Este lunes terminan las vacaciones escolares, las cifras de alumnos que regresarán a las aulas es impresionante, tan sólo en nuestro estado y refiriéndonos a la educación básica son más de 415 mil abarcando la pública y privada. Los niveles superiores ya tienen dos semanas de actividad escolar y en esta etapa histórica de bono demográfico las cifras son, también, casi increíbles, tan sólo el sistema Colegio de Bachilleres anda por los 25 mil alumnos y no hay, todavía, una cifra exacta porque se siguen inscribiendo y hay una buena cantidad de primer ingreso en calidad de “oyentes” porque les falta terminar el proceso de entrega de documentación.
Como sea, el número de estudiantes da una pequeña idea del talento y las capacidades que se pueden y deben desarrollar en el aula. Desafortunadamente tenemos deudas sociales pendientes en lo referente al derecho a la educación.
Me explico. Es frecuente que las autoridades educativas festejen las cifras de cobertura que ha alcanzado el sistema educativo nacional, pero detrás de esos porcentajes casi fabulosos están escondidos rezagos graves que no hemos querido ver. El informe titulado “El Derecho a la Educación en México” presentado por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), revela datos importantes citados por la investigadora educativa Leticia Araujo en la Revista Educación 2001 de julio de este año, como estos: “de cada 100 niños de 6 a 11 años, 98 asisten a la escuela. Al ser este un alto porcentaje, pareciera que la cobertura está casi resuelta, sin embargo, lo anterior es cierto sólo para el 88% de quienes entre 4 y 5 años, para 92% de los de 12 a 14, y para 65% de los de 15 a 17 años. Las cifras de niños que no asisten a la escuela son significativas: poco más de 480 mil de 4 a 5 años; 240 mil de 6 a 11; 574 mil de 12 a 14 años y 2.4 millones de 15 a 17. La inasistencia a la escuela va de entre 20 y 30 por ciento de los niños de 5 a 14 años de edad”. Es decir, el problema no es sólo de cobertura, sino de cómo la desigualdad social le está pegando a la asistencia escolar y al incumplimiento de ese derecho a la educación.
Pero el derecho a la educación no se refiere sólo a los que no pueden asistir a la escuela aunque la tengan relativamente cerca, también abarca a la adquisición de saberes y aprendizajes que resulten relevantes para los que sí asisten y a los que no se podría acceder fuera de la escuela. Es decir, se demuestra que la escuela es indispensable para el desarrollo integral de los escolapios. Lo anterior nos lleva a considerar los índices de reprobación y deserción como algo más que simples números. Un maestro que tiene altos niveles de reprobación porque no es capaz de lograr aprendizajes relevantes de sus alumnos, no sólo está atentando contra los indicadores académicos de la institución para la que trabaja, sino que está atentando contra el derecho a la educación de los alumnos puestos bajo su cargo y responsabilidad, y no se trata de regalar calificaciones para que todos pasen, sino de lograr esos aprendizajes que marcan la diferencia entre como iniciaron el ciclo escolar y como lo terminaron. Por eso es un crimen que las instituciones educativas mantengan dentro de su plantilla laboral a esos maestros que, además de no cumplir con los objetivos de la institución, tampoco, y más grave, garantizan que los alumnos que tienen en el aula logren esos aprendizajes o desarrollen esas competencias que les serán indispensables en su vida actual y futura. Ejemplos de esa ineficacia y corrupción hay muchos, seguramente se nos viene más de un nombre a la cabeza mientras leemos este texto.
La desigualdad económica y social también penetra nuestras escuelas, baste decir que “seis de cada diez escuelas del área rural o indígena no cuentan con drenaje ni agua entubada mientras que el área urbana, 15% de los planteles tienen problemas con estos servicios”.
Regresemos a lo local y a la necesidad de que los sistemas educativos funcionen de forma más o menos coherente entre sí, porque si una parte se disloca todos los elementos restantes a su alrededor pierden el equilibrio y se ven afectados. Parece ser el caso del Colegio de Bachilleres del Estado de Querétaro (COBAQ), en colaboraciones anteriores insistimos en que la oficina del gobernador debiera poner atención a lo que ocurre dentro de ese sistema de educación media superior, por su tamaño, por el número de alumnos que atiende, por su importancia para el desarrollo del estado. Da la impresión de que en lugar de avanzar existen retrocesos. Desde el inicio de esta administración, desde las oficinas centrales del COBAQ se corrió la versión de que su director no duraría mucho en el cargo, que suspiraba por irse al Instituto Politécnico Nacional y que su puesto actual sólo era una estación de paso, que sólo se preocuparía por colocar a su gente desplazando a quien fuera, de hecho ya hubo artículos periodísticos en otros medios dando cuenta de algunas presuntas irregularidades, hasta desplegados se pagaron, la respuesta ha sido el silencio y la instauración de prácticas que parecen poco lógicas. Por ejemplo, la cuota por semestre que abarca la inscripción o reinscripción es de 825 pesos, más, en algunos casos el pago por uso del laboratorio de informática que es de 220 pesos, para dar un total de 1 mil 45 pesos, pero tan sólo el costo del uniforme deportivo que es obligatorio es de 800 pesos, a lo que hay que sumar lo que cuesta el uniforme de diario, entre los dos rebasan el costo de inscripción semestral. Hace no mucho, los ingresos producto de la renta de las cafeterías eran para sufragar los gastos más urgentes de cada plantel, ahora todo lo concentran las oficinas centrales y esos recursos no regresan en materiales y servicios, mientras, en los planteles no hay butacas suficientes, se tienen alumnos con sillas que no tienen donde recargarse para escribir o apoyados en tablones para 10 personas, no hay para marcadores ni papelería, no hay para actualizar los equipos de cómputo; se inauguran instalaciones que carecen de laboratorios, con los puros cascarones de aulas. Las cada vez más precarias condiciones no han afectado significativamente el trabajo porque los docentes y administrativos hacen milagros con lo poco que tienen, pero de seguir las cosas como van el sistema COBAQ tendrá graves daños que repercutirán en sus estudiantes.
Dislocada la dirección general los demás elementos se afectan, hasta el sindicato (STSPE) anda pidiendo públicamente la cabeza de directores de plantel y de funcionarios administrativos en lugar de exigir la desaparición de prácticas que atentan contra el buen clima laboral y los derechos de los trabajadores sin solapar corrupciones e ineficiencias, señalar personas en particular lo pone, innecesariamente, en plan de juez y parte, porque si se le cumple con las destituciones que pide y llega alguien peor, poco podrá hacer para inconformarse puesto que se hizo lo que pidió. Además, a río revuelto ganancia de oportunistas. En fin, ojalá que ahora sí se tomen medidas acordes con la importancia de la educación media superior pública, la que se paga con nuestros impuestos, en lugar de responder a la presión de grupos políticos que piden el pago de facturas con cargo al derecho a la educación.
sábado, 21 de agosto de 2010
sábado, 14 de agosto de 2010
JÓVENES Y GLOBALIZACIÓN
Durante años estuvimos esperando la fecha, era el momento en que el país tendría, producto de los cambios en el perfil poblacional y por las políticas que sobre el sector se implementaron, la mayoría de su población ubicada entre los 15 y los 29 años de edad. Todos los cálculos demográficos indicaban que en este año nuestra población juvenil sería mayoría en los centros de estudios y en la planta productiva; eso tendría al menos dos efectos importantes, por un lado, en las aulas de las instituciones de educación media y superior se estarían formando los mexicanos del siglo 21, los que sacarían al país de sus tradicionales y lacerantes rezagos históricos y, por el otro, serían la fuerza laboral indispensable para producir con calidad y cantidad suficientes, para poner a México en el mapa de la modernidad, además de que con sus participaciones solidarias en los fondos de pensiones los mayores tendríamos garantizado el derecho a una jubilación digna y bien merecida, y con el pago de sus impuestos las instituciones de salud, educación y demás tendrían recursos más que suficientes para seguir operando.
Pero la realidad propone y nuestros gobernantes lo descomponen. Nuestro “bono demográfico” al que nos referimos antes, en lugar de convertirse en una esperanza cumplida se convirtió en un problema más. La generación de los “ninis”, jóvenes que ni estudian ni trabajan y que algo tienen que hacer, es el saldo de incorrectas e irresponsables políticas públicas apoyadas en modelos económicos impuestos a través de la globalización.
Llegamos pues a este 2010 desesperanzados y con los siguientes datos sobre nuestra población juvenil, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) y en el marco del Día Internacional de la Juventud, “En el país 14.9 millones de hombres y mujeres jóvenes se encuentran en pobreza, 3.3 millones en pobreza extrema y 12.1 millones son vulnerables por carencias sociales”, toda una debacle porque le pega no sólo a esa generación sino a las más viejas que se debaten entre la inseguridad laboral, la degradación de sus ingresos y nivel de vida, y el desmantelamiento de las instituciones y las prestaciones sociales ya ganadas, que debieran asegurar su bienestar para los años por venir.
Las cifras son dolorosas por injustas y apabullantes: “Los jóvenes en pobreza tienen en promedio 1.9 carencias sociales, de las cuales 18.1 por ciento tenían rezago educativo; 44.7 no contaban con acceso a los servicios de salud; 68 por ciento no tenían acceso a la seguridad social; 18.1 presentaban carencia en la calidad y en los espacios en la vivienda.
Mientras que 19.1% no tenían acceso a los servicios básicos en la vivienda, y 22% por acceso a la alimentación”. Nuestros jóvenes no tienen trabajo seguro, ni salario remunerador, ni acceso suficiente a las instituciones educativas de niveles superiores, por tanto tampoco tienen derecho a la vivienda --¿con qué la pagan o consiguen prestado si no tienen un trabajo estable?—ni derecho a la salud porque muchos ya son mayores de edad y no siguen estudiando, no porque no quieran sino porque no hay cupo y, sin trabajo ni estudio pues cómo consiguen para comer.
Pero las “transformaciones” sociales que estamos padeciendo son por apegarse estrictamente a políticas económicas, sociales y de seguridad que no nos sirven. El investigador Daniel Cohen da cuenta de esos cambios y sus efectos de manera sintética y entendible: “En la antigua fábrica fordista, el trabajador era siempre un trabajador (si trabajan es que no están bebiendo, como dijo Ford) siguiera la trayectoria que siguiera. En el mundo que vemos desplegarse hoy, se corre permanentemente el riesgo de “perderlo todo”. El profesional de alto nivel, depositario de un saber “único”, puede sufrir un descenso repentino y brutal al volverse incompetente por la aparición de una nueva tecnología; un trabajador “específico” es, por definición, alguien que lo arriesga todo ante la posibilidad de que su compañía caiga en bancarrota o decida que sus trabajadores se han vuelto redundantes. Finalmente, el tercer tipo de capital, acumulado en el transcurso de la vida individual, puede acabar perdiéndose cuando los trabajadores son excluidos a perpetuidad del mercado laboral y caen en el círculo vicioso de la pobreza y la desocialización”. Cualquier semejanza con la realidad que viven los trabajadores de Luz y Fuerza del Centro, de los pilotos y sobrecargos de Mexicana, por mencionar sólo los más visibles y recientes, no es mera coincidencia.
Y entonces, como resultado de ese desgarramiento en el tejido social, de ese olvido de la solidaridad, aparece como propuesta engañosa el individualismo, el que cada quien se rasque con sus propias uñas, la sensación de irresponsabilidad y fracaso personal por no tener lo que antes se consideraba debería de estar garantizado por instituciones sociales comunes y en las que participábamos todos.
Esa orfandad social que vuelve exclusivamente personales los fracasos en las políticas sociales y económicas de todo un país, un continente o de un modelo de mundo global que sólo atiende a los intereses de los más ricos e insensibles.
¿Cómo recuperar esa vida en sociedad? Donde todos nos hacemos responsables de todos, donde pesa más lo que nos hace iguales respetando nuestras diferencias, donde forjamos un destino común. El profesor de sociología de la universidad de Leeds en Inglaterra Zygmunt Bauman (La sociedad sitiada) lo expresa así: “Lo que parece haberse esfumado (si ha sido para siempre o sólo por el momento, es algo que queda aún por descubrir) es la imagen de la sociedad como “propiedad común” de sus miembros, cuyo cuidado, dirección y administración es posible concebir, al menos en un principio, en común; la creencia de que cualquier cosa que cada uno de los miembros haga o se abstenga de hacer es relevante tanto para la sociedad como un todo como para cada individuo en particular; así como se ha esfumado la confianza de que “juntos podemos hacerlo” y la convicción de que hacerlo o no hacerlo hacen una diferencia, la única diferencia que en verdad cuenta”.
Por eso no podemos ser indiferentes a lo que pasa con nuestros jóvenes, nuestros viejos, los trabajadores y desempleados, los niños y los discapacitados, debemos recuperar ese destino común pero ahora a una escala planetaria, porque la globalización llegó para quedarse y porque se puede aprovechar para beneficio de todos. Pero para eso, los beneficios sólo para unos cuantos deben desaparecer, y no se van a dejar sólo con palabras.
viernes, 6 de agosto de 2010
LA NARCOGUERRA EN LOS MEDIOS
“No hemos sabido explicar qué estamos haciendo, por qué lo estamos haciendo, qué es lo que estamos viendo a nuestro alrededor; no tenemos tampoco el control de la información estatal […] la comunicación no ha sido propiamente lo fuerte […] créanme que no hay mucho tiempo para la reflexión y el análisis.” Felipe Calderón Hinojosa en la segunda sesión del “Diálogo por la seguridad” realizada el 03 de Agosto del 2010.
Cualquiera se preguntaría, cómo es posible en las condiciones planteadas arriba se haya declarado una “guerra” contra el narcotráfico y la delincuencia organizada.
Pero vamos por partes. Un conflicto interno del tamaño que estamos viendo y con las consecuencias macabras resultantes, según el CISEN 28 mil asesinatos en lo que va del sexenio actual, se enfrenta en diferentes campos de batalla, uno de ellos y de los más importantes es la percepción de la ciudadanía y aquí el papel de los medios de comunicación es crucial.
Hace casi dos años, el dos de septiembre del 2008, el mismo Felipe Calderón declaró y sus palabras fueron difundidas por todos los medios impresos y electrónicos, que: “parte del compromiso que hemos pedido a los medios en no caer en la propia estrategia comunicacional del crimen organizado, que también libra contra nosotros una guerra mediática. No voy a entrar ahorita a la responsabilidad de los medios, pero hay un tema… sabemos exactamente por qué les está doliendo y qué les está doliendo del tema, y la estrategia, precisamente, marca el error de engancharse en su propia lógica mediática”. Lo que significa que se han perdido por lo menos dos años en establecer una estrategia eficaz para que la comunicación generada desde el gobierno federal pueda contrarrestar la percepción de que se libra una guerra –ahora llamada lucha—, que se declaró abiertamente por motivos que tenían más que ver con darle legitimidad a un gobierno emanado de un proceso electoral seriamente cuestionado, con poca información de inteligencia, con cuerpos de seguridad infiltrados y con la complicidad de poderosos integrantes de las esferas políticas, empresariales y religiosas a quienes no se ha tocado. Pero también, que el echarle la culpa a los medios de los errores gubernamentales en cuanto a la cobertura de ese conflicto no el algo nuevo.
En una minuciosa investigación el comunicólogo Raúl López Parra, quien además es editor de la Revista Mexicana de Comunicación de la Fundación Manuel Buendía A.C., nos dice que: “En toda guerra se pelea en dos frentes, el físico y el simbólico. Las acciones bélicas se acompañan de propaganda cuyo fin es acelerar la rendición del enemigo, minando su moral, cuando se difunden las derrotas, y sembrando miedo, cuando se publicita la violencia. La guerra del gobierno federal contra el crimen organizado no ha sido la excepción. Quien aventaja en esta guerra mediática gana la percepción sobre el acontecimiento. Las percepciones de la opinión pública están construidas a partir de la conjunción de hechos, discursos e imágenes. Los medios de comunicación dan forma a estos tres elementos en sus contenidos” (RMC mayo-junio 2009). El mismo autor ubica el inicio formal de esta guerra en los medios con la entrevista de Carlos Loret de Mola, en vivo y desde el penal de La Palma, al jefe del cártel del golfo Osiel Cárdenas Guillén el 18 de octubre del 2004 donde se acusaba a los funcionarios encargados de la seguridad de proteger al Chapo Guzmán y su organización además de difundir acusaciones de corrupción y complicidad entre esas dos partes. A la osadía de tener acceso a un noticiero televisivo nacional desde un penal de alta seguridad el gobierno foxista respondió difundiendo las imágenes de los internos de La Palma, formados en el patio del mismo y escuchando las nuevas medidas disciplinarias a que serían sometidos.
De esas imágenes del 2004 a las de Felipe Calderón pasando revista a las tropas de la base militar en Apatzingán Michoacán (11 de diciembre del 2006) ataviado con gorra y chaqueta militar apenas pasaron un poquito más de dos años, tiempo más que suficiente para articular una política de comunicación que sirviera como contrapeso a las “narcomantas” y a los videos difundidos a través de YouTube y después reproducidos por algunos medios nacionales y extranjeros, subidos por los diferentes cárteles con un evidente afán mediático. Bueno, pues dadas las lamentaciones presidenciales ese tiempo no se aprovechó, incluso han entrado al quite revistas como Forbes que ubican al Chapo Guzmán como uno de los más ricos del mundo y del país, y hasta el presidente estadunidense Barack Obama quien comparara a Calderón con Elliot Ness aunque terminara de forma más que lapidaria: “Con frecuencia eso causa más violencia, y estamos viendo que eso está aflorando”.
Los vaivenes comunicativos de una y otra parte, la necesidad de posicionarse favorablemente ante una opinión pública cada vez más crítica ha tomado a los medios de sorpresa, a pesar de las experiencias internacionales que podían ayudar a prever lo que estamos viendo ahora: el amedrentamiento, el asesinato, el secuestro de periodistas para forzar a sus medios a transmitir “mensajes” que impacten de determinada manera a una ciudadanía que siente lo duro y lo tupido y que ha convertido al trabajo del periodista en uno de los más peligrosos en este país.
Ojalá que los profesionales de la comunicación, que los medios para los que trabajan y los ciudadanos a los que sirven manteniéndolos informados, puedan formar un frente común que evite la pérdida de libertades en un entorno poco apto para su ejercicio.
Cualquiera se preguntaría, cómo es posible en las condiciones planteadas arriba se haya declarado una “guerra” contra el narcotráfico y la delincuencia organizada.
Pero vamos por partes. Un conflicto interno del tamaño que estamos viendo y con las consecuencias macabras resultantes, según el CISEN 28 mil asesinatos en lo que va del sexenio actual, se enfrenta en diferentes campos de batalla, uno de ellos y de los más importantes es la percepción de la ciudadanía y aquí el papel de los medios de comunicación es crucial.
Hace casi dos años, el dos de septiembre del 2008, el mismo Felipe Calderón declaró y sus palabras fueron difundidas por todos los medios impresos y electrónicos, que: “parte del compromiso que hemos pedido a los medios en no caer en la propia estrategia comunicacional del crimen organizado, que también libra contra nosotros una guerra mediática. No voy a entrar ahorita a la responsabilidad de los medios, pero hay un tema… sabemos exactamente por qué les está doliendo y qué les está doliendo del tema, y la estrategia, precisamente, marca el error de engancharse en su propia lógica mediática”. Lo que significa que se han perdido por lo menos dos años en establecer una estrategia eficaz para que la comunicación generada desde el gobierno federal pueda contrarrestar la percepción de que se libra una guerra –ahora llamada lucha—, que se declaró abiertamente por motivos que tenían más que ver con darle legitimidad a un gobierno emanado de un proceso electoral seriamente cuestionado, con poca información de inteligencia, con cuerpos de seguridad infiltrados y con la complicidad de poderosos integrantes de las esferas políticas, empresariales y religiosas a quienes no se ha tocado. Pero también, que el echarle la culpa a los medios de los errores gubernamentales en cuanto a la cobertura de ese conflicto no el algo nuevo.
En una minuciosa investigación el comunicólogo Raúl López Parra, quien además es editor de la Revista Mexicana de Comunicación de la Fundación Manuel Buendía A.C., nos dice que: “En toda guerra se pelea en dos frentes, el físico y el simbólico. Las acciones bélicas se acompañan de propaganda cuyo fin es acelerar la rendición del enemigo, minando su moral, cuando se difunden las derrotas, y sembrando miedo, cuando se publicita la violencia. La guerra del gobierno federal contra el crimen organizado no ha sido la excepción. Quien aventaja en esta guerra mediática gana la percepción sobre el acontecimiento. Las percepciones de la opinión pública están construidas a partir de la conjunción de hechos, discursos e imágenes. Los medios de comunicación dan forma a estos tres elementos en sus contenidos” (RMC mayo-junio 2009). El mismo autor ubica el inicio formal de esta guerra en los medios con la entrevista de Carlos Loret de Mola, en vivo y desde el penal de La Palma, al jefe del cártel del golfo Osiel Cárdenas Guillén el 18 de octubre del 2004 donde se acusaba a los funcionarios encargados de la seguridad de proteger al Chapo Guzmán y su organización además de difundir acusaciones de corrupción y complicidad entre esas dos partes. A la osadía de tener acceso a un noticiero televisivo nacional desde un penal de alta seguridad el gobierno foxista respondió difundiendo las imágenes de los internos de La Palma, formados en el patio del mismo y escuchando las nuevas medidas disciplinarias a que serían sometidos.
De esas imágenes del 2004 a las de Felipe Calderón pasando revista a las tropas de la base militar en Apatzingán Michoacán (11 de diciembre del 2006) ataviado con gorra y chaqueta militar apenas pasaron un poquito más de dos años, tiempo más que suficiente para articular una política de comunicación que sirviera como contrapeso a las “narcomantas” y a los videos difundidos a través de YouTube y después reproducidos por algunos medios nacionales y extranjeros, subidos por los diferentes cárteles con un evidente afán mediático. Bueno, pues dadas las lamentaciones presidenciales ese tiempo no se aprovechó, incluso han entrado al quite revistas como Forbes que ubican al Chapo Guzmán como uno de los más ricos del mundo y del país, y hasta el presidente estadunidense Barack Obama quien comparara a Calderón con Elliot Ness aunque terminara de forma más que lapidaria: “Con frecuencia eso causa más violencia, y estamos viendo que eso está aflorando”.
Los vaivenes comunicativos de una y otra parte, la necesidad de posicionarse favorablemente ante una opinión pública cada vez más crítica ha tomado a los medios de sorpresa, a pesar de las experiencias internacionales que podían ayudar a prever lo que estamos viendo ahora: el amedrentamiento, el asesinato, el secuestro de periodistas para forzar a sus medios a transmitir “mensajes” que impacten de determinada manera a una ciudadanía que siente lo duro y lo tupido y que ha convertido al trabajo del periodista en uno de los más peligrosos en este país.
Ojalá que los profesionales de la comunicación, que los medios para los que trabajan y los ciudadanos a los que sirven manteniéndolos informados, puedan formar un frente común que evite la pérdida de libertades en un entorno poco apto para su ejercicio.
viernes, 30 de julio de 2010
ES UN ESCÁNDALO
Tan pronto se conocieron se desataron las críticas, los resultados del examen nacional de conocimientos y habilidades docentes 2010-2011 reflejan sólo una parte del derrumbe del sistema educativo mexicano. Las cifras parecen dejar poco a la duda, según el reporte oficial y atendiendo a los resultados globales, apenas 39 mil 143 sustentantes de un total de 145 mil 983 alcanzaron un desempeño calificado como “aceptable”, en lenguaje común y corriente y para el consumo en los medios masivos de comunicación ese desempeño se tradujo en “aprobado” y constituye el 26.8 por ciento, lo que en automático se convirtió en la nota principal de periódicos y revistas que no dudaron en titular: “73 por ciento de profesores reprobados”.
Sin embargo hay varios factores más que hay que considerar. Primero, que sólo presentaron dicha prueba los que quisieron concursar a una plaza diferente a la que ya tienen o que la tendrán por primera vez, no el total de la planta magisterial que es mucho más numerosa. Segundo, que el desempeño de un docente es imposible medirlo con sólo una prueba escrita dado que su actividad básica es frente a un grupo de alumnos, no sentado en un escritorio y atendiendo preguntas de opción múltiple. Tercero, que dicho examen apenas reconoce tres tipos de resultados: aceptable, elegible (condicionado a nivelación académica) y no aceptable; en este último caso se encuentra apenas el 1.52 por ciento del total. Meter a los elegibles en una inexistente categoría de “reprobados” parece un exceso por evidente falta de precisión.
Quizás un poco más preciso pudiera ser el número o porcentaje de aciertos en dicho examen, aunque también existieron de dos tipos, para docentes en servicio y para los de nuevo ingreso, aunque resulta obvio que un promedio es sólo eso, y que existen resultados individuales distribuidos hacia arriba y hacia abajo del mismo. Pero además, en el caso queretano se le olvidó a nuestra secretaría de educación (por lo menos hasta el miércoles 28 de julio) advertir que nuestro estado ocupa, otra vez, el primer lugar en la tabla que consigna el “porcentaje promedio de aciertos según tipo de concurso por entidad” con un 60.18 mientras que el promedio nacional fue de 54.31. Si sólo atendemos a este indicador, a cualquiera se le puede ocurrir decir que “en promedio” sólo los “concursantes” o “aspirantes” de Querétaro pasaron el examen, porque ningún otro estado tiene un promedio arriba de 60 (el que más se acerca es Colima con el 58.26 y el más bajo es Tabasco con el 47.1).
Hay otras combinaciones que aparecen en las tablas de resultados del informe que comentamos y que si no se saben interpretar pueden dar lugar a percepciones equivocadas, baste lo señalado como ejemplo de que no es fácil llegar a conclusiones si no se toman en cuenta una serie de variables que, por sintetizar la información, se omiten quizás de forma poco responsable.
Pero no todo es tan malo como parece. Apenas va a alcanzar el espacio para contrastar esos datos con los obtenidos en otras formas de evaluación, por ejemplo el “Estudio Internacional sobre enseñanza y aprendizaje de la OCDE” (Organización para la Cooperación y el Desempeño Económico) aplicado a docentes y directores de escuelas secundarias generales, técnicas y privadas de 24 países, mejor conocido como TALIS, nos da a conocer, entre otras muchas cosas, que: “México tuvo el porcentaje más alto de maestros trabajando en escuelas en donde el director reportó los disturbios en clase como un factor de entorpecimiento para la educación, con un 72%. Un porcentaje mayor de maestros reportó llegadas tarde y absentismos (cerca del 80% respectivamente) como un comportamiento importante de los estudiantes que entorpece la calidad de su educación. Maestros mexicanos reportan que el 70% del tiempo de clase se ocupa en la enseñanza y aprendizaje mientras que el 17% del mismo se pierde a causa de las tareas administrativas (media nacional 9%), y el 13% se ocupa poniendo orden en el salón”. Sobre esos factores –trabajo administrativo, principalmente el llenado de formatos que exigen los sistemas de calidad; las ausencias y los retardos de los alumnos; los problemas cada vez más frecuentes de disciplina dentro y fuera del salón de clases—, los docentes tienen poco control. A pesar de lo anterior: “México tiene el porcentaje más alto de maestros entre los países de TALIS, quienes están totalmente de acuerdo en que pueden progresar con los estudiantes más difíciles, y del mismo modo, desarrollar su capacidad para comunicarse con ellos. México también reporta el porcentaje más alto de maestros, después de Noruega, quienes reconocen hacer una importante diferencia educativa con sus estudiantes”, aquí es donde aparece la docencia como una vocación y no sólo como un trabajo que asegure la sobrevivencia económica, aunque también hay inconformidades: “Cuando a los maestros mexicanos se les hizo la pregunta “¿En general estoy satisfecho con mi trabajo?”, respondieron de manera más negativa en comparación con los maestros de los países participantes. A diferencia de algunos de estos países, los maestros en México no relacionan su satisfacción laboral a un tipo específico de confianza en la enseñanza, sino a otros factores tales como: el entorno del salón de clases, las relaciones maestro-alumno y el ser eficiente como maestro. En contraste, por sus percepciones de auto eficacia (haciendo una diferencia en el aprendizaje de los estudiantes), los maestros mexicanos reportaron ser ligeramente más positivos que los maestros en la media”.
Dicen que los maestros mexicanos están mal preparados y que además no se quieren actualizar ni capacitar, TALIS nos dice que: “El porcentaje de maestros mexicanos que reportan haber tomado un curso de desarrollo profesional durante los 18 meses anteriores al estudio es relativamente alto en México (92%, con un promedio del 89% entre los países). México también tiene más de dos veces el promedio de días para el desarrollo profesional entre los maestros de TALIS (34 frente a 15 del promedio del TALIS). Sin embargo, los patrones de participación son muy desiguales en el país. México muestra una marcada diferencia en la participación de maestros en el curso de desarrollo profesional en función de su anterior nivel de calificación, en maestros con elevadas calificaciones iníciales mostrando mayores niveles de participación: En México, aquellos con por lo menos una Maestría o mayor grado académico recibieron casi dos veces la cantidad de días de desarrollo que aquéllos sin licenciatura. Los maestros de los pueblos, en promedio tomaron 8 días menos que aquéllos que viven en una pequeña comunidad o en una gran ciudad”.
Los maestros parecen estar haciendo su chamba, pero un mal sistema de incentivos, la capacitación orientada a temas que a los docentes no les sirven tanto como otros, la imposición en lugar de la sensibilización, los directivos que desconocen su trabajo y que están allí por cuestiones políticas, la falta de equipamiento en las aulas, los grupos excesivamente numerosos y las continuas campañas de desprestigio atentan directamente contra la educación, y hacia eso pocas miradas voltean.
Sin embargo hay varios factores más que hay que considerar. Primero, que sólo presentaron dicha prueba los que quisieron concursar a una plaza diferente a la que ya tienen o que la tendrán por primera vez, no el total de la planta magisterial que es mucho más numerosa. Segundo, que el desempeño de un docente es imposible medirlo con sólo una prueba escrita dado que su actividad básica es frente a un grupo de alumnos, no sentado en un escritorio y atendiendo preguntas de opción múltiple. Tercero, que dicho examen apenas reconoce tres tipos de resultados: aceptable, elegible (condicionado a nivelación académica) y no aceptable; en este último caso se encuentra apenas el 1.52 por ciento del total. Meter a los elegibles en una inexistente categoría de “reprobados” parece un exceso por evidente falta de precisión.
Quizás un poco más preciso pudiera ser el número o porcentaje de aciertos en dicho examen, aunque también existieron de dos tipos, para docentes en servicio y para los de nuevo ingreso, aunque resulta obvio que un promedio es sólo eso, y que existen resultados individuales distribuidos hacia arriba y hacia abajo del mismo. Pero además, en el caso queretano se le olvidó a nuestra secretaría de educación (por lo menos hasta el miércoles 28 de julio) advertir que nuestro estado ocupa, otra vez, el primer lugar en la tabla que consigna el “porcentaje promedio de aciertos según tipo de concurso por entidad” con un 60.18 mientras que el promedio nacional fue de 54.31. Si sólo atendemos a este indicador, a cualquiera se le puede ocurrir decir que “en promedio” sólo los “concursantes” o “aspirantes” de Querétaro pasaron el examen, porque ningún otro estado tiene un promedio arriba de 60 (el que más se acerca es Colima con el 58.26 y el más bajo es Tabasco con el 47.1).
Hay otras combinaciones que aparecen en las tablas de resultados del informe que comentamos y que si no se saben interpretar pueden dar lugar a percepciones equivocadas, baste lo señalado como ejemplo de que no es fácil llegar a conclusiones si no se toman en cuenta una serie de variables que, por sintetizar la información, se omiten quizás de forma poco responsable.
Pero no todo es tan malo como parece. Apenas va a alcanzar el espacio para contrastar esos datos con los obtenidos en otras formas de evaluación, por ejemplo el “Estudio Internacional sobre enseñanza y aprendizaje de la OCDE” (Organización para la Cooperación y el Desempeño Económico) aplicado a docentes y directores de escuelas secundarias generales, técnicas y privadas de 24 países, mejor conocido como TALIS, nos da a conocer, entre otras muchas cosas, que: “México tuvo el porcentaje más alto de maestros trabajando en escuelas en donde el director reportó los disturbios en clase como un factor de entorpecimiento para la educación, con un 72%. Un porcentaje mayor de maestros reportó llegadas tarde y absentismos (cerca del 80% respectivamente) como un comportamiento importante de los estudiantes que entorpece la calidad de su educación. Maestros mexicanos reportan que el 70% del tiempo de clase se ocupa en la enseñanza y aprendizaje mientras que el 17% del mismo se pierde a causa de las tareas administrativas (media nacional 9%), y el 13% se ocupa poniendo orden en el salón”. Sobre esos factores –trabajo administrativo, principalmente el llenado de formatos que exigen los sistemas de calidad; las ausencias y los retardos de los alumnos; los problemas cada vez más frecuentes de disciplina dentro y fuera del salón de clases—, los docentes tienen poco control. A pesar de lo anterior: “México tiene el porcentaje más alto de maestros entre los países de TALIS, quienes están totalmente de acuerdo en que pueden progresar con los estudiantes más difíciles, y del mismo modo, desarrollar su capacidad para comunicarse con ellos. México también reporta el porcentaje más alto de maestros, después de Noruega, quienes reconocen hacer una importante diferencia educativa con sus estudiantes”, aquí es donde aparece la docencia como una vocación y no sólo como un trabajo que asegure la sobrevivencia económica, aunque también hay inconformidades: “Cuando a los maestros mexicanos se les hizo la pregunta “¿En general estoy satisfecho con mi trabajo?”, respondieron de manera más negativa en comparación con los maestros de los países participantes. A diferencia de algunos de estos países, los maestros en México no relacionan su satisfacción laboral a un tipo específico de confianza en la enseñanza, sino a otros factores tales como: el entorno del salón de clases, las relaciones maestro-alumno y el ser eficiente como maestro. En contraste, por sus percepciones de auto eficacia (haciendo una diferencia en el aprendizaje de los estudiantes), los maestros mexicanos reportaron ser ligeramente más positivos que los maestros en la media”.
Dicen que los maestros mexicanos están mal preparados y que además no se quieren actualizar ni capacitar, TALIS nos dice que: “El porcentaje de maestros mexicanos que reportan haber tomado un curso de desarrollo profesional durante los 18 meses anteriores al estudio es relativamente alto en México (92%, con un promedio del 89% entre los países). México también tiene más de dos veces el promedio de días para el desarrollo profesional entre los maestros de TALIS (34 frente a 15 del promedio del TALIS). Sin embargo, los patrones de participación son muy desiguales en el país. México muestra una marcada diferencia en la participación de maestros en el curso de desarrollo profesional en función de su anterior nivel de calificación, en maestros con elevadas calificaciones iníciales mostrando mayores niveles de participación: En México, aquellos con por lo menos una Maestría o mayor grado académico recibieron casi dos veces la cantidad de días de desarrollo que aquéllos sin licenciatura. Los maestros de los pueblos, en promedio tomaron 8 días menos que aquéllos que viven en una pequeña comunidad o en una gran ciudad”.
Los maestros parecen estar haciendo su chamba, pero un mal sistema de incentivos, la capacitación orientada a temas que a los docentes no les sirven tanto como otros, la imposición en lugar de la sensibilización, los directivos que desconocen su trabajo y que están allí por cuestiones políticas, la falta de equipamiento en las aulas, los grupos excesivamente numerosos y las continuas campañas de desprestigio atentan directamente contra la educación, y hacia eso pocas miradas voltean.
miércoles, 28 de julio de 2010
jueves, 22 de julio de 2010
ADMINISTRAR PARA NO CAMBIAR
Las frases se desgastan rápido, hay que inventarse una a cada rato, que resulte pegadora, que diga todo aunque de fondo no tenga casi nada. Primero fue el gobierno sin colores –descolorido pues—, después el “cerca de todos” que se desgastó con la placeada frente a las pantallas gigantes durante el decepcionante mundial futbolístico, así que había que buscar otra cosa, y ya está aquí la “actitud de cambio”. ¿En qué se sustenta la nueva frase? A ver si hay alguna pista en el primer informe de este domingo 25, mientras, tenemos el “Plan Querétaro 2010-2015, Soluciones cercanas a la gente”. Sin más preámbulo se establece el objetivo: “fijar las bases para la construcción de un estado democrático, transparente, respetuoso de la diversidad, solidario y cuidadoso”. Buenas noticias, se reconoce que hace falta camino por recorrer en esto de la democracia y de la transparencia, que somos más diversos de lo que algunos se empeñan en ocultar, se rescata la solidaridad como un aspecto importante del tejido social, sólo nos queda una duda, ¿qué es eso de cuidadoso? Parece que lo metieron con calzador porque no encontraron como terminar el párrafo, de otra forma haría falta que lo expliquen.
“Nuestro compromiso es gobernar para todos los sectores sociales, sin distinción alguna”, se oye bien pero nada más, da la impresión que no se sabe que desde hace años y desde instancias internacionales diversas se impulsa la consideración de que no se puede tratar igual a desiguales, que no reconocer las desigualdades es la primera injusticia que se comete y de la que se desprenden muchas otras. Abajito se remienda el entuerto, pero sólo de forma parcial, “mejorar los niveles de bienestar de la gente, en especial de los grupos vulnerables”, como si ser pobre o discriminado fuera algo casual y no producto de una forma de gobernar beneficiando a unos a costa de otros.
Le tomamos la palabra al titular del poder ejecutivo: “Es un instrumento de trabajo que deberá remodelarse con el tiempo”. El Plan comentado parece no tener definiciones ideológicas, neutro, para darle gusto a todos y ese es un problema, porque un gobierno emanado de un partido que se dice heredero de la Revolución Mexicana no puede apostar por el conservadurismo, por el todo está bien y sólo hay que mantener el estado actual de las cosas; se supone que una “visión” es a futuro, lo que se quiere lograr, no lo que es sino lo que será, veamos la “visión” que propone el documento: “Querétaro es un estado con paz social, que ofrece alternativas para mejorar el nivel y calidad de vida de la gente, así como condiciones favorables para fortalecer la identidad con su pueblo y su historia.” Primero, está redactado en presente, como si ya fuera una realidad que hay que preservar, no hay a donde ir, ya llegamos y hay que evitar moverse, ¿habrá algún admirador de Talcott Parsons entre los redactores del documento o entre los asesores del gobernador? Porque esa visión tradicional de la modernidad está pasada de moda. Un sociólogo más actual, menos caduco como Zygmunt Bauman comenta: “Según la traducción al inglés común y corriente de la lengua notoriamente esotérica de Parsons que le debemos a C. Wright Mills, ese saber (el saber administrativo) consistía en proveer al sistema de todos los medios que este necesitaba para mantener su equilibrio, esto es, para mantenerse incondicionalmente pasara lo que pasara, idéntico a sí mismo”.
Si alguien cree que Querétaro es el paraíso y que lo único que hay que hacer es recortar el pasto y expulsar a los vándalos que lo vienen a ensuciar, porque, curiosamente, todos los malos son foráneos, hace falta que utilicen el transporte público, que salgan del primer cuadro de la ciudad a las colonias populares y a las comunidades que es donde viven la mayoría de los queretanos; que revisen las condiciones de trabajo en las maquiladoras, más parecidas a una hacienda porfirista que a una industria moderna, o que vean los recibos de nómina de obreros y empleados, además del largo etcétera que todos conocemos pero que nos resistimos a ver.
Quizás por eso el cambio en las frases publicitarias, que obedecerían más a una necesidad del modelo elegido para gobernar, que al simple desgaste. El propio Wright Mills en un libro publicado en 1959 escribió: “Decir que ‘el verdadero objetivo, el objetivo final de la ingeniería humana’ o de la ‘ciencia social’ es ‘predecir’ significa sustituir lo que debiera ser una elección moral razonada por un eslogan tecnocrático”.
En fin, el “Plan Querétaro 2010-2015. Soluciones cercanas a la gente” organiza su accionar en 5 ejes de desarrollo, explicita 9 valores de gobierno que supuestamente deben ir en orden de importancia, de mayor a menor, iniciando con sensibilidad, cercanía y honestidad, sin mencionar nunca el valor que hace posible la existencia de todos los demás que es el de la libertad, que para algunos estaría sobrando si todo está bien diagnosticado y administrado para que nada cambie, bueno, nada más la “actitud”.
La intención también era comentar algo de lo más importante del informe de gobierno municipal de “El Marqués”, pero uno propone y el diablo lo descompone. Creyendo que dicho documento estaría disponible en la página de internet de ese municipio me confíe y no lo conseguí antes, porque no está, es más, el único plan de desarrollo municipal que aparece (hasta el miércoles 21 de julio a las 12 horas) es el de la administración anterior ¿será que la actual lo adoptó para darle continuidad, o que ni siquiera cuentan con ese documento base para establecer las prioridades actuales y la visión de futuro? Quizás por eso se le difunde como informe “de resultados” y no “de gobierno” como es lo usual. También puede ser que haya sintonía con el gobierno estatal y sólo se propongan administrar lo que hay y nada más, que los cambios, si existieran, que vengan de fuera, de esa modernización que arrasa con todo y entra sin pedir permiso.
Hay algo que no admite discusión, mientras que el municipio de Querétaro presume de estar ejerciendo un presupuesto multimillonario cercano a los 3 mil millones de pesos, lo que más se difunde del que tiene como sede La Cañada es el haber realizado obras por un total de 97 millones, cantidad que su vecino del poniente puede disponer en 10 días. Este es otro municipio pletórico de desigualdades, el sur cambió su vocación agrícola por la industrial y el norte está abandonado, además su capital está arrinconada y su geografía la vuelve poco accesible, más ahora que está rodeada, desde las alturas, por fraccionamientos de lujo, exclusivos, que no tienen la menor intención de permitir vías de comunicación con ese pueblito que no tiene siquiera una sucursal bancaria y que sus negocios no pueden dar facturas porque son contribuyentes chiquitos. Eso sí, las antiguas haciendas lecheras se convierten en colonias populares y sus verdaderos polos de desarrollo están despuntando muy lentamente en lugares más propicios como La Griega y Amazcala, quizás alguna otra cercana al aeropuerto, las demás estarán pegadas a las industrias que muestren algo de permanencia. Ya que haya documentos habrá la oportunidad de comentar algo más.
“Nuestro compromiso es gobernar para todos los sectores sociales, sin distinción alguna”, se oye bien pero nada más, da la impresión que no se sabe que desde hace años y desde instancias internacionales diversas se impulsa la consideración de que no se puede tratar igual a desiguales, que no reconocer las desigualdades es la primera injusticia que se comete y de la que se desprenden muchas otras. Abajito se remienda el entuerto, pero sólo de forma parcial, “mejorar los niveles de bienestar de la gente, en especial de los grupos vulnerables”, como si ser pobre o discriminado fuera algo casual y no producto de una forma de gobernar beneficiando a unos a costa de otros.
Le tomamos la palabra al titular del poder ejecutivo: “Es un instrumento de trabajo que deberá remodelarse con el tiempo”. El Plan comentado parece no tener definiciones ideológicas, neutro, para darle gusto a todos y ese es un problema, porque un gobierno emanado de un partido que se dice heredero de la Revolución Mexicana no puede apostar por el conservadurismo, por el todo está bien y sólo hay que mantener el estado actual de las cosas; se supone que una “visión” es a futuro, lo que se quiere lograr, no lo que es sino lo que será, veamos la “visión” que propone el documento: “Querétaro es un estado con paz social, que ofrece alternativas para mejorar el nivel y calidad de vida de la gente, así como condiciones favorables para fortalecer la identidad con su pueblo y su historia.” Primero, está redactado en presente, como si ya fuera una realidad que hay que preservar, no hay a donde ir, ya llegamos y hay que evitar moverse, ¿habrá algún admirador de Talcott Parsons entre los redactores del documento o entre los asesores del gobernador? Porque esa visión tradicional de la modernidad está pasada de moda. Un sociólogo más actual, menos caduco como Zygmunt Bauman comenta: “Según la traducción al inglés común y corriente de la lengua notoriamente esotérica de Parsons que le debemos a C. Wright Mills, ese saber (el saber administrativo) consistía en proveer al sistema de todos los medios que este necesitaba para mantener su equilibrio, esto es, para mantenerse incondicionalmente pasara lo que pasara, idéntico a sí mismo”.
Si alguien cree que Querétaro es el paraíso y que lo único que hay que hacer es recortar el pasto y expulsar a los vándalos que lo vienen a ensuciar, porque, curiosamente, todos los malos son foráneos, hace falta que utilicen el transporte público, que salgan del primer cuadro de la ciudad a las colonias populares y a las comunidades que es donde viven la mayoría de los queretanos; que revisen las condiciones de trabajo en las maquiladoras, más parecidas a una hacienda porfirista que a una industria moderna, o que vean los recibos de nómina de obreros y empleados, además del largo etcétera que todos conocemos pero que nos resistimos a ver.
Quizás por eso el cambio en las frases publicitarias, que obedecerían más a una necesidad del modelo elegido para gobernar, que al simple desgaste. El propio Wright Mills en un libro publicado en 1959 escribió: “Decir que ‘el verdadero objetivo, el objetivo final de la ingeniería humana’ o de la ‘ciencia social’ es ‘predecir’ significa sustituir lo que debiera ser una elección moral razonada por un eslogan tecnocrático”.
En fin, el “Plan Querétaro 2010-2015. Soluciones cercanas a la gente” organiza su accionar en 5 ejes de desarrollo, explicita 9 valores de gobierno que supuestamente deben ir en orden de importancia, de mayor a menor, iniciando con sensibilidad, cercanía y honestidad, sin mencionar nunca el valor que hace posible la existencia de todos los demás que es el de la libertad, que para algunos estaría sobrando si todo está bien diagnosticado y administrado para que nada cambie, bueno, nada más la “actitud”.
La intención también era comentar algo de lo más importante del informe de gobierno municipal de “El Marqués”, pero uno propone y el diablo lo descompone. Creyendo que dicho documento estaría disponible en la página de internet de ese municipio me confíe y no lo conseguí antes, porque no está, es más, el único plan de desarrollo municipal que aparece (hasta el miércoles 21 de julio a las 12 horas) es el de la administración anterior ¿será que la actual lo adoptó para darle continuidad, o que ni siquiera cuentan con ese documento base para establecer las prioridades actuales y la visión de futuro? Quizás por eso se le difunde como informe “de resultados” y no “de gobierno” como es lo usual. También puede ser que haya sintonía con el gobierno estatal y sólo se propongan administrar lo que hay y nada más, que los cambios, si existieran, que vengan de fuera, de esa modernización que arrasa con todo y entra sin pedir permiso.
Hay algo que no admite discusión, mientras que el municipio de Querétaro presume de estar ejerciendo un presupuesto multimillonario cercano a los 3 mil millones de pesos, lo que más se difunde del que tiene como sede La Cañada es el haber realizado obras por un total de 97 millones, cantidad que su vecino del poniente puede disponer en 10 días. Este es otro municipio pletórico de desigualdades, el sur cambió su vocación agrícola por la industrial y el norte está abandonado, además su capital está arrinconada y su geografía la vuelve poco accesible, más ahora que está rodeada, desde las alturas, por fraccionamientos de lujo, exclusivos, que no tienen la menor intención de permitir vías de comunicación con ese pueblito que no tiene siquiera una sucursal bancaria y que sus negocios no pueden dar facturas porque son contribuyentes chiquitos. Eso sí, las antiguas haciendas lecheras se convierten en colonias populares y sus verdaderos polos de desarrollo están despuntando muy lentamente en lugares más propicios como La Griega y Amazcala, quizás alguna otra cercana al aeropuerto, las demás estarán pegadas a las industrias que muestren algo de permanencia. Ya que haya documentos habrá la oportunidad de comentar algo más.
viernes, 16 de julio de 2010
HECHOS Y DECLARACIONES
Gobernar una ciudad es cada vez más complicado, principalmente porque estas tienden a crecer sin que parezca haber un límite. Por lo mismo los recursos de cualquier tipo terminan por ser insuficientes y la pérdida en la calidad de vida aparece como irremediable. El problema es que las ventajas y desventajas no se reparten por igual, la desigualdad campante en un estado y en una ciudad como la de Querétaro es un lacerante ejemplo de ello.
“El trabajo del periodista no es repetir, sino informar: no copiar dichos, sino investigar hechos”. Héctor Aguilar Camín (Contra la Prensa, Revista EstePaís, Junio 2010) y con él muchos lectores, escuchas o espectadores de noticias se quejan de lo mismo: nuestros medios de comunicación están plagados de “declaracionitis”. Los dichos no se contrastan con los hechos, no se sabe si hay algo de verdad detrás de una declaración de un político, de una figura pública que tiene espacio en los medios y que los aprovecha para su beneficio personal, para estar en las pantallas, micrófonos y notas escritas.
La ventaja de los documentos públicos es que son más permanentes, se pueden leer varias veces y contrastar con los hechos aunque sea paulatinamente, más si estos son informes de gobierno de una administración electa con las prácticas democráticas vigentes.
Vamos a los ejemplos, en el informe de Querétaro capital, como quieren que se le conozca ahora, se afirma que: “Seguridad y Cultura de la Legalidad, mano firme y cero tolerancia para preservar el orden y el respeto a las normas, sociedad y gobierno sumamos esfuerzos para dejar en claro que en Querétaro Capital no hay cabida para quien cometa actos delictivos;…” Difícil no estar a favor de la afirmación en abstracto, pero si al mismo tiempo consideramos que la desigualdad que caracteriza a esta demarcación no es sólo económica sino que abarca todos los aspectos de la relación con las autoridades y todavía más, pues la promesa de “cero tolerancia” se convierte en una amenaza que únicamente se le aplicará a los más vulnerables, porque no se conoce demanda alguna en contra de los exfuncionarios que dejaron al municipio prácticamente quebrado. Las cifras y lo que hay detrás de ellas son increíbles: “En el inicio de la presente Administración nos encontramos con una difícil situación financiera caracterizada por un déficit operativo, deuda de corto plazo exigible en forma inmediata por adeudos con proveedores y acreedores diversos, insuficiencia de recursos en tesorería para hacerle frente a los compromisos financieros y el fuerte gasto operativo del cuarto trimestre del año” El asunto es tan importante y la situación tan angustiosa que casi con las mismas palabras se reitera: “Al inicio la Administración presentó una difícil situación en la posición financiera caracterizada por una reducida tesorería, elevada deuda exigible y compromisos inmediatos de gasto. Ante este escenario, y para hacerle frente a las obligaciones de pago con proveedores y acreedores diversos, fue necesaria la contratación de una Línea de Crédito por 400 millones de pesos, a un plazo de ocho años con uno de gracia, con una tasa de TIIE más 1.75, misma que se contrató con ScotiaBank Inverlat, S.A.” Atención a varias cosas, primera el desequilibrio entre lo que debería de haber y en realidad había ¿no hay responsables?, no se dice de cuanto es la “elevada deuda exigible” y los compromisos de pago, ni con quien, ni la razón, de hecho se reconoce que no alcanzaba para el gasto corriente y el pago de aguinaldos de diciembre del año pasado; segundo, se contrata otra deuda, esta vez por 400 millones a un plazo que excede el término temporal de la actual administración.
Pero no es todo, “Durante el periodo de octubre 2009 a junio 2010, se obtuvieron ingresos ordinarios por un monto de 1,920 millones 170 mil 705 pesos e ingresos extraordinarios por un monto de 689 millones 459 mil 791 pesos dando un total de ingresos de 2, 609 millones 630 mil 496 pesos. Cabe mencionar que de los ingresos ordinarios en el periodo que se informa, el 52% correspondió a ingresos propios y el 48% a ingresos de origen federal […] En el periodo que se informa, la presente Administración ejerció 1,379 millones 856 mil 213 pesos. Adicionalmente a lo anterior, se erogó un importe superior a los 482 millones de pesos que se aplicó para el pago de los adeudos con proveedores, acreedores, entidades financieras y gubernamentales que recibió la presente Administración, así como las afectaciones a resultados de ejercicios anteriores.” Eso significa que de los ingresos ordinarios apenas se gastó poquito más de la mitad en la administración del municipio (52.8), a la deuda se fueron esos 482 millones que se mencionan y quedan más de 747 millones para gastar ¿de aquí a diciembre? ¿Dónde quedó la tolerancia cero para los responsables de este desbarajuste? Ahora resulta que el dinero no alcanza ni para asegurar servicios tan básicos como la recolección de basura y se nos va a cobrar a los ciudadanos a través de una mañosa privatización.
Pero sí hay tiempo y esfuerzo para que con el pretexto del Bicentenario se haga una cápsula del tiempo “que contendrá documentos u objetos que expresen el sentir de los habitantes del Municipio de Querétaro”, en plena revolución tecnológica vamos a enterrar papelitos de contenido “sensacional” por aquello de las sensaciones que se sienten, perdón, no tengo ni idea de lo que se pretende. Mejor presumir y con razón, la atención a temas como la trata de personas, delito y comercio cruel característico de sociedades apegadas a un modelo económico que termina justificándolo todo mientras haya ganancia, de lo cual hay una propuesta de iniciativa de ley impulsada desde el cabildo.
El citado informe rebasa con mucho la extensión de este texto, sirve para darnos una idea de la complejidad de la organización y lo complicado del manejo eficiente de una ciudad como la asentada en este municipio que es también capital del estado, de todo lo que hay que cuidar, mantener, desarrollar y demás para asegurar un entorno mínimamente habitable y, si se puede, disfrutable. Por ello vale un reconocimiento a los trabajadores que en las diversas áreas se encargan de mantener la ciudad funcionando, a los jardineros, recolectores de basura, los de bacheo, los de los cuerpos de seguridad, los profesores de las casas de la cultura, las secretarias y demás empleados que a pesar de las carencias de las jefes hacen que las cosas funcionen día tras día, haya o no recursos suficientes.
“El trabajo del periodista no es repetir, sino informar: no copiar dichos, sino investigar hechos”. Héctor Aguilar Camín (Contra la Prensa, Revista EstePaís, Junio 2010) y con él muchos lectores, escuchas o espectadores de noticias se quejan de lo mismo: nuestros medios de comunicación están plagados de “declaracionitis”. Los dichos no se contrastan con los hechos, no se sabe si hay algo de verdad detrás de una declaración de un político, de una figura pública que tiene espacio en los medios y que los aprovecha para su beneficio personal, para estar en las pantallas, micrófonos y notas escritas.
La ventaja de los documentos públicos es que son más permanentes, se pueden leer varias veces y contrastar con los hechos aunque sea paulatinamente, más si estos son informes de gobierno de una administración electa con las prácticas democráticas vigentes.
Vamos a los ejemplos, en el informe de Querétaro capital, como quieren que se le conozca ahora, se afirma que: “Seguridad y Cultura de la Legalidad, mano firme y cero tolerancia para preservar el orden y el respeto a las normas, sociedad y gobierno sumamos esfuerzos para dejar en claro que en Querétaro Capital no hay cabida para quien cometa actos delictivos;…” Difícil no estar a favor de la afirmación en abstracto, pero si al mismo tiempo consideramos que la desigualdad que caracteriza a esta demarcación no es sólo económica sino que abarca todos los aspectos de la relación con las autoridades y todavía más, pues la promesa de “cero tolerancia” se convierte en una amenaza que únicamente se le aplicará a los más vulnerables, porque no se conoce demanda alguna en contra de los exfuncionarios que dejaron al municipio prácticamente quebrado. Las cifras y lo que hay detrás de ellas son increíbles: “En el inicio de la presente Administración nos encontramos con una difícil situación financiera caracterizada por un déficit operativo, deuda de corto plazo exigible en forma inmediata por adeudos con proveedores y acreedores diversos, insuficiencia de recursos en tesorería para hacerle frente a los compromisos financieros y el fuerte gasto operativo del cuarto trimestre del año” El asunto es tan importante y la situación tan angustiosa que casi con las mismas palabras se reitera: “Al inicio la Administración presentó una difícil situación en la posición financiera caracterizada por una reducida tesorería, elevada deuda exigible y compromisos inmediatos de gasto. Ante este escenario, y para hacerle frente a las obligaciones de pago con proveedores y acreedores diversos, fue necesaria la contratación de una Línea de Crédito por 400 millones de pesos, a un plazo de ocho años con uno de gracia, con una tasa de TIIE más 1.75, misma que se contrató con ScotiaBank Inverlat, S.A.” Atención a varias cosas, primera el desequilibrio entre lo que debería de haber y en realidad había ¿no hay responsables?, no se dice de cuanto es la “elevada deuda exigible” y los compromisos de pago, ni con quien, ni la razón, de hecho se reconoce que no alcanzaba para el gasto corriente y el pago de aguinaldos de diciembre del año pasado; segundo, se contrata otra deuda, esta vez por 400 millones a un plazo que excede el término temporal de la actual administración.
Pero no es todo, “Durante el periodo de octubre 2009 a junio 2010, se obtuvieron ingresos ordinarios por un monto de 1,920 millones 170 mil 705 pesos e ingresos extraordinarios por un monto de 689 millones 459 mil 791 pesos dando un total de ingresos de 2, 609 millones 630 mil 496 pesos. Cabe mencionar que de los ingresos ordinarios en el periodo que se informa, el 52% correspondió a ingresos propios y el 48% a ingresos de origen federal […] En el periodo que se informa, la presente Administración ejerció 1,379 millones 856 mil 213 pesos. Adicionalmente a lo anterior, se erogó un importe superior a los 482 millones de pesos que se aplicó para el pago de los adeudos con proveedores, acreedores, entidades financieras y gubernamentales que recibió la presente Administración, así como las afectaciones a resultados de ejercicios anteriores.” Eso significa que de los ingresos ordinarios apenas se gastó poquito más de la mitad en la administración del municipio (52.8), a la deuda se fueron esos 482 millones que se mencionan y quedan más de 747 millones para gastar ¿de aquí a diciembre? ¿Dónde quedó la tolerancia cero para los responsables de este desbarajuste? Ahora resulta que el dinero no alcanza ni para asegurar servicios tan básicos como la recolección de basura y se nos va a cobrar a los ciudadanos a través de una mañosa privatización.
Pero sí hay tiempo y esfuerzo para que con el pretexto del Bicentenario se haga una cápsula del tiempo “que contendrá documentos u objetos que expresen el sentir de los habitantes del Municipio de Querétaro”, en plena revolución tecnológica vamos a enterrar papelitos de contenido “sensacional” por aquello de las sensaciones que se sienten, perdón, no tengo ni idea de lo que se pretende. Mejor presumir y con razón, la atención a temas como la trata de personas, delito y comercio cruel característico de sociedades apegadas a un modelo económico que termina justificándolo todo mientras haya ganancia, de lo cual hay una propuesta de iniciativa de ley impulsada desde el cabildo.
El citado informe rebasa con mucho la extensión de este texto, sirve para darnos una idea de la complejidad de la organización y lo complicado del manejo eficiente de una ciudad como la asentada en este municipio que es también capital del estado, de todo lo que hay que cuidar, mantener, desarrollar y demás para asegurar un entorno mínimamente habitable y, si se puede, disfrutable. Por ello vale un reconocimiento a los trabajadores que en las diversas áreas se encargan de mantener la ciudad funcionando, a los jardineros, recolectores de basura, los de bacheo, los de los cuerpos de seguridad, los profesores de las casas de la cultura, las secretarias y demás empleados que a pesar de las carencias de las jefes hacen que las cosas funcionen día tras día, haya o no recursos suficientes.
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