viernes, 24 de enero de 2014

LODOSA REALIDAD

“Se presumirá como defensa legítima, salvo prueba en contrario, el hecho de causar daño a quien por cualquier medio trate de penetrar, sin derecho, al hogar del agente, al de su familia, a sus dependencias, o a los de cualquier persona que tenga la obligación de defender, al sitio donde se encuentren bienes propios o ajenos respecto de los que exista la misma obligación; o bien, lo encuentre en alguno de aquellos lugares en circunstancias tales que revelen la probabilidad de una agresión.” Artículo 15 del Código Penal Federal en: http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/9.pdf Se vale dudar, sospechar de las supuestas buenas intenciones de unos y otros, pero había que hacer algo y lo tenía que hacer alguien, porque la situación lo amerita, porque ya no se soporta, porque perdemos lo que tenemos de humanos. El riesgo es detenerse por creer que el peligro tiene fronteras, tiene fechas o caducidad nada más porque alguien lo dice o porque hay que cuidar personas que ostentan cargos o representación que no se merecen, o por mantener vigente un entramado institucional rasgado e imposible de remendar. Le tenemos miedo a reconocer que hacen falta cambios profundos si no queremos que el actual estado de cosas empeore, porque puede deteriorarse aún más aunque parezca ─ ¿a quién le parece?─, que ya se tocó fondo. Tenemos que repensar y experimentar nuevas formas de convivencia, rescatar la solidaridad social que tan buenos resultados nos ha dado, y actuar en colectivo. Aplicar y fomentar la tolerancia con quienes quieren encontrar su espacio de paz y felicidad sin afectar negativamente a los otros, recordar que tenemos derecho a una vida privada aunque las redes sociales y las cúpulas religiosas nos dicten lo contrario. Pero hay cosas que deben ser intolerables: callar y mantenerse inactivos ante la injusticia creyendo, falsamente, que nunca resultaremos afectados si fingimos ignorancia; celebrar y considerar como un éxito las ganancias mal habidas, las transas que catapultan a los cínicos esperando que también nos beneficien; tolerar la violencia creyendo que nunca nos va a tocar porque somos suertudos o cuidadosos o buenos. Como lo dice el investigador y fundador de la Universidad de la Tierra Gustavo Esteva: «hemos caído en una forma de lodo social y político. Del mismo modo que el lodo no pertenece al mundo terrestre ni al acuático porque está en los dos, vivimos en un régimen en que resulta imposible distinguir con claridad entre el mundo del crimen y el de las instituciones. Este hecho espeluznante, que seguimos negando, es tan peligrosamente evidente en Michoacán que genera un esfuerzo múltiple y frustráneo de ocultamiento […] Esos empeños producen lo contrario de lo que buscan, porque tiene cada vez mayor fundamento la hipótesis de que se ha vuelto imposible deshacerse de ese lodo. Las instituciones han sido a tal grado contaminadas por la lógica del crimen, cuyo catálogo es interminable, que la única opción efectiva es desmantelarlas, construir otras. Tal es la conclusión a que ha estado llegado un número creciente de personas. Para mucha gente, empero, particularmente en las clases políticas, aceptar esto es más intimidante que el violento enredo actual que no logran entender y mucho menos encauzar y resolver. Por eso rechazan las pruebas de la ¬evidencia.» El espejo michoacano. La Jornada 20 de enero del 2014. Aunque el artículo 15 del Código Penal Federal admite la legítima defensa, más cuando: «se repela una agresión real, actual o inminente, y sin derecho, en protección de bienes jurídicos propios o ajenos, siempre que exista necesidad de la defensa y racionalidad de los medios empleados y no medie provocación dolosa suficiente e inmediata por parte del agredido o de la persona a quien se defiende», no podemos estar a expensas de que cada quién se rasque con sus propias uñas o consiga su AK-47 para defender su integridad física o sus bienes. No se puede vivir continuamente en la excepción porque se convierte en regla, y eso se llama guerra civil. Existen fundamentos teóricos suficientes para ello, como lo demuestra María Cruz Camacho Brindis: «Sin embargo, hay casos excepcionales en que la justicia estatal no puede brindar ninguna protección; En estos casos el sujeto no puede esperar; si no hay nadie que le salve, tendrá que actuar por cuenta propia para salvar bienes que están en peligro de ser lesionados y actuando totalmente en forma legítima. Ya Hegel fundamentó la legitimidad de la defensa privada en la absoluta nulidad de la injusticia: "la agresión injusta es la negación y la defensa, la afirmación del derecho. Por tanto, ésta niega la negación y anula la injusticia, afirma así el derecho."» Legítima defensa, en: http://www.azc.uam.mx/publicaciones/alegatos/pdfs/29/32-12.pdf Afortunadamente la capacidad de indignación sigue presente, nos sigue lastimando ver y saber de injusticias, de los escándalos de nuestras cúpulas gobernantes, empresariales y religiosas; pero más nos indigna que no haya consecuencias, que sigan abusando de un poder que se han robado impunemente y que lo utilicen para ensañarse con los más vulnerables, que a fuerza de costumbre y mala tolerancia, somos casi todos.

viernes, 17 de enero de 2014

NOS JUGAMOS LA VIDA

“Si me dieran a elegir, yo elegiría / esta salud de saber que estamos muy enfermos, / esta dicha de andar tan infelices. / Si me dieran a elegir, yo elegiría / esta inocencia / de no ser un inocente, / esta pureza en que ando por impuro. / Si me dieran a elegir, / yo elegiría / este amor con que odio, / esta esperanza que come panes desesperados. / Aquí pasa, señores, / que me juego la muerte.” Juan Gelman. El juego en que andamos. Nos jugamos la muerte y otras cosas como dice el poeta, el exiliado argentino, el que padeció la brutalidad de la dictadura, el que eligió vivir y morir en México, el que visitaba Querétaro con cualquier pretexto y se podía ver relamiéndose el bigote en el patio de los naranjos de nuestra UAQ al ritmo de los dichos de Hugo Gutiérrez Vega o de las décimas de Juan Carreón. Eso y más está en juego en nuestro entrañable Michoacán y en cada rincón del país, carcomido por la corrupción y la impunidad; a ver cuándo aprendemos que ningún tejido social aguanta que las cúpulas del crimen organizado, las empresariales, las políticas y las religiosas emparenten y se diluya la diferencia entre unas y otras. Una impunidad del 98 por ciento destruye cualquier intento de convivencia pacífica, porque todo se vale mientras todo se pueda según enseña el modelo económico, ese que justifica hasta el tráfico humano, las nuevas formas de esclavitud, los no tan nuevos vicios y las viejas perversidades, mientras haya dinero circulando por sus envenenadas venas. Ese es el ambiente que impregna la intervención militar en el estado vecino, donde el ciudadano común y corriente está a merced de lo que hagan otros hasta para asomarse a la calle, donde no se sabe con certeza quienes son los buenos y quienes los malos, porque estos últimos están en todos lados. Los discursos no alcanzan ni para aplacar a las pocas buenas conciencias. Los llamados grupos de autodefensa no se desarmarán nunca, porque no son un ejército regular al mando permanente de alguien; seguirán como tales hasta que pase la emergencia, después entrarán en un periodo de hibernación colectivo. El riesgo es que alguien armado tiende a resolver los conflictos con lo que le resulta más conveniente, y si la justicia no existe porque las instituciones encargadas de procurarla y administrarla actúan a conveniencia, entonces lo más fácil será hacer uso de los recursos disponibles, y las armas aparecerán como la mejor opción, si no es que la única, como ahora. El llamado “efecto cucaracha” no existiría si en todo el país se aplicara la ley y esta fuera justa, no habría para donde escapar. La delincuencia, más el crimen organizado, necesitan de una estructura extensa y una base social que las protejan. Una organización como los caballeros templarios o la familia michoacana no se desarrollan ni sobreviven como tales en un ambiente diferente, requieren de la fertilidad e inaccesibilidad de la sierra, de su clima cálido, de sus costas y puertos; de sus brechas, carreteras y autopistas; de sus policías y gobiernos corruptos. Por eso el famoso “blindaje” de las fronteras estatales está destinado a impedir, si la cosa va en serio, que los delincuentes escapen y haya que corretearlos por todos lados, porque cada región tiene sus propios delincuentes que se benefician de los recursos particulares: geográficos, comerciales, bancarios, gubernamentales, y no los comparten. A lo más, harán alianzas para no estorbarse o expandirse. Pero son excluyentes y a la menor oportunidad buscarán el exterminio del otro, con la ciudadanía indefensa en medio sufriendo las consecuencias. Correrá mucha tinta, interminables discursos televisivos, manipulaciones groseras y descaradas, pocos análisis serios que serán ignorados porque desnudan personajes e intenciones; hay que recuperar la palabra, es lo poco que nos queda y puede servir para salir de la sima en que estamos hundidos. Juan Gelman lo sabía, lástima que ya no pueda contarlo, pero podemos terminar con un fragmento de la Oración de un desocupado: “Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces, / que me muero de hambre en esta esquina, / que no sé de qué sirve haber nacido, / que me miro las manos rechazadas, / que no hay trabajo, no hay, / bájate un poco, / contempla esto que soy, este zapato roto, / esta angustia, este estómago vacío, / esta ciudad sin pan para mis dientes, / la fiebre cavándome la carne, / este dormir así, / bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido / te digo que no entiendo, Padre, bájate, / tócame el alma, mírame el corazón,! / yo no robé, no asesiné, fui niño / y en cambio me golpean y golpean, / te digo que no entiendo, Padre, bájate, / si estás, que busco / resignación en mí y no tengo y voy / a agarrarme la rabia y a afilarla / para pegar y voy / a gritar a sangre en cuello.”

viernes, 10 de enero de 2014

2014 OPTIMISMO O INDIFERENCIA

Buscamos certezas, nos aferramos a aquello que nos dé la impresión de que podemos adivinar lo que viene, inventamos el tiempo como una trampa que impida que se nos acabe la vida o que nos diga que lo que hicimos valió la pena. Pero las fechas no cambian inercias, si acaso sirven como marcas arbitrarias para desear cambios, como si la historia corriera en línea recta hacia la misma dirección: el progreso individual, familiar o nacional. Puros buenos deseos que esperamos que de algo sirvan. Si algo está quedando claro y el 2014 lo reafirmará, es que estamos montados tercamente en un modelo de desarrollo que no se puede sostener. Consumir cada vez más inventándonos necesidades que no son vitales sólo crea insatisfacción permanente, infelicidad y una estúpida competencia que nos convierte en enemigos hasta de nosotros mismos; además de que estamos devastando al único planeta en que podemos vivir. Si alguien dudaba de los efectos perniciosos que estamos provocando aquí está la locura climática con la que comenzamos el año. De algo no hay duda, los avances tecnológicos seguirán hasta donde nuestros propios sentidos les pongan un límite, o hasta que la falta de ética en su manejo nos condene a la desaparición por soberbios. Hemos perdido de vista que nuestra principal meta o ambición debiera ser el convertirnos en mejores seres humanos, en recuperar los saberes ancestrales que abandonamos persiguiendo una modernidad que quizás no valga la pena alcanzar. Puede ser un buen deseo para este año, que con la filosofía por delante nos demos el espacio y el tiempo para repensarnos como individuos y como especie, en relación estrecha con las otras, con el planeta, como un todo que viva en armonía. La resignación y la indiferencia no son alternativa, ya lo decía Antonio Gramsci (http://es.scribd.com/doc/111612385/Odio-a-los-indiferentes-Antonio-Gramsci): “Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son cobardía, no vida. Por eso odio a los indiferentes. La indiferencia es el peso muerto de la historia. La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad; aquello con que no se puede contar. Tuerce programas, y arruina los planes mejor concebidos. Es la materia bruta desbaratadora de la inteligencia.” Nuestro país seguirá sumiéndose más en ese modelo de desarrollo que ha mostrado, desde 1994, si no es que desde antes, que provoca la concentración de la riqueza en poquísimas manos mientras socializa y expande la pobreza; pero esa polarización puede ser el germen de nuevos movimientos sociales que intenten poner freno a los abusos y construyan acuerdos que, basados en la equidad, en la racionalidad y el uso ético de la inteligencia y la tecnología, permitan un manejo pacífico de los conflictos y el combate frontal contra la corrupción y la impunidad. De otra manera, la espiral de crimen y violencia aumentará sus efectos, ganará territorios y seguirá afectando nuestra vida cotidiana. Ya existen caminos alternos, las presiones por una mayor transparencia en el uso de los recursos públicos, la organización autónoma para asegurarse territorios libres de la influencia del crimen organizado, las valientes denuncias e investigaciones que falta se traduzcan en consecuencias contra los delincuentes, pero se va avanzando. Querétaro, sin sustraerse a esa dinámica, estará marcado por la agenda política. Los afanes futuristas de las cúpulas partidistas intentarán acaparar todos los espacios en los medios de comunicación. La rudeza dependerá de la cola que tengan y les puedan pisar, del tamaño de sus ambiciones personales o de grupo, de su soberbia y desesperación. En ese ambiente, una agenda ciudadana sólo será considerada si coincide con sus oportunismos, lo bueno es que las redes sociales todavía escapan a su control aunque las pretendan saturar con mensajes y apoyos artificiales y pagados. Es falso que el simple paso del tiempo asegure el progreso, o que cualquier cambio sea benéfico para todos o siquiera para la mayoría. Ya no sabemos si la frase es una contribución local al lenguaje político porque se la atribuye hasta el “filósofo de Güemes” (http://www.oem.com.mx/oem/notas/n1332083.htm): En política, la reversa… también es cambio. De cualquier forma no hay que entusiasmarse mucho con la reformitis del sexenio actual, igual ha estado haciendo el salinismo transexenal y miren los resultados, en ningún indicador internacional, salvo los negativos, estamos bien evaluados. Lamentamos no ser absolutamente optimistas, pero es que no se puede a menos que caigamos en la irresponsable indiferencia. Un cambio de fechas, de año en este caso, no garantiza que las cosas serán mejores. Mejor estar alertas a lo señalado por Gramsci: “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.”

sábado, 14 de diciembre de 2013

PIFIAS TEXTUALES

Ya están las reformas que le urgían al neoliberalismo criollo mexicano, aunque quizás el adjetivo sea paradójico si nos referimos como criollo a quien cumple con lo especificado en el diccionario: “Dicho de una persona: Nacida en un país hispanoamericano, para resaltar que posee las cualidades estimadas como características de aquel país”. En este ambiente global el lugar de nacimiento no implica que alguien posea esas “cualidades estimadas”, más bien sería un accidente geográfico. Sin precisar la fecha exacta, pero fue a fines de la década de los ochenta del siglo pasado, el Ingeniero Heberto Castillo Martínez, quien por necesidad y virtuosa necedad se convirtió en experto en cuestiones petroleras, entre otras cosas; señalaba de la aparición de la primera generación de norteamericanos nacidos en México. Lo que quería decir era que nuestros tecnócratas, a pesar de ser mexicanos, pensaban como gringos por el hecho de haberse educado en las universidades y tecnológicos de nuestro avasallante vecino del norte. Heberto Castillo hacía notar la fuerte influencia ideológica que marcaba a esa generación, que conocía y cantaba mejor el himno y la historia oficial norteamericana, que estaba imbuida en sus particulares intereses y en su forma excluyente de ver al mundo. Era la época del thatcherismo y de los reaganomics, de los dogmas económicos creados en esa corriente, de coartada académica, llamada “la escuela de Chicago”, esa que está detrás de la privatización de todo y del “adelgazamiento” del Estado con el pretexto de que la economía se gobierna sola, con la “mano invisible” del mercado. Con el problema de que esa “mano” tiende a concentrar la riqueza social generada por el trabajo de todos en poquísimas personas y corporaciones, agravando las desigualdades sociales e incrementando la pobreza; pero eso no importa, es apenas un efecto temporal en lo que se logran nuevos equilibrios, eso dicen ellos, los ganones. ¿Cuántos de nuestros diputados y senadores son expertos en asuntos petroleros? No se nos ocurre ningún nombre, así que intentar discutir con ellos sobre el tema sería más que ocioso, el problema es que ellos son los que deciden los cambios que nos incluyen a todos, aunque no convenzan ni estemos de acuerdo. Como sea, si no hay resultados inmediatos en lo que prometieron, que bajarán los precios del gas, de las gasolinas; que los ingresos petroleros serán mucho mayores y eso redundará en un mejor poder adquisitivo, en obras públicas necesarias; que habrá una baja drástica en los niveles de pobreza, entonces tendremos un problema muy serio. Pero queríamos tratar otro tema que nos resulta más agradable, encontrar propuestas para salir de nuestro letargo educativo, hallar las formas más adecuadas para aprovechar la inteligencia y los talentos de nuestros niños y jóvenes para tener mejores ciudadanos y seres humanos. Hay aciertos y es necesario señalarlos, uno de ellos fue pedir a la Academia Mexicana de la Lengua que revisara los libros de texto gratuitos para detectar y corregir los errores ortográficos que causaron un escándalo reciente. Hay otra ventaja, los integrantes de dicha academia no se están limitando, como era la condición impuesta por las autoridades de la SEP, a la ortografía, también le están entrando a la revisión integral de la congruencia y pertinencia de los planes de estudio y otras menudencias por el estilo. Bueno, pues uno de los integrantes de tal organismo el señor Felipe Garrido, lanza la pregunta y propone una respuesta con la que estamos completamente de acuerdo: “¿Nos preocupa la educación? Tiene que preocuparnos tener espléndidos maestros, y, para mí eso incluye que los maestros sean lectores. El maestro debería ser un sabio, un lector y un productor de textos, y todo eso tiene que transmitírselo a los alumnos” ‒Urgen a formar maestros lectores, nota de Sonia del Valle en el periódico Reforma del 10 de diciembre del 2013‒. “Un maestro tiene la obligación de ser lector, no puede hacerse a un lado. Debe ser un lector de 50 o 70 libros por año, algunos relacionados con su profesión, pero otros que no tengan nada que ver con ella, sino sobre lo que está pasando en el país y el mundo; y tiene que incluir una dosis de literatura e historia […] El sistema educativo, los maestros y las escuelas han encontrado fácil delegar la lectura en los padres de familia, en los abuelos lectores, en las salas de lectura o los libro clubes, pero la necesidad de lectura de los alumnos tendría que estar satisfecha en la escuela”. Por supuesto que eso no se logra con maestros de doble plaza o con sobrecarga de horas frente a grupo, tampoco “compitiendo” por ellas a costa de despojar a otros que tienen poquitas. La lectura requiere tiempo propio, la escritura también, no pueden relegarse a los “tiempos muertos” cada vez más escasos por el contraproducente incremento en el trabajo administrativo. La reportera Sonia del Valle aporta otros elementos para contrastar lo deseable con lo que tenemos actualmente, y nos recuerda que el último informe sobre hábitos de lectura realizado por el INEE, el único, es de 2007 y revelaba que: “4 de cada 10 profesores tienen menos de 20 libros en su casa, y 6 de cada 10 afirman haber leído, cuando mucho, un par de libros por año”. Desgraciadamente no registra el número de ensayos, artículos, cuentos o textos en general producidos por los docentes, que debe ser mucho menor. Y así queremos que nuestros niños y jóvenes sepan leer, comprendan y además se expresen por escrito. Por eso Okinawa queda en Chihuahua.

sábado, 7 de diciembre de 2013

PISA Y CORRE

Se acaba el tiempo y la tolerancia, las famosas “reformas estructurales” se están quedando en pura política de aparador, nada más para la foto del momento y llenar los titulares algunas semanas, días en el peor de los casos. Eso puede deberse a dos cosas, la primera a que no se está atacando el problema principal, ese que atora cualquier cambio por bienintencionado que sea; en el caso mexicano no es uno solo, es una mezcla explosiva compuesta de corrupción e impunidad institucionales, que hacen que cualquier intento acabe en un repartidero de “moches”, como se dice ahora, para que nada se aplique, o que se haga como que sí pero siempre no. Y es que no tiene sentido cambiar las leyes si en la realidad cualquiera se las puede saltar con módica mordida de por medio, como que es demasiado gasto reformar algo que no se respeta porque las instancias encargadas de vigilar su cumplimiento son interesadamente omisas. La segunda, porque los cambios están tan mal hechos que apuntan en sentido contrario al manifestado públicamente. No nos metamos en muchas broncas, centremos la atención, otra vez, en el problema educativo. Para no cansar nos vamos a saltar la parte de que la “otra” secretaría de educación pública, constituida por el duopolio televisivo, que mal educa con su programación estúpida y sus ejemplos telenoveleros de doble moral, se está quedando fuera de la discusión. Vamos con algo más actual y qué mejor que los recién anunciados resultados de la prueba que aplica la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, cuyo nombre es la mejor muestra de una doble contradicción. Comencemos por lo que la publicidad oficial se resiste a mencionar: “En México, la diferencia en el índice de calidad de los recursos educativos entre escuelas es la más alta de toda la OCDE y la tercera más alta de todos los participantes en PISA (detrás de Perú y Costa Rica), reflejando altos niveles de desigualdad en la distribución de recursos educativos en el país. En 32 de los 34 países de la OCDE, más del 90% de los jóvenes de 15 años están escolarizados; en México este índice de cobertura corresponde a menos del 70%. Si bien la cobertura escolar en México ha aumentado, pasando de 58% en 2003 a 70% en 2012, ésta sigue siendo la tercera cobertura más baja de todos los países que participaron en PISA 2012 (Sólo Albania y Vietnam tienen coberturas más bajas que México)” ‒http://www.oecd.org/pisa/keyfindings/PISA-2012-results-mexico-ESP.pdf‒. Con esto podemos asegurar, por si hiciera falta más evidencia, que la “preocupación” que nuestros gobernantes tienen en el tema educativo es pura saliva mal gastada, que no se refleja en lo real y que se utiliza para ganar simpatías y votos; pero no para elevar la comprensión lectora, o para que nuestros niños y estudiantes aprendan algo que los lleve a aprovechar las oportunidades, cada vez más escasas, que se les presenten en la vida. Obvio que tales desigualdades tienden a perpetuarse con un sistema educativo cuyas bases ideológicas están en los grupos de presión como Mexicanos Primero, que, para variar, utiliza los malos resultados para decir que se deben a que no se les hace caso cuando es totalmente lo contrario. Veamos los datos duros de la prueba: “el panorama en matemáticas de los jóvenes mexicanos de quince años y escolarizados es el siguiente: 55% de los alumnos mexicanos no alcanzan el nivel de competencias básico (nivel 2) en matemáticas (promedio OCDE: 23%). Menos de l1% de los alumnos mexicanos de 15 años logra alcanzar los niveles de competencia más altos (niveles 5 y 6) en matemáticas (promedio OCDE: 13%) El alumno promedio en México obtiene 413 puntos en matemáticas. El puntaje promedio en la OCDE es de 494, una diferencia con México que equivale a casi dos años de escolaridad”. En lectura el panorama también es desalentador: “41% de los alumnos mexicanos no alcanza n el nivel de competencias básico (nivel 2) (promedio OCDE: 18%). Menos del 0.5% los alumnos mexicanos de 15 años logra alcanzar los niveles de competencia más altos (niveles 5 y 6) (promedio OCDE: 8%). El alumno promedio en México obtiene 424 puntos. El puntaje promedio en la OCDE es de 496, una diferencia con México que equivale poco menos de dos años de escolaridad”. Leer las cifras sin detenerse a reflexionar sobre su significado no tiene caso, sería injusto decir que nuestros niños y jóvenes no pueden aprender y que los profesores no hacen lo que tienen que hacer. El problema rebasa al simple voluntarismo individual, porque en Ciencias también estamos muy mal: “47% de los alumnos mexicanos no alcanzan el nivel de competencias básico (nivel 2) en ciencias (promedio OCDE: 18%). Menos del 0.5% de los alumnos mexicanos de 15 años alcanza los niveles de competencia más altos (niveles 5 y 6) en ciencias (promedio OCDE: 8%). El alumno promedio en México obtiene 415 puntos en ciencia. El puntaje promedio en la OCDE es de 501…” El informe es abundante en conclusiones e interpretaciones, con algunas estamos de acuerdo, con otras no porque muestran un grave desconocimiento del sistema educativo mexicano, que se está cargando hacia el competir dejando como indeseable el cooperar. Que padece de un sistema de estímulos y escalafonario que podemos calificar, sin exagerar, de perverso, pero que a nadie parece importar por estar metido en el juego de ganar puntos aunque los alumnos no aprendan; más bien sí aprenden, a pasar las materias con mañas y no con aprendizajes que redunden en un buen desempeño académico y de vida. “En México, el nivel de ansiedad hacia las matemáticas es alta. Más de 75% de los alumnos mexicanos declara estar de acuerdo o muy de acuerdo con la afirmación “frecuentemente me preocupa que tendré dificultades en clases de matemáticas” y casi la mitad de los alumnos sienten ansiedad al intentar resolver problemas de matemáticas. En efecto, el índice de ansiedad hacia las matemáticas es, en México, el más alto de entre todos los países de la OCDE […] Los alumnos que asisten a escuelas con malas relaciones entre profesores y alumnos y con mal clima disciplinario tienden a mostrar menores niveles de compromiso con la escuela. Los alumnos en estos establecimientos tienen más probabilidades de llegar tarde, faltar sin autorización y tener actitudes negativas hacia la escuela […] En México la diferencia en el índice de calidad de los recursos educativos entre escuelas socio-económicamente aventajadas y en desventaja social es la más alta de toda la OCDE y la tercera más alta de todos los participantes en PISA (detrás de Perú y Costa Rica), reflejando altos niveles de desigualdad en la distribución de recursos educacionales en México.” Las cosas no van a mejorar con golpes de autoridad como se pretende, hay que consultar a los maestros, aprovechar su valiosa experiencia, convencer, colaborar sin amenazar, sin atascarse de formatos que reflejan algo que sólo existe en el papel. Basta por el momento, démonos tiempo para pensar.

viernes, 29 de noviembre de 2013

LA ESPERANZA EDUCATIVA

En todo hay modas, más ahora que los medios de comunicación masiva popularizan lo que sea sin jerarquización ni análisis alguno. El tema viene a cuento porque a la pobre de Paloma Noyola, la mañosamente llamada “Steve Jobs mexicana” por la revista Wired, la usaron para hacer un escándalo que poco o nada la benefició. Esa niña de un barrio de pepenadores de Matamoros que logró tener excelentes puntajes en la prueba ENLACE, fue tomada como ejemplo de un modelo “pedagógico”, así entre comillas, que se presupone exitoso y novedoso. En nuestra no tan lejana niñez, todos los adultos sabían que si ponían a nuestro alcance algún juguete o aparato de cualquier tipo, lo primero que se nos ocurría era experimentar y después destriparlo para encontrar cómo funcionaba. Esa curiosidad “destructiva” se consideraba de lo más normal, incluso era y es una tontería dejar a un niño solo con un animalito que no puede defenderse o aguantar las urgencias investigativas de cualquier cachorro humano. Me consta. En una ocasión tuve que dejar mi mascota, un pato de 15 días de nacido, a cargo de mis hermanos menores, su curiosidad, de mis hermanos no del pato, apenas aguantó para que en un descuido de los adultos cercanos lo “echaran a volar” desde la azotea de la casa familiar, ni qué decir que el pobre palmípedo no soportó el trancazo del aterrizaje. Bueno, pues esa curiosidad aplicada al manejo de una computadora sencilla es objeto de homenajes, como si fuera un gran descubrimiento. Y es que cuenta el profesor de primaria del grupo donde estaba Paloma, que ante la carencia casi absoluta de recursos materiales y didácticos de la escuela donde laboraba, se le ocurrió investigar en internet y encontró el método del nuevo gurú de la educación, el doctor e investigador Sugata Mitra, quien basa toda su investigación en una declaración que él mismo resume así: “Hay lugares en la Tierra, en cualquier país, donde, por diferentes razones, no se pueden construir buenas escuelas y los buenos maestros no pueden o no quieren ir…” Y en lugar de preguntarse el porqué de tal situación y cómo hacer para revertirla, la da por un hecho ineludible y comienza, en 1999 su experimento llamado “Hoyo en la pared” (Hole in the wall), básicamente se trató de incrustar una computadora en una pared, me imagino que por aquello de que se la fueran a robar, en un barrio pobre de Nueva Delhi y observar lo que hacían los niños. Para variar, lo que hicieron los infantes, fue ponerse a manipularla y “aprender” lo que estaba a su alcance. Pero ese gran descubrimiento no lo es tanto, la curiosidad infantil no fue provocada por el doctor Mitra, sino por la presencia de un objeto que les llamó la atención. Volvamos al caso del maestro de nuestra Paloma mexicana, quien en tres ocasiones presentó el examen de ingreso a la carrera magisterial y en ninguna logró entrar, si le aplicaran la nueva precarización laboral disfrazada de reforma, lo corren. También lo hubieran hecho si su supervisor de primarias le cae no respetando el modelo pedagógico que establecen los planes oficiales. Pero vamos a otros casos más extremos, ya no nos fijemos en el “aprendizaje” que lograron mis precoces hermanos sobre la maduración física, la resistencia corporal y la aerodinámica de mi pato. Vamos con un niño que se desarrolla en condiciones de nula o mala guía por parte de los irresponsables y convenencieros adultos que lo rodean, es el “Ponchis” que aprende a ejecutar a quien le mandan y obligan, que también aprende a destazar los cuerpos de las víctimas propias y ajenas. Quizás algún temerario se atrevería a afirmar que lo que tuvo al alcance no fueron juguetes inofensivos para los demás, o alguna desprevenida mascota para experimentar, pero sí tuvo acceso a armas, a drogas, a dinero fácil con todo lo que el mismo consigue, y aprendió a usarlas. El doctor Mitra tiene varias afirmaciones célebres, cortitas, porque en un mundo globalizado hay que aprender a expresarse en menos de 140 caracteres y, de preferencia, en inglés, así que abusando del conocimiento de los lectores encontramos, por ejemplo: “Education is a self-organizing system, where learning is an emergent phenomenon.” Mejor regresemos al español porque se acaba el espacio, comparemos lo anterior con una visión radicalmente diferente: “De hecho, buena parte de nuestros conocimientos más elementales los adquirimos de esa forma, a base de frotarnos grata o dolorosamente con las realidades del mundo que nos rodea. Pero si no tuviésemos otro modo de aprendizaje, aunque quizá lográramos sobrevivir físicamente todavía nos iba a faltar lo que de específicamente humanizador tiene el proceso educativo. Porque lo propio del hombre no es tanto el mero aprender como el aprender de otros hombres, ser enseñado por ellos. Nuestro maestro no es el mundo, las cosas, los sucesos naturales, ni siquiera ese conjunto de técnicas y rituales que llamamos «cultura» sino la vinculación intersubjetiva con otras conciencias […] Por decirlo de una vez: el hecho de enseñar a nuestros semejantes y aprender de nuestros semejantes es más importante para el establecimiento de nuestra humanidad que cualquiera de los conocimientos concretos que así se perpetúan y transmiten. De las cosas podemos aprender efectos o modos de funcionamiento, tal como el chimpancé despierto ‒tras diversos tanteos‒ atina a empalmar dos cañas para alcanzar el racimo de plátanos que pende del techo; pero del comercio intersubjetivo con los semejantes aprendemos significados. […] Y por «significado» no hay que entender una cualidad misteriosa de las cosas en sí mismas, sino la forma mental que les damos los humanos para relacionarnos unos con otros por medio de ellas” Fernando Savater, El valor de educar. Si de preferencias se trata, nos inclinamos por la visión del filósofo español, más completa, más intencionada, más exigente y esperanzadora.

viernes, 22 de noviembre de 2013

BUENAS Y MALAS

No nos gustan las malas noticias, nos gustan las buenas aunque sean inventadas, aunque sean burdas exageraciones de una realidad a la que le huimos metiendo la cabeza en el hoyo, este sí profundo, de los medios de comunicación y su programación insulsa pero no inocente. Lo saben los políticos y los publicistas, lo saben los monopolios y los intereses inconfesables, porque si se confiesan hasta se repelen ellos mismos. Cuando encontramos una nota periodística que da cuenta de corrupciones nos escandalizamos y la exorcizamos dando vuelta a la página, cambiando de canal, apagando el aparato a través de la cual nos llega. Pero no vamos más allá. Podemos saber lo que costó cada voto a favor de la reforma fiscal, pero preferimos no hacerlo; podemos saber de la presencia de la delincuencia organizada que se disfraza de organización productiva para ser recibida en el Senado; podemos saber de las cuotas que cobran los legisladores para beneficiar con recursos financieros, provenientes de nuestros impuestos, a ciertos municipios del país cuyos presidentes se portan bien porque reparten lo que no es suyo; pero no queremos saberlo. Conocemos del “hallazgo” de nuevas fosas clandestinas, creyéndonos la versión oficial de que las autoridades ignoran dónde se encuentran, o que el partido “revolucionario” ya no celebra la Revolución ni con minúsculas, pero parece no importarnos. La desilusión nubla las esperanzas pero no las desaparece: “La máquina de los fracasos ha ido configurado una imagen detestable de la que todos somos, de una manera u otra, responsables. No es solamente una ingeniería de la zancadilla, es una distribuidora de corrupción. Si algo ha repartido con eficacia el nuevo régimen es precisamente el arco de beneficiarios políticos. Ya no puede decirse que la corrupción —como el poder— sean monopolio de un partido. Ahora todos los partidos han utilizado las posiciones de responsabilidad pública para beneficiarse económicamente. No es extraña la mala imagen de la democracia en México. Nuestro desprecio se funda en la experiencia. No tenemos elementos para creer en la superioridad moral de la democracia como un régimen en que el poder público se ejerce en público, rindiendo cuentas sobre el sentido y el efecto de sus decisiones. La democracia no ha reducido la corrupción pero bien que la ha hecho más visible y más irritante.” (Jesús Silva-Herzog Márquez, diario Reforma, La conspiración, 18 de noviembre 2013). Hay otras cosas que se han vuelto más visibles, pero cerramos los ojos. La mal llamada reforma educativa sigue dando cosas de qué hablar, lo que incluye ya lo sabemos, pero entre lo que ignora y quieren que nosotros también lo hagamos, están temas que necesitamos saber, aunque nos duelan. El éxito o fracaso escolar no depende de los días u horas de clase por ciclo escolar, tampoco de si los maestros andan en marchas y plantones “abandonando” las aulas; hay más responsabilidad desde el diseño de los planes de estudio que debieran considerar un proyecto de país, una visión de futuro apegada a los intereses y posibilidades nacionales; o a la preferencia por un modelo pedagógico que está “de moda” o que es impulsado por organizaciones cuyo objetivo es contar con mano de obra calificada para hacer algunas cosas y no pensar en otras; o considerar que la educación es un tema de seguridad nacional para que las escuelas sirvan como guarderías y evitar así, que los niños y jóvenes anden en las calles con la tentación de convertirse en narcomenudistas, en consumidores o en sicarios. No solo existe un capital económico que se concentra inequitativamente, también el capital cultural padece de tal desviación: “La estrecha asociación entre origen social del alumno y su éxito o fracaso escolar es una manifestación empírica del proceso de reproducción de la desigualdad social [...] Mediante la socialización familiar, el niño hereda cierto capital cultural acorde con su pertenencia de clase.” En palabras llanas, el nivel cultural y escolar de los padres define, significativamente, el desempeño escolar de los hijos. Y esto no es un descubrimiento nuevo, por lo menos desde el 2002 Rubén Cervini (Revista Mexicana de Investigación Educativa septiembre-diciembre 2002) lo resume así: El capital cultural socialmente más valorado (dominante) es más probable que aparezca entre los núcleos de mayor nivel socioeconómico (background familiar); al mismo tiempo, la escuela tiende a valorar precisamente ese capital. Entonces, el niño de origen social alto tiene mayor probabilidad de éxito porque posee cierto capital cultural, heredado de sus padres y valorado por la escuela, que le ayuda a dominar el currículo escolar, a diferencia del procedente de familia con menor estatus social. El capital cultural juega, entonces, un papel de factor intermediario entre el “origen social” del alumno (background familiar) y su aprendizaje. ¿Más claro? Según los resultados del Censo 2010 en nuestro país y en palabras del titular del INEGI: “En 1990 el promedio de escolaridad era de nivel primero de secundaria, 6.5 años; para el 2010 tenemos un promedio de escolaridad de 8.6, promedio cercano ya a tercero de secundaria, y también se han reducido las brechas entre hombres y mujeres. Hay diferencias, sin embargo, como en otros indicadores, cuando analizamos las entidades federativas. Allí vemos que, por ejemplo, el Distrito Federal, Nuevo León y Coahuila tenemos grados promedios de escolaridad ya de educación media superior. Sin embargo, tenemos estados como Chiapas y Oaxaca donde el promedio de escolaridad es de primero de secundaria. Sin embargo las brechas más importantes en esta materia se ven cuando analizamos los municipios. Aquí tenemos a los municipios y delegaciones, por ejemplo el caso de la Delegación Benito Juárez o San Pedro Garza García, Nuevo León, o la Delegación Miguel Hidalgo, que tienen promedios de escolaridad similar a los países desarrollados. En cambio y en contraste, del otro lado tenemos municipios en Guerrero, en Oaxaca o en Veracruz que tienen promedio de escolaridad que no llega a los tres años de primaria, repito, son promedios de escolaridad. Se ven los graves contrastes que todavía tenemos en nuestro país”. Lo que significa que nuestro sistema educativo perpetúa las desigualdades sociales, por eso las inconformidades y protestas. Son malas noticias, pero disfrazarlas con el lenguaje tecnocrático de la “calidad” o las “áreas de oportunidad” de poco o nada sirve.