La protección o complicidad de algunos grupos del crimen organizado con instancias federales quedó mocha, en el aire, sin acuerdos que se cumplieran y se desató la violencia. Es su forma de presionar para seguir operando con impunidad y ganancia máxima, pero hasta en eso hay cambios propios de la dinámica delictiva. Los estupefacientes que antes eran demandados son sustituidos por otros más baratos y letales, para colmo fuera del control productivo y distributivo de los grupos tradicionales. Sus bases sociales pierden la cohesión de la complicidad piramidal cuando se plantea la posibilidad de reintegración o la consideración de atenuantes por coerción o violencia para realizar trabajo en contra de la voluntad de los agraviados. No todos son iguales ni merecen ser castigados igual.

Antes se destapaban casos de corrupción y no pasaba nada. ¿Desde cuando sabíamos de los fraudes comprando chatarra a empresas privadas como si fueran instalaciones operativas y en buenas condiciones? O de los manejos sospechosos en entidades financieras que de un día para otro cambiaban de cooperativas a tener dueños privados. O del huachicoleo y las redes de gasolineras que se beneficiaban del mismo o de los litros de muchos mililitros menos. Sabíamos del manejo faccioso del dinero público para pagar comentaristas noticiosos, para maquillar una realidad que a nivel de calle muestra su rostro más perverso, para normalizar la impunidad —es un robo pero es legal, es un abuso pero es legal—, los continuos llamados a respetar un estado de derecho que no podía estar más chueco, como si las leyes y reglamentos no estuvieran diseñados para “legalizar” y atenuar los delitos graves y castigar, hasta la fabricación de culpables, los delitos comunes. Se trataba de crear un ambiente de terror para inhibir las protestas, para evitar las denuncias, para que el ciudadano se conformara con que no le pasara algo peor.

La revictimización se puso en boga. Las mujeres se descubrieron culpables de ejercer las libertades que los machos tienen aseguradas: te pasó eso por andar fuera de tu casa a altas horas de la noche, por no andar acompañada de hombre que te cuide, por vestir provocadoramente, por descuidada, por no pedir ayuda aunque tuvieras un cuchillo en la garganta o el cañón de una pistola en la nuca, por andar tomando, por confiada. Si fuiste víctima de un robo: es que andabas exhibiendo tus pobrezas, es que te descuidaste, es que antes no te pasó algo peor. A veces hasta te piden agradecer que quien te robó el radio del auto, o la batería, o sacara lo poco de valor que llevabas fuera alguien “con experiencia”, que no dañó más de lo necesario, que no destrozó el tablero, que no rompió más de un cristal de la ventana más chiquita.

Y los abusos fueron instalándose en la cotidianidad aprovechando el creciente e intencional vacío de autoridad, nos molestamos y atacamos a nosotros mismos en lugar de cuestionar y organizarnos para acabar con los abusos que sí nos afectan a todos. Como que las venganzas chiquitas eran suficientes para reforzar una autoestima y seguridad muy disminuidas por las corruptelas impunes de los “peces gordos”, tan gordos que podían romper la red de cualquier intento por atraparlos, y hasta lo presumían en las redes sociales.

Año uno que no corresponde estrictamente con los 365 días de ejercicio del poder, año mocho al que le faltan 3 meses, pero al menos se perfilan cambios que pueden ser convenientes y duraderos, que ya se necesitaban. Estamos en el pantanoso pasado que se niega a desaparecer y lo nuevo que tarda en consolidarse. Ni siquiera las formas tradicionales, propias de este capitalismo devastador son aptas para medir los cambios en la dinámica social y económica cotidiana. El contexto planetario tampoco es halagüeño, ya no se puede “crecer” como antes a riesgo de acelerar la espiral apocalíptica, como nunca sentimos que si no desaceleramos nuestro consumo nos acabamos lo poco que queda para sobrevivir como especie, tendremos que irnos acostumbrando a disfrutar de la vida en una equidad moderada, sin los excesos propios de una especie irresponsable, buscar en la ética el uso responsable de la tecnología, mirar a los otros y mirarnos en ellos sin permitir abusos como los que estábamos y seguimos padeciendo. Año uno del resto de nuestras vidas.

domingo, 25 de agosto de 2019

DISOLUCIÓN CULTURAL

Joaquín Córdova Rivas Le decimos artesanía porque su origen se pierde en el tiempo, porque no tiene un autor reconocido, porque no había sido asimilada por la oligarquía local, pero los bordados, la vestimenta, los colores vistosos y contrastantes de nuestros pueblos originarios comienzan a caer bajo el influjo de la cultura del consumo como efecto de la falta de originalidad, del desgaste por repetición de la moda occidental que tiende a uniformarlo todo, la apariencia y el pensamiento. La muñeca ñhañhu, era vista como una manifestación menor de la identidad de un pueblo indígena vencido y avasallado por un cristianismo que se impone hasta con la violencia, detrás de costumbres ajenas, europeizantes y presuntamente civilizadas por modernas. Que para colonizar necesita destruir, desaparecer o mínimo menospreciar cualquier tradición o costumbre arraigada en la identidad de los pueblos. Un estudioso como Benjamín Valdivia de la Universidad de Guanajuato habla de “artes folclóricas” para evitar el desprecio detrás del término artesanía, y aclara que estas artes mantienen su significación cultural en la comunidad que las produce, debido a que su origen no es claro son cobijadas por toda la comunidad, formando parte de su identidad cultural, mientras no salgan de allí y cambien lo menos posible. De otra forma esa significación comienza a perderse, a disolverse, se convierte en un fenómeno comercial, en una moda, con todos los riesgos que eso tiene. Lo que estamos viendo no es un “reconocimiento” sino una apropiación, ese arte folclórico: «Aunque no es producido en el seno de la comunidad, sí es consumida ampliamente por esta. De ahí que la significación cultural de esos actos u objetos aumente de forma drástica en un lapso breve. Sin embargo, debido a la ausencia de arraigo en la comunidad –a la que ha llegado como formulación externa– esa significación desciende igualmente rápido, de modo que en poco tiempo llega a minimizarse o desaparecer.» La muerte del folclor. Benjamín Valdivia. https://www.academia.edu/39017694/Benjam%C3%ADn_Valdivia_-_La_muerte_del_folclor Una manera de llevar esa significación a otro nivel «compete a aquellos actos y objetos que son apropiados por una élite ilustrada para el cultivo de su propio estatus. Allí se encuentran las invenciones más vanguardistas de cada época a la par que las supervivencias más exóticas de las culturas del pasado. En su ámbito permite la inserción de cosas tanto anónimas como nominales, o bien procedentes de la tradición ancestral o de la moda más presente. Lo importante en este tercer orden es que la élite se vea reflejada en su propia elección de lo distintivo, de lo que se sustrae a la creación originada por las comunidades o al consumo masivo de lo efímero. Ese distintivo adquiere un carácter de perdurabilidad muy distinto del folclórico, puesto que la significación no tiende a permanecer sino a incrementarse.» Pero quizás podamos poner en duda la esperanza de que eso suceda, la difusión de la muñeca llamada Lele no fue iniciativa de esa élite ilustrada local, sino del aparato gubernamental que busca mimetizarse en identidades que siempre ha despreciado y que no le corresponden. El trato es el de una marca comercial, efímero porque pierde su significado, desarraigado al sacarlo de su comunidad de origen, y vaciado de su identidad. «De lo presentado se desprende que el folclor tiene una raíz comunitaria y anónima con un sentido persistente y reiterativo durante un tiempo extenso. En esa dirección, se podría caracterizar al folclor como aquel conjunto de objetos, actos y significaciones culturales anónimas que tienden a permanecer como patrimonio comunitario durante múltiples generaciones y repetirse en sus rasgos más distintivos, procurando la mayor continuidad de su sentido y la menor variación de sus componentes. [...] Entonces, una paradoja se hace visible en el folclor: es necesariamente elitista, es decir, solo puede darse con autenticidad en el interior de la comunidad que lo ha creado o adoptado con todas sus implicaciones de anonimato y pervivencia. Las manifestaciones folclóricas solo pertenecen a ciertas comunidades, en las demás es notoria la exterioridad y el desarraigo, o incluso la imposición de aquello que no le confiere identidad a su tradición. Sin embargo, no obsta para que en el futuro esa exterioridad se interiorice, constituyendo una formula válida del folclor propio de esa comunidad; pero en cualquier actualidad, la calidad de algo folclórico se opone al resto de condiciones folclóricas de otras comunidades y, en términos generales, se opone también a la cultura de masas.» La necesidad económica, la falta de oportunidades en sus comunidades, más para las mujeres, ha propiciado que la difusión de esa forma de cultura, casi sin cambios, ya transgeneracional, sea vista como algo distintivo de una región o estado. Las artesanas ñhañhu deben a su permanencia el reconocimiento popular de esa peculiar forma de expresar su identidad, a pesar del ninguneo oficial, de los obstáculos que les ponen, de la marginalidad a la que se les quiere condenar, aunque a costa de perder su significación. La explicación de esa “disolución cultural” es más compleja e interesante y quien se interese podrá dirigirse al documento fuente de las citas textuales, solo alcanza para decir que «El folclor, por su ser mismo, resiste los intentos de exportación y niega la patente de origen a quienes pretendan extraerlo de las comunidades que lo resguardan, eso garantiza la base de capital cultural que representa. Nuevas modas y usos comienzan dividiendo las identidades comunitarias hasta desfigurarlas, y junto con ello las integran en una comunidad mundializada de consumo de significados efímeros. [...] la cultura de masas no solamente aplana los relieves distintivos de las diversas tradiciones en el mundo, sino que produce individuos sin vínculos reales con el pasado de sus propios grupos de origen.» Finalmente, una mención a la realización del festival a Lele a los pies del Acueducto «Los indios siembran los campos, los indios cogen los trigos, los indios hacen el pan y todo lo hacen los indios. Y es cierto que si faltaran indios en estos dominios, faltara todo, porque ellos son el elemento quinto. Y porque conozca el mundo de lo mucho que han servido en la conducción del agua, es bien que hoy se diga a gritos. Desde el principio hasta el fin, ellos solamente han sido, los que a costa de trabajos han dado agua a los vecinos. Ellos han hecho la alberca, ellos, pisando peligros, han hecho la atarjea y arcos, las pilas, cal y ladrillos.» https://www.researchgate.net/publication/262564990_Quien_construyo_el_acueducto_de_Queretaro/link/0deec5381359f92fc6000000/download

JUVENICIDIO

Joaquín Córdova Rivas Se priorizan las notas que venden o las que representan a un grupo de interés económico, más en un país de pocos lectores o indiferentes a lo que sucede en su propio entorno. Como que nos parece que es mejor enterarnos de lo que les ocurre a otros que percibimos alejados de nosotros o quizás queremos escapar de una realidad cercana que nos asfixia. Eso sucedió recientemente con los lamentables casos de jóvenes universitarios que fueron víctimas de parientes, amigos cercanos o de la propia pareja que, se asume, debiera quererlos, aunque sea un poquito. El desconcierto comenzó cuando plantearon la hipótesis de presentarlos como consecuencias del descontrol del crimen organizado, que ha perdido el contacto o la complicidad de las autoridades federales y sienten que se quedaron colgados de la brocha frente a una guardia nacional que se despliega poco a poco por el territorio. Pero, sorpresa, no era el caso. Aun así, medios nacionales comenzaron a insistir en que ser joven en México es peligroso, que somos una nación que violenta a sus descendientes, pero las cosas no son tan sencillas como las quieren presentar. «¿Se mata a los jóvenes por ser jóvenes? La respuesta debe construirse desde afuera de la posición binaria, lo que tenemos son necropolíticas que han ampliado la vulnerabilidad e indefensión juvenil, colocándolos como figuras centrales de las necrozonas. Que la violencia sea la principal causa de muerte de la población joven latinoamericana y que se mantengan los modelos económico-sociales que generan esta muerte o que se mantengan los fracasados y mortecinos marcos prohibicionistas, policiales y militares, con tan alto nivel de asesinatos de personas jóvenes, conlleva responsabilidad de Estado, además de que se desatiende la obligación del Estado de garantizar la seguridad de la población.» José Manuel Valenzuela Arce. Trazos de sangre y fuego. Bionecropolítica y juvenicidio en América Latina. Centro Maria Sibylla Merian de Estudios Latinoamericanos Avanzados en Humanidades y Ciencias Sociales y Universidad de Guadalajara 2019. La agresión contra los jóvenes no es pareja, se ensaña con los marginados, los discriminados, los más vulnerables por su posición socioeconómica, allí es donde están haciendo estragos las políticas económicas que los deja sin derechos educativos o laborales frente a un capitalismo voraz que se alimenta de la inseguridad y la corrupción para justificar sus fracasos si de justicia distributiva se trata. Nuestros países son los más desiguales del mundo en la distribución de la riqueza, producimos poquitos supermillonarios y muchísimos pobres, unos como consecuencia de los otros. «Los jóvenes no creen ni confían en las promesas de futuro, sus inciertos asideros reposan sobre el quebranto de la esperanza y en la convicción de que ellos no son invitados al banquete del consumo dispendioso tan publicitado por los agoreros del sistema. En todo caso, sus opciones no se conforman a partir de los canales tradicionales de movilidad social que se encuentran obliterados para ellos, excluidos del acceso a empleos dignos o tan solo formales, de garantías de seguridad social o de la educación como dispositivo certero para la construcción de proyectos viables de vida. Frente a este escenario emerge el presentismo intenso que conduce por senderos distintos a los establecidos por las narrativas modernas. Entre las opciones conformadas desde este presentismo, se encuentran las de quienes, tras muchos intentos fallidos, abandonan el empeño por acceder a los canales del empleo y la educación y se resignan a la idea de que esas vidas legitimadas no son las suyas. Algunos optarán por la realización de actividades de alto riesgo y adrenalina, otros encontrarán sus opciones en la alteración de las percepciones mediante sustancias legales o ilegales, otros buscarán acceder al dispendio y consumo prometido a través de actividades ilegales e incursionarán en los espacios del narcomundo tratando de encontrar los satisfactores de consumo y poder que conlleva, incluido el consumo ostentoso, las mujeres trofeo, la vida al límite, el poder. El presentismo intenso refiere al abandono de la ruta de vida prefigurada para buscar atajos o caminos alternos conformados desde perspectivas ancladas al aquí y el ahora, en el disfrute de las opciones disponibles, en jugársela a pesar de los riesgos, en asumir que “la vida es corta y, además, no importa”, o que “más vale una hora de rey que una vida de buey”, frente a la condición inaccesible de los satisfactores apetecidos y la evanescencia del futuro como escenario de certezas.» Eso sí es un juvenicidio, término que pretende precisar una situación compleja pero que es resultado directo de políticas públicas que priorizan los beneficios de una élite que los de la mayoría de la población. Como dice José Manuel Valenzuela: «Hace casi una década, desarrollé el concepto de juvenicidio con cuatro objetivos inaplazables. El primero de ellos es señalar y visibilizar la enorme cantidad de jóvenes asesinados en América Latina, muerte artera e impune que se ha ensañado con las juventudes precarizadas inscritas en grandes estrategias bio- y necropolíticas. El segundo objetivo es hacer visibles pertenencias, adscripciones y repertorios identitarios que incrementan las posibilidades de que un joven sea asesinado. El tercer objetivo consiste en desarrollar estrategias y propuestas de orden académico y político orientadas a impedir la continuación de asesinatos y masacres de jóvenes. El cuarto objetivo consiste en identificar causas y responsables de tanta muerte innecesaria.» Y sí, ser joven en nuestros países desiguales, injustos y corruptos es muy peligroso. Nada más resta mantener la esperanza de que los casos judiciales contra exfuncionarios e influyentes de primer nivel acusados de desvíos de recursos públicos no sean flor de un día, sino algo permanente que evite que se repitan y que impacte en una menor desigualdad y mayor oportunidad de desarrollo para cualquier mexicano.

LOS DESAFÍOS

Joaquín Córdova Rivas A diferencia de los animales sabemos que vamos a morir, aunque no sabemos cuándo. Esa macabra certeza nos impulsa a hacer lo que de otra manera estaríamos posponiendo indefinidamente, también nos hace construir una serie de rituales alrededor de la muerte, del duelo, de la resignación a la pérdida cuando el fallecido es otro, entre más cercano peor. Dicen algunos estudiosos de la naturaleza humana que la conciencia de ser mortales nos lleva a querer vivir otras vidas diferentes a la “real”, a la objetiva, a la que aparece como simple cotidianidad. Y que leer Literatura de manera paciente y placentera nos sirve para eso. Nuestros niños y jóvenes no leen, a veces ni sus padres y maestros, es que estamos “entrenados” para eso, nos han inculcado por décadas que leer es aburrido, que no sirve en la vida cotidiana, que es difícil y no vale la pena. El objetivismo y falso cientificismo escolar ha expulsado los sentimientos y emociones de las aulas y los planes de estudio, por eso hay que proponernos y lograr: «Desarrollar las interrelaciones entre la expresión oral y escrita con la lectura y sus experiencias en la vida cotidiana para recuperar el énfasis en la apropiación y generación de conocimientos, con el fin de generar ideas creativas y fomentar el pensamiento crítico que resulte siempre en la expresión escrita, en textos que tendrán vinculación con algún proyecto cultural, social, artístico o de investigación de la naturaleza, con carácter multi e interdisciplinario en el que participen los jóvenes; o bien, que escriban textos que expresen sus emociones y sentimientos, sus ilusiones y utopías. Tal vez recuperemos la poesía, el relato, la novela como expresión de la juventud del siglo XXI.» Nuestras matemáticas escolares se han reducido a la repetición absurda de algoritmos sin relación alguna con las actividades diarias, la anti-pedagogía se ha apoderado de este importante campo del saber humano. Paradójicamente, el buen desempeño de nuestros estudiantes en competencias de cálculo mental, en resolución de problemas, permite suponer que el problema está en las prácticas enraizadas de un sistema educativo que se resiste a cambiar. Los números son solo la expresión de algo más complejo: «Desarrollar el pensamiento lógico-matemático. Las matemáticas, en la formación del ser humano, deben favorecer la adquisición y el desarrollo de formas del pensamiento y de competencias como: conjeturar, argumentar/demostrar, generalizar, modelar y desarrollar estrategias para la solución de problemas. Éstas son competencias que se favorecen con el adecuado estudio de las matemáticas, pero que son útiles, tanto para adquirir conocimientos de otras materias, como para la vida diaria.» Nos alarmamos de los efectos de la desertificación, del calentamiento global, de la contaminación acelerada y a veces irreversible de suelos, ríos, océanos, selvas, de la desaparición de especies completas que merecían compartir el mismo planeta con nosotros que presumimos de inteligentes, de previsores, de ser los reyes de la creación. «Promover entre los estudiantes la comprensión de la naturaleza, mediante la práctica del pensamiento y de los métodos de la ciencia como formas de acceso sistemático al conocimiento que les permita explicar, valorar y conducirse en el entorno en que se desenvuelven, siempre vinculado a problemáticas reales, a la sustentabilidad y a los cambios requeridos en el ejercicio científico para garantizar la supervivencia de la vida humana y de los ecosistemas en el planeta.» El modelo científico heredado del positivismo ya dio de sí, ahora no es capaz de explicar fenómenos nuevos o interrelacionados, hay que sensibilizarnos en los cambios hasta en las maneras de conocer las nuevas realidades distorsionadas por la tecnología y no solo intentar adaptarse a ella de manera acrítica e irresponsable. Hay que insistir en la transdisciplina, en las interacciones entre los distintos campos de conocimiento que ya no pueden vivir separados. «Promover la comprensión del entorno social de los estudiantes a través del pensamiento y los métodos de las ciencias sociales, lo que implica el entendimiento integrado de éstas y de sus diversas manifestaciones culturales. El conocimiento se generará a partir del estudio de problemas locales que se vincularán con la situación nacional y mundial en la que se ubican los mismos, con la finalidad de facilitar la comprensión de la diversidad de manifestaciones sociales de acuerdo a los contextos. Promover en los estudiantes la práctica del civismo, la lógica, la ética, la estética y la filosofía, con el fin de formar ciudadanos responsables que se reconozcan como personas con valores positivos y con un sentido de pertenencia e integración social, capaces de aportar elementos valiosos para su comunidad y el país.» http://sems.gob.mx/work/models/sems/Resource/13005/1/images/L%C3%83%C2%ADneas%20de%20pol%C3%83%C2%ADtica%20p%C3%83%C2%BAblica_Diseno.pdf No todos los desafíos están siquiera enunciados, estos son algunos de los más importantes, pero al menos se consideran en las líneas de política pública para la educación media superior impulsadas por este gobierno federal. Falta capacitar a directivos, docentes y personal administrativo, informar a estudiantes y padres de familia para estar todos en la misma sintonía. El tiempo no espera.