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viernes, 2 de noviembre de 2018

ESOS LOCOS MARAVILLOSOS

Todos contra ellos, porque se ven feos, ridículos, porque agreden nuestras buenas conciencias, porque van contra la decencia y las buenas costumbres, porque pervierten a los que los ven, los oyen, los huelen, ni hablar de tocarlos o probarlos. Las redes sociales son refractarias a los argumentos, se celebra más el insulto, se vale recurrir a la mentira, a la desinformación, mientras no se recurra a exhibir al cuerpo humano, permanente fuente de vergüenza y pecado. Si un grupo de mujeres, se reconozcan o no como feministas, recurren a desnudarse parcial o totalmente en una manifestación o protesta pública, no tardan los “bondadosos” censores en burlarse, en repudiar esos cuerpos ajenos a la manipulación digital, lejos de esos estándares de belleza impuestos por unos medios de comunicación que perviven provocando la insatisfacción e infelicidad perpetuas. Para ellos no importa lo justo o no de las demandas, la desigualdad encubierta en la normalización del machismo, de la corrupción, de la pobreza extrema y de la riqueza insultante por antiética; importa lo feas que se ven, la celulitis, la piel vencida por los años y manchada por la radiación solar, el exceso o carencia de curvas, las asimetrías mal disimuladas. Peor si los “encuerados” son trabajadores o campesinos que no tienen más forma de protestar que su cuerpo, porque son invisibles cuando de hacer justicia se trata, pero muy notorios cuando de encontrar víctimas es el juego. No tarda la burla por que se ven panzones o flacos, porque la conjunción de obesidad y desnutrición se ven feas juntas, porque no son cuerpos cultivados en un gimnasio, porque se les resbalan los calzones de guangos por el exceso de uso, porque están percudidos, porque no se ven machos. Para escandalizarse no hay mejor festín que las marchas para celebrar el orgullo gay, cuando “las locas y marimachos” pierden la vergüenza y se exhiben públicamente en un arranque de libertad que pocos toleran. ¡Qué ejemplo para los niños! ¡Qué bofetada para los que prefieren el clóset y hasta homofóbicos se vuelven! Nada qué ver con las manifestaciones “espontáneas” convocadas por los intereses privilegiados con sus cacerolas en mano, con sus consignas contradictorias: los que reniegan de la democracia, invocándola; los que defienden el individualismo queriendo ser masa, los que solo salen a la calle con sus autos, dejándolos en manos del valet parking o del chofer para salir a caminar; los que llaman a los fotógrafos de sociales para tomar la “selfie” disque no planeada; los que llaman a la catástrofe para ponerse como salvadores de una patria que no les importa si no es para devastarla. A su narrativa conservadora, al terror que quieren infundir al cambio hay que oponerle otra. Lo que veremos en nuestro país, los intereses que gobernaron durante los últimos sexenios defendiéndose de que se les quite el negocio, de su relación perversa y que parecía indivisible con el poder político que supuestamente tiene que ver por todos y no solo por ellos, el descaro en el abuso del financiamiento y de la obra pública para volverse más ricos mientras los demás empobrecemos. Pero esto no es exclusivo de este México agraviado que no olvida fácilmente las crisis en que nos metieron. Prefiero esos locos maravillosos que se juegan el pellejo por construir su propio relato, por influir en su destino, por salir de las tinieblas en que muchos quisieran que siguieran para no escandalizarse porque cuestionan sus propias inseguridades, en lugar de las modosas protestas que defienden intereses de grupos pequeños, de privilegiados que solo arriesgan su excesiva concentración de la riqueza a costa de lo que sea. «El mundo está virando; está cambiando; se está oscureciendo. Ya no podemos jugar según las viejas reglas de la complacencia. Debemos inventar nuevas formas de hacer, nuevas formas de pensar. El país más poderoso del mundo parece hoy una corte feudal llena de intrigas, alimentada de mendacidad, ahogada en su propia soberbia. Debemos saber qué es verdad. Debemos decir cuál es la verdad. Y debemos llamar mentira a la mentira. [...] Es el momento de proclamar que la superioridad económica no significa superioridad moral.» Chimamanda Ngozi Adichie. Verne. Diario El País 28 de octubre del 2018. Se trata de salir de la trampa del lenguaje “políticamente correcto”, ese que encubre la realidad con el pretexto de hacerla más amable, ese que rechaza decir las cosas por su nombre por el miedo de que alguien se vaya a ofender, ese que da la apariencia de que hemos cambiado cuando seguimos siendo los mismos conservadores de siempre, víctimas de discursos ajenos que modelan nuestro destino y lo disfrazan de elección libre y consciente. Como señala la escritora nigeriana citada antes recordando una vivencia reciente en su pueblo natal: «Esa experiencia me hizo abandonar mi idea boba y romántica de que “hablar claro” va unido a la certeza de un apoyo generalizado. Pero me aclaró la importancia de hablar de lo que importa: no se debe hablar porque uno esté seguro de que le van a apoyar, sino porque no puede permitirse el silencio.» https://elpais.com/cultura/2018/10/26/babelia/1540567059_956054.html?id_externo_rsoc=FB_CC&fbclid=IwAR3Szik4iKxdodUKIf0mXNpwAydQoNk5n8j5n_GseyrXnMkEemBXEsyBReE Remata diciendo que es el momento de relatos más complejos, esos que se meten hasta el tuétano de quienes sufren alguna injusticia, que sufren las desigualdades provocadas por los victimarios que se disfrazan de víctimas, que no son simples números en manipulables estadísticas. Preferibles los locos que defienden sus derechos, que los perversos que viven expropiándoselos a todos los demás.

sábado, 4 de mayo de 2013

NO HAY FINAL FELIZ

Mayo siempre ha sido un mes difícil, termina con los coletazos del día del Niño, con sus amargas cifras, con sus absurdas inequidades e injusticias; y en el camino va recolectando fechas polémicas que se quedan así por la falta de una reflexión colectiva que las reviva, que las resignifique. Este primer día del quinto mes del año no ha sido la excepción en las demandas de trabajadores que se sienten manipulados y traicionados por sus dirigentes sindicales y por los políticos que aplican, a su nombre, reformas que hacen más precaria su ya difícil situación. Terminemos con el coletazo de esa etapa de la vida que se va achaparrando, que se compacta temporalmente mientras se vacía de contenido. Cada vez menos la felicidad ligada a la inocencia del no saber lo que los adultos sí saben, cada vez más adentrarse en problemas que no les corresponden por su edad ─la violencia intrafamiliar, el sentirse no amados, las carencias nutricionales además de las afectivas, o el ver terminada su vida de manera absurda para dar vuelo a las obsesiones de algunos cortos de vergüenza y humanidad, etc.─. Por ejemplo, el reportero de la Jornada Luis Prados publica el 30 de abril de este año que: “Más de 1.750 menores han muerto violentamente en incidentes vinculados con la guerra contra el crimen organizado desde 2007 hasta el pasado mes de marzo, según un informe de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), que subraya que esta estadística del horror continúa estable. El grupo de edad más afectado es el de los adolescentes entre 15 y 17 años y los Estados más peligrosos son Chihuahua –cuya tasa de homicidios de menores supera en cinco veces la media nacional, pese a que ha bajado en los últimos años-, Nuevo León, Guerrero, Sinaloa y Tamaulipas. Esta ONG calcula que entre 15.000 y 20.000 adolescentes son explotados por bandas criminales y carteles de la droga y que siete de cada diez menores asesinados lo son por armas de fuego”. Marcela Turati en su terrible y valiente libro Fuego Cruzado, donde relata y le da rostro y voz a las víctimas de la fracasada guerra contra el narcotráfico, no se olvida de los infantes: “En la clase, con sus crayolas, Octavio se dibuja, así, chiquito, como es, junto a su papá. No sabe estar separado de su ídolo. Traza a su lado un tercer personaje: es un mono con una pistola que apunta hacia su papá, quien está tirado en el piso, coloreado con rojo. Y en seguida Octavio llorando su muerte, como el día que presenció su ejecución”. Cambiemos de tema tratando de abarcar lo más que se pueda. Regresemos a las manifestaciones de inconformidad de los trabajadores, para eso es la fecha, para eso se “libera” de su trabajo por un rato. No se trata, como dicen los que cobran por fastidiar al prójimo, de celebrar el trabajo sin trabajar. Aquí también hay engaños, nos vendieron una reforma laboral que solo hizo más inseguro el empleo, que facilita que los empleadores puedan despedir sin tanto trámite ni indemnización a sus trabajadores, que puedan contratar a personal ajeno por horas, por día, por semana, o a jovencitos casi sin salario y sin prestación alguna disque para que adquieran experiencia, para después correrlos y agarrar otros. Esa reforma que se supone crearía miles de empleos por mes ha resultado en lo que se preveía, una gran simulación y pérdida de conquistas laborales, de empleos nada. Tiene razón John Ralston Saul, presidente del PEN Club entrevistado por Joseba Eloba apenas el pasado 5 de Febrero para la Revista Ñ: “Existe una nueva religión absoluta del crecimiento, el comercio, la santidad de la deuda y de los contratos comerciales, con la que intentan hacernos creer lo inteligentes que son los políticos y lo estúpidos que somos los demás. Da igual lo mala que sea la situación actual, ellos siguen aplicando las mismas recetas, haciendo lo mismo. Eso es lo que se está haciendo en España y en todas partes. El sistema avanza en la misma dirección. Los problemas que hay se están agravando. Nadie reconoce cuál es el auténtico problema. El crecimiento no nos va a sacar de donde estamos; la austeridad, tampoco. Veremos cómo resisten todo esto las democracias. Están poniendo la democracia en peligro. El crecimiento no nos sacará de donde estamos; la austeridad, tampoco.” Allí están los profesores inconformes por la manipulación de sus dirigentes que en lugar de citarlos a protestar contra la reforma laboral disfrazada de educativa, los encierran en un auditorio para rendirle pleitesía a los gobernantes, o esos que se plantaron frente a un mal llamado “presídium” (que según el diccionario de la RAE es: en algunos países socialistas, órgano superior de gobierno), para expresar lo que los medios de comunicación insisten en callar. Lo que pasó, no solo en Querétaro, demuestra que los más fregados, los que dependen de su trabajo para sobrevivir, no están convencidos de las reformas; que las mismas no avanzarán hasta que no se les incluya a pesar de lo que sus repudiados dirigentes digan. Que la “política de aparador”, la que se roba las ocho columnas, no tiene más sustento que el acto oficial y los tronantes discursos de unos funcionarios que viven fuera de la realidad laboral y magisterial. Faltan medios de comunicación que den cuenta de lo que sucede, sin más filtros que su ética y compromiso social, porque periodistas valientes existen, a pesar de lo que sea. Lo sabemos y lo recuerda un trovador como Guillermo Velázquez quien socializa por Facebook sus decires: “Les comparto versos que leí el jueves 23 con motivo del memorial en Guanajuato por nuestros periodistas asesinados, entre muchas que necesitamos cultivar y mantener frescas permanentemente, creo, está este ramillete de flores que pongo ante sus ojos deseando que ayuden a humedecer (y enardecer cada que sea preciso) su corazón. Un ramillete de flores / por el sol, por las heladas / no sé, pero ha sucedido / que hay flores que hemos perdido / o sobreviven ajadas, / marchitas casi, apagadas, / y yo los quiero invitar / a hacer nuestras, a nombrar / con matices y colores / un ramillete de flores / que hoy urge recuperar”. Y viene el 15 de Mayo.