Para evaluar la acción de un gobierno hay que comparar lo que se dice con lo que se hace, y lo que se hace con lo que se necesita. El Plan Municipal de Desarrollo 2009-2012 del municipio de Querétaro comienza con un mensaje de 17 párrafos del presidente municipal, 17 párrafos escritos de forma que no parezcan tener relación entre sí, encontrar un hilo conductor se complica pero no es imposible. Hay una primera declaración que da la pista para ello: “Es tiempo de enraizar nuestras convicciones y acciones en valores firmes, en diagnósticos precisos y en razones fundadas en el humanismo político para que, llevado al ejercicio de gobierno, genere acciones muy concretas que coloquen a la persona y a la familia, con toda su dignidad, en el centro de nuestras decisiones.” Sin mayor definición ni explicación de qué es ese “humanismo político” o a qué tipo de familia se refiere, porque la fotografía de ese núcleo social que aparece antes del mensaje, en la página 1, es una pareja mayor, de la tercera edad, con la que parece ser su hija y dos nietos, el marido de la señora pareciera que no está, que ya no existe o nunca existió, ¿es madre soltera?
El individuo por delante, la persona, no el ciudadano, no el grupo social específico al que pertenece, a él, en solitario, está dedicado el Plan Municipal de Desarrollo 2009-2012 del municipio de Querétaro: “Habremos de garantizar la seguridad y consolidar la cultura de la legalidad; responder a nuestra deuda histórica con la pobreza ocasionada por la desigualdad de oportunidades; además de generar obras y acciones al servicio de la persona que se traduzcan en mejores condiciones de vida para los habitantes del municipio.” Además hay una opinión de fondo que no sabemos de dónde sale, la pobreza no es el resultado del gobierno a favor de unos cuantos, es apenas el resultado de una “desigualdad de oportunidades” que quién sabe cómo se dio, como si no hubiera una responsabilidad y un proceso histórico de beneficio a poquitos a costa de la desatención de los muchos. Hay otro mensaje que no deja dudas, ahora sí se habla de ciudadano pero para hacerlo responsable de lo que le pasa en su presente y de lo que le vaya a pasar en ese futuro incierto: “hacer a cada ciudadano agente de su propio destino para conformar una sociedad más próspera, justa y equitativa.”
El uso del lenguaje en la política resulta paradójico, porque si comunicar significa hacer común algo, compartirlo, facilitar el acercamiento y el acuerdo, en este tipo de documentos sólo basta con que suene bonito aunque su uso, y por tanto el mensaje, sea confuso e inentendible. Por ejemplo: “El Plan Municipal de Desarrollo 2009-2012 enuncia un conjunto de políticas, estrategias y líneas de acción que en su totalidad ajustan una agenda social sin exclusiones, conformada por temas capitales para la vida municipal que articulan un camino apropiable por todos, asertivo e innovador, al alcance de presentes y futuras generaciones.” Un camino es para transitar por él, no para quedárselo, un camino no puede ser asertivo en el sentido de afirmar o dar por cierto algo, como dice el diccionario de la real academia de la lengua, o como diría el poeta, se hace camino al andar no se “articula”, pero bueno, hagamos que como entendimos algo y sigamos.
Por lo menos hace explícita la forma de organizar lo planeado: “Propicia un nuevo sentido de corresponsabilidad y un nuevo espíritu de comunidad a través de sus cuatro Ejes Estratégicos de Gobierno: Seguridad y Cultura de la Legalidad, Economía Humanista y Sustentable, Sociedad Participativa para Vivir Mejor, Excelencia en el Gobierno; todos, postulados fundamentales de acción y participación, y premisas básicas de solidaridad que habrán de guiar este proyecto de gobierno a sus mejores términos.” O sea, el individuo, la persona, el ciudadano, siempre en singular, es el motivo del plan, pero ahora aparece la “solidaridad” no como concepto integral de algo, como una cualidad o comportamiento a desarrollar, sino fracturado y sólo tomando en cuenta algunas “premisas básicas” ¿Cuáles serán y por qué la discriminación?
El documento sigue y las 4 estrategias se convierten en 3 temas, pero antes se nos aclara e informa que el origen de Querétaro es: “k’eri irétarho: “lugar del gran pueblo” o “lugar del pueblo grande”, mismo que al paso del tiempo derivó en el vocablo actual.” Si bien hay una aparente actualización en lo anterior, la reseña histórica sigue tercamente apegada a la historia oficial de los disque vencedores: “al alba del 25 de Julio de 1531, en la colina del Sangremal se encontraron frente a frente los dos bandos. Don Fernando de Tapia dio la señal de combate y trabose éste, entre ambos grupos, y en lo más enconado de la batalla, cuando el ejército conquistador desfallecía, sucedió un hecho prodigioso, con la polvareda producida por la lucha y la humareda provocada por el reventar de la pólvora se oscureció el día, como si fuera un eclipse de sol, haciéndose por ello visibles las estrellas y la lucha se prolongó sin que ninguno de los dos bandos se diera por vencido, hasta que apareció en el cielo, como a un llamado de los conquistadores, una cruz luminosa y el Apóstol Santiago Matamoros, sobre brioso corcel. Cesó la porfía y los chichimecas cedieron, abrazando la fe cristiana”.
Después de la reseña histórica, de narrar el origen del escudo y demás asuntos preliminares el documento se divide en tres grandes temas, el primero llamado diagnóstico que abarca de la página 31 a la 118, luego el titulado “Decisión” que comienza con la plataforma de gobierno que apenas da para abarcar de la página 119 a la 131 con todo y fotos y grandes espacios en blanco, el tercero titulado “Mando” de la 133 a la 137 con todo y foto de los integrantes del cabildo y adornos por el estilo, como los directorios de las dependencias, para terminar con el último punto de ese apartado que tiene que ver con el seguimiento y evaluación del plan, apenas dos paginitas.
Pero a ese ciudadano solito le queda la percepción de un gobierno municipal que derrochó sus fortalezas presupuestarias en nadie sabe qué, que comenzó con graves penurias económicas y así sigue sin que nadie nos dé una explicación, que no alcanza a mantener los servicios públicos siquiera en el nivel en que estaban en la administración anterior quizás porque está pagando los errores o desvíos presupuestarios, que los baches se multiplican y se eternizan, que la infraestructura se deteriora a ritmo alarmante y no hay mantenimiento que lo evite, que la recolección de basura es deficiente y que se está usando como pretexto para privatizar el servicio, que las grandes obras están a cargo del gobierno estatal y ni como colgarse de las mismas, que la inseguridad comienza a ser tema que preocupa, que los grandes parques inaugurados antes resultan una trampa por la falta de mantenimiento, en fin, que lo presumido antes era una burbuja que temblorosa está por estallar salpicándonos a todos.
viernes, 16 de julio de 2010
sábado, 3 de julio de 2010
SENTIDO DE URGENCIA
“La violencia aumenta por muchas razones que ya muchos sociólogos explican, pero con el tráfico de drogas no hay que ser muy ingenioso para saber quién tiene que ver.” Fernando Savater, Revista EstePaís, Junio 2010.
No es por presumir pero es algo que ya se sabía. En colaboraciones anteriores prestábamos espacio a los estudios de especialistas en el tema del narcotráfico y de la delincuencia organizada como Edgardo Buscaglia y sus advertencias, que se están cumpliendo de forma terroríficamente acertada. El asesinato del candidato priista a la gubernatura de Tamaulipas se inscribe en este macabro contexto. También el incremento en la actividad delictiva en estados considerados como “tranquilos” como es el nuestro y que en fechas recientes ha visto secuestros, hallazgos de presuntas casas de seguridad, decomiso de armamento de alto poder, asesinatos de secuestrados y policías, etc.
El señor Buscaglia anticipaba que la crueldad del narco escalaría hasta poner en riesgo cierto la gobernabilidad del país, y que sólo comenzaría a detenerse en el momento en que las élites política y económica se convencieran de que los costos de seguirla consintiendo eran mayores que las ganancias. Las primeras advertencias de que la delincuencia organizada ya estaba tocando a los integrantes de esas élites se dispararon con el secuestro y homicidio del joven Martí, después las amenazas, chantaje y cooptación de funcionarios de distintos niveles de gobierno siguiendo con la ejecución en emboscadas de integrantes de las fuerzas de seguridad. Pero nuestros empresarios queretanos siguen diciendo que son “hechos aislados”, revelando que falta ese sentido de urgencia que la situación requiere, que no quieren darse cuenta que ya no se puede convivir con la ilegalidad a pesar de las enormes sumas de dinero que esta la inyecta a una economía en permanente crisis como la mexicana.
La presidencia de la república (así, con minúsculas) quiere apagar la violencia desatada por la corrupción y la impunidad con mensajes televisivos, con huecos llamados a la unidad y con algo de cambio en la terminología utilizada hasta el momento. Veamos algunos ejemplos.
A raíz de las críticas por los excesos cometidos en aras de la recuperación de territorio, personajes como Fernando Savater, en plática a modo de entrevista con Carlos Elizondo Mayer-Serra, Federico Reyes Heroles y Jesús Silva-Herzog Márquez tuvo que venir a decirnos que: “Hay un lenguaje que se debería evitar, ese de “guerra contra el narcotráfico”. Un Estado nunca está en guerra con ninguno de sus ciudadanos. Por muy malos que sean, los Estados persiguen a los delincuentes y hacen cumplir las leyes, pero no están en guerra con sus ciudadanos. Hay que quitarle esa terminología militar que supongo puede agradar a algunos.” Y es que esa terminología se acompaña por conceptos como “daños colaterales” como se denomina a las víctimas inocentes, o se quiere justificar la ilegalidad argumentando que es necesaria para combatir a los ilegales. También se ha insistido en que el origen de todo este relajo es un sistema económico que supedita todo a la concentración de la riqueza, donde todo se vale: el tráfico de personas con fines de esclavitud, de sustancias prohibidas porque hacen daño y causan dependencia; la compra de candidatos y autoridades, los monopolios y duopolios, las privatizaciones a precios de regalo, los rescates de empresarios ineficientes y corruptos, la criminalización de la protesta social, la alianza con dirigentes sindicales transas; también se valen la pobreza, la miseria, la injusticia.
Sigamos con Savater: “…crear sociabilidad es crear las condiciones para que la gente tenga más razones para cumplir las leyes que para no cumplirlas, que la mayoría de la gente saque ventaja de la legalidad en vez de sacarla de la ilegalidad… Si el Estado no funciona inmediatamente se crea otra forma de sociabilidad, porque la gente no puede vivir sin sociedad; si no funciona la sociedad democrática, detrás funcionará otra, oscura, de economía sumergida, de violencia, de protección, etc.” No parece aventurado afirmar que esa otra sociedad, esa forma diferente a la democrática de convivir ya está entre nosotros, las muestras están en los procesos electorales de este año, las intervenciones telefónicas, el espionaje, el uso de recursos públicos para comprar el voto, el intercambio de favores de gobernadores y órganos electorales supuestamente independientes y autónomos, los delitos exhibidos con esas actividades de espionaje y que no se sancionan, el cinismo y oportunismo de los partidos políticos que sólo cuidan sus arcas y se olvidan de los ciudadanos, las decisiones polémicas de la suprema corte de justicia que se niega a señalar responsables de tragedias y ese largo etcétera que todos conocemos.
Pero le seguimos haciendo caso a nuestro vecino del norte aunque no predique con el ejemplo, “… hace treinta años, yo escribía que la cruzada irracional que promovía Estados Unidos contra las drogas no iba a acabar con las drogas pero podría acabar con las libertades de las repúblicas latinoamericanas y, desgraciadamente, todas mis profecías políticas han fallado menos ésa.” La pinza se cierra y nos exprime, por un lado el modelo económico en el que todo se vale, por el otro la pérdida de libertades con el pretexto de mantener la paz social, de “guerra” contra la delincuencia aunque a veces no se sabe quién está con quién.
Mientras, salvemos lo salvable: “El laicismo es uno de los rasgos necesarios, no es una cuestión optativa, de la democracia, es decir, dentro de una democracia las creencias religiosas o la ausencia de ellas son un derecho de cada cual, pero no es un deber de nadie, y mucho menos un deber de la sociedad. Las leyes, las discusiones, etc., deben erigirse por principios internacionales que deban comprender una persona religiosa y una no religiosa, no se pueden invocar mandatos divinos para orientar una sociedad.”
No es por presumir pero es algo que ya se sabía. En colaboraciones anteriores prestábamos espacio a los estudios de especialistas en el tema del narcotráfico y de la delincuencia organizada como Edgardo Buscaglia y sus advertencias, que se están cumpliendo de forma terroríficamente acertada. El asesinato del candidato priista a la gubernatura de Tamaulipas se inscribe en este macabro contexto. También el incremento en la actividad delictiva en estados considerados como “tranquilos” como es el nuestro y que en fechas recientes ha visto secuestros, hallazgos de presuntas casas de seguridad, decomiso de armamento de alto poder, asesinatos de secuestrados y policías, etc.
El señor Buscaglia anticipaba que la crueldad del narco escalaría hasta poner en riesgo cierto la gobernabilidad del país, y que sólo comenzaría a detenerse en el momento en que las élites política y económica se convencieran de que los costos de seguirla consintiendo eran mayores que las ganancias. Las primeras advertencias de que la delincuencia organizada ya estaba tocando a los integrantes de esas élites se dispararon con el secuestro y homicidio del joven Martí, después las amenazas, chantaje y cooptación de funcionarios de distintos niveles de gobierno siguiendo con la ejecución en emboscadas de integrantes de las fuerzas de seguridad. Pero nuestros empresarios queretanos siguen diciendo que son “hechos aislados”, revelando que falta ese sentido de urgencia que la situación requiere, que no quieren darse cuenta que ya no se puede convivir con la ilegalidad a pesar de las enormes sumas de dinero que esta la inyecta a una economía en permanente crisis como la mexicana.
La presidencia de la república (así, con minúsculas) quiere apagar la violencia desatada por la corrupción y la impunidad con mensajes televisivos, con huecos llamados a la unidad y con algo de cambio en la terminología utilizada hasta el momento. Veamos algunos ejemplos.
A raíz de las críticas por los excesos cometidos en aras de la recuperación de territorio, personajes como Fernando Savater, en plática a modo de entrevista con Carlos Elizondo Mayer-Serra, Federico Reyes Heroles y Jesús Silva-Herzog Márquez tuvo que venir a decirnos que: “Hay un lenguaje que se debería evitar, ese de “guerra contra el narcotráfico”. Un Estado nunca está en guerra con ninguno de sus ciudadanos. Por muy malos que sean, los Estados persiguen a los delincuentes y hacen cumplir las leyes, pero no están en guerra con sus ciudadanos. Hay que quitarle esa terminología militar que supongo puede agradar a algunos.” Y es que esa terminología se acompaña por conceptos como “daños colaterales” como se denomina a las víctimas inocentes, o se quiere justificar la ilegalidad argumentando que es necesaria para combatir a los ilegales. También se ha insistido en que el origen de todo este relajo es un sistema económico que supedita todo a la concentración de la riqueza, donde todo se vale: el tráfico de personas con fines de esclavitud, de sustancias prohibidas porque hacen daño y causan dependencia; la compra de candidatos y autoridades, los monopolios y duopolios, las privatizaciones a precios de regalo, los rescates de empresarios ineficientes y corruptos, la criminalización de la protesta social, la alianza con dirigentes sindicales transas; también se valen la pobreza, la miseria, la injusticia.
Sigamos con Savater: “…crear sociabilidad es crear las condiciones para que la gente tenga más razones para cumplir las leyes que para no cumplirlas, que la mayoría de la gente saque ventaja de la legalidad en vez de sacarla de la ilegalidad… Si el Estado no funciona inmediatamente se crea otra forma de sociabilidad, porque la gente no puede vivir sin sociedad; si no funciona la sociedad democrática, detrás funcionará otra, oscura, de economía sumergida, de violencia, de protección, etc.” No parece aventurado afirmar que esa otra sociedad, esa forma diferente a la democrática de convivir ya está entre nosotros, las muestras están en los procesos electorales de este año, las intervenciones telefónicas, el espionaje, el uso de recursos públicos para comprar el voto, el intercambio de favores de gobernadores y órganos electorales supuestamente independientes y autónomos, los delitos exhibidos con esas actividades de espionaje y que no se sancionan, el cinismo y oportunismo de los partidos políticos que sólo cuidan sus arcas y se olvidan de los ciudadanos, las decisiones polémicas de la suprema corte de justicia que se niega a señalar responsables de tragedias y ese largo etcétera que todos conocemos.
Pero le seguimos haciendo caso a nuestro vecino del norte aunque no predique con el ejemplo, “… hace treinta años, yo escribía que la cruzada irracional que promovía Estados Unidos contra las drogas no iba a acabar con las drogas pero podría acabar con las libertades de las repúblicas latinoamericanas y, desgraciadamente, todas mis profecías políticas han fallado menos ésa.” La pinza se cierra y nos exprime, por un lado el modelo económico en el que todo se vale, por el otro la pérdida de libertades con el pretexto de mantener la paz social, de “guerra” contra la delincuencia aunque a veces no se sabe quién está con quién.
Mientras, salvemos lo salvable: “El laicismo es uno de los rasgos necesarios, no es una cuestión optativa, de la democracia, es decir, dentro de una democracia las creencias religiosas o la ausencia de ellas son un derecho de cada cual, pero no es un deber de nadie, y mucho menos un deber de la sociedad. Las leyes, las discusiones, etc., deben erigirse por principios internacionales que deban comprender una persona religiosa y una no religiosa, no se pueden invocar mandatos divinos para orientar una sociedad.”
sábado, 26 de junio de 2010
FÚTBOL Y CRISIS
La realidad se impone y no sirven las falsas imágenes de algunos medios de comunicación que tratan de sustituirla. La derrota ante la oncena Uruguaya, un equipo luchón y digno pero que no llega a ser brillante, dejó nuestras miserias al descubierto, sin contar con los caprichos de un técnico que se ignora (¿en serio?) a qué intereses responde.
La realidad también nos apabulla con la desaparición física de memorables personajes cargados a la izquierda social, como si hiciera falta que nos recordaran los grandes déficits de inteligencia de nuestra izquierda partidista. En lo internacional fue José Saramago y su desbordante imaginación anclada a un pesimismo esperanzador, el saber que no hay mayor enemigo que el hombre mismo aunque se vista con ropajes de una religiosidad hipócrita, pero también saber que no hay otra esperanza que esta especie que crea al arte y dentro de él a la literatura. Aquí, la pérdida de Carlos Montemayor, el gran investigador y entendedor de las desesperaciones que llevan a optar por la violencia, a veces suicida y emancipadora; de Bolívar Echeverría y su filosofía a pie de tierra: “Desde un cierto ángulo, las “Fiestas del bicentenario”, más que de conmemoración, parecen fiestas de auto-protección contra el arrepentimiento”; y ahora de Carlos Monsiváis. El primero y el último con actividades que los volvieron visibles al público común y corriente, el de en medio más dedicado al ámbito académico, al de la teoría, al trabajo directo con sus alumnos.
De Monsiváis se ha escrito mucho pero no tanto como él escribió de los demás. Su inteligencia precoz y sus características familiares y personales lo hicieron vivir esa discriminación subterránea que, por encubierta, resulta más dañina y permanente si no se sabe desenmascarar a través de la ironía. Fue fiel observador e intérprete de esos movimientos sociales, tan odiados por los gobierno neoliberales pero que le dan algo de resistencia a un tejido social desgarrado por las desigualdades y sus cínicos voceros. Seguramente por eso era más conocido por el ciudadano común y corriente que encontraba, en su permanente e ingeniosa resistencia, esa falta de resignación a un estado de cosas claramente desfavorable para las minorías, que de tantas que son, ya se convirtieron en mayoría. Hablaba, escribía y hasta cantaba de lo que a “la gente” le interesaba, no por nada caracterizó a la “sociedad civil” como esa mezcla de comportamientos y ansiedades que se refugiaban en la lucha colectiva fuera de los gobiernos y de los partidos que todo acaban contaminando y pudriendo, al menos en nuestra historia reciente. De dos temas nunca escribió, de fútbol y de los toros, tampoco vio la necesidad de explicar sus razones, creía que cualquiera era capaz de entenderlas.
Pero, regresando al tema que intenta articular estos textos, las miserias futbolísticas apenas alcanzan para velar un poquito de nuestras miserias políticas y económicas. Al igual que nuestra selección, que resulta más efectiva para vender productos de sus principales patrocinadores que anotando goles u ofreciendo algo que remede a un buen espectáculo, los procesos electorales han desnudado, aún más y por si hiciera falta, el comportamiento trácala de nuestros políticos y empresarios. La mal llamada Iniciativa México busca concentrar, además de la riqueza que todos producimos pero que se nos arrebata, el poder político de un presidente que nunca supo qué era y para qué podía servir. Detrás de esa faramalla armada por el duopolio televisivo están las poquitas familias que de veras gobiernan y se aprovechan de todo, ahora van a apoderarse del trabajo de esas organizaciones de la “sociedad civil” con la carnada de recursos, que a final de cuentas, serán el veneno para matarlas o al menos atarantarlas para domesticarlas. Ni los pobres que han contribuido a crear se salvan de la ofensiva, ahora resulta que a través de sus “fundaciones” disque altruistas, van a atender a esa masa explosiva de los 10 millones de los más miserables, eso sí, sin tocar nada de los 100 mil millones de dólares de reservas del Banco de México que les sirven como seguro (para rescatarlos) si sus negocios no les resultan tan redituables.
A un mal técnico nacional le corresponde, como imagen en el espejo, un mal presidente, por eso hay que enmendarles la plana y quitarlos si no sirven, sólo que ya se adelantaron los que los van a sustituir por algo peor, total las elecciones del 2012 o el campeonato mundial del 2014 todavía deja espacio para lucrar y gozar de corrupciones e impunidades.
Nos queda el recurso de exhibirlos con sus propias palabras y contrastando sus hechos, que la ironía sirva para neutralizar su influencia y contrarrestar sus perversiones, para crear espacios de convivencia disfrutables y quizás, en un futuro no muy lejano, recuperar la esencia de la política, del deporte y la cultura a favor de todos, sin desigualdades provocadas, sin pobreza. ¿Será mucho pedir?
La realidad también nos apabulla con la desaparición física de memorables personajes cargados a la izquierda social, como si hiciera falta que nos recordaran los grandes déficits de inteligencia de nuestra izquierda partidista. En lo internacional fue José Saramago y su desbordante imaginación anclada a un pesimismo esperanzador, el saber que no hay mayor enemigo que el hombre mismo aunque se vista con ropajes de una religiosidad hipócrita, pero también saber que no hay otra esperanza que esta especie que crea al arte y dentro de él a la literatura. Aquí, la pérdida de Carlos Montemayor, el gran investigador y entendedor de las desesperaciones que llevan a optar por la violencia, a veces suicida y emancipadora; de Bolívar Echeverría y su filosofía a pie de tierra: “Desde un cierto ángulo, las “Fiestas del bicentenario”, más que de conmemoración, parecen fiestas de auto-protección contra el arrepentimiento”; y ahora de Carlos Monsiváis. El primero y el último con actividades que los volvieron visibles al público común y corriente, el de en medio más dedicado al ámbito académico, al de la teoría, al trabajo directo con sus alumnos.
De Monsiváis se ha escrito mucho pero no tanto como él escribió de los demás. Su inteligencia precoz y sus características familiares y personales lo hicieron vivir esa discriminación subterránea que, por encubierta, resulta más dañina y permanente si no se sabe desenmascarar a través de la ironía. Fue fiel observador e intérprete de esos movimientos sociales, tan odiados por los gobierno neoliberales pero que le dan algo de resistencia a un tejido social desgarrado por las desigualdades y sus cínicos voceros. Seguramente por eso era más conocido por el ciudadano común y corriente que encontraba, en su permanente e ingeniosa resistencia, esa falta de resignación a un estado de cosas claramente desfavorable para las minorías, que de tantas que son, ya se convirtieron en mayoría. Hablaba, escribía y hasta cantaba de lo que a “la gente” le interesaba, no por nada caracterizó a la “sociedad civil” como esa mezcla de comportamientos y ansiedades que se refugiaban en la lucha colectiva fuera de los gobiernos y de los partidos que todo acaban contaminando y pudriendo, al menos en nuestra historia reciente. De dos temas nunca escribió, de fútbol y de los toros, tampoco vio la necesidad de explicar sus razones, creía que cualquiera era capaz de entenderlas.
Pero, regresando al tema que intenta articular estos textos, las miserias futbolísticas apenas alcanzan para velar un poquito de nuestras miserias políticas y económicas. Al igual que nuestra selección, que resulta más efectiva para vender productos de sus principales patrocinadores que anotando goles u ofreciendo algo que remede a un buen espectáculo, los procesos electorales han desnudado, aún más y por si hiciera falta, el comportamiento trácala de nuestros políticos y empresarios. La mal llamada Iniciativa México busca concentrar, además de la riqueza que todos producimos pero que se nos arrebata, el poder político de un presidente que nunca supo qué era y para qué podía servir. Detrás de esa faramalla armada por el duopolio televisivo están las poquitas familias que de veras gobiernan y se aprovechan de todo, ahora van a apoderarse del trabajo de esas organizaciones de la “sociedad civil” con la carnada de recursos, que a final de cuentas, serán el veneno para matarlas o al menos atarantarlas para domesticarlas. Ni los pobres que han contribuido a crear se salvan de la ofensiva, ahora resulta que a través de sus “fundaciones” disque altruistas, van a atender a esa masa explosiva de los 10 millones de los más miserables, eso sí, sin tocar nada de los 100 mil millones de dólares de reservas del Banco de México que les sirven como seguro (para rescatarlos) si sus negocios no les resultan tan redituables.
A un mal técnico nacional le corresponde, como imagen en el espejo, un mal presidente, por eso hay que enmendarles la plana y quitarlos si no sirven, sólo que ya se adelantaron los que los van a sustituir por algo peor, total las elecciones del 2012 o el campeonato mundial del 2014 todavía deja espacio para lucrar y gozar de corrupciones e impunidades.
Nos queda el recurso de exhibirlos con sus propias palabras y contrastando sus hechos, que la ironía sirva para neutralizar su influencia y contrarrestar sus perversiones, para crear espacios de convivencia disfrutables y quizás, en un futuro no muy lejano, recuperar la esencia de la política, del deporte y la cultura a favor de todos, sin desigualdades provocadas, sin pobreza. ¿Será mucho pedir?
viernes, 18 de junio de 2010
FÚTBOL Y SOCIEDAD
Nuestra selección de fútbol es un reflejo exacto de nuestro país, muchos pasesitos laterales y hacia atrás, poca profundidad y nula contundencia. No es que nos “apanique” la vista inerme de la portería contraria, o que nos dé compasión el portero contrario y su familia, es que nunca terminamos lo que hacemos, lo que buenamente planeamos. O nos tiramos en la hamaca a imaginar qué bonito país seríamos si anotáramos goles y cumpliéramos con lo que debemos, o caemos en el frenesí del hacer mucho sin pensar nada. Pero a esto que parece idiosincrático, producto de “traumas históricos” no resueltos y por tanto una fatalidad contra la que no se puede hacer nada, hay solución; existe otra interpretación de las cosas, otra versión de la historia, otros ejemplos que muestran que se puede jugar bonito y ganar más de lo que se pierde. Hemos caído en un sistema de juego que no va con nuestras características físicas ni mentales, que no nos conviene ni a jugadores ni a espectadores, pero sí resulta altamente ganancioso para las televisoras, para los patrocinadores que nos hacen comprar sus productos aunque no nos sirvan ni tengamos como pagarlos y a los dueños de los equipos mejor financiados.
Toca la suerte de que este texto se escriba y entregue antes de saber el resultado del segundo partido de la selección mexicana, esta vez frente a la de Francia, que según dicen los que saben, sus jugadores tienen serios conflictos con su técnico. Lo que sí se sabe es que Uruguay goleó a los sudafricanos, lo que compromete el futuro tricolor. Lo mismo pasa en lo político y judicial. Nuestra suprema corte de justicia (así, con minúsculas) se dejó golear, teniendo la victoria al alcance les dio miedo o cayeron en la inercia de la defensa de intereses que a la mayoría no nos convienen y ya nos dimos cuenta.
Jesús Silva-Herzog Márquez lo resumió así: “Caminamos diariamente sobre la catástrofe. La superficie que pisamos es un suelo quebradizo montado sobre el charco de la simulación. Hemos pactado la farsa. El imperio de la ilegalidad nos hace a todos vulnerables pero a unos garantiza impunidad. No podemos confiar en los cimientos de la convivencia pero damos por descontado el resguardo de la clase política. No la protege solamente el poder que ejerce, ni las reglas que la escudan. La guarece esa maraña ancestral de desacatos, ese enredo de infracciones generalizadas. Los hábitos son la coartada perfecta. Bajo la confusión impera la impunidad: un alto funcionario no se hace cargo cabalmente de la institución que encabeza. La dirige pero advierte que es incapaz de controlarla. Está trepado en un animal indomable. Se pasea dando la cara por la institución, recibe los beneficios de la oficina pero se declara incapaz de domar a la bestia. La irresponsabilidad está instituida”. La esperanza se frustró, la ilusión no pasó de ser eso a pesar del dictamen del ministro Zaldivar que establecía claramente que la corte tiene “el deber de señalar con toda la fuerza de la Constitución, las violaciones a los derechos de los cuarenta y nueve niños que fallecieron y de los más de cien que sufrieron lesiones, el cinco junio de dos mil nueve en la guardería ABC, y de sus familiares, así como determinar con claridad a las autoridades que por sus omisiones o negligencias provocaron tales violaciones”. Pero otros no opinan igual y se valen de argumentos legaloides y otros que son simple retórica estúpida para eludir su deber, la corte no está a la altura de las circunstancias, ha tenido en repetidas ocasiones la oportunidad de cambiar las cosas pero no hay sensibilidad, no hay capacidad ni voluntad de liderazgo, les queda grande la alta responsabilidad que se supone que tienen, eso sí, no renuncian a sus altos salarios ni se cuestionan cuando aprovechan sus privilegios y compensaciones. Se votó en contra de un cambio en la forma de pensar y hacer las cosas, se perpetúa la irresponsabilidad y la impunidad a costa de la vida de los demás, la propuesta decía: “Pero de manera especial, es un llamado a la sociedad y a las autoridades de todo el país en el sentido de que es necesario un nuevo paradigma en la cultura política, a efecto de entender en la vida práctica y no sólo en el discurso, que ostentar un alto cargo público es más que un privilegio una responsabilidad que debe honrarse todos los días; que para el respeto pleno de los derechos fundamentales en México no hay excusas ni pretextos, por lo que toda acción u omisión grave deben ser señalada y tener consecuencias”.
Los que como padres hemos tenido que llevar a nuestros hijos a una guardería o CENDI (Centro de Desarrollo Integral) necesitamos estar seguros de que estarán bien, de que el trato que reciban será el mejor, de que su alimentación será adecuada, de que las instalaciones serán apropiadas y seguras, que el personal será suficiente y estará capacitado, que el ambiente será el mejor para que su estimulación física, emocional e intelectual contribuya a su desarrollo equilibrado y que existen responsables de que todo eso sea una realidad cotidiana. Tampoco es el caso: “De los resultados arrojados por la auditoría jurídica, practicada a las guarderías subrogadas bajo el esquema vecinal comunitario, así como de los datos obtenidos en las inspecciones oculares practicadas a una muestra representativa, la Comisión Investigadora concluye que quedó probada la hipótesis de que en el otorgamiento de los contratos, operación y vigilancia o supervisión de las guarderías existe un desorden generalizado… solamente el punto tres por ciento de las guarderías cumple cabalmente los requisitos exigidos para su funcionamiento”.
Lo que estamos viendo con las discusiones y votaciones del pleno de la tremenda corte, como decía ese personaje entrañable conocido como Trespatines, es que los ciudadanos comunes y corrientes estamos indefensos, que los funcionarios públicos de cualquier nivel no son responsables de nada, que pueden desconocer todo de lo que deben ocuparse y que no pasa nada, seguirán cobrando como si supieran y como si trabajaran. El dictamen que hemos estado citando buscaba recuperar algo que para muchos aún es importante: “La resolución que se emita no tendrá fuerza vinculante pero sí la fuerza moral del Tribunal constitucional. No adjudicará responsabilidades penales, administrativas o civiles pero sí constitucionales, éticas y políticas. No servirá para sancionar a las autoridades pero sí para señalarlas desde los valores de la Constitución y reprobarlas con ese peso. En suma, tendrá como objetivo primero y último el velar por el respeto a los derechos fundamentales y por la integridad de la Constitución”.
Otra oportunidad perdida.
Toca la suerte de que este texto se escriba y entregue antes de saber el resultado del segundo partido de la selección mexicana, esta vez frente a la de Francia, que según dicen los que saben, sus jugadores tienen serios conflictos con su técnico. Lo que sí se sabe es que Uruguay goleó a los sudafricanos, lo que compromete el futuro tricolor. Lo mismo pasa en lo político y judicial. Nuestra suprema corte de justicia (así, con minúsculas) se dejó golear, teniendo la victoria al alcance les dio miedo o cayeron en la inercia de la defensa de intereses que a la mayoría no nos convienen y ya nos dimos cuenta.
Jesús Silva-Herzog Márquez lo resumió así: “Caminamos diariamente sobre la catástrofe. La superficie que pisamos es un suelo quebradizo montado sobre el charco de la simulación. Hemos pactado la farsa. El imperio de la ilegalidad nos hace a todos vulnerables pero a unos garantiza impunidad. No podemos confiar en los cimientos de la convivencia pero damos por descontado el resguardo de la clase política. No la protege solamente el poder que ejerce, ni las reglas que la escudan. La guarece esa maraña ancestral de desacatos, ese enredo de infracciones generalizadas. Los hábitos son la coartada perfecta. Bajo la confusión impera la impunidad: un alto funcionario no se hace cargo cabalmente de la institución que encabeza. La dirige pero advierte que es incapaz de controlarla. Está trepado en un animal indomable. Se pasea dando la cara por la institución, recibe los beneficios de la oficina pero se declara incapaz de domar a la bestia. La irresponsabilidad está instituida”. La esperanza se frustró, la ilusión no pasó de ser eso a pesar del dictamen del ministro Zaldivar que establecía claramente que la corte tiene “el deber de señalar con toda la fuerza de la Constitución, las violaciones a los derechos de los cuarenta y nueve niños que fallecieron y de los más de cien que sufrieron lesiones, el cinco junio de dos mil nueve en la guardería ABC, y de sus familiares, así como determinar con claridad a las autoridades que por sus omisiones o negligencias provocaron tales violaciones”. Pero otros no opinan igual y se valen de argumentos legaloides y otros que son simple retórica estúpida para eludir su deber, la corte no está a la altura de las circunstancias, ha tenido en repetidas ocasiones la oportunidad de cambiar las cosas pero no hay sensibilidad, no hay capacidad ni voluntad de liderazgo, les queda grande la alta responsabilidad que se supone que tienen, eso sí, no renuncian a sus altos salarios ni se cuestionan cuando aprovechan sus privilegios y compensaciones. Se votó en contra de un cambio en la forma de pensar y hacer las cosas, se perpetúa la irresponsabilidad y la impunidad a costa de la vida de los demás, la propuesta decía: “Pero de manera especial, es un llamado a la sociedad y a las autoridades de todo el país en el sentido de que es necesario un nuevo paradigma en la cultura política, a efecto de entender en la vida práctica y no sólo en el discurso, que ostentar un alto cargo público es más que un privilegio una responsabilidad que debe honrarse todos los días; que para el respeto pleno de los derechos fundamentales en México no hay excusas ni pretextos, por lo que toda acción u omisión grave deben ser señalada y tener consecuencias”.
Los que como padres hemos tenido que llevar a nuestros hijos a una guardería o CENDI (Centro de Desarrollo Integral) necesitamos estar seguros de que estarán bien, de que el trato que reciban será el mejor, de que su alimentación será adecuada, de que las instalaciones serán apropiadas y seguras, que el personal será suficiente y estará capacitado, que el ambiente será el mejor para que su estimulación física, emocional e intelectual contribuya a su desarrollo equilibrado y que existen responsables de que todo eso sea una realidad cotidiana. Tampoco es el caso: “De los resultados arrojados por la auditoría jurídica, practicada a las guarderías subrogadas bajo el esquema vecinal comunitario, así como de los datos obtenidos en las inspecciones oculares practicadas a una muestra representativa, la Comisión Investigadora concluye que quedó probada la hipótesis de que en el otorgamiento de los contratos, operación y vigilancia o supervisión de las guarderías existe un desorden generalizado… solamente el punto tres por ciento de las guarderías cumple cabalmente los requisitos exigidos para su funcionamiento”.
Lo que estamos viendo con las discusiones y votaciones del pleno de la tremenda corte, como decía ese personaje entrañable conocido como Trespatines, es que los ciudadanos comunes y corrientes estamos indefensos, que los funcionarios públicos de cualquier nivel no son responsables de nada, que pueden desconocer todo de lo que deben ocuparse y que no pasa nada, seguirán cobrando como si supieran y como si trabajaran. El dictamen que hemos estado citando buscaba recuperar algo que para muchos aún es importante: “La resolución que se emita no tendrá fuerza vinculante pero sí la fuerza moral del Tribunal constitucional. No adjudicará responsabilidades penales, administrativas o civiles pero sí constitucionales, éticas y políticas. No servirá para sancionar a las autoridades pero sí para señalarlas desde los valores de la Constitución y reprobarlas con ese peso. En suma, tendrá como objetivo primero y último el velar por el respeto a los derechos fundamentales y por la integridad de la Constitución”.
Otra oportunidad perdida.
viernes, 11 de junio de 2010
FÚTBOL A DEBATE
“Hay mucha desconfianza hacia el fútbol desde su origen. Un poco porque se ha considerado una expresión casi animalesca, y otro poco por la desconfianza que el intelectual siente hacia la masa. Y también porque el fútbol expresa pasiones, y entre la reflexión y la pasión hay siempre una desconfianza mutua. Todo eso ha ido cambiando con el paso del tiempo, hasta el punto de que hoy los futbolistas son auténticos referentes sociales, lo que tiene que ver con cierta infantilización de la sociedad.” Jorge Valdano.
Un mes para atascarse de fútbol, un mes para olvidarse de los problemas cotidianos y “enajenarse” con lo que alguna vez se llamara “el juego del hombre” haciendo eco de esa “animalidad” a que se refiere el exjugador argentino con quien comenzamos este texto, aunque ahora lo juegan también las mujeres. Al momento de redactar este artículo ignoramos el resultado del partido inaugural, no sabemos si las esperanzas y el orgullo nacional depositado en 11 pares de botines resultaron premiados con un triunfo, o se quedaron en la pausa, más parecida a un purgatorio, del empate; o si resultaron vapuleados con una derrota.
Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, enajenar tiene entre sus significados al menos dos que se pueden aplicar sin mayor problema a este deporte, el primero es: “Sacar a alguien fuera de sí, entorpecerle o turbarle el uso de la razón o de los sentidos”, y eso es lo que en muchos logrará la transmisión de los juegos del campeonato mundial, a través de los medios de comunicación masiva, desde un lugar para nosotros tan remoto como Sudáfrica; no tendremos más tema que las alineaciones, los resultados propios y ajenos, las estadísticas muchas veces inútiles. El segundo es: “Extasiar, embelesar, producir asombro o admiración”, y es que el fútbol además de deporte cuando se practica tiene que ser un espectáculo cuando se ve jugar, buscamos esa jugada, ese jugador, esas genialidades individuales y de equipo, ese resultado sorpresivo, ese gol casi imposible y logrado por la chispa, la estrategia o la destreza técnica.
Pero la distancia que existe entre la intelectualidad y ese deporte de masas es real, aunque los factores de ese alejamiento se deben más a la manera en que se comercializa y se utiliza hasta políticamente, que a su propia dinámica. Para explicarnos estos temas recurrimos a Jorge Valdano, exjugador, extécnico, comentarista, directivo de equipos importantes y que utilizó al fútbol para desarrollarse en todos los ámbitos posibles. Tan amplia es su cultura que ha leído a Borges, ese maravilloso escritor que resultara desconocido para nuestra ignorante clase política ―recordar a Vicente Fox―. “Borges dijo, entre otras cosas, que el hombre había pasado de jugar al ajedrez a jugar al fútbol, y que eso era un signo de degradación social (pero es que) El fútbol tiene tics conservadores y autoritarios, tal vez porque es un juego primario, con un punto de brutalidad evidente. Alguien que pretenda reflexionar sobre el fenómeno del fútbol no tiene buena aceptación.”
A fin de cuentas, o más bien al principio de ellas, el deporte de las patadas tiene un origen y desarrollo que da para mucho más de lo que parece, es organizado, tiene reglas claras, sanciones casi inmediatas para cualquier infracción de las mismas, lo que ocurre sucede frente a los ojos de miles de espectadores, aunque algunos de los dueños y directivos se empeñan en ocultar y transar fuera del terreno de juego.
Hay que aprovechar las ventajas y aprender a eludir las desventajas: “Mi punto de partida ha sido el fútbol. Ahí me han plantado y ahí germiné. Lo considero como una escuela. Es uno de esos medios donde uno aprende sin tener conciencia de la enseñanza: aprende a relacionarse, a repartir roles, aprende la superación personal… Hay muchos mensajes implícitos que a través del juego se van incorporando como enseñanza. Pero además yo aproveché el fútbol para ramificarme. He conocido gente que de tan admirada era inalcanzable, con la que tengo una relación estrecha, y de la que también aprendo. Entre las ventajas del fútbol hay una invalorable y es que te deja libre mucho tiempo. Yo lo he aprovechado para leer, para curiosear, eso ha completado mi formación. Y como todos terminamos ocupando un lugar en el paisaje mediático, a mí me tocó ser una especie de vaso comunicante entre el fútbol y la cultura”.
Decíamos que los medios de comunicación, por sus características propias, ocultan y desaparecen aspectos positivos del deporte organizado como es el que tratamos: “Yo creo que hay un lenguaje hecho de imagen, derivado de la televisión, en el que las cosas son instantáneas. Vemos un chico jugando al fútbol en el parque, y en la imagen siguiente ya está dentro del gran estadio, como si en medio no hubiera montañas de sacrificio y de esfuerzo. Eso me parece peligrosísimo y desmoralizador para la gente joven. Además, no se tiene en cuenta que los emergentes más famosos son personas con un talento extraordinario, pero que incluso ellos han tenido que superar situaciones límite... ¿A quién le interesa la formación integral de un chico que todavía no está en el primer equipo? Cuando llega allí, vive durante quince años una adolescencia prolongada e irreal, y la siguiente pregunta es: ¿A quién le interesa un ex -futbolista? Sólo interesa la productividad, la fama. Estamos en un tiempo en el que, además, la fama otorga derechos; da igual cómo se consiga. Y eso ayuda a la confusión general. Se habla muy poco de la dimensión ética del fútbol, cuando es un emisor de mensajes muy poderosos, que habría que aprovechar para difundir valores”. Ese es el tema, nuestros futbolistas no tienen fama de cultos, no han sabido aprovechar esos espacios y las oportunidades para trascender fuera de los brevísimos 90 minutos semanales de estar frente a las cámaras, a los directivos y entrenadores tampoco les interesa lo que hagan mientras no afecte su rendimiento físico y aparecen los efectos indeseables, para algunos el fin justifica los medios, afortunadamente hay opiniones contrarias: “Hay una perversión que es el famoso ganar como sea. Termina siendo un atajo hacia la droga, la violencia, la trampa… Esa es la parte que debería estar prohibida. Ganar es importantísimo, pero los medios que se emplean son igual de importantes. Y hay medios lícitos e ilícitos, nobles e innobles. Si al ganador, sea cual sea el medio que ha empleado, lo consideramos impune, estamos cometiendo un error terrible”.
Vivimos una cultura de masas, los medios de comunicación masiva terminan por deformar la realidad y promoviendo valores opuestos a los que necesitamos, por eso, ahora y siempre que estemos participando en un partido, al nivel que sea, o sufriendo y gozando como espectadores, no debemos olvidar algo que es básico y que el conocido como el “filósofo” del fútbol transmite mejor que nadie: “Para mí la esencia del fútbol es la búsqueda de la excelencia a través del reto colectivo. A partir de ahí, uno debe encontrar el conjunto de derechos y deberes del buen competidor. Y eso no existe en estos momentos. Tú vas a ver a un equipo y dices no me gusta, pero ganó. ¿Y se termina la discusión sólo porque ganó? Yo estoy en el fútbol porque me gusta convertirlo en un lugar de debate sobre lo que es bueno, lo que es malo, lo que es bello, lo que es feo, lo que es noble y lo que es innoble”.
Aprovechemos para debatir.
Un mes para atascarse de fútbol, un mes para olvidarse de los problemas cotidianos y “enajenarse” con lo que alguna vez se llamara “el juego del hombre” haciendo eco de esa “animalidad” a que se refiere el exjugador argentino con quien comenzamos este texto, aunque ahora lo juegan también las mujeres. Al momento de redactar este artículo ignoramos el resultado del partido inaugural, no sabemos si las esperanzas y el orgullo nacional depositado en 11 pares de botines resultaron premiados con un triunfo, o se quedaron en la pausa, más parecida a un purgatorio, del empate; o si resultaron vapuleados con una derrota.
Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, enajenar tiene entre sus significados al menos dos que se pueden aplicar sin mayor problema a este deporte, el primero es: “Sacar a alguien fuera de sí, entorpecerle o turbarle el uso de la razón o de los sentidos”, y eso es lo que en muchos logrará la transmisión de los juegos del campeonato mundial, a través de los medios de comunicación masiva, desde un lugar para nosotros tan remoto como Sudáfrica; no tendremos más tema que las alineaciones, los resultados propios y ajenos, las estadísticas muchas veces inútiles. El segundo es: “Extasiar, embelesar, producir asombro o admiración”, y es que el fútbol además de deporte cuando se practica tiene que ser un espectáculo cuando se ve jugar, buscamos esa jugada, ese jugador, esas genialidades individuales y de equipo, ese resultado sorpresivo, ese gol casi imposible y logrado por la chispa, la estrategia o la destreza técnica.
Pero la distancia que existe entre la intelectualidad y ese deporte de masas es real, aunque los factores de ese alejamiento se deben más a la manera en que se comercializa y se utiliza hasta políticamente, que a su propia dinámica. Para explicarnos estos temas recurrimos a Jorge Valdano, exjugador, extécnico, comentarista, directivo de equipos importantes y que utilizó al fútbol para desarrollarse en todos los ámbitos posibles. Tan amplia es su cultura que ha leído a Borges, ese maravilloso escritor que resultara desconocido para nuestra ignorante clase política ―recordar a Vicente Fox―. “Borges dijo, entre otras cosas, que el hombre había pasado de jugar al ajedrez a jugar al fútbol, y que eso era un signo de degradación social (pero es que) El fútbol tiene tics conservadores y autoritarios, tal vez porque es un juego primario, con un punto de brutalidad evidente. Alguien que pretenda reflexionar sobre el fenómeno del fútbol no tiene buena aceptación.”
A fin de cuentas, o más bien al principio de ellas, el deporte de las patadas tiene un origen y desarrollo que da para mucho más de lo que parece, es organizado, tiene reglas claras, sanciones casi inmediatas para cualquier infracción de las mismas, lo que ocurre sucede frente a los ojos de miles de espectadores, aunque algunos de los dueños y directivos se empeñan en ocultar y transar fuera del terreno de juego.
Hay que aprovechar las ventajas y aprender a eludir las desventajas: “Mi punto de partida ha sido el fútbol. Ahí me han plantado y ahí germiné. Lo considero como una escuela. Es uno de esos medios donde uno aprende sin tener conciencia de la enseñanza: aprende a relacionarse, a repartir roles, aprende la superación personal… Hay muchos mensajes implícitos que a través del juego se van incorporando como enseñanza. Pero además yo aproveché el fútbol para ramificarme. He conocido gente que de tan admirada era inalcanzable, con la que tengo una relación estrecha, y de la que también aprendo. Entre las ventajas del fútbol hay una invalorable y es que te deja libre mucho tiempo. Yo lo he aprovechado para leer, para curiosear, eso ha completado mi formación. Y como todos terminamos ocupando un lugar en el paisaje mediático, a mí me tocó ser una especie de vaso comunicante entre el fútbol y la cultura”.
Decíamos que los medios de comunicación, por sus características propias, ocultan y desaparecen aspectos positivos del deporte organizado como es el que tratamos: “Yo creo que hay un lenguaje hecho de imagen, derivado de la televisión, en el que las cosas son instantáneas. Vemos un chico jugando al fútbol en el parque, y en la imagen siguiente ya está dentro del gran estadio, como si en medio no hubiera montañas de sacrificio y de esfuerzo. Eso me parece peligrosísimo y desmoralizador para la gente joven. Además, no se tiene en cuenta que los emergentes más famosos son personas con un talento extraordinario, pero que incluso ellos han tenido que superar situaciones límite... ¿A quién le interesa la formación integral de un chico que todavía no está en el primer equipo? Cuando llega allí, vive durante quince años una adolescencia prolongada e irreal, y la siguiente pregunta es: ¿A quién le interesa un ex -futbolista? Sólo interesa la productividad, la fama. Estamos en un tiempo en el que, además, la fama otorga derechos; da igual cómo se consiga. Y eso ayuda a la confusión general. Se habla muy poco de la dimensión ética del fútbol, cuando es un emisor de mensajes muy poderosos, que habría que aprovechar para difundir valores”. Ese es el tema, nuestros futbolistas no tienen fama de cultos, no han sabido aprovechar esos espacios y las oportunidades para trascender fuera de los brevísimos 90 minutos semanales de estar frente a las cámaras, a los directivos y entrenadores tampoco les interesa lo que hagan mientras no afecte su rendimiento físico y aparecen los efectos indeseables, para algunos el fin justifica los medios, afortunadamente hay opiniones contrarias: “Hay una perversión que es el famoso ganar como sea. Termina siendo un atajo hacia la droga, la violencia, la trampa… Esa es la parte que debería estar prohibida. Ganar es importantísimo, pero los medios que se emplean son igual de importantes. Y hay medios lícitos e ilícitos, nobles e innobles. Si al ganador, sea cual sea el medio que ha empleado, lo consideramos impune, estamos cometiendo un error terrible”.
Vivimos una cultura de masas, los medios de comunicación masiva terminan por deformar la realidad y promoviendo valores opuestos a los que necesitamos, por eso, ahora y siempre que estemos participando en un partido, al nivel que sea, o sufriendo y gozando como espectadores, no debemos olvidar algo que es básico y que el conocido como el “filósofo” del fútbol transmite mejor que nadie: “Para mí la esencia del fútbol es la búsqueda de la excelencia a través del reto colectivo. A partir de ahí, uno debe encontrar el conjunto de derechos y deberes del buen competidor. Y eso no existe en estos momentos. Tú vas a ver a un equipo y dices no me gusta, pero ganó. ¿Y se termina la discusión sólo porque ganó? Yo estoy en el fútbol porque me gusta convertirlo en un lugar de debate sobre lo que es bueno, lo que es malo, lo que es bello, lo que es feo, lo que es noble y lo que es innoble”.
Aprovechemos para debatir.
sábado, 5 de junio de 2010
EL PENSAMIENTO LÍQUIDO
Hay muchos indicios de que, a diferencia de sus padres y abuelos, los jóvenes tienden a abandonar la concepción "cíclica" y "lineal" del tiempo y a volver a un modelo "puntillista": el tiempo se pulveriza en una serie desordenada de "momentos", cada uno de los cuales se vive solo, tiene un valor que puede desvanecerse con la llegada del momento siguiente y tiene poca relación con el pasado y con el futuro. Como la fluidez endémica de las condiciones tiene la mala costumbre de cambiar sin previo aviso, la atención tiende a concentrarse en aprovechar al máximo el momento actual en lugar de preocuparse por sus posibles consecuencias a largo plazo. Cada punto del tiempo, por más efímero que sea, puede resultar otro "big bang", pero no hay forma de saber qué punto con anticipación, de modo que, por las dudas, hay que explorar cada uno a fondo. Zygmunt Bauman Premio Príncipe de Asturias en Comunicación y Humanidades 2010.
En una época como la actual, donde hasta los intelectuales se quejan de que hay poca producción de ideas que sirvan para explicarnos lo que sucede, el trabajo analítico del sociólogo polaco nacido en Poznan en 1925 pero avecindado en Gran Bretaña desde hace muchos años por el antisemitismo que lo exilió de su país de origen, es una bocanada de aire fresco en esa atmósfera asfixiante, soporífera, de una supuesta no ideología.
Según el periodista argentino Héctor Pavón, lo que dispara la visión teórica de Bauman es un suplemento de un medio de comunicación escrito inglés, así lo narra: How to spend it.... Cómo gastarlo. Ese es el nombre de un suplemento del diario británico Financial Times. Ricos y poderosos lo leen para saber qué hacer con el dinero que les sobra. Constituyen una pequeña parte de un mundo distanciado por una frontera infranqueable. En ese suplemento alguien escribió que en un mundo en el que "cualquiera" se puede permitir un auto de lujo, aquellos que apuntan realmente alto "no tienen otra opción que ir a por uno mejor...". La desigualdad a todo lo que da. Unos poquitos que no encuentran en qué gastar una minúscula parte de todo lo que han acumulado gracias a un sistema económico que se nos presentó como el único posible después de la caída del muro de Berlín. Ese capitalismo turbo que analiza la sociología alemana y que produce estragos a lo largo y ancho del único planeta en que podemos vivir.
En ese tiempo que carece de fluidez porque está constituido por una gran cantidad de episodios de vida que aparecen desconectados unos de otros, donde el esfuerzo empeñado en el presente no garantiza nada en el futuro, ni siquiera la posibilidad de seguir estudiando, ni un empleo seguro, ni un ingreso digno y permanente, ni una familia estable, ni una vida saludable física y emocionalmente, ni vivienda propia, ni escapar de caer en la miseria, ni el gozo, ni el disfrute, ni nada. Por eso ese tiempo que aparece como miríadas de puntos, sin relación unos con otros, hay que exprimirlos al máximo. ¿Para qué quemarse las pestañas leyendo, estudiando, haciendo tareas? Si se puede estar en el chupe, en la fiesta, en el consumo desmedido de alcohol y de otras sustancias aunque sean adictivas. ¿Para qué practicar la abstinencia o una sexualidad responsable? Si la oportunidad de tener sexo se presenta casi sin previo aviso y de la misma forma se puede perder para siempre, no importan las consecuencias como los embarazos no deseados, las enfermedades de transmisión sexual, la pérdida de un proyecto de vida que no existe más que en la mente de los mayores que no entienden la urgencia por vivir lo que se tiene, porque quizás mañana no se tenga.
Por eso los esfuerzos, más voluntaristas y plagados de supuestas buenas intenciones, por reforzar una moral religiosa o laica se estrellan contra una realidad que las rebasa, no es que carezcamos de valores, es que el sistema económico y sus provocadas desigualdades están determinando nuestra manera de pensar y comportarnos, la incertidumbre sobre nuestro futuro más inmediato produce tensiones sociales que no sabemos resolver.
El propio Bauman nos contextualiza y es tan actual que parece que está refiriéndose a nuestra circunstancia mexicana: Cada época y cada tipo de sociedad tiene sus propios problemas específicos y sus pesadillas, y crea sus propias estratagemas para manejar sus propios miedos y angustias. En nuestra época, la angustia aterradora y paralizante tiene sus raíces en la fluidez, la fragilidad y la inevitable incertidumbre de la posición y las perspectivas sociales. Por un lado, se proclama el libre acceso a todas las opciones imaginables (de ahí las depresiones y la autocondena: debo tener algún problema si no consigo lo que otros lograron); por otro lado, todo lo que ya se ganó y se obtuvo es nuestro "hasta nuevo aviso" y podría retirársenos y negársenos en cualquier momento. La angustia resultante permanecería con nosotros mientras la "liquidez" siga siendo la característica de la sociedad. Nuestros abuelos lucharon con valentía por la libertad. Nosotros parecemos cada vez más preocupados por nuestra seguridad personal... Todo indica que estamos dispuestos a entregar parte de la libertad que tanto costó a cambio de mayor seguridad.
Para colmo, existe una desvinculación creciente entre la política (y los políticos) con las necesidades e intereses de las mayorías, por eso abominamos a los partidos políticos y a sus cúpulas que sólo persiguen sus propios intereses y entrar (infructuosamente) a esas pequeñas élites económicas que concentran la riqueza que se produce socialmente, de allí la tendencia de privatizar hasta los servicios públicos más básicos e indispensables y la tentación de seguir presentando los mismos turbios personajes –véase la presentación de Emilio Gamboa Patrón como propuesta de líder de organizaciones populares― para amparar más de lo mismo.
Estudiosos como Bauman, Touraine y otros más que no se han dejado absorber por esa aspiradora que es el neoliberalismo, hacen su trabajo e intentan explicarnos lo que nos pasa hasta en nuestra vida diaria y cómo y por qué nos relacionamos con los otros, toca nuestro turno el conocerlos, el intentar darle “fluidez” a la vida, lograr que el esfuerzo, el aprendizaje, la originalidad, los valores y el trabajo legal y honesto sean las fuentes principales de bienestar; y no esa dispersión temporal que propicia y justifica la impunidad, la delincuencia y la concentración desmedida e insultante de riqueza.
En una época como la actual, donde hasta los intelectuales se quejan de que hay poca producción de ideas que sirvan para explicarnos lo que sucede, el trabajo analítico del sociólogo polaco nacido en Poznan en 1925 pero avecindado en Gran Bretaña desde hace muchos años por el antisemitismo que lo exilió de su país de origen, es una bocanada de aire fresco en esa atmósfera asfixiante, soporífera, de una supuesta no ideología.
Según el periodista argentino Héctor Pavón, lo que dispara la visión teórica de Bauman es un suplemento de un medio de comunicación escrito inglés, así lo narra: How to spend it.... Cómo gastarlo. Ese es el nombre de un suplemento del diario británico Financial Times. Ricos y poderosos lo leen para saber qué hacer con el dinero que les sobra. Constituyen una pequeña parte de un mundo distanciado por una frontera infranqueable. En ese suplemento alguien escribió que en un mundo en el que "cualquiera" se puede permitir un auto de lujo, aquellos que apuntan realmente alto "no tienen otra opción que ir a por uno mejor...". La desigualdad a todo lo que da. Unos poquitos que no encuentran en qué gastar una minúscula parte de todo lo que han acumulado gracias a un sistema económico que se nos presentó como el único posible después de la caída del muro de Berlín. Ese capitalismo turbo que analiza la sociología alemana y que produce estragos a lo largo y ancho del único planeta en que podemos vivir.
En ese tiempo que carece de fluidez porque está constituido por una gran cantidad de episodios de vida que aparecen desconectados unos de otros, donde el esfuerzo empeñado en el presente no garantiza nada en el futuro, ni siquiera la posibilidad de seguir estudiando, ni un empleo seguro, ni un ingreso digno y permanente, ni una familia estable, ni una vida saludable física y emocionalmente, ni vivienda propia, ni escapar de caer en la miseria, ni el gozo, ni el disfrute, ni nada. Por eso ese tiempo que aparece como miríadas de puntos, sin relación unos con otros, hay que exprimirlos al máximo. ¿Para qué quemarse las pestañas leyendo, estudiando, haciendo tareas? Si se puede estar en el chupe, en la fiesta, en el consumo desmedido de alcohol y de otras sustancias aunque sean adictivas. ¿Para qué practicar la abstinencia o una sexualidad responsable? Si la oportunidad de tener sexo se presenta casi sin previo aviso y de la misma forma se puede perder para siempre, no importan las consecuencias como los embarazos no deseados, las enfermedades de transmisión sexual, la pérdida de un proyecto de vida que no existe más que en la mente de los mayores que no entienden la urgencia por vivir lo que se tiene, porque quizás mañana no se tenga.
Por eso los esfuerzos, más voluntaristas y plagados de supuestas buenas intenciones, por reforzar una moral religiosa o laica se estrellan contra una realidad que las rebasa, no es que carezcamos de valores, es que el sistema económico y sus provocadas desigualdades están determinando nuestra manera de pensar y comportarnos, la incertidumbre sobre nuestro futuro más inmediato produce tensiones sociales que no sabemos resolver.
El propio Bauman nos contextualiza y es tan actual que parece que está refiriéndose a nuestra circunstancia mexicana: Cada época y cada tipo de sociedad tiene sus propios problemas específicos y sus pesadillas, y crea sus propias estratagemas para manejar sus propios miedos y angustias. En nuestra época, la angustia aterradora y paralizante tiene sus raíces en la fluidez, la fragilidad y la inevitable incertidumbre de la posición y las perspectivas sociales. Por un lado, se proclama el libre acceso a todas las opciones imaginables (de ahí las depresiones y la autocondena: debo tener algún problema si no consigo lo que otros lograron); por otro lado, todo lo que ya se ganó y se obtuvo es nuestro "hasta nuevo aviso" y podría retirársenos y negársenos en cualquier momento. La angustia resultante permanecería con nosotros mientras la "liquidez" siga siendo la característica de la sociedad. Nuestros abuelos lucharon con valentía por la libertad. Nosotros parecemos cada vez más preocupados por nuestra seguridad personal... Todo indica que estamos dispuestos a entregar parte de la libertad que tanto costó a cambio de mayor seguridad.
Para colmo, existe una desvinculación creciente entre la política (y los políticos) con las necesidades e intereses de las mayorías, por eso abominamos a los partidos políticos y a sus cúpulas que sólo persiguen sus propios intereses y entrar (infructuosamente) a esas pequeñas élites económicas que concentran la riqueza que se produce socialmente, de allí la tendencia de privatizar hasta los servicios públicos más básicos e indispensables y la tentación de seguir presentando los mismos turbios personajes –véase la presentación de Emilio Gamboa Patrón como propuesta de líder de organizaciones populares― para amparar más de lo mismo.
Estudiosos como Bauman, Touraine y otros más que no se han dejado absorber por esa aspiradora que es el neoliberalismo, hacen su trabajo e intentan explicarnos lo que nos pasa hasta en nuestra vida diaria y cómo y por qué nos relacionamos con los otros, toca nuestro turno el conocerlos, el intentar darle “fluidez” a la vida, lograr que el esfuerzo, el aprendizaje, la originalidad, los valores y el trabajo legal y honesto sean las fuentes principales de bienestar; y no esa dispersión temporal que propicia y justifica la impunidad, la delincuencia y la concentración desmedida e insultante de riqueza.
LAS REACCIONES
LAS REACCIONES
Joaquín Córdova Rivas
La “desaparición” de Diego Fernández de Cevallos, la falta de información oficial verás y el “retiro” de las instancias legales de investigación han dejado varias pistas para que el imaginario colectivo las recorra prácticamente sin restricciones.
A la “valentía” de señor feudal que permitía circular por las vías públicas sin escoltas se opone la percepción de que se le protegía estrechamente vía satélite, que de allí las tijeras manchadas de sangre con su tipo específico, que se supone fueron usadas para quitar el chip localizador subcutáneo, acción que volvió simple escenografía los vuelos de los aviones equipados con radar especializado ¿en qué? A la reacción inmediata de las procuradurías, del ejército y del gabinete federal que convirtieron en un hervidero de policías el municipio de Pedro Escobedo esperando conseguir un resultado rápido, le siguió el retiro vergonzoso que, sin decirlo, admite que la primera estrategia resultó fallida y que corregirla implicaba irse hasta el otro extremo. Después… el sospechosismo al buscarle una relación con otros casos simultáneos, como la liberación de la exesposa del Chapo Guzmán y la otra “desaparición”, la de “el Coronel”, supuesto lugarteniente del mismo personaje que se reportó detenido un día y al siguiente nadie sabía de él. Pero todo es especulación.
Lo que más ha polarizado la opinión de los columnistas y articulistas de los medios de comunicación ha sido la reacción de los ciudadanos expresada a través de los comentarios a las pocas notas informativas y por el uso de las redes sociales en internet. Por ejemplo Lydia Cacho señala en su columna de El Universal: “Está claro que hay casos que por sus características son más mediáticos que otros y que las reacciones sociales ante la desaparición del abogado revelan la pluralidad de sentimientos de la sociedad; algunos por burdos o soeces que nos parezcan muestran la radiografía emocional de un país que, por un lado demuestra su hartazgo ante la violencia extrema y por otro una ira largamente contenida producto de los abusos de poder, las inequidades, la pobreza, el racismo y el rampante descaro de la oligarquía a la que el desaparecido pertenece”. Sara Sefchovich, después de que algunos de sus colegas compartiera con ella algunos de esos comentarios refrenda su postura: “Me encontré con que la mayor parte de quienes mandan sus comentarios para que se suban a la página, no dicen nada que merezca la pena leerse y en cambio suman la prepotencia y grosería a la ignorancia y la mala ortografía. Decidí entonces no leerlos más. Y lo he venido cumpliendo desde hace buen rato”. Pero cerrar los ojos, los oídos y el resto de los sentidos quizás sirva para seguir escribiendo “inteligentemente” desde el gabinete, pero se ignora a parte significativa de ese lector real que no tiene la misma educación, la misma humanidad y consideración que el escribiente, que seguramente sufre desde hace años las consecuencias de un sistema político cínico que ahora quiere imponer sus héroes, sus ejemplos, hacer sus propias beatificaciones.
Desde otra perspectiva, desde la que impone el desarrollo tecnológico y los cambios en los medios de comunicación, Jesus Silva-Herzog Márquez explica y se lamenta: “El intelectual nace de un público que lee. Necesitó del instrumento de la imprenta para formar una comunidad de lectores a la que se le puede exigir atención. El intelectual del que habla Bourdieu en su ensayo contra la televisión es capaz de definir el tema del que habla, el tono en el que escribe, la extensión de su alegato. Pero cuando es capturado en la pecera mediática, el pensador se convierte en otro profesional del entretenimiento. La televisión, decía Bourdieu, no puede ser transporte del pensamiento. Al delimitar el tema, al demandar concisión y velocidad, al empuñar constantemente la amenaza del reloj, la televisión impone superficialidad”.
Casi lo mismo podemos decir del lector que busca expresarse, Twitter apenas admite 140 espacios para escribir algo, además hay que esperar un tiempo entre un textito y otro. Los espacios en las páginas electrónicas de los diarios que todavía permiten el acceso libremente tampoco son ilimitados, apenas somos lectores y algunos ya quieren que seamos escritores, sin tomar en cuenta que la escritura requiere de un esfuerzo mayor, de una habilidad que hay que desarrollar con la práctica continua, que la ortografía se logra con la lectura de buenos textos. Si los lectores y escritores nos ignoramos mutuamente nos volveremos esquizofrénicos, porque a final de cuentas somos los mismos.
En fin, sea cualquiera el resultado del “caso Diego” no podemos ignorar las reacciones, descalificar a los hartos, molestos, enojados, groseros, insensibles o como se quiera llamarles impide comprender la reacción de esa parte de la ciudadanía que al menos encontró la forma de expresarse. Podemos tomar como conclusión provisional la misma que Lydia Cacho: “Las reacciones, algunas compasivas, otras crueles o cínicas, ante la desaparición de Diego nos recuerdan todas las complejidades de una sociedad que batalla por reconstruirse en un contexto en que las reglas no se respetan y las leyes no se cumplen. En la que el esfuerzo individual por hacer lo que es ético pierde importancia ante la facilidad de incurrir en cotidianos actos de corrupción. Leyendo a quienes celebran la desaparición del político, imagino que será su manera de corroborar que nadie está a salvo en México, ni ellos ni nos. Vaya triste consuelo”.
Joaquín Córdova Rivas
La “desaparición” de Diego Fernández de Cevallos, la falta de información oficial verás y el “retiro” de las instancias legales de investigación han dejado varias pistas para que el imaginario colectivo las recorra prácticamente sin restricciones.
A la “valentía” de señor feudal que permitía circular por las vías públicas sin escoltas se opone la percepción de que se le protegía estrechamente vía satélite, que de allí las tijeras manchadas de sangre con su tipo específico, que se supone fueron usadas para quitar el chip localizador subcutáneo, acción que volvió simple escenografía los vuelos de los aviones equipados con radar especializado ¿en qué? A la reacción inmediata de las procuradurías, del ejército y del gabinete federal que convirtieron en un hervidero de policías el municipio de Pedro Escobedo esperando conseguir un resultado rápido, le siguió el retiro vergonzoso que, sin decirlo, admite que la primera estrategia resultó fallida y que corregirla implicaba irse hasta el otro extremo. Después… el sospechosismo al buscarle una relación con otros casos simultáneos, como la liberación de la exesposa del Chapo Guzmán y la otra “desaparición”, la de “el Coronel”, supuesto lugarteniente del mismo personaje que se reportó detenido un día y al siguiente nadie sabía de él. Pero todo es especulación.
Lo que más ha polarizado la opinión de los columnistas y articulistas de los medios de comunicación ha sido la reacción de los ciudadanos expresada a través de los comentarios a las pocas notas informativas y por el uso de las redes sociales en internet. Por ejemplo Lydia Cacho señala en su columna de El Universal: “Está claro que hay casos que por sus características son más mediáticos que otros y que las reacciones sociales ante la desaparición del abogado revelan la pluralidad de sentimientos de la sociedad; algunos por burdos o soeces que nos parezcan muestran la radiografía emocional de un país que, por un lado demuestra su hartazgo ante la violencia extrema y por otro una ira largamente contenida producto de los abusos de poder, las inequidades, la pobreza, el racismo y el rampante descaro de la oligarquía a la que el desaparecido pertenece”. Sara Sefchovich, después de que algunos de sus colegas compartiera con ella algunos de esos comentarios refrenda su postura: “Me encontré con que la mayor parte de quienes mandan sus comentarios para que se suban a la página, no dicen nada que merezca la pena leerse y en cambio suman la prepotencia y grosería a la ignorancia y la mala ortografía. Decidí entonces no leerlos más. Y lo he venido cumpliendo desde hace buen rato”. Pero cerrar los ojos, los oídos y el resto de los sentidos quizás sirva para seguir escribiendo “inteligentemente” desde el gabinete, pero se ignora a parte significativa de ese lector real que no tiene la misma educación, la misma humanidad y consideración que el escribiente, que seguramente sufre desde hace años las consecuencias de un sistema político cínico que ahora quiere imponer sus héroes, sus ejemplos, hacer sus propias beatificaciones.
Desde otra perspectiva, desde la que impone el desarrollo tecnológico y los cambios en los medios de comunicación, Jesus Silva-Herzog Márquez explica y se lamenta: “El intelectual nace de un público que lee. Necesitó del instrumento de la imprenta para formar una comunidad de lectores a la que se le puede exigir atención. El intelectual del que habla Bourdieu en su ensayo contra la televisión es capaz de definir el tema del que habla, el tono en el que escribe, la extensión de su alegato. Pero cuando es capturado en la pecera mediática, el pensador se convierte en otro profesional del entretenimiento. La televisión, decía Bourdieu, no puede ser transporte del pensamiento. Al delimitar el tema, al demandar concisión y velocidad, al empuñar constantemente la amenaza del reloj, la televisión impone superficialidad”.
Casi lo mismo podemos decir del lector que busca expresarse, Twitter apenas admite 140 espacios para escribir algo, además hay que esperar un tiempo entre un textito y otro. Los espacios en las páginas electrónicas de los diarios que todavía permiten el acceso libremente tampoco son ilimitados, apenas somos lectores y algunos ya quieren que seamos escritores, sin tomar en cuenta que la escritura requiere de un esfuerzo mayor, de una habilidad que hay que desarrollar con la práctica continua, que la ortografía se logra con la lectura de buenos textos. Si los lectores y escritores nos ignoramos mutuamente nos volveremos esquizofrénicos, porque a final de cuentas somos los mismos.
En fin, sea cualquiera el resultado del “caso Diego” no podemos ignorar las reacciones, descalificar a los hartos, molestos, enojados, groseros, insensibles o como se quiera llamarles impide comprender la reacción de esa parte de la ciudadanía que al menos encontró la forma de expresarse. Podemos tomar como conclusión provisional la misma que Lydia Cacho: “Las reacciones, algunas compasivas, otras crueles o cínicas, ante la desaparición de Diego nos recuerdan todas las complejidades de una sociedad que batalla por reconstruirse en un contexto en que las reglas no se respetan y las leyes no se cumplen. En la que el esfuerzo individual por hacer lo que es ético pierde importancia ante la facilidad de incurrir en cotidianos actos de corrupción. Leyendo a quienes celebran la desaparición del político, imagino que será su manera de corroborar que nadie está a salvo en México, ni ellos ni nos. Vaya triste consuelo”.
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