“…los maestros enfrentan su reto educativo con un enorme déficit del que hasta ahora nadie se hace cargo: ¿Cómo podrían despertar en los niños y jóvenes el interés por la cultura, el arte o la educación física cuando ellos mismos, en su mayoría, se mantienen lejos de esas dimensiones? ¿Cómo nivelar las asimetrías culturales de nuestros maestros? ¿Cómo pertrecharlos mejor para que logren la superación de niños y jóvenes en un país que apenas rebasa los ocho años de escolaridad como promedio?” Hugo Casanova, del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
“¿A poco no me va a dejar salir?” Casi cara a cara con el profesor de bachillerato que estaba ubicado en la entrada del salón, el estudiante de 18 años, más alto, retaba al maestro que le pedía permanecer dentro del salón de clases para que hiciera el intento por aprender algo, después, a manera de intimidación, vendría parte de la biografía del retador. Padre precoz a los 17 años por embarazar a la novia, firmante frecuente en las instancias de readaptación social por haber matado, en tumulto, a otro joven a golpes. Desencantado de la sociedad y de la vida, ansioso por vivir las etapas que se había saltado por la paternidad irresponsable, sólo acierta a culpar a los demás y hacerse ver como víctima, quizás tenga algo o mucho de razón, mientras, se convierte en victimario de “los que no lo comprenden”.
“Para los docentes, los valores en los jóvenes están a la deriva: 72.1 por ciento cree que se debilita el sentido de justicia en este sector de la población, 72.4 considera que disminuye la responsabilidad, 71.7 opina lo mismo sobre la honestidad y 73.1 apunta que el respeto hacia los demás va en franco deterioro.” Karina Avilés, La Jornada 15 de Mayo 2011. El diagnóstico es certero, las cosas se notan más estando metidos varias horas al día con grupos numerosos de niños o jóvenes que cargan con sus problemas de todo tipo. Para un maestro frente a grupo el gusto por la enseñanza es cada vez más difícil de mantener, los grupos son más difíciles de controlar en el aspecto disciplinario; el conocimiento de cada alumno, de sus capacidades y necesidades se vuelve casi imposible, no hay tiempo ni energía para tanto y para tantos; se multiplica la cantidad de decisiones críticas que hay que tomar en fracciones de segundo, el estrés se vuelve agotador. De un momento a otro las condiciones cambian, igual que la población escolar. Como la alumna con uno de los mejores promedios de su generación, con buen comportamiento fuera y dentro de la escuela, que se harta de que nadie note su esfuerzo, ni sus padres en su casa, ni sus compañeros en la escuela, que decide, repentinamente, convertirse en la pesadilla de todos los demás, esconder mochilas o subirlas a las ramas de los árboles más cercanos, disparar gas pimienta en plena clase y cuanta travesura repudiaba antes, ahora se convierte en el único medio para reclamar a los demás su indiferencia.
“La encuesta Disposición de los docentes al desarrollo profesional, con una muestra de 3 mil 274 entrevistas a maestros de preescolar, primaria y secundaria de escuelas públicas y privadas del país, establece que mayor número de profesores lee textos de pedagogía y educación (29.2 por ciento) y también libros de superación personal (20.1 por ciento), mientras el género narrativo, como las novelas y los relatos cortos, no son de su interés (3.7 por ciento). El 54.8 por ciento nunca acude a la ópera, a la sinfónica o a la presentación de alguna danza clásica; 17.1 no va al cine ni al teatro; 62.1 lo hace a veces y 20.8 va con frecuencia. Sólo 15.6 por ciento acude con regularidad a museos, exposiciones y galerías, 18.9 por ciento nunca visita estos espacios y 65.5 lo hace en ocasiones”. No es por falta de gusto, no es por despreciar las expresiones artísticas y la cultura general, es que hasta el disfrute se vuelve poco accesible, no hay una política cultural congruente con las necesidades de nuestra numerosa población, se gasta para que las élites aparezcan en las páginas de sociales en eventos que desprecian y, a veces, ni se esfuerzan por entender, además, hay que recuperar las energías para enfrentar otro día, otra semana, otro mes, otro ciclo escolar.
viernes, 27 de mayo de 2011
viernes, 20 de mayo de 2011
INVENTANDO
Pasaron las celebraciones pero siguen faltando las reflexiones, el repaso de las experiencias individuales y colectivas. La educación de las nuevas generaciones no puede ser la misma que las de antes, las razones están a la vista. Somos educados por los otros, sean buenos o malos; por los medios de comunicación, sea su programación rescatable o deleznable; por la escuela y los maestros, estén bien equipadas o no las unas y bien capacitados o no los otros. Hace falta discutir.
“Discutere --en latín--, ustedes recuerden sus lenguas clásicas, discutere es tirar de un árbol, para ver si tiene raíces; discutir una opinión es ver si tiene raíces en la realidad o es un capricho, una fantasía o una superstición, y la educación no está para respetar todas las opiniones, sino para aprender a seleccionar entre esas opiniones, las verdaderas, las útiles, y las socialmente necesarias […] la educación es el arte de aprender a navegar por la información, es más útil que nunca, porque precisamente en las informaciones que nos llegan a través de redes sociales, de medios de comunicación como la televisión, etcétera, viene todo mezclado, lo útil y lo inútil, lo verdadero y lo falso, lo atroz y lo piadoso, todo está junto, todo está revuelto. La educación es el arte de gobernar a los jóvenes, a los niños para que aprendan a manejarse en ese caos informativo”. Sí, la cita es del filósofo Fernando Savater, de esa conferencia que vino a dar a la cúpula sindical educativa de nuestro país, quién sabe si le hayan entendido y el efecto que tengan sus palabras a largo plazo en ese auditorio tan sui generis por ser refractario a las ideas, pero nosotros las podemos aprovechar.
En sociedades tan masivas como las que tenemos, que incluso compiten en el desarrollo de más conocimiento, es imposible enseñarlo todo. Por ello la necesidad de regresar a lo básico, a dotar a nuestros niños y jóvenes los saberes, las habilidades para procesar la gran cantidad de información que se genera y difunde cada segundo, que sepan desechar lo falso o inútil, que aprendan a aprovechar lo que los hace mejores y ayude a desarrollarse en lo individual y social: “El problema verdadero en nuestra sociedad es de educación, no es que la gente se quede sin educar, nadie se queda sin ser educado; la educación está tan unida a la condición humana que es imposible que nadie se quede sin ser educado, el problema es quién le va a educar, el problema es si va a ser educado por personas con conocimientos, por personas con una buena voluntad social, por personas que quieren hacer progresar sus comunidades o van a ser educados por la banda de gánster de su barrio, por los peores ejemplos que ven en la televisión, por los que creen que o el triunfo social se basa exclusivamente en la acumulación de dinero”.
Podemos creer que prohibiendo que los niños vean televisión, o que usen las redes sociales, o censurando páginas de internet, tenemos resuelto parte del problema; esa es la forma de trabajar de ciertas organizaciones que se disfrazan detrás de una moralidad que frecuentemente resulta ser hipócrita e inútil. Seguido nos desgastamos creyendo que podemos elegir las compañías de nuestros hijos, manipular sus opiniones; logrando luego el efecto contrario al que deseamos. Lo mismo pasa con la educación: “no podemos elegir los padres de los niños, no podemos elegir probablemente los programas que van a ver en la televisión, ni las compañías que van a tener, ni el comportamiento de muchas figuras públicas célebres, pero nosotros sí podemos elegir lo que vamos a transmitir”.
Ser docente en cualquier nivel educativo no es algo simple, no puede ser un trabajo rutinario, tiene que ser algo especial, importante socialmente: “Educar es, en el mundo de los valores, de las propuestas, de los anhelos, de las creaciones humanas, seleccionar lo imprescindible y transmitirlo a las nuevas generaciones. Aquello que queremos que se perpetúe, aquello que queremos que prospere, el mundo en el que queremos vivir, porque en el fondo nosotros estamos preparando el mundo en el que van a tener que vivir todos”.
Como conclusión provisional, una buena noticia que no ha sido divulgada por los otros medios de comunicación, en nuestro Querétaro se acaba de graduar el primer egresado de la Licenciatura en Tecnología impartida en el Centro de Física Aplicada y Tecnología Avanzada (CFATA) de Juriquilla y la FES Cuautitlán de la UNAM. La nota es importante porque se trata de una carrera diferente a las demás, según cuenta el boletín de prensa del 11 de mayo pasado «Inventor es quien crea algo, tangible o intangible, nunca antes hecho. Por ello, toda idea o proyecto que me viene a la mente, aspiro a que tenga estas características y, sobre todo, que beneficie a la sociedad”, compartió Rodrigo Gutiérrez Landa, primer egresado de la licenciatura en Tecnología de la UNAM […] De no haber estudiado esto, no sé qué hubiera hecho. Antes de concluir el bachillerato ignoraba a qué dedicarme, pero tenía la inquietud de estudiar todo. La física y las matemáticas eran mis favoritas, pero la biología, la química y las etimologías también me gustaban […]‘¿qué es lo que soy y qué hago?’, soy inventor y me dedico a producir inventos, no hay nada más que decir».
Muchas veces oímos esas expresiones de: “Todas las opiniones son respetables”, vaya tontería, por supuesto que todas las opiniones no son respetables, todas las personas son respetables, tenga las opiniones que tengan, eso es cierto, salvo que sean opiniones criminales, pero las opiniones en sí, no son respetables, están precisamente para ser discutidas, para ser validadas si son ciertas y rechazadas si son falsas.
no es que sea malo el internet, no es que sean malas las redes sociales, lo que es malo es la adoración por esos medios, es creer que un instrumento técnico va a resolver lo que no resuelve la preocupación de la sociedad, lo que no resuelve la preocupación de tener unos enseñantes bien dotados y bien preparados. Es verdad, se suele decir “la buena educación es muy cara”, es cierto, una buena educación que tenga grupos de trabajo pequeños, profesores de apoyo, instrumentos, como estamos diciendo, para los alumnos, etcétera, es evidentemente una educación cara, pero yo les aseguro que la mala educación la pagan los países mucho más cara todavía, pagan mucho más cara la mala educación que la buena. Al final la buena educación sale barata en cuanto a rentabilidad y en cuanto a progreso de la sociedad.
“Discutere --en latín--, ustedes recuerden sus lenguas clásicas, discutere es tirar de un árbol, para ver si tiene raíces; discutir una opinión es ver si tiene raíces en la realidad o es un capricho, una fantasía o una superstición, y la educación no está para respetar todas las opiniones, sino para aprender a seleccionar entre esas opiniones, las verdaderas, las útiles, y las socialmente necesarias […] la educación es el arte de aprender a navegar por la información, es más útil que nunca, porque precisamente en las informaciones que nos llegan a través de redes sociales, de medios de comunicación como la televisión, etcétera, viene todo mezclado, lo útil y lo inútil, lo verdadero y lo falso, lo atroz y lo piadoso, todo está junto, todo está revuelto. La educación es el arte de gobernar a los jóvenes, a los niños para que aprendan a manejarse en ese caos informativo”. Sí, la cita es del filósofo Fernando Savater, de esa conferencia que vino a dar a la cúpula sindical educativa de nuestro país, quién sabe si le hayan entendido y el efecto que tengan sus palabras a largo plazo en ese auditorio tan sui generis por ser refractario a las ideas, pero nosotros las podemos aprovechar.
En sociedades tan masivas como las que tenemos, que incluso compiten en el desarrollo de más conocimiento, es imposible enseñarlo todo. Por ello la necesidad de regresar a lo básico, a dotar a nuestros niños y jóvenes los saberes, las habilidades para procesar la gran cantidad de información que se genera y difunde cada segundo, que sepan desechar lo falso o inútil, que aprendan a aprovechar lo que los hace mejores y ayude a desarrollarse en lo individual y social: “El problema verdadero en nuestra sociedad es de educación, no es que la gente se quede sin educar, nadie se queda sin ser educado; la educación está tan unida a la condición humana que es imposible que nadie se quede sin ser educado, el problema es quién le va a educar, el problema es si va a ser educado por personas con conocimientos, por personas con una buena voluntad social, por personas que quieren hacer progresar sus comunidades o van a ser educados por la banda de gánster de su barrio, por los peores ejemplos que ven en la televisión, por los que creen que o el triunfo social se basa exclusivamente en la acumulación de dinero”.
Podemos creer que prohibiendo que los niños vean televisión, o que usen las redes sociales, o censurando páginas de internet, tenemos resuelto parte del problema; esa es la forma de trabajar de ciertas organizaciones que se disfrazan detrás de una moralidad que frecuentemente resulta ser hipócrita e inútil. Seguido nos desgastamos creyendo que podemos elegir las compañías de nuestros hijos, manipular sus opiniones; logrando luego el efecto contrario al que deseamos. Lo mismo pasa con la educación: “no podemos elegir los padres de los niños, no podemos elegir probablemente los programas que van a ver en la televisión, ni las compañías que van a tener, ni el comportamiento de muchas figuras públicas célebres, pero nosotros sí podemos elegir lo que vamos a transmitir”.
Ser docente en cualquier nivel educativo no es algo simple, no puede ser un trabajo rutinario, tiene que ser algo especial, importante socialmente: “Educar es, en el mundo de los valores, de las propuestas, de los anhelos, de las creaciones humanas, seleccionar lo imprescindible y transmitirlo a las nuevas generaciones. Aquello que queremos que se perpetúe, aquello que queremos que prospere, el mundo en el que queremos vivir, porque en el fondo nosotros estamos preparando el mundo en el que van a tener que vivir todos”.
Como conclusión provisional, una buena noticia que no ha sido divulgada por los otros medios de comunicación, en nuestro Querétaro se acaba de graduar el primer egresado de la Licenciatura en Tecnología impartida en el Centro de Física Aplicada y Tecnología Avanzada (CFATA) de Juriquilla y la FES Cuautitlán de la UNAM. La nota es importante porque se trata de una carrera diferente a las demás, según cuenta el boletín de prensa del 11 de mayo pasado «Inventor es quien crea algo, tangible o intangible, nunca antes hecho. Por ello, toda idea o proyecto que me viene a la mente, aspiro a que tenga estas características y, sobre todo, que beneficie a la sociedad”, compartió Rodrigo Gutiérrez Landa, primer egresado de la licenciatura en Tecnología de la UNAM […] De no haber estudiado esto, no sé qué hubiera hecho. Antes de concluir el bachillerato ignoraba a qué dedicarme, pero tenía la inquietud de estudiar todo. La física y las matemáticas eran mis favoritas, pero la biología, la química y las etimologías también me gustaban […]‘¿qué es lo que soy y qué hago?’, soy inventor y me dedico a producir inventos, no hay nada más que decir».
Muchas veces oímos esas expresiones de: “Todas las opiniones son respetables”, vaya tontería, por supuesto que todas las opiniones no son respetables, todas las personas son respetables, tenga las opiniones que tengan, eso es cierto, salvo que sean opiniones criminales, pero las opiniones en sí, no son respetables, están precisamente para ser discutidas, para ser validadas si son ciertas y rechazadas si son falsas.
no es que sea malo el internet, no es que sean malas las redes sociales, lo que es malo es la adoración por esos medios, es creer que un instrumento técnico va a resolver lo que no resuelve la preocupación de la sociedad, lo que no resuelve la preocupación de tener unos enseñantes bien dotados y bien preparados. Es verdad, se suele decir “la buena educación es muy cara”, es cierto, una buena educación que tenga grupos de trabajo pequeños, profesores de apoyo, instrumentos, como estamos diciendo, para los alumnos, etcétera, es evidentemente una educación cara, pero yo les aseguro que la mala educación la pagan los países mucho más cara todavía, pagan mucho más cara la mala educación que la buena. Al final la buena educación sale barata en cuanto a rentabilidad y en cuanto a progreso de la sociedad.
viernes, 13 de mayo de 2011
MÁS ALLÁ DEL ACOSO
“No hay político en el mundo que piense las cosas a 15 ó 20 años vista, la mayoría de ellos sólo la piensa 3 ó 4 meses cuando mucho. Entonces, tiene que ser la sociedad la que exija el interés por la educación, tiene que ser la sociedad la que fuerce de alguna manera a los políticos a preocuparse por la educación, no simplemente a preocuparse por mejorar la tecnología educativa, yo que he frecuentado a muchos ministros de educación en varios países y antes o después siempre sale: “Vamos a dotar a todos los niños de una computadora”, bueno me parece muy bien naturalmente que unos niños tengan computadora, y tengan zapatos, y tengan ropa y tengan todas las cosas útiles para la vida. Pero la educación es algo que se hace de persona a persona, cuerpo a cuerpo como otras muchas cosas importantes de la vida, como el amor no se puede hacer de manera virtual, hay que hacerla cuerpo a cuerpo, porque sólo otro ser humano nos puede enseñar a ser humanos, sólo otro ser humano nos puede enseñar a vivir como humanos, ninguna máquina, ningún aparato”. Fernando Savater, versión estenográfica de conferencia ante dirigentes del SNTE, mayo 2011.
Esa visión corta e inmediatista de los políticos, los lleva a creer que hay soluciones casi mágicas para los problemas sociales. Desde hace unos meses para acá nos han estado bombardeando con estadísticas acerca de la gravedad de un problema como el acoso escolar, llamado bullying por muchos comentaristas. Ahora se les ocurrió que para atacar tal problema hay que legislar para penalizarlo, sin saber lo que cualquier educador sabe, que los efectos de la educación son a largo plazo, que el problema del acoso escolar refleja cosas más profundas que nos retratan como una sociedad discriminadora e intolerante.
Se discrimina y agrede al más chaparro o al más alto, al más moreno o al más descolorido, al más gordo o al más flaco, al más callado y al más gritón, al supuestamente más feo o más guapo, al fresa o al emo, al amanerado, al homosexual, al que no puede hacer ejercicio, al “burro” y al aplicado, al borracho y al abstemio. Todos discriminamos y somos objeto de discriminación, pero las víctimas perfectas son los que menos se saben defender, los que no han adquirido la seguridad suficiente para que no resulten tan afectados por lo que dicen o hacen los demás, los que no tienen la habilidad para crear lazos con otros y saber cubrirse de abusos con el grupo de amigos, los que no dicen nada, los que no acusan a los abusadores, los que sufren todo calladamente, con vergüenza, como si fuera su culpa.
Ante los dirigentes del SNTE, el filósofo y docente Fernando Savater señaló el objetivo principal de la educación en una sociedad masiva y tecnologizada como la nuestra, necesariamente plural y diversa: “Pero el objetivo de la educación va más allá, es la formación de ciudadanos; es decir, formar personas capaces de rentabilizar las garantías democráticas, de poder utilizar la democracia”. Y precisamente se requiere de un ambiente de tolerancia y de respeto a los demás para que exista la democracia. Nuestro problema es que los menos interesados porque haya una educación que apunte en ese sentido son los políticos, cuando debiera ser al contrario.
Si bien educa la escuela, también lo hacen otras instancias sociales: las familias, los medios de comunicación, las iglesias y sus ministros, las autoridades de cualquier tipo; las ciudades, comunidades y barrios con su organización peculiar, con sus costumbres y tradiciones, pero hay algo que no consideramos: “el ser gobernado educativamente, es el primer paso para poder llegar a ser gobernante y la importancia de la educación en nuestras sociedades es pensar que hay que educar a cada niño, a cada joven, a cada adolescente, como si el futuro del país dependiera de él, de las decisiones que él va a tomar, porque en último término es así”. El peligro es perder la perspectiva y creer que lo inmediato es lo importante, que aprender a leer, a compartir, a disfrutar y trabajar con los demás es un desperdicio de tiempo y recursos, con esa mentalidad nos convertimos y hacemos a los demás ignorantes: “los ignorantes tienen voto y voz como los demás, pero naturalmente los ignorantes pueden ser manipulados, los ignorantes pueden ser engañados, los ignorantes pueden vetar las transformaciones necesarias que implican algún sacrificio en primer término, poder apoyar propuestas demagógicas, etcétera”. No es la ignorancia académica que todos tenemos, es “la ignorancia de quien es incapaz de comprender las demandas sociales inteligibles que otros hacen. Quien es incapaz de expresar de manera argumentada e inteligible sus demandas sociales a los demás, de quien no puede, en una palabra, ni persuadir, ni ser persuadido”.
Atacar la intolerancia, promover el respeto a los demás porque todos somos diferentes, aprender a ser solidarios, saber identificar nuestros intereses, argumentarlos, contrastarlos, negociar la mejor solución para todos, impedir el acoso escolar o bullying rebasa con mucho las intenciones castigadoras de nuestros políticos; es hacer lo que ellos no saben, atender razones y trabajar a largo plazo.
Esa visión corta e inmediatista de los políticos, los lleva a creer que hay soluciones casi mágicas para los problemas sociales. Desde hace unos meses para acá nos han estado bombardeando con estadísticas acerca de la gravedad de un problema como el acoso escolar, llamado bullying por muchos comentaristas. Ahora se les ocurrió que para atacar tal problema hay que legislar para penalizarlo, sin saber lo que cualquier educador sabe, que los efectos de la educación son a largo plazo, que el problema del acoso escolar refleja cosas más profundas que nos retratan como una sociedad discriminadora e intolerante.
Se discrimina y agrede al más chaparro o al más alto, al más moreno o al más descolorido, al más gordo o al más flaco, al más callado y al más gritón, al supuestamente más feo o más guapo, al fresa o al emo, al amanerado, al homosexual, al que no puede hacer ejercicio, al “burro” y al aplicado, al borracho y al abstemio. Todos discriminamos y somos objeto de discriminación, pero las víctimas perfectas son los que menos se saben defender, los que no han adquirido la seguridad suficiente para que no resulten tan afectados por lo que dicen o hacen los demás, los que no tienen la habilidad para crear lazos con otros y saber cubrirse de abusos con el grupo de amigos, los que no dicen nada, los que no acusan a los abusadores, los que sufren todo calladamente, con vergüenza, como si fuera su culpa.
Ante los dirigentes del SNTE, el filósofo y docente Fernando Savater señaló el objetivo principal de la educación en una sociedad masiva y tecnologizada como la nuestra, necesariamente plural y diversa: “Pero el objetivo de la educación va más allá, es la formación de ciudadanos; es decir, formar personas capaces de rentabilizar las garantías democráticas, de poder utilizar la democracia”. Y precisamente se requiere de un ambiente de tolerancia y de respeto a los demás para que exista la democracia. Nuestro problema es que los menos interesados porque haya una educación que apunte en ese sentido son los políticos, cuando debiera ser al contrario.
Si bien educa la escuela, también lo hacen otras instancias sociales: las familias, los medios de comunicación, las iglesias y sus ministros, las autoridades de cualquier tipo; las ciudades, comunidades y barrios con su organización peculiar, con sus costumbres y tradiciones, pero hay algo que no consideramos: “el ser gobernado educativamente, es el primer paso para poder llegar a ser gobernante y la importancia de la educación en nuestras sociedades es pensar que hay que educar a cada niño, a cada joven, a cada adolescente, como si el futuro del país dependiera de él, de las decisiones que él va a tomar, porque en último término es así”. El peligro es perder la perspectiva y creer que lo inmediato es lo importante, que aprender a leer, a compartir, a disfrutar y trabajar con los demás es un desperdicio de tiempo y recursos, con esa mentalidad nos convertimos y hacemos a los demás ignorantes: “los ignorantes tienen voto y voz como los demás, pero naturalmente los ignorantes pueden ser manipulados, los ignorantes pueden ser engañados, los ignorantes pueden vetar las transformaciones necesarias que implican algún sacrificio en primer término, poder apoyar propuestas demagógicas, etcétera”. No es la ignorancia académica que todos tenemos, es “la ignorancia de quien es incapaz de comprender las demandas sociales inteligibles que otros hacen. Quien es incapaz de expresar de manera argumentada e inteligible sus demandas sociales a los demás, de quien no puede, en una palabra, ni persuadir, ni ser persuadido”.
Atacar la intolerancia, promover el respeto a los demás porque todos somos diferentes, aprender a ser solidarios, saber identificar nuestros intereses, argumentarlos, contrastarlos, negociar la mejor solución para todos, impedir el acoso escolar o bullying rebasa con mucho las intenciones castigadoras de nuestros políticos; es hacer lo que ellos no saben, atender razones y trabajar a largo plazo.
viernes, 6 de mayo de 2011
LO FUGAZ Y LO PERMANENTE
“Nueve de cada diez niños tienen caries; pero en vez de curarlos se propuso agregar una asignatura más al ya de por sí recargado currículo de las escuelas primarias. Y es que ahora prácticamente cualquier problema que padece la infancia: maltrato, mala alimentación, desnutrición, adolescencia, etcétera, se pretende que sea solucionado a través de una asignatura, quizás para que dentro de 10 o 20 años –cuando los niños sean doctores, abogados, ingenieros, políticos—arreglen lo que nuestros actuales profesionistas, funcionarios, burócratas no pudieron hacer y aventaron la chamba a los profesores”. Alexander Schaunard Las Asignaturas del Rey Midas, en revista Educación 2001, Abril 2011.
A la lista de la cita anterior podemos agregarle otras puntadas, como esa de que hay que implementar la asignatura de educación financiera para que nuestros niños aprendan a ahorrar, como si fuera a ser cierto que a su magro gasto diario para medio desayunar le fuera a sobrar algo para guardar y gastárselo en su ¿vejez? Pero lo que revela ese enfoque es que para todo se quiere que la escuela y los maestros resuelvan lo que los demás no quieren solucionar, porque no les da la gana, por corruptos, por flojos, por indiferentes.
Este texto estaba pensado para comenzar con otra cosa, así que volvamos al redil sin perder el estilo y la opinión ya expresada. Debido a la complejidad en su implementación, a la cobertura internacional, al exhaustivo procesamiento de los datos, se acaban de dar a conocer los resultados de lectura en PISA 2009, recordando que el nombre completo de dicha investigación es: Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, que se realiza cada 3 años y que los temas centrales van cambiando sucesivamente de Lectura en el 2000, Matemáticas en el 2003 y Ciencias en el 2006, para repetir en el 2009 con Lectura, por lo que ya hay material para comparar e intentar algunas conclusiones.
Entre las ventajas de PISA están: la cantidad de países que cubre, en este caso fueron 65, con un total de 475 mil estudiantes de entre 15 años tres meses y 16 años dos meses, independientemente del grado escolar en que estuvieran en ese momento, lo que nos permite vernos con otros sistemas educativos, para saber que tan mal o bien estamos.
Lo primero a comentar es que los 38,250 estudiantes que nos representaron quedaron, en promedio general, en el lugar 48 de los 65 que mencionamos, con una media de 425 puntos, arriba del promedio para América Latina que fue de 408. Además, como esos muchachos estuvieron agrupados por estado, nos podemos enterar que los estudiantes queretanos tuvieron un promedio de 427 en desempeño de Lectura en el año 2000 y que subieron a 432 en el 2009, un avance chiquito, de 5 puntos, al menos no hubo retroceso y están arriba del promedio nacional. Nada más viendo los resultados nacionales están en octavo lugar, detrás del Distrito Federal con 469, Nuevo León 450, Chihuahua y Aguascalientes con 449, México 440, Jalisco 438 y Colima con 436. Si agregamos al resto de los países resulta que se tiene una media por encima de Uruguay, Colombia, Brasil, Argentina, Panamá, Perú y otros más. Dentro del contexto nacional y latinoamericano no estamos tan mal, si agregamos al resto de los países participantes el resultado sigue siendo preocupante.
Regresemos a la opinión de Alexander Schaunard porque con tantos detalles se nos pierde lo importante: “La escuela tiene una misión y me temo que no estamos para abandonar su misión principal que es hacer que los niños aprendan a leer y escribir, que será el único medio de usar el cerebro contra ese adminículo del diablo (se refiere a la computadora) tan seductor, que nos dice «no pienses» ya todo está hecho para que disfrutes, ni siquiera tienes que guardarlo en la memoria (porque la computadora tiene más de la que necesitas). Todo es fugaz”.
PISA nos señala el reto, todavía el 38.1 por ciento de los queretanos que rondan los 15 años están en el mínimo de capacidad lectora, se esperaría que ya pudieran “comprender, emplear, reflexionar e interesarse en textos escritos con el fin de lograr metas, desarrollar conocimientos y participar en la sociedad”, pero no lo logran, el 54.8 están en un nivel intermedio y apenas el 7.1 logra un nivel alto de desempeño lector. A trabajar, a usar el cerebro, a leer y escribir porque eso desarrolla el pensamiento, el criterio, forma los valores, nos vuelve actores y no forzados espectadores.
A la lista de la cita anterior podemos agregarle otras puntadas, como esa de que hay que implementar la asignatura de educación financiera para que nuestros niños aprendan a ahorrar, como si fuera a ser cierto que a su magro gasto diario para medio desayunar le fuera a sobrar algo para guardar y gastárselo en su ¿vejez? Pero lo que revela ese enfoque es que para todo se quiere que la escuela y los maestros resuelvan lo que los demás no quieren solucionar, porque no les da la gana, por corruptos, por flojos, por indiferentes.
Este texto estaba pensado para comenzar con otra cosa, así que volvamos al redil sin perder el estilo y la opinión ya expresada. Debido a la complejidad en su implementación, a la cobertura internacional, al exhaustivo procesamiento de los datos, se acaban de dar a conocer los resultados de lectura en PISA 2009, recordando que el nombre completo de dicha investigación es: Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, que se realiza cada 3 años y que los temas centrales van cambiando sucesivamente de Lectura en el 2000, Matemáticas en el 2003 y Ciencias en el 2006, para repetir en el 2009 con Lectura, por lo que ya hay material para comparar e intentar algunas conclusiones.
Entre las ventajas de PISA están: la cantidad de países que cubre, en este caso fueron 65, con un total de 475 mil estudiantes de entre 15 años tres meses y 16 años dos meses, independientemente del grado escolar en que estuvieran en ese momento, lo que nos permite vernos con otros sistemas educativos, para saber que tan mal o bien estamos.
Lo primero a comentar es que los 38,250 estudiantes que nos representaron quedaron, en promedio general, en el lugar 48 de los 65 que mencionamos, con una media de 425 puntos, arriba del promedio para América Latina que fue de 408. Además, como esos muchachos estuvieron agrupados por estado, nos podemos enterar que los estudiantes queretanos tuvieron un promedio de 427 en desempeño de Lectura en el año 2000 y que subieron a 432 en el 2009, un avance chiquito, de 5 puntos, al menos no hubo retroceso y están arriba del promedio nacional. Nada más viendo los resultados nacionales están en octavo lugar, detrás del Distrito Federal con 469, Nuevo León 450, Chihuahua y Aguascalientes con 449, México 440, Jalisco 438 y Colima con 436. Si agregamos al resto de los países resulta que se tiene una media por encima de Uruguay, Colombia, Brasil, Argentina, Panamá, Perú y otros más. Dentro del contexto nacional y latinoamericano no estamos tan mal, si agregamos al resto de los países participantes el resultado sigue siendo preocupante.
Regresemos a la opinión de Alexander Schaunard porque con tantos detalles se nos pierde lo importante: “La escuela tiene una misión y me temo que no estamos para abandonar su misión principal que es hacer que los niños aprendan a leer y escribir, que será el único medio de usar el cerebro contra ese adminículo del diablo (se refiere a la computadora) tan seductor, que nos dice «no pienses» ya todo está hecho para que disfrutes, ni siquiera tienes que guardarlo en la memoria (porque la computadora tiene más de la que necesitas). Todo es fugaz”.
PISA nos señala el reto, todavía el 38.1 por ciento de los queretanos que rondan los 15 años están en el mínimo de capacidad lectora, se esperaría que ya pudieran “comprender, emplear, reflexionar e interesarse en textos escritos con el fin de lograr metas, desarrollar conocimientos y participar en la sociedad”, pero no lo logran, el 54.8 están en un nivel intermedio y apenas el 7.1 logra un nivel alto de desempeño lector. A trabajar, a usar el cerebro, a leer y escribir porque eso desarrolla el pensamiento, el criterio, forma los valores, nos vuelve actores y no forzados espectadores.
POR LA PAZ
Desde hace rato pareciera que las cosas han llegado a su límite, que este país necesita cambios hacia adelante, porque como dijera el clásico “la reversa también es un cambio” y ese es el problema. Las pretendidas reformas legales están llenas de cambios hacia atrás, a recuperar privilegios alguna vez perdidos, aunque sea momentáneamente.
Curioso que a pesar de que necesitemos esos cambios les tengamos miedo, pero es que la violencia extrema provoca parálisis, provoca creer que no hay más camino que el señalado aunque haya otros ya probados. Nadie le está pidiendo al gobierno que deje de pelear contra la delincuencia organizada, sí se le está pidiendo que cambie la estrategia, que la lucha armada sea uno de los recursos y no el único, que el uso legítimo de la violencia no sea el centro de su quehacer cotidiano porque traslada las batallas a espacios públicos como las calles y avenidas, como las plazas y centros comerciales, como las escuelas y las viviendas, y entonces las víctimas podemos ser cualquiera, como ha estado sucediendo de unos años a la fecha.
Estos días son importantes porque puede cristalizar un movimiento social que agrupe todos esos sufrimientos, todas esas frustraciones, todos esos mal llamados “daños colaterales” que reflejan el desgarrado tejido social que padecemos. Esa marcha que salió el día de ayer de Morelos para llegar el domingo al Zócalo de nuestro país puede lograr que los ciudadanos, que no somos delincuentes, podamos ser considerados como interlocutores válidos, que podamos exigir una estrategia más efectiva y menos costosa, que no sacrifique la seguridad, que no incremente la violencia, que no requiera de más muertos.
Hace apenas 3 días, el filósofo Fernando Savater en una conferencia titulada Legalidad y Ciudadanía, celebrada en la ciudad de Puebla, afirmaba lo que la experiencia internacional ha comprobado y que en nuestro caso puede resumirse en que “La impunidad corrompe más a México que la problemática de la inseguridad […]que el dilema no es la integración de nuevas leyes sino lograr que las existentes castiguen en su justa dimensión a quienes cometen delitos, es decir, no tolerar bajo ninguna circunstancia la impunidad.” Podemos agregar que la solución no es incrementar la penalidad para los delitos más frecuentes o graves, sino que los que los cometen en realidad sean castigados, que no se libren por la corrupción, que no se burlen de todos por la impunidad que da el poder político, económico o religioso. Lo peor del caso es que la lucha contra la impunidad debe darse de arriba hacia abajo, y los que están arriba prefieren que las víctimas seamos los que estamos abajo, por eso la negativa a cambiar la forma de enfrentar a la delincuencia.
Nadie está pidiendo una rendición, tampoco se puede pactar con delincuentes, a estos hay que imponerles la fuerza de la ley, la fortaleza de un estado con un tejido social sano, con ciudadanos que no teman ejercer todas sus potencialidades, hacer uso de su libertad; por eso la libertad y la democracia están estrechamente relacionadas, y por eso, en un ambiente de violencia, de inseguridad, de impunidad, la democracia no puede desarrollarse y aparece la tentación de las cláusulas de gobernabilidad, los cambios hacia atrás como falsa respuesta a la falta de acuerdos.
Eso es lo que está en juego, esta vez en una marcha que resume la insatisfacción y el rechazo a una estrategia inadecuada, el 8 de mayo por la tarde, en el corazón del país, en los corazones que son las plazas públicas principales de los estados y quizás de algunos municipios, las verdaderas víctimas recuperarán su voz y dirán “ya basta”.
Curioso que a pesar de que necesitemos esos cambios les tengamos miedo, pero es que la violencia extrema provoca parálisis, provoca creer que no hay más camino que el señalado aunque haya otros ya probados. Nadie le está pidiendo al gobierno que deje de pelear contra la delincuencia organizada, sí se le está pidiendo que cambie la estrategia, que la lucha armada sea uno de los recursos y no el único, que el uso legítimo de la violencia no sea el centro de su quehacer cotidiano porque traslada las batallas a espacios públicos como las calles y avenidas, como las plazas y centros comerciales, como las escuelas y las viviendas, y entonces las víctimas podemos ser cualquiera, como ha estado sucediendo de unos años a la fecha.
Estos días son importantes porque puede cristalizar un movimiento social que agrupe todos esos sufrimientos, todas esas frustraciones, todos esos mal llamados “daños colaterales” que reflejan el desgarrado tejido social que padecemos. Esa marcha que salió el día de ayer de Morelos para llegar el domingo al Zócalo de nuestro país puede lograr que los ciudadanos, que no somos delincuentes, podamos ser considerados como interlocutores válidos, que podamos exigir una estrategia más efectiva y menos costosa, que no sacrifique la seguridad, que no incremente la violencia, que no requiera de más muertos.
Hace apenas 3 días, el filósofo Fernando Savater en una conferencia titulada Legalidad y Ciudadanía, celebrada en la ciudad de Puebla, afirmaba lo que la experiencia internacional ha comprobado y que en nuestro caso puede resumirse en que “La impunidad corrompe más a México que la problemática de la inseguridad […]que el dilema no es la integración de nuevas leyes sino lograr que las existentes castiguen en su justa dimensión a quienes cometen delitos, es decir, no tolerar bajo ninguna circunstancia la impunidad.” Podemos agregar que la solución no es incrementar la penalidad para los delitos más frecuentes o graves, sino que los que los cometen en realidad sean castigados, que no se libren por la corrupción, que no se burlen de todos por la impunidad que da el poder político, económico o religioso. Lo peor del caso es que la lucha contra la impunidad debe darse de arriba hacia abajo, y los que están arriba prefieren que las víctimas seamos los que estamos abajo, por eso la negativa a cambiar la forma de enfrentar a la delincuencia.
Nadie está pidiendo una rendición, tampoco se puede pactar con delincuentes, a estos hay que imponerles la fuerza de la ley, la fortaleza de un estado con un tejido social sano, con ciudadanos que no teman ejercer todas sus potencialidades, hacer uso de su libertad; por eso la libertad y la democracia están estrechamente relacionadas, y por eso, en un ambiente de violencia, de inseguridad, de impunidad, la democracia no puede desarrollarse y aparece la tentación de las cláusulas de gobernabilidad, los cambios hacia atrás como falsa respuesta a la falta de acuerdos.
Eso es lo que está en juego, esta vez en una marcha que resume la insatisfacción y el rechazo a una estrategia inadecuada, el 8 de mayo por la tarde, en el corazón del país, en los corazones que son las plazas públicas principales de los estados y quizás de algunos municipios, las verdaderas víctimas recuperarán su voz y dirán “ya basta”.
viernes, 29 de abril de 2011
TRABAJO DECENTE
No, no es un asunto de moral personal, no se trata de que haya que elegir entre trabajos con diferente grado de aceptación social. Es que no hay elección, al menos desde el punto de vista del trabajador.
Vamos aclarando, por lo menos desde el 2001 y producto de este capitalismo salvaje disque neoliberal, se reconoce que el rollo ese de la competitividad, de elevar los márgenes de ganancia a costa de lo que sea, ha tenido como víctima principal a los trabajadores. Incluso en sectores productivos donde la mano de obra no es importante en los costos de producción, lo primero que se les ocurre a los empresarios sacrificar, es el sueldo y las condiciones de trabajo. En ese año, recogiendo la preocupación y franca alarma por lo que está sucediendo en todas partes del mundo, aunque en unos más que en otros, la Organización Internacional del Trabajo, que forma parte de la Organización de las Naciones Unidas, propone una definición de lo que debe ser el “trabajo decente”. El concepto se ha ido actualizando con el tiempo, con la suma de organizaciones de trabajadores de diferentes partes del mundo y con el desarrollo teórico en el tema y aunque se antoja insuficiente y con cierto grado de ingenuidad, lo que suele pasar con acuerdos multilaterales, vale la pena considerarlo como punto de partida.
La mejor expresión de la meta del trabajo decente es la visión que tiene de él la gente. Se trata de su puesto de trabajo y sus perspectivas futuras, de sus condiciones de trabajo, del equilibrio entre el trabajo y la vida familiar, de la posibilidad de enviar a sus hijos a la escuela o de retirarlos del trabajo infantil […] Se trata de la igualdad de género, de la igualdad de reconocimiento y de la capacitación de las mujeres para que puedan tomar decisiones y asumir el control de su vida. Se trata de las capacidades personales para competir en el mercado, de mantenerse al día con las nuevas calificaciones tecnológicas y de preservar la salud. Se trata de desarrollar las calificaciones empresariales y de recibir una parte equitativa de la riqueza que se ha ayudado a crear y de no ser objeto de discriminación; se trata de tener una voz en el lugar de trabajo y en la comunidad. En las situaciones más extremas, se trata de pasar de la subsistencia a la existencia. Para muchos, es la vía fundamental para salir de la pobreza. Para muchos otros, se trata de realizar las aspiraciones personales en la existencia diaria y de manifestar solidaridad para con los demás. Y en todas partes, y para todos, el trabajo decente es un medio para garantizar la dignidad humana." EN: Reducir el déficit de trabajo decente: Un desafío global. Memoria del Director general. Ginebra: OIT, 2001. (pp. 8-9).
Con todo y que la aspiración anterior tiene al menos 10 años de haberse trabajado y difundido, en nuestro México es poco conocida entre la opinión pública, porque aquí lo que campea es el desconocimiento, tenemos un movimiento obrero organizado que se quedó en las cavernas propias de su casi eterna gerontocracia, con sus insatisfechas demandas históricas que sacan a pasear cada primero de mayo para tener el mismo espacio de siempre en los medios, como si eso fuera suficiente para sacudirse la naftalina y para olvidar las corrupciones de sus dirigentes y los daños a una clase obrera que está en peligro de pasar del trabajo a la servidumbre.
Se incrementa el desempleo, el salario no es suficiente para vivir con dignidad, hay mayor necesidad de trabajo femenil, se pierden derechos históricamente reconocidos, la infancia queda desamparada y es obligada a un trabajo forzado, la riqueza producida socialmente se concentra en muy pocas manos y la desigualdad amenaza la sobrevivencia de millones de desesperados, los obreros no se identifican con una empresa que los necesita pero los trata como estorbos, no hay capacitación tecnológica porque se prefiere comprarla ya hecha que innovar aquí; la experiencia estorba porque significa reconocer derechos, pagar jubilaciones, aceptar la reciprocidad de una relación laboral.
Para legalizar lo anterior y otras cosas más, el PRI y el PAN avanzan en el acuerdo para una reforma laboral que solo se detiene por la coyuntura electoral, saben que a pesar de todo habrá un costo político que no quieren pagar, pero que consideran indispensable para garantizar el flujo de recursos para sus partidos y candidatos en el corto plazo, total, los trabajadores son votos individuales fácilmente manipulables con lo que queda del corporativismo.
A pesar de todo hay una mínima capacidad de reacción que se puede potencializar, en lo global, tan de moda. Por lo menos la Confederación Sindical Internacional (CSI) ha expresado su rechazo en los medios internacionales y en el primer párrafo de su carta dirigida a Felipe Calderón declara lo siguiente: “El 10 de marzo de 2011, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) presentó un proyecto a la Cámara de Diputados que propone una reforma significativa de las leyes laborales de México. Este proyecto de ley, que también cuenta con el apoyo del Partido Acción Nacional (PAN), fue hecho sin un proceso de consulta previa con todos los interlocutores sociales pertinentes y está lejos de subsanar deficiencias de larga data en la legislación laboral vigente que han impedido la libertad sindical y han promovido el aumento de la inestabilidad en las relaciones de trabajo. La Confederación Sindical Internacional (CSI) representa a 175 millones de trabajadoras y trabajadores en 151 países y territorios y cuenta con 305 organizaciones afiliadas nacionales se une al movimiento sindical mundial para manifestar su firme apoyo y solidaridad a nuestros compañeros y compañeras que se oponen enérgicamente a este proyecto de ley. Le instamos a que haga lo necesario a fin de que se presente una nueva propuesta, de acuerdo con las obligaciones de México conforme al derecho internacional, incluidos los derechos fundamentales de la OIT”. Lo mismo debería aparecer en las mantas y discursos de los trabajadores mexicanos este primero de mayo. Estemos atentos.
Vamos aclarando, por lo menos desde el 2001 y producto de este capitalismo salvaje disque neoliberal, se reconoce que el rollo ese de la competitividad, de elevar los márgenes de ganancia a costa de lo que sea, ha tenido como víctima principal a los trabajadores. Incluso en sectores productivos donde la mano de obra no es importante en los costos de producción, lo primero que se les ocurre a los empresarios sacrificar, es el sueldo y las condiciones de trabajo. En ese año, recogiendo la preocupación y franca alarma por lo que está sucediendo en todas partes del mundo, aunque en unos más que en otros, la Organización Internacional del Trabajo, que forma parte de la Organización de las Naciones Unidas, propone una definición de lo que debe ser el “trabajo decente”. El concepto se ha ido actualizando con el tiempo, con la suma de organizaciones de trabajadores de diferentes partes del mundo y con el desarrollo teórico en el tema y aunque se antoja insuficiente y con cierto grado de ingenuidad, lo que suele pasar con acuerdos multilaterales, vale la pena considerarlo como punto de partida.
La mejor expresión de la meta del trabajo decente es la visión que tiene de él la gente. Se trata de su puesto de trabajo y sus perspectivas futuras, de sus condiciones de trabajo, del equilibrio entre el trabajo y la vida familiar, de la posibilidad de enviar a sus hijos a la escuela o de retirarlos del trabajo infantil […] Se trata de la igualdad de género, de la igualdad de reconocimiento y de la capacitación de las mujeres para que puedan tomar decisiones y asumir el control de su vida. Se trata de las capacidades personales para competir en el mercado, de mantenerse al día con las nuevas calificaciones tecnológicas y de preservar la salud. Se trata de desarrollar las calificaciones empresariales y de recibir una parte equitativa de la riqueza que se ha ayudado a crear y de no ser objeto de discriminación; se trata de tener una voz en el lugar de trabajo y en la comunidad. En las situaciones más extremas, se trata de pasar de la subsistencia a la existencia. Para muchos, es la vía fundamental para salir de la pobreza. Para muchos otros, se trata de realizar las aspiraciones personales en la existencia diaria y de manifestar solidaridad para con los demás. Y en todas partes, y para todos, el trabajo decente es un medio para garantizar la dignidad humana." EN: Reducir el déficit de trabajo decente: Un desafío global. Memoria del Director general. Ginebra: OIT, 2001. (pp. 8-9).
Con todo y que la aspiración anterior tiene al menos 10 años de haberse trabajado y difundido, en nuestro México es poco conocida entre la opinión pública, porque aquí lo que campea es el desconocimiento, tenemos un movimiento obrero organizado que se quedó en las cavernas propias de su casi eterna gerontocracia, con sus insatisfechas demandas históricas que sacan a pasear cada primero de mayo para tener el mismo espacio de siempre en los medios, como si eso fuera suficiente para sacudirse la naftalina y para olvidar las corrupciones de sus dirigentes y los daños a una clase obrera que está en peligro de pasar del trabajo a la servidumbre.
Se incrementa el desempleo, el salario no es suficiente para vivir con dignidad, hay mayor necesidad de trabajo femenil, se pierden derechos históricamente reconocidos, la infancia queda desamparada y es obligada a un trabajo forzado, la riqueza producida socialmente se concentra en muy pocas manos y la desigualdad amenaza la sobrevivencia de millones de desesperados, los obreros no se identifican con una empresa que los necesita pero los trata como estorbos, no hay capacitación tecnológica porque se prefiere comprarla ya hecha que innovar aquí; la experiencia estorba porque significa reconocer derechos, pagar jubilaciones, aceptar la reciprocidad de una relación laboral.
Para legalizar lo anterior y otras cosas más, el PRI y el PAN avanzan en el acuerdo para una reforma laboral que solo se detiene por la coyuntura electoral, saben que a pesar de todo habrá un costo político que no quieren pagar, pero que consideran indispensable para garantizar el flujo de recursos para sus partidos y candidatos en el corto plazo, total, los trabajadores son votos individuales fácilmente manipulables con lo que queda del corporativismo.
A pesar de todo hay una mínima capacidad de reacción que se puede potencializar, en lo global, tan de moda. Por lo menos la Confederación Sindical Internacional (CSI) ha expresado su rechazo en los medios internacionales y en el primer párrafo de su carta dirigida a Felipe Calderón declara lo siguiente: “El 10 de marzo de 2011, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) presentó un proyecto a la Cámara de Diputados que propone una reforma significativa de las leyes laborales de México. Este proyecto de ley, que también cuenta con el apoyo del Partido Acción Nacional (PAN), fue hecho sin un proceso de consulta previa con todos los interlocutores sociales pertinentes y está lejos de subsanar deficiencias de larga data en la legislación laboral vigente que han impedido la libertad sindical y han promovido el aumento de la inestabilidad en las relaciones de trabajo. La Confederación Sindical Internacional (CSI) representa a 175 millones de trabajadoras y trabajadores en 151 países y territorios y cuenta con 305 organizaciones afiliadas nacionales se une al movimiento sindical mundial para manifestar su firme apoyo y solidaridad a nuestros compañeros y compañeras que se oponen enérgicamente a este proyecto de ley. Le instamos a que haga lo necesario a fin de que se presente una nueva propuesta, de acuerdo con las obligaciones de México conforme al derecho internacional, incluidos los derechos fundamentales de la OIT”. Lo mismo debería aparecer en las mantas y discursos de los trabajadores mexicanos este primero de mayo. Estemos atentos.
miércoles, 20 de abril de 2011
INTERNET CON GAS
Las píldoras substituyen a los alimentos, las tarjetas al dinero, las pantallas al viaje, Facebook a las cafeterías, la televisión por cable a los estadios de futbol, la pornografía al sexo, los sondeos de opinión a las elecciones democráticas. Estos empobrecimientos de la experiencia sensorial son presentados como fantásticos éxitos del desarrollo y vividos como cómodos “ahorros de tiempo” para el ciudadano. Fabrizio Andreella en La Jornada Semanal 27 de marzo 2011.
En el espacio de un instante caben cada vez más cosas, el problema es que no estamos acostumbrados, todavía, para aprovecharlas. El límite no es la tecnología, es nuestro cerebro, nuestras posibilidades de disfrute y de asimilación de información se asombran con la velocidad de conexión a muchas cosas caóticas por diferentes, pero necesitamos de tiempo para reflexionar y jerarquizar lo que recibimos. Quizás en esa espera, en ese remasticar y combinar lo que somos y sabemos, con lo nuevo que se nos presenta, esté la capacidad de gozo, lo demás es adicción.
El italiano Andreella, con quien comenzamos este texto, llama la atención sobre la “gasificación” del tiempo, sobre esa multitud de pequeñas esperas que padecemos cada que nos conectamos a la red global y estamos al pendiente de que se procesen nuestras peticiones y se nos presente el resultado en la pantalla. Multitud de pequeñas esperas que impiden hacer casi cualquier cosa, hasta pensar, porque esos saltos entre un sitio y otro, entre un pedazo de información y otra carecen de continuidad. Es como el zapping televisivo, cambiar continuamente de canal da la falsa impresión de que aprovechamos mejor el tiempo, como si este fuera líquido y se escapara entre las manos. De lo líquido pasamos al igualmente metafórico gas, muchas moléculas flotando sin aparente relación entre sí. Curioso, teniendo tantas posibilidades sensoriales nos limitamos voluntariamente.
“El tiempo de la cotidianidad contemporánea es entonces como uno de esos quesos punteados por minúsculos agujeros, imperceptibles y claustrofóbicas salas de espera en las cuales nos acomodamos mil veces durante el día. Adentro no hay revistas que leer o desconocidos con quienes hablar. Todo es demasiado rápido para empezar algo nuevo, y demasiado lento para no percibir la discontinuidad. No hay más que esperar.” Instalados en el cinismo, los mexicanos podemos presumir que eso apenas le sucede a menos del diez por ciento de la población. Según el reporte titulado Libertad en la Red 2011, emitido por la organización Random House y publicado por el diario El Universal apenas el 19 de este mes: “El ingreso de México a la era global de internet se ha producido de forma desigual a los países que conforman la OCDE, con un régimen “parcial” de libertades y con problemas de acceso derivados de una falta de competencia en el sector de telecomunicaciones, posiciones de dominio en las redes de telefonía, tarifas caras y falta de infraestructura.” Esos problemitas, que a nuestros gobernantes parecen no importarles, ha provocado que el índice de suscriptores a internet de nuestro país sea la mitad del promedio del resto de la OCDE, un 9.5 contra 20 por cada 100 habitantes.
Pero hay otro tema que involucra a las redes sociales, esa aparente capacidad que se le atribuye de provocar o al menos potencializar las inconformidades sociales. Pero no es lo mismo el medio que las causas. Los levantamientos populares en la costa sur del Mediterráneo tienen como antecedentes gobiernos autoritarios muy longevos, pero su permanencia se debe más a la tolerancia de las democracias occidentales que no dudan en fustigar a otros, como los hermanos Castro en Cuba, y hacerse los occisos en casos como los de Hosni Mubarak en Egipto, Muammar el Gadafi en Libia o cualquiera de los emiratos árabes. Las redes sociales no producen ni instigan los levantamientos, no reproducen las inconformidades, sólo reflejan algo de lo que existe hace mucho tiempo. La organización ciudadana existe desde mucho antes de la era de internet.
El periodista e investigador bielorruso Evgeny Morozov tiene una visión más pesimista que se refleja en su libro “El engaño de la red. El lado oscuro de la libertad en Internet”, que en una breve reseña Andrés Hex resume así: “asociar las tecnologías de las comunicaciones en red a una nueva chance para los oprimidos del mundo es un argumento infantil e incorrecto, pues no tiene en cuenta que los mismos líderes que son los blancos de estas revueltas hacen un uso de Internet con fines políticos sumamente sofisticado. Los usan —justamente— para controlar, perseguir, encarcelar y reprimir. Puede ser que por un infinitésimo momento el pueblo tome el poder en Twitter. Pero ese momento es efímero. Participar en las redes sociales no es resistir, no es organizar, no es liberarse; es lo opuesto, es entregarse al sistema de una manera orwelliana. La Red es un panóptico digital. Y nosotros no somos los vigilantes, somos los vigilados.”
Habrá que acostumbrarnos a la idea de que no somos solo clientes de un servicio, sino que somos los que le damos un valor que de otra forma no tendría, que nuestra dependencia a internet y a las redes sociales es mutua, que ellas existen porque las usamos y por tanto podemos ponerles condiciones, que podemos resistirnos a la manipulación, al espionaje. Tener en claro que en ese “gas” de las múltiples esperas seguimos existiendo.
En el espacio de un instante caben cada vez más cosas, el problema es que no estamos acostumbrados, todavía, para aprovecharlas. El límite no es la tecnología, es nuestro cerebro, nuestras posibilidades de disfrute y de asimilación de información se asombran con la velocidad de conexión a muchas cosas caóticas por diferentes, pero necesitamos de tiempo para reflexionar y jerarquizar lo que recibimos. Quizás en esa espera, en ese remasticar y combinar lo que somos y sabemos, con lo nuevo que se nos presenta, esté la capacidad de gozo, lo demás es adicción.
El italiano Andreella, con quien comenzamos este texto, llama la atención sobre la “gasificación” del tiempo, sobre esa multitud de pequeñas esperas que padecemos cada que nos conectamos a la red global y estamos al pendiente de que se procesen nuestras peticiones y se nos presente el resultado en la pantalla. Multitud de pequeñas esperas que impiden hacer casi cualquier cosa, hasta pensar, porque esos saltos entre un sitio y otro, entre un pedazo de información y otra carecen de continuidad. Es como el zapping televisivo, cambiar continuamente de canal da la falsa impresión de que aprovechamos mejor el tiempo, como si este fuera líquido y se escapara entre las manos. De lo líquido pasamos al igualmente metafórico gas, muchas moléculas flotando sin aparente relación entre sí. Curioso, teniendo tantas posibilidades sensoriales nos limitamos voluntariamente.
“El tiempo de la cotidianidad contemporánea es entonces como uno de esos quesos punteados por minúsculos agujeros, imperceptibles y claustrofóbicas salas de espera en las cuales nos acomodamos mil veces durante el día. Adentro no hay revistas que leer o desconocidos con quienes hablar. Todo es demasiado rápido para empezar algo nuevo, y demasiado lento para no percibir la discontinuidad. No hay más que esperar.” Instalados en el cinismo, los mexicanos podemos presumir que eso apenas le sucede a menos del diez por ciento de la población. Según el reporte titulado Libertad en la Red 2011, emitido por la organización Random House y publicado por el diario El Universal apenas el 19 de este mes: “El ingreso de México a la era global de internet se ha producido de forma desigual a los países que conforman la OCDE, con un régimen “parcial” de libertades y con problemas de acceso derivados de una falta de competencia en el sector de telecomunicaciones, posiciones de dominio en las redes de telefonía, tarifas caras y falta de infraestructura.” Esos problemitas, que a nuestros gobernantes parecen no importarles, ha provocado que el índice de suscriptores a internet de nuestro país sea la mitad del promedio del resto de la OCDE, un 9.5 contra 20 por cada 100 habitantes.
Pero hay otro tema que involucra a las redes sociales, esa aparente capacidad que se le atribuye de provocar o al menos potencializar las inconformidades sociales. Pero no es lo mismo el medio que las causas. Los levantamientos populares en la costa sur del Mediterráneo tienen como antecedentes gobiernos autoritarios muy longevos, pero su permanencia se debe más a la tolerancia de las democracias occidentales que no dudan en fustigar a otros, como los hermanos Castro en Cuba, y hacerse los occisos en casos como los de Hosni Mubarak en Egipto, Muammar el Gadafi en Libia o cualquiera de los emiratos árabes. Las redes sociales no producen ni instigan los levantamientos, no reproducen las inconformidades, sólo reflejan algo de lo que existe hace mucho tiempo. La organización ciudadana existe desde mucho antes de la era de internet.
El periodista e investigador bielorruso Evgeny Morozov tiene una visión más pesimista que se refleja en su libro “El engaño de la red. El lado oscuro de la libertad en Internet”, que en una breve reseña Andrés Hex resume así: “asociar las tecnologías de las comunicaciones en red a una nueva chance para los oprimidos del mundo es un argumento infantil e incorrecto, pues no tiene en cuenta que los mismos líderes que son los blancos de estas revueltas hacen un uso de Internet con fines políticos sumamente sofisticado. Los usan —justamente— para controlar, perseguir, encarcelar y reprimir. Puede ser que por un infinitésimo momento el pueblo tome el poder en Twitter. Pero ese momento es efímero. Participar en las redes sociales no es resistir, no es organizar, no es liberarse; es lo opuesto, es entregarse al sistema de una manera orwelliana. La Red es un panóptico digital. Y nosotros no somos los vigilantes, somos los vigilados.”
Habrá que acostumbrarnos a la idea de que no somos solo clientes de un servicio, sino que somos los que le damos un valor que de otra forma no tendría, que nuestra dependencia a internet y a las redes sociales es mutua, que ellas existen porque las usamos y por tanto podemos ponerles condiciones, que podemos resistirnos a la manipulación, al espionaje. Tener en claro que en ese “gas” de las múltiples esperas seguimos existiendo.
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