viernes, 14 de junio de 2013

INEQUIDADES Y RESPONSABILIDADES

Hasta el momento de escribir este texto existía la misma versión de los hechos, más de treinta integrantes de una compañía de seguridad privada se presentaron en la comunidad o barrio de La Laborcilla, en el municipio de El Marqués y agredieron a los habitantes, como resultado un muerto y un herido grave, ambos con arma de fuego. En declaraciones del Procurador del estado, en entrevista con Andrés Estévez en 94.7 de FM, hay 34 detenidos, todos de la presunta compañía de seguridad, ninguno de los colonos porque no fue riña sino agresión directa. No se menciona el nombre de esa compañía aunque se dice que es de Jalisco, o que de allá trajeron a los agresores. Hay que mencionar que el conflicto territorial entre El Campanario y La Laborcilla data de tiempo atrás. Según testimonios de habitantes de Hércules, donde vivió el fundador de esta última, simplemente invadió un terreno para construir su casa y con el tiempo invitó a otros a asentarse por esos rumbos, algunos terrenos “los regaló” y al parecer otros “los vendió”, pero sin tener la posesión legal de los mismos. Falta aclarar el porqué de lo dilatado del conflicto que seguramente está en alguno de los juzgados, porque en su afán por “recuperar” esos terrenos El Campanario fue obstaculizando las posibles vías de entrada y salida hasta quedar una, la que provocó el zafarrancho con consecuencias lamentables. Como se puede ver, sin tener que ser un experto en el asunto, la legalidad fue rebasada. Ahora resulta que cualquiera puede contratar a pseudo vigilantes privados para, ejerciendo la violencia en grado máximo, hacerse justicia. Falta ver si las autoridades logran recuperar, frente al poder económico, las atribuciones que le corresponden y le fueron secuestradas, entre ellas la coerción o el ejercicio legítimo de la violencia. En la introducción de su libro Sociedad sitiada Zygmunt Bauman advierte: “La coerción será legítima mientras el árbitro la apruebe, por medio del procedimiento de arbitraje que el árbitro haya aprobado. Todo otro acto coercitivo será considerado un acto de violencia, y la misión fundamental, así como la tarea más urgente de la coerción legítima, es precisamente extirpar toda posible violencia, prevenir que se produzca y castigarla cuando ocurre”. Desafortunadamente ya estamos en el último paso porque los otros dos no se hicieron, habrá que encontrar a los responsables de esas omisiones; pero también castigar a quien autorizó, primero, y contrató después a esa turba de matones o golpeadores. Resulta infantil creer que cualquiera tiene el poder de decisión y de pago de al menos 34 personas, con transporte pesado y herramientas propias para impedir cualquier posibilidad de tránsito, allí debió haber una decisión directiva, quizás hasta colectiva. Hemos estado insistiendo en los problemas propios de las megalópolis, de las grandes concentraciones urbanas que crecen invadiendo todo lo que encuentran a su paso, de la difícil convivencia por las tremendas desigualdades que se observan a simple vista. Es más, según información publicada en La Jornada por Juan Antonio Zúñiga el 12 de este mes y año y «Elaborada con base en los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares correspondiente a los años de 2000 y 2010, la investigación clasifica en tres “clases” la estructura social mexicana y de paso exhibe su profunda inequidad […] Los resultados del estudio, que aporta nuevos elementos al análisis de la sociedad, indican que por cada persona de “clase alta” que vive en México hay 49 de “clase baja” en los dos extremos de la estructura social mexicana.» Por eso los fraccionamientos de la escasa población con ingresos muy altos terminan rodeados por colonias populares, por eso el jueguito de “no te dejo pasar porque atentas contra mi seguridad”, y se aíslan, se amurallan, construyen sus propios guetos, que de ser “Barrio o suburbio en que viven personas marginadas por el resto de la sociedad” pasaron a ser, por miedo y voluntad propia “Situación o condición marginal en que vive un pueblo, una clase social o un grupo de personas”. Y es que los ricachones terminan siendo presos de ellos mismos, sin saber que su enemigo no está fuera de sus altas bardas o más allá de sus casetas de vigilancia, sino dentro de sus modernos feudos. Y es que la interdependencia es obligada. De los fraccionamientos exclusivos hay que ir a las colonias populares a conseguir los servicios más indispensables: un plomero, un albañil, una papelería, el puesto de antojitos, la cremería, la farmacia, la veterinaria, la frutería, y demás. La convivencia es necesaria pero poco tersa, de nada sirve tener camionetota si no es para estacionarse en doble y hasta triple fila para comprar un kilo de tortillas, o un cuarto de jamón “en rebanadas delgaditas”, de qué sirve el poder si no es para ordenar a los guaruras que golpeen a quien les suena el claxon cuando avientan el laminazo sin voltear a ver para ningún lado, total, hay que presumir la Porsche, la BMW, el Mercedes, la Hummer aunque no se traigan ni 50 pesos en las carteras abultadas por múltiples tarjetas de crédito que “el señor” no autoriza a usar. Los extremos no tardarán en aparecer a menos que sepamos, todos, que la convivencia no puede seguir montada en el abuso y la arbitrariedad. Los ejemplos allí están, como el de Condado de Sayavedra en el estado de México, donde los propios guardias de seguridad atentan contra la vida de habitantes y visitantes, donde se tardan hasta una hora para entrar en horas pico porque todo se revisa con el pretexto de una tranquilidad y seguridad que no saben que ya perdieron.

viernes, 7 de junio de 2013

HAGAMOS COMO QUE HACEMOS

Simular tiene sus ventajas, primero, la realidad se ajusta a la imagen que uno quiera imponer de ella. No importa el desfase entre lo que se quiere ver y lo que se ve, total, se pone gafas de color, de aumento, se hacen bizcos, se desenfoca la mirada o cualquier truco que se quiera, hasta cerrar los ojos se vale. Segundo, se impone esa “visión” a los demás, que por flojera depositan su confianza en ese otro que busca engañar. Obvio decir que en este juego de distorsiones unos ganan y otros, muchos, pierden. Nuestro país es de simulaciones. Hacemos como que nos interesa la educación mientras nos afanamos todo lo posible por sabotearla. En abril se aplicaron cientos de miles de pruebas ENLACE (Evaluación Nacional de Logro Académico en Centros Escolares) en las escuelas de nivel medio superior, en las preparatorias y bachilleratos, después, en este mes de Junio se aplicaron los 16 millones 135,723 de pruebas del mismo tipo en la educación básica, cada una de ellas tiene un costo que se paga a un ente raro llamado CENEVAL (Centro Nacional de Evaluación), y decimos raro porque desde su nacimiento ocupó recursos de la SEP para comenzar a operar, es decir, dinero público de los impuestos que todos pagamos, además de que su estructura directiva y administrativa también salió del propio gobierno federal. Es un negocio de millones de pesos anuales, aunque se presume que es una asociación civil “sin fines de lucro”. Podrían ser minucias las anotadas hasta aquí si los resultados sirvieran para lo que se supone deben de servir, como retroalimentación para que los estudiantes conozcan con cierta precisión cuál es su desempeño en las habilidades que se les piden y el nivel de conocimiento que dominan en ciertos temas que se presumen básicos e indispensables, para sus profesores, tener una idea acerca del aprendizaje real de los estudiantes que tiene a su cargo durante determinado número de horas a la semana. Para los directivos y supervisores, porque podrían analizar qué tipo de apoyos o ayudas requieren sus escuelas, alumnos y profesores para lograr un mejor desempeño. Y para que los padres de familia tengan certeza de que lo que hacen para apoyar a sus hijos tiene efectos en sus aprendizajes, desde mandarlos o llevarlos a la escuela, conseguirles los materiales necesarios para practicar sus conocimientos, revisar y ayudar en las tareas, en detectar problemas de cualquier tipo que obstaculice su desarrollo, etc. Todo ocurre menos lo aquí señalado. Por ser una prueba estandarizada, es decir que se aplica a todos por igual, no distingue entre contextos completamente diferentes, por ejemplo: En febrero del 2011, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), emitió una resolución donde se estableció que la prueba ENLACE era discriminatoria para niños indígenas por no contemplar “el contexto cultural y lingüístico” de los infantes pertenecientes a ese grupo de población. Peor sucede con las escuelas donde se “integra” a población con alguna discapacidad donde de plano no se les permite participar o lo hacen en condiciones de manifiesta desventaja (http://www.adnpolitico.com/gobierno/2013/06/03/que-es-como-funciona-y-que-evalua-la-prueba-enlace). ENLACE sirve para poner a competir a los profesores entre sí para obtener estímulos económicos, para aspirar a un mayor número de horas frente a grupo y por tanto a un mayor salario, para que directivos y gobernantes presuman que gracias a ellos, que inspiran a niños y jóvenes con su ejemplo, se está en mejores lugares dentro de una ilusoria escala nacional. O para demeritar el trabajo docente si los resultados son “malos”. Lo que provoca, en la base del proceso educativo, es que los docentes se vean como enemigos entre sí, que la educación caiga en una espiral perversa donde el progreso de unos corresponda al desprecio de otros, con un problema más, generalmente los buenos profesores pierden ante los que manejan bien el sistema, los grillos, aunque sus resultados sean los peores medidos como sea. Tenemos evaluacionitis, todo lo medimos o más bien simulamos hacerlo, porque los resultados de ENLACE, de EXCALE, EXANI, de PRISA y las demás, internas o externas, que se aplican a lo largo de un ciclo escolar, no sirven para conocer, alumno por alumno, sus fortalezas y deficiencias. Aún cuando la información “bajara” a los docentes, el tiempo para analizarla es escaso, no se propicia el trabajo colaborativo — ¿Cómo? Si todos estamos compitiendo y si al otro profesor o a sus estudiantes les va mal a mí me va bien— y su implementación resulta casi imposible en grupos numerosos. Para complicar las cosas, en países donde se aplica algo parecido con consecuencias como las que se quieren imponer aquí, el rechazo a una prueba estandarizada como la que mencionamos es cada vez mayor, por parte de directivos de escuela, de profesores frente a grupo, de investigadores y pedagogos, de estudiantes y padres de familia. Años de experiencia y malos resultados no pueden ser ignorados. Pero hay remedio. Podemos hacer que las evaluaciones sean específicas, que cada escuela, atendiendo a sus circunstancias históricas, culturales y materiales diseñe su propia evaluación poniendo en el centro el aprendizaje de los estudiantes. Diseñando programas de estímulo que atiendan a la comunidad escolar como un ente educativo integral, no poniendo a competir a estudiantes y profesores, sino provocando el trabajo colaborativo donde todos salgan ganando. Hay tiempo, talento más que suficiente, ganas de hacerlo, solo falta el espacio y superar modos autoritarios y antipedagógicos. Un ejemplo: en el Colegio de Bachilleres la estructura burocrática no funciona, en lugar de hacer las cosas como deben y en el momento preciso decidieron regresar al pasado, los últimos nombramientos docentes datan del 2005 y en lugar de irlos actualizando como corresponde en cualquier institución, decidieron aplicarlos en el segundo semestre de este 2013, un retraso de 8 años. Así, cualquier reforma se desbarranca.

viernes, 31 de mayo de 2013

DIVERSIDAD POSMODERNA

La incomprensión produce miedo. En sociedades tan numerosas como las que estamos viviendo la diversidad se ve como algo indeseable, la respuesta es construir carriles para evitar ideas y comportamientos diferentes a una “normalidad” uniforme. Los partidos políticos que nacieron en el corporativismo, en esa imposición de fuertes intereses aparentemente comunes que había que defender contra todo y contra todos, no entienden que la fragmentación social es algo con lo que hay que lidiar, negociar, trabajar puntos de acuerdo y avanzar. Tienen tanto miedo que criminalizan la protesta en lugar de esforzarse por entenderla. El sociólogo francés Michel Maffesoli publica en 1985 el libro titulado El tiempo de las tribus, donde propone, porque así lo percibe, que dentro de la masificación de las grandes ciudades hay un movimiento contrario a la uniformidad absoluta: “Ya no hablamos de las grandes instituciones, que eran las instituciones del Estado sino que, por el contrario, hablamos de volver de alguna manera a la base, a lo que tiene que ver con la vida cotidiana. Mi intuición se verificó porque hemos visto desarrollarse esos pequeños grupos de afinidades. Y actualmente sigo pensando que es la gran tendencia del funcionamiento de las sociedades posmodernas donde cada vez más van a constituirse esos micro-grupitos. Entonces, mi definición, si actualmente tuviera que dar una definición de la tribu, sería una definición muy básica, muy simple: compartir un gusto: un gusto sexual, musical, deportivo, religioso –digo “gusto” para demostrar que es en el fondo algo muy simple–. Y que nuestras sociedades van a ser en cierto modo una especie de mosaico de esas pequeñas tribus y que se va a participar en varias tribus. En función de mi gusto sexual, musical o religioso, yo voy a estar hoy acá, mañana en otra tribu, pasado mañana en otra”. Contrario a lo visto por Maffesoli, nuestros gobernantes insisten en caer en la tentación de construir o regresar a las instituciones del Estado para garantizar su permanencia. Todo lo concentran en grandes membretes, en comisiones, consejos y programas que ellos deciden, que ellos integran, que ellos presentan como la única manera de enfrentar cualquier problema, la lucha contra el hambre, contra la inseguridad, por una educación de calidad, por la prevención de desastres naturales o humanos, por la productividad, contra los monopolios, para encontrar a los “desaparecidos”, o cualquier otra “causa” coyuntural que justifique la solución rápida dentro de los cauces que ellos definen como “institucionales”, porque fuera de esas instituciones, dicen, solo reina el caos y la perdición. La “política de aparador”, como la nombró la politóloga Denise Dresser no es únicamente el uso hasta la náusea de los medios de comunicación para hacer a los gobernantes omnipresentes; aunque no hagan nada importante tienen que salir en las primeras planas, acaparar las ocho columnas, estar en la fotografía de la portada. Que no exista evento político, social, deportivo, cultural que resista su beatífico visto bueno, su irresistible sonrisa, su agudo comentario. La ciudad de Querétaro ya rebasó al millón de habitantes, ya tiene características que la ubican dentro de la categoría de las megalópolis y su diversidad cotidiana ya se percibe como una amenaza para algunos, y esos algunos reaccionan creando campañas contra los supuestos “extraños”, esos “otros” que rompen con unas aparentes paz y moral provincianas fundadas más en el ocultamiento que en la verdadera falta de conflictos. Por eso, por decreto, los delincuentes, los indeseables, los diferentes siempre vienen de fuera, sus vehículos portan placas de otros estados, sus documentos de identidad los marcan como ajenos a las “buenas conciencias” ─dijera Carlos Fuentes─, son abusivos, son prepotentes, no entienden la idiosincrasia local y por tanto hay que rechazarlos; y quizás lo que está pasando es que el espejo nos está regresando nuestra propia imagen. Otra vez Maffesoli ─Revista Ñ 04 de febrero del 2013─: “Yo mostré que asistíamos al fin de esas instituciones y que veíamos el surgimiento, el retorno de pequeños grupos emocionales, instituciones racionales-tribus emocionales. Donde, de alguna manera, los afectos, los sentimientos, las pasiones volvían al centro de la escena, recuperaban la importancia. Y fue por eso que propuse la imagen de la tribu. Los etnólogos, los antropólogos nos han mostrado que en la selva, la tribu era una manera de sobrevivir, para luchar contra la adversidad de los animales, de la naturaleza, etcétera. Para expresar el luchar contra la adversidad, en francés decimos serrer les coudes (estrechar filas), o sea hacerse favores, desarrollar formas de solidaridad. Y la tribu tenía esa función. Entonces yo dije: en la selva de piedra, que son las grandes megalópolis de millones de habitantes, en San Pablo, Buenos Aires, Nueva York, Tokio, etcétera, las tribus son también formas de organización de solidaridades. Esa es la idea.” Pero contra eso se utiliza toda la maquinaria del Estado, lo que queda de él que no es poco se alinea para ofrecer el mismo discurso. Por ejemplo, todas las instituciones deben quedar dentro del programa Soluciones, las escuelas, los centros de salud, las colonias y barrios, cualquier instancia debe tener su comité que concentre la dinámica social propia, ahogándola, mutilándola, metiéndola en el laberinto burocrático y obstaculizando cualquier intento por actuar fuera de esa férrea institucionalidad. Como si no existiera otra cosa, otra solución, otra forma de pensar, de sentir y de actuar. Pero ese anacronismo (incongruencia que consiste en situar en una época lo que pertenece a otra, según el diccionario de la RAE), no puede sostenerse por mucho tiempo, termina por cansar, por agotarse, y viene lo más indeseable, para ellos, la veleidad democrática.

domingo, 26 de mayo de 2013

PLANEANDO LA HISTORIA

Todos dicen los mismo, el país se reinventa cada seis años. En cada sexenio hay una pausa de varios meses para formular el siguiente que se pretende trascendente, más allá de las fronteras del tiempo político. Cada presidente de la república se construye su trampolín y se lanza, abrazado de su salvavidas, gritando “México creo en ti” a las turbulentas aguas de una piscina climatizada. Son 184 páginas, se agradece la brevedad. Las primeras 7 con enormes escudos nacionales, el título, la fotografía del titular del ejecutivo a plana entera y el índice. Después, en la 10, el mensaje personal de media cuartilla a manera de prólogo, con un tono cercano, de ciudadano a ciudadano, sin faltar el necesarísimo llamado a la unidad, pero esa cercanía se rompe apenas iniciada la introducción y visión general: “El presente Plan Nacional de Desarrollo se elaboró bajo el liderazgo del Presidente de la República, Lic. Enrique Peña Nieto”. Uno supondría que el liderazgo tendría que ser resultado de la puesta en marcha del plan, ya que el anglicismo significa que un líder es, en español y según la academia de la lengua: Persona a la que un grupo sigue, reconociéndola como jefe u orientadora. De golpe y porrazo ya somos “seguidores” de alguien, digo, si nos asumimos como parte de ese Plan Nacional de Desarrollo 2013 - 2018. El objetivo general que se propone es “llevar a México a su máximo potencial”, así, sin más. Para ello se proponen cinco metas nacionales: México en paz, México incluyente, México con educación de calidad, México próspero, México con responsabilidad global. Aprovechando que está de moda la transversalidad, que se supone son temas o programas que atraviesan a los demás, se enuncian tres estrategias: Democratizar la productividad, Gobierno cercano y moderno, Perspectiva de género. Hay una frase que intenta sintetizar la intención del documento cuya autoría se atribuye al presidente y que dice: "Un México donde cada quien pueda escribir su propia historia de éxito y sea feliz" La felicidad como meta del accionar gubernamental también es una constante, una obsesión, hasta existen instituciones internacionales encargadas de medirla cada cierto tiempo y comparar los países en una escala de felices-infelices, o algo así. El diagnóstico del país elude intencionalmente la mención de cualquier orientación ideológica, incluso el anclaje en los ideales revolucionarios está ausente, el cardenismo es apenas una cita textual de dos rengloncitos, como si la historia no existiera más allá de la mitad del siglo pasado, la primera fecha que se cita es la de 1954 como el inicio de un periodo de Jauja que llega hasta 1970, de allí en adelante las crisis, que no se mencionan como tales. Pero que no se mencione no significa que no exista una orientación ideológica, cercana al pragmatismo, al capitalismo en su forma más neoliberal, donde el logro de la felicidad, del desarrollo, es más personal que colectivo. No hay menciones a la impunidad, a la corrupción, a las decisiones fallidas, a la falta de congruencia entre principios y acciones, a la nefasta creación y protección de monopolios. Todo parece producto del azar, de las “barreras” que limitan el desarrollo: “La productividad en México no ha tenido suficiente dinamismo como consecuencia de las crisis a las que nos hemos enfrentado y debido a que aún existen barreras que limitan nuestra capacidad de ser productivos. Estas barreras se pueden agrupar en cinco grandes temas: fortaleza institucional, desarrollo social, capital humano, igualdad de oportunidades y proyección internacional.” No hay una evaluación de los efectos de los tratados de libre comercio, comenzando con el firmado durante el salinismo con América del norte, simplemente se dan por hecho sin crítica alguna. Existen confusiones lamentables, como creer que la educación es solo la escolarizada, como si no hubiera otras instancias que educan y promueven valores que van en sentido contrario a la solidaridad social, por lo mismo se establece que: “La falta de educación es una barrera para el desarrollo productivo del país ya que limita la capacidad de la población para comunicarse de una manera eficiente, trabajar en equipo, resolver problemas, usar efectivamente las tecnologías de la información para adoptar procesos y tecnologías superiores, así como para comprender el entorno en el que vivimos y poder innovar.” Hay conceptos zombies, alrededor de los cuales gira buena parte del discurso pero que están vacíos, nunca se definen, se dan por descontados, como si todos entendiéramos lo mismo y no es cierto, como el de educación de calidad que sirve para todo sin especificar gran cosa: “Es fundamental que México sea un país que provea una educación de calidad […] un México con Educación de Calidad propone implementar políticas de Estado que garanticen el derecho a la educación de calidad para todos”, o el de productividad: “la productividad en una economía es uno de los determinantes fundamentales del crecimiento económico […] se propone potenciar las oportunidades de los mexicanos para ser productivos”. En la página 38 como muestra de la participación ciudadana en la conformación del Plan Nacional de Desarrollo aparecen cinco citas textuales, una de ellas dice: Rescatar lugares públicos que la gente acostumbraba visitar. Luis Jesús Hernández Pacheco, Santa Rosa Jáuregui, Querétaro”. Obvio que no se puede examinar un documento tan importante y con esa extensión en este breve espacio, la intención es despertar la curiosidad para que se consulte y conozca, se opine y se proponga. Otro ejemplo de su contenido: “La educación debe impulsar las competencias y las habilidades integrales de cada persona, al tiempo que inculque los valores por los cuales se defiende la dignidad personal y la de los otros” y tiene sentido para los que saben que el modelo de educación por competencias es el que está intentando implementarse desde principios de este siglo 21 con la reforma educativa, lo que significa que hay continuidad para bien o para mal. Hay frases que se sienten obligadas: “es fundamental que la nación dirija sus esfuerzos para transitar hacia una Sociedad del Conocimiento”. Se olvida que todas las sociedades son eso, cada una en su contexto histórico, pero el conocimiento es parte de ellas. Si le picó la curiosidad puede acudir a la página electrónica http://pnd.gob.mx/

viernes, 17 de mayo de 2013

POR OBVIAS RAZONES

La pregunta no es ¿por qué los profesores de Guerrero, Michoacán y Chiapas, principalmente, están movilizados, haciendo plantones fuera de oficinas públicas, del Zócalo capitalino, tomando las carreteras y repudiando a funcionarios públicos y partidistas que no cumplen los acuerdos? Sí debiera ser ¿por qué los ciudadanos y profesores de los otros estados no se movilizan ante las imposiciones recurrentes, ante las campañas mediáticas en su contra que los responsabiliza de los malos resultados educativos, ante la intromisión de instancias que buscan escapar a los cuestionamientos públicos por la mala educación que difunden y premian? Hay cosas que son muy obvias pero que se ocultan hasta perderse de vista, pero los tiempos no están, nunca han estado, como para dejarlas pasar. Para eso, vamos a entreverar los argumentos manejados desde hace muchos años por especialistas en el tema, en este caso parafraseándolos porque son sacados de una conferencia impartida por el filósofo Fernando Savater que se puede ver y oír completa en http://www.youtube.com/watch?v=30DFyyidpZQ. Primera obviedad. La buena educación es cara: porque para ser efectiva requiere de grupos pequeños, no las masas apeñuscadas en nuestras aulas en donde los administradores, que no saben nada sobre este rollo de educar, creen que es muy eficiente y justifica su sueldo armar e imponer grupos grandes para evitarse pagar más profesores. Es cara porque debe ser especializada, porque el profesor va a convivir con un alumnado que tiene, cada uno, características específicas que hay que detectar, atender y desarrollar. Es cara porque los profesores tienen que reciclar sus conocimientos, ponerse al día en los nuevos descubrimientos de sus áreas, apartarse por momentos de la docencia siendo sustituidos por otros mientras se da esa actualización, no lo que se exige ahora, de que además de cumplir con sus horas frente a grupo, de impartir tutorías y asesorías, en su “tiempo libre” debe hacerse cargo de su capacitación y hasta pagarla con su sueldo. Pero tiene razón Savater, la mala educación sale todavía mucho más cara. La razón es también muy simple: nadie se queda sin ser educado. Nadie, por muy aislado que esté se encuentra completamente solo, siempre hay alguien con quien se tiene contacto, incluso a través de los medios de comunicación, y entonces el problema es saber ¿por quién es educado? Con un dejo de ironía y una buena carga de desesperación podemos decir que el problema es saber si los buenos educadores llegarán a tiempo para evitar la mala educación que van a transmitir otros sistemas ─“bandas de gangsters, los peores ejemplos de la televisión, los modelos demagógicos”, etc.─ Incluso cita a John Kenneth Galbraith: “Todas las democracias actuales viven bajo el temor de la influencia de los ignorantes” Porque ellos, los ignorantes, no saben identificar los intereses comunes, porque se dejan llevar por lo aparente, porque saber convivir se aprende. Por eso la educación no debe estar en manos de los políticos a los que solo les interesa el corto plazo. La educación tiene otros ritmos, otros tiempos, otros intereses. “El tiempo de la educación no es el tiempo de los políticos”. Por lo mismo no es nada casual ni neutral la intromisión de intereses particulares en el tema educativo a través de organizaciones que se escudan en las buenas intenciones y en campañas publicitarias con fondos sin límite. Allí está Mexicanos Primero, queriendo distraer la atención para que no se cuestione al papel protagónico del duopolio televisivo en la mala educación que promueve, para que no se cuestionen sus concesiones de un servicio que es público por ley y por necesidad social, no por capricho. Allí están las organizaciones disque de padres de familia cooptadas desde hace mucho tiempo por personajes de dudosa reputación, o las presididas por los juniors de los dueños de los grandes monopolios. Haciendo “concursos” como queriendo ignorar que la educación es la labor social y cooperativa por excelencia. Nos quieren poner a competir para convertirnos en enemigos unos de otros. La educación, y otra vez es obvio, “es la lucha contra la fatalidad, la fatalidad de que el hijo del pobre siempre tenga que ser pobre, de que el hijo del ignorante tenga que ser ignorante”. Quizás esa sea la razón para que la movilización social, no únicamente magisterial se dé en los estados más pobres del país. No es una lucha por prebendas o privilegios, es pelear contra un “destino” que se les ha impuesto a lo largo de muchas décadas de descuido criminal. La educación “es una transmisión de humanidad” no solo una capacitación para trabajar, para ser empleado, para seguir órdenes. El tema es mucho más amplio, imposible agotarlo en unas cuantas líneas, hay mucho material disponible para quien esté interesado, podemos terminar con una idea y seguir parafraseando a Savater: “La sociedad educa en defensa propia”. Por simple sobrevivencia debemos ser capaces de convivir, de utilizar las garantías democráticas, desarrollar una ciudadanía crítica y solidaria. La formación de ciudadanos es la garantía de que nos va a ir bien a todos, de allí la importancia pública de la educación. Se trata de ser humano de una manera más rica, más completa, más disfrutable.

viernes, 10 de mayo de 2013

QUERETANIDAD REMODELADA

La queretanidad no es un estado, es un proceso que fluye constantemente, que se transforma, que no puede detenerse a pesar de los esfuerzos que se hacen por pasmarla. La queretanidad no es una vieja fotografía del centro de la ciudad, ni de los Arcos, ni de sus eclécticos templos. Paradójico, pero los que claman por un Querétaro posmoderno, industrial, aeronáutico, son los primeros en lamentarse que la queretanidad cambie y añoran un tiempo que ya se fue. En algún texto anterior mencionamos que el gran fracaso de los grupos de poder que acostumbran a regentearse las presidencias municipales en estados como Querétaro, es que inevitablemente terminarán por ser diluidos, desplazados por grupos de poder que reflejen la nueva realidad que provocan la migración poblacional y de capitales. Que nuestros gobernantes siguen pensando en “ranchito” lo reflejan los vaivenes de los más recientes procesos electorales, el cuestionamiento creciente a su actuar cotidiano y el fracaso creciente a seguir controlando la información ─en Querétaro no pasa nada y si pasa fueron los “fuereños”, los que no respetan las sacrosantas tradiciones tan mochas, tan conservadoras─, a utilizar la procuración de justicia para defender intereses ya caducos pero muy tercos e incómodos. Cuando la queretanidad de las “buenas familias” se construyó no existían las redes sociales, tampoco la globalización tal y como la conocemos. Sí existía, bueno, todavía existe, la supuesta legitimidad por haber nacido aquí, aunque para diferenciarse de la otra banda había que presumir, necesariamente, de antecesores venidos de la madre patria ─lo que también podría ser un contrasentido puesto que en latín patrius significa “perteneciente al padre o que proviene de él”─. Pero, como dice uno de nuestros habituales lectores, bajemos del espacio sideral y aterricemos en una realidad muy rica si la sabemos interpretar. Como muestra otro botón. Un movimiento social como el de #AcampadaGuerreo dejó al descubierto otra queretanidad, la de los jóvenes que ya se apropiaron de un centro histórico del que sus habituales pobladores salieron huyendo hacia los espacios habitacionales de nuestros americanizados suburbios. Han dejando atrás las casonas de gruesos muros y de zaguanes estrechos para irse a fincas de tipo californiano, con mucho espacio para resguardar sus carruajes de combustión interna, mientras que nuestro centro histórico es un intrincado espacio de convivencia que ha resistido al individualismo. Por eso también resulta contrastante que quienes defienden espacios como el jardín Guerrero sean quienes nunca han vivido allí, pareciera un movimiento conservador que busca impedir el cambio ante unas autoridades que promueven una modernidad copiada de sus viajes al extranjero. Solo que el asunto no para allí. Los participantes de #AcampadaGuerrero tienen como antecedente inmediato #yosoy132 con los aprendizajes de un año por demás turbulento. Quizás se anticiparon y van en sintonía con teóricos como Marc Augé; en muy poco tiempo encontraron que denunciar, informar, protestar a través de las redes sociales es necesario pero no suficiente, que como dice el antropólogo francés: “Cualquier identidad se crea a través de una negociación perpetua con la alteridad. Tenemos padres, parientes, orígenes, relaciones de amistad, etc., y todo eso nos constituye pero, a través de lo que llamamos redes sociales, no establecemos relaciones de verdad sino comunicación, hechos de comunicación. Una relación se construye a través del tiempo y del espacio”. Y esa fue la virtud de la organización que se opone a la remodelación del Jardín Guerrero, se dieron el tiempo y el espacio para plantarse en la plaza y, a pesar de estar iniciados los trabajos de demolición, suscitaron, con su presencia física, una simpatía que concretó e hizo visible lo que se podría haber quedado como un simple desahogo. Nuestras autoridades, que no se sienten administradoras sino propietarias del presupuesto y bienes públicos, que además siguen sin entender que las cosas son muy diferentes a como las quieren seguir viendo, reaccionaron sorprendidas ante el rechazo a un proyecto que debía ser tan aceptado, que se juzgó innecesario explicarlo y construir un consenso. Los frentes abiertos eran varios, que si se tenían todos los permisos necesarios, que si la obra era lo suficientemente prioritaria como para gastarse 10 millones de pesos en una remodelación, que si sigue siendo válido que se tomen decisiones fuera de la participación ciudadana, etc. Mejor dar un paso atrás que precipitarse por una pendiente de crecientes cuestionamientos, que bueno que lo entendieron. La #AcampadaGuerrero potencializó la inconformidad manifestada en las redes sociales, no al contrario como podríamos interpretarlo, saben, como Marc Augé que: “los medios tecnológicos nos hacen creer que vivimos en un tiempo en el que son posibles la ubicuidad y la instantaneidad. Son instrumentos muy potentes, una creación magnífica pero que, por otro lado, pueden suscitar ilusiones... enseñar cosas a quienes ya las saben. No son un instrumento pedagógico ni es posible que lo sean y, desde este punto de vista son una fuente de ilusión. Además son instrumentos de identidad pasiva y lo peor es que nos hacen perder la dimensión del tiempo y del espacio.” (Revista Ñ 03 de mayo 2013)

sábado, 4 de mayo de 2013

NO HAY FINAL FELIZ

Mayo siempre ha sido un mes difícil, termina con los coletazos del día del Niño, con sus amargas cifras, con sus absurdas inequidades e injusticias; y en el camino va recolectando fechas polémicas que se quedan así por la falta de una reflexión colectiva que las reviva, que las resignifique. Este primer día del quinto mes del año no ha sido la excepción en las demandas de trabajadores que se sienten manipulados y traicionados por sus dirigentes sindicales y por los políticos que aplican, a su nombre, reformas que hacen más precaria su ya difícil situación. Terminemos con el coletazo de esa etapa de la vida que se va achaparrando, que se compacta temporalmente mientras se vacía de contenido. Cada vez menos la felicidad ligada a la inocencia del no saber lo que los adultos sí saben, cada vez más adentrarse en problemas que no les corresponden por su edad ─la violencia intrafamiliar, el sentirse no amados, las carencias nutricionales además de las afectivas, o el ver terminada su vida de manera absurda para dar vuelo a las obsesiones de algunos cortos de vergüenza y humanidad, etc.─. Por ejemplo, el reportero de la Jornada Luis Prados publica el 30 de abril de este año que: “Más de 1.750 menores han muerto violentamente en incidentes vinculados con la guerra contra el crimen organizado desde 2007 hasta el pasado mes de marzo, según un informe de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), que subraya que esta estadística del horror continúa estable. El grupo de edad más afectado es el de los adolescentes entre 15 y 17 años y los Estados más peligrosos son Chihuahua –cuya tasa de homicidios de menores supera en cinco veces la media nacional, pese a que ha bajado en los últimos años-, Nuevo León, Guerrero, Sinaloa y Tamaulipas. Esta ONG calcula que entre 15.000 y 20.000 adolescentes son explotados por bandas criminales y carteles de la droga y que siete de cada diez menores asesinados lo son por armas de fuego”. Marcela Turati en su terrible y valiente libro Fuego Cruzado, donde relata y le da rostro y voz a las víctimas de la fracasada guerra contra el narcotráfico, no se olvida de los infantes: “En la clase, con sus crayolas, Octavio se dibuja, así, chiquito, como es, junto a su papá. No sabe estar separado de su ídolo. Traza a su lado un tercer personaje: es un mono con una pistola que apunta hacia su papá, quien está tirado en el piso, coloreado con rojo. Y en seguida Octavio llorando su muerte, como el día que presenció su ejecución”. Cambiemos de tema tratando de abarcar lo más que se pueda. Regresemos a las manifestaciones de inconformidad de los trabajadores, para eso es la fecha, para eso se “libera” de su trabajo por un rato. No se trata, como dicen los que cobran por fastidiar al prójimo, de celebrar el trabajo sin trabajar. Aquí también hay engaños, nos vendieron una reforma laboral que solo hizo más inseguro el empleo, que facilita que los empleadores puedan despedir sin tanto trámite ni indemnización a sus trabajadores, que puedan contratar a personal ajeno por horas, por día, por semana, o a jovencitos casi sin salario y sin prestación alguna disque para que adquieran experiencia, para después correrlos y agarrar otros. Esa reforma que se supone crearía miles de empleos por mes ha resultado en lo que se preveía, una gran simulación y pérdida de conquistas laborales, de empleos nada. Tiene razón John Ralston Saul, presidente del PEN Club entrevistado por Joseba Eloba apenas el pasado 5 de Febrero para la Revista Ñ: “Existe una nueva religión absoluta del crecimiento, el comercio, la santidad de la deuda y de los contratos comerciales, con la que intentan hacernos creer lo inteligentes que son los políticos y lo estúpidos que somos los demás. Da igual lo mala que sea la situación actual, ellos siguen aplicando las mismas recetas, haciendo lo mismo. Eso es lo que se está haciendo en España y en todas partes. El sistema avanza en la misma dirección. Los problemas que hay se están agravando. Nadie reconoce cuál es el auténtico problema. El crecimiento no nos va a sacar de donde estamos; la austeridad, tampoco. Veremos cómo resisten todo esto las democracias. Están poniendo la democracia en peligro. El crecimiento no nos sacará de donde estamos; la austeridad, tampoco.” Allí están los profesores inconformes por la manipulación de sus dirigentes que en lugar de citarlos a protestar contra la reforma laboral disfrazada de educativa, los encierran en un auditorio para rendirle pleitesía a los gobernantes, o esos que se plantaron frente a un mal llamado “presídium” (que según el diccionario de la RAE es: en algunos países socialistas, órgano superior de gobierno), para expresar lo que los medios de comunicación insisten en callar. Lo que pasó, no solo en Querétaro, demuestra que los más fregados, los que dependen de su trabajo para sobrevivir, no están convencidos de las reformas; que las mismas no avanzarán hasta que no se les incluya a pesar de lo que sus repudiados dirigentes digan. Que la “política de aparador”, la que se roba las ocho columnas, no tiene más sustento que el acto oficial y los tronantes discursos de unos funcionarios que viven fuera de la realidad laboral y magisterial. Faltan medios de comunicación que den cuenta de lo que sucede, sin más filtros que su ética y compromiso social, porque periodistas valientes existen, a pesar de lo que sea. Lo sabemos y lo recuerda un trovador como Guillermo Velázquez quien socializa por Facebook sus decires: “Les comparto versos que leí el jueves 23 con motivo del memorial en Guanajuato por nuestros periodistas asesinados, entre muchas que necesitamos cultivar y mantener frescas permanentemente, creo, está este ramillete de flores que pongo ante sus ojos deseando que ayuden a humedecer (y enardecer cada que sea preciso) su corazón. Un ramillete de flores / por el sol, por las heladas / no sé, pero ha sucedido / que hay flores que hemos perdido / o sobreviven ajadas, / marchitas casi, apagadas, / y yo los quiero invitar / a hacer nuestras, a nombrar / con matices y colores / un ramillete de flores / que hoy urge recuperar”. Y viene el 15 de Mayo.