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viernes, 14 de agosto de 2020

LA ESCUELA AUSENTE

LA ESCUELA AUSENTE

Joaquín Córdova Rivas

 

«La sensación que en este momento tenemos estudiantes y docentes es que hemos perdido la escuela, perdimos las aulas.» Ángel Díaz Barriga en: iisue (2020), Educación y pandemia. Una visión académica, México, unam, <http://www.iisue.unam.iisue/covid/educacion-y-pandemia>, consultado el 25 de mayo, 2020.

 

A bote pronto porque la situación lo exige, existen investigaciones y reflexiones sobre el significado de cerrar los centros educativos en sus diferentes modalidades, pero la “sensación” es esa “perdimos las aulas” no como simple espacio físico, sino por todo lo que significan.

 

Ya sabemos que este modelo de educación pública, gratuita y obligatoria nació con el despotismo ilustrado en la Prusia del siglo XVIII, que se adaptó y adoptó exitosamente con el modelo productivo de la Revolución Industrial, que tiene ese sesgo ideológico, pero que aun así, tiene y puede tener características rescatables.

 

Como corresponde, el Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la UNAM, publica la opinión de sus académicos sobre lo que está pasando y puede ocurrir con la abrupta situación que padecemos.

 

De entrada, la cruda realidad que impide el simple traslado de un modelo presencial a uno virtual, van cifras oficiales de hace 5 años que no han cambiado significativamente: «de un total de 173,000 establecimientos de educación básica, 125,552 escuelas (82.1 por ciento) no cuentan con servicios telefónicos; 76,383 (48 por ciento) carecen de computadoras o no funcionan, y 123,511 (80.8 por ciento) no tienen acceso a internet.» Hugo Casanova Cardiel. Ídem.

 

Esas increíbles carencias están siendo subsanadas por los docentes y sus recursos propios, sus líneas telefónicas, sus teléfonos celulares, tabletas o computadoras portátiles o de escritorio, por el acceso a internet pagado de su bolsillo, por su tiempo fuera de horario laboral, por su medio de transporte, por su capacitación a las carreras, pero con muchas ganas, por la expectativa y esperanza de que sus estudiantes aprendan en un entorno que dista mucho de ser el ideal. Y aún así nunca se les consultó cómo hacer para que la escuela en casa fuera posible.

 

«La profesión docente quedó reducida al técnico que elige materiales para trabajar con sus estudiantes. No se analizaron las condiciones del profesorado ni de las familias. En una encuesta aplicada por la sección 9 del snte/cnte a docentes de la Ciudad de México, 58 por ciento respondió que cuenta con una formación digital básica, 16 por ciento afirmó que sólo tiene un teléfono inteligente para acceso a plataformas digitales, y únicamente 1.7 por ciento está en condiciones de manejar programas de diseño. En la misma encuesta, los profesores manifestaron que sólo 25 por ciento de sus alumnos tiene una computadora conectada a internet en su casa, y que 75 por ciento de sus padres o madres tienen que salir a trabajar fuera del hogar. […] En este panorama, el programa de educación digital es un amplio ejemplo de promoción de la desigualdad social. […] En mi opinión se ha desaprovechado una oportunidad muy importante para abrir una reflexión sólida sobre lo que significa la escuela como un espacio perdido, tema que se podría interpretar desde dos vertientes: por un lado, la pérdida de los estudiantes de su espacio de encuentro, de intercambio y de socialización, y por otro, la pérdida de rumbo de la educación, que ha quedado atrapada en el formalismo del currículo, del aprendizaje, de la eficiencia y de la evaluación; la escuela que se ha olvidado que su tarea es educar y formar»  La escuela ausente, la necesidad de replantear su significado. Ángel Díaz Barriga. Ídem.

 

Mientras, el planeta sigue su curso indiferente a nuestro destino: «Somos los humanos quienes, aterrados por una muerte invisible y viral, hemos detenido nuestras relaciones, encerrándonos en unidades cada vez más pequeñas: el Estado-nación, la ciudad, la comunidad, la casa, la soledad. También quedaron otras cosas, como la depresión, la angustia, la desigualdad y la miseria. […] El modelo casi universal de escuela cumple funciones básicas en la regulación social. Señala los usos de los tiempos a lo largo del día; marca algunos periodos vacacionales […] cuida a los niños y niñas para que sus padres, madres o tutores puedan acceder al mercado laboral; otorga credenciales, y da sustento a millones de personas. Además, determina ciclos vitales etarios, organizando la sociedad con base en la edad. Mucho de esto reproduce las condiciones sociales inequitativas. Pero la escuela siempre tiene más de una cara. Estas mismas regulaciones posibilitan a las mujeres ingresar al mercado laboral y combatir, aunque sea un poco, a la sociedad patriarcal; da tiempo a los niños y las niñas para crear espacios propios, lejos y libres de sus padres, y esta congregación de niños, adolescentes y jóvenes en un solo espacio permite la democratización de cierto conocimiento y la interacción entre miembros de una misma generación. […] La pandemia producida por el coronavirus, al cerrar las instituciones educativas como espacios físicos, canceló su lado creativo; es decir, sus potencialidades liberadoras.» La pandemia en la escuela: entre la opresión y la esperanza. Sebastián Plá. Ídem.

 

En muchos textos anteriores hemos insistido en que los humanos aprendemos y nos formamos en contacto con otros humanos, diferentes, diversos a nuestro núcleo social inicial: la familia. Que el espacio escolar es mucho más que lo físico: «En hogares signados por la violencia, las estructuras familiares se vuelven inestables y poco propicias para favorecer el aprendizaje. Para los niños y las niñas que sufren de violencia en sus hogares, las escuelas no sólo son espacios para el aprendizaje, sino áreas de protección, contención y ternura.» El hogar y la escuela: lógicas en tensión ante la COVID-19. Gabriela de la Cruz Flores. Ídem.

 

Se acaba el espacio y faltan muchas ideas por procesar, por eso la recomendación de leer los textos completos, pero antes de cerrar este, algunas preguntas y propuestas sobre este modelo de escuela: «¿Está ayudando a reducir la ansiedad por el encierro y el temor a la muerte? ¿Qué está haciendo para mitigar, aunque sea mínimamente, la violencia familiar que encrudece el aislamiento y la pandemia? ¿Qué está haciendo para educar en salud? Pensar la escuela para la sociedad, no para la escuela. Dejaría de ser la competitividad la finalidad última y enfrentaría lo que fácilmente salta a la vista: una sociedad carcomida por la violencia y la desigualdad. De esta manera, trataría de enseñar perspectivas para contrarrestar la violencia de género, el mandato de masculinidad, la violencia que produce el racismo y la discriminación, la exclusión etaria y combatiría la pobreza y la violencia de clase. También rechazaría la violencia alimentaria producida por los productos ultraprocesados, que la propia escuela ha ejercido por décadas, vendiéndolos en su interior. También educaría para el trabajo colectivo, no competitivo. Este diagnóstico vería la importancia de limitar la escuela al tiempo escolar y que ese tiempo de los alumnos sea libre de padres y madres de familia, y de los grandes capitales informáticos. Una escuela que en vez de formar al líder del mañana, evite al macho del mañana.» Sebastián Plá. Ídem.

 

Y todo eso a pesar de prejuicios e intolerancias que se disfrazan detrás de términos como “violencia dogmática”, como si la humanidad fuera estática y no un proceso continuo de tolerancia, diversidad y aprendizaje de la libertad.

sábado, 7 de noviembre de 2015

NUEVO PLAZO FATAL

Habíamos escrito que los plazos fatales se llamaban así porque se cumplían, bueno, eso será en otros países, aquí nos equivocamos. Y cómo no, si ya era la tercera fecha para que los 150 mil docentes a evaluar en una primera etapa subieran a la plataforma del Servicio Profesional Docente evidencias de su proceso de enseñanza, y esta se vencía el 31 de octubre. Bueno, pues la cuarta fecha es el 7 de noviembre. Si los acotados daños que provocó el mega huracán Patricia se debieron más a la fe que a lo accidentado de la sierra madre occidental, pues la postergación del plazo fatal también fue intervención divina, por lo que habría que suponer que la mal llamada reforma educativa no cuenta con las simpatías celestiales. Así que todos a rezarle a su santo favorito, quién quita y el 28 y 29 de noviembre, que es cuando hay que presentar el examen de 8 horas y la planeación didáctica argumentada, se cae la red mundial de internet o ya de perdida el sistema se hace bolas y todas las evaluaciones salen correctas al 100 por ciento. También preguntábamos por qué se habían dejado fuera de la ecuación de las protestas a los partidos políticos del mal llamado Pacto por México, que fueron quienes pusieron en la Constitución la evaluación docente y la convirtieron en jurídicamente inatacable. Hay que admitir, otra vez, que sí se requieren cambios profundos en nuestro sistema educativo, pero que por unos poquitos pagamos el plato roto todos. Es cierto que hay docentes que se resisten a cambiar, que desde el principio y con una constancia propia de un adicto muestran siempre los mismos malos resultados. Que siguen creyendo que la docencia es apenas para recibir un pago para librar la quincena y se desatienden, absolutamente, de si sus alumnos construyen sus aprendizajes, si tienen cambios positivos de actitud frente al conocimiento, si logran ser cada día mejores seres humanos con todo lo que eso implica. Pero para detectar esas malas prácticas educativas están una miríada de directivos que cobran mucho más que alguien que está frente a grupo, y que no hacen su chamba. Si alguien llega y les gritonea, aunque no tenga la razón de fondo, prefieren doblar las manitas para no meterse en problemas, y entonces, no hay quién los resuelva. También hay que decirlo, no son lo mismo los derechos adquiridos, que se aplican a la mayoría, que los privilegios tolerados que gozan, desde hace muchos años, las minorías enquistadas en cada centro educativo. Por eso no hay cohesión en la presión por lograr una reforma a profundidad, con un modelo educativo adecuado a nuestro contexto, basado en un proyecto nacional fuera de la coyuntura neoliberal, que de veras mitigue las desigualdades sociales en lugar de justificarlas y convertirlas en dogmas eternos. Para más de uno pelear por una evaluación real y formativa, implicaría no tocar, de inicio, esos privilegios, lo cual ya es insostenible. Siguiendo la aplanadora oficial, en ese otro plazo fatal, del 28 y 29 de noviembre para los docentes de media superior, de la primera etapa, que están siendo evaluados y que serán sometidos a un examen en línea, de 8 horas programadas, parece que el primer día está divido en la etapa III y IV que consistiría en: Examen de Conocimientos Disciplinares y la Planeación Didáctica Argumentada; y el segundo día, repiten la Etapa III. Pero ahora con el Examen de Casos de Competencias Didácticas con tiempo programado de 3 horas. Si nos atenemos a la farragosa redacción de la Coordinación Nacional del Servicio Profesional Docente, que carecen de la competencia de comunicarse de forma clara y efectiva, así estaría el programa. En este pantano de cinismo, corrupción y malas noticias, la Suprema Corte de Justicia atina en temas importantes, primero, concede el amparo a las 4 personas que solicitaron se declaren inconstitucionales diversos ordenamientos relativos a la prohibición del consumo de marihuana con fines recreativos. Aclarando, el amparo es para esas 4 personas que caminaron la tortuosa ruta para llegar hasta esa instancia, lo que significa que si alguien más se quiere poner bien pacheco por puro gusto puede ser sancionado. Así que tendremos que llegar a la evaluación docente con los sentidos funcionando, que por cierto son más de cinco; o bien entonados con alguna de las drogas legales como el alcohol y el tabaco, esperando que su efecto no se baje con la primera pregunta. No es cierto, mejor llegar bien y lo más conscientes de lo que pase. Otra de la misma Suprema revocando los permisos para sembrar soya transgénica en Yucatán, parte de la nota de sinembargo.com dice: “La siembra de soya genéticamente modificada en la región, ha provocado un proceso de deforestación acelerada en la que es considerada la última selva mexicana. También tiene otras consecuencias como la concentración de la tierra, pérdida de empleos y daños a la salud. Según el testimonio de los apicultores, la pérdida de árboles dificulta el control sobre las abejas y éstas a su vez presentan desorientación. Luego del fallo, miembros de Greenpeace, Indignación y LITIGA OLE, presentes en la sesión, afirmaron que las comunidades mayas consideran que el permiso para sembrar soya transgénica vulnera sus derechos a la consulta, libre, previa e informada y un medio ambiente sano. Ello pone en riesgo la producción de miel en Yucatán, de la cual viven más de 15 mil familias campesinas de origen maya, pues “el cultivo de esa planta requiere del uso del herbicida Glifosato, clasificado como probablemente cancerígeno”.

viernes, 8 de mayo de 2015

¿QUIÉNES ESTÁN EN LAS ESCUELAS?

Resulta fácil hablar del sistema educativo nacional sin conocerlo, las frases huecas rellenas de aparentes buenas intenciones surgen a la menor provocación, lo que sí no deja de extrañar es que el gobierno federal se haya planteado una disque reforma educativa sin haber tenido actualizado el estado de su planta docente, el perfil de sus profesores en cuanto a dónde están, los promedios de edad, su origen académico, capacitación y demás detalles importantes; pero ya estamos acostumbrados, y eso es malo, a que las cosas se hagan al fregadazo y si algo funcionan pues es su mérito, y si no, es culpa de los maestros o de los padres de familia. Vamos con algunos datos duros. “La mayor parte de los docentes de educación básica (86.8%) labora en escuelas de sostenimiento público: 81% en preescolar, 90% en primaria y 86% en secundaria. Es importante destacar la casi nula existencia de un mercado de servicios educativos privados en las modalidades indígena, comunitaria y para trabajadores.” A pesar de los pesares la educación pública sigue siendo estratégica en este país, los esfuerzos por incrementar la oferta y que más niños y jóvenes tengan acceso a la escuela ha sido importante, pero las cosas cambian de un momento al otro, la escuela de hace 50, 20 o 10 años no puede seguir siendo la misma que la de este siglo 21, y sin embargo, sigue metida en esquemas viejos porque al gobierno así le ha convenido, y ha convertido la antes crítica presencia magisterial en corrupción sindical, con los altísimos costos sociales que padecemos. De la información anterior hay que señalar que para las organizaciones privadas la educación no es un servicio, sino un negocio que hay que explotar al máximo, por eso su nula presencia en las modalidades educativas indígena, comunitaria y de trabajadores, allí no hay lana. “Para la prestación del servicio en educación media superior concurren diversas instancias federales, estatales, universitarias y privadas. La oferta privada es mayor que en la educación básica, al contratar a 34 de cada 100 docentes y atender a casi una quinta parte del total de los alumnos. Respecto de los profesores que laboran en el servicio público, 17.6% lo hace en planteles federales, 37.5% en estatales y 11% en escuelas dependientes de universidades autónomas”. Aquí si hay más negocio, por eso 1 de cada 5 estudiantes en bachilleratos y preparatorias están en escuelas privadas, aprovechando también que el presupuesto público es limitado respecto de la cantidad de egresados del nivel básico que debieran, en un proceso lógico en la décimo segunda economía mundial, continuar sus estudios escolarizados. Continuamente escuchamos que la productividad del país depende de la vinculación entre la educación y la empresa privada. Que si los estudiantes son motivados para desarrollar habilidades y tener conocimientos técnicos tienen asegurado un trabajo y un ingreso seguro. Pero esa supuesta guía hacia lo técnico parece que existe desde hace mucho: “Mientras la gran mayoría de los docentes de planteles federales imparte clases en bachilleratos tecnológicos (87%), los profesores estatales participan de forma importante en el bachillerato general (69%) y, en menor medida, en el tecnológico (30%). En contraste, 86% de quienes laboran en planteles autónomos y casi 80% de quienes lo hacen en los privados se encargan fundamentalmente de impartir el bachillerato general”. Y es que no podemos seguir engañándonos, nuestras escuelas siguen siendo parte importante del mecanismo de desigualdad y marginación social, mientras por un lado buscamos que existan más probabilidades de acceso a las carreras que requieren una licenciatura o ingeniería de buen nivel, la educación tecnológica está orientada hacia los estudiantes de familias de bajos ingresos y mayor grado de marginación, y esa aparente ventaja de empleos más seguros y salarios mejores no más no cristaliza. Mientras la educación privada se enfoca en preparar a los aspirantes a mirreyes o a profesionistas de alta especialización. “Se sabe que los docentes ubicados en contextos de alta vulnerabilidad social enfrentan mayores retos que sus pares que laboran en ambientes de menor marginación y pobreza. En educación preescolar, casi dos terceras partes de los docentes en la modalidad general (65.7%) laboran en localidades de marginación media, baja o muy baja. En contraste, casi todos los de escuelas indígenas (96.2%) y cuatro quintas partes de aquellos docentes en comunitarias (81.4%) se encuentran en zonas de alta y muy alta marginación”. Otra vez los datos duros revelan las increíbles desigualdades sociales que padecemos, y luego nos asombramos de que esas escuelas no obtengan los mismos resultados en las pruebas estandarizadas que sí tienen los finlandeses. Los indicadores de marginación resultan poco creíbles y aun así, como son oficiales, hay que usarlos para la organización de los datos: “tres cuartas partes de los docentes de telesecundaria y 89.6% de los instructores de secundarias comunitarias prestan sus servicios en localidades de alta y muy alta marginación. En el caso de la educación media superior, sin importar el modelo educativo al que están adscritos, más de tres cuartas partes de los docentes se encuentran en zonas de reducida marginación”. Eso revela que ese nivel medio sigue estando inaccesible, hasta geográficamente, para una parte importante de la población de nuestro país, con el problema de que nuestros legisladores, por dedazo, decidieron que para el 2020 será obligatorio. La buena intención de ofrecer educación media para todos los egresados de las secundarias puede quedar en un obstáculo más que agrave la desigualdad social si las escuelas de bachillerato no se acercan a las comunidades más pequeñas y apartadas. Se termina el espacio, nada más dejamos las siguientes cifras para ir precisando el perfil de nuestras maestras y maestros: “Las escuelas de educación preescolar y primaria son preferentemente atendidas por mujeres. En preescolar hay 93 educadoras por cada 100 docentes; en primaria la presencia femenina disminuye a 67%, mientras que en secundaria es ligeramente superior (52%) a la de los varones […] En educación media superior, la participación de las mujeres es menor a la de los varones en los planteles federales, estatales y autónomos. En los privados esta relación se invierte”. No se puede negar la participación femenina en nuestro sistema educativo, sea por cultura o por oportunidad, nuestras mujeres han estado encargadas de hacernos lo que somos, con nuestras cualidades y defectos, considerando que la participación femenina como estudiantes es cada vez más importante hasta ser mayoritaria, el dato es significativo. Pero seguiremos después.

sábado, 24 de noviembre de 2012

LOS EDUCADORES

“La educación es corregir siempre cosas. La idea de que la libertad de expresión se debe dar desde niño no es viable porque simplemente no educaríamos. El asunto es quién lo va a educar, ¿las personas que lo quieren y que se van a preocupar por él o lo va a educar el medio ambiente, la banda del barrio, el tipo que quiere aprovecharse de ellos? Los que se aprovechan de los niños y los convierten en niños soldados y a los ocho años les dan un fusil también los están educando, los están educando para el horror, para la muerte o la esclavitud. Nosotros lo que queremos es educar para otras cosas. Eso naturalmente exige que al niño le quites el Kaláshnikov, y que si le ves que quiere estrangular a su hermanita le digas que no se puede hacer, y si quiere estar todo el día apretando un botón en vez de aprender a leer o a sumar, tienes que decirle que tiene que aprender a leer y a sumar. Los educadores tenemos que caer antipáticos porque el que halaga y da la razón no educa. Lo más repugnante para mí son los viejos que siempre se pasan la vida dándoles la razón a los jóvenes.” Fernando Savater. A cierta edad dejas de ser vendible y eres como un florero. Por Juan Cruz Ruiz, en Revista Ñ 16 de Octubre del 2012. ¿Quién educa? La pregunta no es ociosa porque detrás del quién está el para qué. Aprovechando los malos resultados en evaluaciones internas y externas, nuestro sistema educativo sufre el embate de organizaciones supuestamente preocupadas y bien intencionadas. Nada más falso. Se nos olvida que no solo la escuela educa, también lo hacen las familias, las integradas y desintegradas, las tradicionales y monoparentales, las violentas y las indiferentes, las colaborativas y las castrantes; pero también educan los medios de comunicación, sus estúpidas telenovelas, sus enajenantes reality shows, sus sermoneantes noticieros, sus interesadas ignorancias. Poner el acento únicamente en un sistema educativo público que sufre del desmantelamiento compartido con el de salud, el de generación de energía, el financiero, y demás, es injusto y nada casual. Como sustituir de golpe y porrazo a casi dos millones de profesores es imposible en el corto plazo, se utiliza un atajo, arrancar al Estado la capacitación y actualización de los mismos, reeducarlos para que lleven a las aulas los intereses particulares de los grupos de poder que se quieren eternizar utilizando la democracia formal. Por eso y de forma creciente, la capacitación y actualización están encargándose a empresas privadas, de esas que asesoran bancos, refresqueras, grandes corporativos. Se trata de darles chamba con el dinero de nuestros impuestos a la vez que inoculan la visión de sus dueños y accionistas en el pensamiento y actuar de los educadores, para que estos hagan lo mismo en las mentes y acciones de los niños y jóvenes que contribuyen a formar. Renegamos de nuestro sistema educativo mientras queremos implementar unas reformas que nos son ajenas. Es cierto, el mundo de hoy no es el mismo al de hace algunos años, nunca lo ha sido. Pero el modelo, el currículo no es lo único importante, Fernando Savater ahora premiado por su obra literaria con el premio Octavio Paz, reflexiona sobre su experiencia docente: “Se les educa a los jóvenes en unas realidades que cambian, puedes cambiar de canal, utilizar el photoshop para quitar arrugas, pero la realidad no tiene mando ni zapping posible. Es importante manejar ordenadores pero también es importante la relación de tú a tú, por eso creo que el aula es más importante que todo lo que se enseña en ella. El hecho de estar ahí sentado con 40 personas a las que no conoces, a las que tienes que respetar pero con las que no tienes por qué tener ningún tipo de relación afectiva y que sean lo más variadas posible es muy importante. Separar a los niños de las niñas es un disparate. El aula debe darte esas divergencias que hay en la realidad, de género, de etnias, de estratos sociales, y cuanto más variados sean más te educan. Luego, además, aprendes geografía pero lo importante es la educación que te da la pura convivencia dentro del aula. No puedes modificar al otro como tú quieras”. Esa rica experiencia colectiva puede fastidiarse echando mano de intentos repetidos que busquen la uniformidad de pensamiento, si los educadores se muestran persistentes en inculcar interpretaciones de la realidad que atenten contra los intereses colectivos. No estamos hablando solo de sumas y restas, de puntos cardinales, de ríos y cordilleras, de átomos y moléculas, de hardware y software: “Mientras que la técnica se preocupa de las cosas que pasan y se transforman, la ética se preocupa de lo que no pasa, de lo que está ahí permanentemente. Esos principios se ejercen sobre cosas que están modificándose. La ética de Aristóteles está llena de reflexiones importantes sobre la vida humana pero no habla de biogenética porque Aristóteles no la podía conocer. La combinación es que hables de biogenética pero sabiendo que en el fondo estás vinculado a Aristóteles […] la visión ética más profunda es la que ve la parte invulnerable que hay en el hombre, el sentido de su vida. El entender que efectivamente estamos amenazados por muchas cosas pero que en cambio en nosotros mismos hay algo que no va a pasar o que no va a morir. El que es generoso, solidario, tierno, está actuando desde el lado invulnerable que hay en él, no desde el lado de lo perecedero y asustadizo”. También se privatiza la educación cuando pierde su esencia crítica, cuando mata la diversidad, cuando se culpa y se asusta a los educadores para después adularlos y volverlos dóciles. Para que acepten lo que sea sin cuestionar.

sábado, 10 de noviembre de 2012

EDUCACIÓN GENIAL

“¿Cómo reprobar personas? Todos los niños y las niñas que asisten a una escuela regular de educación básica poseen todas las disposiciones para aprender, a menos que un diagnóstico médico diga lo contrario: ¿Cuál es la razón entonces para que un niño no aprenda? ¿Quién es el responsable por ello?” Julio César Gómez en el texto llamado: Acuerdo 648: fin de la reprobación. En Educación 2001, septiembre 2012. Otros temas le habían quitado oportunidad al acuerdo de la SEP respecto del cambio en la forma de evaluación en la educación básica, que abarca de preescolar hasta secundaria. Ese Acuerdo 648 cuyo propósito es evitar la reprobación como una medida para acabar con la deserción escolar, así lo dijo y lo reportó el diario La Jornada el 21 de agosto de este año, el secretario respectivo en funciones: “los países más desarrollados como Estados Unidos, Finlandia, Suecia y Noruega, no reprueban a los alumnos para abatir la deserción”. Quizás lo que habría que reprochar, en primer lugar, es que se mezclen sistemas educativos tan distintos y con resultados tan divergentes; nuestros vecinos del norte no dan pie con bola mientras que Noruega y Finlandia están en la cima de los resultados de pruebas tan reputadas como PISA. Pero dejemos los detalles, la nueva forma de evaluar para saber si un estudiante acredita un curso se alarga a cada 3 años, aunque se argumenta que en realidad, con el nuevo modelo educativo, la evaluación es constante y el acompañamiento permanente. Ojalá la teoría y la práctica se alinearan tan dócilmente. Aunque la preocupación aumenta después de conocer los resultados de la evaluación universal a los docentes de educación básica, que acabó siendo voluntaria, que indica que el 38 por ciento de los profesores queretanos necesitan de un curso inmediato de capacitación, según la nota de Gamaliel Contreras en Libertad de Palabra del 24 de agosto, porque su desempeño es considerado como insuficiente para estar frente a un grupo de escolapios. Ni qué decir que la prueba fue duramente cuestionada por varios frentes, especialistas como Eduardo Andere del ITAM se refirió a ella de esta forma: “decir que esta política educativa pretende mejorar la educación en México es una afirmación que pertenece al terreno exclusivo de la retórica”, como reseñó Héctor Rojas de La Jornada. De cualquier manera los datos arrojados son preocupantes, en el país y en el estado. ¿Cómo se implementa una reforma educativa cuando casi la mitad de los docentes ni siquiera están capacitados para estar frente a grupo? Al menos se reconoce que no tienen los conocimientos disciplinares y mucho menos pedagógicos para asegurar, guiar o acompañar, el aprendizaje de los alumnos puestos bajo su cuidado y responsabilidad. Ya que mencionamos al especialista Eduardo Andere, que ha tenido la voluntad y los recursos para viajar y analizar los sistemas educativos mejor posicionados internacionalmente, ha llegado a la siguiente conclusión: “No importa el método o la teoría pedagógica, no importa el enfoque o la técnica de instrucción, lo que importa es el maestro. Claro, importan más los padres de familia y la interacción con los adultos, pero dentro de los factores asociados al éxito o fracaso educativo, el maestro es primero y luego el director, ya que son los que más importan […] En el siglo XXI ser buen docente no es suficiente, es preciso ser excelso […] importa la capacidad de liderazgo del maestro para entender y adaptarse, para motivar y encauzar. Pero cada alumno, es como el agua, y toma la forma del contenedor, y cada contenedor debe ser distinto. Ahí radica la genialidad del maestro: en detectar qué tipo de cauce necesita cada alumno, según el contexto y la situación. Y como las huellas digitales, cada uno será distinto” ─Pedagogía (a)pedagógica y los maestros del siglo XXI, en Educación 2001, junio 2012─. Desgraciadamente, el sistema educativo mexicano está lleno de trampas que bloquean el trabajo de ese tipo de docentes, los programas de estímulo a su desempeño consideran todo menos los aprendizajes de los estudiantes; la meritocracia atenta contra el liderazgo, la soberbia contra la motivación, la mala dirección ahoga la genialidad, la excesiva reglamentación fomenta la uniformidad y atenta contra la diversidad. Para terminar, los discursos oficiales, que dicen tener en alta estima a la educación, finalmente la desdeñan, como sucede en Querétaro y en casi todos los estados del país.