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domingo, 7 de julio de 2019
POR EL DERECHO A VIVIR
Joaquín Córdova Rivas
Nuestra especie sobrevivió y fue afianzando su dominio sobre el resto de ellas y los recursos naturales del planeta siendo migrante. Nuestros antepasados caminaron del África Central hacia el Mediterráneo y de allí se dispersaron por Asia y Europa, hace 8 mil años cruzaron por un congelado estrecho de Bering para esparcirse por la hoy América.
Caminó buscando mejores condiciones de vida, huyendo de los climas extremos, de los fenómenos naturales que no entendía y se explicó mediante los mitos, detrás de las manadas de animales que le servían para satisfacer el hambre, escudriñando selvas y bosques encontrando agua y lugares dónde asentarse temporalmente hasta que inventó la agricultura y encontró la manera de domesticar animales. Aun así, siguió caminando, buscando... Quién sabe qué buscaba, quizás la razón de su existencia.
Somos nómadas de origen, por eso el sedentarismo nos cae mal, nos enferma. Los maratones, la actividad física frecuente, aunque sea en lugares cerrados como estadios o gimnasios sigue siendo necesaria para combatir las enfermedades, para hacernos sentir bien, para conectar con esa historia de caminar incesante sin más posesiones que las que se podían cargar.
Ahora, en pleno siglo XXI repudiamos a los migrantes sin advertir que nuestros orígenes familiares no están en donde ahora estamos. Parece que huimos de nosotros mismos, de lo que hemos creado o nos negamos a evitar: de las hambrunas prevenibles originadas por un sistema económico injusto, de la inseguridad causada por la delincuencia generalizada, de la corrupción que provoca epidemias y enfermedades, de las democracias contrahechas que profundizan la pobreza “en lo que vienen tiempos mejores”; huimos de la esclavitud disfrazada de desempleo o bajos salarios, de la falta de derechos humanos básicos negados cotidianamente, de la violencia institucionalizada, del odio hacia los otros que son como uno.
Nos lamentamos hipócritamente de los migrantes que pasan por nuestra geografía buscando el inexistente “sueño americano”, olvidando que casi no hay familia mexicana que no tenga parientes en Estados Unidos o Canadá. La ignorancia tiene muchos adeptos que no leen ni escuchan buenas canciones. El novelista Leonardo Padura —El hombre que amaba a los perros— nos recuerda que, a la derrota de los republicanos en la guerra civil española, en un solo día, medio millón de españoles cruzaron la frontera con Francia. Acabamos de recordar que «En junio de 1939, hace ocho déca¬das, arribó al Puerto de Veracruz, procedente de Francia, el Sinaia, el primero de varios buques que trasladaron a México a casi 25 mil refugia¬dos españoles que huían de la Guerra Civil Española en busca de un mejor futuro, beneficiados por la política de asilo del presidente Lázaro Cárdenas. [...] Entre ellos, arribaría lo mejor de la intelectualidad hispánica en todas las áreas de la ciencia y las artes, que se in¬tegraron tanto a la Universidad Nacional Autónoma de México como a la nación en su conjunto.» Mari Carmen Serra Puche, representante de la UNAM ante la Cátedra del Exilio Español. Gaceta UNAM 24 de junio 2019.
El cantautor uruguayo asentado en España Jorge Drexler habla de su canción titulada «Bolivia. Habla de la salida de Alemania de mi padre de cuatro años y mi abuelo, en 1939, escapando del horror nazi. En enero de ese año todas las cancillerías latinoamericanas decidieron dejar de dar visados por unos meses a los refugiados que intentaban escapar. Todos los países, menos Bolivia, que fue el único país que recibió a mi familia en un acto de valentía y generosidad. Mi familia vivió en Oruro ocho años. Mi bisabuelo murió en Bolivia, mi tío nació ahí...»
El argentino Alberto Cortez quien viviera sus últimos años en Madrid nos reclama en su última producción musical «No me llames extranjero, / porque haya nacido lejos / o porque tenga otro nombre, / la tierra de donde vengo, / no me llames extranjero, porque fue distinto el seno / o porque acunó mi infancia, otro idioma de los cuentos. / Y me llamas extranjero porque me trajo un camino / Porque nací en otro pueblo, porque conocí otros mares / Y un día zarpé de otro puerto, / si siempre quedan iguales / el adiós, los pañuelos, / las pupilas borrosas / de los que dejamos lejos, / los amigos que nos nombran, / y son iguales los rezos / y el amor de la que sueña / con el día del regreso. / No, no me llames extranjero. Traemos el mismo grito, el mismo cansancio viejo que viene arrastrando el hombre desde el fondo de los tiempos, cuando no existían fronteras, antes que vinieran ellos, los que dividen y matan, los que roban, los que mienten, los que venden nuestros sueños, ellos son los que inventaron esta palabra, “Extranjero”.»
Menos líricos, nuestros investigadores dan cuenta del fenómeno migratorio usado como pretexto por el presidente norteamericano —hijo de una inmigrante escocesa y con abuelos paternos inmigrantes alemanes— para amenazar con aranceles de no detenerse, en México, el flujo migratorio principalmente centroamericano.
«Ellos son seres humanos desplazados por el modelo económico y político imperante en sus naciones. No salen porque quieren o se les ocurre, sino porque se ven orillados por todas estas circunstancias para tratar de conseguir un mejor nivel de vida.» Eduardo Rosales, profesor de posgrado de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán. Gaceta UNAM, junio 2019.
De la misma fuente documental, Martín Íñiguez, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales «La frontera sur es porosa, peligrosa y por más Guardia Nacional que pongamos será muy difícil controlar el flujo migratorio. Tenemos más de mil 150 kilómetros fronterizos entre Guatemala y Belice, y el punto por donde normalmente entra la gente es Chiapas. Lo más probable es que ahora se desplace hacia Tabasco u otros sitios más peligrosos, pero se seguirá pasando y esa es la realidad, pues se estima que al año cruzan más de dos millones de personas en este límite».
Somos migrantes, lo seguiremos siendo, siempre buscando lo mejor para los nuestros.
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martes, 18 de septiembre de 2018
SE SOLICITA TROVADOR
SE SOLICITA TROVADOR
Joaquín Córdova Rivas
Hay que imaginar que un país diferente es posible, hay que contagiar esas ansias por cambiar, hay que convencer que vivir con miedo no es normal, que se pueden resolver los problemas sin recurrir a la violencia intrafamiliar o en el noviazgo, que el romanticismo y el amor no combinan con los golpes o las humillaciones cotidianas, que es deseable y alcanzable estudiar lo que los talentos personales indiquen, que se puede envejecer con dignidad porque podemos construir un sistema de jubilaciones y pensiones justo y remunerador, que ser joven no es sinónimo de delincuencia, que ser indígena o profesar una creencia religiosa diversa a la de la mayoría no significa ser inferior, que podemos sacudirnos el temor a ser víctimas de quien cree ser impune porque ya no lo será, hay que valorar lo que tenemos y ser solidarios con los demás.
La lista se antoja interminable, pero es que lo que hay que modificar parece tampoco tener fin. Imaginar una forma diferente de amar que haga imposible un feminicidio implica derrotar machismos ancestrales que ahora se disfrazan de simple seguimiento de reglas o de respeto a tradiciones, el conservadurismo mexicano a veces se encubre de moral y buenas costumbres, de “mejor malo conocido que bueno por conocer”, no por nada somos el país de las quesadillas sin queso o del chile que no pica. Queremos que las cosas cambien pero que lo hagan otros, para nosotros seguir siendo igual de gandallas.
Las sociedades que intentan cambios urgentes y radicales —esto último no por violentos, sino porque se llegó a una situación insoportable que todo contamina—, recurren a construir su propia narrativa, a esparcir las nuevas ideas a través del arte, porque como decía el poeta Dante Alighieri, la belleza es el adorno de los argumentos, de las razones, de los sentimientos y emociones, y el arte tradicionalmente trata con la belleza.
La llamada “poesía social” armada de música se convierte en esa trova latinoamericana que le canta a los pueblos necesitados de cambios, no se puede pensar en la dilatada democracia chilena sin Salvador Allende y los infaltables cantautores populares como Víctor Jara, la inolvidable Violeta Parra, el físico, matemático y antipoeta Nicanor Parra, el poeta Pablo Neruda; la esperanza uruguaya parece proyectarse en Mario Benedetti, en el genial Jorge Drexler; la todavía convaleciente Argentina, víctima de todos los abusos posibles que se les ocurre a las dictaduras militares, se piensa con Jorge Luis Borges, con la sensibilidad de Alfonsina Storni, con León Gieco, con la potente voz indígena de Mercedes Sosa, con el cotidiano Alberto Cortez, con el persistente rock en español; podríamos seguir país por país de nuestra sufrida Latinoamérica y sus venas abiertas como dijera el nacido uruguayo Eduardo Galeano, todos tienen figuras qué presumir, esos que lograron en buena medida romper el cerco de la censura, del comercialismo necesariamente barato pero con un control férreo sobre los medios de difusión artística.
Se dice y puede que tenga algo de verdad, que esa poesía social en español tiene un primer impulso, por lo viejo y por la intervención de la naciente potencia militar nazi, en la España inmediatamente anterior a la segunda guerra, pero ni el franquismo pudo callar a poetas, compositores y cantantes, hasta acá nos llegaron Antonio Machado, Joan Manuel Serrat, Víctor Manuel San José, Luis Eduardo Auté, Joaquín Sabina y todos con los que su memoria contribuya. Todos aportando una forma alternativa de ver la vida, de proponer relaciones sociales fundadas en el respeto a la diversidad, en el reconocimiento del otro, en la solidaridad y la pelea contra las desigualdades sociales. Por una democracia diferente, diaria, en todos los ámbitos.
La terquedad cubana sería imposible sin sus trovadores, los que conocemos desde hace décadas y seguimos cantando: Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Sara González, Amaury Pérez, en el poeta que les sirve como antecedente y maestro: José Martí; la negritud presente en Nicolás Guillén y tantos otros.
No pretendo una revisión exhaustiva, no me alcanza la vida para conocerlos a todos, faltan muchas mujeres que estuvieron en todo este proceso, pero librar la censura y el machismo es un doble candado que no siempre se pudo romper.
¿Dónde están los trovadores mexicanos? Indudablemente existen, llevan décadas componiendo, cantando, presentándose donde quiera que les abran los espacios, los micrófonos, a contracorriente de una cultura que en muchos casos sigue creyendo que escribir, tocar magistralmente un instrumento musical, componer cualquier canción que cuestione nuestro conservadurismo mocho, macho e hipócrita, no es profesión decente. El duopolio televisivo y radiofónico ni los pela, prefieren hacer negocio con pseudo “estrellas” extranjeras o locales desechables, pero, hoy más que nunca su voz, la de esos trovadores para seguirles llamando así, y su música, resultan necesarios, porque su visión es diferente y crítica, porque proponen de una manera amable formas cotidianas de ser mejores seres humanos.
No nos va a alcanzar con cambiar las instituciones, barrer la corrupción como se barren las escaleras, de arriba hacia abajo necesita que nos dejemos de tranzas en las planta baja, que cambiemos nuestra cotidianidad, de otra forma se perderá el tiempo, el esfuerzo, se agotará la esperanza y perderemos irremediablemente el futuro que imaginamos mejor y disfrutable.
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