viernes, 10 de mayo de 2013

QUERETANIDAD REMODELADA

La queretanidad no es un estado, es un proceso que fluye constantemente, que se transforma, que no puede detenerse a pesar de los esfuerzos que se hacen por pasmarla. La queretanidad no es una vieja fotografía del centro de la ciudad, ni de los Arcos, ni de sus eclécticos templos. Paradójico, pero los que claman por un Querétaro posmoderno, industrial, aeronáutico, son los primeros en lamentarse que la queretanidad cambie y añoran un tiempo que ya se fue. En algún texto anterior mencionamos que el gran fracaso de los grupos de poder que acostumbran a regentearse las presidencias municipales en estados como Querétaro, es que inevitablemente terminarán por ser diluidos, desplazados por grupos de poder que reflejen la nueva realidad que provocan la migración poblacional y de capitales. Que nuestros gobernantes siguen pensando en “ranchito” lo reflejan los vaivenes de los más recientes procesos electorales, el cuestionamiento creciente a su actuar cotidiano y el fracaso creciente a seguir controlando la información ─en Querétaro no pasa nada y si pasa fueron los “fuereños”, los que no respetan las sacrosantas tradiciones tan mochas, tan conservadoras─, a utilizar la procuración de justicia para defender intereses ya caducos pero muy tercos e incómodos. Cuando la queretanidad de las “buenas familias” se construyó no existían las redes sociales, tampoco la globalización tal y como la conocemos. Sí existía, bueno, todavía existe, la supuesta legitimidad por haber nacido aquí, aunque para diferenciarse de la otra banda había que presumir, necesariamente, de antecesores venidos de la madre patria ─lo que también podría ser un contrasentido puesto que en latín patrius significa “perteneciente al padre o que proviene de él”─. Pero, como dice uno de nuestros habituales lectores, bajemos del espacio sideral y aterricemos en una realidad muy rica si la sabemos interpretar. Como muestra otro botón. Un movimiento social como el de #AcampadaGuerreo dejó al descubierto otra queretanidad, la de los jóvenes que ya se apropiaron de un centro histórico del que sus habituales pobladores salieron huyendo hacia los espacios habitacionales de nuestros americanizados suburbios. Han dejando atrás las casonas de gruesos muros y de zaguanes estrechos para irse a fincas de tipo californiano, con mucho espacio para resguardar sus carruajes de combustión interna, mientras que nuestro centro histórico es un intrincado espacio de convivencia que ha resistido al individualismo. Por eso también resulta contrastante que quienes defienden espacios como el jardín Guerrero sean quienes nunca han vivido allí, pareciera un movimiento conservador que busca impedir el cambio ante unas autoridades que promueven una modernidad copiada de sus viajes al extranjero. Solo que el asunto no para allí. Los participantes de #AcampadaGuerrero tienen como antecedente inmediato #yosoy132 con los aprendizajes de un año por demás turbulento. Quizás se anticiparon y van en sintonía con teóricos como Marc Augé; en muy poco tiempo encontraron que denunciar, informar, protestar a través de las redes sociales es necesario pero no suficiente, que como dice el antropólogo francés: “Cualquier identidad se crea a través de una negociación perpetua con la alteridad. Tenemos padres, parientes, orígenes, relaciones de amistad, etc., y todo eso nos constituye pero, a través de lo que llamamos redes sociales, no establecemos relaciones de verdad sino comunicación, hechos de comunicación. Una relación se construye a través del tiempo y del espacio”. Y esa fue la virtud de la organización que se opone a la remodelación del Jardín Guerrero, se dieron el tiempo y el espacio para plantarse en la plaza y, a pesar de estar iniciados los trabajos de demolición, suscitaron, con su presencia física, una simpatía que concretó e hizo visible lo que se podría haber quedado como un simple desahogo. Nuestras autoridades, que no se sienten administradoras sino propietarias del presupuesto y bienes públicos, que además siguen sin entender que las cosas son muy diferentes a como las quieren seguir viendo, reaccionaron sorprendidas ante el rechazo a un proyecto que debía ser tan aceptado, que se juzgó innecesario explicarlo y construir un consenso. Los frentes abiertos eran varios, que si se tenían todos los permisos necesarios, que si la obra era lo suficientemente prioritaria como para gastarse 10 millones de pesos en una remodelación, que si sigue siendo válido que se tomen decisiones fuera de la participación ciudadana, etc. Mejor dar un paso atrás que precipitarse por una pendiente de crecientes cuestionamientos, que bueno que lo entendieron. La #AcampadaGuerrero potencializó la inconformidad manifestada en las redes sociales, no al contrario como podríamos interpretarlo, saben, como Marc Augé que: “los medios tecnológicos nos hacen creer que vivimos en un tiempo en el que son posibles la ubicuidad y la instantaneidad. Son instrumentos muy potentes, una creación magnífica pero que, por otro lado, pueden suscitar ilusiones... enseñar cosas a quienes ya las saben. No son un instrumento pedagógico ni es posible que lo sean y, desde este punto de vista son una fuente de ilusión. Además son instrumentos de identidad pasiva y lo peor es que nos hacen perder la dimensión del tiempo y del espacio.” (Revista Ñ 03 de mayo 2013)

sábado, 4 de mayo de 2013

NO HAY FINAL FELIZ

Mayo siempre ha sido un mes difícil, termina con los coletazos del día del Niño, con sus amargas cifras, con sus absurdas inequidades e injusticias; y en el camino va recolectando fechas polémicas que se quedan así por la falta de una reflexión colectiva que las reviva, que las resignifique. Este primer día del quinto mes del año no ha sido la excepción en las demandas de trabajadores que se sienten manipulados y traicionados por sus dirigentes sindicales y por los políticos que aplican, a su nombre, reformas que hacen más precaria su ya difícil situación. Terminemos con el coletazo de esa etapa de la vida que se va achaparrando, que se compacta temporalmente mientras se vacía de contenido. Cada vez menos la felicidad ligada a la inocencia del no saber lo que los adultos sí saben, cada vez más adentrarse en problemas que no les corresponden por su edad ─la violencia intrafamiliar, el sentirse no amados, las carencias nutricionales además de las afectivas, o el ver terminada su vida de manera absurda para dar vuelo a las obsesiones de algunos cortos de vergüenza y humanidad, etc.─. Por ejemplo, el reportero de la Jornada Luis Prados publica el 30 de abril de este año que: “Más de 1.750 menores han muerto violentamente en incidentes vinculados con la guerra contra el crimen organizado desde 2007 hasta el pasado mes de marzo, según un informe de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), que subraya que esta estadística del horror continúa estable. El grupo de edad más afectado es el de los adolescentes entre 15 y 17 años y los Estados más peligrosos son Chihuahua –cuya tasa de homicidios de menores supera en cinco veces la media nacional, pese a que ha bajado en los últimos años-, Nuevo León, Guerrero, Sinaloa y Tamaulipas. Esta ONG calcula que entre 15.000 y 20.000 adolescentes son explotados por bandas criminales y carteles de la droga y que siete de cada diez menores asesinados lo son por armas de fuego”. Marcela Turati en su terrible y valiente libro Fuego Cruzado, donde relata y le da rostro y voz a las víctimas de la fracasada guerra contra el narcotráfico, no se olvida de los infantes: “En la clase, con sus crayolas, Octavio se dibuja, así, chiquito, como es, junto a su papá. No sabe estar separado de su ídolo. Traza a su lado un tercer personaje: es un mono con una pistola que apunta hacia su papá, quien está tirado en el piso, coloreado con rojo. Y en seguida Octavio llorando su muerte, como el día que presenció su ejecución”. Cambiemos de tema tratando de abarcar lo más que se pueda. Regresemos a las manifestaciones de inconformidad de los trabajadores, para eso es la fecha, para eso se “libera” de su trabajo por un rato. No se trata, como dicen los que cobran por fastidiar al prójimo, de celebrar el trabajo sin trabajar. Aquí también hay engaños, nos vendieron una reforma laboral que solo hizo más inseguro el empleo, que facilita que los empleadores puedan despedir sin tanto trámite ni indemnización a sus trabajadores, que puedan contratar a personal ajeno por horas, por día, por semana, o a jovencitos casi sin salario y sin prestación alguna disque para que adquieran experiencia, para después correrlos y agarrar otros. Esa reforma que se supone crearía miles de empleos por mes ha resultado en lo que se preveía, una gran simulación y pérdida de conquistas laborales, de empleos nada. Tiene razón John Ralston Saul, presidente del PEN Club entrevistado por Joseba Eloba apenas el pasado 5 de Febrero para la Revista Ñ: “Existe una nueva religión absoluta del crecimiento, el comercio, la santidad de la deuda y de los contratos comerciales, con la que intentan hacernos creer lo inteligentes que son los políticos y lo estúpidos que somos los demás. Da igual lo mala que sea la situación actual, ellos siguen aplicando las mismas recetas, haciendo lo mismo. Eso es lo que se está haciendo en España y en todas partes. El sistema avanza en la misma dirección. Los problemas que hay se están agravando. Nadie reconoce cuál es el auténtico problema. El crecimiento no nos va a sacar de donde estamos; la austeridad, tampoco. Veremos cómo resisten todo esto las democracias. Están poniendo la democracia en peligro. El crecimiento no nos sacará de donde estamos; la austeridad, tampoco.” Allí están los profesores inconformes por la manipulación de sus dirigentes que en lugar de citarlos a protestar contra la reforma laboral disfrazada de educativa, los encierran en un auditorio para rendirle pleitesía a los gobernantes, o esos que se plantaron frente a un mal llamado “presídium” (que según el diccionario de la RAE es: en algunos países socialistas, órgano superior de gobierno), para expresar lo que los medios de comunicación insisten en callar. Lo que pasó, no solo en Querétaro, demuestra que los más fregados, los que dependen de su trabajo para sobrevivir, no están convencidos de las reformas; que las mismas no avanzarán hasta que no se les incluya a pesar de lo que sus repudiados dirigentes digan. Que la “política de aparador”, la que se roba las ocho columnas, no tiene más sustento que el acto oficial y los tronantes discursos de unos funcionarios que viven fuera de la realidad laboral y magisterial. Faltan medios de comunicación que den cuenta de lo que sucede, sin más filtros que su ética y compromiso social, porque periodistas valientes existen, a pesar de lo que sea. Lo sabemos y lo recuerda un trovador como Guillermo Velázquez quien socializa por Facebook sus decires: “Les comparto versos que leí el jueves 23 con motivo del memorial en Guanajuato por nuestros periodistas asesinados, entre muchas que necesitamos cultivar y mantener frescas permanentemente, creo, está este ramillete de flores que pongo ante sus ojos deseando que ayuden a humedecer (y enardecer cada que sea preciso) su corazón. Un ramillete de flores / por el sol, por las heladas / no sé, pero ha sucedido / que hay flores que hemos perdido / o sobreviven ajadas, / marchitas casi, apagadas, / y yo los quiero invitar / a hacer nuestras, a nombrar / con matices y colores / un ramillete de flores / que hoy urge recuperar”. Y viene el 15 de Mayo.

viernes, 26 de abril de 2013

CONSENSOS AL MARGEN

“El incentivo de un buen maestro lo constituye el avance de sus estudiantes, esa es su mayor satisfacción y lo que da sentido a sus afanes. Un buen maestro es aquel que tiene la pasión, el compromiso de lograr que sus estudiantes progresen porque los valora como personas, porque los respeta y los aprecia. Si un maestro tiene esta actitud vital, y el Estado garantiza las condiciones laborales y materiales adecuadas, lo demás vendrá por añadidura. Los reconocimientos, las promociones, los estímulos económicos –conceptos que dirigen a la mal llamada reforma educativa–, son sobornos que se practican en los medios empresariales (y en otros ámbitos) para lograr que los trabajadores realicen tareas que en sí mismas no les interesan, les desagradan, los enajenan. Para los patrones, los trabajadores son sus subordinados, sus empleados (según la etimología de esta palabra, sus doblegados); sin los sobornos no es previsible que hagan las cosas como quiere el patrón o el jefe. Esta no es la relación que ha de establecerse entre el Estado y el magisterio.” Manuel Pérez Rocha en ¿Es privatizadora la reforma? Diario la Jornada 18 de Abril 2013. En el trato noticioso se privilegian los bloqueos carreteros, las tomas de casetas de peaje, la destrucción material de ventanales y mobiliario, la movilización y difusión forzosa de mensajes radiofónicos, la pérdida de horas de clase. Todo eso es cierto, no se puede negar, hay evidencias; pero también refleja la descomposición por décadas de un sistema educativo que no es el único que enseña. Por debajo se percibe una dispersión teórica, pedagógica, de proyecto, que poco a poco ha ido confluyendo en consensos que pocos se han encargado de señalar. Como si el magisterio estuviera deshaciéndose de prejuicios, rompiendo los paradigmas que lo han encorsetado por lo menos los últimos 30 años. Uno de ellos es el señalado al principio, de autoría del académico e investigador Manuel Pérez Rocha. Los profesores no somos mercenarios, no se nos debe desviar de nuestro objetivo con tácticas provenientes de otros ámbitos laborales, no fabricamos tornillos. Somos ejemplos, buenos y malos, de lo que puede ser un ciudadano. El problema es que esos consensos se están procesando por fuera de los canales institucionales, quizás porque estos no existen. Nuestras autoridades se han empeñado en atizar la animadversión contra el sector magisterial para aprovechar e imponer su visión empresarial de la educación. Y muchos no estamos de acuerdo. Dejemos las generalidades, vamos a lo concreto: “Los valores definidos por el artículo tercero de la Constitución, tal como lo redactó el Constituyente surgido de la Revolución, están en el polo opuesto del individualismo y la competencia que reina en el mundo empresarial […] La reforma impuesta con precipitación irresponsable por los intereses políticos del nuevo gobierno institucionaliza antivalores que contradicen esta filosofía. Consagra al maestro como “homo economicus” y a la escuela como una estructura jerárquica en la cual el director es considerado como un líder (sic) que ha alcanzado este puesto de privilegio, esta promoción, por medio de la rivalidad con sus colegas (concursos). Los maestros quedan como empleados cuyos ingresos y permanencia están sujetos a los resultados de evaluaciones. Ha quedado desechada como una utopía, o una ingenuidad, una organización escolar horizontal, democrática, que permita la construcción de comunidades de aprendizaje.” No se niegan los vicios, las corruptelas, por lo menos desde el lado de los profesores, en que cayó la educación pública a partir de esa relación enfermiza entre SNTE y gobiernos de los distintos niveles. No es tolerable la venta o herencia de plazas, tampoco la confusión perversa entre funcionarios y burocracia sindical, o los miles de “comisionados” que hacen fontanería electoral o dedican sus afanes al control político y económico de los que sí trabajan, o los privilegios tolerados que se disfrazan de derechos adquiridos. Pero hay otros temas que no son tratados porque cuestionan lo hecho y lo que se quiere hacer. Una investigación de Laura Poy Solano, periodista experta en educación, encuentra que los cambios implementados desde la década de los 70’s del siglo pasado, acelerados en el sexenio salinista: “han propiciado que se pierda el sentido social de la formación (de los maestros). Al proceso educativo se le despojó de una ética”. En entrevistas a diferentes especialistas para un artículo publicado, entre otros, en La Jornada del 22 de abril de este año, relata que «Lucía Rivera Ferreiro, profesora de la UPN y experta en el sistema educativo nacional, señaló que pasamos de la construcción, en los años 30 y 40, del docente como un agente comunitario con el compromiso de impulsar un proyecto de nación, a vivir la docencia “como una profesión de riesgo, donde lo importante es no meterse en problemas y mantener un empleo en condiciones cada vez más precarias”. Agregó que el deterioro de la calidad educativa en el aula se profundizó con la firma en 1992 del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica, con la que el ex presidente Carlos Salinas de Gortari “dio un golpe maestro” […]Se impulsa una transformación, agregó Lucía Rivera, de gran calado donde la educación deja de ser concebida como un derecho humano y un bien social cuya responsabilidad en el acceso, pertinencia y permanencia recae en el Estado, a “ver la educación como un servicio, una mercancía, un objeto de asistencia social, e incluso, de caridad”». Tanto para la burocracia de la SEP como para la sindical, recordar que Elba Esther Gordillo pidió la desaparición de las escuelas normales, donde se forman los maestros, la formación docente tenía que cambiar a la par del contexto neoliberal y sucede lo que señala Ruth Mercado, experta en formación docente del Cinvestav «hay una escasa atención a muchos de los programas para los cuales los docentes no son capacitados, los cuales “llegan siempre a las escuelas sin considerar las verdaderas condiciones de trabajo del profesor, por lo que están condenados al fracaso, incluso antes, de que lleguen a los salones”». Y pese a todo se nos quiere evaluar con los mismos instrumentos. En fin, las redes sociales, los bloqueos, las calles, están sirviendo para discutir y proponer lo que en los ámbitos institucionales encuentra oídos sordos. Los profesores nos estamos dando los espacios que se nos niegan desde la oficialidad, más interesada en imponer su visión empresarial e individualista. Mejor que el encontronazo se dé desde las ideas, en un ambiente pacífico y abierto, y no desde la inconformidad en las calles y plazas por un madruguete impositivo que no resolverá los problemas, más bien nos hará perder otras décadas de desarrollo equitativo e incluyente.

viernes, 19 de abril de 2013

MIL IMÁGENES

Otra vez resultó falso, una mentira. Una imagen no vale más que mil palabras, más bien ocurrió lo contrario, mil imágenes apenas equivalen a una palabra: terrorismo. Se vio en directo, en múltiples repeticiones, allí está guardado para la posteridad, pero no responde a las más simples preguntas: ¿quién? ¿por qué? Las investigaciones posteriores apenas alcanzan a responder el cómo. Sabemos que cumplió con su primer objetivo, producir terror, miedo intenso, dislocar el funcionamiento normal de las instituciones, exhibirlas ante un evento imposible de prevenir. También que el ciudadano común y corriente se identifique con las víctimas directas, que se horrorice ante la posibilidad, aunque parezca lejana, de estar en su lugar y sufrir los graves daños; de sus consecuencias familiares, afectivas; de la incertidumbre de una muerte súbita, provocada e irracional. Cualquiera puede tener acceso a la polémica sobre el uso del terror, por extremistas políticos, por gobiernos que alegan la protección a la democracia, por bien intencionados y por tiranos. Los autores del tema agrupados en wikipedia nos recuerdan que: “En la Argentina, el por entonces dictador General Jorge Rafael Videla definía en 1978 los alcances del término terrorismo al declarar al Times de Londres lo siguiente: Un terrorista no es solamente alguien con un arma de fuego o una bomba, sino también alguien que difunde ideas contrarias a la civilización occidental y cristiana”. Para estos tipos hasta la difusión de ideas diferentes a las suyas es terrorismo y por tanto se justifica el uso de la violencia. De los extremismos políticos ni hablar, ya los tenemos bien masticados. La ONU tiene una definición más fácil de entender y menos mañosa, terrorismo es cualquier acto “destinado a causar la muerte o lesiones corporales graves a un civil o a un no combatiente cuando el propósito de dicho acto, por su naturaleza o contexto, sea intimidar a una población u obligar a un gobierno o a una organización internacional a realizar una acción o abstenerse de hacerla”. Como se ve, debe haber un propósito, alguna motivación por irracional que sea. Por ello, los responsables se apresuran a anunciar su autoría, a tratar de explicar sus sin razones, en este caso tales cosas no aparecen a pesar del fácil acceso a los medios de comunicación, a las redes sociales. De allí el desconcierto del gobierno de nuestro vecino del norte. El lugar y la fecha pueden significar algo, parece que abril les gusta a los terroristas domésticos, los atentados más cruentos han sido en este mes. El lugar es Boston, sede de sus más célebres centros educativos, además celebra el maratón más antiguo y por ende con mayor tradición, también es el día del patriota. En su historia refleja ese puritanismo norteamericano que tantos sentimientos encontrados provoca, por ejemplo, hasta 1972 la participación femenina estuvo absolutamente prohibida: “Hablando de Boston no podía ser de otra manera, pues fue en las calles de la tradicionalista y tan católica (irlandesa) capital de Nueva Inglaterra, donde la mujer demostró por primera vez la ridiculez de las teorías fisiológico-masculinas del momento. Estas establecían que el organismo femenino no era capaz de correr en competición más allá de milla y media, un tope de 3.000 metros”. Carlos Arribas en el diario El País del 14 de abril de este año nos sigue recordando: “Roberta Bobbi Gibb, quien en 1966 se puso unas bermudas y una sudadera con capucha de su hermano, se escondió en unos arbustos en la salida y sin que nadie se diera cuenta se mezcló con la masa de participantes (entonces unos centenares, todos hombres), una atleta clandestina que terminó la prueba en poco más de tres horas y entre los vítores de todos los jóvenes atletas maravillados. Meses antes, los organizadores de la carrera, un ente tradicional y tradicionalista, casi de aires aristocráticos, había rechazado su solicitud de inscripción señalándole que las mujeres no eran fisiológicamente capaces de correr esa distancia (se lo decían a ella, que durante dos años hizo entrenamientos de 40 kilómetros diarios) y que la federación de atletismo les prohibía intentarlo”. Claro, las mujeres no se rinden ante argumentos ridículos e intentaron otras formas de romper la prohibición: «Katherine Switzer intentó otra estrategia. En su solicitud de inscripción no especificó ni su sexo ni su nombre, solo sus iniciales K. V. Switzer. Le asignaron el dorsal 261 y orgullosa empezó a correr rodeada de un grupo de amigos. Cuando Jock Semple, el director de la carrera, la vio desde el autobús en el que supervisaba la prueba, se bajó e intentó echarla a empujones ante el delirio de los fotógrafos de prensa y la furia del novio de Switzer, quien con fuerza se lanzó contra Semple y lo tiró al suelo. Su chica terminó. “Aquel día cambió mi vida”, dijo Switzer, activista feminista desde entonces, “y también la del maratón”. Cinco años después, en 1972, Boston admitió su derrota y oficialmente a las mujeres. Y en 1984 el maratón femenino entró a formar parte de los Juegos Olímpicos.» En fin, veamos qué historia nos venden, ojalá sea la real por muy dura que sea. Nos queda pendiente el tema de los generales mexicanos falsamente acusados de colaboración con el narcotráfico, expedientes que muestran las obsesiones y falsedades del gobierno de Felipe Calderón, ese que se sigue paseando por Boston impunemente.

sábado, 13 de abril de 2013

DEBATE NECESARIO

Quién sabe cuántas veces haya que repetirlo, la presunta reforma educativa propuesta por el actual gobierno federal no es tal, es apenas una reforma laboral aplicable a los profesores del sistema educativo público. No se tocan contenidos, ni enfoques pedagógicos, ni las condiciones materiales de todas y cada una de las escuelas del país, eso lo impondrán después. Sí es una respuesta a las presiones de organizaciones empresariales disfrazadas como meramente civiles, a sus intereses, a sus posibles negocios. Uno de los especialistas más respetados, a través de su blog eduardoandere.net pone las cosas en claro: “Cuando la palabra educación se hace genérica y se le utiliza como panacea de todos nuestros problemas, es muy fácil desde cualquier trinchera: política, empresarial, internacional, acusar a la mala educación y a las malas escuelas, como las culpables de nuestra ignorancia y estancamiento […] Es mucho más probable que nuestros males y carencias provengan de una desafortunada sucesión de malos gobiernos y pésimos líderes que de malas escuelas y malos maestros […] La educación, ya sea en forma de crianza o instrucción, sólo nos entrega la oportunidad de ser mejores; pero no nos saca de todos nuestros escollos.” Cuando los políticos y empresarios, con toda su ignorancia sobre el tema, se ponen a pontificar, legislar o a decidir sin más límites que sus prejuicios, provocan más problemas que los que creen resolver. Es cierto que una organización sindical no debe tener injerencia en asuntos ajenos a la defensa de los derechos de los trabajadores, no debe repartir plazas a su antojo, mucho menos venderlas. Tampoco debe, como sindicato, repartirse puestos directivos, ni defender corruptos o inútiles. La sociedad, sea lo que signifique eso, no puede permitir que se descalifique o denigre a sus maestros, ni permitir que cualquiera, por muy buenas intenciones que tenga, o por mucha que sea su necesidad laboral, ocupe una posición frente a un grupo de niños o jóvenes, o sea director o supervisor. Los planes de estudio ─contenidos, tiempos, actividades, formas de evaluar─, los enfoques pedagógicos, el sistema de premios y castigos deben ser parte de un proyecto de país, de estado, de comunidad, de ser ciudadano; y tampoco puede estar a capricho de cualquier grupo de presión, independientemente del disfraz que se ponga. Por ello, los cambios, las reformas, deben contar con la participación de los profesores, porque deben ser los primeros convencidos de modificar su actuar frente al grupo de estudiantes, cosa, esta última, que no ha sucedido. Es cierto, la evaluación es importante, pero cualquier medición no es evaluación, otra vez Eduardo Andere ─No a la evaluación universal, en Educación a debate, 2 de junio de 2012─ «Para empezar, cualquier evaluación con el apellido universal es antitética, y quizá, antiética. Los maestros sí deben evaluarse pero a través de otros instrumentos. La evaluación magisterial debe ser local, conducida por los directores de las escuelas y realizadas por consejos, grupos o redes de pares. Nunca universal y nunca con base en pruebas estandarizadas que sólo lastiman al maestro y lo ponen en el banquillo de los acusados innecesariamente […] La evaluación es un instrumento poderoso de aprendizaje; no sólo la de los estudiantes sino también la de los maestros. Es algo que los pedagogos y aprendólogos deben decidir; es su tema, su recinto epistemológico. Ni los políticos ni los empresarios pueden y deben meterse en el lenguaje del aula y la docencia. Su tarea debe ceñirse a facilitar que la buena pedagogía y los buenos maestros florezcan. Y no a pasarlos por la báscula de los intereses políticos o ideológicos. Los maestros tienen razón al rechazar este tipo de evaluación populista y propagandística que descansa sobre una premisa totalmente falsa: “que los maestros son el principal factor asociado al aprendizaje de los niños y jóvenes y, por tanto, si el aprendizaje es deficiente, es por culpa de los maestros” […] La evidencia de más de 50 años de evaluación educativa de los aprendizajes medidos por pruebas estandarizadas en el mundo muestra que lo que sucede fuera de la escuela es tan o más importante que lo que sucede en la escuela para explicar la varianza de los resultados educativos.» Quizás algunas de las demandas de los maestros que se han estado movilizando, principalmente en el sur de nuestro país, no estén tan fuera de la realidad como algunos medios de comunicación han estado machacando, el no reconocer que tienen algo de razón, el cerrar las vías del diálogo y la negociación hasta que se llega a situaciones límite, enconará los enfrentamientos, o peor aún, hará que conflictos sociales que han sido parte de un contexto de desigualdad y pobreza, confluyan y requieran respuestas integrales que el sistema político no esté dispuesto a dar porque se afectan sus intereses. Es cierto que impedir el tránsito por carreteras y autopistas no será bien visto, menos por los directamente afectados; formas y fondo se confunden. Considerar formas diferentes de ver la educación puede ser útil y esperanzador, concluyamos con Andere: “Pensemos en una nueva educación y forma de educar, donde, las personas sean más importantes que las instituciones; donde no importa cuáles sean los arreglos de políticos y cúpulas, mi aprendizaje, mi quehacer diario, mi libertad para tomar un libro en lugar de prender la televisión, esforzarme en lugar de pasmarme, o ejercitarme en lugar de sentarme, es lo que hace la diferencia y el cambio. De esta manera, la solución al fracaso educativo de México no vendrá por un plan de reforma sino por el esfuerzo del hogar, el aula, la escuela, la comunidad; los padres de familia, los maestros, los educandos. Aprender es una fascinación. Sólo cada uno de nosotros puede construir los edificios del conocimiento, inteligencia, creatividad y sabiduría. ¿Cómo? Mediante el desarrollo de ambientes desafiantes y poderosos de aprendizaje.”

viernes, 5 de abril de 2013

EL BIEN Y EL MAL

Que a los buenos les vaya bien y a los malos les vaya mal. Suena fácil, pareciera que después de miles de años de experiencia como especie, de construcción de leyes, reglamentos, textos sagrados y no tanto, de instituciones encargadas de diferenciar una cosa de la otra, no habría mucho problema para llegar a eso. Pero no. ¿Qué es el mal? Desde que el homo sapiens presume de serlo ha dejado testimonio de aquello que le ocupa y preocupa: en cierto momento, cuando pudo desprenderse de sus necesidades más inmediatas, tuvo la oportunidad de destinarle más tiempo a pensar en su origen, en su forma de trascender una vida finita, en alimentar su temor a la muerte. Explicarse lo que no entendía lo llevó a buscar las razones de su existencia, buscar la felicidad o la paz como maneras de vivir lo mejor posible; creer que portarse bien debe tener alguna recompensa que valiera la pena. Pretender resolver el dilema sería exageradamente pretencioso, si acaso es una provocación para pensar en el tema. Recordar, por ejemplo, que para nuestra academia de la lengua, el mal ─desde la perspectiva que nos interesa─ es: “Lo contrario al bien, lo que se aparta de lo lícito y honesto.” O también: “Contrariamente a lo que es debido, sin razón, imperfecta o desacertadamente, de mala manera.” En lugar de decirnos lo que es, nos dicen lo que no es, bonita forma de definir algo. Pero hay otros enfoques que debieran evitar tal maña. En un mundo digital recurrir a la casi sagrada Wikipedia resulta obligado: “El Mal o la Maldad es una condición negativa relativa atribuida al ser humano que indica la ausencia de moral, bondad, caridad o afecto natural por su entorno y quienes le rodean, actuar con maldad también implica contravenir deliberadamente usando la astucia, los códigos de conducta, moral o comportamiento oficialmente correctos en un grupo social.” Esta última parte resulta más clara, porque implica que existe la voluntad para ir en contra de lo que es correcto o moral en un grupo social determinado, además, tan es un asunto de opción que hasta se hace trampa para ello, es decir, no es por ignorancia o imposibilidad física o mental; son las ganas de sacar ventaja a costa de los otros, de su buena fe, de sus esfuerzos, de su buen comportamiento. El catolicismo en especial, resume en 10 mandamientos lo que se debe y no hacer, pero las cosas se han complicado más de lo que parecen. El beato Juan Pablo II, tan apreciado para muchos, en su encíclica Veritatis Splendor recurre a otras fuentes: “81. La Iglesia, al enseñar la existencia de actos intrínsecamente malos, acoge la doctrina de la sagrada Escritura. El apóstol Pablo afirma de modo categórico: «¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el reino de Dios» (1 Co 6, 9-10).” Por si hiciera falta sigue diciendo: “Si los actos son intrínsecamente malos, una intención buena o determinadas circunstancias particulares pueden atenuar su malicia, pero no pueden suprimirla: son actos irremediablemente malos, por sí y en sí mismos no son ordenables a Dios y al bien de la persona: «En cuanto a los actos que son por sí mismos pecados (cum iam opera ipsa peccata sunt) —dice san Agustín—, como el robo, la fornicación, la blasfemia u otros actos semejantes, ¿quién osará afirmar que cumpliéndolos por motivos buenos (bonis causis), ya no serían pecados o —conclusión más absurda aún— que serían pecados justificados?»” El bien y el mal están presentes en todas las filosofías y en la totalidad de los textos sagrados de las diferentes religiones, un ejemplo más, porque el espacio, como la vida, también es limitado, lo podemos encontrar en el Baghavad Gita de los Vedas, nos limitaremos a una parte del capítulo 16 en su versión en prosa: “9. Siguiendo tales conclusiones, los seres demoníacos, quienes están totalmente perdidos y no tienen inteligencia, se ocupan en obras perjudiciales y horribles, destinadas a destruir el mundo. 10. Los seres demoníacos, refugiándose en la lujuria, el orgullo y el falso prestigio insaciables, y encontrándose así ilusionados, siempre están entregados a trabajos sucios, atraídos por lo que no es permanente. 11-12. Ellos creen que gratificar los sentidos hasta el final de la vida es la primera necesidad de la civilización humana. De esa manera no existe fin para su ansiedad. Estando atados por cientos y miles de deseos, por la lujuria y la ira, ellos acumulan dinero por medios ilegales para la complacencia de los sentidos. 13-15. La persona demoníaca piensa: “Hoy yo tengo tanta riqueza y ganaré más de acuerdo a mis ardides. Tanto es mío ahora, e incrementará más y más en el futuro. Él es mi enemigo y lo he matado, y mis otros enemigos también serán muertos. Yo soy el Señor de todo, soy el disfrutador, soy perfecto, poderoso y feliz. Soy el hombre más rico rodeado de parientes aristócratas. No hay nadie tan poderoso y feliz como yo. Ejecutaré sacrificio, daré alguna caridad y así me regocijaré”. De esta forma, tales personas están alucinadas por la ignorancia. 16. Confundido así por diversas ansiedades y atado así a una red de ilusiones, uno se apega demasiado al disfrute de los sentidos y cae al infierno.” Valgan estas breves reflexiones para unas fechas vacacionales que se originaron con una intención religiosa que cada vez menos siguen, pero es que reflexionar en el bien y el mal debiera ser algo más frecuente, incluso desde la ciencia o con un enfoque laico. Nuestra felicidad, paz y hasta trascendencia están en riesgo.

sábado, 30 de marzo de 2013

REFORMAS IDEALES

Festejamos las reformas creyendo que cualquier cambio es bueno, no cuestionamos su profundidad social, solo nos atrae lo económico, nos preocupa cómo los grandes multimillonarios se van a repartir el botín que siempre han tenido. Por más atención que pongamos no encontraremos una línea que muestre la existencia de un proyecto educativo para ser difundido o promovido a través de los medios de comunicación, ya lo decíamos en esta columna apenas el mes pasado y vale la pena volver a citar al italiano Fabrizio Andraella ─La Jornada, 10 de febrero del 2013─, que como víctima de la teledictadura impuesta por el zar de las telecomunicaciones Silvio Berlusconi, conoce del tema: “esa importante conquista moderna, que es la educación laica, obligatoria y gratuita para todos, se enfrenta hoy con otra autoridad formativa muy poderosa que ha florecido en particular en los últimos treinta años. Esta institución educativa ha logrado marginar la escuela y meter en sus pupitres a toda la población. Son los medios masivos, en particular la televisión y las redes sociales.” Aunque la “conquista moderna” a que se refiere Andraella también sea objeto de análisis y críticas, no podemos negar la influencia que tienen los medios y las redes sociales en el pensamiento y actuar cotidiano de sus consumidores. Tanto, que cada vez queda más claro que la debacle educativa se concibe frente a las pantallas brillantes de nuestro artilugios modernos, porque la escuela ya pasó a un segundo o tercer plano; «llevan nuestra atención a cultivar la curiosidad trivial, el curioseo sin dirección, para aturdir la mente en un nirvana de leve y constante excitación. Esta vibración neuronal es provocada por “noticias” o “eventos” que no necesitan una reflexión, sino solamente una afiliación maquinal e impulsiva a una congregación de anónimos consumidores de la misma sustancia. Información que nunca se transforma en conocimiento.» Pero no todo es culpa de los medios, los demás también los hemos dejado hacer lo que se les pega la gana y entre eso está el difundir modelos de comportamiento que no obedecen a ética alguna, todo con la intención de acicatear una curiosidad fácil y tener cautivos a una gran cantidad de espectadores o usuarios que se traducen en dinero. En este sentido, el español Javier Gomá Lanzón señala que, al menos desde el lado de la filosofía, carecemos de un ideal de hombre posmoderno. Coincide con el italiano en que estos últimos 30 años han sido críticos en la construcción de ese hombre que ─como especie─, pueda habitar la democracia liberal que tanto nos empeñamos en defender para después renegar de ella. Gomá lo plantea así: “Un genuino ideal aspira a ser una oferta de sentido unitaria, intemporal, universal y normativa. Ha de componer una síntesis feliz a partir de muchos elementos heterogéneos y aun contrapuestos. Además, debería estar dotado de intemporalidad y universalidad porque, aunque nacido en un contexto histórico concreto, siempre pretende tener validez para todos los casos y todos los momentos, por mucho que inevitablemente de facto quede relativizado por otros posteriores de signo opuesto. Por último, el ideal no describe la realidad tal como es —ése es el cometido de las ciencias— sino como debería ser y señala un objetivo moral elevado a los ciudadanos que reconocen en esa perfección algo de una naturaleza que es ya la suya pero a la vez más hermosa y más noble, como una versión superior de lo humano que despierta en quien la contempla un deseo natural de emulación”. Estas ideas, apenas planteadas por los pensadores citados, han estado completamente ausentes en las discusiones y acuerdos de nuestras grandes reformas, que se quedan en las formas sin entrar en los contenidos, por eso planteamos que estamos ante una política de aparador, donde cuentan las apariencias no la sustancia. No se pueden negar las aportaciones de las diferentes ciencias sociales en el examen de una realidad que parece cambiar continuamente, el mismo Gomá las toma en cuenta en su texto titulado “Dónde está la gran filosofía” publicado en el diario El País apenas el 13 de marzo de este año, pero él mismo tiene que recurrir a intentar encontrar esa filosofía en pensadores de otros campos relacionados, porque, se queja, la filosofía que se desarrolla en las universidades apenas se está quedando en historia de la filosofía. Pero la misma queja la podemos encontrar en la pedagogía, la sociología, la psicología, el psicoanálisis, la antropología, la comunicación y demás, apenas hacemos su historia, nos explicamos cómo estamos, pero no planteamos a dónde queremos llegar; parecemos cínicos: “La consciencia nos hace libres, pero ¿y después? Quien hoy hace alarde de su resignación suele recibir el aplauso general”. Resignarse no es opción, quejarse y oponer resistencia a los cambios que empujan en reversa es el primer paso, pero faltan los otros, los de las propuestas, los de los ideales que nos seducen a perseguirlos, que le dan sentido a nuestros afanes. Podremos estar o no de acuerdo con lo que los diferentes pensadores proponen, pero no hay que negar que pegan donde más duele: “La hipercrítica es paralizante si seca las fuentes del entusiasmo y fosiliza aquellas fuerzas creadoras que nos elevan a lo mejor. Sólo el ideal promueve el progreso moral colectivo; sin él estamos condenados a conformarnos con el orden establecido. Preservar en la vida una cierta ingenuidad es lección de sabiduría porque permite sentir el ideal aun antes de definirlo.”