sábado, 26 de enero de 2019

DEMOCRACIA HUACHICOLERA

Joaquín Córdova Rivas Huachicolear es verbo, se refiere a una acción hecha por alguien que pretende engañar y olvidar que lo que hace perjudica a otros. No era la intención del vocablo original, según refiere Mónica Cruz en un texto publicado por el suplemento Verne del diario español El País del 15 de mayo del 2017. https://verne.elpais.com/verne/2017/05/13/mexico/1494639805_655440.html Mónica encuentra que la palabra huachicol «Proviene del término maya waach, que se usa para describir a los foráneos o los forasteros. La palabra se castellanizó como huache o guache, la cual mantuvo su sentido original, pero se usa de forma despectiva. Según el diccionario de Mexicanismos, guache también se usa como sinónimo de falso o de mala calidad.» Aunque en la versión que consulté, página 764, no aparece dicha semejanza, así como tampoco aparece el término huachicol. https://www.academia.org.mx/obras/obras-de-consulta-en-linea/diccionario-de-mexicanismos Siguiendo con su investigación, la periodista encuentra otras derivaciones apropiadas a lo que conocemos hoy: «Derivado de este último significado, surge el huachicol, una bebida adulterada, casi siempre un tequila al que se le agrega alcohol de caña, explica Luis Ernesto Salomón, profesor de Derecho en la Universidad de Guadalajara y columnista del diario El Informador. “Ese alcohol adulterado se le llama huachicol o producto huachicolero”, explica el académico. “Los hauchicoleros son los que producen y venden el producto. Los parroquianos lo consumían a pesar de los riesgos de intoxicación”.» De allí a generalizarse y enraizar en la principal industria nacional solo queda dar un paso: «Esta mezcla indebida de dos alcoholes tiene similitudes con una de las formas más antiguas y comunes de robo de combustible en México, explica la periodista Ana Lilia Pérez. “Los choferes de las pipas o los transportistas metían una manguera en la pipa llena de combustible y sacaban un 10% del producto”, dice. “Para que no se notara la extracción, le meten agua para compensar el peso. A esto se le llama huachicolear”. [...] Salomón, de la UdG, cuenta que en un viaje a Puebla y Tlaxcala, descubrió que en algunas comunidades se usa el término huachicolero para describir al autor de otras actividades ilícitas, como la venta de mercancía robada. “Me llamó la atención que se tomara con mucha naturalidad, es una forma de describir a un grupo de gente que opera en un área gris”, comenta. “Incluso los que realizan estas actividades se llaman a sí mismos huachicoleros. Los jóvenes me decían, yo me dedico al huachicol”.» Pasar el término a verbo solo es el paso siguiente, huachicolear se convierte en la acción consciente, por elección y voluntad, de hacer trampa, de practicar la corrupción en un intento de sacar una ventaja frente a los otros que en automático ocupan el lugar de víctimas, a veces sin saberlo, pero sí sufriéndolo; de organizarse con otros para escalar en hacer lo indebido, convertir a quien se deje en cómplice de una práctica que tendrá pocos beneficiarios pero muchos peleando por migajitas. Sobra decir que esas redes huachicoleras —o corruptoras, como guste decirle— pronto se extienden y terminan por contaminarlo todo. Por eso llama la atención que organizaciones que durante años callaron ante las diferentes prácticas huachicoleras ahora se declaren garantes de la honestidad y transparencia, que ciudadanos y opinadores que nunca vieron responsables de la catastrófica situación del país ahora se declaren celosos vigilantes de lo que dejaron hacer, que “personalidades” de la academia llamen a respetar los “organismos autónomos” obviando que se armaron con base en cuotas que se repartieron los partidos políticos huachicoleros, por eso, fuera de ellos, nadie les cree ni confía en su falsa independencia o autonomía. Darle una revisada a la manera en que se procesó la integración del INEE —educativo—, de la CNDH, del INE —electoral—, de las fiscalías estatales, de medios públicos de información, de muchas ONG’s que subsistieron dándole una máscara de transparencia a lo que estaba más negro y espeso que el chapopote, puede servir para matizar el desempeño de personas e instituciones que jamás defendieron lo que presumieron en espacios pagados y eventos patrocinados por los huachicoleros en jefe. Si no supiéramos el historial de agravios que esas prácticas y sus practicantes han cometido durante décadas contra una ciudadanía cada vez más harta e indignada, podría sorprender el mayoritario apoyo que ha despertado la lucha contra la corrupción y el huachicoleo a pesar de las molestias, de las campañas de odio y desinformación, de las plañideras y catastrofistas, de los que desgraciadamente mueren por elegir no hacer caso a las advertencias más elementales; los sorpresivo es que se esté dando de manera pacífica aunque eso implique entramparse en procesos legales de una democracia huachicolera, diseñada para no castigar los delitos que debieran ser graves, acostumbrada a no investigar, a cerrar los ojos frente a lo evidente, a embarrarse las manos, la cara y su poca dignidad. Cambiar nuestra forma de pensar, de actuar, de ser ejemplo para las generaciones que nos siguen no será fácil ni rápido, pero sí posible, porque no lograron huachicolearnos el alma. FOTO Mariana Córdova

viernes, 4 de enero de 2019

QUIÉN MÁS, QUIÉN MENOS

Joaquín Córdova Rivas Una esperanza y una desesperanza. Así comienza este 2019. La esperanza de que el insoportable estado de cosas comienza a cambiar, de que hay rumbo, aunque falte tiempo, de que hay voluntad, aunque falten recursos, de que hay confianza aunque falten acciones que la soporten. La desesperanza está a cargo del autoproclamado Ejército Zapatista de Liberación Nacional que cumple 25 años de aparición pública. Por un lado se anuncian los grandes proyectos, becas para quien estudie o trabaje, apoyos a personas con discapacidad y de la tercera edad, construcción de universidades públicas con carreras adecuadas a las exigencias de un mundo tecnologizado pero con graves carencias sociales, planes que pretenden detonar el empleo en zonas poco accesibles y sin servicios públicos elementales, otros que buscan también arraigar a la población a sus lugares de origen para evitar la migración, propuestas y acciones sacadas de modelos diferentes que se pretende tengan efectos similares en un país por demás diverso. Se atacan al menos dos principios fundamentales del neoliberalismo —aunque no se mencionen en voz alta—: la corrupción y la impunidad, con sus numerosos tentáculos y formas de disfrazarse. Por el otro, la conmemoración nada festiva de un movimiento social que se presenta como representativo de todos los indígenas y todos los pobres. Hay amargura, pero, para no variar, no hay autocrítica; en voz del subcomandante insurgente Moisés: «Por mi voz habla la voz del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Les hablo como vocero de todos ustedes, es mi trabajo ser su voz y ser su mirada. Llegó la hora para nosotros los pueblos zapatistas y lo miramos que estamos solos.» Ese reproche de soledad se repite a lo largo del discurso, pero no hay asomo del por qué, de dónde y quién falló, no hay un recuento puntual de qué se hizo bien y qué no. Los culpables siempre son los otros que no escuchan, que no entienden, que se dejan engañar: «... por eso nosotros aquí estamos informándoles, diciéndoles lo que vimos hace veinticinco años, como que no nos miran, como que no nos escuchan lo que estamos diciendo a los pobres de México. [...] La gente de afuera va y viene, nosotros aquí estamos, aquí seguimos. Cada vez que vienen, vienen como a turistear, pero la miseria, la desigualdad, la injusticia no se trata de turistearlo, el pueblo pobre de México está muriendo y va a seguir muriendo. Lástima que le hacen caso a aquel que está ahí engañando al pueblo de México. Y no lo mentimos compañeras y compañeros, hace cinco años les estuvimos diciéndole al pueblo de México y al mundo, que va a venir una cosa peor. En sus lenguas de como hablan ellos y ellas, los de afuera, le dicen colapso, hidra, monstruo, muro, se los dijimos intentando de usar sus palabras como hablan, aun así, no nos hicieron caso. Creen entonces que les estamos mintiendo [...] A nosotros, compañeros, compañeras, no lo hemos engañado al pueblo de México, pero también tenemos que decirles que al pueblo todavía se dejan, no sabemos por qué, nosotros nos causa tristeza, y nos causa rabia.» Hay reproches contra todo y contra todos, pero ninguna explicación de qué pasó con la promesa de convertirse en un “frente”, de por qué permitieron que a su nombre otros lucraran con la radicalización innecesaria e inoportuna, no hay una evaluación seria de su tour revolucionario por buena parte del país en el sexenio foxista, ni de su presentación ante un congreso que según ellos no representa a nadie, bueno sí, a los finqueros, a los ricos, a los sinvergüenzas; nada sobre la aventura electorera que dejara a la vocera del Concejo Indígena de Gobierno —del que no se ha vuelto a hablar desde julio del año pasado, ni se menciona en los discursos zapatistas recientes— María de Jesús Patricio Martínez en el olvido. Les pesa que 30 millones hayan votado por alguien que ni siquiera es digno de que lo mencionen, mientras por su lado no lograron levantar más de 280 mil adhesiones a una candidatura independiente aceptando las reglas de una democracia que repugnan. Recuerdo ese primero de enero de 1994, temprano por la mañana estábamos en la tienda del barrio, esa que don Memo había prometido abrir aun cuando fuera día festivo, y encontrar a vecinos que poco veíamos comentando el levantamiento indígena, todos mostrando simpatía y aprobación por esos olvidados que nos refregaban su existencia y dignidad en la cara, una muy buena respuesta a ese TLC salinista de la que se ufanaba una casta política que se vería ampliamente beneficiada. También fui de los adherentes a la candidatura independiente de Marichuy, no practico el turismo revolucionario, pero me parece poco oportuno despreciar a quienes, de buena voluntad y con ganas de aprender, han ido a tener la experiencia directa de visitar los caracoles y colaborar con su presencia y su esperanza. Pero no se vale pelearse con todos y por todo. No creo que el trato que se le diera a Heberto Castillo, a Cuauhtémoc Cárdenas y ahora a López Obrador por mencionar a algunos cuantos, abonara en romper con esa soledad de la que ahora se quejan. No formo parte de ningún partido político, aunque sí estuve afiliado al PMT que se fue fusionando y transformando junto con otros. No me espantan las groserías cuando se saben usar, le dan énfasis al lenguaje, pero cuando suenan forzadas o producto de la frustración no son bien recibidas: «Sólo porque la madre tierra no habla, si no se lo dijera ¡Chinga tu madre! Porque la tierra no habla, si fuera, ¡No, vete a la chingada!». Y entonces ¿dónde está la verdad revolucionaria? «A lo largo de estos veinticinco años, compañeros, compañeras, bases de apoyo, mujeres y hombres, milicianas y milicianos, hemos visto y en el mundo también los que dicen que luchan, que hay unos que dicen que son progresistas, hay otros que se dicen que son de izquierda, hay otros que dicen que son revolucionarios, y no tienen la mínima idea la palabra que es revolucionario, porque es que revoluciona, da vuelta. Como decimos acá, tenemos que preparar a nuestros jóvenes, a nuestras jóvenas, porque ya nos está dando la vuelta nosotros, un día nos vamos a regresar y por eso tenemos que dejar preparados a los jóvenes y a las jóvenas. No tienen la idea lo que dicen, no saben, y la lástima dicen que tienen estudio, que tienen sus carreras y que tienen sus diplomas, pero no saben lo que significa la palabra revolución.» http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2019/01/01/palabras-de-la-comandancia-general-del-ejercito-zapatista-de-liberacion-nacional-dirigidas-a-los-pueblos-zapatistas/ Allí están dos visiones de país, no son todas ni las más radicales, quizás tampoco sean excluyentes, aunque en la intención y el lenguaje la segunda apueste por el aislamiento y la exclusión.

domingo, 23 de diciembre de 2018

LA APUESTA CULTURAL

LA APUESTA CULTURAL Joaquín Córdova Rivas En el vendaval —del francés vent d’aval “viento de abajo” según la RAE— de ideas que surcan nuestra atmósfera imaginativa y que, después de mucho tiempo, se antojan posibles, casi al alcance de la mano, está el cambio anhelado en la política cultural de nuestro país. La provocadora procacidad del recién nombrado director de la editorial del estado, el Fondo de Cultura Económica, trajo a las redes sociales y a los medios de comunicación masiva, el tema del cambio en el trato a las manifestaciones culturales de un México que se valora por su diversidad y persistencia. Ayudándonos de un ensayo del Doctor en Filosofía Benjamín Valdivia, docente en la División de Arquitectura, Arte y Diseño de la Universidad de Guanajuato, podemos considerar la cultura «como un área especializada de la organización social, sobre todo en lo que atañe a la estructura del estado; se designa con ese término a una esfera del poder, a saber el sector cultural; tal sector forma parte del orden del estado y es campo de enfrentamiento entre visiones opuestas respecto del futuro que debe alcanzar la sociedad.» Precisamente esa visión de futuro es la que está en juego cuando se deciden los gastos e inversiones, la orientación de la infraestructura institucional y el andamiaje jurídico que se cambia o adapta con el cambio de gobierno. https://www.academia.edu/31113817/Benjam%C3%ADn_Valdivia_-_Algunos_criterios_te%C3%B3ricos_para_la_formulaci%C3%B3n_de_pol%C3%ADticas_culturales La importancia de la política cultural la ejemplifica el Dr. Valdivia con una cita del teórico francés Louis Althusser quien, refiriéndose a la producción y reproducción de las formas sociales «cita una carta de Marx a Kugelmann (11 de julio de 1868): “si una formación social no reproduce las condiciones de la producción al mismo tiempo que las produce, no puede durar ni un año”. Sin duda es el conjunto de la sociedad el que produce la cultura, pero parece ser el estado el que se asegura de que se reproduzcan las condiciones en las cuales esa cultura se produce; y en las cuales, también, ese poder puede continuar ejerciéndose.» Más claro. «El estado procede mediante lineamientos de política, los cuales siguen las instituciones llamadas culturales, que a su vez impulsan o minimizan a los artistas y sus obras según su cumplimentación (o no) de los lineamientos del estado. A esos lineamientos, en sus diversos niveles de alcance y aplicación, se les conoce como políticas culturales. En general, las políticas culturales son enunciados que describen —en términos de deberes o de objetivos— los propósitos (o despropósitos) de un grupo en el poder. En tanto enunciados, las políticas culturales no son actos ni son leyes ni son instituciones, aunque todas esas políticas parecen darse según leyes mediante instituciones que apoyan la realización de acciones. La institucionalización de las políticas culturales conlleva proyectos; y los proyectos conducen a acciones.» Resulta claro que la política cutural no se expresa únicamente a través del citado FCE, también se hace con los grupos de danza, las orquestas sinfónicas o filarmónicas, el uso y abastecimiento de las bibliotecas públicas, las galerías de arte y museos, las casas de la cultura o cualquier otra forma de manifestación artística que quepa en la división tradicional de artesanía, arte popular o alta cultura, pero las tres debieran estar consideradas en cualquier proyecto cultural, al menos así sostienen algunos expertos. «...al inicio del siglo XX, en México se presentaban tres tendencias de política cultural en torno a la definición de la identidad nacional; una de ellas pretendía recuperar y fortalecer las formas populares de expresión, mediante la disponibilidad de medios productivos de imágenes en manos de la masa, pues considera que la identidad nacional se da por la expresión del pueblo; otra tendencia pretende imbuir en el país las más altas formas de cultura universal, haciéndolas llegar a los sitios más recónditos, pues considera que la identidad nacional estriba en la asimilación de la universalidad; una tercera pretende integrar las formas más técnicamente depuradas de la expresión mexicana a la comunidad internacional, pues aduce que la identidad nacional consiste en establecer una voz propia en un diálogo mundial en que cada país tiene el mismo derecho y nivel expresivo que los demás.» Esas tres tendencias adquieren características propias en el siglo XXI, no se puede ignorar que los avances tecnológicos en las comunicaciones impactan en las expresiones culturales, ignorarlo puede hacer fracasar cualquier política cultural; quizás esas nuevas tensiones puedan tomarse en cuenta desde la perspectiva del autor que nos explica el tema. «En la planeación de políticas culturales, se debería considerar —además del carácter masivo o elitista del proceso o producto promovido— si los significados que se pretende privilegiar corresponden a la conservación de las tradiciones, a la asimilación en un presente efímero (esto es, de moda), o a la progresión a futuro. Mi punto de vista personal es que el político de la cultura tiene el compromiso de atender los tres frentes, ya que cada uno de ellos es representativo de un sector social diferente. Los errores, tanto de prospectiva como de operación, se deben a la inadecuación entre el tipo de producto significativo y la franja de consumo a la que se dirige, así como su inadecuada planeación o sopesamiento para las relaciones de poder.» Entonces se trata de algo más profundo que discutir qué persona dirige qué institución, lo que está a consideración es la manera en que un gobierno se apoya en la cultura para promover un proyecto de país que se asume como incluyente, tolerante, diverso, honesto, seguro, prudente y moderado, lo que necesariamente se traducirá en proyectos concretos que expresen esos significados de los que habla el Dr. Benjamín Valdivia. «De inmediato notaremos que la demanda se extiende tanto en tiempos como en significados hacia las tres vertientes analizadas: conservación de las tradiciones; innovaciones efímeras dentro de la masificación; y renovaciones de ruptura orientadas al futuro. Esto es, que las sociedades pretenden cubrir sus necesidades de significación cultural sobre su propio pasado, su atmósfera presente y sus potencialidades futuras. Desde luego, no son los mismos sectores los que tienen todas las demandas señaladas. La habilidad de una política cultural coherente radica en vislumbrar la finalidad del proceso en armonía con los agentes concretos.»

viernes, 14 de diciembre de 2018

UNA VERDADERA REFORMA EDUCATIVA

Joaquín Córdova Rivas La reforma educativa cambia de rumbo, esa podría ser una interpretación superficial, más correcto sería decir que ahora sí habrá reforma educativa, porque la anterior fue laboral, punitiva, administrativa en un sentido meramente burocrático y fiscalizador, que comenzó agraviando a los principales agentes de cambio, los profesores. Lo anunciado por el presidente de la república el 12 de diciembre no es un mero cambio de nombre, es una reorientación profunda en cuanto a la intención, la forma y el fondo, los contenidos, los valores y actitudes, porque lo que hicieron antes los gobiernos neoliberales fue una simulación multimillonaria, que no se sostuvo ni con sus propios indicadores. Vamos a tomar como muestra los resultados de la prueba que mide los aprendizajes en educación básica llamada PLANEA, cuyos resultados fueron dados a conocer unos días antes —27 de noviembre— del cambio en el ejecutivo federal. De entrada, se establece que dicha evaluación pretende medir los aprendizajes de nuestros niños mexicanos que: «Son fundamentales para el dominio de los conocimientos y habilidades de estos campos formativos —se refiere a Lenguaje y Comunicación y Matemáticas, cumpliendo con dos criterios—. Son relevantes para la adquisición de aprendizajes en otras áreas de conocimiento. Se espera que prevalezcan en el currículo, más allá de las modificaciones que éste suele tener a lo largo del tiempo.» Dicha prueba está diseñada con una escala entre 200 y 800 puntos con una media de 500 establecida en 2015. Los resultados en puntos se agrupan en cuatro niveles: el I y II llamados “insuficiente” y “básico”, el III y IV, llamados “satisfactorio” y “sobresaliente” que son los esperados si el sistema educativo en conjunto funciona bien. Aclarado lo anterior, los resultados para sexto de primaria en Lenguaje y Comunicación son, por niveles y en porcentaje: en I y II suman 82 por ciento; en III y IV apenas 18 por ciento. En matemáticas los resultados son: en los niveles I y II suman 77 por ciento, mientras que en los esperados después de seis años de escolaridad básica —sin considerar preescolar porque no se alcanza la cobertura total— son apenas de 23 por ciento. En Lenguaje y Comunicación, arribita del promedio nacional están los estudiantes de educación básica queretanos con 517 puntos, empatados en el cuarto lugar con los estudiantes de Aguascalientes. En Matemáticas con 515 puntos los estudiantes queretanos estarían en un hipotético sexto lugar. Pero esto no se traduce en incentivo alguno para el magisterio queretano, tampoco en una retroalimentación oportuna y suficiente para elevar, aún más, su desempeño. Hay datos muy interesantes que, al parecer, son tomados en cuenta para la propuesta de reforma educativa actual, y que no constituyen sorpresa alguna si se observa el fenómeno educativo en toda su complejidad. Por ejemplo, el puntaje promedio de los estudiantes según Recursos Familiares Asociados al Bienestar (RFAB), marca una diferencia significativa, entre más puntos obtienen las familias en este índice, mejores resultados tienen los niños en el aprendizaje de ambos rubros evaluados, la diferencia es de más de 100 puntos en Lenguaje y Comunicación entre los que tienen pocos recursos familiares y los que tienen más. En Matemáticas la diferencia entre unos y otros llega a ser de 80 puntos. Lo mismo ocurre —a pesar de la mayor dispersión de datos— si se compara el índice de Desarrollo Humano de cada Estado con el puntaje promedio en ambas áreas de conocimiento obtenido por sus niños en PLANEA, entre mayor sea el primero, mayor es el segundo. En comunidades pequeñas y/o alejadas de los grandes centros urbanos aún existen las llamadas escuelas multigrado, es decir, aquellas en donde al menos en un grupo se imparte más de un grado escolar. Generalmente se asocian a comunidades llamadas “marginadas” del desarrollo general de una región o de un país. Las diferencias en el aprendizaje también son significativas, las escuelas multigrado muestran resultados consistentemente inferiores a las de “organización completa”, siendo de 43 y 36 puntos la diferencia en las dos áreas de conocimiento evaluadas. También se consideró otra variable llamada y definida como: «Clima de participación y respeto (que) es cuando los docentes animan a los estudiantes a expresarse, promueven el diálogo y toman en cuenta la opinión de los estudiantes.» Casi resulta ocioso decir que, independientemente del tipo de escuela —Comunitaria, General Pública, Privada o Indígena—, también existe una relación directa, significativa, entre los temas que referimos. Otros rubros medidos que también impactan en el aprendizaje de nuestros estudiantes de educación básica son: «La expectativa académica (que) es el nivel de estudios al que los estudiantes aspiran alcanzar», entre mayor sea la primera más elevada es la segunda. También se mide y relaciona «El compromiso de los estudiantes (que) implica el interés, esfuerzo, atención y persistencia para realizar tareas escolares.» Para los que critican el programa de Becas Benito Juárez, se comprueba que el puntaje promedio de los estudiantes según condiciones de trabajo infantil y tiempo destinado al mismo es importante. Cuando los niños tienen que ayudar a familiares en su trabajo o negocio, o trabajar por cuenta propia o como empleado, sus aprendizajes son significativamente menores a quienes no tienen esa necesidad, por eso el trabajo infantil no es recomendable, pero en un país tan desigual como el nuestro, donde los ingresos de muchas familias no son suficientes con el trabajo de los adultos, numerosos menores tienen que ayudar en las actividades laborales. Lo peor y quizás más concluyente, en plena aplicación de la mal llamada reforma educativa neoliberal la diferencia en el aprendizaje en tres años, del 2015 a 2018, es de un “avance” de 1 y 3 puntos respectivamente, lo que rebasa con mucho el margen de “error” estadístico, y de vergüenza considerando que el promedio de la escala evaluadora es de 500 puntos. Ni por donde justificarse. Por eso y mucho más urge una verdadera reforma educativa.

LA DISCUSIÓN MORAL

Joaquín Córdova Rivas Parece una ocurrencia y hasta suena anacrónica. ¿Cómo se le ocurre a alguien proponer una “constitución moral” en plena época neoliberal? Pues precisamente por eso, porque el neoliberalismo actual carece de ética y de moral y su único objetivo es el enriquecimiento rápido y a costa de lo que sea. Pero de ninguna manera es una idea nueva, como lo muestra la doctora en historia Valentina Torres Septién, algunos de los más prominentes promotores de la educación en el Porfiriato como Gabino Barreda, Guillermo Prieto y Justo Sierra consideraban importante la existencia de normas que reflejaran los ideales de una sociedad en transición histórica: «Tanto Barreda como Sierra consideraban al Estado como el agente clave en el proceso educativo. El Estado debía inculcar virtudes cívicas y morales en todos los ciudadanos. Este concepto fundamental del pensamiento comteano y del liberalismo, reflejaba la postura de quienes tenían en sus manos el proyecto educativo. Estos ideales no chocaban con un sector de la sociedad que mantenía una mentalidad iniciática imbuida de ideales aristocráticos.» Gabino Barreda —primer director de la Escuela Nacional Preparatoria y encargado por Benito Juárez para preparar la Ley Orgánica de Educación Pública, decretada en 1867— coincidía en esos aspectos, por ello: «Para Barreda, la educación intelectual del individuo debía llevar a la reconstrucción de la sociedad. Consideraba, como Comte, que el amor, el altruismo y los sentimientos sociales eran el principio de la moralidad. En un ensayo de 1863, Barreda subrayó que si bien el gobierno no debía intervenir en la religión de sus gobernados, “puede y debe intervenir en su educación moral, adecuándola a las exigencias de la sociedad y de la civilización”.» https://biblat.unam.mx/es/revista/serie-de-historia-moderna-y-contemporanea-instituto-de-investigaciones-historicas-unam/articulo/manuales-de-conducta-urbanidad-y-buenos-modales-durante-el-porfiriato-notas-sobre-el-comportamiento-femenino Seguramente por esas raíces filosóficas positivistas, la idea de una Constitución Moral —de carácter no obligatorio— propuesta por Andrés Manuel López Obrador no ha sido tan polémica como se podría haber previsto, aunque falta la etapa de propuestas y discusión. Muchos políticos se pueden morder la lengua, en fechas más recientes a las del ensayo de Gabino Barreda, específicamente el 7 de marzo de 1983, el entonces presidente de la república, emanado del PRI Miguel De la Madrid, criticaba y proponía: «Estamos pasando por épocas difíciles y dolorosas, Los retos que avizoramos son imponentes; pero necesitamos abordar la superación de estos retos con vigor, con imaginación, con talento Y para ello es imprescindible la renovación moral de la sociedad Una sociedad que tolera, que permite la generalización de conductas inmorales o corruptas, es una sociedad que se debilita, es una sociedad que decae Y, desde luego acepto: la corrupción en el sector gubernamental es la forma más intolerable de inmoralidad social.» https://www.proceso.com.mx/133015/la-renovacion-moral-que-propone-de-la-madrid Y seguía, incluso con la idea de que la corrupción “se barre” de arriba para abajo: «debemos exigir una conducta intachable en los altos funcionarios Se gobierno con el ejemplo, y si bien muchas veces los fenómenos de corrupción se producen a escalones intermedios o inferiores, no cabe duda que muchas veces es producto del mal ejemplo que se da en los escalones superiores de la administración pública, ya sea federal, local o municipal. [...] Las leyes vigentes han sido desbordadas por la realidad y ya no ofrecen bases sólidas para prevenir y sancionar la corrupción que la conciencia nacional exige erradicar. Si la renovación moral de la sociedad que ordena el pueblo de México ha de cumplirse, hay que empezar renovando las leyes e instituciones que tutelan la realización de nuestros valores nacionales.[...] Renovar moralmente es seguir el ejemplo de la generación liberal, con Juárez a la cabeza; las conductas paradigmáticas de Zarco, Arriaga, Ocampo, los Lerdo de Tejada, Zaragoza, González Ortega y tantos otros que siempre pusieron por encima de todo, el interés de la República como valor supremo de la vida pública y privada. Renovaremos ahora siguiendo a Madero, Pino Suárez, Carranza, Cabrera, Bassols y tantos otros ejemplos de la Revolución que vivieron y transformaron de acuerdo con los valores que postularon. Renovaremos con lo mismo y por lo mismo: el amor y la lealtad a la Patria, el honor personal y nacional, el cumplimiento de la palabra comprometida, el respeto a las leyes e instituciones de la República, y la solidaridad con todos los mexicanos.» http://www.memoriapoliticademexico.org/Textos/7CRumbo/1982MMH-FundRenM.html Pero la idea del nuevo gobierno parece ir por otra vía, uno de los encargados de dirigir la redacción del documento Jesús Ramírez, explicó que el objetivo es «hacer un compendio de valores, ideas, que puedan ayudar a la transformación (del país) desde la perspectiva de la moral y la ética [...] como una forma de reflexionar la idea de que para constituir una sociedad, incluyente, democrática, libre, necesitamos replantearnos los valores, y que ese trabajo es un trabajo que le toca a la sociedad, al gobierno y a los medios de comunicación. [...] y la idea es hacer énfasis en los valores que puedan ayudar a la transformación del país. Necesitamos volver a recuperar la educación cívica, la ética como parte de la formación educativa y eso también tendrá que ser reflejado a nivel del gobierno, (en) un código de ética de los funcionarios [...] no es una constitución jurídica, no es una ley que vaya a ser obedecida como tal...» No es un esfuerzo inútil, reflexionar sobre los valores que hemos estado dejando de lado por un pragmatismo inútil e injusto servirá para reestablecer ese tejido social desgarrado, para recuperar formas de convivencia pacíficas ya perdidas, para no desgastarnos en enfrentamientos fratricidas y enfocarnos en vivir bien. No todo tiene que judicializarse, llegar a los tribunales, cuando podemos evitar dañarnos los unos a los otros, siempre y cuando el trato sea recíproco y asumido voluntariamente, porque nos conviene a todos. Foto: Mariana Córdova.

sábado, 1 de diciembre de 2018

SEIS AÑOS Joaquín Córdova Rivas El tiempo es tan relativo que en la política mexicana se mide en sexenios, tan persistente es la tradición que se sigue imponiendo a pesar de que el neoliberalismo insiste en aplanarlo todo, desde que se les ocurrió el rollo del “fin de la historia” con la insistencia de que el capitalismo turbo era el culmen de la civilización occidental —que para ellos es la única que vale la pena y se justifica—, nos quieren hacer creer que las otras etapas apenas eran la sufrida resistencia de utópicos y anarquistas tercos que no entendían la superioridad del falso libre mercado y de la democracia que insisten en llamar “liberal” —será por que nos dejan la “libertad” de padecer una vida poco digna sin oponer resistencia—. Bueno, pues inicia otro sexenio, pero ahora con la esperanza de que sea diferente a los anteriores, sentimos que llegamos a tocar fondo y que es necesario dar un salto cualitativo por que quedarse donde mismo no es opción, la inmovilidad es ilusoria y frecuentemente encubre retrocesos graves. El salto debe ser hacia la disminución de las desigualdades, hacia la construcción de una sociedad que valore a todos y cada uno de sus integrantes, que garantice —con la participación ciudadana— la seguridad pública, que no tolere lo intolerable como la corrupción y los privilegios a unos cuantos a costa de todos. Seis años son pocos para enderezar lo torcido, para regenerar un tejido social desgarrado, para recuperar la confianza, la amabilidad, la solidaridad y la seguridad. La polarización social pretende instalarse como escenario truculento ante la falta de una oposición real que sirva de crítica y contrapeso. Los partidos políticos no aciertan a reconstruirse porque están infectados con los grandes males nacionales que debieron combatir en lugar de permitirlos y formar parte de ellos. Si prevalecía la idea de que “el que no transa no avanza”, ahora, tantas mañas los descalifican ante una sociedad harta de abusos y corruptelas. Por necesidades de impresión, este texto se escribe antes de la toma de posesión del Presidente para el sexenio 2018-2024, una transición de un terciopelo rasposito, pero así tiene que ser, porque arrancar lo que está podrido será doloroso, habrá que raspar la superficie y después hurgar con profundidad para llegar a lo que se puede regenerar sanamente, afortunadamente hay cuerpo social suficiente y muy sano debajo de la podredumbre, lo ideal será que queden pocas cicatrices, pero a veces son inevitables. Reconstruirlo todo dejará pocas energías para la revancha, pero si con malas artes se impiden los cambios la venganza puede ser el hoyo negro que se trague todo y quedemos peor que como estábamos. Hay que serenar la impaciencia, hay que precisar las críticas para afinar los detalles de la transición, hay que tener idea cierta de a dónde queremos llegar y cómo queremos hacerlo para no caer en la provocación de las discusiones estériles que se quedan en la superficie de los problemas. Ya sabemos quiénes integrarán el gabinete presidencial, ha habido tiempo para conocer sus ideas, antecedentes e intenciones; ya sabemos las historias personales de los legisladores que acompañarán esta primera etapa sexenal, no han ocultado sus filias y sus fobias. No hay sorpresas y esperemos que no las haya a pesar de las presiones, de los intentos de cooptaciones, de los egos inflados artificialmente, de los descuidos y desviaciones. En todo aprendizaje hay errores y se rectifican en lugar de negarlos o esconderlos, que esa sea la tónica

LA SEDUCCIÓN NEOLIBERAL

Joaquín Córdova Rivas Ya no es el siglo pasado, las sociedades no se controlan como antes, al menos eso creen los nuevos filósofos y pensadores sociales, la edad de la coerción, de la fuerza bruta ya pasó. Los vasos comunicantes hacia dentro y fuera permiten que el flujo de información se descontrole, aunque sea poquito, ya no se trata de apresar la voluntad del individuo, sino de hacerlo que haga lo que el poder quiere sin que el mismo sujeto se percate. Que crea que es libre mientras se esclaviza creyendo serlo. Como corresponde a un mundo en que la migración es la regla, el filósofo Byung Chul Han residente en Alemania y de origen sudcoreano, ha sido de los que mejor han sabido explicar el cambio social en una era de constante avance tecnológico y de desigualdades crónicas, no vacila en sacarle las tripas al sistema económico vigente y señalar sus patologías y necrosidades. Pero lo más importante, explora el efecto que en la psiquis de los individuos produce ese capitalismo en su fase neoliberal que se niega a cambiar y a morir. Lo primero es disfrazarse, presentarse como el único camino posible, ocultar la explotación inmisericorde detrás del lenguaje libertario, culpar al individuo porque no es suficientemente productivo, porque no rinde lo suficiente para acceder a un nivel de ingreso y de vida que se le presenta como posible, aunque todo esté armado para que no lo logre nunca. «Quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace a sí mismo responsable y se avergüenza, en lugar de poner en duda a la sociedad o al sistema. En esto consiste la especial inteligencia del régimen neoliberal. No deja que surja resistencia alguna contra el sistema. [...] En el régimen neoliberal de la autoexplotación uno dirige la agresión hacia sí mismo. Esta autoagresividad no convierte al explotado en revolucionario, sino en depresivo. [...] Ya no trabajamos para nuestras necesidades, sino para el capital. El capital genera sus propias necesidades, que nosotros, de forma errónea, percibimos como propias.» Byung-Chul Han. Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Por supuesto que en cada región el neoliberalismo adquiere características propias, en algunas el control es más avanzado, más refinado, en nuestro caso seguimos en una etapa todavía pedestre, a nuestros multimillonarios no se les dan los estudios, su cultura es la del mercado, compran lo caro creyendo que eso los vuelve cultos, confunden lo grandote con lo grandioso, ni siquiera se dan cuenta que los “sustos” que producen sus minicrisis financieras los afectan más a ellos que lo que ganan —más bien pierden— en una opinión pública que ya lo percibe como abusivos, mentirosos, que no se merecen lo que tienen porque no es ganado en buena lid. Los intentos de cacerolazos producen más burlas que simpatías. «La técnica de poder propia del neoliberalismo adquiere una forma sutil, flexible, inteligente, y escapa a toda visibilidad. El sujeto sometido no es siquiera consciente de su sometimiento. El entramado de dominación le queda totalmente oculto. De ahí que se presuma libre. [...] El poder inteligente, amable, no opera de frente contra la voluntad de los sujetos sometidos, sino que dirige esa voluntad a su favor. Es más afirmativo que negador, más seductor que represor. Se esfuerza en generar emociones positivas y en explotarlas. Seduce en lugar de prohibir. No se enfrenta al sujeto, le da facilidades. El poder inteligente se ajusta a la psique en lugar de disciplinarla y someterla a coacciones y prohibiciones. No nos impone ningún silencio. Al contrario: nos exige compartir, participar, comunicar nuestras opiniones, necesidades, deseos y preferencias; esto es, contar nuestra vida. Este poder amable es más poderoso que el poder represivo. Escapa a toda visibilidad. La presente crisis de libertad consiste en que estamos ante una técnica de poder que no niega o somete la libertad, sino que la explota. Se elimina la decisión libre en favor de la libre elección entre distintas ofertas. El poder inteligente, de apariencia libre y amable, que estimula y seduce, es más efectivo que el poder que clasifica, amenaza y prescribe. El botón de me gusta es su signo. Uno se somete al entramado de poder consumiendo y comunicándose, incluso haciendo clic en el botón de me gusta. El neoliberalismo es el capitalismo del me gusta.» Por eso, como mecanismo de control social, es más efectivo el “buen fin” que las marchas de luto por un aeropuerto, es más productivo tener ilusionados a los individuos haciéndoles creer que endeudándose tendrán acceso al paraíso del consumo fuera de su nivel de ingreso. «¿Acaso no son las elevadas deudas una prueba de que no tenemos en nuestro haber el ser libres? ¿No es el capital un nuevo Dios que otra vez nos hace culpables? Walter Benjamin concibe el capitalismo como una religión. Es el “primer caso de un culto que no es expiatorio sino culpabilizador”. Porque no es posible liquidar las deudas, se perpetua el estado de falta de libertad: “Una terrible conciencia de culpa que no sabe cómo expiarse, recurre al culto no para expiar la culpa sino para hacerla universal”.» Las “ofertas” ya no son tales, los precios se manipulan semanas antes para después hacer como que bajan para inducir el consumo, pero sabedores todos de que eso no es suficiente, más bien que el ingreso nunca será suficiente para tener lo que nos dicen que debemos tener, avientan la ilusión de los “meses sin intereses”, se hipoteca el tiempo, la vida, el futuro, para beneficio de los que controlan y monopolizan un mercado que de “libre” solo tiene el apodo. Paradójicamente, las políticas de shock, todavía utilizadas en Venezuela, resultan obsoletas en economías como la nuestra, donde el control del gobierno aparece “diluido” y predominan los capitales trasnacionales que nos utilizan como plataforma para llegar el mercado norteamericano, mientras en lo interno seguimos padeciendo una clase política, empresarial y religiosa que pretende mantener sus privilegios cerrándose, enconchándose, negando los cambios que se le vienen encima. Aun así, gana terreno el culpar al individuo por las fallas de un diseño social que atenta abiertamente contra el bienestar de la mayoría. Si usted no es rico es su culpa por no ser productivo, por resistirse, por no endeudarse, por tener pensamientos “negativos” en lugar de dejarse arrastrar por la marea consumista. «La psicopolítica neoliberal encuentra siempre formas más refinadas de explotación. Numerosos seminarios y talleres de management personal e inteligencia emocional, así como jornadas de coaching empresarial y liderazgo prometen una optimización personal y el incremento de la eficiencia sin límite. [...] En lugar de buscar pecados se buscan pensamientos negativos. El yo lucha consigo mismo como con un enemigo. Los predicadores evangélicos actúan hoy como mánagers y entrenadores motivacionales, y predican el nuevo evangelio del rendimiento y la optimización sin límite.» En esas estamos, por supuesto que el análisis de Byung Chul Han es más complejo e interesante, provocador si lo queremos usar para explicar la coyuntura mexicana. Pero cualquier intento vale la pena. Es más difícil oponerse y resistir efectivamente a la seducción, que a la violencia y represión abierta y descarada.