sábado, 3 de octubre de 2020

SENTIDO COMÚN A LA MEDIDA

 


SENTIDO COMÚN A LA MEDIDA

Joaquín Córdova Rivas

 

No todos son iguales ni pesan lo mismo. Entre los 650 firmantes del desplegado que alertan sobre “amenazas” a la libertad de expresión y a la democracia, como si antes hubiéramos vivido en el paraíso de la libertad y la democracia, hay de todo; muchos respetables en sus respectivos campos, otros, verdaderas lacras que se llenan la boca de decencia mientras colaboran en crear espacios de odio.

 

Por décadas algunos fueron nuestros guías, eran lo que opinaban sin tener a nadie enfrente que los contradijera, los que parecían, y algunos lo fueron en alguna etapa de su vida, los inconformes y críticos del sistema. Los leíamos, los consultábamos, los ad-mirábamos en los numerosos espacios escritos, radiofónicos o televisivos; algunos se convirtieron en marcas registradas y se enriquecieron sin pudor alguno. Nada que objetar, parecía justa recompensa a su intelecto y valentía.

 

Siempre hay un pero. Con el tiempo comenzamos a ver que esa pretendida y comedida denuncia, que ese arrojo que llegaba en ocasiones hasta la burla abierta estaba siendo dosificada. Ahora conocemos de las carretadas de dinero público que sirvió para inflar sus tirajes, sus audiencias, sus falsas democracias con o sin adjetivos. Ni siquiera había necesidad de amenazarlos, bastaba hacerlos experimentar la gloria de ser los consentidos del sistema y después obligarlos a tomar un baño de realidad para que regresaran al redil y hasta vendieran su opinión y conciencia.

 

Ellos, los que en realidad pesan y promovieron el desplegado, nos decían qué era la democracia, qué era la libertad de expresión de la que ellos eran muestra, qué podíamos esperar del futuro: conformarnos con lo que había porque no había de otra. Moldearon la neoliberalismo mexicano a su imagen y semejanza, y se los creímos.

 

«Por ejemplo, en un artículo para Reforma, el historiador de derecha, Enrique Krauze, se unió al linchamiento mediático de las protestas del cnte. A su modo de ver —ya que en agosto de 2013 el sindicato bloqueó el aeropuerto y las arterias principales de

la Ciudad de México—, “abusaron de su derecho constitucional de manifestarse libremente” porque sus protestas afectaron a los habitantes de la ciudad y el sindicato actuó como “si representaran no sólo a su gremio sino a todo el país”. En este sentido,

la represión masiva y encarcelamiento de manifestantes es justificada y apoyada por la ciudadanía. La falta de apoyo y hasta el linchamiento mediático del sindicato de maestros podría plantearse como una guerra de clases. En resumen, la experiencia neoliberal de México es un ejemplo de lo que resulta cuando las formas de poder, instituciones, materiales y sensibilidades neoliberales operan en la economía política permitiendo a las empresas transnacionales y corporaciones controlar la salud, vivienda, alimentación, energía, recursos naturales, modos de producción y formas de vida. De esta misma manera, el neoliberalismo ha creado instancias de dependencia perjudiciales al Estado y a las corporaciones, los cuales a su vez, florecen en niveles sin precedentes de marginalización, violencia, explotación, desplazamiento, despojo, pobreza y muerte.» Irmgard Emmelhainz.



La tiranía del sentido común. La reconversión neoliberal de México. Paradiso editores (México). 2016. Colección Continente Negro.

 

Siguen utilizando los mismos mecanismos para el control social, ahora nos alertan para que tengamos “miedo” por la pérdida de la democracia y de la amenaza a la libertad de expresión. ¿De qué están hablando? Emmelhainz —en el 2016— plantea algunas hipótesis:

 

«Lo que nos preocupa son la incertidumbre y el miedo, el ambiente que respiramos y que es administrado por el gobierno. Si antes el miedo era un fenómeno relacionado con eventos específicos, hoy en día, todo el mundo está constantemente lleno de pánico y ansiedad. En este contexto, al tiempo que impone una realidad atemorizante a través de los medios de comunicación y la producción cultural —lo sensible—, el gobierno asegura ser capaz de salvaguardar la seguridad física de los ciudadanos al luchar contra el crimen organizado (en realidad una excusa para militarizar el país y crear un estado de excepción donde se ejerce la violencia de estado). Según Virilio, la consecuencia de que impere un ambiente de miedo es que una “comunidad de emociones” prevalezca sobre una “comunidad de intereses”, es decir, el miedo colectivo da lugar a una comunidad de emociones sincronizadas pero con deseos e intereses fuera de ritmo.»

 

Se trata de reinstalar ese neoliberalismo de compinches en nuestra subjetividad, en nuestra manera de ver las cosas y actuar frente a ellas.

 

«Entiendo al neoliberalismo como la producción de sentido común basado en la racionalidad del interés propio y el deseo, y que no sólo mantiene sino que causa que las relaciones de poder (una red de control) proliferen. En otras palabras, considero al neoliberalismo como una sensibilidad que trabaja los deseos más íntimos, colonizando nuestros sueños, canibalizando nuestros ideales de libertad y regurgitándolos como estrategias de control social.»

 

No se trata de 650 “intelectuales” —para diferenciarlos del resto de la chusma que no pensamos, como ellos—, es apelar a una forma de pensar en la que estuvieron trabajando durante mucho tiempo y que los instaló en el imaginario colectivo como los intelectuales orgánicos que algunos fueron.

 

«Convirtiendo en sentido común lo absurdo de la explotación extrema, la depredación sistémica y la devastación medioambiental, la economía neoliberal ha transformado la violencia en negocio cotidiano. La híper-estimulación nerviosa del cuerpo social está produciendo un efecto de desensibilización que está haciendo que la gente se acostumbre al horror cotidiano. ¿Cómo despertar de la pesadilla?»

 

Para variar nos quedamos apenas en la superficie de un texto muy rico en ideas que vale la pena leer completo, allí está la referencia, también se puede encontrar en la web: https://www.academia.edu/37450512/Tirania_del_sentido_comu_n_la_reconversi%C3%B3n_neoliberal_de_m%C3%A9xico

 

INCONGRUENTES E INOCENTES


INCONGRUENTES E INOCENTES

Joaquín Córdova Rivas

 

Ya en serio. ¿Cuántos contagios o muertes se evitaron con los filtros sanitarios que, en las carreteras, implementaron algunos estados del centro del país? Más si tomamos en cuenta que cerca del 80 por ciento de los contagiados son asintomáticos. Conozco casos de personas que por su trabajo tienen que viajar continuamente, que pasaron en diferentes fechas por esos “filtros” y nunca fueron detectados a pesar de resultar positivos cuando se hicieron la prueba.

 

¿Cuál es la evidencia científica que está detrás de la reglamentación de que en los estacionamientos se deje vacío un espacio entre carro y carro? ¿Cuál es la probabilidad de que dos automovilistas se estacionen simultáneamente en espacio contiguos y que uno contagie al otro? Lo anterior requeriría considerar que uno es portador y el otro no, porque si ambos están sanos o ya traen el virus la medida resultaría, también, inútil.

 

Después de mucha resistencia y dejadez se instalaron filtros sanitarios en los grandes supermercados, centros comerciales y otros lugares concurridos, el resultado era fácil de prever, las aglomeraciones de clientes se pasaron de las entradas a los espacios inmediatamente aledaños a ellas. Por ejemplo, en la UMF 2 del IMSS en la delegación Cayetano Rubio los derechohabientes se congregan en ambas banquetas mientras acceden a cuentagotas, con la advertencia, de quienes controlan el acceso, de que esperen “en la sombrita” para que al tomarles la temperatura —requisito indispensable para poder entrar— no marquen lo que es natural en una piel calentada por el inclemente sol queretano. Pero si le toca sombrita pasa fresco como lechuga recién cortada. Así pasa en los bancos, me ha tocado en suerte observar clientes que llegan apurados y marcan una temperatura superior a la deseable —¿cuál será? — lo que se arregla fácil, se les hace esperar 5 minutos a la sombra y después marca lo que debe marcar.

 

Mientras, el transporte público circula atestado, sin que autoridad alguna haga nada por incrementar el número de corridas o verifique que se facilite el distanciamiento social o el uso de cubrebocas que se supone son efectivos para prevenir, en algo, los contagios. A cafeterías, restaurantes, hoteles y demás negocios les tocó aceptar una reglamentación estricta y tuvieron que cerrar por meses con la asfixia económica resultante, pero conozco maquiladoras que trabajaron sin problema con el personal completo y a tres turnos. ¿Cuál fue el criterio que se aplicó en ambos casos?

 

Ya hay estudios que plantean respuestas a esas interrogantes o siquiera se atreven a plantear muchas dudas.

 

«…la hipótesis de que la mayoría de los Estados actuales son estructuralmente incapaces de enfrentar una amenaza como la del SARS-CoV-2 sin estrategias que impliquen actos inhumanos, violatorios de derechos humanos y potencialmente criminales. Estas estrategias tienen que ver tanto con su debilidad estructural como con dinámicas más profundas relacionadas con la forma en que se configuran las relaciones de poder. Nos enfocamos en el poder Estatal entendido como dominio sobre la vida y la muerte de quienes viven o transitan por sus territorios o jurisdicciones, sobre todo en situaciones de “emergencia”.» La pandemia, el Estado y la normalización de la pesadilla. por Tamara San Miguel y Eduardo J. Almeida. 2020. https://www.desdeabajo.info/images/docs/pandemia.pdf

 

Conocemos de abusos cometidos por las “fuerzas del orden” en muchos países, hasta de brutalidades y homicidios cometidos por policías municipales en el nuestro con el pretexto de la pandemia. Incluso están los ensayos de filósofos como



Byung-Chul Han que advierten que la “eficacia” de algunos países asiáticos en un primer momento de contención del contagio se debe a su capacidad de control de la población y a la suspensión, de facto, de leyes que resguardan los derechos humanos más elementales. Bueno, hasta vimos ciudades europeas con toque de queda, lo que implica la “suspensión” en el ejercicio de derechos básicos en una democracia.

 

«Tanto la experiencia de 2001 en el campo de la seguridad como la de 2008 en el financiero nos enseña que una palabra que parece generar una aceptación casi mágica de las soluciones más aberrantes es “emergencia”. […] en un estado de emergencia no existen muchas normas jurídicas que puedan aplicarse, no es una situación de guerra por lo tanto el derecho internacional humanitario queda relegado, y no es una situación normal, no es tiempo de paz por lo que los derechos humanos quedan mayormente sujetos a los criterios que el Estado establezca para la emergencia.»

 

¿Quién decide y con qué criterios cuales actividades son prioritarias o esenciales? ¿Por qué una maquiladora puede trabajar a planta obrera completa, tres turnos y se niega la posibilidad de realizar actividades artísticas, con acceso regulado y en espacios abiertos? ¿Por qué sabiendo que la actividad física es indispensable para tener un sistema inmunitario resistente se cierran espacios deportivos, a la vez que se sigue permitiendo la venta de comida chatarra que lo vulnera? Quieren, y a veces lo logran, que olvidemos que esta pandemia y las que vienen se dan en un ambiente específico y poco “natural”.

 

«El Covid-19 no llega a un mundo en blanco, se expande en ese mundo, en ese contexto de necrocapitalismo, de violencia, de eufemismos, de bienestar privatizado, de servicios públicos insuficientes y de Estados profundamente dependientes de los actores más poderosos del mercado. En conjunto con esto, en esta crisis de 2020, la del SARSCoV- 2, no nos enfrenta a “otros” humanos, sino a un “otro” invisible y aparentemente incontenible que pone en riesgo nuestra posibilidad de respirar y por lo tanto de vivir. Esto ha generado una enorme incertidumbre sobre lo que queremos

proteger de “lo humano” y sobre cómo responder, sobre todo porque está implicando ponerse frente al sistema hegemónico y a sus inocultables contradicciones y sus peligrosas deficiencias.»

 

Sistemas de salud pública desmantelados para ser privatizados, insuficientes e inequitativos para enfrentar una pandemia como la actual o enfermedades crónicas como la diabetes, el cáncer, la hipertensión y la obesidad que nosotros mismos provocamos, no como individuos, sino como sistemas sociales que privilegian la ganancia económica, aunque nos haga daño. Lo peor, el socialconformismo, la incapacidad de reaccionar ante los abusos y las incongruencias, el criminalizarnos unos a otros en lugar de ver las fallas sistémicas que nos han llevado a las crisis dentro de la crisis.

 

«Por lo contagioso que ha resultado el coronavirus existe el grave riesgo de criminalizar al otro, de profundizar el aislamiento y la desconfianza. En las ciudades la fragmentación ya era un problema profundo que muy posiblemente esté en aumento y corre el riesgo de agudizarse después de la pandemia.» Todas las citas son del trabajo de San Miguel y Almeida citado al inicio del texto.

  

miércoles, 2 de septiembre de 2020

NO SOMOS LO MISMO

 


NO SOMOS LO MISMO

Joaquín Córdova Rivas

 

Décadas de estar premiando conductas deshonestas, simuladoras, cínicas y corrupciones de todos los tamaños. Nuestro sistema político, nuestra casta política —porque de clase no tiene nada— devoraron o marginaron a sus mejores hombres y mujeres para promover a los “disciplinados”, a los que seguían el juego y se conformaban con las migajas que les dejaban; a destruir carreras basadas en méritos, en conocimientos, en valores civiles y republicanos. Por eso no hay oposición a la vista.

 

«Si me limitase a adjetivar el capitalismo mexicano en el siglo veinte no hay término más apto que capitalismo de compinches. Esto es, el capitalismo limitado estrictamente a las relaciones entre camaradas, personas con las que hay un tácito acuerdo para realizar transacciones comerciales por encima de cualquier precepto moral y legal. El término conlleva implícitamente que la índole de las relaciones comerciales entre compinches suelen obviar las leyes que regulan dicha actividad. Muchas de esas relaciones también conllevan un acuerdo tácito en el que los conflictos de intereses son obviados en pro de un beneficio mutuo entre los compinches que participan en las transacciones, sin consideración alguna por el daño moral a las partes que se ven afectadas por el impacto de dicha actividad. El elemento que cohesiona a este tipo de capitalismo es el desprecio de la ley y de la moral. Los acuerdos de negocio se hacen cuantas veces sea necesario por encima de la ética y por encima de las leyes. Lo único que importa es el beneficio mutuo, sea económico o de acceso a mayores cotas de poder. Es el capitalismo de hampones.» Álvaro de Regil Castilla, 2010, bibliografía completa al final.

 

¿De dónde sacar un programa alternativo de nación que no se regrese como escupitajo tirado al cielo? ¿A poco van a estar en contra de quitarle al neoliberalismo algunas de sus características depredadoras y excluyentes que lo tienen en crisis permanente desde hace 40 años? ¿Quién va a proponer que no exista batalla contra la corrupción, que no se investigue a funcionarios deshonestos, que no se permita el narco financiamiento de las estructuras electorales y políticas? ¿Cómo negar las obras públicas que cuestan 5 veces más que su valor real y que ni siquiera funcionan? —la refinería calderonista, las aulas escolares, las carreteras y caminos, los hospitales y clínicas—. ¿Quién le va a borrar a los viejitos, a los estudiantes, a los que buscan capacitarse para tener su primer empleo, a los discapacitados, de los programas compensatorios? ¿Algún valiente que defienda ante millones de electores el regreso de los “beneficios fiscales” a los más ricos?

 

No hay imaginación, no hay liderazgo moral, no hay personaje que represente la posibilidad de algo mejor sin engañar cínicamente.

 

Y entonces, dentro del espectro ideológico tradicional las principales críticas y propuestas solo pueden venir de un solo lugar: la izquierda. Y a la derecha política le queda como metáfora la de esos canes aburridos que para entretenerse persiguen en círculos interminables, su propia cola. Es que no se han dado cuenta que su agenda conservadora se la robó el actual gobierno y con ella está exhibiendo sus incongruencias. Por eso utilizar la falsa “amenaza comunista” no se la creen ni ellos.

 

Por el lado de la izquierda sí hay mucho qué avanzar, son los temas que AMLO deja continuamente de lado, que no enfrenta porque “el pueblo” no se lo ha dicho con suficiente claridad: la agenda feminista con sus múltiples ramificaciones —contra la penalización del aborto, contra la trata de personas, contra la pedofilia, contra la discriminación laboral y salarial, por un mayor equilibrio en las actividades domésticas y del cuidado de los más vulnerables (los niños, los ancianos, los enfermos, los discapacitados).

 

La agenda ambientalista y todo lo que tiene que ver con las energías “limpias” y renovables, el acceso público a un aire limpio, al agua como derecho humano y no como negocio, el respeto estricto a las áreas naturales protegidas y su expansión, a reglamentaciones más específicas que eviten la rapiña y el despojo de los fraccionadores.

 

Así podríamos seguir con el resto de los temas: la salud, la educación, la alimentación suficiente y nutritiva —contra la comida chatarra—, el acceso a la energía e interconectividad. Pero pueden quedar para otra ocasión.

 

A pesar de sus “asesores” extranjeros, la derecha mexicana no tiene camino, se lo quitaron y no lo quiere reconocer, su última línea de defensa, a la exhibición de sus corruptelas, a sus fracasos discursivos, a sus hipócritas llamamientos es decirnos que todos somos lo mismo.

 

Que somos igual de corruptos, igual de cínicos, igual de avariciosos, igual de sinvergüenzas, igual de pervertidos, que ser todo eso es parte de nuestra “naturaleza” humana y que ellos simplemente lo reconocen y lo practican, pero que los demás también.

 

Ante tal mentira es necesario marcar las diferencias, y en eso perdieron la ventaja, y gritarles a la cara que no todos somos como ellos. Para mayor detalle e información hay abundante bibliografía que documenta históricamente sus corruptelas, solo hay que buscarlas.

 

“México frente a la escoria ladrona” es un estudio sobre la indignante situación que padece nuestro país. Se trata de las ilegalidades sistemáticas efectuadas por los gobernantes en contra invariablemente de sus ciudadanías. Se trata de un entramado institucional que establece los privilegios depredatorios para la coalición gobernante. Se trata, inequívocamente, de una “isla despótica” que mantiene, acentuadas, todas las lacras autoritarias e ilegales del Estado mexicano, con efectos profundamente lesivos para el bienestar público. Como si su reloj histórico se hubiese detenido antes de ajustarse con el de Occidente, y la hora de la modernidad quedara en una inalcanzable promesa.» Guadalupe Lizárraga. Periodista y escritora independiente. Prólogo al libro México frente a la Escoria Ladrona. Dignidad o capitulación frente al secuestro de México por las mafias político-empresariales. Álvaro de Regil Castilla. 2010. La Alianza Global Jus Semper. Portal en red: www.jussemper.org/Inicio/Index_castellano.html

 

 

viernes, 21 de agosto de 2020

AVARICIA SIN CONTROL

 

AVARICIA SIN CONTROL

Joaquín Córdova Rivas

 

La congruencia entre lo que decimos, pensamos y hacemos es la base de la confianza, no de forma ciega, la confianza se construye con el trato, necesitamos creer que los demás son honestos en la medida que nosotros lo somos. No hay otra forma de convivir pacíficamente.

 

No podemos resignarnos ni caer en fatalidades, nuestro refranero, que asumimos recoge parte de la sabiduría popular, nos advierte: «En arca abierta, hasta el justo peca», como si no hubiera alternativa, como si eso que llamamos tentación fuera mas bien una condena, que la avaricia pertenece a nuestro código genético y que no hay nada qué hacer por ese lado. El significado que atribuye al refrán el Centro Cultural Cervantes es descorazonador: «Dada la fragilidad humana, no debe haber descuidos que favorezcan los delitos ni dar facilidades para cometer un delito o caer en la tentación.» https://cvc.cervantes.es/lengua/refranero/ficha.aspx?Par=58702&Lng=0

 

Pero entonces los preceptos religiosos, los que sean, carecen de sentido; también la educación formal que no logra convencer o domar nuestros “instintos”, asumiendo que robar sea parte de ellos. Parece que ni siquiera el buen ejemplo de nuestros padres; de personajes respetables, honestos, honorables porque son incapaces de robar, aunque tengan la oportunidad, tienen efecto alguno. ¿Será una pérdida de tiempo tratar de reforzar esa “fragilidad humana”, la exhibición de prácticas socialmente deleznables servirá de algo?

 

«Las palabras avaricia y avidez comparten raíz, ambas describen la acumulación anhelante, dolorosa en su afán; la lengua antigua la retrataba con la imagen de un río que no sacia al avariento: “Tú eres avaricia, eres escaso mucho, / non te fartaría el Duero con el su aguaducho” decía el Libro de buen amor.» Lola Pons Rodríguez. La avaricia. Diario El País. 11 de agosto 2020.

 

«Una de las cuestiones que más asombra es la insaciabilidad de algunas personas que cuentan con cantidades de dinero suficientes para más de diez vidas y que siguen robando. En realidad, no puedes comer más de dos o tres veces al día, y tampoco se puede dormir más que en una cama en cada ocasión. En el fondo hay un tope, más allá del cual el dinero se convierte en una molestia y no en una ayuda.»

 

Presumimos ser herederos de una cultura judeo-cristiana, esa que resumió en diez mandamientos las bases de una comunidad basada en valores compartidos y en el temor a una divinidad que se entera de todo, la finalidad es muy obvia, poner freno a comportamientos lesivos para todos. La cita anterior y la que viene corresponden a reflexiones del filósofo Fernando Savater y su libro “Los diez mandamientos en el siglo XXI”, para ello escribe respecto del último mandamiento: «No codiciarás los bienes ajenos. El escritor y Yahvé analizan las dificultades para hacer cumplir este mandamiento. Qué difícil debe de ser cumplir con este precepto cuando la codicia parece que funciona en todo el mundo de una manera abrumadora. Vemos que una serie de personajes, incluso los más celebrados, son codiciosos, y en ocasiones de un modo insaciable. Por mucho que hayan alcanzado, acumulado o robado, nunca es suficiente. Los mayores fraudes no los cometen quienes quieren hacerse ricos, sino quienes quieren hacerse más ricos. Y esto ocurre tú lo sabes bienen un mundo donde millones y millones de personas viven con menos de un dólar diario. El espectáculo de la codicia desenfrenada asusta y repugna a la vez.»

 

Tanta importancia se le da que: «Para el rabino Isaac Sacca, —Gran Rabino de la Comunidad Sefardí de Buenos Aires. Fundador y presidente de Menora, Organización Mundial para la Juventud. Miembro de la Superior Academia Rabínica de Jerusalén Iehave Daat.— “este mandamiento en cierta medida desencadena los anteriores. El que envidia roba, el que envidia levanta falso testimonio, el que envidia mata, el que envidia comete adulterio. La envidia es la raíz de los grandes males de la sociedad. Dios no nos convoca a apartarnos del mundo, pero nos advierte: cuidado con el descontrol de la codicia, de la envidia y de la ambición, porque eso destruye al hombre y lo lleva a matar, robar, cometer adulterio y mentir, que son los grandes males de la sociedad”.» Citado por Fernando Savater.

 

El médico neurocirujano, psicoanalista y escritor argentino: Marcos Aguinis define con precisión la codicia: «Es una condena para el que la sufre —afirma—, porque lo convierte en un ser mitológico que termina por morirse de hambre, debido a que todo lo que toca es oro. Es decir, es un individuo que jamás puede satisfacerse, que jamás llega a estar feliz, porque todo lo que consigue lo lleva a desear conseguir más. Entonces es una carrera loca, es una rueda que gira en el espacio que nunca llega a ninguna parte». Citado por Fernando Savater.

 

El rabino Sacca dice que «el Talmud explica que el que más tiene más codicia, el que más tiene más le falta. Si uno tiene cien quiere doscientos, si desea doscientos quiere cuatrocientos. La codicia no es una prohibición dirigida sólo a los que carecen de bienes, sino a la totalidad de los seres humanos. Éste es el último mandato de Dios, si surge el sentimiento de codicia y no lo controla, vuelve a transgredir los nueve anteriores. Se genera un círculo de transgresión permanente». Ídem.

 

«Más allá de las críticas, incluso desde el punto de vista de quienes no somos creyentes, la idea de un dios terrible, cruel y vengativo no está mal pensada, porque en definitiva todos los tabúes se basan en algo terrible. ¿Qué pasaría si no cumpliésemos? ¿Qué pasaría si todos los hombres decidiéramos matarnos unos a otros? ¿Si decidiéramos renunciar a la verdad o robáramos la propiedad de los demás o violáramos a todas las mujeres que se cruzaran en nuestro camino? Un mundo así sería horrendo. Ese dios terrible es el que representaría el rostro del mundo sin dios. La divinidad que castiga es, en el fondo, lo que los hombres serían sin las limitaciones impuestas por el dios. Es cierto que ese Yahvé puede resultar espantoso, pero los hombres sin tabúes pueden resultar peores. Ese rostro temible del dios nos recuerda lo fatal que sería carecer de autoridad, de restricciones al capricho y a la fuerza.» F. Savater. Ídem.

 

Pensar que todos los seres humanos somos lo mismo y que no podemos controlar nuestros impulsos es claudicar a la pretensión de que la Humanidad —con mayúsculas— tiene como finalidad desarrollar mejores seres humanos. Que el entramado institucional que construimos, que los valores que defendemos e inculcamos en nuestros descendientes a través de la ética, de la moral ciudadana, de los preceptos religiosos, de la educación pública, del ejemplo, no tienen sentido. Que caímos ya en la fatalidad de que cualquiera es un sinvergüenza, nada más falta que alguien, más corrupto y envidioso, lo exhiba. No hay “moralimetro” más efectivo que la congruencia y el ejemplo, cuando esto falla hay que acudir a las leyes, a su aplicación pareja, al escarnio público.

viernes, 14 de agosto de 2020

LA ESCUELA AUSENTE

LA ESCUELA AUSENTE

Joaquín Córdova Rivas

 

«La sensación que en este momento tenemos estudiantes y docentes es que hemos perdido la escuela, perdimos las aulas.» Ángel Díaz Barriga en: iisue (2020), Educación y pandemia. Una visión académica, México, unam, <http://www.iisue.unam.iisue/covid/educacion-y-pandemia>, consultado el 25 de mayo, 2020.

 

A bote pronto porque la situación lo exige, existen investigaciones y reflexiones sobre el significado de cerrar los centros educativos en sus diferentes modalidades, pero la “sensación” es esa “perdimos las aulas” no como simple espacio físico, sino por todo lo que significan.

 

Ya sabemos que este modelo de educación pública, gratuita y obligatoria nació con el despotismo ilustrado en la Prusia del siglo XVIII, que se adaptó y adoptó exitosamente con el modelo productivo de la Revolución Industrial, que tiene ese sesgo ideológico, pero que aun así, tiene y puede tener características rescatables.

 

Como corresponde, el Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la UNAM, publica la opinión de sus académicos sobre lo que está pasando y puede ocurrir con la abrupta situación que padecemos.

 

De entrada, la cruda realidad que impide el simple traslado de un modelo presencial a uno virtual, van cifras oficiales de hace 5 años que no han cambiado significativamente: «de un total de 173,000 establecimientos de educación básica, 125,552 escuelas (82.1 por ciento) no cuentan con servicios telefónicos; 76,383 (48 por ciento) carecen de computadoras o no funcionan, y 123,511 (80.8 por ciento) no tienen acceso a internet.» Hugo Casanova Cardiel. Ídem.

 

Esas increíbles carencias están siendo subsanadas por los docentes y sus recursos propios, sus líneas telefónicas, sus teléfonos celulares, tabletas o computadoras portátiles o de escritorio, por el acceso a internet pagado de su bolsillo, por su tiempo fuera de horario laboral, por su medio de transporte, por su capacitación a las carreras, pero con muchas ganas, por la expectativa y esperanza de que sus estudiantes aprendan en un entorno que dista mucho de ser el ideal. Y aún así nunca se les consultó cómo hacer para que la escuela en casa fuera posible.

 

«La profesión docente quedó reducida al técnico que elige materiales para trabajar con sus estudiantes. No se analizaron las condiciones del profesorado ni de las familias. En una encuesta aplicada por la sección 9 del snte/cnte a docentes de la Ciudad de México, 58 por ciento respondió que cuenta con una formación digital básica, 16 por ciento afirmó que sólo tiene un teléfono inteligente para acceso a plataformas digitales, y únicamente 1.7 por ciento está en condiciones de manejar programas de diseño. En la misma encuesta, los profesores manifestaron que sólo 25 por ciento de sus alumnos tiene una computadora conectada a internet en su casa, y que 75 por ciento de sus padres o madres tienen que salir a trabajar fuera del hogar. […] En este panorama, el programa de educación digital es un amplio ejemplo de promoción de la desigualdad social. […] En mi opinión se ha desaprovechado una oportunidad muy importante para abrir una reflexión sólida sobre lo que significa la escuela como un espacio perdido, tema que se podría interpretar desde dos vertientes: por un lado, la pérdida de los estudiantes de su espacio de encuentro, de intercambio y de socialización, y por otro, la pérdida de rumbo de la educación, que ha quedado atrapada en el formalismo del currículo, del aprendizaje, de la eficiencia y de la evaluación; la escuela que se ha olvidado que su tarea es educar y formar»  La escuela ausente, la necesidad de replantear su significado. Ángel Díaz Barriga. Ídem.

 

Mientras, el planeta sigue su curso indiferente a nuestro destino: «Somos los humanos quienes, aterrados por una muerte invisible y viral, hemos detenido nuestras relaciones, encerrándonos en unidades cada vez más pequeñas: el Estado-nación, la ciudad, la comunidad, la casa, la soledad. También quedaron otras cosas, como la depresión, la angustia, la desigualdad y la miseria. […] El modelo casi universal de escuela cumple funciones básicas en la regulación social. Señala los usos de los tiempos a lo largo del día; marca algunos periodos vacacionales […] cuida a los niños y niñas para que sus padres, madres o tutores puedan acceder al mercado laboral; otorga credenciales, y da sustento a millones de personas. Además, determina ciclos vitales etarios, organizando la sociedad con base en la edad. Mucho de esto reproduce las condiciones sociales inequitativas. Pero la escuela siempre tiene más de una cara. Estas mismas regulaciones posibilitan a las mujeres ingresar al mercado laboral y combatir, aunque sea un poco, a la sociedad patriarcal; da tiempo a los niños y las niñas para crear espacios propios, lejos y libres de sus padres, y esta congregación de niños, adolescentes y jóvenes en un solo espacio permite la democratización de cierto conocimiento y la interacción entre miembros de una misma generación. […] La pandemia producida por el coronavirus, al cerrar las instituciones educativas como espacios físicos, canceló su lado creativo; es decir, sus potencialidades liberadoras.» La pandemia en la escuela: entre la opresión y la esperanza. Sebastián Plá. Ídem.

 

En muchos textos anteriores hemos insistido en que los humanos aprendemos y nos formamos en contacto con otros humanos, diferentes, diversos a nuestro núcleo social inicial: la familia. Que el espacio escolar es mucho más que lo físico: «En hogares signados por la violencia, las estructuras familiares se vuelven inestables y poco propicias para favorecer el aprendizaje. Para los niños y las niñas que sufren de violencia en sus hogares, las escuelas no sólo son espacios para el aprendizaje, sino áreas de protección, contención y ternura.» El hogar y la escuela: lógicas en tensión ante la COVID-19. Gabriela de la Cruz Flores. Ídem.

 

Se acaba el espacio y faltan muchas ideas por procesar, por eso la recomendación de leer los textos completos, pero antes de cerrar este, algunas preguntas y propuestas sobre este modelo de escuela: «¿Está ayudando a reducir la ansiedad por el encierro y el temor a la muerte? ¿Qué está haciendo para mitigar, aunque sea mínimamente, la violencia familiar que encrudece el aislamiento y la pandemia? ¿Qué está haciendo para educar en salud? Pensar la escuela para la sociedad, no para la escuela. Dejaría de ser la competitividad la finalidad última y enfrentaría lo que fácilmente salta a la vista: una sociedad carcomida por la violencia y la desigualdad. De esta manera, trataría de enseñar perspectivas para contrarrestar la violencia de género, el mandato de masculinidad, la violencia que produce el racismo y la discriminación, la exclusión etaria y combatiría la pobreza y la violencia de clase. También rechazaría la violencia alimentaria producida por los productos ultraprocesados, que la propia escuela ha ejercido por décadas, vendiéndolos en su interior. También educaría para el trabajo colectivo, no competitivo. Este diagnóstico vería la importancia de limitar la escuela al tiempo escolar y que ese tiempo de los alumnos sea libre de padres y madres de familia, y de los grandes capitales informáticos. Una escuela que en vez de formar al líder del mañana, evite al macho del mañana.» Sebastián Plá. Ídem.

 

Y todo eso a pesar de prejuicios e intolerancias que se disfrazan detrás de términos como “violencia dogmática”, como si la humanidad fuera estática y no un proceso continuo de tolerancia, diversidad y aprendizaje de la libertad.

TODOS SOMOS VIDA… Y CAMBIO

 TODOS SOMOS VIDA… Y CAMBIO

Joaquín Córdova Rivas

 

«Todos somos cuerpos que transportan una increíble cantidad de bacterias, virus, hongos y no humanos. 100 mil millones de bacterias de 500 a 1.000 especies se instalan en nosotros. Esto es diez veces más que la cantidad de células que componen nuestro cuerpo. En resumen, no somos un solo ser vivo sino una población, una especie de zoológico itinerante, una casa de fieras. Aún más profundamente, múltiples no humanos, comenzando con virus, han ayudado a dar forma al organismo humano, su forma, su estructura. Las mitocondrias de nuestras células, que producen energía, son el resultado de la incorporación de bacterias. Esta evidencia científica debería llevarnos a cuestionar la sustancialización del individuo, la idea de que es una entidad en sí misma y cerrada al mundo y a la otredad.» El virus es una fuerza anárquica de metamorfosis. Por Emanuele Coccia. Publicado en Philosophie Magazine. 26 de marzo de 2020.

 

Apenas comenzaba la pandemia y los científicos sociales, ya daban señales de que estábamos ignorando lo más básico, que comenzábamos a perdernos en el laberinto de la ignorancia mezclada con una ciencia más digna de un meme que de conocimiento debatible y sujeto a cambios. Emanuele Coccia en la cita anterior, nos recuerda lo que nuestra soberbia nos hace olvidar: no somos individuos aislados de las diferentes manifestaciones de vida y no vida de este planeta, y para bien o para mal, contribuimos a nuestro propio cambio y destrucción.

 

Más crudo para que se entienda: «Solo piense en el hecho elemental de comer: nuestra vida está literalmente construida sobre los cadáveres de los vivos. Nuestro cuerpo es el cementerio de un número infinito de otros seres. Y nosotros mismos seremos consumidos por otros vivos. Con el virus, nos damos cuenta de que este increíble poder de novedad no está vinculado a una dotación anatómica específica, por ejemplo, en tamaño o en capacidad cerebral. Tan pronto como haya vida, sin importar dónde se encuentre en el árbol de la evolución, estamos en presencia de un poder colosal capaz de cambiar la faz del planeta.»

 

Apenas dos pedacitos de un texto más amplio que además es una entrevista, cualquier objeción habría que guardarla hasta leerla completa. Pero negar que somos apenas una parte de eso que llamamos vida es negar nuestra propia forma y sustancia. Pero hay otros “negacionismos” igualmente dañinos: «La cultura dominante padece un problema muy básico de negacionismo. Pero no en el que era el sentido más habitual de negacionismo hace veinte años (referido al Holocausto, la Shoah), el que podríamos llamar nivel cero. Ni tampoco al más corriente hoy, el negacionismo climático, nivel uno. El nivel dos es un negacionismo más amplio: el negacionismo que rechaza que somos seres corporales, finitos y vulnerables, seres que han puesto en marcha procesos destructivos sistémicos de magnitud planetaria, y que hemos desbordado los límites biofísicos del planeta Tierra. Me refiero al negacionismo que rechaza la finitud humana, nuestra animalidad, nuestra corporalidad, nuestra mortalidad, y esos límites biofísicos que visibiliza, por ejemplo, la famosa investigación (sobre nine planetary boundaries) de Johan Röckstrom y sus colegas en el Instituto de Resiliencia de Estocolmo. Y habría, más allá de esto, un tercer nivel de negacionismo: el que rechaza la gravedad real de la situación y confía en poder hallar todavía soluciones dentro del sistema, sin desafiar al capitalismo.» Por Jorge Riechmann. La crisis del coronavirus y nuestros tres niveles de negacionismo. Publicado en The Conversation. 26 de marzo, 2020.

 

Con una mayor cercanía geográfica, los pueblos oaxaqueños y su sabiduría ancestral: «Después del siglo XVI y a través del tiempo, los pueblos indígenas enfrentaron otras epidemias. En la tradición oral, tradición que habita en la memoria, las personas mayores de mi comunidad guardan relatos de aquellos años: las casas que quedaban

desiertas ante la muerte de quienes la habitaban, el miedo cotidiano, la angustia de no poder cumplir con los rituales fundamentales y necesarios para que los muertos emprendieran su viaje, las características de una enfermedad, jëën pä’äm, que desde el mixe se traduce como “la enfermedad del fuego”, por las fiebres altísimas que la acompañan, pero que no he podido identificar plenamente. […] una gran epidemia que asoló a toda la región, para evitar el contagio una familia decidió tomar todo el maíz y el alimento disponible y huir a un lugar en donde la enfermedad no podía alcanzarlos. Como después leí en el extraordinario cuento de Edgar Allan Poe La máscara de la muerte roja, algo similar sucedió con esta familia que disfrutó de los alimentos sustraídos a la comunidad sin preocuparse de la epidemia, como es de esperarse, la enfermedad viajaba con ellos y nadie más pudo ayudarlos, después de la muerte que interrumpió el disfrute de lo hurtado nadie pudo enterrarlos, sus cuerpos quedaron abiertos y secos al sol. Mi tatarabuelo, después de narrar la historia, pidió a quienes lo escuchaban que no creyeran nunca esa mentira de que el bien individual se opone al bien colectivo. […] En el discurso se ha creado una permanente tensión entre el bien individual y el interés colectivo que frustra y limita al individuo. La explotación de esta aparente contraposición entre individuo y comunidad se sembró como la semilla del miedo para construir una propaganda anticomunista y también se utiliza hoy para demeritar las múltiples luchas por la construcción de estructuras sociales más ancladas en la solidaridad, en el apoyo mutuo y en la comunalidad. […] El capitalismo ha necesitado de la idea del éxito individual y del mérito personal, el capitalismo ha exaltado la idea del individuo que teme una conjura comunista o comunal que le arrebate su propiedad adquirida con tanto celo. Pero un virus no es propiedad privada. En las periferias del capitalismo y del Estado hemos aprendido otras verdades… Jëën pä’äm o la enfermedad del Fuego. Por Yásnaya Elena Aguilar. Publicado en El País 22 de marzo, 2020.

 

Esto es apenas una probadita de reflexiones que han surgido, o resurgido, porque no son temas nuevos, aunque la situación nos lo parezca, y que se encuentran recopilados en: Capitalismo y Pandemia. Editorial: Filosofía Libre. 1ra. edición: abril 2020. Se puede encontrar en diferentes direcciones electrónicas, como: https://kehuelga.net/IMG/pdf/Capitalismo-y-Pandemia.pdf

 

Pero no es la primera ni única recopilación, hay otras, igualmente interesantes e imprescindibles para quien quiera opinar con mejores argumentos en: https://www.primicias.ec/noticias/cultura/pensamiento-sigue-siendo-necesario-epoca-pandemia/

NO HAY MORAL


 NO HAY MORAL

Joaquín Córdova Rivas

 

No son simples números grandototes, no son solo montañas de dinero que no alcanzan a gastarse en una vida, son cientos o miles de plazas de médicos, enfermeras, maestros, son aulas, caminos, escuelas, hospitales y clínicas, es la diferencia entre la vida o la muerte para muchos, es la distancia entre miles de vidas dignas y la pobreza extrema, es la condena a la desigualdad social o la oportunidad de aprovechar las oportunidades que deberíamos de tener todos.

 

No tiene caso contribuir a la danza de números o al escarnio social que se torna inútil por falta de resultados, interesa ahora saber qué circunstancias de vida determinan que existan ese tipo de malas personas que, sabiendo, porque lo saben, que su actuar provocará daños a miles o millones de semejantes, se esfuerzan por robar, por corromper, por embarrar y hasta mandar a la cárcel a familiares y cercanos con tal de salirse con la suya.

 

«… a diferencia de otros seres vivos o inanimados, los hombres podemos inventar y elegir en parte nuestra forma de vida. Podemos optar por lo que nos parece bueno, es decir, conveniente para nosotros, frente a lo que nos parece malo o inconveniente. […] De modo que parece prudente fijarnos bien en lo que hacemos y procurar adquirir un saber vivir que nos permita acertar. A ese saber vivir o arte de vivir si prefieres, es a lo que llaman ética.» Ética para Amador. Fernando Savater. http://www.paginaspersonales.unam.mx/files/981/Savater_etica_amador2.pdf

 

Distinguir entre lo bueno y lo malo se aprende, ser honesto o corrupto también, aunque podemos admitir que en ocasiones las fronteras parecen difusas, cada sociedad tiene maneras de enseñar lo que es válidamente aceptado y lo que no y en ello interviene la familia, la escuela, la religión, las tradiciones y costumbres, también eso que llamamos moral y que parece contenido en preceptos que se asumen como atemporales, como los diez mandamientos cristianos por ejemplo, o reglamentaciones más complejas que encontramos en los textos considerados sagrados por los distintos grupos humanos de donde provenimos. De hecho, algunos filósofos de la educación encuentran que la educación escolarizada, presencial, sirve para destorcer lo torcido por algunas familias, por fanatismos o por otras creencias o formas de socialización.

 

Solemos decir que alguien no tiene moral ni ética porque no piensa ni se comporta como creemos que debiera hacerlo, pero eso es una simplificación peligrosa porque corta cualquier posibilidad de argumentación y de transformación. En el otro extremo podemos caer en el error de creer que es solo el individuo el responsable de su actuar y pensar, pasando por alto las determinaciones socioculturales en que estamos sumergidos. Resumiendo, vivimos en una sociedad neoliberal que tiene su propia forma de entender la moral y la ética, no es que no la tenga o vaya en contra de ella.

 

«Se suele entender que la racionalidad humana consiste en maximizar el beneficio, caiga quien caiga. Incluso la racionalidad económica. Ese es el egoísta: el que en todas sus jugadas intenta obtener el máximo, le pase lo que le pase al otro. Creo que el neoliberalismo ha asumido la costumbre desafortunada de decir que somos individuos egoístas, y que la maximización del beneficio es lo nuestro... eso me parece una ideología. No es verdad. Somos seres que nos hacemos unos con otros, y el que es cooperativo está trabajando por el otro y por sí mismo. Es mucho más inteligente. […]

La corrupción es una lacra, un atentado contra el Estado y el bien común. Creo que es una buena noticia –pienso en España– que los casos de corrupción se descubran y que los jueces actúen, impongan penas y la ciudadanía se dé cuenta de que el Poder Judicial actúa. Y que las personas que se corrompen se den cuenta de que no hay impunidad. Porque en los regímenes autoritarios y totalitarios por supuesto que hay corrupción, muchísima, pero ni sale a la luz. Es una desgracia que la corrupción exista, pero en los países democráticos sale a la luz, los jueces toman medidas y la castigan. https://www.eltiempo.com/vida/educacion/entrevista-a-adela-cortina-sobre-la-etica-234786

 

Y esta idea de que el capitalismo se sustenta en una forma de pensar, en una ideología, en su propia ética que intenta, con cierto éxito, que las personas piensen y actúen de determinada manera, no es un rollo de la izquierda.

 

«A principios del siglo XX, en el famoso libro La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Max Weber brindaba un “diagnóstico de época” que incluso hoy día nos resulta algo curioso. El diagnóstico en cuestión, anunciado ya en el título de aquel libro, advierte que el capitalismo moderno tiene una “ética”. Diagnóstico bastante curioso, especialmente para quienes creen que las relaciones capitalistas de producción no expresan más que la “ley de la selva”, sin ningún otro valor moral o mandato ético capaz de regularlas y encauzarlas. Para el diagnóstico weberiano, la ética capitalista cumple efectivamente una función regulativa; más aún, es una de las tantas condiciones concretas sobre las cuales se apoya el capitalismo moderno. […] La ética, entendida en estos términos, no sólo se refiere a la constante observación de los códigos morales impuestos en casi todas las culturas (no matar, no robar, no mentir, etcétera), sino que incluye actividades más relacionadas con los detalles de la vida cotidiana. Hablamos de conductas raras vez asociadas con el buen obrar, como ejemplo la alimentación, la sexualidad, el cuidado del cuerpo, el trabajo y otras tantas

actividades que por lo general realizamos de una manera automática y sin mayores cuestionamientos.» ¿Hay una ética en el capitalismo contemporáneo? Neoliberalismo y crítica. Pablo Martín Méndez. https://www.academia.edu/38307495/_Hay_una_%C3%A9tica_en_el_capitalismo_contempor%C3%A1neo_Neoliberalismo_y_cr%C3%ADtica

 

Por eso urge cambiar, en lo inmediato y en lo posible, el modelo socioeconómico, porque sustenta una ética y moral que vemos, continua y cotidianamente, que es inconveniente para el desarrollo comunitario en todos sus ámbitos. Las oleadas de violencia, el crecimiento del crimen organizado, el inconveniente incremento en el consumo de sustancias adictivas, los feminicidios, la trata de personas, la corrupción e impunidad, entre otras muchas lacras, tienen su caldo de cultivo en un capitalismo desbordado —neoliberal—, basado en el despojo y la destrucción. Ponerle freno y límites es el momento en el que estamos.