viernes, 5 de julio de 2013
INFORMES CREÍBLES
De una obligación hacen una fiesta, de un derecho ciudadano a estar informado sobre lo que hacen los gobernantes con los recursos públicos se arman ceremonias de auto elogios, de poca o nula crítica, de carencia de diagnósticos y metas. Ojalá que esta vez no sea así.
Todavía no se seca la tinta del informe de la actual legislatura, por todos lados se presume su productividad, las unanimidades y la falta de enconos, la prevalencia del trabajo por encima del escándalo. Y es que tienen la increíble ventaja de la improductividad de las anteriores. Sería bueno ir a la raíz de las diferencias.
Primero, los partidos minoritarios perdieron la posición que les permitía definir las votaciones, sin el menor pudor y a la vista de todos vendían sus votos al mejor postor, un día hacían alianza con unos y al día siguiente con los otros, para estorbarse y sacar ventajas, no había una visión de estado.
Segundo, hay diputados que tienen experiencia legislativa, que saben negociar y construir acuerdos, que construyen mayorías de más largo plazo sin que parezca que reniegan de sus principios, de sus programas. Quizás lo hagan pero no se les nota. Aunque queda la terca duda si es porque son muy eficientes, o porque los intereses que defienden están realmente por encima de ellos y hay empatía con los de la ciudadanía.
Tercero ¿será que tenemos un ejecutivo muy legislador y que pavimenta los acuerdos antes de que lleguen al pleno? Que ambos poderes tienen buena relación no hay duda, y eso es bueno, la razón es la que queda por investigar, de todas formas según se acerque el ocaso sexenal el ambiente se irá tensando necesariamente, por eso se aprovecha el ahora, antes de que salgan los trapitos sucios de la temporada electoral. Lo peor sería la opacidad.
Vienen los informes municipales, por ser un nivel que está más a nivel de tierra los desacuerdos serán más evidentes, además la inexperiencia de algunos ediles está jugando en su contra, ya no se tolera un periodo de aprendizaje prolongado, se exigen resultados casi inmediatos y estos parecen ausentes en muchos casos. En otros, sí hay experiencia pero viene marcada por la sospecha, parece que se eligió al malo conocido por encima del bueno por conocer. Se saben sus puntos débiles, sus tentaciones, además su partido perdió la gubernatura y la cobertura que eso les daba. Cebarse con ellos es fácil, solo hay que disimular tantito. En el caso de la capital queretana pesará la falta de resultados, la excesiva lentitud para atender los problemas contrastada con el exceso de exposición mediática, el hartazgo de los ciudadanos con la falta de movilidad, con la pérdida de tiempo y la tensión nerviosa que genera, tanto que las principales soluciones han tenido que venir del gobierno estatal, pero son, todavía, insuficientes. Sigue dando la impresión de que no puede volar solo, que necesita las alas, el combustible y el aterrizaje de su mentor, pero el tiempo se acaba.
El gobierno del estado es otro cantar, combina lealtades con experiencia. Tuvo la influencia suficiente para rodearse de delegados federales a modo que manejan gran cantidad de recursos. Aunque sus informes de actividades siguen estando incompletos, lo único que se consigue y aparece en su página electrónica es el documento que se lee ante la legislatura, no están los anexos que alimentan esas cifras, esos éxitos. La danza de los millones no se puede comparar con los rezagos porque estos parece que no existen, que se satisfacen demandas y necesidades muy sentidas pero casi caprichosas. Faltan respuestas ante temas puntualmente señalados, por los pocos periodistas asociados por ejemplo, que piden seguridad laboral y no sujeta a los caprichos de los dueños que quieren quedar bien con su principal anunciante, un salario profesional digno. En la ciudadanía existe la fuerte percepción de que se le ocultan las cosas, que el paraíso queretano no es tal, que hay más problemas de los que aparecen en los medios, que se manipula la información para minimizarla cuando es desagradable ─por ejemplo en temas como la trata de personas, la delincuencia organizada, la destrucción del medio ambiente y el exceso de fraccionamientos, los robos de automóviles y a casa habitación, la zigzageante política educativa, las relaciones con las iglesias y demás─. El lenguaje presuntamente hermético, disfrazado de técnico que utilizan algunos funcionarios abona en esa idea conspirativa. Las redes sociales tienen mayor credibilidad que nuestros diarios, noticieros televisivos y radiofónicos, y si bien se han anotado algunos tantos, la falta de rigor informativo puede ser contraproducente.
Falta comparar, cuando se anuncia una inversión extranjera producto de una gira por Europa nos quedamos con el dato, pero no sabemos si es mucho o poco, o por qué hay que festejarla frente a otras cifras millonarias manejadas en otras regiones, somos poco críticos y muy complacientes. Un gobierno eficaz necesita de la ayuda de una sociedad vigilante, analítica, que lo obligue a superarse, de otra manera la relación sociedad y gobierno se convierte en un espejismo.
Falta referirse al poder judicial, al Tribunal Superior de Justicia y su informe, será para otra ocasión.
viernes, 28 de junio de 2013
LA IMPORTANCIA DEL MITO
“… es hora de superar el mito de un nacionalismo ligado a un monopolio petrolero exaltado por restricciones que lo asfixian” Gerardo Gutiérrez Candiani, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) de México, 25 de Junio del 2013.
Nuestras cúpulas empresariales, nuestros políticos neoliberales, nuestros “desinteresados y objetivos” medios de comunicación, todos, pretenden entrarle al debate de las reformas energética y fiscal por la vía de descalificar las opiniones y propuestas que no coinciden con sus particulares intereses. El intento está más que cantado, hay que calificar de “mito” al texto constitucional que reserva la propiedad del petróleo a la Nación.
Para variar lo hacen a la ligera, sin prever que el argumento se les puede voltear fácilmente en otros temas, por ejemplo, podemos calificar de mito la creencia de que la iniciativa privada es más eficiente en la administración de los recursos públicos, todos sabemos que quienes toman las decisiones en PEMEX, desde hace algunos años para acá, son empresarios ligados a diferentes intereses comerciales, y la corrupción e ineficacia sigue siendo la misma o peor.
Pero hay argumentos menos banales: “El mito en su origen es más que un mero relato, es un hecho que construye realidades y que brinda una explicación del mundo y la vida, a la vez que contribuye a establecer identidades sociales y psicológicas. El mito en su condición original es una verdad indudable que brinda una explicación y una justificación a un orden de cosas dado, es una consustancialidad y una realidad viviente que sostiene un universo cosmogónico, es razón, certeza y casualidad. En tanto ámbito de certidumbre concierta conciencias y voluntades, definiendo las fronteras de la comunidad que en él se representa. Es idiosincrasia e identidad colectiva, por tanto individual; su estudio y comprensión facilita el entendimiento de la psicología de los pueblos y de las gentes que los pueblan.” (Manuel Martínez Herrera, La función social y psicológica del mito en revista Káñina de la Universidad de Costa Rica, 2011).
Quizás el tiempo transcurrido desde el Cardenismo para acá haga casi imposible calificar de mito a la expropiación petrolera, pero los enconos que ha suscitado y la osadía de oponerse a potencias económicas y militares sin más armas que la ley y la razón, bien podrían servir para elevar el episodio al nivel de fundacional de un México caracterizado por la confianza en el futuro, no una confianza ciega sino basada en la solidaridad que despertó el atrevimiento del presidente Lázaro Cárdenas. Allí está el origen de la resistencia a cualquier intento, descarado o disfrazado, de privatización no solo del petróleo como materia prima, sino también a su exploración, transporte, procesamiento y comercialización.
El Cardenismo es importante porque rompe inercias, igual que la Independencia, la Revolución, la Reforma juarista; en esos movimientos sociales, por muy cuestionados o limitados que fueran, intentamos ─ahora sí todos, aunque no hubiéramos nacido todavía porque nos sentimos partícipes de esas historias que adquieren el carácter de atemporales─, romper con la inercia del mexicano cobarde, agachón, del que todo mundo se burla y abusa, que se deja arrastrar por los acontecimientos sin ser protagonista de ellos.
Martínez Herrera plantea aspectos interesantes del mito: “El mito como tal, más que un escrutinio y explicación de la realidad, es una ensoñación, un rapto y una fascinación que nos abstrae y remite a la propia mismisidad, de allí el interés que concita.” Todos los pueblos tienen sus propios mitos, sus cosmovisiones, pero no son exclusivas, lo interesante es que a pesar de las distancias geográficas, culturales y temporales tienen elementos en común. Ese inconsciente colectivo del que hablan diferentes ciencias sociales encuentra aquí su espacio.
Otro estudioso del tema Hernán Rafael Silva Orellana en su texto Los mitos como función social, “Por eso el mito está íntimamente conectado al inconsciente colectivo. Aún así, nunca somos plenamente conscientes de ello. A partir de él, se establece una influencia sobre todas nuestras experiencias y comportamientos, especialmente los emocionales; pero solo le conocemos indirectamente, viendo estas influencias […] Los mitos han acompañado al ser humano desde los principios de los tiempos, pero la evolución de éstos ha sufrido cambios en sus formas, pero no en su fondo. En todas las mitologías y religiones del mundo, existen temas comunes. Según algunos autores los arquetipos considerados como memoria biológica común a todos los seres humanos son elementos persistentes que mientras seamos Homo sapiens van a estar presentes en nuestro actuar como individuos y ante la sociedad. Uno de estos elementos comunes es la figura del héroe, presente en todas las culturas humanas de todos los tiempos.”
Entonces, se equivocan quienes califican de mito a ese nacionalismo que pretenden ligar a una sola fuente, a la propiedad originaria del petróleo, queriendo ridiculizarlo exhiben su escaso conocimiento de los procesos sociales e históricos que nos siguen definiendo e identificando; buscando empequeñecerlo lo engrandecen, por eso buscarán artilugios legales para apropiarse de lo poco que sigue siendo propiedad colectiva. La historia es buena maestra, si queremos saber hacia dónde van las reformas actuales es bueno tomar como referencia lo que ha pasado en otros países, allí está el caso de Argentina, bien documentado y accesible en Memoria del saqueo disponible en redes sociales como youtube.
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viernes, 21 de junio de 2013
JÚBILOS Y PESARES
Junio es el mes de las graduaciones, del fin de curso en los diferentes niveles educativos. Debiera, por lo mismo, ser un mes festivo. No se conoce con precisión el origen y significado de Junio, una hipótesis es que hace referencia al latín “junioris”, comparativo de “juvenis”, joven. Me quedo con este significado porque cuadra mejor con el tema que se propone.
Lo malo es que no todos los cursos terminan, algunos habrá que prolongarlos porque no se alcanzaron las calificaciones necesarias para ello, porque se reprobó alguna materia, o porque fue difícil, casi imposible, prever las vicisitudes de la vida y se atravesaron de forma grosera en los planes de corto plazo. Aquí es donde caben los dolorosos datos, comenzando porque en nuestros bachilleratos y preparatorias la cobertura apenas alcanza al 58 por ciento de la población en edad de cursarla, sumado a la llamada eficiencia terminal de nuestro vapuleado sistema educativo escolar, basta recordar que en el llamado nivel de educación media superior apenas anda alcanzando el 60 por ciento, lo que quiere decir que casi la mitad de los que comienzan no logran terminar, todo un desastre.
Júbilo de algunos, pesar y desilusión de otros. Ya que nos referimos a la educación media superior habría que aprovechar para caracterizarla, para saber porqué un fracaso escolar es mucho más delicado, con efectos de largo plazo, no solo personal, también social. Por lo pronto obviaremos el dato de que es un problema de seguridad nacional, que nuestros políticos, ante la ineficacia que los caracteriza, o con la complicidad que les sospechamos, no pueden resolver asuntos tan básicos y graves como la inseguridad, la precariedad laboral, el desempleo, la delincuencia brutal y desatada, el acceso más fácil a cualquier tipo de droga y las consecuentes adicciones.
Para una información con más detalle se puede recurrir a material que tiene la propia SEP (www.reforma-iems.sems.gob.mx), a los muy capaces investigadores de universidades y organizaciones no gubernamentales, a los analistas que comparten sus textos en los medios de comunicación serios, o si se quiere a un sintetizado y muy claro artículo de Enrique Calderón Alzati publicado en La Jornada el 18 de mayo de este año.
Vamos por partes, normalmente la población escolar en este nivel está entre los 15 y los 18 años de edad, periodo en que se toman decisiones importantes que definirán parte de su futuro y de los que les rodean, “el futuro quedará definido a partir del entorno social y familiar, de las posibilidades económicas de sus padres para asegurarles alimentos, cuidados y condiciones mínimas para asistir a la escuela y –no menos importante– para tener un ejemplo a seguir […] las relaciones con otros jóvenes de su edad que integran su entorno, incluidos sus compañeros de escuela, vecinos y contactos relacionados con su propio interés y actividades cotidianas. Cuando alguno de estos elementos juega un papel negativo en la formación de un(a) joven, éste(a) no cuenta aún con criterios claros para hacerlo a un lado, se deja llevar hacia linderos que van desde la simple frustración, el fracaso o la mediocridad, hasta la réplica de las conductas observadas, y pasa a formar parte de redes delictivas, antisociales o de encumbramiento, como parte de grupos de poder, las cuales les aseguran impunidad para realizar acciones como las que desafortunadamente vemos todo el tiempo en nuestro país.” El problema es que nuestra reforma educativa pretende soslayar el problema por la vía de no mencionarlo, pero las tendencias allí están, se trata de incrementar la cobertura no como un tema de justicia social o de combate a la desigualdad, sino de no tener a los niños y jóvenes en las calles porque sus padres no están en casa para vigilarlos o porque no tuvieron espacio en la escuela, como simple espacio de contención, pero se pierden “detalles” importantes que cuestan y nuestros gobernantes, en su vasta ignorancia, pretenden compensar fastidiando y exprimiendo a los maestros, con grupos más numerosos, sin las condiciones adecuadas de trabajo, capacitación y descanso; además estamos peleando contra un crecimiento demográfico en la demanda, previsto desde hace años pero descuidado en los programas de gobierno.
Ser profesor en estas condiciones no es para cualquiera, por muy preparado que esté en los contenidos del programa: “empieza a ser claro que el sistema de educación media superior no sólo debe mejorar la preparación de los maestros en sus respectivas áreas del conocimiento y en su capacidad para lograr aprendizaje, sino también prepararlos para saber y querer involucrarse en las problemáticas personales, familiares y sociales, con el fin de detectar estudiantes en zonas de riesgo, para motivarlos y lograr construir con ellos verdaderas comunidades educativas. Se trata de un problema extremadamente difícil al menos por dos razones, una de carácter pedagógico y otra de carácter político. El problema pedagógico consiste en que hasta hoy la preparación de los profesores está centrada en que éstos conozcan y dominen las materias que imparten y las puedan enseñar o compartir con sus estudiantes de manera clara, y si es posible atractiva; sin embargo, lo que hoy se requiere es que los profesores jueguen un papel de consejeros que observen e investiguen el porqué de los problemas que enfrentan los alumnos. Que sean capaces de detectar con oportunidad, conductas de riesgo y desmotivación para resolver problemas que están en el entorno familiar y social de los estudiantes. Ello implica, a mi modo de ver, un tipo de maestros que hoy en la educación media superior no existe.”
viernes, 14 de junio de 2013
INEQUIDADES Y RESPONSABILIDADES
Hasta el momento de escribir este texto existía la misma versión de los hechos, más de treinta integrantes de una compañía de seguridad privada se presentaron en la comunidad o barrio de La Laborcilla, en el municipio de El Marqués y agredieron a los habitantes, como resultado un muerto y un herido grave, ambos con arma de fuego. En declaraciones del Procurador del estado, en entrevista con Andrés Estévez en 94.7 de FM, hay 34 detenidos, todos de la presunta compañía de seguridad, ninguno de los colonos porque no fue riña sino agresión directa. No se menciona el nombre de esa compañía aunque se dice que es de Jalisco, o que de allá trajeron a los agresores.
Hay que mencionar que el conflicto territorial entre El Campanario y La Laborcilla data de tiempo atrás. Según testimonios de habitantes de Hércules, donde vivió el fundador de esta última, simplemente invadió un terreno para construir su casa y con el tiempo invitó a otros a asentarse por esos rumbos, algunos terrenos “los regaló” y al parecer otros “los vendió”, pero sin tener la posesión legal de los mismos. Falta aclarar el porqué de lo dilatado del conflicto que seguramente está en alguno de los juzgados, porque en su afán por “recuperar” esos terrenos El Campanario fue obstaculizando las posibles vías de entrada y salida hasta quedar una, la que provocó el zafarrancho con consecuencias lamentables.
Como se puede ver, sin tener que ser un experto en el asunto, la legalidad fue rebasada. Ahora resulta que cualquiera puede contratar a pseudo vigilantes privados para, ejerciendo la violencia en grado máximo, hacerse justicia. Falta ver si las autoridades logran recuperar, frente al poder económico, las atribuciones que le corresponden y le fueron secuestradas, entre ellas la coerción o el ejercicio legítimo de la violencia. En la introducción de su libro Sociedad sitiada Zygmunt Bauman advierte: “La coerción será legítima mientras el árbitro la apruebe, por medio del procedimiento de arbitraje que el árbitro haya aprobado. Todo otro acto coercitivo será considerado un acto de violencia, y la misión fundamental, así como la tarea más urgente de la coerción legítima, es precisamente extirpar toda posible violencia, prevenir que se produzca y castigarla cuando ocurre”. Desafortunadamente ya estamos en el último paso porque los otros dos no se hicieron, habrá que encontrar a los responsables de esas omisiones; pero también castigar a quien autorizó, primero, y contrató después a esa turba de matones o golpeadores. Resulta infantil creer que cualquiera tiene el poder de decisión y de pago de al menos 34 personas, con transporte pesado y herramientas propias para impedir cualquier posibilidad de tránsito, allí debió haber una decisión directiva, quizás hasta colectiva.
Hemos estado insistiendo en los problemas propios de las megalópolis, de las grandes concentraciones urbanas que crecen invadiendo todo lo que encuentran a su paso, de la difícil convivencia por las tremendas desigualdades que se observan a simple vista. Es más, según información publicada en La Jornada por Juan Antonio Zúñiga el 12 de este mes y año y «Elaborada con base en los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares correspondiente a los años de 2000 y 2010, la investigación clasifica en tres “clases” la estructura social mexicana y de paso exhibe su profunda inequidad […] Los resultados del estudio, que aporta nuevos elementos al análisis de la sociedad, indican que por cada persona de “clase alta” que vive en México hay 49 de “clase baja” en los dos extremos de la estructura social mexicana.»
Por eso los fraccionamientos de la escasa población con ingresos muy altos terminan rodeados por colonias populares, por eso el jueguito de “no te dejo pasar porque atentas contra mi seguridad”, y se aíslan, se amurallan, construyen sus propios guetos, que de ser “Barrio o suburbio en que viven personas marginadas por el resto de la sociedad” pasaron a ser, por miedo y voluntad propia “Situación o condición marginal en que vive un pueblo, una clase social o un grupo de personas”. Y es que los ricachones terminan siendo presos de ellos mismos, sin saber que su enemigo no está fuera de sus altas bardas o más allá de sus casetas de vigilancia, sino dentro de sus modernos feudos.
Y es que la interdependencia es obligada. De los fraccionamientos exclusivos hay que ir a las colonias populares a conseguir los servicios más indispensables: un plomero, un albañil, una papelería, el puesto de antojitos, la cremería, la farmacia, la veterinaria, la frutería, y demás. La convivencia es necesaria pero poco tersa, de nada sirve tener camionetota si no es para estacionarse en doble y hasta triple fila para comprar un kilo de tortillas, o un cuarto de jamón “en rebanadas delgaditas”, de qué sirve el poder si no es para ordenar a los guaruras que golpeen a quien les suena el claxon cuando avientan el laminazo sin voltear a ver para ningún lado, total, hay que presumir la Porsche, la BMW, el Mercedes, la Hummer aunque no se traigan ni 50 pesos en las carteras abultadas por múltiples tarjetas de crédito que “el señor” no autoriza a usar.
Los extremos no tardarán en aparecer a menos que sepamos, todos, que la convivencia no puede seguir montada en el abuso y la arbitrariedad. Los ejemplos allí están, como el de Condado de Sayavedra en el estado de México, donde los propios guardias de seguridad atentan contra la vida de habitantes y visitantes, donde se tardan hasta una hora para entrar en horas pico porque todo se revisa con el pretexto de una tranquilidad y seguridad que no saben que ya perdieron.
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viernes, 7 de junio de 2013
HAGAMOS COMO QUE HACEMOS
viernes, 31 de mayo de 2013
DIVERSIDAD POSMODERNA
La incomprensión produce miedo. En sociedades tan numerosas como las que estamos viviendo la diversidad se ve como algo indeseable, la respuesta es construir carriles para evitar ideas y comportamientos diferentes a una “normalidad” uniforme.
Los partidos políticos que nacieron en el corporativismo, en esa imposición de fuertes intereses aparentemente comunes que había que defender contra todo y contra todos, no entienden que la fragmentación social es algo con lo que hay que lidiar, negociar, trabajar puntos de acuerdo y avanzar. Tienen tanto miedo que criminalizan la protesta en lugar de esforzarse por entenderla.
El sociólogo francés Michel Maffesoli publica en 1985 el libro titulado El tiempo de las tribus, donde propone, porque así lo percibe, que dentro de la masificación de las grandes ciudades hay un movimiento contrario a la uniformidad absoluta: “Ya no hablamos de las grandes instituciones, que eran las instituciones del Estado sino que, por el contrario, hablamos de volver de alguna manera a la base, a lo que tiene que ver con la vida cotidiana. Mi intuición se verificó porque hemos visto desarrollarse esos pequeños grupos de afinidades. Y actualmente sigo pensando que es la gran tendencia del funcionamiento de las sociedades posmodernas donde cada vez más van a constituirse esos micro-grupitos. Entonces, mi definición, si actualmente tuviera que dar una definición de la tribu, sería una definición muy básica, muy simple: compartir un gusto: un gusto sexual, musical, deportivo, religioso –digo “gusto” para demostrar que es en el fondo algo muy simple–. Y que nuestras sociedades van a ser en cierto modo una especie de mosaico de esas pequeñas tribus y que se va a participar en varias tribus. En función de mi gusto sexual, musical o religioso, yo voy a estar hoy acá, mañana en otra tribu, pasado mañana en otra”.
Contrario a lo visto por Maffesoli, nuestros gobernantes insisten en caer en la tentación de construir o regresar a las instituciones del Estado para garantizar su permanencia. Todo lo concentran en grandes membretes, en comisiones, consejos y programas que ellos deciden, que ellos integran, que ellos presentan como la única manera de enfrentar cualquier problema, la lucha contra el hambre, contra la inseguridad, por una educación de calidad, por la prevención de desastres naturales o humanos, por la productividad, contra los monopolios, para encontrar a los “desaparecidos”, o cualquier otra “causa” coyuntural que justifique la solución rápida dentro de los cauces que ellos definen como “institucionales”, porque fuera de esas instituciones, dicen, solo reina el caos y la perdición.
La “política de aparador”, como la nombró la politóloga Denise Dresser no es únicamente el uso hasta la náusea de los medios de comunicación para hacer a los gobernantes omnipresentes; aunque no hagan nada importante tienen que salir en las primeras planas, acaparar las ocho columnas, estar en la fotografía de la portada. Que no exista evento político, social, deportivo, cultural que resista su beatífico visto bueno, su irresistible sonrisa, su agudo comentario.
La ciudad de Querétaro ya rebasó al millón de habitantes, ya tiene características que la ubican dentro de la categoría de las megalópolis y su diversidad cotidiana ya se percibe como una amenaza para algunos, y esos algunos reaccionan creando campañas contra los supuestos “extraños”, esos “otros” que rompen con unas aparentes paz y moral provincianas fundadas más en el ocultamiento que en la verdadera falta de conflictos.
Por eso, por decreto, los delincuentes, los indeseables, los diferentes siempre vienen de fuera, sus vehículos portan placas de otros estados, sus documentos de identidad los marcan como ajenos a las “buenas conciencias” ─dijera Carlos Fuentes─, son abusivos, son prepotentes, no entienden la idiosincrasia local y por tanto hay que rechazarlos; y quizás lo que está pasando es que el espejo nos está regresando nuestra propia imagen. Otra vez Maffesoli ─Revista Ñ 04 de febrero del 2013─: “Yo mostré que asistíamos al fin de esas instituciones y que veíamos el surgimiento, el retorno de pequeños grupos emocionales, instituciones racionales-tribus emocionales. Donde, de alguna manera, los afectos, los sentimientos, las pasiones volvían al centro de la escena, recuperaban la importancia. Y fue por eso que propuse la imagen de la tribu. Los etnólogos, los antropólogos nos han mostrado que en la selva, la tribu era una manera de sobrevivir, para luchar contra la adversidad de los animales, de la naturaleza, etcétera. Para expresar el luchar contra la adversidad, en francés decimos serrer les coudes (estrechar filas), o sea hacerse favores, desarrollar formas de solidaridad. Y la tribu tenía esa función. Entonces yo dije: en la selva de piedra, que son las grandes megalópolis de millones de habitantes, en San Pablo, Buenos Aires, Nueva York, Tokio, etcétera, las tribus son también formas de organización de solidaridades. Esa es la idea.”
Pero contra eso se utiliza toda la maquinaria del Estado, lo que queda de él que no es poco se alinea para ofrecer el mismo discurso. Por ejemplo, todas las instituciones deben quedar dentro del programa Soluciones, las escuelas, los centros de salud, las colonias y barrios, cualquier instancia debe tener su comité que concentre la dinámica social propia, ahogándola, mutilándola, metiéndola en el laberinto burocrático y obstaculizando cualquier intento por actuar fuera de esa férrea institucionalidad. Como si no existiera otra cosa, otra solución, otra forma de pensar, de sentir y de actuar.
Pero ese anacronismo (incongruencia que consiste en situar en una época lo que pertenece a otra, según el diccionario de la RAE), no puede sostenerse por mucho tiempo, termina por cansar, por agotarse, y viene lo más indeseable, para ellos, la veleidad democrática.
domingo, 26 de mayo de 2013
PLANEANDO LA HISTORIA
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