sábado, 30 de marzo de 2013
REFORMAS IDEALES
sábado, 23 de marzo de 2013
TRAGEDIAS HUMANITARIAS
viernes, 15 de marzo de 2013
RUPTURA Y CONTINUIDAD
“En la vida hay muchos que tiran cada uno para su lado, como si uno pudiera tener una bendición para él solo o para un grupo. Eso no es una bendición sino una maldición. Y fíjense qué curioso, el que tira para su lado y no para el bien común suele ser una persona que maldice: que maldice a los otros y que mal-dice las cosas. Las dice mal, miente, inventa, dice la mitad". Jorge Mario Bergoglio cuando era Cardenal argentino.
El tema no se puede eludir, menos en esta región geográfica y cultural en donde, todavía, predomina el catolicismo. La todavía poderosa Iglesia Católica con sus rituales ancestrales, esos que parecen a prueba del paso del tiempo, acaba de hacer otro de sus relevos en su pequeñísima cúpula. Tan escasa que apenas 115 electores escogen, entre ellos, al próximo Papa.
Dicen los vaticanólogos que el entonces Cardenal Bergoglio era de los favoritos en el cónclave anterior, que le disputó palmo a palmo al Cardenal alemán Ratzinger algunas de las rondas electivas. Difícil afirmarlo, las boletas se queman inmediatamente después de usarlas, porque el misterio, la falta de certeza apoyada en documentos es parte de la vida interna de esta institución religiosa.
Dicen que la periferia de la curia le ganó la partida al núcleo duro que apostaba a la más estricta continuidad, sin embargo, tampoco hay una ruptura abierta, hay las dos cosas, hay margen para moverse, dependerá de las presiones y de las simpatías. Por ejemplo, se menciona que un quiebre estaría en que la elección se inclinó hacia un Cardenal latinoamericano, en contra de los europeos que parecían no querer ceder ni un ápice de terreno. Es cierto, es argentino y eso parece una ruptura, pero es de padres italianos y en eso hay continuidad. No es un Papa joven pero parece en buena condición física, también es cierto, le falta un pulmón pero no fue escogido para correr un maratón, será otra vez de transición ¿hacia dónde?
Parece ruptura porque la historia de los jesuitas en los terrenos de esta antigua Nueva España no está exenta de polémica, hay que recordar que fueron expulsados de todos sus territorios, de sus misiones, incautados todos sus bienes, embarcados con lo que traían puesto, se les acusaba de intentar o justificar magnicidios en Europa, de poseer enormes riquezas; también de lo contrario, de ser ridículamente pobres. El nuevo Papa ha sido provincial de los jesuitas argentinos entre 1973 y 1979 precisamente en los inicios de la dictadura militar, y fue en esas tierras donde, muchos años antes, el proceso independentista de España en particular, y de Europa en general produce su regreso después de años de destierro y de refugiarse en tierras pontificias.
Parece continuidad, la expulsión de los jesuitas es seguida por su reemplazo en las misiones californianas por los franciscanos. El nombre de Francisco como Papa apela a esa tradición franciscana, a ese desprecio a los bienes terrenales seguido por su fundador.
Se critica fuertemente a la Iglesia Católica por ser impermeable al reconocimiento de los derechos de la mujer, de ser una institución machista, pero el propio Francisco de Asís no solo funda la orden de los franciscanos, también una orden femenina, las clarisas. Con los límites propios de su contexto histórico ambas órdenes religiosas rompen con usos y costumbres enraizados en una Europa en crisis, son los refugios ante una devastadora crítica reformista. Como concluye su biografía publicada en Catholic.net: “Nos enseña a vivir cerca de Dios y no de las cosas materiales. Saber encontrar en la pobreza la alegría, ya que para amar a Dios no se necesita nada material”. Y este recordatorio hace buena falta con los recientes escándalos de la “banca de dios” y con una iglesia que ha tenido que pagar millonarias cuentas como indemnización por las acusaciones de proteger o ignorar prácticas de homosexualidad y pederastia.
Parece ruptura respecto del perfil del Papa emérito, más inclinado a la teología, al estudio y a la investigación; al contrario, el Papa Francisco parece tener un perfil más evangelizador sin olvidar la sólida formación académica de los jesuitas, su metáfora inicial no tiene desperdicio: “Y ahora comencemos este viaje, el obispo y el pueblo. Este viaje de la Iglesia de Roma, que guía a todas las iglesias, un viaje de hermandad, de amor, de confianza entre nosotros”. Ratzinger tuvo un detalle que ahora parece importante y que apunta a esa continuidad, antes de renunciar nombró a Bergoglio como integrante de la Pontificia Comisión para la América Latina. Si hubiera habido alguna duda o animadversión ese nombramiento simplemente no se hubiera hecho, pero se hizo y regresó al argentino a los reflectores internos, le dio la plataforma, la bendición pues.
Ambas caras de la moneda pontificia más presentes que nunca, la ruptura y la continuidad, que valen más que los gestos, que las anécdotas que rellenan la falta de información seria. Por fin el aparente reconocimiento de que América Latina es el futuro del catolicismo aunque su financiamiento más fuerte venga de la estructura eclesial en los Estados Unidos. En resumen, echar mano de lo bueno que pueda encontrarse entre extremos que parecen irreconciliables. Y eso, si se hace bien, será una genialidad.
viernes, 8 de marzo de 2013
REALIDADES OPUESTAS
viernes, 1 de marzo de 2013
DE REFORMAS Y PRETEXTOS
viernes, 22 de febrero de 2013
CAMINANDO JUNTOS
“La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”. Eduardo Galeano.
Las utopías resisten casi todo porque son sueños colectivos, aspiraciones que nos guían a través de la turbulencia de los tiempos y de las crisis, que le dan sentido a nuestra vida individual y colectiva. Para eso son y para eso se construyen, no importa que sean inalcanzables, entre más lejanas mejor porque parecen eternas.
Pero en el casi está el problema, si hay algo que ha demostrado que las desfigura, las corroe hasta disolverlas echando nuestros afanes al vertedero de la historia, es el capitalismo de compinches, este neoliberalismo que se impone con el pretexto de que funciona solo, sin la intervención humana, aunque eso sea más falso que la aceptación y la intervención divina en la legitimidad de las escandalosas fortunas de los privilegiados de siempre.
En textos anteriores nos referimos al abandono de los principios que nos formaron como Nación, esos que resultaron de conflictos armados como la Independencia, la Reforma, la Revolución y las insurgencias civiles sindicales, estudiantiles, naozapatistas y demás. Todo con la coartada del desarrollo, de la modernidad, de seguir el ritmo inexorable de la historia. Como si únicamente hubiera un camino, una sola dirección.
Afortunadamente las utopías tienen quien las persiga, las tome en serio y se alimente con ellas, desde ciudadanos que no son comunes ni corrientes, hasta personajes que por su actividad tienen mayor visibilidad mediática y quizás algo de influencia.
En el caso de la Europa de nuestro tiempo la alarma también cunde, lo dicen algunos de sus intelectuales, de distinto signo, de diferente formación profesional, que apenas el pasado 28 de enero publicaran un manifiesto en los principales diarios de ese viejo continente. Reproducirlo íntegro no tiene caso, se puede ver en internet, pero lo principal no tiene desperdicio: “Europa no está en crisis, está muriéndose. No Europa como territorio, naturalmente. Sino Europa como Idea. Europa como sueño y como proyecto. Europa como voluntad y representación, como sueño y como construcción, esta Europa que pusieron en pie nuestros padres, esta Europa que supo transformarse en una idea nueva, que fue capaz de aportar a los pueblos que acababan de salir de la Segunda Guerra Mundial una paz, una prosperidad y una difusión de la democracia sin precedentes, pero que, ante nuestros propios ojos, está deshaciéndose una vez más”. Suena dramático pero no lo es, la calidad y seriedad de los firmantes está más allá de cualquier suspicacia. Ellos son: Vassilis Alexakis, Hans Christoph Buch, Juan Luis Cebrián, Umberto Eco, György Konrád, Julia Kristeva, Bernard-Henri Levy, Antonio Lobo Antunes, Claudio Magris, Salman Rushdie, Fernando Savater, Peter Schneider.
Hacer un recuento de los problemas europeos sería demasiado extenso, los vemos en los medios de comunicación que están más allá de la simple estridencia y de la más grosera manipulación; están en la multitud de blogs que reflejan, con fidelidad no carente de emoción, desesperación y desencanto una realidad externa que duele, también en algunos medios alternativos.
El diagnóstico no puede ser peor: “Se deshace en Atenas, una de sus cunas, en medio de la indiferencia y el cinismo de sus naciones hermanas […] Se deshace en Roma, su otra cuna, su otro pedestal, la segunda matriz (la tercera es el espíritu de Jerusalén) de su moral y su saber […] Se deshace en todas partes, de este a oeste, de norte a sur, con el ascenso de los populismos, los chauvinismos, las ideologías de exclusión y odio que Europa tenía precisamente como misión marginar, debilitar, y que vuelven vergonzosamente a levantar la cabeza”.
Para el caso mexicano no parece haber un diagnóstico de lo que pasará si abandonamos nuestras utopías, quizás porque ya lo estamos viviendo: incremento en la pobreza extrema, tolerancia de la impunidad y la corrupción, pérdida del monopolio del uso de la violencia, franco descontrol en amplias zonas del territorio, militarización creciente, falta de respeto a los derechos humanos, pérdida de valores y demás.
Los europeos todavía se mueven en otras coordenadas: “Europa saldrá de la Historia. De una u otra forma, si no se hace algo, desaparecerá. Esto ha dejado de ser una hipótesis, un vago temor, un trapo rojo que se agita ante los europeos recalcitrantes. Es una certeza. Un horizonte insuperable y fatal. Todo lo demás —trucos de magia de unos, pequeños acuerdos de otros, fondos de solidaridad por aquí, bancos de estabilización por allá— solo sirve para retrasar el fin y entretener al moribundo con la ilusión de una prórroga”.
Ellos defienden sus utopías, nosotros también aunque sea con otros métodos, a ritmos diferentes, esperando que no sea demasiado tarde para ninguno.
viernes, 15 de febrero de 2013
EDUCACIÓN FRUSTRADA
Despacio que llevo prisa. Quién sabe quién lo diría, pero no erraba en advertir que a las cosas que urgen también hay que darles tiempo para que maduren, que cuando algo se hace al aventón, con el pretexto de la premura, se tardan más porque, frecuentemente, hay que regresarse para corregirlas. Pero no solo se pierde tiempo, hay que agregar la desconfianza que produce algo mal hecho, la pérdida de energía, el desencanto.
Así está nuestra manoseada reforma educativa. Y es que en principio se “olvidó” el detalle más importante, que cualquier cambio de ese tamaño necesariamente involucra al verbo convencer.
Nadie se ha tomado la molestia de convencer a los maestros de la pertinencia de los cambios propuestos, no solo en los contenidos de las materias, en su organización, en su fallida integración en un nivel ─el de educación básica─ y en el amontonamiento de programas, en la implementación de la obligatoriedad de la educación media superior ─preparatoria o bachillerato─, también en la elección del modelo de “competencias”, que muestra graves carencias teóricas y que se presume, falsamente, como ideológicamente neutro. Y no es que los maestros se resistan nada más por molestar, si no que la falta de convicción lleva a “traducir” lo nuevo para meterlo en los moldes viejos. Es decir, cambia en algo el lenguaje pedagógico, pero las prácticas en el aula siguen siendo las mismas y hasta peor, terminan revolcadas. Lo que sí se incrementa hasta la asfixia es el trabajo administrativo con el pretexto de medirlo todo, controlarlo todo, de asegurar una “calidad” importada del lenguaje empresarial y que poco tiene que ver con un contexto educativo.
La uniformidad es otro factor que se quiere hacer pasar como deseable. Al contrario de lo que recomiendan otras reformas educativas aparentemente exitosas, que buscan alimentarse de la diversidad y que la promueven, aquí buscamos que todos los maestros hagan lo mismo, vean los mismos contenidos, en el mismo orden, evalúen de la misma forma y propongan las mismas actividades obteniendo los mismos resultados. Por eso el afán de estandarizar las planeaciones, para facilitar, de rebote, el control de directivos que carecen de conocimiento pedagógico y de contenido de las materias, pero que son buenos para “palomear” listas de cotejo.
Esta esquizofrenia educativa se resuelve fácilmente mediante el uso abusivo de libros de texto que, como complejas recetas, pretenden elaborar productos de alta cocina sin más ingredientes, recursos ni conocimientos que las hojas en que están impresos. Un negociazo para los nuevos mercaderes de la educación y una manera subrepticia de privatizarla.
Y aquí reside otro problema mayor, no solo educa la escuela, también los medios de comunicación, también las familias integradas o no, también las cúpulas eclesiásticas y empresariales, también los partidos políticos y las instituciones públicas. Pero la reforma solo se refiere a la escuela, exentando de responsabilidad al resto de los personajes.
Lo publicó Fabrizio Andraella ─http://www.jornada.unam.mx/2013/02/10/sem-fabrizio.html─ apenas el pasado 10 de febrero: “A lo largo de la historia, los sujetos encargados de educar a las nuevas generaciones han sido los padres, los sabios, los gurús, los eclesiásticos, los filósofos y los preceptores. Ahora, los maestros son reemplazados por los programas televisivos y los sitios web. Esta aseveración aparentemente exagerada e inverosímil se sustenta en el simple hecho de que el único conocimiento que nos moldea y nos acompaña por mucho tiempo es el conocimiento que nos fascina. Por eso el maestro verdadero es quien sabe despertar y alimentar la pasión. El conocimiento se filtra en el alma solamente a través de la seducción, y hoy en día el adolescente encuentra al seductor de su intelecto más en las tardes frente a las pantallas que en las mañanas frente a las pizarras”.
Es que las palabras pasión y seducción están prohibidas en nuestras aulas, pareciera que el aprendizaje no tiene nada que ver con los sentimientos y emociones, con la curiosidad y la fascinación. Ya no somos educadores, nos hemos quedado como simples administradores de programas y contenidos que nos son completamente ajenos y peor, nos son indiferentes. Y eso lo están aprovechando unos medios de comunicación que producen telebasura.
No es teoría, es la constatación cotidiana de una devastación mental: “No es difícil imaginar cuál es el papel de la televisión en esta envilecida desviación de la curiosidad hacia lo inútil. Puedo afirmarlo con amarga certeza, ya que tengo frente a los ojos las ruinas morales y los escombros antropológicos de veinte años de televisión italiana sometida al dominador de la política de mi país. Los italianos hemos comido felizmente la basura mediática vomitada en nuestros hogares: barata, alegre, sexy, americanizada. Así, los valores inyectados en nuestro cerebro han destruido todos los elementos comunitarios, depositando en los corazones y en las cabezas solamente aspiraciones individuales”. Nuestro duopolio televisivo y sus tentáculos en el resto de los medios de comunicación no se salvan, ni tantito, de esa crítica, por eso buscan desviar la atención hacia temas que son importantes, pero no los únicos, ya hasta se ampararon a nombre de un interés general del que carecen pero pretenden enarbolar. Todo para que nadie se fije en las distorsiones educativas que producen, intencionalmente o no.
No es mala idea presionar para que la reforma educativa, una en serio, incluyente y convincente, incluya a los medios de comunicación, finalmente son concesionarios que deben cumplir con un fin social que insisten en ignorar, para privilegiar sus intereses.
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