sábado, 7 de mayo de 2016

LA PAZ QUERETANA

En algo coincidimos con el titular del poder ejecutivo estatal, lo sucedido el primero de mayo en la capital queretana fue histórico. Pero las coincidencias terminan allí, en lo demás hay diferencias de percepción. ¿A quién se le ocurrió que no habría inconformidad con el madruguete respecto de los nuevos lineamientos para la jubilación de los trabajadores al servicio de los poderes del Estado? ¿Quién, en su sano juicio, esperaba que le agradecieran que se incrementara la edad y los años de antigüedad para jubilarse, cuando nunca apareció en su plataforma electoral, ni tampoco hubo diálogo, ni convencimiento, ni acuerdo sobre ello? ¿Cómo esperar cooperación, comprensión o resignación cuando se ventila un faltante de mil millones de pesos o un gobierno prácticamente en quiebra sin que existan denuncias, averiguaciones, ni responsables de ese tamaño? ¿A poco creen que nadie nota que, con todo y la supuesta reforma educativa, ese sector se llenó de amigos, ahijados y recomendados de funcionarios presentes y pasados, sin conocimientos del tema, sin apegarse a los lineamientos de la misma y desplazando a quienes tienen experiencia y capacidad? Ya no hay mirones de palo, hay trabajadores inconformes con lo que les están haciendo injustamente, tratándolos como simples objetos de los que se puede disponer a discreción. Nuestra dictadura perfecta se está desmoronando por la falta de inteligencia y pericia de una clase política que sólo se mira el mugroso ombligo. Apenas alcanza a funcionar y sostenerse cuando se respeta la división de controles. Por ejemplo, el presidente de la república y algunos integrantes de su gabinete controlan a los gobernadores, diputados federales y senadores concentrando los ingresos fiscales y repartiéndolos a contentillo. Los gobernadores y presidentes municipales, a cambio de una tajada del mismo, se comprometen a controlar políticamente su territorio —incluyendo a los otros dos poderes que son designados con la descarada injerencia del ejecutivo, y que sólo fingen independencia—, de esa manera se crea una sincronía que les permite dar la ilusión de que sólo existe ese camino y quien disienta será catalogado como subversivo, revoltoso, anarquista, alborotador, instigador contra el sacrosanto orden institucional y el bien común. Por eso no se vale que se diga que los gobernadores no tienen la culpa de la disque reforma educativa, pues son parte importante de la maquinaria política que la tiene que implementar, además de su pertenencia a un partido político que la impulsó y aprobó, o cuando ellos mismos eran parte de esas instancias decisorias y las votaron hasta sin leerlas. El gobernador de un estado se convierte en el representante político más importante en su demarcación, debe tener el pulso de las inconformidades y el diagnóstico de las desigualdades, compartirlo con las autoridades federales y, entre todos, trabajar por resolverlas. Pero si entre ellos no se comunican, o falta oficio para hacer diagnósticos certeros, aunque públicamente digan las barbaridades que suelen decir, esa sincronía no aparece por ningún lado y los conflictos les estallan en la cara. Uno de los muchos errores fue la inasistencia del presidente municipal de la capital, para que se responsabilizara de sus metidas de pata y se viera obligado a convencer o a rectificar. La versión oficial es increíble porque nadie se la cree, eso de inventar que los inconformes eran de otros lugares, o que eran unos poquitos “enmascarados”, o que fueron instigados por los mismos de siempre —léase Gerónimo Sánchez o Pablo González, o los dirigentes magisteriales de la región serrana— es parte de ese imaginario que busca descargar culpas por un pésimo manejo político. Tampoco es posible que se sigan creyendo que la gerontocracia sindical oficial sigue teniendo la capacidad de control que nadie tiene ya. La paz queretana no se rompió el primero de mayo, viene desgarrándose desde años atrás, pero las válvulas para controlar el enojo y la indignación —“mal humor” le llama el otro que no entiende—, ya no funcionan, y una clase política incompetente buscará descargar su ineficacia inventando enemigos públicos para no encarar las consecuencias de su mala práctica cotidiana. La tentación autoritaria está en el anzuelo que se apresuran a morder. A menos que aparezca alguien que sepa poner orden en el desbarajuste que armaron, que no se crea nada de lo que están diciendo, que resista la tentación de creer que los medios de comunicación son el espejo mágico que les repite que son los más hermosos e infalibles, y que sepa de trabajo político fino, el primer año de las administraciones locales serán parte del desastre nacional. Allí sí hay sincronía. Lo peor que pueden hacer es ignorar las inconformidades que provocaron. Tienen que tomar en cuenta el desacuerdo respecto del incremento en la edad y años de servicio de los trabajadores al servicio de los poderes del estado, tienen que dialogar y reportar de forma fidedigna el problema de los profesores cesados de educación básica y media superior, el franco rechazo a la disque reforma educativa, la injusticia en la privatización del servicio de limpia del municipio de Querétaro y de los que se apresuran a seguir su mal ejemplo, la inconformidad de los policías, el incremento cotidiano en la inseguridad, el maltrato a organizaciones sociales que denuncian violencia de género o desaparición de personas. Tienen que dejar de pensar en el gobierno como un botín para saquear impunemente y lugar para poner a sus cuates aunque no sepan hacer nada. En fin, hay mucho por repensar y por hacer. Olvidarse que la paz queretana se basa en la falsa unanimidad o en una ciudadanía cobarde y temerosa. Aun así, pésele a quien le pese, se está haciendo historia.

viernes, 29 de abril de 2016

HACIENDO HISTORIA

Lo estamos viendo y sintiendo, algo está por suceder, pero, como en toda coyuntura, no sabemos con certeza hasta dónde será el aterrizaje. A las presiones internas y externas se siguen sumando acontecimientos que pueden servir como resortes para dar un salto, pero si el impulso es chiquito nos hundiremos en el abismo, si es suficiente podremos caer en la otra orilla. Parece que ya hay muchos coincidiendo, como escribe Sergio Aguayo en el Reforma este 27 de abril: “El México del 2016 cumple los requisitos tras las grandes transformaciones: un régimen debilitado, nuevos actores y un ambiente internacional favorable al cambio”. Que el peñanietismo está en plena decadencia lo muestran sus pésimos niveles de aceptación entre la población en general como también en los líderes de opinión. Los reformadores neoliberales no le perdonan que el grupo compacto presidencial —algunos políticos, algunos empresarios, algunos dirigentes religiosos, algunos militares—, se esté quedando con los beneficios de los cambios impuestos, esos que han maltratado a la población por la vía de la pérdida de derechos laborales muy importantes, y el desmantelamiento de las instituciones públicas que servían de colchón a la debacle social —educación, salud, fondos de retiro, energéticos y demás—. Los antineoliberales, los partidarios de un desarrollo equitativo, justo, igualitario, siguen cuestionando los efectos perversos de ese empeño antes llamado tecnocrático. El frente externo está dinamitado, a las advertencias que señalamos aquí en semanas anteriores se suman los cuestionamientos ya francos de la casi candidata demócrata a la casa blanca —la de allá—, de la OCDE dirigida por el experto en provocar crisis económicas Jaime Serra Puche —recordar en error de diciembre de 1994 es necesario aunque parezca masoquismo—, el rechazo a la labor del GIEI y su informe sobre la perversidad oficial para ocultar datos que lleven al esclarecimiento del caso Ayotzinapa, las presiones y denuncias con datos concretos de Amnistía Internacional, Human Rights International, Green Peace y los que se sigan acumulando. Ya ni mencionar al descarado posible candidato presidencial republicano Donald Trump, cuya principal característica es decir en voz alta lo que las cúpulas políticas de su país piensan sobre nuestro país y su gobierno. En lo interno hay noticias. Las marchas contra la violencia feminicida, simultáneas, mostrando capacidad de indignación, de organización, de movilización. El hartazgo reflejado en las más de 600 mil firmas exigiendo una legislación anticorrupción con seguimiento estricto a las denuncias, con sanciones, golpeando el corazón de la impunidad —atorado en el Senado como era de esperarse, incrementando la crispación social—. Los bloqueos y sus repercusiones recordando los 9 meses de la vergüenza de Iguala-Ayotzinapa, las filtraciones de videos demostrando la sistemática tortura para fabricar culpables, las forzadas disculpas públicas de mandos policiacos y castrenses, las recomendaciones cada vez más precisas de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, las movilizaciones que no terminan contra la reforma educativa; la búsqueda tenaz de los familiares de desaparecidos, secuestrados, quizás ejecutados; la heroica insistencia de Andrea Noel, Daphne Fernández, la huida cobarde de los porkys de la costa de oro; el abierto balconeo de las fortunas de candidatos, de sus paraísos fiscales, de sus grupos amafiados; la expropiación, así sea temporal, de avenidas para celebrar una boda; el bloqueo de un carril de la lateral de Bernardo Quintana con guaruresca camioneta negro mate con torretas encendidas para que los patrones puedan asistir a un antro. Todo eso se fija en la inmediatez de los involuntarios testigos y puede que trascienda a las redes sociales, pero permanece en eso que la estupidez insiste en calificar de “mal humor social”, sin querer entender que siguen sin entender. Para bien o para mal, porque el progreso no es una vía de un solo sentido, estamos haciendo historia.

viernes, 22 de abril de 2016

¿DÓNDE ESTÁN LOS POETAS?

La barbarie se vuelve contra sus promotores, contra sus “arrepentidos” beneficiarios, contra sus cínicos encubridores. El entrecomillado anterior es porque no les creo. Las disculpas suenan falsas por inoportunas, porque vienen de quienes practican cotidianamente y con singular brutalidad lo que ahora parece que les escandaliza. No soy de los optimistas que obsequia el beneficio de la duda, ya no se vale chuparse el dedo con la primera tontería que nos arrojan para consolarnos. Al contrario de las series televisivas y las películas que produce Hollywood, no necesitamos de individuos que solitos y por una personalísima venganza sirven, de rebote, a un ideal de justicia que se queda en el individualismo. Nuestra historia y cultura prefiere las soluciones alcanzadas colectivamente, apelando al bien de todos, hasta al de esas minorías ciegas que por aprovecharse de los demás nos ponen en riesgo irresponsablemente. Con las dictaduras europeas, señaladamente el franquismo, la denuncia y la organización social fueron las armas para enfrentar a esas bestias que insistían en regresarnos a la simple sobrevivencia, sojuzgados, aparentemente resignados. En esa denuncia social el papel de los poetas fue fundamental. En algunos fue circunstancial, las dictaduras le temen a la poesía y a la cultura en general porque no la entienden, porque, además, la apreciación estética pasa por el desarrollo de lo que nos hace mejores seres humanos, con la empatía y la sensibilidad ante el sufrimiento y las desigualdades que sufren los otros, porque esos otros somos nosotros. Pasa también por el gozo y el disfrute de una vida que tiene caducidad. Lo peor que nos puede pasar es que nos volvamos inmortales, eso rompería cualquier límite, cualquier necesidad ética, viviríamos —si a eso se le puede llamar vida—, devorándonos incesantemente, provocándonos sufrimiento todos contra todos. Muchos de los poetas que viven en nuestra conciencia colectiva, de esa convulsa historia del franquismo para acá, pasando por las dictaduras latinoamericanas — sean “perfectas” o no—, simplemente denunciaban lo que veían. Quizás olvidándose a veces de una técnica muy depurada, priorizaban el contenido sobre la forma, eran valientes y hasta geniales. Revisar sus obras y biografías es repasar el exilio, las diversas formas de represión, el miedo de los que no los entendían. A los poetas le siguieron los cantautores, la poesía con música para propagarse utilizando las nuevas tecnologías que inicialmente escapan al control dictatorial, la lista es larga y merece una futura oportunidad. ¿Dónde están los poetas, los teatreros, los cantautores, los novelistas, nuestros modernos denunciantes? Sí están, dando la batalla desde sus obras, arrinconados quizás por una globalización y tecnificación que insiste en desplazarlos, porque siguen sin entenderlos. Han sido reemplazados, sin menospreciar, por líderes de opinión surgidos en las redes sociales o en los escasos medios de comunicación que les dan espacio. Todavía marginales pero con impactos crecientes que da la “viralidad” de las conexiones instantáneas, fuera de filtro y de censura. Pero la cosa ya está tan grave que hasta el discurso científico comienza a preguntarse, y a intentar responderse, acerca de la falta de sincronía entre los vertiginosos avances en ese ámbito y el poco desarrollo, y hasta desprecio, por el uso adecuado de esos conocimientos. Howard Gardner, autor de la teoría de las inteligencias múltiples, ya se atreve a decir, haciéndole las preguntas adecuadas, cosas como estas: «…empecé también a preguntarme por la ética de la inteligencia y por qué personas consideradas triunfadoras y geniales en la política, las finanzas, la ciencia, la medicina u otros campos hacían cosas malas para todos y, a menudo, ni siquiera buenas para ellas mismas […] Pero yo soy un científico e inicié un experimento en Harvard, el Goodwork Project, para el que entrevisté a más de 1.200 individuos. ¿Por qué hay excelentes profesionales que son malas personas? Descubrimos que no los hay. En realidad, las malas personas no puedan ser profesionales excelentes. No llegan a serlo nunca. Tal vez tengan pericia técnica, pero no son excelentes […] Lo que hemos comprobado es que los mejores profesionales son siempre ECE: excelentes, comprometidos y éticos. ¿No puedes ser excelente como profesional pero un mal bicho como persona? No, porque no alcanzas la excelencia si no vas más allá de satisfacer tu ego, tu ambición o tu avaricia. Si no te comprometes, por tanto, con objetivos que van más allá de tus necesidades para servir las de todos. Y eso exige ética. Para hacerte rico, a menudo estorba. Pero sin principios éticos puedes llegar a ser rico, sí, o técnicamente bueno, pero no excelente. Resulta tranquilizador saberlo. Hoy no tanto, porque también hemos descubierto que los jóvenes aceptan la necesidad de ética, pero no al iniciar la carrera, porque creen que sin dar codazos no triunfarán. Ven la ética como el lujo de quienes ya han logrado el éxito. “Señor, hazme casto, pero no ahora”. Como san Agustín, en efecto. Otra mirada estrecha lleva a estudiantes y profesionales comodones a ser lo que consideramos inerciales, es decir, a dejarse llevar por la inercia social e ir a la universidad, porque es lo que toca tras la secundaria; y a trabajar, porque es lo que toca tras la universidad..., pero sin darlo todo nunca. Sin ilusión, la vida se queda en obligación. Y otros son transaccionales: en clase cumplen lo mínimo y sólo estudian por el título; y después en su trabajo cumplen lo justo por el sueldo, pero sin interesarse de verdad limitan su interés y dedicación. Y son mediocres en todo. ¿No descubren algún día de su vida algo que les interese realmente? Algunos no, y es uno de los motivos de las grandes crisis de la madurez, cuando se dan cuenta de que no hay una segunda juventud. Otra causa es la falta de estudios humanísticos: Filosofía, Literatura, Historia del Pensamiento... ¡Qué alegría! Alguien las cree necesarias... Puedes vivir sin filosofía, pero peor. En un experimento con ingenieros del MIT descubrimos que quienes no habían estudiado humanidades, cuando llegaban a los 40 y 50, eran más propensos a sufrir crisis y depresiones. ¿Por qué? Porque las ingenierías y estudios tecnológicos acaban dándote una sensación de control sobre tu vida en el fondo irreal: sólo te concentras en lo que tiene solución y en las preguntas con respuesta. Y durante años las hallas. Pero, cuando con la madurez descubres que en realidad es imposible controlarlo todo, te desorientas.» http://www.panorama.com.ve/cienciaytecnologia/Cientifico-de-Harvard-Una-mala-persona-no-llega-nunca-a-ser-buen-profesional-20160412-0031.html Por eso no les creo sus disculpas, no hay arrepentimiento; ni creo en un cambio de rumbo, todavía no entienden que no entienden.

sábado, 16 de abril de 2016

VERGUENZAS COMPARTIDAS

A este neoliberalismo decrépito le hace falta más maquillaje, porque el que tiene se le cae a pedazos dejando ver todo el horror que lleva el seguir aferrándose a sus perversidades y pretender que no le afectan. Recomponer su imagen, presentar una cara que resulte mínimamente aceptable para las mayorías engañadas, está saliendo demasiado caro. Más cuando algunos personajes no cooperan y prefieren sus corruptelas individuales por encima de las del grupo que los llevó a tener el poder del que abusan cínicamente. La semana pasada vimos las advertencias, que para un buen lector eran evidentes, de la subsecretaria de los Estados Unidos Roberta Jacobson, respecto de los costos de seguir apoyando “democracias” corruptas y poco transparentes. Al mismo sistema político de nuestro norteño vecino le está costando demasiado mantener ocultas sus necesarias desigualdades y tratos discriminatorios, con que se beneficia su economía, con un vocero descarado como Donald Trump, o con su posible sustituto Ted Cruz. Ninguno de ellos está loco, simplemente decidieron despojarse de sus ropajes retóricos para mostrarse tal cuales son, unos verdaderos cruzados del sistema político y económico que ha encumbrado a menos del uno por ciento de los súper ricos por encima del resto de la humanidad. Pero nos están echando a pelear entre nosotros, pobres contra pobres, incrementando los odios raciales; de clase, aunque estemos todos casi igual de jodidos; religiosos, aunque nuestros dioses prediquen la paz y la originaria igualdad. Por lo menos los privilegiados son consecuentes con sus desvergüenzas, uno de los porkys de la costa de oro, presunto violador confeso, huyó hacia el sueño americano, dándole la razón al copetudo pretendiente republicano cuando dijo que de México reciben violadores, que además entran con pasaporte, visa y la cartera abultada de sus papis. Por las puras cifras pareciera que el tipo es todo un estadista de talla mundial, lleva acumuladas más de 40 giras internacionales visitando un mayor número de países en apenas 3 años, ni Obama, que en 7 años y entrando al octavo apenas le llega a la mitad. El que dice que trabaja como nuestro presidente va a lavarse la cara al extranjero, pero ni haya le están creyendo y regresa con más suciedad de la que se fue. Tocó el turno de las advertencias a la canciller alemana Ángela Merkel, quien “ofreció” ayuda para resolver el caso Ayotzinapa —o Iguala como les da por llamarlo—, y en asesoría para luchar contra la corrupción. Ni que decir que esos “ofrecimientos” son advertencias, o nuestra clase política se contiene o perderán la cobertura de sus aliados. Por las puras cifras se asoma la podredumbre que el maquillaje del que hablamos no alcanza a ocultar. Hasta los medios que forman parte de “la mafia del poder”, como insiste en llamarle el fantasma que más los asusta, tienen que sumarse al coro de regaños. Porque unos cuantos se están robando lo que corresponde repartir entre unos poquitos. El diario Reforma publica los resultados de su encuesta titulada “Décima evaluación al Presidente”, lapidarios como pocos, muestran una severa caída en la aprobación de la gestión peñanietista entre “líderes” y “ciudadanos”. La tasa de desaprobación del trabajo de Enrique Peña Nieto como presidente en el primer grupo es de un ¡78 por ciento!, entre el segundo grupo la desaprobación es de 66 por ciento, ni cómo ayudarlo. Resulta claro que los poquitos beneficiarios —principalmente extranjeros—, de las reformas neoliberales, impulsadas por todos los partidos políticos a través del Pacto por México, deben estar temblando de pánico. Por las malas gestiones, las torpezas y abusos, sus anhelados privilegios pueden caerse en cualquier momento por el hartazgo ciudadano y de los líderes de opinión. Y las venganzas pueden ser terribles. Pero si la cabeza principal no entiende que no entiende, los más chiquitos están peor. Un caso que nos importa por su cercanía es el del alcalde de la capital queretana, que se ha dedicado a pagar facturas políticas y puede que económicas a sus patrocinadores, sin importarle las afectaciones a la ciudadanía que creyó que un cambio, que él decía representar, era bueno. La desilusión está siendo mucho mayor que la ilusión inicialmente despertada, la llamada “luna de miel” con los votantes que le dieron el beneficio de la duda o que creyeron ciegamente en su falso discurso, no duró lo suficiente para jurarse amor eterno, y los reproches por el nulo desempeño ya son causa suficiente para un divorcio. A un problema no le sigue una solución, sino que se acumula otro, y otro, y los que sigan en los próximos días. Hasta la domesticada prensa local y nacional está sorprendida por la ineptitud, eso de pintar puentes que ni corresponden al municipio fue una primera vacilada frente al monstruo problemático que está creando. Pero que no se nos olvide que no es él solito. También su gabinetazo y su partido contribuyen en los desaciertos, no hay el mínimo pudor ni la voluntad para rectificar, si acaso se sorprenden y se paralizan cuando se les impide vender las casas de cultura, o que unos sencillos pero aguerridos policías o trabajadores de limpia osan levantarse contra la voluntad del moderno, pero obsoleto, señor feudal.

sábado, 9 de abril de 2016

COSITAS MALAS

A nuestra clase política no le importa nada que no sea cómo incrementar sus riquezas y privilegios. No le importa el daño que hace a los demás. No le importa quedar exhibida en los medios de comunicación —cuando tal cosa llega a suceder, porque ellos son los dueños— o en las redes sociales. Total, no pasa nada. Hasta que algo comienza a suceder. El día que se escribe este texto se cumple un año y medio de los crímenes contra los normalistas de Ayotzinapa y nuestro gobierno persiste en su estrategia: no entregar resultados, enredar todo para que no se entienda, desprestigiar a las víctimas y a los organismos independientes que dan seguimiento al caso, mentir descaradamente utilizando sus múltiples voceros oficiosos en las televisoras, estaciones de radio, prensa escrita y hasta con hackers especializados en espiar a rivales políticos y alterar resultados electorales. Y mencionamos Ayotzinapa porque allí tomó velocidad la indignación, pero puede ser San Fernando y sus fosas clandestinas, o Tlatlaya y su falsa justicia, o Apatzingán y los ejecutados, o los innumerables secuestros, desapariciones, violaciones, extorciones, o la legitimación social de la violencia a través de videos de música de banda, de acoso a quienes denuncian —allí están los casos de Daphne y Noel como amarga muestra de nuestra cotidianidad vergonzante—, los Panamá Papers y la exhibición internacional de la corrupción desmedida, hasta los porkys de la costa de oro y muchos más que se esconden en las influencias de sus papis y en las faldas de sus mamis. Todo esto no es casual, la imposición “democrática” del neoliberalismo requiere de corrupción e impunidad, pero en nuestro caso mexicano se han superado los límites para tener una imagen interna y externa mínimamente creíble. Y viene la amenaza: “El momento de discusiones abiertas en torno a corrupción, demandas por transparencia y especialmente rendición de cuentas ha llegado. […] Hemos sido (en Estados Unidos) demasiado complacientes en nuestra defensa de las democracias, sin examinar la fuerza y la transparencia de las instituciones que la sostienen. […] Lo que ha cambiado es que la gente en la región ya no está dispuesta a tolerar la corrupción que sale a la luz, no importando el tamaño. En parte esto se debe a economías más apretadas. Con la caída de las materias primas hay menos qué repartir entre el público. […] Pero también se debe a otro cambio en la región, la relativa apertura de estas sociedades. Incluso aquellas donde medios tenaces han sido reprimidos. […] Pero hemos visto cómo (la corrupción) puede rebajar puntos de crecimiento del PIB en los países. No es un crimen sin víctimas. Entonces, aún cuando lo que han hecho es legal, lo que se va a tener es gente diciendo en sus países de origen ¿Cómo logramos avanzar en este juego?” Estos fragmentos (Diario Reforma, martes 5 de abril, por José Díaz Briseño) son de una presentación que hizo, en la Universidad de Brown, en Providence, Rhode Island, la subsecretaria Roberta Jacobson, nominada para ser embajadora de su país en México una vez que el senado de su país haga la ratificación del nombramiento. Sin meternos al detalle, porque cada uno de los fragmentos merecerían una crítica corrosiva, comenzando por su concepto de democracia… con corrupción, pero no tanta; el tono es de alerta y fastidio. A nuestros vecinos del norte ya les está costando demasiado mantener el apoyo a países con gobernantes, empresarios, líderes sociales y religiosos corruptos. No tiene margen de maniobra para exhibir a los gobiernos que no le son afines ideológica y financieramente. El costo ya está siendo más que el beneficio, y eso sí les duele. Ni al caso apelar a su decencia, que no tienen; a su sensibilidad, tampoco; a su hartazgo, menos. “Recursos por un monto que ronda los 299 mil millones de dólares están depositados a nombre de empresas y particulares mexicanos en paraísos fiscales extendidos por diferentes regiones del planeta, de acuerdo con una investigación de la organización no gubernamental Red por la Justicia Fiscal (TJN, por sus siglas en inglés). Esa suma, que para efectos comparativos triplica el saldo de la deuda externa del gobierno federal –de 82 mil 320 millones de dólares a diciembre pasado, según cifras oficiales– corresponde sólo a activos financieros y no incluye los mecanismos empleados en esas jurisdicciones para la adquisición de casas, yates, aviones u obras de arte, apuntó la TJN.” Roberto González Amador. Periódico La Jornada Miércoles 6 de abril de 2016, p. 8 En un tablero de ajedrez global hasta esos movimientos externos cuentan, quizás más que los internos que pueden ser sofocados o reprimidos sin medir consecuencias. Cualquier gobernante, de casi cualquier país del mundo con los niveles de corrupción que tenemos aquí, no habría durado en el poder, pero como gozan de la “cobertura” de la economía más endeudada del mundo, la estadunidense, nuestros políticos y rémoras que los acompañan, se sienten inmunes a cualquier intento de castigo y de transparencia. Esas cositas malas ya no las van a poder seguir haciendo, porque están pasando los límites. En lo doméstico seguimos los malos ejemplos. En lugar de invertir y de veras ordenar el transporte público se hacen obras viales que nacen saturadas; se provoca la inconformidad de los policías por tener un mando que sabe de orden y disciplina militar, pero que puede ser cuestionado en sus tácticas policiales, que son cosas muy diferentes. No hay política cultural, desde la campaña electoral local pedimos se hicieran explícitas las propuestas al respecto, no hubo respuesta porque no les interesó, apenas les despertó el apetito por algunas propiedades y quisieron vender las casas de la cultura, que con la creatividad y terquedad de los diferentes artistas, que han resistido hasta intentos por desaparecer sus plazas, han sufrido de todo, pero persisten y ofrecen su talento para desarrollarlo en los demás, que no tienen acceso a instituciones privadas. Vamos dando tumbos, ni en lo educativo hay más proyecto que seguir las órdenes del ejecutivo federal, con todo y los lamentables ceses de profesores que no quieren se les siga tratando como infantes, sin voz y sin decisión.

sábado, 2 de abril de 2016

SITIADOS

No se puede esperar más. De este lado hay desesperación, indignación, vergüenza, hartazgo, incertidumbre, porque a pesar de los esfuerzos todo va de mal en peor y no se avizora mejora alguna; del otro lado, sólo se perciben las ganas de que todo siga igual, y si para eso hay que despojar a la población de cualquier salida o esperanza, se vale utilizar toda la fuerza del estado para “domar su voluntad”. Se nos quiere hacer creer que hay que aguantar, que las cosas no están tan mal como casi todos las sentimos en carne propia y ajena, que es un problema de “percepciones”, que quienes disienten de la versión oficial son subversivos, malandrines y malos ciudadanos que se dejan influenciar por la realidad. En el texto de la semana anterior expusimos lo que los datos soportan: que la impunidad campea en nuestro país, que la corrupción la acompaña y beneficia a los mismos de siempre, que se utiliza la violencia “legal” o de la delincuencia “organizada” desde el poder para infundir miedo y paralizarnos. Parafraseando al sociólogo Zygmunt Bauman, nuestra sociedad está “sitiada” y es permanentemente atacada desde todos los frentes posibles. Lo decimos desde las tribunas que nos quedan y que seguimos construyendo, desde organizaciones como Amnistía Internacional, como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, como Eureka, como los comités de familiares de desaparecidos, secuestrados, ejecutados, extorsionados; como la coordinadora de organizaciones alternativas, como los colectivos de artistas, de minorías sexuales, de discapacitados y todo lo que recuerde en este momento. Porque los medios siguen siendo propiedad del poder y aun así el dolor y la canija realidad se cuelan. Un año sin el noticiero de la periodista que con su equipo de reporteros e investigadores denunció la casa blanca, la de Malinalco, los cotidianos y escandalosos tráficos de influencias y dineros públicos, y lo anterior es apenas una muestra. «La crisis de corrupción, inseguridad, violaciones a los derechos humanos y conflicto de interés no ha convertido a México en un Estado fallido, sino en un Estado “esquizofrénico” en el que funcionarios y jueces ganan salarios equiparables a los de importantes empresarios de Suiza, pero con resultados de naciones como Sudán. Así lo consideró Edgardo Buscaglia, director del International Law and Economic Development Center e investigador principal en Derecho y Economía en la Universidad de Columbia en Estados Unidos.» Así resume la revista SinEmbargo —11 de marzo del 2015 http://www.sinembargo.mx/11-03-2015/1276842—, la entrevista que Juliana Fregoso le hace al analista latinoamericano, con amplia experiencia en el caso de México. Hace un año y con toda la razón que dan las cifras, que apenas logran reflejar un poquito de lo que sucede, advertía: «–México está viviendo una crisis que desde hace varios años va empeorando. En un país promedio de América Latina, como hacen Bolivia, Argentina o Brasil, la sociedad civil ya se hubiera organizado y hubiera paralizado al país, porque no hay tanto dinero del gobierno hacia la sociedad civil para mantenerla adormecida. México tiene esa combinación de terror y flujos patrimoniales de corrupción hacia lo político y hacia la sociedad civil que son improcedentes en América Latina, lo que adormece a la sociedad civil. –¿Esta situación agrava problemas como la corrupción y el Estado de Derecho? –Las autoridades están tratando de resolverlo todo con detenciones gestionadas, mediáticas y están tratando de generar chispazos. Todo es mediático para esta gente. Viven bajo la convicción de que la imagen que ellos venden a través de sus firmas consultoras determinan la realidad. Es una postura cínica la que tienen. –Desde el tema “casa blanca” parece que hubo un divorcio entre los mexicanos y el gobierno, ¿esto se ha ido agravando? –Los indicadores de gobernabilidad como el del Global Financial Integrity Report (Reporte Global de Integridad Financiera) ya colocan a México entre los países con mayores colapsos de gobernabilidad dentro de los estados medianamente funcionales y eso dice mucho. En México hay cantidades cuantiosas de dinero comprando a la sociedad civil continuamente, intentado reparar daños extrajudicialmente. Las víctimas acuden a la prensa para adquirir un alto perfil mediático y que no las puedan asesinar. En un país con tanto flujo de dinero donde tienes a los ministros de la Suprema Corte mejor pagados del planeta, ganando más de 50 mil dólares al mes, diputados y senadores ganando sueldos de empresarios poderosos europeos y sociedad civil de amigos recibiendo cifras cuantiosas, la sociedad no reacciona y no genera los cambios que queremos que se generen.» Cambiar el estado de cosas difícilmente aguantará, para muchos, hasta el proceso electoral federal del 2018, que es la fecha que el propio sistema se está dando para seguir asfixiando los intentos de protesta u organización que le puedan mover el piso. Además, se estaría jugando con sus reglas e instituciones amañadas, con su legalidad perversa, con su poder amafiado, con sus partidos infectados del virus del cinismo y la complicidad. Urgen organizaciones sociales serias que no caigan en el juego cooptador de esta clase política fascinada por verse el ombligo y encontrar allí propiedades mal habidas, desvíos de dinero público, contratos inflados hasta lo que pareciera imposible, sus carros de lujo y colección resguardados por guaruras prepotentes como sus dueños, los lujos estúpidos con que miden su falsa importancia y su escasa cultura. Sí hay soluciones, pero no serán fáciles de lograr, pero ya se antoja más difícil seguir soportando tanto abuso, el costo personal, familiar, social de hacer oídos sordos y ojos ciegos es muy alto, más alto que no hacer nada. Ya no existe el consuelo de pensar y decir que las cosas no pueden estar peor que lo que están ahora, porque a cada rato rompemos esos límites y seguimos cayendo en el vacío de la aparente impotencia y la desesperación. Viene un lapso de tiempo apto para la reflexión, no para seguir sufriendo como pretenden algunos, sino para encontrar caminos transitables para todos, o casi todos. Ya fueron varias llamadas, ojalá y hagamos caso, que el futuro inmediato tenga remedio.

sábado, 26 de marzo de 2016

Niegan visita a relator de tortura de la ONU

Niegan visita a relator de tortura de la ONU: Gobierno rechaza su trabajo de seguimiento por 'cuestión de agenda'; vendrá mi sucesor, si así lo consideran las autoridades: Méndez