sábado, 22 de enero de 2011

SINSENTIDO


“Eleuterio Zamanillo Noriega, representante en Querétaro de la Secretaría de Educación Pública (SEP), reveló que estudiantes de secundaria y bachillerato reprueban exámenes porque no saben escribir o simplemente no comprenden las indicaciones o preguntas citadas en las pruebas de conocimiento.” Héctor Ayala/Diario de Querétaro 18 de enero de 2011.

La declaración anterior es importante, quien la hizo no es ningún improvisado, tiene muchos años en nuestro estado y conoce bien el sistema educativo local y nacional, que siendo fundamentalmente iguales tienen diferencias propias de su contexto histórico y social. Por eso es normal que provoque respuestas, algunas apuntarán a desacreditar lo dicho, otras a reprochar la falta de soluciones, las “automáticas” a querer negar lo expresado. Pero no se debe ni puede ignorar.

En una nota fechada al día siguiente de la primera, Salvador Castillo en www.magazinedequeretaro.com recoge la respuesta de la instancia local educativa: “Los estudiantes de nivel secundaria son los mejor evaluados a nivel nacional y figuran entre los primeros lugares en las materias de español y matemáticas”, manifestó el Coordinador General de USEBEQ, Jaime Escobedo Rodríguez, luego de las declaraciones del Delegado de la SEP en Querétaro, Eleuterio Zamanillo Noriega, señalando que los estudiantes de secundaria no tienen las capacidades suficientes de comprensión de textos, ni son capaces de plasmar con claridad sus ideas por escrito […]Jaime Escobedo, reviró contra el delegado y le hizo un llamado para que tuviera más cuidado con las declaraciones que emitía, pues afirmó, no se puede hablar de manera superficial, ni personal, de cuestiones tan delicadas como el desempeño académico de los estudiantes queretanos. Asimismo, el Coordinador de la USEBEQ, defendió el nivel magisterial de los docentes, declarando que el estado es uno de los que mayor presupuesto contempla para estímulos a profesores”. Si bien las aclaraciones son válidas, estas también requieren de algunos ajustes; primero se parte de una premisa falsa, el tener un presupuesto “mayor” al de otros estados para estímulos a profesores no garantiza la calidad de los mismos, por una razón muy simple, se premia la meritocracia, la asistencia a cursos, los diplomados, la obtención de grados, pero no el desempeño en el aula y el aprendizaje de los alumnos, a menos que se tome un indicador como ENLACE y se considere meritorio que haya otros estados con peores calificaciones, que es lo que se está haciendo. No se premian los buenos resultados, sino los menos malos. Segundo, se descarta la experiencia personal para hablar sobre esos temas, pero entonces ¿desde dónde comenzamos? Por cierto, hasta el momento de escribir este texto ningún funcionario del COBAQ o de las preparatorias de la UAQ ha dicho nada al respecto.

Meto mi cuchara y pongo en juego mi experiencia. Lo que ha visto y preocupa es que cada semestre se incrementa el número y porcentaje de reprobación en el nivel medio (preparatorias y bachilleratos); que si bien el aprendizaje, la comprensión y los hábitos de lectura y escritura de los adolescentes que logran entrar a ese nivel ya vienen determinados por los anteriores (preescolar, primaria y secundaria), quizás la última oportunidad para establecerlos o incrementarlos es el medio superior y allí se nota, cada vez más, lo que advierte el Dr. Zamanillo.

La respuesta de los docentes es decir que los alumnos son cada generación más flojos, que no les interesa su progreso académico, que están desmotivados, que las familias y los niveles anteriores no cumplen con su cometido, pero hay algo que estamos pasando por alto, que todo lo anterior puede tener como antecedente la impotencia. El querer aprender, querer comprender y no poder ninguna de las dos cosas. La impotencia que amarga el carácter, que destruye las buenas actitudes, que provoca rechazo, que vuelve inútil la atención y el esfuerzo cotidiano. ¿Para qué hacer tareas y trabajos que resultan incomprensibles? ¿Para qué poner atención a algo que no se entiende? ¿Para qué esforzarse por una calificación que no significa nada? La impotencia también se aprende y esa sí la enseñamos muy bien.

El gusto por ir a la escuela, cuando existe, está basado en el encuentro con los amigos, en la posibilidad de conseguir novi@, en el compartir las primeras adicciones –al tabaco y el alcohol para empezar, a las drogas duras y al sexo para terminar--, en el saber que hay otros igual de frustrados que uno, en el identificar al enemigo común: los profesores. En cada vez más pocos existe el gusto por comprender el mundo que nos rodea, por aprender lo que las generaciones anteriores han descubierto, por colaborar en el incremento de ese bagaje cultural y científico que hemos heredado, por encontrar las claves para disfrutar la vida. Los seres humanos, lo han dicho muchos y lo repitió Vargas Llosa en su discurso después de recibir el premio Nobel de literatura: “Desde que empezaron a soñar en colectividad, a compartir los sueños, incitados por los contadores de cuentos, dejaron de estar atados a la noria de la supervivencia, un remolino de quehaceres embrutecedores, y su vida se volvió sueño, goce, fantasía y un designio revolucionario: romper aquel confinamiento y cambiar y mejorar, una lucha para aplacar aquellos deseos y ambiciones que en ellos azuzaban las vidas figuradas, y la curiosidad por despejar las incógnitas de que estaba constelado su entorno.” Pues vamos en sentido contrario y la única forma que muchos muchachos están encontrando para intentar escapar a esa supervivencia y a los “quehaceres embrutecedores” son las adicciones y sus amargas consecuencias que incluyen, a los efectos ya conocidos, las enfermedades tempranas y crónicas, los embarazos en niñas y adolescentes. No es solo un problema de rendimiento escolar, de reprobación o deserción, es el encontrarle sentido a la vida.

domingo, 16 de enero de 2011

PAÍS SANGRIENTO


La propuesta es de Eduardo del Río (Rius), la motivación es la persistencia en una estrategia equivocada a la luz de los efectos sobre la ciudadanía indefensa. No se afectan las finanzas de la delincuencia organizada que no solo se dedica al narcotráfico, también tiene que ver con el acceso a información privilegiada, con las “reglas” legales que permiten los fraudes o los dejan fuera de cualquier castigo; tiene que ver con la trata de personas incluidos niños y niñas, tiene que ver con el secuestro, robo, asesinato y explotación de migrantes propios y ajenos; con la criminalización de la protesta social, con el acoso a las organizaciones sociales y a defensores de los derechos humanos, con los asesinatos a periodistas, con las estúpidos e hipócritas “daños colaterales” de una guerra instalada en nuestras calles, escuelas, plazas, ciudades, carreteras, negocios y hogares. Tiene que ver, fundamentalmente, con un sistema social, económico, político, religioso y empresarial corrupto e impune.

Pero en lugar de enfocar los esfuerzos y las energías sociales en contra de esa corrupción e impunidad, se han concentrado los beneficios –porque siempre algunos salen ganando—en los mismos de siempre mientras se socializan las pérdidas en toda la población. Más de 30 mil mexicanos muertos en los últimos 4 años, muchas víctimas inocentes y otras no tanto, el problema es que no sabremos qué tanto porque no hay investigación, no hay un aparato de justicia que la administre y la procure, no hay un efectivo sistema penitenciario. En lo que sí ha habido éxito es en el desmantelamiento de esas instituciones basadas en la solidaridad que garantizaban cierto grado de seguridad y bienestar, esas instituciones de salud, de cultura, educación, de protección de los derechos laborales que premiaban la constancia y el esfuerzo. Que tenían fallas y eran perfectibles ¡por supuesto! Pero había cierta garantía de que a quien se portaba bien le iba bien, cualquier cosa que significara eso.

Ahora es difícil diferenciar entre los buenos y los malos, porque con el pretexto de la “guerra” o la “lucha” contra el narcotráfico y sólo contra esa parte de la delincuencia organizada, se vale todo, al grado de que es casi igual de riesgoso toparse con un retén o caravana de delincuentes que de policías y soldados. Porque algunos siguen pensando que en una guerra la ley y los derechos son un estorbo.

“Nos están llevando a un estado de importamadrismo” dice Rius, tanta violencia parece estar logrando ese efecto, o al menos es el riesgo, que el miedo combinado con la indiferencia nos lleve a aceptar lo inaceptable, que la energía ciudadana se apague y sea más manipulable, que entreguemos lo poco que nos queda como colectividad para que nuestros millonarios blindados y super vigilados sigan consintiéndose aprovechando un sistema diseñado para ellos.

Por eso el escándalo y la descalificación, si la campaña ciudadana propuesta por el monero Eduardo del Río tiene éxito en movilizar a la ciudadanía en algo tan sencillo como pegar en casas, negocios y automóviles un pequeño cartel diseñado para eso pero que cada quien debe imprimir, reproducir y pegar, para demostrar que es una iniciativa independiente, que no depende de coyunturas políticas, que es contra una estrategia que en 4 años ha demostrado su ineficacia y un costo altísimo que además se está incrementado a niveles que desde hace mucho son inaceptables, entonces se corre el riesgo –para algunos— de que se movilice para defender otras demandas urgentes y justas.

Hay que pelear contra la corrupción en todos los niveles, contra los privilegios y las desigualdades, contra la excesiva concentración de la riqueza, contra los monopolios y duopolios, contra la simulación, contra la impunidad, contra la violencia. Quizás ya llegó el momento de plantearse cambios radicales y pacíficos, no las reformas que buscan profundizar un modelo que no nos funciona.

sábado, 8 de enero de 2011

SUPERSTICIOSOS

“Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola.” Mario Vargas Llosa, fragmento del discurso para agradecer el premio Nobel de Literatura 2010.

Porque somos mortales usamos la imaginación para vivir más de lo que nuestro cuerpo nos permite, por eso creamos el arte y la literatura, por eso, dice Vargas Llosa, existe el espíritu crítico, el que nos hace avanzar porque nos rebela contra las insuficiencias de esta, nuestra vida.

Finalizar un año y comenzar otro es arbitrario, es más el deseo de que algunas cosas tengan término y se puedan olvidar, que un verdadero dique contra los infortunios. Con el año nuevo creemos que todo puede ir mejor porque es así: nuevo. Porque no tiene las manchas que acumularon los 365 días anteriores.

Ese comportamiento, más supersticioso que racional, puede servir al menos para reflexionar en lo que está mal o nos incomoda, para plantear cambios necesarios que podrían iniciarse en cualquier momento pero que aprovechan una fecha o momento de la historia personal y colectiva que parece propicio. No por nada la Encuesta sobre la Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología en México 2009, que elaboraron el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), nos muestra como lo que somos: supersticiosos, poco racionales. Según los datos de la misma el 83.6% de los mexicanos reconocen que “confiamos demasiado en la fe y muy poco en la ciencia”. Somos un pueblo de muchas creencias y pocas realidades, por eso nos manipulan y se ríen de nosotros, porque lo permitimos.

Rosaura Ruiz, entrevistada por el diario El Universal, directora de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y ex presidenta de la Academia Mexicana de Ciencias, afirma que “no es posible que ante los avances tecnológicos y de la ciencia que nos brinda el siglo XXI, en México, la población tenga como opciones, para resolver sus problemas, a los horóscopos, la magia, los números de la suerte, la lectura del café, o a señoras que salen en la televisión o brindan sus servicios por teléfono para resolver lo mismo problemas de amor que de empleo o salud. Esto puede causar risa, pero es desesperante y grave para el desarrollo nacional”.

No es lo mismo el imaginar y el saber, que el creer ciegamente en lo que otros dicen nada más porque lo dicen, porque debemos tenerlos como privilegiados en conocer cosas que para los demás están ocultas. La imaginación y los conocimientos se comparten, forman parte de nuestra forma de ver el mundo, de interpretarlo, de transformarlo. Lo otro es para encubrir el conformismo, el pensar que las cosas por sí solas mejoran o empeoran sin que tengamos nada que ver con ello. Creer ciegamente anula la voluntad y niega la libertad.

Por ejemplo, creer que disminuyendo la edad para castigar las conductas inadecuadas de jóvenes y niños va a arreglar ese problema, es creer en la magia de los números o de las leyes. Especificar una edad de 18 años para considerar que alguien es plenamente responsable de sus actos tiene fundamentos que van más allá de la numerología. 18 años es el tiempo que una sociedad se da para educar a sus miembros más jóvenes, para que estos conozcan sobre la necesidad de llevar una coexistencia pacífica, que les corresponden derechos que conllevan obligaciones, para enseñarlos a hacer juicios morales y que sepan diferenciar lo que está bien de lo que está mal en situaciones reales, cotidianas, propias. El saber que hacer o no hacer tiene consecuencias agradables o no. No solo educa la escuela, también la familia, la iglesia, los medios de comunicación, las ciudades, todo lo que nos rodea y el universo que llevamos dentro. Reconocer que cada vez más niños y jóvenes se sienten atraídos por comportamientos antisociales es reconocer que como sociedad no funcionamos, que estamos derrotados y entonces, para purificar nuestras culpas, sólo se nos ocurre castigarlos en lugar de proponer y llevar a la práctica un rediseño social. Y es que, de hacer esto último, los que disfrutan de privilegios, de impunidades y corrupciones serían los primeros afectados y eso no están dispuestos a permitirlo. No se vale castigar a seres humanos en formación inicial sin pensar en elevar las penalidades de aquellos que, siendo mayores de edad y sabiendo lo que están haciendo, se benefician de la actividad de esos menores que por lo mismo son más vulnerables a presiones externas.

El espacio se acaba y apenas dio para esbozar algunas ideas. Eso no es culpa del año nuevo, porque, no hay que olvidarlo, es de mala suerte ser supersticioso.

jueves, 23 de diciembre de 2010

EL MIEDO

“Se trata de perseverar en la vida, y el conservarse vuelca la potencia a las cirugías, los remedios, los leviatanes. Un incidente prominente puede volver a la gente más temerosa de lo justificado; la concentración de la atención en el caso resonante puede desplazar la atención por algo peor, descuidando la probabilidad, ya que el compromiso emotivo desplaza la investigación de la magnitud real del riesgo. […] El miedo se filtra, húmedo y ondulatorio, se disemina polvoriento, se corporiza en espectros, trasciende a la velocidad de la luz; el miedo une, crece y se hace creencia y sacramento, ya religión que hace a la polaridad grupal. Es lo inverso de un ágape insumiso. Los grupos, con más miedo que los individuos, se sumen en la liturgia de las tinieblas”. Claudio Martyniuk. FACTORES DE RIESGO. Un análisis desde la filosofía del derecho.

El miedo es canijo, paraliza, se incrementa, se vuelve irracional. El miedo tiene miedo de sentirse solo y convoca a otros peores que él, se socializa, impide pensar con claridad, apela a los instintos y, en el último de los casos, a las respuestas violentas.

El caso del secuestro más prominente del año, por la importancia del personaje involucrado, incrementó el miedo entre quienes se sienten naturalmente inmunes al riesgo, por el poder que concentran, por las seguridades que compran, por las lealtades que subordinan. Así es como se entienden las reacciones viscerales que mostraron los voceros oficiosos a las declaraciones del recién liberado, atribuyendo algunas razones ideológicas a su secuestro. Lo impensable estaba sucediendo, el camino sin retorno, la política sin alternativas, el modelo económico ineludible, el único mundo posible estaba siendo cuestionado en transmisión nacional; el miedo se incrementó según se comenzó a filtrar, en algunos medios de comunicación, el texto titulado “Epílogo de una desaparición” que intenta dar una explicación, desde dentro del grupo de secuestradores, a la elección de su víctima en turno; peor cuando se mencionan otros nombres. Entonces sí se desató la histeria hasta llegar a la ramita más alta de Los Pinos: es puro rollo, declaró su fugaz ocupante.

Los intentos por alcanzar una explicación no pueden comenzar por la descalificación a bote pronto, eso está bien para los grandes públicos, para los ciudadanos que no se percatan de que están siendo manipulados para que tengan las mismas reacciones de rechazo irracional de quienes sienten en peligro sus creencias más arraigadas en la conveniencia coyuntural. Lo que está pasando no tiene nada de novedoso, un grupo de secuestradores que pretende rebasar ese nivel y darle una base de inconformidad social a su comportamiento, o quizás sea al revés, de todas formas se apela a una forma diferente de ver y organizar el mundo para el hipotético beneficio de otros que no son los actuales poderosos. Allí reside su peligrosidad. Si en realidad ese grupo organizado pretende ser congruente con lo que declara es otra cosa que no depende más que de ellos. Lo que no sirve de nada, si en realidad queremos entender lo que pasa, es la reacción fácil y apanicada

Pensar que hay otras formas de organización social más justas, equitativas, plurales y tolerantes tampoco es novedoso, el riesgo es la utilización de métodos que exceden los cálculos de quienes concentran los beneficios de la actual. Mientras, lo que puede estar pasando, es que haya grupos organizados que piensen que no hay otra alternativa para darle una salida pacífica a sus reclamos, a sus necesidades, a sus pretendidas solidaridades; que estén llegando a pensar que el diseño institucional no sirve y no cambia para darle salida a los problemas personales, familiares y generacionales de millones de mexicanos. Si el sistema, por temor, termina cerrándose más, promoverá la aparición de este tipo de grupos que sumados a los problemas de inequidad, corrupción e impunidad que han hecho posible al neoliberalismo, condenarán a la pobreza a más millones de mexicanos.

¿Cómo entender la complejidad social si despreciamos las ciencias dedicadas a explicar y promover el entendimiento humano? No se puede, y sin embargo la tendencia a desaparecer el estudio de “las humanidades” está presente en nuestros centros de enseñanza. El analista Silva-Herzog Márquéz nos remite a una severa llamada de atención que otro investigador, inglés, Terry Eagleton, publicó el 17 de este mes en un artículo en The Guardian sobre este tema. Al autor le parece impensable que existan universidades que excluyan a las humanidades y las artes de sus programas de estudio en todas las carreras y disciplinas, pero así como el miedo se filtra, algunas nefastas ideas también, por ejemplo: “Los hombres de a deveras estudian leyes e ingeniería, mientras el estudio de los valores y las ideas son para afeminados… (pero) Las humanidades deben constituir el corazón de cualquier universidad que se precie de tener tal nombre. El estudio de la historia y filosofía, acompañadas de conocimientos en arte y literatura, deben ser también para abogados e ingenieros, así como para aquellos que estudian en facultades dedicadas a las artes”. ¿qué diría Eagleton si supiera del invento mexicano de las “universidades tecnológicas”. Por eso somos tan fácilmente manipulables.

viernes, 17 de diciembre de 2010

LA RIQUEZA

“¿Qué es la riqueza? Es el saber, las relaciones, el afecto, el dinero. Hay una pluralidad de formas de la riqueza y un proyecto político o de sociedad que debe interrogar qué es la riqueza. Si producir conocimiento es uno de los elementos de la riqueza hay que encontrar una traducción en la organización social que lo valorice”. Claude Giraud, sociólogo francés.

En medio de tantas malas noticias se han colado algunas que mueven a la esperanza, porque muestran que la especie humana insiste en trascender lo inmediato para mirar a los ojos al futuro. La vasta producción literaria, cinematográfica, de las artes y ciencias en general apunta en esa dirección, aunque los dogmáticos y conservadores se opongan.

Como estaba previsto, el presupuesto de egresos de gobierno del estado fue aprobado por el congreso local prácticamente por unanimidad, bueno, con la excepción de uno de los diputados que, según información de Ana Luisa Bravo, estaba momentáneamente ausente. Se supone que allí se especifica en qué se gastará cada peso y de donde viene. La cita con la que comenzamos es del autor del libro titulado Del ahorro y del gasto. Sociología de la organización y la institución, que introduce conceptos nuevos dentro del análisis de las ciencias sociales para tratar de explicar lo que pasa y proponer lo que puede pasar. Ese “proyecto político o de sociedad que debe interrogar qué es la riqueza” parece estar ausente, a veces se insinúa algo en los criterios que fundamentan las cifras, en el saber cómo se deciden las prioridades, pero, como dice Giraud “Si producir conocimiento es uno de los elementos de la riqueza hay que encontrar una traducción en la organización social que lo valorice”, entonces falta saber si esa traducción existe en el documento a que nos referimos, que por cierto al momento de escribir este texto no existe en el portal electrónico del gobierno estatal.

Declaraciones van y vienen afirmando que la educación es una prioridad en cualquier ámbito de gobierno, que su presupuesto es cuantioso, como si eso fuera lo único a tomar en cuenta. De las notas informativas y del portal referido rescatamos la siguiente información: “En materia de educación, el presupuesto contempla 442.2 millones de pesos” (Presentan los Secretarios de Finanzas y Gobierno, la Iniciativa de Decreto de Presupuesto de Egresos para el Ejercicio Fiscal 2011)”, “…mientras las transferencia federales que llegarán para el sector educativo serán de 5 mil 212 millones 445 mil 401 pesos” (Tiene Querétaro presupuesto de egresos, escrito por Ana Luisa Bravo en www.magazinedequeretaro.com). La única definición digna de tal nombre es la siguiente: “el Presupuesto de Egresos se construyó sobre los siguientes principios: privilegiar el gasto de inversión sobre el gasto corriente para favorecer a las familias queretanas”, pero eso no nos dice nada, más si los egresos principales son enviados desde la federación y ya vienen etiquetados.

Si el conocimiento es parte de la riqueza social ¿cómo hacer para producirlo y repartirlo equitativamente? ¿Cómo hacer para que beneficie a todos y no se quede, al igual que la riqueza monetaria, concentrado en unos poquitos? Incrementar la cobertura educativa no es suficiente, porque la peor educación se está concentrando en los sectores más desfavorecidos, en la población indígena, en la rural y suburbana, en los discapacitados, en los pobres que cada vez son más.

“El saber, las relaciones, el afecto, el dinero” son todas formas de riqueza. De acuerdo con los resultados de las pruebas nacionales e internacionales de desempeño educativo, el saber es cada vez más elitista, a las mayorías de nuestro país les quedan los niveles deficientes, no satisfactorios e insuficientes; en los afectos también hay pérdidas, los padres y madres de familia no tienen tiempo en cantidad ni calidad para entender y apoyar a sus hijos, ni siquiera al interior de la pareja hay ese lujo; las relaciones interpersonales son forzadas y mediadas por algún tipo de adicción, al tabaco, al alcohol, al sexo sin protección, a las drogas duras o de diseño; el afecto está perdiendo su carácter agradable, festivo, placentero, ahora pasa y se queda en la violencia, en el noviazgo, en las relaciones permanentes de pareja, dentro de las familias, en el acoso escolar (que los chocosos llaman bullying), en la intolerancia hacia las minorías étnicas, culturales y sexuales.

Se supondría que el accionar cotidiano gubernamental tendría que estar enfocado a favorecer las oportunidades para acceder a esas formas distintas de riqueza, esperemos a conocer el documento completo que se refiere a los egresos para el próximo año, para saber si en su exposición de motivos, en su fundamentación, en sus prioridades, se toman en cuanta esos aspectos, más allá de la administración monetaria, del supuesto equilibrio contable.

sábado, 11 de diciembre de 2010

NIÑO MALO

El tema resulta escabroso porque nos duele, porque refleja, como ninguno otro, nuestro fracaso colectivo. Hemos fallado en construir una sociedad que promueva el desarrollo armónico de la especie humana, como decía el filósofo, nos hemos convertido en lobos de nosotros mismos.

Le dicen “El Ponchis”, tiene 14 años y a pesar de su corta edad su historial delictivo es más grande que el de muchos adultos. El periodista José Cárdenas lo resume así: “está acusado de homicidio doloso, delincuencia organizada, uso de armas prohibidas y posesión de drogas. Confesó haber decapitado a cuatro. Haber cortado genitales. Trabajaba a las órdenes de Julio de Jesús Padilla, El Negro, jefe de sicarios del cártel del Pacífico. El Ponchis saltó a la fama por vanidad. Divulgó en internet videos y fotos donde torturaba y degollaba a rivales del cártel de los Beltrán Leyva. Hincaba a las víctimas. Les daba un balazo en la cabeza. Luego rasgaba gargantas. Le pagaban 2 mil 500 dólares por “trabajo”. La Chabela (una de sus hermanas mayores) enganchaba a las víctimas con sus encantos. Después se deshacía de cuerpos y cabezas. Macabro negocio redondo”. Nombrarlo por su apodo no parece adecuado, más cuando se le califica de sicópata y sin remedio posible, pero de alguna forma hay que referirse a este producto de la sociedad mexicana de principios del siglo 21; identificarlo plenamente, exhibir su nombre y apariencia física no es digno de quienes suponen ser más civilizados, y sin embargo se hizo, en defensa de una moral hipócrita, de una necesidad “oficial” de provocar el horror que nos haga olvidarnos que todos somos culpables.

Ahora el escándalo es doble, si se le “juzga” en el estado de Morelos la penalidad máxima es de 3 años de tratamiento en internamiento; si se le extradita entonces serán otros los que ejerzan esa justicia que tiene sabor a venganza, no a comprensión ni rehabilitación. Para una sociedad que se siente agraviada pero sin responsabilidad, ambas posibilidades son inaceptables. El mismo periodista arriesga una conclusión: “El Ponchis y La Chabela encarnan la tragedia de millones de jóvenes en un país que por ineptitud los ha dejado mutilados. Sin futuro. Sin valores. No hay política pública eficaz. Los patrones se repiten. Son menores de familias disfuncionales, de bajos recursos y nivel educativo. No tienen guía; viven en el abandono, son hijos de la calle y de la chingada”.

Pero no nos podemos quedar allí, hay que intentar una explicación que nos indique lo que se puede hacer, saber lo que falló, que nos dé algo de esperanza de que estas cosas pueden no volver a ocurrir. Alguien que sabe de educación porque a eso se dedica y que además gusta de reflexionar más allá de las apariencias, Fernando Savater, dice que: “Las interminables disquisiciones acerca de por qué se drogan los jóvenes son ejemplarmente estériles. ¿Por qué se drogan? En unos casos influirá la situación familiar, en otros el mimetismo o la curiosidad, en la mayoría el largo periodo de escolaridad y la prolongada dependencia de los padres ante el futuro laboral incierto, etc. Pero sobre todo se consumen drogas porque las drogas están ahí, por todas partes, tal y como van a seguir estando en cualquier futuro previsible de las sociedades democráticas; su cantidad y número de variedades no ha dejado de aumentar un solo día desde que fueron prohibidas”. La respuesta no es la prohibición sino el ejercicio responsable de la libertad, porque siempre han existido y existirán formas de alterar la conciencia, casi cualquier cosa sirve para ello, en exceso o por carencia. La libertad implica renunciar voluntariamente a lo que nos puede hacer daño, no hay de otra. Savater lo ilustra con una cita del siglo IV, de san Juan Crisóstomo para más señas, que parece sabía lo que muchos ahora prefieren ignorar: «Oigo gritar al hombre: ¡ojalá no hubiese vino! Qué insensatos. ¿Qué culpa tienen el vino de sus abusos? Si dices “ojalá no hubiese vino” a causa de la embriaguez, entonces habría que decir “ojalá no hubiese noche” a causa de los ladrones, “ojalá no hubiese luz” a causa de los delatores y “ojalá no hubiese mujeres” a causa del adulterio» Al Ponchis no lo dejaron ni le enseñaron a ejercer su libertad, lo pusimos, todos, en una situación insostenible que ha doblado a policías, soldados, funcionarios públicos, adultos hechos y no tan derechos: “te drogas o te mato, matas o te mato”.

“¿Por qué los jóvenes son violentos? Habría que responder para empezar: ¿y por qué no habrían de serlo? ¿No lo son sus padres y lo fueron sus abuelos y tatarabuelos? ¿Es que acaso la violencia no es un componente de las sociedades humanas tan antiguo y tan necesario como la concordia?... No es un fenómeno perverso, inexplicable y venido de no sé qué mundo diabólico, sino un componente de nuestra condición que debe ser compensado y mitigado racionalmente por el uso de nuestros impulsos no menos naturales de cooperación, concordia y ordenamiento pacífico. De hecho, la virtud fundamental de nuestra condición violenta es habernos enseñado a temer la violencia y a valorar las instituciones que hacen desistir de ellas”. Pero ese niño malo creció en un ambiente social donde la violencia y no la concordia era la única forma de sobrevivir, donde la ausencia de esas instituciones no dejaba muchas opciones. Un ambiente social corrupto y corruptor, ausente de una institucionalidad que premie el comportamiento pacífico y haga que la violencia sea inconveniente, una sociedad hipócrita que juzga a los otros sin fijarse en sí mismos, que promueve las desigualdades y cancela las oportunidades de un desarrollo sano. Mejor mirémonos en el espejo del Ponchis a ver qué descubrimos, que su tragedia y la de sus víctimas, porque tampoco se vale olvidarse de ellas, nos haga reflexionar y actuar, para que su caso no se repita.

domingo, 5 de diciembre de 2010

LAS ÚLTIMAS DE NOVIEMBRE

Podría comenzar por lo que parece más importante, pero a uno le ganan los afectos. Hay personajes que son definitorios en nuestra forma de pensar y actuar, nuestros padres, algunos maestros, personas que conocimos aunque sea brevemente y que nos impactaron con sus ideas, con sus conocimientos, por ejercer sus opciones de vida sin miedos paralizantes, por su congruencia a pesar de las consecuencias. No fueron aburridos santos arrepentidos de sus numerosos pecados, tampoco abstemios de la vida, sí fueron militantes de sus ideales compartidos, de las ansias de igualdad y justicia. Pueden no estar físicamente cerca, pero lo que hacen cambia vidas, rompe destinos, libera la imaginación.

Uno de esos personajes entrañables fue y seguirá siendo don José Álvarez-Icaza., Con un currículum ideal para hacerlo odioso porque fue fundador y dirigente del movimiento familiar cristiano, de esos que pudieran creer que siempre tienen la razón porque se sienten inspirados directamente por un dios que se supone perfecto, de esos que pudieran refugiarse en la justicia divina para no hacer nada en contra de las injusticias, total, las víctimas ya disfrutarían en la otra vida y sus verdugos ya lo pagarían, en automático. Para Pepe Álvarez-Icaza las cosas no eran así, la fe sin acciones que la respaldaran no servía de nada, no era fe, era la simple justificación para dejar que las cosas siguieran siendo las mismas: a favor de los poderosos siempre, en contra de las mayorías que desarticuladas se miraban indefensas por los siglos de los siglos. Haciendo mancuerna con el descreído de Heberto Castillo fueron responsables en la construcción de una alternativa política que rompía paradigmas, que se resistía exitosamente a las corrupciones, que se adelantó en el ejercicio de derechos a pesar de los costos internos. Aseguraba que una izquierda política que no entendiera la fe que provoca peregrinaciones como la anual queretana a la Basílica de Guadalupe no tenía futuro, y tenía razón. La fundación del centro nacional de comunicación social (CENCOS), su alejamiento de la parte de la jerarquía católica que sólo ve por sus riquezas y sus intereses terrenales y el resto de su vida, ya fue reseñado por los medios nacionales, no tiene caso repetirlo aquí. Hasta luego Pepe, que tu fe haga que la otra vida sea una realidad para ti.

Otro personajazo cumple 80 años de vida. Tan queretano que hasta se apellida Alcocer y se nombra Salvador. Tan subversivo que hasta es poeta. Tan incómodo que en medio del conservadurismo local resulta ser de izquierda. La mejor forma de festejarlo es leyendo sus poemas, compartiéndolos, disfrutándolos.

¿Quién será el asesor de cabecera de Felipe Calderón? ¿No le habrán dicho que ese lema de “Vamos por más” suena a amenaza y que resultó contraproducente en Querétaro?: “Es momento, amigas y amigos, de apretar el paso y de hacerlo con pasión, y de hacerlo con alegría, y proclamar que vamos por más… Porque México no se merece quedar varado a la mitad del camino del cambio democrático que hemos emprendido, y mucho menos la tragedia de regresar a lo antiguo, a lo autoritario, a lo irresponsable. […] Vamos por más. Porque nuestra obra no ha concluido”. Una década de gobierno panista, una década sin poder tener el poder, por incapacidad, por soberbia, porque comparte los mismos intereses con su principal enemigo, el PRI. Un partido blanquizaul que se mira en el espejo y no se reconoce, que perdió los principios, que no supo construir una alternativa. Así ¿qué celebran?

Bonito relajo se armó. El mero día en que la nota principal debería de haber sido la boda en el seno de la monarquía mexiquense-tricolor, los espacios los roba el rumor de la liberación de Diego Fernández de Cevallos. Según El Universal que aparentemente se fue con la finta, su fuente era de confianza: “El sobrino contó después que ese viernes 26 de noviembre estaba en una boda familiar en Acapulco, Guerrero, cuando notó algarabía contenida en un grupo muy cerrado de parientes. Se lo compartieron: Diego está libre y sano.” Por cierto un “sobrino incómodo” queretano. Como sea, ya se cumplió el plazo dado por los mismos “desaparecedores” para regresarlo de su cautiverio forzado y queda la duda ¿podrá “celebrar” el cuarto aniversario del gobierno calderonista en libertad?

No se entiende, según esto había un plazo fatal qué cumplir en el nombramiento de los consejeros electorales del IEQ y los panistas, en lugar de enfrentar el proceso, de denunciar paso a paso lo que consideraban que estaba mal, se escondieron y se excluyeron. Unos fueron autoritarios, los otros fueron irresponsables, otra vez a judicializar lo que debiera ser un acuerdo de cara a los ciudadanos, otra vez a buscar lo oscurito. Pero tampoco se cumplió con el procedimiento, los que tomaron finalmente protesta no fueron votados por la mayoría calificada del congreso. Tal sainete deja vulnerables a los “electos” y ya protestantes que pueden convertirse en protestados. Difícil creer que el ejecutivo no estuviera enterado al detalle de lo que estaba pasando y de que aprobó lo hecho. Cubrir con un primer velo de sospecha una institución que nació ciudadanizada y que se ha ido partidizando no puede ser coincidencia. Todavía no entran en funciones y ya les dieron la primera ablandadita.

La primera de diciembre, el Colegio de Bachilleres del Estado de Querétaro anuncia la puesta en marcha de la RED COBAQ para combatir las adicciones entre su población estudiantil, labor encomiable si no fuera porque dicha red sólo existe en la imaginación de sus directivos.