viernes, 25 de julio de 2014
PROGRESO ENVENENADO
“La idea de que el ser humano ha progresado conforme el tiempo avanza se ha convertido quizás en el supremo mito, en la más grande mentira repetida por quienes se aprovechan de ese estado de gracia llamado modernidad.” México: la batalla final es civilizatoria. Víctor M. Toledo. La Jornada 22 de julio 2014.
Las señales están por doquier pero no las queremos ver. Nuestro planeta ya no soporta el ritmo de explotación irracional al que lo hemos estado sometiendo con el pretexto del desarrollo y el progreso. El nivel de consumo en los países disque desarrollados no puede sostenerse sin destruir, de manera cada vez más acelerada, los recursos naturales del resto del mundo. Pero en lugar de frenarlos, todos queremos parecernos a ellos.
México es ahora el campo de batalla de esas concepciones de vida profundamente contrapuestas. Detrás de la defensa de los bosques, de los ríos, del territorio fértil, de los mares, de la biodiversidad, de los pueblos originarios y sus culturas de respeto a la naturaleza, está la lucha de nuestra especie humana por la sobrevivencia. Por eso la fuerte oposición a las reformas constitucionales y de otras leyes y reglamentos que buscan explotar todo lo explotable, como si no hubiera un mañana, como si todo fuera sacrificable por un futuro ilusorio que nunca llegará.
“Nos despojan la minería a cielo abierto, las grandes presas, las carreteras y ductos, la urbanización desordenada, los grandes desarrollos turísticos, los privatizadores del agua, los que se adueñan de la biodiversidad y le ponen precio, los que comercializan y empobrecen nuestra riqueza cultural, los agro negocios, la publicidad y omnipresencia de la comida chatarra, los talamontes, los empresarios turísticos que se adueñan del paisaje, los cárteles del narco… Pero también nos despojan quienes monopolizan el espectro electromagnético y quienes mediante los transgénicos colonizan nuestro genoma. Nos despojan un sinnúmero de corporaciones trasnacionales y mexicanas, y nos despojan los gobiernos que son sus personeros y cómplices, que además criminalizan a quienes defienden la vida y se oponen a la muerte que significa el avance de la barbarie”. Manifiesto del colectivo Por la tierra, por el agua y por la vida.
No se trata de retroceder a tiempos añorados, se trata de proteger lo que nos puede hacer perdurar como especie, con buena calidad de vida y en un frágil pero cuidado equilibrio con el resto de la biodiversidad del planeta; porque podemos hacerlo si nos colocamos fuera de intereses inmediatos que provocan devastación y desigualdades intolerables. Por eso la resistencia campesindia, como se le está conociendo, es importante, porque allí están las ideas que pueden cambiar nuestra forma de ver el mundo y a nosotros con él: “En el campo la expoliación tiene muchos filos. El territorial, cuando se arrebata a las comunidades la posesión sobre los lugares donde habitan y trabajan para franquearle el paso a minas, presas, carreteras, ductos, urbanizaciones, desarrollos turísticos. El hídrico, cuando se les roba el agua y su manejo. El biológico, cuando se las excluye de áreas de valor ambiental y de su cuidado. El genómico, cuando se les quita el control de sus simientes y se las contamina con transgénicos. El productivo, cuando se desposee a los campesinos de sus recursos y capacidades agrícolas, para entregárselos al agro negocio. El mercantil, cuando las trasnacionales y los grandes comerciantes dominan en todos los ámbitos e imponen sus términos en todos. El cultural, cuando se mercantiliza su identidad usurpando significados y valores. El comunicativo, cuando se les impide acceder a los medios electrónicos. El político, cuando se les niega el derecho a gobernar en sus jurisdicciones. El delincuencial, cuando los carteles del narco ocupan y mandan en los ámbitos rurales […] Estas vertientes del despojo tienen rato, pero ahora todo indica que la anunciada reforma del campo busca arrebatar a ejidos y comunidades la propiedad social de la tierra, derecho ancestral por el que hace un siglo dieron la vida un millón de mexicanos. Todo esto es grave, sin embargo la amenaza mayor, la más siniestra es que quieren despojarnos del futuro, quieren quitarnos la esperanza. Tierra, agua, vida, simiente, producción, mercado, voz, identidad, autonomía, seguridad, propiedad social, esperanza… Van por todo. Pero no nos vamos a dejar”. Roger Bartra. Van por todo. La Jornada del campo 19 de julio 2014.
El término “progreso” justifica todo, pero en este caso se rompe con la idea de que hacia donde nos quieren llevar sea conveniente, por todos lados tenemos las evidencias de que este capitalismo neoliberal sólo concentra las ganancias del despojo en unas cuantas y sucias manos, dejando a las masas indefensas y con una mano adelante y otra atrás. Se están dando las resistencias hasta por las vías de una legalidad tramposa, y algunas hasta se ganan, el abogado Francisco López Bárcenas, especialista en derechos agrarios e indígenas, entrevistado por Lourdes Rudiño de La Jornada, advierte: “ocurre en todo el mundo, porque el derecho también se globalizó. Muchas de nuestras leyes no se hacen en el Congreso, se discuten en las grandes empresas, las diseñan los bufetes de las trasnacionales. Antes uno presentaba un juicio y si tenía razón, lo ganaba, no había tanto interés acumulado en la justicia, ahora eso es imposible. ¿Qué tenemos que hacer?, debemos darle otro sentido al uso del derecho.”
Suena apocalíptico porque lo es: “Se trata entonces de una civilización suicida, a la que contribuye todo miembro de la especie por razones de desinformación, ingenuidad, interés individual o simple cinismo. Estamos entonces frente a un gigantesco proyecto de muerte, ante un reto existencial de especie, e incluso frente a un proceso social que se enfrenta al propio proceso evolutivo del cual ha surgido y del que forma parte.” Víctor M. Toledo.
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viernes, 18 de julio de 2014
EL SILENCIO
Ni por dónde empezar. El que la autoridad tenga la obligación de rendir cuentas sobre lo que ha hecho y dejado de hacer debiera ser un ejercicio crítico y continuo. Está de moda el exigir que todos sean sujetos de evaluaciones periódicas para saber el nivel de desempeño, todos menos los directivos y gobernantes que pueden seguir haciendo y deshaciendo a su antojo, sin más límite que su ambición y capricho. Siquiera antes se daba un disque mensaje político, con la pretensión de guiar o darle algún orden a las ideas y cifras expuestas, ahora ni eso. Parches, puros parches de información desarticulada, sin jerarquizar, al gusto de los supuestos redactores que hicieron abuso del “copiar y pegar”.
No todo tiene que ser malo, no se trata de desacreditar el trabajo de cientos o miles de trabajadores que hacen lo que pueden, y hasta más, con los recursos públicos que les alcanzan a llegar. Vamos, los efectos de gastar 23 mil y medio millones (23, 540, 183,000) de pesos de presupuesto estatal se tienen que ver en alguna parte y eso puede ser bueno. El primer pero surge cuando se sabe que el 83 por ciento de ese presupuesto se debe a “participaciones, aportaciones y transferencias federales”, lo que implica una dependencia hacia el ejecutivo de ese nivel que se antoja poco sana para el desempeño del estado. Hay que quedar bien con el presidente y su gabinete, hay que ser dócil, hay que saber hacerse a un lado y no contrariar, ni con el pensamiento, a quien reparte sin más criterio que sus simpatías o antipatías. Porque el presupuesto federal y estatal que supuestamente revisan y autorizan los congresos correspondientes, pasan sin cambio y con un remedo de discusión, nada más para taparle el ojo al macho y justificar los cuantiosos ingresos propios.
Los informes municipales se quedan cortos con respecto al anterior, navegar por el sitio del municipio de Querétaro buscando el segundo informe sólo sirve para encontrar el del anterior munícipe panista, y eso con el buscador de la misma página, del actual apenas un boletín de prensa y el video con duración de una hora con 7 minutos, ¿alguien se lo echará completo? “Una ciudad bonita, la sonrisa de México” ¿Alguien sabe qué es eso? Ni hablar del atorón verbal cuando agradece la presencia del representante de “su partido”, como que ni él está convencido, en fin, la retahíla de menciones a sus invitados gasta un buen de tiempo ¿qué hace allí el vicario de la diócesis? Y sus “amigos” comenzando con quien está más cerca en sus afectos: Diego Fernández de Cevallos.
En el Marqués apenas un boletín de prensa, no hay liga, tampoco la posibilidad de descargar el documento, si acaso unos “banners” publicitarios sin contenido alguno. La liga a su supuesta página de Facebook no sirve porque la página no existe.
En el de Corregidora ni el texto, ni boletín, ni nada que se le parezca. Si se quiere algo de información hay que recurrir a la cobertura de los medios, más cargados a la página de sociales que a otra cosa.
“Así pues, el silencio adquiere auténtico valor comunicativo cuando se presenta como alternativa real al uso de la palabra. Si se elige el silencio en lugar de la comunicación verbal, está quedando reflejada alguna actitud del sujeto ante el entorno y, por tanto, podemos inquirir cuál es esa actitud. Ante quien no quiere cooperar hablándonos, preguntaremos enseguida por qué lo hace: ¿por miedo?, ¿indiferencia?, ¿por ocultar alguna cosa?” Álex Grijelmo, La información del silencio. Cómo se miente contando hechos verdaderos.
En el caso de la información que aquí extrañamos o que se desdeña desde quien la emite, corresponde también la indiferencia o el silencio de quien debiera recibirla. ¿Por qué los partidos políticos o las organizaciones sociales del más diverso tipo no exigen el diálogo? ¿Por qué no cuestionan los silencios disfrazados de mala promoción, de datos fuera de contexto, de ceremonias sin sentido? ¿Por qué los ciudadanos respondemos con más silencio?
Estamos rodeados de destellos informativos que no logran ofrecer algo de claridad, más bien resaltan las sombras, los vacíos, inducen a la truculencia, esconden más de lo que revelan porque ofuscan la mirada. “La relación entre información y silencio nos conduce de inmediato a la censura, que ha ido adquiriendo con el tiempo diversas formas más refinadas, como la autocensura o como la denominada «espiral del silencio» (o agenda-setting): la exclusión de aquellos asuntos que aborda una sociedad para incluir otros”.
Nuestra clase política y nosotros como su contraparte, parece que seguimos guiándonos por lo que estableció Zaleuco de Locros, a quien se ubica en el siglo séptimo antes de Cristo y considerado el primer censor del mundo occidental: “Que nadie hable mal, ni de la ciudad como comunidad, ni de ciudadano alguno en particular, y que los vigilantes de las leyes se encarguen de reprender a quienes infrinjan este precepto, primero amonestándoles, luego imponiéndoles una multa”, citado por Grijelmo.
Zaleuco es un fiel reflejo de su época, el optimismo indica que algo hemos avanzado de entonces para acá, a pesar de que seguimos aplicando los linchamientos mediáticos cuando alguien se atreve a cuestionar al poder establecido: “El que proponga a la asamblea una reforma o sustitución de una ley vigente, debe llevar una soga al cuello, preparada para ahorcarle si la propuesta no se aprueba”.
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viernes, 11 de julio de 2014
INFANCIA NEOLIBERAL
“Los más desposeídos, los más carenciados, son quizás quienes han perdido la lucha simbólica por ser reconocidos, por ser aceptados como parte de una entidad social reconocible, en una palabra, como parte de la humanidad”. Pierre Bourdieu, Meditaciones Pascalianas.
Era lógico y se veía venir, es parte del funcionamiento “normal” de un mundo globalizado a la manera neoliberal. No hacía falta ser un gran analista o teórico, las evidencias estaban hasta en la literatura y la cinematografía. Basta recordar Voces Inocentes de Luis Mandoki, que retrata las consecuencias, que sobre nuestros infantes tienen las guerras civiles propiciadas por nuestros vecinos del norte para conseguir gobiernos dóciles y seguir explotando las materias primas de nuestro subcontinente. La reciente Jaula de oro de Diego Quemada-Díez. También la secuela que intenta penetrar en ese inframundo existencial de las pandillas juveniles, que no encuentran más salida que la autodestrucción y la violencia cotidiana, los “mareros”.
No se vale fingir sorpresa, las señales estaban allí y tienen décadas, pero preferimos no verlas hasta que adquirieron los tintes públicos de una crisis humanitaria. La migración ya es percibida como la única salida a la miseria, a la inseguridad, a la falta de un presente y un futuro dignos de ser vividos. Pero tuvo que venir el regaño, poco simulado de las desbordadas autoridades estadunidenses, presionando a los gobiernos disque soberanos ubicados al sur de su frontera, para que cerraran sus puertas o, al menos, impidieran que miles de niños que viajan solos lleguen hasta su territorio. Su respuesta “humanitaria” ante tal arribo los caracteriza mejor que cualquier cosa: el internamiento, en condiciones de hacinamiento para quienes osan llegar sin su permiso a la “tierra de las oportunidades”.
Ahora sí, como apuntan los estudiosos, Zygmunt Bauman por ejemplo (Vida de consumo), en este sistema individualista: “Las sociedades nunca se avergüenzan ni pueden hacerlo: la vergüenza sólo es imaginable como un estado individual”. Y entonces cualquier responsabilidad social desaparece, todo es culpa de los individuos, de esos niños aventureros y desagradecidos que no miden el peligro, que abandonan sus familias y países nada más por ocurrencia. Más claro, por si hace falta y cortesía del mismo Bauman: “La tan repetida aseveración de que “éste es un país libre” significa lo siguiente: el tipo de vida que uno desea vivir, cómo decide vivirla y qué elecciones hace para lograrlo dependen de uno, y es uno el único culpable si todo eso no conduce a la tan añorada felicidad. Sugiere que la alegría de la emancipación está íntimamente entrelazada con el horror de la derrota”. Pero el autor se refería críticamente a los adultos atrapados en esa ilusión voluntarista, fabricada artificialmente para deshacer cualquier intento de responsabilidad social, colectiva. No a niños que no tienen por qué estar tomando ese tipo de decisiones extremas, que tendrían que estar protegidos por un sistema social que les garantice cuidado, salud, educación, posibilidades ciertas de desarrollo. La migración infantil es una muestra más, de que el sistema económico y social neoliberal, de capitalismo salvaje ─como si existiera otro─, es inviable sin su cauda de desigualdades y sacrificios humanos masivos, todo en aras de una ilusoria libertad individual que sólo ejercen los que tienen los medios para hacerlo. Y entonces sólo viven, a su tierna edad “el horror de la derrota”.
Incluso se les niega la pertenencia a una clase social, se les define como una “infraclase”, así la describen autores como Herbert J. Gans: “Esta definición conductista abarca a los pobres que abandonan la escuela, no trabajan, y en el caso de las mujeres jóvenes, a las que tienen bebés sin el beneficio del matrimonio y dependen del bienestar social. La infraclase definida por su comportamiento incluye también a los sin techo, los mendigos y pordioseros, los pobres adictos al alcohol y a las drogas y a los delincuentes callejeros. Como el término es flexible, los pobres que viven en “viviendas sociales”, los inmigrantes ilegales y las pandillas de adolescentes suelen incluirse en esa categoría”. Y ahora hay que incluir a los niños.
Esa migración infantil es forzada, no deseada. Es el último recurso de los niños desesperados a la vez que presionados para asumir un rol social que no les toca, por absorber responsabilidades que los adultos no somos capaces de resolver. Todo eso nos lo recuerdan y preferimos voltear la mirada hacia otro lado, volvernos ciegos, indiferentes. Sabemos que nadie buscará integrarlos a sociedades que cargan con sus propias carencias o que viven la ilusión de las oportunidades individuales, casi mágicas: “Los refugiados traen consigo los lejanos ruidos de la guerra y el hedor de los hogares miserables y las ciudades derruidas que no pueden sino recordarles a los establecidos cuán fácilmente el cascarón de la rutina segura y familiar (segura por lo familiar) podría ser horadado o aplastado”. Zygmunt Bauman. La sociedad sitiada.
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viernes, 4 de julio de 2014
OPTIMISMO INFORMADO
“Conocer al estudiante es uno de los principios fundamentales de cualquier programa educativo. Un plan de estudios dirigido a un estudiante imaginario, que no corresponde con las características del estudiantado real, es un plan destinado al fracaso. Y no hay peor maestro que el que decide que sus estudiantes tendrían que ser lo que no son, y que no tiene idea de lo que son ni de lo que serán. Un buen maestro se ajusta siempre al estudiante que tiene enfrente, a su pasado y a su futuro. Asimismo, un buen plan de estudios adecua contenidos educativos para promover la formación del estudiante que el maestro tendrá enfrente.” Claudio Lomnitz. La educación como segunda conquista. La Jornada, 30 de abril 2014.
No recuerdo si la frase tiene algún autor conocido, hasta Google me falló en la búsqueda, parece que se volvió popular por su uso generalizado pero sigue vigente: el poder es bonito aunque sea poquito.
No son ideas sueltas, están unidas por la temporalidad, por la coyuntura dirían los políticos en una metáfora con origen anatómico. Estamos en la época de las graduaciones, de los fines de ciclo escolar, cuando los estudiantes padecen la incertidumbre de los resultados de evaluaciones caprichosas, producto de intentar, con más o menos éxito, adaptarse a planes de estudio saturados, desactualizados, que pretenden adivinar el futuro con puras buenas intenciones. Claudio Lomnitz tiene mucho de razón y los maestros debemos mediar entre ese estudiante que se imagina el plan de estudios y el real que tenemos enfrente. Apegarse ciegamente a lo que dicen los papeles, además de frustrante para todos, es injusto y parte de un genocidio cultural.
Pero topamos con el poder. Cuando no entendemos esa falta de sintonía entre lo imaginario y lo real, lo más fácil es tratar de imponerla, volvernos ciegos, convertir al estudiante en el sacrificio ritual en aras de un apego ridículo a lo que no entendemos. Si la sociedad no nos valora, si descarga muchas de sus responsabilidades en el docente, si los directivos y funcionarios no acompañan ni orientan ─porque no saben, ni pueden, ni quieren─, si nuestras escuelas están mal equipadas, si el sueldo es insuficiente, si el sistema de estímulos al esfuerzo, a la capacitación y actualización resulta perverso, si la familia o la pareja no apoyan, algunos piensan que con alguien hay que desquitarse, y se usa el podercito, los atisbos de autoridad mal entendida, para desquitar las frustraciones con quien se pueda.
Podemos coincidir con Lomnitz otra vez, después de la revolución había que construir un sistema educativo que tuviera metas y resultados: “la educación serviría para urbanizar, para civilizar, para nacionalizar. Y la cultura clasemediera de los maestros y de los creadores de los planes de estudio sería la meta aspiracional tácita para los educandos. Los estudiantes admirarían a los maestros porque querrían ser como ellos. Además, como la cultura campesina era vista como una realidad degradada, de la que se quería salir, y como el punto ideal de llegada estaba también claro, la formulación de programas, planes, metas, evaluaciones, etcétera, era relativamente fácil. Me parece que hoy estamos en una situación muy distinta. Es muy dudoso que la cultura de los maestros sea, hoy, el punto de llegada ideal de los educandos. Esto significa que los que damos clase tenemos que preocuparnos mucho más por entender a quiénes les estamos enseñando. Y cuando digo esto no me refiero sólo a entender directamente a los estudiantes que tenemos en el aula, sino también las trayectorias de movilidad de las que forman parte. Hay mucho en la vida de los estudiantes de hoy que pide proyectos educativos que los maestros no podemos imaginar sin hacer esfuerzos colectivos importantes”.
Cierto, lo colectivo requiere de trabajo colaborativo, no de estarnos pisando los unos a los otros, Hay que despojarse de ese poder caprichoso y mal entendido que busca el desahogo y se disfraza de formación. Hay que ponerle atención a lo sustantivo y dejar de perseguir las apariencias. Hay que rebelarse contra el reparto mañoso de responsabilidades y el despojo de los recursos y atribuciones para solventarlas. Hay que ser ingeniosos y salirse de las numerosas trampas de un sistema que promueve el individualismo y dinamita la solidaridad. Hay que recuperar la docencia como espacio de construcción de una ciudadanía analítica y con capacidades ─competencias les dicen ahora─, que les permitan identificar sus oportunidades de desarrollo personal y colectivo, para que con ética y visión de largo plazo puedan tomar decisiones adecuadas y oportunas.
Se dice fácil pero la inercia va en sentido contrario a lo que se persigue, en la educación estamos involucrado todos, hasta los medios de comunicación que se dedican a promover comportamientos carentes de solidaridad y favorecen intereses cada vez más individuales. Por eso la definición de las reformas es importante, porque lo que se puede avanzar en las escuelas se retrocede en los medios, que están resultando más influyentes que unos maestros que no logran caminar en la misma dirección.
Vale la pena mantener un optimismo informado, saber y elegir como Elena Poniatowska: “El poder financiero manda no sólo en México sino en el mundo. Los que lo resisten, montados en Rocinante y seguidos por Sancho Panza son cada vez menos. Me enorgullece caminar al lado de los ilusos, los destartalados, los candorosos.”
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sábado, 28 de junio de 2014
INCREÍBLE
La oportunidad estaba dada, el debate ganado de antemano, la unanimidad saltaba a la vista, no había forma de oponerse sin parecer mezquino, pero lo técnico, si no va de la mano de lo político, de poco sirve.
De un tiempo para acá nos ha dado por creer que las razones técnicas son neutras, que son las mejores porque no se “contaminan” con grillas políticas, con opiniones apasionadas, con razones sentimentales o intereses personales. Eso no es cierto. La técnica es apenas un conjunto de procedimientos para hacer algo, pero el qué hacer, el dónde y cuándo hacerlo corresponde a otro tipo de lógica, a decisiones que tienen que ver con la necesidad, la oportunidad y la coyuntura, con la capacidad para adecuar lo ya existente y probado, o para intentar otra cosa.
La falta de definición sobre el proyecto del Tren de Alta Velocidad de México a Querétaro es una ilusión. La decisión parece estar tomada desde hace meses pero el juego político ha retrasado su divulgación, vaya usted a saber qué intereses se están jugando, lo que queda claro es que el gobierno estatal y su partido se hicieron bolas innecesariamente y ya no saben qué hacer.
La coyuntura favorable se dejó pasar. Por supuesto que podría haber oposición en casi cualquier lugar que se eligiera para poner la estación. O porque estaba muy lejos e incrementaba los costos, o porque quedaría en medio de una zona que ya presenta problemas viales, o porque se le llevaría a un lugar poco céntrico donde también se complicaría el acceso. Pero el proyecto en su conjunto nunca fue cuestionado, ni siquiera en sus elevadísimos costos o por el recuerdo de los fallidos intentos anteriores que sólo sirvieron para enriquecer a funcionarios corruptos y dilapidar miles de millones de pesos. Pero las declaraciones y los desmentidos entre funcionarios de muy alto nivel revelan el grado de confusión que no aciertan a resolver. Sea cual sea la definición ya perdieron lo que se tenía ganado.
Las tenebras, la opacidad, las supuestas buenas intenciones están chocando con una ciudadanía que, cuando tiene espacio y tiempo para responder, embrolla las “genialidades” de unos gobernantes que comienzan a percibir que su conexión con sus gobernados sólo existe en su cabeza y caen en actos fallidos que revelan su impericia.
Pasó con la remodelación del jardín Guerrero que fue bloqueada durante varios días hasta que se cambió el proyecto original; pasa con el reordenamiento del transporte público de pasajeros que ha dejado a todos insatisfechos, la Red Q regresó a sus rutas originales, se recontrataron a cobradores y checadores, siguen siendo chatarra donde el maltrato es cotidiano y además muy caro; pasa con la remodelación de la calle Venustiano Carranza y su fallida plazoleta; pasa con las inundaciones en diferentes partes de la ciudad cada que llueve; pasa con los parques y jardines descuidados y sin mantenimiento; pasa con las ampliaciones viales mal hechas porque se comen cunetas que evitan se inunden, porque caen en nudos viales no resueltos, porque en las horas pico resultan casi inútiles, porque complican lo que podría haber sido más fácil.
Cada gobierno comienza con un capital político que busca incrementar, aquí se les está yendo como arena entre los dedos, lo peor es que no se han dado cuenta. El espejo en que se miran les está jugando una broma cruel, les sigue la corriente, los engolosina, ni de chiste se les ocurre voltear para otro lado, ni cambiar de perspectiva, ni preguntar por creerse infalibles.
Y sucede en todas las áreas. Increíble que un joven estudiante “desaparezca” en el trayecto de casa de su novia a su propio hogar. Increíble que no se sepa nada de los serranos que partieron para el norte y nunca llegaron a ninguna parte. Increíble que se quiera atacar el problema creciente de los suicidios instalando una comisión que casi tiene más integrantes que el total de suicidados. Increíble que los resultados de un equipo de futbol sea un asunto de Estado y en todos los estados. Increíble que se niegue el problema de la violencia en las relaciones de pareja, en las familias, en las escuelas, en las calles. Increíble que se ignoren o minimicen los embarazos adolescentes escudándose en una moral hipócrita. Increíble que la justicia sólo funcione para quien tiene dinero para pagar las tropelías que comete, fregados los otros, los de siempre. Increíble que se siga pretendiendo tener un control absoluto de la información en plena era de las redes sociales y la interconectividad.
No basta el rejuego con los datos y estadísticas que parecen favorables, quizá muchos lo sean y que bueno. Pero se siente una falta de sincronía entre el desarrollo del estado y los municipios con sus nuevas realidades, da la impresión de que las cosas avanzan a pesar, y no gracias a, las decisiones de una clase política que se embelesa en su propia imagen.
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