viernes, 22 de agosto de 2014
CONVIVIR, NO DOMINAR
“Qué triste una ciudad que teme la lluvia. Querétaro teme la lluvia porque se colapsa y se inunda, no se aprovecha este elemento. Deberíamos temer más a una ciudad sin lluvia. Aprovechar el agua de lluvia para infiltrarla y recargar los mantos acuíferos es la solución que están adoptando los desarrolladores conscientes de las necesidades de las ciudades contemporáneas. Habitar la lluvia y no pelearse con ella. En las grandes ciudades como Querétaro, sólo se infiltra del 10 al 20% de las lluvias y más del 60% se escurre fuera de la ciudad, causando primero destrozos, inundándolas y luego alejándose de sus modernas pieles impermeables diseñadas en su mayoría, al servicio del tirano automóvil. Esta enorme cantidad de agua, se desperdicia y termina llevando la contaminación que arrastra en su paso por las superficies, junto con la mezcla tóxica de las aguas residuales, generada por las Demasías en el Alcantarillado Combinado (DAC), al océano y las playas.” Mikhail Robles, editor de http://periodicoketzalkoatl.wordpress.com/2014/07/14/habitar-la-lluvia-renunciar-a-dominarla/
Nunca serán suficientes los drenes, las obras de bordería o cualquier otra “solución” que busque pelearse o intentar siquiera “dominar” a la naturaleza. Nuestra soberbia, basada en una ciencia que despedaza la realidad creyendo que así puede entenderla, no alcanza a imaginar otros caminos que no sean la sumisión de cualquier fenómeno, natural o no, a nuestra voluntad. Pero los humanos somos complicados, no nos basta con querer someter lo que no entendemos, nuestra devoradora actividad económica, nuestra ansia de “progreso” entendido como el consumir cada vez más sin mayor control que la ambición propia o ajena, nuestra pequeñez traducida en verdaderas obsesiones por concentrar el poder y la riqueza sin que importe más nada, nos llevan a sacrificar el futuro por un presente cada vez más riesgoso.
A las fuerzas de la naturaleza queremos imponerles nuestras corrupciones, la falta de planeación, el simple trabajo de escritorio que se mide con tarifas impositivas, los intereses de unos cuantos y que se frieguen los demás.
No pasa sólo con las lluvias. Allí está el caso de la empresa gasera que recurre a todos los engaños posibles para no responder por los daños causados por el “flamazo” de uno de sus decenas de transportes que recorren diariamente la ciudad cargados de materiales peligrosos, al grado de que sus voceros son las propias autoridades que se resisten a llamarlos a cuentas porque identifican sus intereses como propios, y la ciudadanía queda indefensa. No podemos resignarnos a una idea de justicia donde el que tiene para pagar los daños o la influencia suficiente para evitarlo haga lo que se le da la gana. Eso es injusto, inmoral, antiético e inhumano. Pero ese parece ser el ideal de justicia que nuestras autoridades aplican a rajatabla, luego se dicen sorprendidos cuando les caen las facturas en forma de desobediencia, de descreimiento en lo que dicen y hacen, en el hartazgo que puede tomar muchas formas de expresarse.
No se vale invocar lo “extraordinario” de los efectos de las lluvias cuando hemos tapizado los cauces naturales con pavimento, cuando impedimos que esa agua pueda filtrarse en lugar de resbalar libre y velozmente por calles y avenidas, cuando hemos permitido cada vez más colonias y fraccionamientos por el simple lucro y la ambición desmedida de los cuates, y luego nos quejamos de que cuesta mucho traerla de lugares cada vez más lejanos, de la contaminación que causa el bombeo del líquido hacia nuestras ciudades situadas a cientos de metros sobre los niveles del mar y de los acuíferos.
Las autoridades debieran estar gestionando y destinando recursos para la recuperación, filtrado y aprovechamiento del agua de lluvia, porque nunca es suficiente, porque la tenemos, aunque sea por temporadas, disponible y al alcance. El mismo Mikhail Robles menciona en su texto dos ejemplos de que se puede y se vale darle la vuelta a nuestra manera tradicional y antiecológica de ver y hacer las cosas: “Proyectos ejemplares de infiltración y cosecha de agua de lluvia son respectivamente, el de Elmer Avenue en los Ángeles California y el de Isla Urbana en nuestro D.F. En el de los Ángeles se ha desarrollado un mega proyecto que busca promover la infiltración en esa zona residencial por medio de: pavimento poroso que permite la absorción del líquido, jardines que absorben el escurrimiento pluvial, tinacos para almacenar el agua de lluvia y vegetación local que requiere menos agua. Construyendo verdaderos habitantes conscientes de su estar en la lluvia, que habitan y piensan su ciudad. Isla Urbana D.F., diseña y pone sistemas de captación de agua de lluvia en casas de bajos ingresos y donde la escasez de agua ya es un problema serio. Cuando una familia empieza a cosechar la lluvia con los sistemas de Isla Urbana, su cisterna está llena hasta seis meses del año con esta agua. Si se cosecha la lluvia, se reducen las descargas a la ciudad y por lo tanto, las inundaciones. En el sur del D.F ya se habita la lluvia, se desea que llueva.”
Podemos tomar lo mejor de esas alternativas, o construir otras. Pero urge cambiar nuestra forma de pensar y de vivir, deshacernos de creencias arraigadas de que el “progreso” siempre está en la misma dirección y es inevitable. Ser intolerantes a la corrupción y a la prevalencia de los intereses de unos cuantos sobre todos los demás. Planear en serio y para el largo plazo, corregir cuando sea necesario. Saber que somos finitos como individuos y como especie puede devolvernos la humildad para convivir con la naturaleza y no sólo temerla porque sabemos que no podemos “dominarla”, por una razón que hasta suena simple, porque somos parte de ella y tampoco somos “dominables”.
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sábado, 16 de agosto de 2014
OPTIMISMO CRÍTICO
Viene la prueba del ácido para las reformas estructurales acordadas por los legisladores federales a lo largo de los últimos 11 meses. Los aficionados a la numeralia cuentan 14 comenzando con la mal llamada educativa, que en realidad fue una reforma laboral que dejó intocados los privilegios de la cúpula sindical del SNTE, pero que afectó gravemente los derechos de cientos de miles de profesores de todos los niveles; y terminando con la energética.
Faltaron dos que se antojaban previas, porque ningún país puede esperar que un proceso reformista resulte exitoso en un ambiente de corrupción e impunidad, pública y privada, como en el caso mexicano. Hace falta, por lo menos, ejercer un optimismo crítico y hacer los ajustes y rectificaciones necesarias antes de que nos quedemos embarcados en falsas soluciones por muchas generaciones más.
Faltó también la verdadera reforma educativa, esa que toque los planes de estudio que han mostrado ser inadecuados para el siglo 21, bueno, ya ni a fines del siglo pasado servían más que para provocar frustraciones, reprobados y deserciones, con lo que se contribuía a las desigualdades sociales que seguimos padeciendo. Increíble que en un mundo donde se está cambiando drásticamente de paradigma científico sigamos empantanados en conceptos de aprendizaje y enseñanza de hace 100 años. Los del CNTE oaxaqueño y de otros estados no están locos, tampoco los normalistas guerrerenses cuando proponen una revisión a fondo de los programas y planes de estudio; pero saltarse las trancas y exhibir la ineficiencia de la SEP les ha costado mucho, el desgaste ha sido permanente y corren el riesgo de un manotazo brutal de un priismo que no tiene nada de nuevo y sí requiere resucitar el férreo control corporativo al que está acostumbrado. Por eso defiende a los Romero Deschamps, a su exdirigente corrupto del D.F., ese que tenía su propia compañía de “edecanes” para darse sus gustos a cargo del dinero público que se la da a su partido; mejor ni seguirle, porque de empresarios ligados al poder también hay una larga lista.
Vamos a algo más local, nos ha faltado darle una revisadita a los resultados que el sistema educativo queretano ha dado en este año por la vía de la Evaluación Nacional del Logro en Centros Escolares mejor conocido como ENLACE, que este año sólo se aplicó en el nivel medio superior, o sea en bachilleratos y preparatorias. Primero hay que recordar que la misma prueba ya no se aplicó en el nivel básico ―primarias y secundarias―, porque se pervirtieron su diseño y aplicación. Había trampas y corrupción por todos lados porque se le ligó a los programas de estímulo a la docencia y nunca se utilizó para lo que estaba diseñada, ofrecer datos del desempeño de cada estudiante, profesor y escuela; de las debilidades y fortalezas.
Aterricemos pues. ENLACE 2014 en media superior para Querétaro arrojó los siguientes resultados. En el nivel “excelente” de dominio en comunicación quedamos en cuarto lugar con un porcentaje de 6.2, detrás de Baja California, Durango, Coahuila y Chihuahua que están empatados en el tercero.
De las escuelas públicas que más aportaron a ese resultado encontramos al Centro de Educación Artística (CEDART) Mariano de las Casas con un 39.4 por ciento; después el Colegio Nacional de Danza Contemporánea con el 21.4; seguido ―sin diferenciar entre turnos matutino y vespertino porque sería más complicado―, por la Escuela de Bachilleres de la UAQ Plantel SJR con 18.1; luego la Escuela de Bachilleres de la UAQ Plantel Sur con 17.9; en el quinto lugar el EMSAD 28 (Escuela Media Superior a Distancia) de Bella Vista del Río en Ezequiel Montes; sigue el EMSAD 19 de San Miguel Palmas en Peñamiller; a continuación la Escuela de Bachilleres “Salvador Allende” Plantel Pedro Escobedo con 12.9; sigue la Escuela de Bachilleres de la UAQ Plantel Norte con 12.8; luego el EMSAD 3 Concá en Arroyo Seco con 12.5; y en décimo lugar, para no alargarle más el COBAQ Plantel 13 “Epigmenio González” con 10.3 por ciento.
En el grado “excelente” de dominio de las matemáticas nuestro estado quedó en quinto lugar con un porcentaje de 22.7, detrás de Durango, Sonora, Baja California y Puebla. Las escuelas públicas que más aportaron a ese resultado fueron: la Escuela de Bachilleres de la UAQ Plantel SJR turno matutino con un 58.8 por ciento; seguida del EMSAD 4 San Antonio de la Cal de Tolimán con 54.7; en tercer lugar el Plantel SJR turno matutino de la UAQ con 49.2; sigue el turno vespertino de ese mismo Plantel Sur de la UAQ con 47.1; atrasito el Plantel Norte de la UAQ con 39.3; luego el turno vespertino del Plantel SJR de la UAQ con 39.0; en séptimo la Escuela de Bachilleres “Salvador Allende” de la UAQ en Pedro Escobedo; después el Plantel Bicentenario de la UAQ turno matutino de Santa Rosa Jáuregui; le sigue el turno vespertino del Plantel Norte de la UAQ con 33.2; y en décimo el Plantel 13 de COBAQ en su turno matutino con 32.5 por ciento.
Se pueden hacer muchas comparaciones más y manejar una variedad de hipótesis respecto de los resultados, por ejemplo de la vinculación de la enseñanza artística con el dominio comunicativo y matemático; o entre la cantidad (pequeña) de alumnos y un mejor aprendizaje; o entre el liderazgo académico que se encuentra en la dirección de ciertas instituciones contra la dejadez o incompetencia de otras; o entre el ambiente de libertad y respeto a los derechos de los estudiantes y la pretendida organización casi militar de otras en donde la apariencia y el comportamiento uniforme pesa más que el desempeño académico. En fin, cada quien puede ensayar y comparar los resultados que se pueden consultar con el detalle deseado en www.enlace.sep.gob.mx/ms
Por lo menos como estado nos fue bien, pero la eficiencia y los resultados no son parejos y eso debiera ser una fuerte llamada de atención.
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viernes, 1 de agosto de 2014
CONSTRUIR CONFIANZA
“La nota del carácter mexicano que más resalta a primera vista es la desconfianza. Tal actitud es previa a todo con los hombres y las cosas. Se presenta haya o no fundamento para tenerla. No es una desconfianza de principio, porque el mexicano generalmente carece de principios. Se trata de una desconfianza irracional que emana de lo más íntimo del ser. Es casi un sentido primordial de la vida. Aun cuando los hechos no lo justifiquen, no hay nada en el universo que el mexicano no vea y juzgue a través de su desconfianza. Es como una forma a priori de su sensibilidad. El mexicano no desconfía de tal o cual hombre o de tal o cual mujer; desconfía de todos los hombres y de todas las mujeres. Su desconfianza no se circunscribe al género humano; se extiende a cuanto existe y sucede. Si es comerciante, no cree en los negocios; si es profesional, no cree en su profesión; si es político no cree en la política. […] Pero entonces, ¿por qué vive el mexicano? […] La vida mexicana da la impresión, en conjunto, de una actividad irreflexiva, sin plan alguno. Cada hombre, en México, sólo se interesa por los fines inmediatos. Trabaja para hoy y mañana, pero nunca para después. El porvenir es una preocupación que se ha abolido de su conciencia. Nadie es capaz de aventurarse en empresas que sólo ofrecen resultados lejanos. Por lo tanto, ha suprimido de la vida una de sus dimensiones más importantes: el futuro. Tal ha sido el resultado de la desconfianza mexicana.” Samuel Ramos citado por Noemí Luján Ponce. La construcción de la confianza política. IFE 1999. Ensayos 6.
Pega en el ánimo la cita anterior, es cierto, los mexicanos somos desconfiados, lo muestran las encuestas que aquí hemos comentado, pero la desconfianza no es pareja, en algunas personas e instituciones confiamos más, en otras menos, mucho menos. Nuestra clase política está en el fondo de nuestra credibilidad, no confiamos en ella y se lo tienen bien ganado.
“La confianza, entendida como relación social, tiene dos polos: el del sujeto que confía y el del depositario de la confianza. El sujeto ejecuta la acción de confiar a partir de un universo de conocimientos o creencias que le permiten tener un conjunto de expectativas ciertas sobre su relación con el objeto de su confianza. Confiar significa apostar, mantener expectativas, tener esperanza en que los referentes utilizados son ciertos, esto es, que corresponden realmente a las características del depositario.” Es cierto, la confianza requiere de futuro, de creer que algo se mantendrá sin necesidad de tener que estar permanentemente vigilantes, nos ahorra esfuerzos y recursos, nos podemos dedicar a preocuparnos y ocuparnos de otras cosas menos ciertas. Por eso hay democracias más caras que otras, por eso sobre legislamos aunque sepamos que la corrupción impedirá nuestros afanes.
En un texto anterior tratamos de indagar el silencio ciudadano que rodea esas ceremonias llamadas informes de gobierno, un silencio que no significa vacío porque está lleno de significados que se quieren ignorar. Tampoco es indiferencia, menos pasividad, en algún momento adquieren formas de expresión dentro de un marco de convivencia que se construye a las orillas, y a veces fuera, de las instituciones.
No se puede confiar a ciegas, tampoco teniendo a mano toda la información y la vigilancia a todo lo que da. Más bien estaríamos hablando de un estado intermedio. Pero nuestra esquizofrenia política impide la mesura y fortalece la radicalización. Según Noemí Luján existen dos cosas que impiden la generación de confianza, la primera es el abismo que separa la ley de la realidad: “Los individuos que habitan estas sociedades se ven escindidos entre dos mundos: el de las leyes, donde se consagra la existencia de ciudadanos, de derechos políticos y sociales y de normas de convivencia democrática, y el de las prácticas, que se guía por criterios particularistas y autoritarios. En este tipo de situaciones los derechos y las garantías se compran o son inexistentes.” Lo peor es cuando tenemos gobiernos que responden a intereses personales o familiares, el caso queretano no es la excepción.
El segundo aspecto tampoco lo podemos negar: “Si bien la corrupción no es un fenómeno exclusivo de México, su profundidad en el tiempo y su capacidad para extenderse al conjunto de la vida social lo convierten en una característica fundamental para entender el funcionamiento de la sociedad y del sistema político”. La corrupción requiere de complicidad, un político corrupto necesita de otros que le guarden los pasos, que hagan de la vista gorda, que desvíen la atención, que si son descubiertos minimicen los efectos y castigos. Por eso se vuelven sectarios y autoritarios, porque no pueden permitir que las cosas se desborden y salgan de su control.
La desconfianza debilita la vida colectiva, no podemos vivir a gusto si no tenemos asideros relativamente ciertos de que el futuro tiene sentido, Noemí Luján se apoya en Andreas Schedler para reforzar la idea: “Las instituciones débiles destruyen el futuro. La vida en un vacío institucional se ve privada de todo lo confiable, de las certezas que normalmente permiten a la gente ver más allá del futuro inmediato, ahorrar e invertir, planear, prevenir y posponer, desarrollar rutinas, desplazar al futuro costos presentes o, simplemente, confiar y relajarse.”
Vale hacerse la pregunta ¿cómo se construye la confianza? Existen instrumentos sociales para ello, pero buena parte del trabajo depende de poder obligar al “defraudador” de la confianza a cambiar, porque un estadista que muestre visión de futuro para saber que es mejor responder a intereses colectivos no tenemos. Bueno, esos instrumentos para construir confianza tienen características en común: “La transparencia, construida a partir de procedimientos o de información, pretende superar la opacidad del entorno y, en especial, de las intenciones del “otro”. La imparcialidad pretende resolver las disputas y los empates entre interpretaciones interesadas de los actores, y los controles, permiten cubrir, a partir de procedimientos objetivos, áreas o actividades riesgosas”.
¿Qué puede pasar si la confianza no se construye? Un primer efecto, y ya lo hemos visto: la sorpresa electoral. Esas volteretas que da un electorado volátil que se burla de las estadísticas pagadas o serias, de las ocho columnas impuestas o negociadas, y que hace creer que su voto se inclinará hacia el que defraudó su confianza, que intentó mantenerlo engañado, que quiso comprar su voluntad con despensas, tinacos, láminas, cubetas de pintura o impermeabilizante. O de plano, saltándose esa legalidad interesada y sujeta al mejor postor, lo que termina siendo peligroso para todos.
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viernes, 25 de julio de 2014
PROGRESO ENVENENADO
“La idea de que el ser humano ha progresado conforme el tiempo avanza se ha convertido quizás en el supremo mito, en la más grande mentira repetida por quienes se aprovechan de ese estado de gracia llamado modernidad.” México: la batalla final es civilizatoria. Víctor M. Toledo. La Jornada 22 de julio 2014.
Las señales están por doquier pero no las queremos ver. Nuestro planeta ya no soporta el ritmo de explotación irracional al que lo hemos estado sometiendo con el pretexto del desarrollo y el progreso. El nivel de consumo en los países disque desarrollados no puede sostenerse sin destruir, de manera cada vez más acelerada, los recursos naturales del resto del mundo. Pero en lugar de frenarlos, todos queremos parecernos a ellos.
México es ahora el campo de batalla de esas concepciones de vida profundamente contrapuestas. Detrás de la defensa de los bosques, de los ríos, del territorio fértil, de los mares, de la biodiversidad, de los pueblos originarios y sus culturas de respeto a la naturaleza, está la lucha de nuestra especie humana por la sobrevivencia. Por eso la fuerte oposición a las reformas constitucionales y de otras leyes y reglamentos que buscan explotar todo lo explotable, como si no hubiera un mañana, como si todo fuera sacrificable por un futuro ilusorio que nunca llegará.
“Nos despojan la minería a cielo abierto, las grandes presas, las carreteras y ductos, la urbanización desordenada, los grandes desarrollos turísticos, los privatizadores del agua, los que se adueñan de la biodiversidad y le ponen precio, los que comercializan y empobrecen nuestra riqueza cultural, los agro negocios, la publicidad y omnipresencia de la comida chatarra, los talamontes, los empresarios turísticos que se adueñan del paisaje, los cárteles del narco… Pero también nos despojan quienes monopolizan el espectro electromagnético y quienes mediante los transgénicos colonizan nuestro genoma. Nos despojan un sinnúmero de corporaciones trasnacionales y mexicanas, y nos despojan los gobiernos que son sus personeros y cómplices, que además criminalizan a quienes defienden la vida y se oponen a la muerte que significa el avance de la barbarie”. Manifiesto del colectivo Por la tierra, por el agua y por la vida.
No se trata de retroceder a tiempos añorados, se trata de proteger lo que nos puede hacer perdurar como especie, con buena calidad de vida y en un frágil pero cuidado equilibrio con el resto de la biodiversidad del planeta; porque podemos hacerlo si nos colocamos fuera de intereses inmediatos que provocan devastación y desigualdades intolerables. Por eso la resistencia campesindia, como se le está conociendo, es importante, porque allí están las ideas que pueden cambiar nuestra forma de ver el mundo y a nosotros con él: “En el campo la expoliación tiene muchos filos. El territorial, cuando se arrebata a las comunidades la posesión sobre los lugares donde habitan y trabajan para franquearle el paso a minas, presas, carreteras, ductos, urbanizaciones, desarrollos turísticos. El hídrico, cuando se les roba el agua y su manejo. El biológico, cuando se las excluye de áreas de valor ambiental y de su cuidado. El genómico, cuando se les quita el control de sus simientes y se las contamina con transgénicos. El productivo, cuando se desposee a los campesinos de sus recursos y capacidades agrícolas, para entregárselos al agro negocio. El mercantil, cuando las trasnacionales y los grandes comerciantes dominan en todos los ámbitos e imponen sus términos en todos. El cultural, cuando se mercantiliza su identidad usurpando significados y valores. El comunicativo, cuando se les impide acceder a los medios electrónicos. El político, cuando se les niega el derecho a gobernar en sus jurisdicciones. El delincuencial, cuando los carteles del narco ocupan y mandan en los ámbitos rurales […] Estas vertientes del despojo tienen rato, pero ahora todo indica que la anunciada reforma del campo busca arrebatar a ejidos y comunidades la propiedad social de la tierra, derecho ancestral por el que hace un siglo dieron la vida un millón de mexicanos. Todo esto es grave, sin embargo la amenaza mayor, la más siniestra es que quieren despojarnos del futuro, quieren quitarnos la esperanza. Tierra, agua, vida, simiente, producción, mercado, voz, identidad, autonomía, seguridad, propiedad social, esperanza… Van por todo. Pero no nos vamos a dejar”. Roger Bartra. Van por todo. La Jornada del campo 19 de julio 2014.
El término “progreso” justifica todo, pero en este caso se rompe con la idea de que hacia donde nos quieren llevar sea conveniente, por todos lados tenemos las evidencias de que este capitalismo neoliberal sólo concentra las ganancias del despojo en unas cuantas y sucias manos, dejando a las masas indefensas y con una mano adelante y otra atrás. Se están dando las resistencias hasta por las vías de una legalidad tramposa, y algunas hasta se ganan, el abogado Francisco López Bárcenas, especialista en derechos agrarios e indígenas, entrevistado por Lourdes Rudiño de La Jornada, advierte: “ocurre en todo el mundo, porque el derecho también se globalizó. Muchas de nuestras leyes no se hacen en el Congreso, se discuten en las grandes empresas, las diseñan los bufetes de las trasnacionales. Antes uno presentaba un juicio y si tenía razón, lo ganaba, no había tanto interés acumulado en la justicia, ahora eso es imposible. ¿Qué tenemos que hacer?, debemos darle otro sentido al uso del derecho.”
Suena apocalíptico porque lo es: “Se trata entonces de una civilización suicida, a la que contribuye todo miembro de la especie por razones de desinformación, ingenuidad, interés individual o simple cinismo. Estamos entonces frente a un gigantesco proyecto de muerte, ante un reto existencial de especie, e incluso frente a un proceso social que se enfrenta al propio proceso evolutivo del cual ha surgido y del que forma parte.” Víctor M. Toledo.
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viernes, 18 de julio de 2014
EL SILENCIO
Ni por dónde empezar. El que la autoridad tenga la obligación de rendir cuentas sobre lo que ha hecho y dejado de hacer debiera ser un ejercicio crítico y continuo. Está de moda el exigir que todos sean sujetos de evaluaciones periódicas para saber el nivel de desempeño, todos menos los directivos y gobernantes que pueden seguir haciendo y deshaciendo a su antojo, sin más límite que su ambición y capricho. Siquiera antes se daba un disque mensaje político, con la pretensión de guiar o darle algún orden a las ideas y cifras expuestas, ahora ni eso. Parches, puros parches de información desarticulada, sin jerarquizar, al gusto de los supuestos redactores que hicieron abuso del “copiar y pegar”.
No todo tiene que ser malo, no se trata de desacreditar el trabajo de cientos o miles de trabajadores que hacen lo que pueden, y hasta más, con los recursos públicos que les alcanzan a llegar. Vamos, los efectos de gastar 23 mil y medio millones (23, 540, 183,000) de pesos de presupuesto estatal se tienen que ver en alguna parte y eso puede ser bueno. El primer pero surge cuando se sabe que el 83 por ciento de ese presupuesto se debe a “participaciones, aportaciones y transferencias federales”, lo que implica una dependencia hacia el ejecutivo de ese nivel que se antoja poco sana para el desempeño del estado. Hay que quedar bien con el presidente y su gabinete, hay que ser dócil, hay que saber hacerse a un lado y no contrariar, ni con el pensamiento, a quien reparte sin más criterio que sus simpatías o antipatías. Porque el presupuesto federal y estatal que supuestamente revisan y autorizan los congresos correspondientes, pasan sin cambio y con un remedo de discusión, nada más para taparle el ojo al macho y justificar los cuantiosos ingresos propios.
Los informes municipales se quedan cortos con respecto al anterior, navegar por el sitio del municipio de Querétaro buscando el segundo informe sólo sirve para encontrar el del anterior munícipe panista, y eso con el buscador de la misma página, del actual apenas un boletín de prensa y el video con duración de una hora con 7 minutos, ¿alguien se lo echará completo? “Una ciudad bonita, la sonrisa de México” ¿Alguien sabe qué es eso? Ni hablar del atorón verbal cuando agradece la presencia del representante de “su partido”, como que ni él está convencido, en fin, la retahíla de menciones a sus invitados gasta un buen de tiempo ¿qué hace allí el vicario de la diócesis? Y sus “amigos” comenzando con quien está más cerca en sus afectos: Diego Fernández de Cevallos.
En el Marqués apenas un boletín de prensa, no hay liga, tampoco la posibilidad de descargar el documento, si acaso unos “banners” publicitarios sin contenido alguno. La liga a su supuesta página de Facebook no sirve porque la página no existe.
En el de Corregidora ni el texto, ni boletín, ni nada que se le parezca. Si se quiere algo de información hay que recurrir a la cobertura de los medios, más cargados a la página de sociales que a otra cosa.
“Así pues, el silencio adquiere auténtico valor comunicativo cuando se presenta como alternativa real al uso de la palabra. Si se elige el silencio en lugar de la comunicación verbal, está quedando reflejada alguna actitud del sujeto ante el entorno y, por tanto, podemos inquirir cuál es esa actitud. Ante quien no quiere cooperar hablándonos, preguntaremos enseguida por qué lo hace: ¿por miedo?, ¿indiferencia?, ¿por ocultar alguna cosa?” Álex Grijelmo, La información del silencio. Cómo se miente contando hechos verdaderos.
En el caso de la información que aquí extrañamos o que se desdeña desde quien la emite, corresponde también la indiferencia o el silencio de quien debiera recibirla. ¿Por qué los partidos políticos o las organizaciones sociales del más diverso tipo no exigen el diálogo? ¿Por qué no cuestionan los silencios disfrazados de mala promoción, de datos fuera de contexto, de ceremonias sin sentido? ¿Por qué los ciudadanos respondemos con más silencio?
Estamos rodeados de destellos informativos que no logran ofrecer algo de claridad, más bien resaltan las sombras, los vacíos, inducen a la truculencia, esconden más de lo que revelan porque ofuscan la mirada. “La relación entre información y silencio nos conduce de inmediato a la censura, que ha ido adquiriendo con el tiempo diversas formas más refinadas, como la autocensura o como la denominada «espiral del silencio» (o agenda-setting): la exclusión de aquellos asuntos que aborda una sociedad para incluir otros”.
Nuestra clase política y nosotros como su contraparte, parece que seguimos guiándonos por lo que estableció Zaleuco de Locros, a quien se ubica en el siglo séptimo antes de Cristo y considerado el primer censor del mundo occidental: “Que nadie hable mal, ni de la ciudad como comunidad, ni de ciudadano alguno en particular, y que los vigilantes de las leyes se encarguen de reprender a quienes infrinjan este precepto, primero amonestándoles, luego imponiéndoles una multa”, citado por Grijelmo.
Zaleuco es un fiel reflejo de su época, el optimismo indica que algo hemos avanzado de entonces para acá, a pesar de que seguimos aplicando los linchamientos mediáticos cuando alguien se atreve a cuestionar al poder establecido: “El que proponga a la asamblea una reforma o sustitución de una ley vigente, debe llevar una soga al cuello, preparada para ahorcarle si la propuesta no se aprueba”.
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viernes, 11 de julio de 2014
INFANCIA NEOLIBERAL
“Los más desposeídos, los más carenciados, son quizás quienes han perdido la lucha simbólica por ser reconocidos, por ser aceptados como parte de una entidad social reconocible, en una palabra, como parte de la humanidad”. Pierre Bourdieu, Meditaciones Pascalianas.
Era lógico y se veía venir, es parte del funcionamiento “normal” de un mundo globalizado a la manera neoliberal. No hacía falta ser un gran analista o teórico, las evidencias estaban hasta en la literatura y la cinematografía. Basta recordar Voces Inocentes de Luis Mandoki, que retrata las consecuencias, que sobre nuestros infantes tienen las guerras civiles propiciadas por nuestros vecinos del norte para conseguir gobiernos dóciles y seguir explotando las materias primas de nuestro subcontinente. La reciente Jaula de oro de Diego Quemada-Díez. También la secuela que intenta penetrar en ese inframundo existencial de las pandillas juveniles, que no encuentran más salida que la autodestrucción y la violencia cotidiana, los “mareros”.
No se vale fingir sorpresa, las señales estaban allí y tienen décadas, pero preferimos no verlas hasta que adquirieron los tintes públicos de una crisis humanitaria. La migración ya es percibida como la única salida a la miseria, a la inseguridad, a la falta de un presente y un futuro dignos de ser vividos. Pero tuvo que venir el regaño, poco simulado de las desbordadas autoridades estadunidenses, presionando a los gobiernos disque soberanos ubicados al sur de su frontera, para que cerraran sus puertas o, al menos, impidieran que miles de niños que viajan solos lleguen hasta su territorio. Su respuesta “humanitaria” ante tal arribo los caracteriza mejor que cualquier cosa: el internamiento, en condiciones de hacinamiento para quienes osan llegar sin su permiso a la “tierra de las oportunidades”.
Ahora sí, como apuntan los estudiosos, Zygmunt Bauman por ejemplo (Vida de consumo), en este sistema individualista: “Las sociedades nunca se avergüenzan ni pueden hacerlo: la vergüenza sólo es imaginable como un estado individual”. Y entonces cualquier responsabilidad social desaparece, todo es culpa de los individuos, de esos niños aventureros y desagradecidos que no miden el peligro, que abandonan sus familias y países nada más por ocurrencia. Más claro, por si hace falta y cortesía del mismo Bauman: “La tan repetida aseveración de que “éste es un país libre” significa lo siguiente: el tipo de vida que uno desea vivir, cómo decide vivirla y qué elecciones hace para lograrlo dependen de uno, y es uno el único culpable si todo eso no conduce a la tan añorada felicidad. Sugiere que la alegría de la emancipación está íntimamente entrelazada con el horror de la derrota”. Pero el autor se refería críticamente a los adultos atrapados en esa ilusión voluntarista, fabricada artificialmente para deshacer cualquier intento de responsabilidad social, colectiva. No a niños que no tienen por qué estar tomando ese tipo de decisiones extremas, que tendrían que estar protegidos por un sistema social que les garantice cuidado, salud, educación, posibilidades ciertas de desarrollo. La migración infantil es una muestra más, de que el sistema económico y social neoliberal, de capitalismo salvaje ─como si existiera otro─, es inviable sin su cauda de desigualdades y sacrificios humanos masivos, todo en aras de una ilusoria libertad individual que sólo ejercen los que tienen los medios para hacerlo. Y entonces sólo viven, a su tierna edad “el horror de la derrota”.
Incluso se les niega la pertenencia a una clase social, se les define como una “infraclase”, así la describen autores como Herbert J. Gans: “Esta definición conductista abarca a los pobres que abandonan la escuela, no trabajan, y en el caso de las mujeres jóvenes, a las que tienen bebés sin el beneficio del matrimonio y dependen del bienestar social. La infraclase definida por su comportamiento incluye también a los sin techo, los mendigos y pordioseros, los pobres adictos al alcohol y a las drogas y a los delincuentes callejeros. Como el término es flexible, los pobres que viven en “viviendas sociales”, los inmigrantes ilegales y las pandillas de adolescentes suelen incluirse en esa categoría”. Y ahora hay que incluir a los niños.
Esa migración infantil es forzada, no deseada. Es el último recurso de los niños desesperados a la vez que presionados para asumir un rol social que no les toca, por absorber responsabilidades que los adultos no somos capaces de resolver. Todo eso nos lo recuerdan y preferimos voltear la mirada hacia otro lado, volvernos ciegos, indiferentes. Sabemos que nadie buscará integrarlos a sociedades que cargan con sus propias carencias o que viven la ilusión de las oportunidades individuales, casi mágicas: “Los refugiados traen consigo los lejanos ruidos de la guerra y el hedor de los hogares miserables y las ciudades derruidas que no pueden sino recordarles a los establecidos cuán fácilmente el cascarón de la rutina segura y familiar (segura por lo familiar) podría ser horadado o aplastado”. Zygmunt Bauman. La sociedad sitiada.
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viernes, 4 de julio de 2014
OPTIMISMO INFORMADO
“Conocer al estudiante es uno de los principios fundamentales de cualquier programa educativo. Un plan de estudios dirigido a un estudiante imaginario, que no corresponde con las características del estudiantado real, es un plan destinado al fracaso. Y no hay peor maestro que el que decide que sus estudiantes tendrían que ser lo que no son, y que no tiene idea de lo que son ni de lo que serán. Un buen maestro se ajusta siempre al estudiante que tiene enfrente, a su pasado y a su futuro. Asimismo, un buen plan de estudios adecua contenidos educativos para promover la formación del estudiante que el maestro tendrá enfrente.” Claudio Lomnitz. La educación como segunda conquista. La Jornada, 30 de abril 2014.
No recuerdo si la frase tiene algún autor conocido, hasta Google me falló en la búsqueda, parece que se volvió popular por su uso generalizado pero sigue vigente: el poder es bonito aunque sea poquito.
No son ideas sueltas, están unidas por la temporalidad, por la coyuntura dirían los políticos en una metáfora con origen anatómico. Estamos en la época de las graduaciones, de los fines de ciclo escolar, cuando los estudiantes padecen la incertidumbre de los resultados de evaluaciones caprichosas, producto de intentar, con más o menos éxito, adaptarse a planes de estudio saturados, desactualizados, que pretenden adivinar el futuro con puras buenas intenciones. Claudio Lomnitz tiene mucho de razón y los maestros debemos mediar entre ese estudiante que se imagina el plan de estudios y el real que tenemos enfrente. Apegarse ciegamente a lo que dicen los papeles, además de frustrante para todos, es injusto y parte de un genocidio cultural.
Pero topamos con el poder. Cuando no entendemos esa falta de sintonía entre lo imaginario y lo real, lo más fácil es tratar de imponerla, volvernos ciegos, convertir al estudiante en el sacrificio ritual en aras de un apego ridículo a lo que no entendemos. Si la sociedad no nos valora, si descarga muchas de sus responsabilidades en el docente, si los directivos y funcionarios no acompañan ni orientan ─porque no saben, ni pueden, ni quieren─, si nuestras escuelas están mal equipadas, si el sueldo es insuficiente, si el sistema de estímulos al esfuerzo, a la capacitación y actualización resulta perverso, si la familia o la pareja no apoyan, algunos piensan que con alguien hay que desquitarse, y se usa el podercito, los atisbos de autoridad mal entendida, para desquitar las frustraciones con quien se pueda.
Podemos coincidir con Lomnitz otra vez, después de la revolución había que construir un sistema educativo que tuviera metas y resultados: “la educación serviría para urbanizar, para civilizar, para nacionalizar. Y la cultura clasemediera de los maestros y de los creadores de los planes de estudio sería la meta aspiracional tácita para los educandos. Los estudiantes admirarían a los maestros porque querrían ser como ellos. Además, como la cultura campesina era vista como una realidad degradada, de la que se quería salir, y como el punto ideal de llegada estaba también claro, la formulación de programas, planes, metas, evaluaciones, etcétera, era relativamente fácil. Me parece que hoy estamos en una situación muy distinta. Es muy dudoso que la cultura de los maestros sea, hoy, el punto de llegada ideal de los educandos. Esto significa que los que damos clase tenemos que preocuparnos mucho más por entender a quiénes les estamos enseñando. Y cuando digo esto no me refiero sólo a entender directamente a los estudiantes que tenemos en el aula, sino también las trayectorias de movilidad de las que forman parte. Hay mucho en la vida de los estudiantes de hoy que pide proyectos educativos que los maestros no podemos imaginar sin hacer esfuerzos colectivos importantes”.
Cierto, lo colectivo requiere de trabajo colaborativo, no de estarnos pisando los unos a los otros, Hay que despojarse de ese poder caprichoso y mal entendido que busca el desahogo y se disfraza de formación. Hay que ponerle atención a lo sustantivo y dejar de perseguir las apariencias. Hay que rebelarse contra el reparto mañoso de responsabilidades y el despojo de los recursos y atribuciones para solventarlas. Hay que ser ingeniosos y salirse de las numerosas trampas de un sistema que promueve el individualismo y dinamita la solidaridad. Hay que recuperar la docencia como espacio de construcción de una ciudadanía analítica y con capacidades ─competencias les dicen ahora─, que les permitan identificar sus oportunidades de desarrollo personal y colectivo, para que con ética y visión de largo plazo puedan tomar decisiones adecuadas y oportunas.
Se dice fácil pero la inercia va en sentido contrario a lo que se persigue, en la educación estamos involucrado todos, hasta los medios de comunicación que se dedican a promover comportamientos carentes de solidaridad y favorecen intereses cada vez más individuales. Por eso la definición de las reformas es importante, porque lo que se puede avanzar en las escuelas se retrocede en los medios, que están resultando más influyentes que unos maestros que no logran caminar en la misma dirección.
Vale la pena mantener un optimismo informado, saber y elegir como Elena Poniatowska: “El poder financiero manda no sólo en México sino en el mundo. Los que lo resisten, montados en Rocinante y seguidos por Sancho Panza son cada vez menos. Me enorgullece caminar al lado de los ilusos, los destartalados, los candorosos.”
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