viernes, 15 de noviembre de 2013

HAY SOLUCIÓN

“Los que vivimos fuera de Tamaulipas o Michoacán nos consolamos con la idea de que en nuestra ciudad las cosas no han llegado ni llegarán a ese punto. Los que están en Morelia se compadecen de los de Apatzingán, y los de Apatzingán de los de alguna comunidad de Aquila que es literalmente propiedad del narco. El problema es que el día menos pensado en nuestra ciudad comienza a suceder lo que se padece en Morelia, y en Morelia aparecen los primeros signos de lo que antes sólo se veía en Apatzingán. De esa manera escala el problema hasta que nos cambia la vida…” Carlos Zepeda Patterson, diario El Universal del 13 de noviembre del 2013. Por eso no conviene regodearse presumiendo la paz y seguridad que se tiene, mientras en toda nuestra geografía y en el tejido social que nos queda no se ataque donde más le duele a la corrupción y a la impunidad, corremos el riesgo de presumir lo que en algún momento seguramente daremos por perdido. ¿Cuándo habíamos visto que Querétaro saltara a las páginas internacionales de los medios por un avión “full” de lo que sea? Y no se vale decir que todo corresponde a las autoridades federales, esa es la salida fácil. Tampoco se vale calificar de “extravío” al robo de un menor que ya se llevaban, por tren, a Veracruz, según los partes oficiales. O minimizar los casos de los desaparecidos de la sierra en su tránsito a nuestra frontera norte, o del comerciante cuya familia no cesa en exigir una investigación seria. La corrupción no se detiene con retenes carreteros, tampoco “sellando” las fronteras de un estado por cuyas autopistas, cielos y vías férreas pasan, diario, millones de toneladas de productos y miles de vehículos con todo tipo de personas. La corrupción se salta todos los controles y agujera los más disímiles “blindajes”. Lo saben en Italia, en Colombia y en todos los países que han visto cómo sus instituciones son tomadas y hasta sustituidas por instancias paralelas desde donde se ejerce el poder sobre las actividades económicas, que contaminan la convivencia cotidiana y la cambian por el terror inmovilizante; que cobran, vía extorsiones, los impuestos que un estado que merezca tal nombre debe concentrar para resolver las desigualdades sociales. Sólo hay un camino para que la corrupción se convierta en endémica, la complicidad temporal o permanente, que como la serpiente que se muerde la cola, termina por acabar hasta con ella misma. A pesar de los intentos por acallar la gravedad de la situación los testimonios se filtran, los videos de ejecuciones, tiroteos en espacios públicos, secuestros, levantones, aparecen en canales de noticias de otros países y se diseminan por las redes sociales, sólo los funcionarios gubernamentales creen que no sabemos nada. “… puedo decir que el gobierno sabe de todo esto, que ellos saben estas cosas. Saben que hay mucha gente que ha sido entrenada, adiestrada y preparada por el gobierno y que ahora trabaja para el narco. El gobierno sabe lo que está pasando. La razón por la que no acaban con esto es que el sistema les conviene. Hay varias cosas que se ajustan a sus intereses. Una de ellas es que cierto porcentaje de inestabilidad les conviene porque les permite seguir robando […] El gobierno de Estados Unidos procura que su imagen esté limpia. En las garitas de la frontera hay elementos que, te lo aseguro, cobran cincuenta mil dólares por dejar pasar una Suburban cargada hasta el techo con todo lo que puedas imaginarte. Y ha habido investigaciones que han afectado a México, hay noticias internacionales que dicen que los narcos no se han infiltrado en sus instituciones. Pues sí lo han hecho, pero en Estados Unidos al menos se hace el esfuerzo de acabar con la corrupción. En México ni lo intentan. Cuando lo hacen en México es para darle ventajas a los narcos. El gobierno asigna una fuerza especial, bien adiestrada, para combatir esas mismas organizaciones del narcotráfico con que acabarán trabajando […] Esta es la lógica que debes entender” ̶ Sicario. Autobiografía de un asesino a sueldo. Editado por Molly Molloy y Charles Bowden. Grijalbo-Proceso. Septiembre 2013‒. Mientras, los ciudadanos se organizan y hacen lo que pueden, existen experiencias exitosas que se pueden aplicar aquí, hay protocolos internacionales, falta voluntad; la resignación ya no es una opción.

viernes, 8 de noviembre de 2013

LA IMPACIENCIA

Pues sí, algo está pasando. Se está acabando la paciencia, se arrinconan el miedo y la indiferencia, retroceden los falsos consensos y se desordenan las conciencias. Y es que la violencia genera violencia y las masas no tienen los mismos frenos que los individuos. Por fin se percibe como agresiva, injustificada, injusta, la violencia que se ejerce desde las instituciones. Porque violencia es imponer una reforma administrativa que desconoce los derechos laborales de miles de profesores de enseñanza básica, es pretender que modelos educativos, completamente ajenos a nuestro contexto cultural, sean llevados a las aulas sin consultar a los directamente encargados de tratar cotidianamente con los niños y jóvenes, con malos directivos y desconcertados padres de familia. Es responsabilizar de la mala educación a los docentes ignorando que los medios de comunicación, esos que promueven hipócritas moralidades y justifican la riqueza, la corrupción y la impunidad de los poderosos, también educan, y mal. Violencia es despreciar a quien denuncia un delito, una extorsión, el robo del escaso patrimonio que ha podido conseguir; es burlarse y minimizar la desaparición de nuestros prójimos, es conocer la cínica exhibición de riquezas mal habidas de nuestros políticos, empresarios, líderes sindicales, ministros religiosos y saber que no pasa nada; también es violencia la carencia de medicamentos en el devastado sistema de salud que padecemos, la venta de terrenos y la edificación de viviendas en sitios conocidamente vulnerables, el despilfarro de los partidos políticos; también la tolerancia a las pérdidas de recursos destinados a nuestra jubilación y retiro, a la desmedida ganancia de los bancos que juegan con los dineros ajenos. Violencia es la fabricación de presuntos culpables mientras los verdaderos se pasean por las calles cometiendo todos los delitos imaginables; es la soberbia de los jueces, procuradores y demás servidores públicos que prefieren cometer injusticias que reconocer un error. En fin, el pretender que no pasa nada cuando sufrimos de todo, ya no da los mismos resultados que antes. Romper con los esquemas mentales que provocan nuestra indiferencia, nuestra dejadez, nuestro miedo, no es fácil. Desde el arte nos llegan algunas explicaciones a porqué somos como somos, porqué dejamos que nos hagan lo que sea sin apenas oponer algo de resistencia, porqué dejamos que aplasten impunemente nuestra dignidad: “En México no hubo una dictadura con un inicio y un final, para que después de ese final se pudiera recuperar la memoria. En nuestro país hay una continuidad del régimen, no existió ese momento de ruptura como en Argentina y Chile. En México, sin ese quiebre, no existió tampoco la valoración posterior” ‒es la voz de Gabino Rodríguez, de la compañía de teatro Lagartijas tiradas al sol, diario La Jornada del 8 de octubre de este año‒. En lo muy reciente, apenas en el lapso de una semana, sabemos de la quema de dos alcaldías por muchedumbres enfurecidas por el actuar de las autoridades, conocemos de presidentes municipales que no despachan en sus oficinas, de una de ellas que insta a sus ciudadanos a no salir de sus casas porque los enfrentamientos armados ponen en riesgo sus vidas, de la toma de espacios legislativos por ciudadanos que apenas aciertan a organizarse para demandar justicia, de los intentos por contener al crimen organizado formando grupos de autodefensa, del clamor de obispos denunciando la actuación cómplice de policías y fuerzas armadas que debieran estar garantizando la convivencia pacífica y la aplicación justa de la ley, la denuncia firme y pública por la “siembra” de paquetes de droga en el equipaje de ciudadanos que viajan usando las terminales aéreas, los ejemplos abundan, afortunadamente. Nuestro proceso reformista no atiende a esas emergencias, las ignora porque le estorban, pero hay que tomar en cuenta lo que dijo hace tiempo un personaje clásico local: la reversa también es un cambio, y la reversa es lo único que considera nuestro sistema político. No hay un nuevo PRI, ni un nuevo PAN, ni un nuevo PRD, eso es genéticamente imposible; sí hay un sistema partidista que quiere retroceder el tiempo porque no se adapta a un contexto nuevo, diferente. Y que se aprovecha de la coyuntura neoliberal. Desde la teoría y la academia hay intentos importantes por explicar lo que está pasando, por develar lo que se quiere mantener en las tinieblas de la ignorancia, toca el turno al filósofo, físico y epistemólogo Mario Bunge ‒revista Ñ del 5 de noviembre del 2013‒, con sus 94 años de experiencia, de estudio, de impaciencia: “Yo, a diferencia de los liberales, no creo que se pueda privilegiar un valor a expensas de otros. Yo no creo en la libertad sin igualdad ni fraternidad. La revolución francesa la pegó, los tres van juntos. Si subraya la libertad, lleva al desinterés por el bien social, si subraya la igualdad, disminuye la responsabilidad, la iniciativa y el liderazgo individual, y si subraya la fraternidad, está predicando que los zorros confraternicen con las gallinas, y eso no es posible. Las tres cosas juntas, sí. Lo mismo pasa con la educación, no basta con clamar por mejores escuelas, los chicos tienen que ir sanos e integrar familias en las que por lo menos un miembro trabaje. Trabajo, educación y salud van juntos. Los valores siempre se dan en paquetes, no funcionan individualmente.”

sábado, 2 de noviembre de 2013

ALGO TIENE QUE PASAR

Hay ocasiones en que parece que algo está por suceder, quizás lo esperamos porque el actual estado de cosas se percibe como insostenible. Apenas la semana pasada escribimos sobre los temas cruciales para la ciudadanía pero que son ignorados por todos los órdenes de gobierno, como si no existieran por el simple hecho de no mencionarlos. Ahora el asunto está peor, todo eso que se quiere pasar por alto se está juntando hasta formar un mazacote difícil de abarcar y descifrar. Para decirlo claro, la violencia, el crimen organizado, la corrupción e impunidad están inevitablemente mezclados, y nadie con poder legal aunque cuestionadamente legítimo le quiere entrar a la solución, será porque todos tienen alguna cola que les pisen. Pero es precisamente esa indiferencia la que da la sensación de que algo está por suceder. Unos cuantos ejemplos. El calificar, desde el discurso oficial, de “actos vandálicos” los atentados contra trece subestaciones eléctricas y el incendio de varias estaciones expendedoras de gasolina en Michoacán, quiere evitar llamar terrorismo a lo que sí lo es. Pretender que no pasa nada ya no sirve, o que la gravedad de lo sucedido es mínima, tampoco. La campaña agresiva en los medios masivos para presentar una imagen idílica de Acapulco e Ixtapa, llegando a la irresponsabilidad de recomendar el tránsito por la autopista siglo XXI que atraviesa varios de los municipios michoacanos que se pelea el crimen organizado, o atreverse a garantizar 365 días de sol cuando acabamos de pasar más de 60 días de nublados, huracanes y lluvias torrenciales en esa región del pacífico mexicano. El tener que forzar una reforma al Código Penal Federal, para permitir el indulto presidencial en los casos en que el poder judicial no muestra ánimos, ni voluntad, para reconocer los abusos del aparato de justicia del país. Dejando en la impunidad los actos deficientes de ministerios públicos, procuradurías y jueces. Para ello se le adiciona: “Artículo 97 Bis. De manera excepcional, por sí o a petición del pleno de alguna de las Cámaras del Congreso de la Unión, el titular del Poder Ejecutivo federal podrá conceder el indulto, por cualquier delito del orden federal o común en el Distrito Federal, y previo dictamen del órgano ejecutor de la sanción en el que se demuestre que la persona sentenciada no representa un peligro para la tranquilidad y seguridad públicas, expresando sus razones y fundamentos, cuando existan indicios consistentes de violaciones graves a los derechos humanos de la persona sentenciada.” Si a alguien se le ocurre pensar que esto rompe con el hipotético equilibrio de poderes es porque se pasa de barroco. Pero a esos extremos hay que llegar para deshacer los graves errores que los jueces son incapaces de ver y reconocer. Una revisión detallada del caso se puede encontrar en la declaración pública de Amnistía Internacional México del 29 de octubre de este año, que en uno de sus párrafos dice: “Amnistía Internacional (AI) recuerda a las autoridades mexicanas su obligación de garantizar la liberación del maestro tzotzil Alberto Patishtán, para poner fin a 13 años de encarcelamiento injusto en violación de sus derechos humanos fundamentales. El maestro Patishtán ha afrontado esta prolongada detención ante la incapacidad del sistema de procuración de justicia de realizar investigaciones prontas y efectivas, valorar las pruebas presentadas al caso y respetar los derechos humanos, una situación que afecta cotidianamente a las personas indígenas o de escasos recursos económicos y sociales en México que sufren discriminación y la negación del derecho a un juicio justo.” El espacio es limitado y apenas da para un tema más. La creciente cifra de suicidios en Querétaro ya prendió las luces de alerta en la ciudadanía, no en las autoridades. Recibimos con gusto la información e invitación del Colectivo Universitario Humanitas para sumarnos a una campaña motivada por: “Queremos detener los 10 suicidios que en promedio están presentándose mensualmente, si a ello agregamos que las cifras se disparan en diciembre la situación es abrumadora y debemos responder inmediatamente” y cuya primera actividad será: “el análisis, diseño, difusión y aplicación de una estrategia multidisciplinaria para detener los suicidios en la población queretana, que afectan principalmente a los jóvenes.” Son siete etapas que quieren aterrizar en algo concreto: “Juntos lograremos la gestión de un Centro de Apoyo Emocional Multidisciplinario y/o fortalecer los ya existentes, con lo cual se posibilitará una aproximación e intervención psicológica desde una perspectiva integral, contemplando los diferentes niveles: su dimensión mental y conceptual, afectiva-emocional, comportamental, relacional, identitaria, cultural, enfocándonos en la prevención de las crisis, así como en el estudio previo de los factores de riesgo.” La propuesta allí está para enriquecerla y hacerla viable, cualquier persona interesada puede contactar a los organizadores a través del correo: bluesmediante@hotmail.com Podríamos seguir por páginas enteras mencionando los temas que nos preocupan, que cada quien enliste los suyos, esos que parece que no existen porque a nuestros gobernantes y representantes populares no les importan, y ocupémonos en tratar de resolverlos, algo tiene que pasar.

viernes, 25 de octubre de 2013

TRISTEZAS

Para los gobiernos los problemas que en verdad importan a los ciudadanos “no son tema”, no aparecen en sus preocupaciones, en sus planes, en su agenda. Vivimos sumergidos en las llamadas “reformas estructurales”, que en el contexto actual sólo es el nombre que se le pone a la progresiva pérdida de derechos sociales y laborales de los trabajadores manuales o intelectuales. Las reformas son regresiones a estados casi de barbarie, no es exageración, lo venimos señalando desde hace meses, quizás años. Allí están los casos de los países de la zona euro, los mileuristas españoles que le pusieron nombre a la caída de su salario promedio, antes cercano a los 2 mil euros mensuales, ahora debajo de los mil; sus crisis recurrentes, la baja drástica en sus pensiones y jubilaciones ya ganadas, ya trabajadas; las condiciones precarias en los pocos que logran acceder a alguna plaza laboral, las penurias de sus sistemas de salud, de educación. La protección cínica e indiscriminada a las cúpulas empresariales, a los grandes corporativos bancarios, energéticos, mineros, que no conocen más patria que la de sus propias carteras. Mientras vivimos esas regresiones permanecen las corrupciones en todos los niveles gubernamentales y directivos, públicos y privados, con su carga de impunidad y desvergüenza. Antes mataban jóvenes, ahora matan niños, a plena luz del día, en la calle, por un celular y los tenis que le arrebatan al cadáver. O los acribillan por aparentes problemas entre narcomenudistas, o los secuestran para sacarle dinero a sus familias y nunca más aparecen vivos, a veces ni muertos porque a nuestros aparatos de procuración y administración de justicia no les interesan, porque no hay ganancia, todavía, con los muertos. Y nos asombramos de que el movimiento magisterial lleve 8 meses en la brega, que se expanda a otros estados, que adquiera múltiples formas para manifestarse y resistir a la pérdida de los más elementales derechos laborales, a que no se les tome en cuenta en un cambio necesario en lo que toca al enfoque pedagógico y de contenidos curriculares, a que se les ofenda y desprecie en los medios de comunicación masiva. Para nuestras cúpulas políticas y empresariales es peor que pecado capital que los profesores se piensen a sí mismos, en lugar de permitir ser pensados por ellas. Si para el foxismo su filósofa de cabecera fue la chimoltrufia, porque como decía una cosa quería decir otra; para el calderonismo lo fue chespirito, y para el actual despeñadero su inspiración es Eugenio Derbez, y entonces hay que llevar a los muchachos de los bachilleratos a ver su película, según denuncia de Agustín Escobar en Tribuna de Querétaro, donde los temas que nos preocupan, que alimentan nuestros temores —la corrupción, el narcotráfico, las desapariciones, las extorsiones, los secuestros, las ejecuciones, las riquezas fácilmente explicables que no son delitos graves, la invención cotidiana de presuntos culpables, la impunidad—ni siquiera son parte de la escenografía. Si algo descubrieron las catástrofes naturales recientes es la cadena de corrupciones que elevaron la cantidad de víctimas mortales, de pueblos enteros devastados, de destrucción de selvas, bosques y humedales, la irresponsable construcción de casuchas y hasta complejos turístico-residenciales en cauces de ríos y desfogues de lagunas. Lo dice con precisión Sergio Gómez Montero en su ensayo Tecnología y consumo: el futuro enfermo: “Cuerpo, comunidad y naturaleza gravemente enfermos producen por necesidad tristeza. Todo dolor –acompañante común de la enfermedad– genera tristeza, tanto en quien lo padece como en aquellos que lo contemplan o lo acompañan; un dolor enfermizo y enfermo que se multiplica cuando los servicios de salud que, se supone, lo deben de paliar atendiendo a la enfermedad, son insuficientes o ineficaces. Estar cerca o sufrir la enfermedad en México (aunque, claro, no sólo aquí) es hoy reflejo fiel de esos efectos: la saturación de los servicios de salud (más los públicos que los privados) lastima ante su contundencia y refleja, sobre todo, el grave daño de malestar enfermizo que aqueja a la sociedad y la torna hoy una sociedad triste.” Pero para evitar la tristeza hay distractores, allí entran, otra vez, los medios de comunicación y sus monopólicos dueños. Tristeza no es perder todo el patrimonio o hasta a algún familiar por culpa de la corrupción y el crimen organizado, tampoco perder derechos sociales por la progresiva privatización de todo, hasta de la felicidad; tristeza es que la “selección nacional” de futbol no vaya al mundial.

sábado, 19 de octubre de 2013

CÓMO VA LA VIDA Joaquín Córdova Rivas
“Estuve en la Isla Negra, en la casa que fue, que es, de Pablo Neruda. Estaba prohibida la entrada. Una empalizada de madera rodeaba la casa. Allí, la gente había grabado sus mensajes al poeta. No habían dejado ni un pedacito de madera sin cubrir. Todos le hablaban como si estuviera vivo. Con lápices o puntas de clavos, cada cual había encontrado su forma de decirle: gracias.” Eduardo Galeano El libro de los abrazos. La fecha es lo de menos, la memoria es terca y solita fija sus plazos. Hace menos de un mes recordamos la muerte del poeta chileno, célebre por su obra y por su congruencia. También por haber sido una de las víctimas de la estúpida dictadura que enlutó a su país e impuso un modelo económico devastador por inhumano, ese que ahora llamamos neoliberalismo. Seguramente hay miles de temas para escribir, unos más actuales que otros, pero hay que defenderse de lo inmediato, tomar distancia temporal y no dejarse llevar por lo urgente, lo que se quema de un día para otro y desaparece sin dejar huella. Lo que nos alerta y nos duele es la intención, en esa mal llamada reforma fiscal, de recortarle más el presupuesto a la cultura en un país que se nos resquebraja bajo los pies. A pesar de todo hay signos alentadores, el Festival Internacional Cervantino sale de las salas de concierto, de los auditorios cerrados y limitados para trasladar algunos de los eventos a las plazas de los pueblos vecinos a su sede principal, allá donde se requiere que los ciudadanos recuperen sus lugares públicos clausurados por la corrupción y la violencia cada vez más organizadas e institucionalizadas. Porque la permanencia puede volverlas “normales”, hasta que la paciencia estalla. Es necesario sobrepasar el miedo, evocar el placer de la música, de la danza, el asombro ante culturas desconocidas pero ricas en significados. El otro signo es la recuperación del espacio del Zócalo de la ciudad de México para la realización de su tradicional feria del libro. Hubo que romper un cerco de vigilantes policías y de centros de acopio de ayuda para los damnificados de los fenómenos naturales y de las corrupciones públicas y privadas, manejados por las más disímbolas fuerzas armadas en su talante humanitario. La cultura, plasmada en libros, es tan indispensable como los alimentos o los artículos de aseo, aunque a algunos les parezcan prescindibles y hasta peligrosos. Hay que alimentar el alma porque se nos está muriendo. No tenemos el talento de Neruda, no podemos escribir los versos más tristes, pero sí compartir los sentimientos de millones de mexicanos que sienten inútiles sus esfuerzos cotidianos ante la barbarie tolerada y hasta inicialmente promovida por los beneficiados de siempre, esos 186 mil mexicanos que reporta el banco Credit Suisse que poseen “al menos” un millón de dólares, frente a casi 80 millones que viven en una situación precaria. No es sano soportar el “no pasa nada”, porque sí pasa. Allí están los enemigos, en el poema de Neruda y en otros lugares más cercanos: “Ellos aquí trajeron los fusiles repletos / de pólvora, ellos mandaron el acerbo / exterminio, / ellos aquí encontraron un pueblo que cantaba, / un pueblo por deber y por amor reunido, / y la delgada niña cayó con su bandera, / y el joven sonriente rodó a su lado herido, / y el estupor del pueblo vio caer a los muertos / con furia y con dolor. / Entonces, en el sitio donde cayeron los asesinados, / bajaron las banderas a empaparse de sangre / para alzarse de nuevo frente a los asesinos. / Por esos muertos, nuestros muertos, / pido castigo. / Para los que de sangre salpicaron la patria, / pido castigo. / Para el verdugo que mandó esta muerte, / pido castigo. / Para el traidor que ascendió / sobre el crimen, / pido castigo. / Para el que dio la orden de agonía, / pido castigo. / Para los que defendieron este crimen, / pido castigo. / No quiero que me den la mano empapada con nuestra sangre. / Pido castigo. / No los quiero de embajadores, / tampoco en su casa tranquilos, / los quiero ver aquí juzgados / en esta plaza, en este sitio. / Quiero castigo.” Los enemigos - Poemas de Pablo Neruda http://www.poemas-del-alma.com/pablo-neruda-los-enemigos.

sábado, 12 de octubre de 2013

LEGALIDAD RETORCIDA

Si nos mantenemos atentos es fácil que una idea nos atrape, más cuando parece caer en el momento justo, dando respuesta a las preguntas que nos hacemos; o cuando cuestionan la información predominante y rompen con creencias arraigadas pero inútiles por inaplicables. Eso está pasando ahora, pero para ello es necesario darle espacio a esa idea, dejar que respire, que haga su labor subversiva. Tenemos más de un mes oyendo a los fetichistas de la normatividad, esos que creen que es suficiente con prohibir cualquier cosa para evitar que suceda, pedir represión y castigo; como si la desbordante realidad pudiera sujetarse con una ley o reglamento. Vamos con la idea, leámosla con calma dejando que cumpla con su cometido, ofrecer una mirada diferente y quizás explicar lo que no hemos podido, en esta ocasión corresponde al italiano Giorgio Agamben, alumno del filósofo Martin Heidegger y traductor de Walter Benjamin: “Los poderes y las instituciones no están hoy deslegitimados porque hayan caído en la ilegalidad. Es verdad más bien lo contrario, la ilegalidad está tan difundida y generalizada porque los poderes han perdido toda conciencia de su legitimidad. Por ello, es vano creer que se puede afrontar la crisis de nuestra sociedad mediante las acciones –ciertamente necesarias– del poder judicial. Una crisis que embiste la legitimidad no puede resolverse sólo en el plano del derecho.” Ahora apliquémosla a un caso conocido. Parece obvio que una reforma educativa no puede hacerse sin la participación de quienes tendrán que ponerla en práctica: los maestros frente a grupo, por eso, las frenéticas diatribas de un secretario de educación que ignora esto no tendrán efecto alguno sobre el incremento de la calidad de la educación, más bien al contrario, estorbarán por el rechazo que deja ver su ignorancia sobre el tema. Tampoco servirá invocar una legalidad repudiada. Cualquier cambio en el marco legal debe tener como prerrequisito la voluntad de los involucrados para acatarlo, el simple uso de la fuerza no será suficiente. ¿Cómo se obliga a miles de maestros, manifestándose en al menos 22 estados del país, a cumplir con una legalidad que los agrede directamente? Ninguna fuerza policial será suficiente. Con más calma, no hay policía o ejército que alcance para obligar a miles de maestros, distribuidos a lo largo y ancho del país, para acatar una norma que no reconocen. Esa es su fuerza, de los maestros o de cualquier grupo social organizado alrededor de intereses propios y bien definidos; y esa es la grave falla de una reforma laboral disfrazada de educativa. Y todavía lo anterior supone un proceso legislativo o judicial también apegado a sus propias normas, lo que tampoco se está cumpliendo puesto que ambos poderes están siendo avasallados por una pequeña cúpula, el llamado Pacto por México, que pretende una representatividad que está muy lejos de tener. Completemos la idea de Agamben expuesta en una conferencia titulada “Mysterium iniquitatis”, en latín, dado que el italiano encuentra su inspiración en la teología – reseña publicada en la Revista Ñ el 7 de octubre de este año–: “La hipertrofia del derecho, que pretende legislar acerca de todo, traiciona más bien, a través de un exceso de legalidad formal, la pérdida de toda legitimidad substancial.” Allí está nuestro problema y el porqué de la reformitis del gobierno federal y algunos estatales, creer que reglamentarlo todo modela la realidad, sin tomar en cuenta a los afectados, como si no existieran ni tuvieran la capacidad de oponerse. Para acabarla de amolar no se quiere cambiar lo que está podrido, se ignora la corrupción en escala que revienta lo que sea, por muy buenas intenciones que se tengan. Un ejemplo: “Desde 2009, 43 alcaldes han sido asesinados y otros 30 secuestrados, según ha denunciado esta semana la Federación Nacional de Municipios de México (Fenamm). México tiene 2.457 alcaldes y la organización calcula 983 han sido amenazados por carteles del narcotráfico: un 40%.” (Publicado en el diario español El País el 9 de octubre de este año). Así no se puede gobernar ningún país, tampoco promover su desarrollo, menos exigir el apego a una legalidad rebasada. A pesar de que todos conocemos, diario, de casos de corrupción extrema, pública o privada, no se hace nada. Lo más reciente son los juniors de algunos de nuestros políticos y empresarios, dicen tener ambas vocaciones, que presumen su insultante fortuna legalmente inexplicable; o los policías federales acreditados, que ya pasaron los controles de confianza y que forman parte de bandas de secuestradores o extorsionadores, y de la frustración de que no pasa nada. Esa idea produjo su efecto, cambiar la mirada y la percepción sobre los eventos que nos preocupan y afectan a todos; darles una explicación diferente, salir de la trampa de la simplificación que sólo sirve para polarizar e incrementar la intolerancia. Mientras, las cúpulas empresariales, esas que integran los poderes fácticos, se niegan a contribuir en el desarrollo de un país que se nos deshace entre las manos, prefieren sus privilegios y desvían la atención satanizando a los que menos la deben.