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viernes, 19 de febrero de 2021

 


HOMBRES Y MUJERES GRISES

Joaquín Córdova Rivas

 

Sin brillo, sin destello alguno, interpretando leyes que ni conocen, a conveniencia o por seguir la línea que les llega “de arriba”, porque no hay intento de paridad que los iguale. Son grises en una sociedad diversa y multicolor, quizás porque saben que no se representan ni a ellos mismos, para colmo, algunos quieren seguir en la misma grisura, en el mismo cargo, haciendo sin hacer, desatinando sin querer atinar. Quieren que se les reelija para seguir con lo mismo.

 

El 17 de febrero pasado se realizó la reunión de la pomposamente llamada Comisión de Gobierno, Administración Pública y Asuntos Electorales de la LIX Legislatura, es la encargada, por lo que se puede ver, de alinear el trabajo de las otras comisiones para que los asuntos corran por el carril marcado desde el poder que sí puede.

 

Es más, está todo tan predeterminado que difícilmente se apartan un renglón del guión establecido y leído, a trompicones, sin emoción ni énfasis alguno, por sus exiguos integrantes. No hay debate, no hay ideas ni argumentación posible. Es el apego absurdo a lo que alguien ya escribió desde el aburrimiento, sin creatividad, sin ritmo, sin trama, todo subordinado a un desenlace anticlimático, como esas telenovelas de 600 capítulos que desde el promo se sabe en qué van a terminar.

 

Es la comisión que emitió una serie de cambios legislativos que fueron juzgados de inconstitucionales por la justicia federal, es la que se mete en los asuntos que le competen a las otras y que quieren sacar en un mal llamado fast track sin importar vulnerar preceptos que tendrán que ser revertidos, otra vez, por los tribunales federales, embrollando innecesariamente lo que les estorba; por ejemplo, la progresividad de los derechos laborales; tienen una irracional aversión a que los trabajadores tengan derechos que les garanticen condiciones de vida dignos, no fallan en proponer y aprobar lo que se les ocurre para revertir lo ya ganado; tampoco disimulan en querer aplicar, retroactivamente, preceptos ya superados en cualquier democracia que se respete.

 

Es la que, sin ser la competente, puesto que para eso existe la del trabajo y previsión social, dictamina sobre las jubilaciones de las exmagistradas que se ampararon contra el tope impuesto de 42 mil pesos mensuales, otra vez sin debate, sin argumentos, sin rectificaciones, sin crítica.

 

El pleno del congreso, de mayoría conservadora, tampoco duda en aprobar iniciativas y dictámenes que van en contra de sus representados quienes incluso tienen que recurrir al amparo federal para defenderse de sus supuestos representantes. En un intento de réplica, mal articulado, pero con algunos datos, el presidente de otra comisión, la del Trabajo y Previsión Social, que desaparecería si el pleno aprueba el dictamen de la de Gobernación, mencionó que se habían recibido 531 amparos de trabajadores porque lo aprobado por esta legislatura violentaba sus derechos. Cualquier “legislador” que recibiera tal avalancha de amparos en contra de su trabajo estaría muriéndose de vergüenza y remendando lo mal hecho, pero esta “mayoría” prefiere seguir las órdenes, hasta la ignominia, del ejecutivo o de su partido.

 

La sesión tenía asuntos que suscitaban interés, el principal porque impacta en la vida de miles de familias, las de los trabajadores al servicio de los tres poderes del estado, que se presentó sin el tiempo suficiente para ser conocida previamente y discutida por los trabajadores, los cambios a la ley respectiva que regula sus derechos y su relación con ese patrón que a la vez es autoridad.

 

Entre las “novedades” del dictamen, que ya podría estar votado a la publicación de este texto, porque las prisas son las prisas, está el incrementar la edad de jubilación de 28 a 30 años, la desaparición de las prejubilaciones o prepensiones, que es el periodo que sucede entre que el trabajador, ya con derecho a cualquiera de estos, solicita se dé trámite a su jubilación o pensión y la aprobación del pleno legislativo por ser trabajadores al servicio del estado.

 

Sin el proceso de revisión del trámite respectivo, de la publicación del dictamen para que cualquiera lo conozca y pueda manifestar alguna inconformidad —por ejemplo, que alguien con influencias se haga pasar por trabajador sin haberlo sido o sin cumplir con los requisitos legales—, ahora todo quedara a discrecionalidad de la oficialía mayor o equivalente de cada dependencia, siendo conocido que algunas de ellas no se apegan a lo legalmente establecido —por ello la gran cantidad de amparos— como COBAQ, CEA, el mismo poder legislativo y los municipios según lo mencionó, sin que lo refutaran, el diputado Néstor Gabriel Domínguez Luna.

 

Imaginen a un trabajador de base, de esos que tienen muchos años llegando a tiempo a su trabajo, cumpliendo con lo que le toca y hasta más, que no está sindicalizado o que sus líderes no lo asesoran por estar “vendidos” con el patrón, que no tiene acceso o los recursos para pagar un abogado que le elabore un amparo que lo proteja de alguna arbitrariedad cometida por la oficialía mayor de su dependencia al momento de determinar su antigüedad, o su percepción como pensionado por vejez o jubilado, que queda indefenso ante un poder para el que trabajó pero que no lo respeta.

 

En fin, en estas estamos, me quedó pendiente darle término a nuestro retrato estadístico del censo del año pasado, no se me olvida.

lunes, 8 de febrero de 2021

SE RECIBE CASCAJO


 SE RECIBE CASCAJO

Joaquín Córdova Rivas

 

Lo que para unos ya es simple desperdicio, para otros tiene múltiple utilidad, lo mismo sirve para allanar lo disparejo y dar una falsa percepción de solidez, que para rellenar oquedades o darle algo de firmeza a lo que de por sí es resbaladizo y traicionero.

 

El cascajo político sirve para lo mismo y daría igual que las oficinas de algunos partidos políticos clavaran su letrerito en su puerta principal.

 

No se trata de despreciar a ciertas figuras de la farándula y del deporte que hicieron lo que podían y disfrutan de cierta fama en lo que parece que sabían hacer y que ahora deciden jugar su resto en los escenarios de la picaresca política. Por lo menos aportan algo: su fama pública y el prestigio que puedan tener, otros ni eso. A fin de cuentas, todavía no hay licenciaturas en candidaturas instantáneas, ni maestrías en regidurías negociadas, mucho menos doctorados en diputaciones plurinominales por influencia. En política todos partimos de cero, a menos que alguien tenga un “padrino” que desde las sombras mueva los hilos, cual eficaz titiritero, o se sea parte de la dinastía de los dueños del circo.

 

En las candidaturas locales el cascajo estará representado por aquellos personajes que se cansaron de ser incidentales o secundarios y que quieren ser protagonistas. Aunque a diferencia de estos últimos, saben que el cacicazgo que ejercen todavía en algunos grupos o comunidades está seriamente socavado por una posmodernidad que nunca han entendido, por un proceso de industrialización que los hace ver como obsoletos y prescindibles, por un neoliberalismo que no diferencia entre el pastoreo de base y el corporativismo ideológico —colonialización intelectual dirían los estudiosos— de la tecnología de la comunicación y sus omnipresentes redes sociales.

 

El problema es que se difumina el perfil ideológico que supuestamente es la base de una democracia sustentada en partidos políticos, donde estos, representan formas diferentes de ver y de presentar soluciones a los problemas sociales de toda índole.

 

Cuando tres partidos aparecen “fundidos” en las boletas electorales —presentando el mismo candidato— y uno supuestamente representa las demandas sociales de la mayoría, el otro los intereses perfectamente caracterizados de la derecha política y económica, y el tercero las propuestas históricas y de nueva generación de la izquierda, la existencia de los tres no se justifica. Para acabarla de refundir, los acuerdos cupulares ni siquiera posibilitan la alternancia puesto que apuestan a la continuidad, partiendo de que quien está en el poder tiene mano en la candidatura —común— respectiva. La reelección perpetua y casi sin cambiar de nombres ni de patrocinadores. Lo conducente entonces es pensar que la amalgama de los hipotéticos desiguales la da la pura conveniencia y las ganas de seguir lucrando con el presupuesto público.

 

Y entonces aparecen los partidos que reciben el cascajo político de los tres ya mencionados. El problema es que esos “sobrantes” han formado parte de la estructura antidemocrática y cupular que ahora no los benefició pero que antes les permitió crecer hasta que se volvieron un estorbo. Obvio, vienen con las mismas mañas.

 

Lo que sigue es un guión ya escrito. Los suspirantes se presentarán ante su nuevo partido portando sus mejores galas: yo tengo estructura para controlar el voto de tantas comunidades; yo puedo aportar ciertas cantidades de dinero para comprar votos; yo soy reconocido —aunque sea por sinvergüenza— en todo el territorio; yo represento a las históricas familias caciquiles del municipio y puedo influir en las preferencias electorales…

 

Pero, así como traicionan a sus partidos de origen, son traicioneros con quien ingenuamente les ofrece su registro para seguir con su modus vivendi. No será la primera vez que negocien, en lo oscurito



, una regiduría o una diputación a cambio de prometer un voto diferenciado a la gubernatura. Es decir, llegarán con el candidato que ellos creen ganará para decirle que “su gente” votará por ellos para la planilla municipal, pero que pueden ofrecer que esos votos cambiarán de color en la elección de la gubernatura o de las diputaciones federales, total, lo que está en juego no es la lucha contra la desigualdad social o la corrupción y la impunidad, ni el desarrollo equitativo del municipio, ni la salud, educación o posibilidad de trabajo para sus representados, ni la reducción de la pobreza o la inseguridad, la prioridad es su puesto durante los próximos tres o seis años o hasta donde su incapacidad los deje llegar.

 

Veremos que hacer lo mismo produce el mismo resultado. Si MORENA está esperanzado, como partido político, en crecer electoralmente a nivel local, haciendo esas alianzas con el cascajo de los demás, se encontrará una candidata a la gubernatura con una votación desinflada en comparación con la de algunos municipios. Ni cómo ganar. En lo federal, la izquierda —con los grupos ecologistas, feministas, los que están en pro de un estado de bienestar; contra la pobreza, la corrupción y la impunidad; los defensores de la diversidad social, política y de género; en favor de la educación pública, la salud y demás— tendrá que refugiarse en esas candidaturas e influir en las propuestas, intentar marcar una diferencia frente al acartonamiento de las candidaturas locales, mostrar que el cascajo se queda abajo y no sirve para construir los pisos superiores.

viernes, 14 de agosto de 2020

NO HAY MORAL


 NO HAY MORAL

Joaquín Córdova Rivas

 

No son simples números grandototes, no son solo montañas de dinero que no alcanzan a gastarse en una vida, son cientos o miles de plazas de médicos, enfermeras, maestros, son aulas, caminos, escuelas, hospitales y clínicas, es la diferencia entre la vida o la muerte para muchos, es la distancia entre miles de vidas dignas y la pobreza extrema, es la condena a la desigualdad social o la oportunidad de aprovechar las oportunidades que deberíamos de tener todos.

 

No tiene caso contribuir a la danza de números o al escarnio social que se torna inútil por falta de resultados, interesa ahora saber qué circunstancias de vida determinan que existan ese tipo de malas personas que, sabiendo, porque lo saben, que su actuar provocará daños a miles o millones de semejantes, se esfuerzan por robar, por corromper, por embarrar y hasta mandar a la cárcel a familiares y cercanos con tal de salirse con la suya.

 

«… a diferencia de otros seres vivos o inanimados, los hombres podemos inventar y elegir en parte nuestra forma de vida. Podemos optar por lo que nos parece bueno, es decir, conveniente para nosotros, frente a lo que nos parece malo o inconveniente. […] De modo que parece prudente fijarnos bien en lo que hacemos y procurar adquirir un saber vivir que nos permita acertar. A ese saber vivir o arte de vivir si prefieres, es a lo que llaman ética.» Ética para Amador. Fernando Savater. http://www.paginaspersonales.unam.mx/files/981/Savater_etica_amador2.pdf

 

Distinguir entre lo bueno y lo malo se aprende, ser honesto o corrupto también, aunque podemos admitir que en ocasiones las fronteras parecen difusas, cada sociedad tiene maneras de enseñar lo que es válidamente aceptado y lo que no y en ello interviene la familia, la escuela, la religión, las tradiciones y costumbres, también eso que llamamos moral y que parece contenido en preceptos que se asumen como atemporales, como los diez mandamientos cristianos por ejemplo, o reglamentaciones más complejas que encontramos en los textos considerados sagrados por los distintos grupos humanos de donde provenimos. De hecho, algunos filósofos de la educación encuentran que la educación escolarizada, presencial, sirve para destorcer lo torcido por algunas familias, por fanatismos o por otras creencias o formas de socialización.

 

Solemos decir que alguien no tiene moral ni ética porque no piensa ni se comporta como creemos que debiera hacerlo, pero eso es una simplificación peligrosa porque corta cualquier posibilidad de argumentación y de transformación. En el otro extremo podemos caer en el error de creer que es solo el individuo el responsable de su actuar y pensar, pasando por alto las determinaciones socioculturales en que estamos sumergidos. Resumiendo, vivimos en una sociedad neoliberal que tiene su propia forma de entender la moral y la ética, no es que no la tenga o vaya en contra de ella.

 

«Se suele entender que la racionalidad humana consiste en maximizar el beneficio, caiga quien caiga. Incluso la racionalidad económica. Ese es el egoísta: el que en todas sus jugadas intenta obtener el máximo, le pase lo que le pase al otro. Creo que el neoliberalismo ha asumido la costumbre desafortunada de decir que somos individuos egoístas, y que la maximización del beneficio es lo nuestro... eso me parece una ideología. No es verdad. Somos seres que nos hacemos unos con otros, y el que es cooperativo está trabajando por el otro y por sí mismo. Es mucho más inteligente. […]

La corrupción es una lacra, un atentado contra el Estado y el bien común. Creo que es una buena noticia –pienso en España– que los casos de corrupción se descubran y que los jueces actúen, impongan penas y la ciudadanía se dé cuenta de que el Poder Judicial actúa. Y que las personas que se corrompen se den cuenta de que no hay impunidad. Porque en los regímenes autoritarios y totalitarios por supuesto que hay corrupción, muchísima, pero ni sale a la luz. Es una desgracia que la corrupción exista, pero en los países democráticos sale a la luz, los jueces toman medidas y la castigan. https://www.eltiempo.com/vida/educacion/entrevista-a-adela-cortina-sobre-la-etica-234786

 

Y esta idea de que el capitalismo se sustenta en una forma de pensar, en una ideología, en su propia ética que intenta, con cierto éxito, que las personas piensen y actúen de determinada manera, no es un rollo de la izquierda.

 

«A principios del siglo XX, en el famoso libro La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Max Weber brindaba un “diagnóstico de época” que incluso hoy día nos resulta algo curioso. El diagnóstico en cuestión, anunciado ya en el título de aquel libro, advierte que el capitalismo moderno tiene una “ética”. Diagnóstico bastante curioso, especialmente para quienes creen que las relaciones capitalistas de producción no expresan más que la “ley de la selva”, sin ningún otro valor moral o mandato ético capaz de regularlas y encauzarlas. Para el diagnóstico weberiano, la ética capitalista cumple efectivamente una función regulativa; más aún, es una de las tantas condiciones concretas sobre las cuales se apoya el capitalismo moderno. […] La ética, entendida en estos términos, no sólo se refiere a la constante observación de los códigos morales impuestos en casi todas las culturas (no matar, no robar, no mentir, etcétera), sino que incluye actividades más relacionadas con los detalles de la vida cotidiana. Hablamos de conductas raras vez asociadas con el buen obrar, como ejemplo la alimentación, la sexualidad, el cuidado del cuerpo, el trabajo y otras tantas

actividades que por lo general realizamos de una manera automática y sin mayores cuestionamientos.» ¿Hay una ética en el capitalismo contemporáneo? Neoliberalismo y crítica. Pablo Martín Méndez. https://www.academia.edu/38307495/_Hay_una_%C3%A9tica_en_el_capitalismo_contempor%C3%A1neo_Neoliberalismo_y_cr%C3%ADtica

 

Por eso urge cambiar, en lo inmediato y en lo posible, el modelo socioeconómico, porque sustenta una ética y moral que vemos, continua y cotidianamente, que es inconveniente para el desarrollo comunitario en todos sus ámbitos. Las oleadas de violencia, el crecimiento del crimen organizado, el inconveniente incremento en el consumo de sustancias adictivas, los feminicidios, la trata de personas, la corrupción e impunidad, entre otras muchas lacras, tienen su caldo de cultivo en un capitalismo desbordado —neoliberal—, basado en el despojo y la destrucción. Ponerle freno y límites es el momento en el que estamos.

viernes, 25 de mayo de 2018

LOS PRINCIPIOS VAN PRIMERO

Joaquín Córdova Rivas Resulta evidente, es hasta una tontería decirlo, pero es que lo pasamos por alto. En los dos debates presidenciales nos hemos quejado de que no hay propuestas específicas para resolver problemas puntuales. Las organizaciones no gubernamentales (ONGs) dedicadas a la protección del medio ambiente no encuentran nada concreto para evitar la privatización del agua, las preocupadas por los derechos humanos no hayan compromisos específicos para disminuir la discriminación o los feminicidios, las que procuran la protección de la infancia, las que luchan contra la corrupción, las que piden mayor transparencia, las que abogan por los derechos de la diversidad sexual, las que exigen una educación integral e inclusiva, y el largo etcétera que nos faltaría por señalar. Todos señalando los grandes huecos en los discursos de los candidatos. Regresemos al inicio: es que los principios van primero. Cualquier propuesta que se haga, hasta la más pequeña en término de detalle, si no está contextualizada adecuadamente termina por no servir. ¿De qué sirve cambiar a todos los agentes ubicados en las aduanas si la corrupción sigue tan campante? ¿De qué sirve mocharles la mano a los ladrones si cualquiera puede ser acusado falsamente de serlo? ¿De qué sirve proponer incrementar los albergues para migrantes si no se respetan los derechos humanos? ¿Para qué “ajustar” la reforma educativa si desde el principio se desdeñó y atacó a los profesores? ¿Para qué proponer construirle el muro fronterizo a Trump, a cambio de respetar a los dreamers, si son cosas que ideológicamente se excluyen mutuamente? Por eso la terquedad de defender lo que va primero: freno a la corrupción, honestidad, autoridad moral, poner el ejemplo, normalidad mínima respetada por todos sin excepciones, respeto a la legalidad, justicia, ética y los que Usted, amable lector y además elector, juzgue conveniente. Finalmente ¿un buen presidente tiene que ser un buen polemista, con límites de tiempo, y saltando bruscamente de un tema a otro porque así lo especifica un formato? Condición, además, que seguramente nunca enfrentará en la vida real presidencial. Pues no, por eso ninguno de los aspirantes se vio bien, aunque alguno, inexplicablemente, se declare ganador. La anécdota la conté hace años pero la metáfora sigue siendo aplicable: hay personas que reaccionan como si fueran jugadores de tenis de mesa, de reacciones rápidas, casi instintivas, que se mueven por toda su área de juego, que sean buenos o no es otra cosa; hay otros que semejan jugadores de ajedrez, en lo que piensan parecen en pausa, no se mueven, se tardan en responder las jugadas, está definido como un deporte mental, por tanto los movimientos físicos son lo menos importante. En cualquiera de los dos casos, para saber quién juega mejor es necesario conocer las reglas y el sistema de “puntuación”, aunque en el segundo caso —el ajedrez—, lo que cuenta es la posición y movimiento de las piezas, no necesariamente cuáles “valen” más. Por eso los debates no fueron debates, tampoco lo podían ser porque se olvida que estamos en la política-espectáculo, un efecto generalizado del modelo norteamericano de presentar cualquier cosa a través de los medios de comunicación masiva, señaladamente la televisión. No importan las ideas, ni las propuestas mochas, ni las mentiras cínicas, importa sí, la provocación afectiva, el que me identifiquen positivamente y sospechen negativamente de los demás, por eso se pega más el “abrazos, no balazos”, que las propuestas técnicas que pocos entienden y todos olvidan; por eso contó más el esconder la cartera que la intención de encarar, saliéndose de cuadro, para intentar descolocar al adversario. Por eso, los mal llamados debates no tienen efecto en las preferencias electorales. Lo mejor del caso es que existe investigación sobre lo anterior, no es una simple ocurrencia, por ejemplo, Leonor Arfuch llama “giro afectivo” al efecto provocado o buscado por la televisión como espectáculo, por encima de lo informativo, de lo cultural, de lo educativo, y eso ha provocado una avalancha de estudios para conocer los afectos y las emociones. «El afecto como común a lo humano y lo no humano -otros animales- pre-subjetivo, visceral, corpóreo, el afecto como fuerzas e intensidades que influyen en nuestros pensamientos y juicios pero separados de ellos. Afecto como diferente de la cognición –que solo sobrevendría después, en un escaso margen temporal- y que se expresa por ejemplo, según el clásico paradigma de Tomkins-Ekman- en 6 o 9 afectos básicos y biológicos: interés-excitación; disfrute-alegría; sorpresa-susto; disgusto- angustia; indignación-ira; miedo-terror; vergüenza-humillación; repugnancia-repulsión -el segundo término evoca el grado mayor de intensidad.» Leonor Arfuch. El “giro afectivo”. Emociones, subjetividad y política. Universidad de Lille 3. 15 de septiembre de 2015. A los “asesores” y a los candidatos, les convendría darle una revisadita al tema, para que se expliquen por qué sus estrategias no atinan y por qué la manipulación de resultados y la compra de votos pueden no ser tan efectivas o creíbles esta vez. Arfuch cita otra investigación de la inglesa Sarah Ahmed llamada The cultural politics of emotion (2004). «En su perspectiva, las emociones no son estados psicológicos sino practicas sociales y culturales, no suponen una autoexpresión que se vuelca hacia afuera (in/out) sino más bien se asumen desde el cuerpo social (outside/in), en tanto son las que brindan cohesión al mismo. Esenciales para el aparato psíquico y social, ligadas a objetos no siempre conscientes, son inseparables de las sensaciones corporales y suponen tanto ligazón como movimiento, un aspecto importante en términos de estructura social. Mas que interrogarse sobre “qué son” las emociones la pregunta es “qué hacen” y el terreno para el análisis es, en este caso, las figuras del habla o del discurso que condensan la emocionalidad de los textos.» Nada más y nada menos, por eso los principios van primero, están conectados con los afectos.

sábado, 17 de febrero de 2018

ASÍ ESTAMOS

Joaquín Córdova Rivas Todavía no nos reponemos de una y allí viene la otra. Los malos resultados obtenidos por los estudiantes de tercero de secundaria en el 2017, que conocimos recientemente, más de medio año después de su aplicación, revelan que las cosas no marchan como presume la SEP, ni cuando tenía como titular a Aurelio Nuño. Primero lo primero: «La Secretaría de Educación Pública (SEP), en coordinación con el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) y las autoridades educativas de las entidades federativas, en el marco del Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes (PLANEA), aplicaron la prueba Planea Educación Básica 2017 durante los días 14 y 15 de junio, a 1,096,285 de alumnos de 3er. grado de Secundaria en 33,971 escuelas oficiales y particulares del país. La prueba correspondiente a Planea Educación Básica 3er. grado de Secundaria se aplicó con el propósito de conocer en qué medida los estudiantes logran dominar un conjunto de aprendizajes esenciales al término de la Educación Secundaria, en dos campos de formación: Lenguaje y comunicación y Matemáticas.» http://planea.sep.gob.mx/ba/ Vamos a voltear el análisis y en vez de centrarnos en los niveles bajos (insuficiente y bajo), veamos los que, si los estudiantes aprendieran lo que se supone de acuerdo con planes y programas, serían los esperados (satisfactorio y sobresaliente). De ese casi millón cien mil estudiantes avaluados, apenas el 26.2 por ciento cumplió con lo esperado en Lenguaje y Comunicación, apenitas rebasando la cuarta parte de estudiantes de secundaria con lo suficiente para continuar al siguiente nivel: preparatoria o bachillerato. En Matemáticas apenas el 13.7 por ciento sabe lo que debe de saber. Ya no se hizo alharaca, quizás porque con la centralización educativa producto de las reformas, los estados tienen cada vez menos atribuciones y asumen menos responsabilidades, apenas se dedican a mantener una estructura obsoleta porque allí meten a sus recomendados, con ingresos muy superiores a los de los docentes que sí hacen su chamba. Pero nuestro estado quedó, en un extraño tabulador, en séptimo lugar en Lenguaje y Comunicación —aunque en el “puntaje promedio” sube al cuarto lugar—, y tercero en Matemáticas. Dentro de lo malo, lo menos peor. En el análisis de las variables medidas para encontrar alguna relación con los resultados se encuentra lo obvio: el poder adquisitivo de las familias influye en el desempeño de los muchachos, a mayor poder adquisitivo mejor resultado, y a la inversa: se juntan la ignorancia y la pobreza. También se encuentra relación entre el grado de marginalidad y el puntaje obtenido, aunque aquí entre mayor marginalidad menor aprendizaje. También influyen el tamaño de la localidad donde se encuentren las escuelas, entre más población —y mayores servicios— mejores resultados; entre más urbana sea la localización de la escuela también, amolados los de las escuelas en comunidades rurales, peor si son mayoritariamente indígenas. El grado de desigualdad y descuido es impresionante. Algo que ya se esperaba, pero no deja de sorprender: entre menor es el nivel educativo de los padres, menor es el desempeño escolar de los hijos. Ese “capital cultural” manejado por la sociología expresándose de la manera más cruda, generacional, relación que no se ha logrado romper y misión primordial de la escuela pública. En general, si nuestros adolescentes y niños tienen como actividad principal el estudiar, sus resultados son menos malos, quizás dedicarse por poco tiempo a ayudar en los quehaceres domésticos, o cuidando a algún familiar, o trabajando parcialmente en la actividad remunerativa familiar, los haga valorar el tiempo, hacerse más responsables u organizados, pero cuando esas actividades les consumen más tiempo o esfuerzo, o se les responsabiliza del cuidado permanente de alguien, su rendimiento escolar resulta significativamente afectado. En fin, las correlaciones pueden ser muchas, los datos macro allí están, pero los detalles a nivel comunidad o escuela no son suficientes para que los profesores diagnostiquen con precisión qué pasa en el aula, en cada materia, con cada uno de ellos y su estilo o habilidad para provocar el aprendizaje. http://planea.sep.gob.mx/content/general/docs/2017/RESULTADOS_NACIONALES_PLANEA2017.pdf Nos faltaba mencionar algo de los antecedentes de la reforma educativa, de la que ya deberíamos de estar viendo resultados, ya que: «La educación básica en México, integrada por los niveles de educación preescolar, primaria y secundaria ha experimentado entre 2004 y 2011 una reforma curricular que culminó este último año con el Decreto de Articulación de la Educación Básica. El proceso llevó varios años debido a que se realizó en diferentes momentos en cada nivel educativo: en 2004 se inició en preescolar, en 2006 en secundaria y entre 2009 y 2011 en primaria.» Ya once años tienen las reformas en el nivel secundario, que es nuestro foco de atención, y los resultados están muy lejos de ser los esperados. http://aufop.com/aufop/uploaded_files/articulos/1335398629.pdf Decíamos que no nos reponemos de los resultados de esa evaluación y allí vienen otros. No tardan en darse a conocer los de la evaluación docente de fines del 2017, también está programada la participación en la prueba PISA 2018, del 1 al 4 de mayo en el nivel Medio Superior. Lo bueno, para algunos, es que sus resultados se conocerán hasta después del proceso electoral, pero los pronósticos no son buenos. Así estamos.

sábado, 11 de noviembre de 2017

SOBRE LA ESTUPIDEZ

SOBRE LA ESTUPIDEZ Joaquín Córdova Rivas «¿Cómo es posible que los estúpidos lleguen a alcanzar posiciones de autoridad? Las clases y las castas (tanto laicas como eclesiásticas) permitieron un flujo de poder constante de personas estúpidas a los puestos de poder en las sociedades preindustriales. Ese puesto lo ocupan hoy los partidos políticos, la burocracia y la democracia. Las elecciones generales son un instrumento de gran eficacia para asegurar el mantenimiento estable de la fracción ε (esta letra ε es una constante en el planteamiento del ensayo) entre los poderosos: pueden perjudicar a todos los demás sin obtener ningún beneficio a cambio de su acción. Carlo Maria Cipolla. Allegro ma non troppo.» https://koralieucm.files.wordpress.com/2010/09/carlo-m-cipolla-allegro-ma-non-troppo.pdf Tendremos que agradecerle a la escritora Rosa Montero la recuperación del ensayo de donde salió la cita anterior. Carlo Maria Cipolla escribe un divertido e inteligente texto entre histórico y tipológico, primero, porque a su manera explica la transición europea entre diferentes etapas de su desarrollo: Edad Media y Renacimiento, atendiendo al comercio de las especias “de la pimienta en particular”, y en una segunda parte, establece las leyes de la estupidez, con gráfica incluida, para medir que tan incauto, inteligente, malvado o estúpido es uno mismo o alguien más. Quizás aquí tendría que retractarme, una cualidad del estúpido es que ignora que lo es. Hasta Cipolla lo advierte: «al contrario que los malvados, inteligentes o ingenuos, que tienen constancia de su posición, el estúpido no sabe que es estúpido, y te causarán pérdidas sin malicia, sin remordimientos y sin razón. Estúpidamente.» Regresemos a Rosa Montero para que nos sintetice las “Leyes fundamentales de la estupidez humana”: «Primera, siempre subestimamos la cantidad de estúpidos que hay en el mundo. Segunda, la estupidez es una cualidad independiente de cualquier otra, no está asociada ni al dinero que se tenga o a la clase social o a la educación recibida, los estúpidos lo son de manera absoluta y democrática y siempre habrá en la Tierra un determinado porcentaje de imbéciles (que siempre tenderemos a subestimar). Tercera, un estúpido es alguien que causa daño a los demás sin obtener con ello ningún beneficio e incluso perjudicándose a sí mismo: y tengo la impresión de que esta ley está de rabiosa actualidad en España. Cuarta, por desgracia también subestimamos la inmensa capacidad de los estúpidos para hacer daño (sobre todo, añado yo, cuando a la estupidez se le suma redundantemente el fanatismo). Y quinta: el estúpido es, pues, el individuo más peligroso del mundo. De hecho, los estúpidos son mucho más peligrosos que los malvados.» http://elpaissemanal.elpais.com/columna/rosa-montero-peligrosa-estupidez/?id_externo_rsoc=FB_CC Rosa se queja de la situación en la España actual, pero ¿qué podríamos decir del México del presente? Al parecer el escenario no es mejor, aquí los malvados se sirven de los estúpidos para mantenerse en el poder, que tampoco sería algo muy mexicano, porque es una “cualidad” de la democracia liberal que vivimos asociada al capitalismo de compinches o neoliberal. Lo que sí es que nos pasamos de incautos (según la RAE: Que no tiene cautela. Ingenuo, cándido, que no tiene malicia.), acabamos de pasar por desastres naturales que provocaron víctimas y daños considerables por mucho tiempo, y los medios de comunicación se encargaron de ensalzar y neutralizar esa loable solidaridad ciudadana, diciéndonos que solo nosotros, los mexicanos, nos mostrábamos así ante esas circunstancias, lo que es falso, en todos los lugares donde ocurren ese tipo de eventos, y hasta otros más catastróficos, los humanos nos movilizamos para ayudar a los demás. Pasar del yo individual al nosotros colectivo de forma casi masiva e instantánea, sucede en cualquier país del mundo. Tampoco somos excepcionales en otras muchas cosas, todos creen que su país es el más bonito, el que mejor gastronomía tiene, el que hace la ropa más elaborada y colorida, el que es más feliz. Los estúpidos repiten la cantaleta, los incautos se la creen y siguen votando, los malvados se aprovechan. Diario conocemos de actos de corrupción —los Panama Papers, los Paradise Papers, las casas de colores, las haciendas en Malinalco—, sabemos de instituciones diseñadas para propiciar las fortunas indebidas, aunque sean “legales”, nos percatamos de la absurda impunidad que protege a los poderosos, vemos como los medios de comunicación masiva se desgañitan denunciando la porquería para terminar justificándola: «estamos mal pero así son las cosas». Seguimos cayendo en la mentira de que “ahora sí, en las elecciones, podremos arreglarlo casi todo”. Cipolla es concluyente, no deja lugar para refugiarse en la indiferencia o en la falsa esperanza de que el simple paso del tiempo remediara los entuertos: «en la sociedad en declive: Los miembros estúpidos de la sociedad se vuelven más activos por la actuación permisiva de los otros miembros.» ¿Hasta cuándo se los seguiremos permitiendo?

jueves, 2 de noviembre de 2017

COMPARACIONES INCÓMODAS

Joaquín Córdova Rivas Hay algunas instituciones que, todavía, quieren justificar su existencia y presupuesto, una de ellas es el polémico Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación que, para este 2017, tardecito porque está por terminar, presenta un análisis necesario sobre los “Resultados Nacionales de Logro 2017” en Educación Media Superior. http://publicaciones.inee.edu.mx/buscadorPub/P2/A/328/P2A328.pdf Ni que decir que dichos resultados siguen reflejando, desde la óptica de una prueba masiva y estandarizada, el fracaso de nuestro sistema educativo, por más reformas bien o mal hechas que se han estado implementado desde hace algunos años. Con todo y que nuestro país ha sido cuna y refugio de brillantes pedagogos, seguimos importando modelos que ignoran nuestro contexto histórico y cultural, también pretenden pasar por alto las enormes desigualdades sociales generacionales que no favorecen tener un entorno adecuado para los cambios que se pretenden, o más bien los que serían deseables si tuviéramos un proyecto de sociedad y de país, igualitario, diverso y tolerante. Primer cambio en la mirada, ya no se habla de contenidos, de seguir poniendo el acento en la enorme cantidad de datos sin sentido que todavía contemplan nuestros planes de estudio, ya se refiere a “aprendizajes clave”, que según el INEE: «Son relevantes para la adquisición de nuevos aprendizajes en distintos campos de conocimiento. Son fundamentales para el dominio del campo curricular. Prevalecen en el tiempo con cierta independencia de los cambios curriculares.» Los puntajes se agrupan en 4 niveles, desde el más básico y notoriamente insatisfactorio para un egresado del bachillerato o preparatoria, el malo, el llamado bueno y, finalmente, el excelente. Si las expectativas de los planes de estudio se cumplieran y hablando de aprendizajes clave, todos los estudiantes que salen del nivel medio superior debieran estar en los dos niveles superiores (III y IV), sin excepción. Porque, según lo especifica la propia autoridad educativa: «Los niveles de logro son acumulativos: aquellos estudiantes que han adquirido los aprendizajes de un determinado nivel de logro poseen los del nivel previo (por ejemplo: quienes se ubican en el nivel II, ya tienen los aprendizajes del nivel I; quienes se ubican en el nivel III, poseen los del II y los del I, y así sucesivamente).» Vamos a algunas de las conclusiones, quien quiera consultar los datos pueden complementarlos en la liga electrónica señalada al principio de este texto. En los promedios nacionales, los resultados son consistentes y confiables en la evaluación de los niveles de logro para Lenguaje y Comunicación, y Matemáticas. En los puntajes más altos aparecen los llamados bachilleratos autónomos, es decir las escuelas asociadas con las universidades públicas estatales. Lo que es una paradoja, pues son el sector educativo más golpeado presupuestalmente y más desprestigiado apelando a supuestas razones de disciplina —no llevan uniforme, el control de asistencia a clase no es tan estricto, no se penaliza o se es más tolerante con la apariencia de los estudiantes (no se les está fastidiando con lo largo o corto del cabello, con que si traen piercings o perforaciones “fuera de reglamento”, con que si se ven “extravagantes” a juicio de quién sabe quién, con el color de las calcetas, lo largo de la falda y demás), o a lo variado de su origen económico y cultural. Uno de los muchos factores que podrían ayudar a entender sus mejores resultados, es la expectativa que tienen sus estudiantes, parece lógico imaginar que, quien de inicio prefiere ingresar a un bachillerato asociado a una universidad pública es porque pretende seguir sus estudios en la misma, ya tiene un proyecto de vida que trasciende la educación media superior y en esa dirección enfoca sus esfuerzos, otro, es que el clima de tolerancia los vuelve más autónomos en sus decisiones, ya piensan por sí mismos sin tener encima una “autoridad” que les diga cómo deben verse, qué deben pensar y cómo comportarse. Para los que pagan alguna de las muy caras preparatorias, cuya finalidad principal es el lucro, no la educación, pueden conformarse con un segundo lugar, aunque no muy lejos del resto de las instituciones públicas con administración y financiamiento federal o estatal. Y hasta se puede matizar más, en matemáticas, los bachilleratos de la Dirección General de Educación Tecnológica Industrial (DGETI), tienen un promedio en el puntaje de matemáticas (515) igual al de las preparatorias particulares, aclarando que el máximo es de 800 puntos, así que están igual de mal, aunque arriba del promedio nacional. El capital económico de los estudiantes también influye, entre más acceso a bienes y servicios mejores son los puntajes, pero, los bachilleratos asociados a las universidades autónomas siguen obteniendo los mejores resultados, por arriba de las particulares que concentran a la población con mayores ingresos, así que el tipo de educación cuenta y puede borrar, en algo, las diferencias. Quienes obtienen los puntajes más bajos, prácticamente sin importar el capital económico de sus estudiantes, son los bachilleratos con administración estatal; es lógico si consideramos que a los gobernadores les interesa más utilizar a su sistema educativo como “caja chica”, como lugar dónde depositar a parientes, compadres, ahijados y demás familiares, aunque no tengan la preparación necesaria para ocupar un puesto directivo en ninguna parte. Continua la tendencia cultural de que las estudiantes obtienen mejores resultados en Lenguaje y Comunicación, y los varones en Matemáticas, la diferencia en el promedio nacional es de 20 puntos en el primer caso, y de 30 en el segundo. Hay una parte en que vale la pena acudir a la cita textual, es esta: «En Lenguaje y Comunicación, los alumnos con madres que estudiaron una licenciatura o posgrado obtuvieron un puntaje promedio 112 puntos mayor, en contraste con los alumnos cuyas madres no cuentan con estudios formales. En Matemáticas, los alumnos con madres que estudiaron una licenciatura o posgrado obtuvieron un puntaje promedio 87 puntos mayor, en contraste con los alumnos cuyas madres no cuentan con estudios formales. [...] Diversos autores coinciden en que el nivel de escolaridad de los padres está relacionado con la acumulación de bienes, servicios y recursos que se asocian a la permanencia en la escuela y al desempeño educativo de sus hijos. Además, impacta en la expectativa y el acompañamiento académico que les proporcionan, lo cual puede reflejarse en mejores resultados académicos.» Ese “capital cultural” es importante, influye de manera significativa, pero es generacional y llevará años revertirlo, lo que no se toma en cuenta a la hora de evaluar a los docentes, que tienen un trabajo cuesta arriba desde el inicio de la vida escolar de sus estudiantes. Hay otras comparaciones y conclusiones interesantes, pero se acaba el espacio, basta mencionar, otra vez, que los estudiantes queretanos obtienen el cuarto mejor promedio a nivel nacional en lenguaje y comunicación, y el tercero en matemáticas; dentro de lo malo no estamos tan peor.

IDEOLOGÍA RECONSTRUCTIVA

IDEOLOGÍA RECONSTRUCTIVA Joaquín Córdova Rivas Es cierto, en un primer momento nuestros sentidos son indispensables para apropiarnos de la realidad que nos rodea. Pero, si nos quedamos allí nuestro mundo se hace chiquito, del tamaño de nuestros brazos, de lo que alcancen a tocar nuestras manos, de lo que vean nuestros ojos, de lo que huela la nariz, de lo que oigan los oídos, de lo que pruebe nuestra lengua, y aun así, nada garantiza que mi agudeza visual sea la misma de los demás, tampoco que sienta, huela, saboree o perciba las texturas igual que el resto de mis semejantes. Cada uno tiene su forma de relacionarse sensitivamente consigo mismo y con lo que tiene al alcance. Y no hay forma completa de saber lo que siente cada quien. Agreguemos una cosa más, todo lo que sentimos está mediado por nuestro cerebro, allí se concentran todas las estimulaciones sensoriales y se interpretan. Y esa interpretación también es muy personal. Aprendemos que ciertos olores son desagradables porque indican que hay cierto peligro en tocar o comer lo que nos puede dañar, pero ese aprendizaje depende de los otros, de los que nos acompañan en nuestra tierna infancia, pero lo que para algunos puede ser un contacto amoroso, para otros, eso mismo, puede ser parte de una agresión mayor; lo que alcanzamos a ver tiene también sus efectos, para algunos será arte, para otros simples trazos al azar; hay quien se deleita con un buen vino tinto, otros que no aprecian una bebida de otra, y así podemos seguir con el resto de los sentidos, y aun así faltarían los interoceptivos, esos que nos avisan cómo nos sentimos o en qué posición y distancia estamos con respecto al suelo, o los que cuidan nuestros pasos y equilibrio, o los que sienten las lejanas miradas. Pero no nos conformamos con eso, para salirnos de la limitada cercanía sensitiva inventamos los conceptos, las palabras, el lenguaje. Y entonces, como dicen los clásicos, nuestro mundo, el de cada uno, es del tamaño de ese lenguaje, porque nos apropiamos de lo que nombramos, lo que no tiene nombre para mí, no es parte de mi mundo. Aprendemos a amar y a odiar, a vengarnos o a perdonar, encelarnos o confiar, a pensar y creer que en colectivo podemos vivir mejor, o, al contrario, que el individuo está por encima de todas las cosas y que su libertad vale más que el bienestar de todos, por eso nos agrupamos alrededor de ideologías, de formas de ver e interpretar lo que somos y queremos ser. Por eso, predicar que las diferencias ideológicas ya se sobrepasaron, que ya no existen, que no son necesarias, solo sirve para legitimar e imponer el estado actual de las cosas, fomentar el inmovilismo, el conformismo como bandera social. Así, el discurso del engaño se instala y se normaliza, como muchas cosas indeseables en nuestras vidas. Parece que todos queremos lo mismo, pero la forma de lograrlo puede hacerlo posible o imposible, puede facilitarlo o eternizarlo con las consecuencias sociales —pobreza, muertes por abandono y enfermedad, simple sobrevivencia en lugar de una vida digna— que todos, bueno, casi todos, vemos. No, no es lo mismo la izquierda que la derecha. No es lo mismo establecer políticas sociales para distribuir la riqueza que producimos todos, a creer que hay que concentrar la riqueza en pocas manos para después distribuirla —lo que nunca ocurre, pero es que hay que tenerles paciencia—. No es igual promover y reconocer los derechos de todos, incluso los de las llamadas minorías, que imponer, por la coerción y fuerza del Estado, lo que piensa y cree un pequeño grupo de iluminados que expropia la capacidad de pensar que tenemos todos, disque por nuestro bien, o un hipotético “bien común” que curiosamente nunca se alcanza. Hasta llegamos a justificar políticas de combate a la pobreza que producen más pobres, perdonar deudas fiscales de grandes corporativos que tienen dueños específicos, y ahorcar a los miserables contribuyentes cautivos quienes además “gozan” de salarios miserables y cada vez menos derechos laborales. Pregunta impertinente: ¿por qué las fundaciones de los ricos esperan a que se les done para ellos donar a los damnificados de los desastres naturales, no podrían hacerlo y ya? ¿o es que así duplican sus deducciones fiscales? Pruebe su ideología. Hay maneras diferentes de interpretar la realidad. Nos arrojan el anzuelo de “renunciar” al dinero de las campañas electorales, a cambio de retroceder unas décadas en la representación política equilibrada, que se logra, o al menos se hace posible, con las posiciones plurinominales. Regresar a que la minoría menos pequeña se lleve todo, beneficia al voto duro, corporativo, comprado, que ya sabemos quién tiene. Mientras, las consecuencias de la corrupción aparecen en nuestras carreteras, libramientos viales, calles y edificios mal construidos, nos quieren cambiar unos hipotéticos 9 mil millones de pesos para la reconstrucción del país, que requiere de todo lo que se han robado, a cambio de que nos olvidemos que uno solo de sus gobernadores “desvió” 35 mil millones, buen negocio. Pero habría que olvidarse de los 3 años del crimen impune de Ayotzinapa, de Tlataya, de las redes de trata que cruzan nuestros territorios, de chupaductos y huachicoleros, del acoso y espionaje a dirigentes sociales que buscan desenmarañar las redes de corrupción que invaden todo, de los periodistas que investigan y encuentran lo que otros quieren mantener oculto e impune. La reconstrucción no requiere solo de dinero, que también buscarán “desviar” a sus bolsillos y cuentas bancarias, también de coraje, impaciencia, organización y resultados.

viernes, 22 de septiembre de 2017

LA MANCHA Y LA PUREZA

Joaquín Córdova Rivas Estamos obsesionados con el orden, con inculcar una disciplina que forje al carácter, con educar para imponer principios y virtudes que niegan parte de nuestra naturaleza, con encontrar lo simple en medio del caos que nos rodea. Pero la realidad parece que no es así, que no se domestica a nuestro deseos y afanes de sobrevivencia, que la complejidad está por encima de nuestro entendimiento, que lo simple es una ilusión pasajera. Diferenciar el bien del mal puede que no sea tan fácil como parece, aunque llevemos milenios intentándolo; desde diferentes aproximaciones tratamos de convencernos de que lo que es, y lo que debe ser, puede ser separado sin trauma alguno. Pero no todo es como queremos hacerlo parecer. En una provocadora reseña de Fernando García Ramírez se focaliza el origen del problema: «Desde su panóptico, Hans Magnus Enzensberger observa todo. Se pregunta por las cosas de las que no solemos ocuparnos. Entre ellas, la mancha. “¿Por qué los filósofos han omitido el problema de la mancha?” Basta con que dejemos algo a la intemperie para que se manche. Salimos de casa limpios por la mañana y por la tarde regresamos cubiertos de manchas. Salimos de la juventud impoluta al mundo, y la vejez nos va imponiendo manchas en el rostro y en las manos. ¿De dónde salieron? La realidad ensucia. El tiempo mancha. Hacemos todo lo posible para quitárnoslas, pero es inútil. Gastamos mucho dinero y esfuerzo en tratar de borrar las manchas de la ropa, en limpiar el cuerpo con jabones y afeites; en trapear el piso y fregar los trastos, en lavar el carro y barrer las calles. Todo esto es muy extraño porque en la naturaleza no existe la pureza. “La normalidad –señala Enzensberger– significa mezcla, desorden, desbarajuste, polución, cohabitación, metabolismo, mixtura.” Y sin embargo, en vano limpiamos, tallamos, pulimos sin cesar: puntual, la mancha reaparece siempre. En el mundo se emplean al año veintidós millones de toneladas de detergentes. Nuestro afán permanente de limpieza ensucia el mundo. Esas toneladas de limpiadores terminan en el mar. No nos importa. No nos damos cuenta, como apuntó Philip Roth en su novela, de que la mancha es humana. Como Lady Macbeth, nos lavamos interminablemente las manos porque no soportamos las manchas de sangre, en nuestro caso, de los animales que nos comemos, de la grasa con la que los freímos, de la mierda que nos limpiamos.» Fernando García Ramírez 16 Julio 2017 http://www.letraslibres.com/mexico/revista/la-dificultad-explicar-lo-normal Paro hay de manchas a manchas. Exhibimos la corrupción y a los corruptos, cuando se descuidan y se quedan sin parte de la protección que los multiplica, creemos que eso será suficiente como represalia y castigo, desnudamos esa mancha que afea su humanidad y la sometemos al escarnio público, pero si el filósofo alemán tiene razón, quizás nos identifiquemos con el corrupto, secretamente lo justifiquemos —“está mal pero yo habría hecho lo mismo”, “el que esté libre de corrupción que tire el primer fajo de billetes”—, y en el extremo, hasta lleguemos a envidiarlo. «Lavamos y limpiamos porque, como ningún otro ser en el planeta, aspiramos a la pureza. A vivir sin mácula. Para eso sirve la religión, para lavar el pecado a través de la confesión, comunión, expiación, sacrificio. Para eso sirven las leyes: para mostrarnos qué mancha y qué no. El problema con la obsesión de limpieza, más allá de la contaminación que genera, se da cuando “trasciende el ámbito privado y se convierte en la idea fija de un colectivo”. El afán de limpieza colectiva señala y condena al que le parece sucio, manchado, oscuro, pecador, de sangre impura. “Es en la limpieza de justificaciones éticas o ideológicas donde el lavado obsesivo muda en genocidio”, sentencia y advierte el pensador alemán.» Claro que no hablamos de esas manchas que discriminan al que nos parece extraño a nosotros, por el miedo de reconocernos en él. Hablamos de los malos, los que atentan contra un orden que suponemos sirve para reforzar nuestra pacífica y equitativa convivencia. Sabemos que, si alguien abusa de un poder que no le es propio, atenta de alguna manera contra todos. Ese que se mancha voluntariamente, que se mete en el fangal moral o ético puede salpicarnos a todos, más si nos percatamos que los límites de la pocilga no están tan definidos como creemos. Con todas nuestras dudas, con las manchas que aparecen sin cesar ni dar tregua a nuestros afanes de pureza, sin negar lo que somos y aspirando a lo que podemos ser, vale la pena señalar y castigar a los que ensucian esta humanidad eternamente incompleta. «El mundo es una mancha, sí. El caos siempre vence, las dudas son interminables, los sistemas complejos son imprevisibles, los engranajes nunca son perfectos porque los perturba la gente, ningún pueblo es el elegido de Dios, los ideales de la Ilustración han perdido su razón de ser. Todo esto es cierto, pero estamos aquí y hay que disfrutarlo. “La verdad debe ser buscada por todos”, dice Enzensberger.»

GRADUADOS Y ATURDIDOS

Joaquín Córdova Rivas Fuente de satisfacción personal, orgullo familiar, esperanza social. Los logros educativos pueden ser eso y más, pero también menos. Temporada de graduaciones, nuestros jóvenes celebran el término de la ahora llamada “educación básica obligatoria” que legalmente abarca desde lo que conocemos como preescolar, pasando por primaria y secundaria, para rematar con el bachillerato o preparatoria. En términos legales y de desarrollo, es un tránsito desde la infancia hasta la mayoría de edad. Por eso el trayecto escolar es importante. No solo la escuela educa, también lo hace y de manera determinante la familia, también la iglesia —cualquiera de ellas—, los medios de comunicación, las ahora omnipresentes redes sociales, el entorno urbano o rural y sus costumbres y tradiciones, la vida misma que engloba todo lo anterior y lo que haga falta. La educación formal debiera aspirar a formar ciudadanos críticos, reflexivos y bien informados, además de hacer posible la adquisición de conocimientos necesarios en un contexto histórico actual, y de desarrollar habilidades para aplicarlos para un beneficio colectivo y personal. Muchas veces remará contra la corriente enfrentándose a prejuicios, discriminaciones, intolerancias, imposiciones, supersticiones, desidias, impunidades y corrupciones; con el riesgo de normalizar y legitimar un desorden social injusto y represivo. Pero los riesgos siempre están allí y hacer nada no es una opción. Hay que celebrar con gozo y con cautela, no son cualidades contrarias, menos en estos tiempos convulsos y acelerados. En una sociedad tan desigual como la nuestra todo parece irse a los extremos sin encontrar un equilibrio que disminuya las tensiones sociales, que de tan fuertes llegan a romper un tejido social ya muy dañado. «Se ha generado desde arriba y en torno nuestro una violencia ambiental que todo lo permea y se vuelve lo usual, y que paulatinamente va reduciendo también lo poco que va quedando para vivir sin temor. Y esto es sumamente grave porque va contra los espacios que siempre han sostenido la carga más pesada para que los conflictos no se salgan de cauce, para que tengan contención (en su sentido de algo que acoge y repara): lugares como la pareja, la familia, el grupo escolar, la escuela, la comunidad, los vecinos, el barrio, la unidad habitacional. [...] Crecientemente estos espacios pequeños pero vitales, también están bajo acoso. Es el efecto de las grandes políticas y, sobre todo, de las grandes decisiones que han trastocado la ecología social y que se han convertido en el medio denso y opaco que todos habitamos y respiramos sin importar donde estemos. Es la atmósfera que crean las políticas neoliberales del Estado, los medios y una economía capitalista feroz, nutrida por el narcotráfico y la corrupción. De ahí surgen y se nutren los procesos de desmembramiento de familias y comunidades, la migración y el reforzamiento de la atmósfera violenta. Los promotores del rompimiento de las normas de la convivencia económica antes regulada por la política social, desmantelaron los grandes acuerdos sociales que a su vez alentaban y reforzaban a esos millones de acuerdos pequeños de la malla fina que sostiene la sociedad. Ese es el gran error de un Estado que no promueve el bienestar sino, primordialmente, busca ofrecer condiciones competitivas a la inversión y al comercio internacional. Cuando la mitad de la población económicamente activa no tiene un trabajo formal y sigue estancada en la pobreza, cuando millones viven del subsidio oficial y no de fuentes dignas de trabajo, cuando las escuelas superiores son escasas, se vuelve difícil argumentar que la violencia social generalizada y difusa se debe a que como sociedad no somos suficientemente represivos.» Hugo Aboites. Violencia contra la educación. http://www.jornada.unam.mx/2017/06/24/opinion/016a2pol Allí están presentes las desigualdades sociales, no es lo mismo graduarse en un Colegio de Bachilleres, un CONALEP o cualquier otra escuela pública, que hacerlo en una privada para familias de altos ingresos. Las primeras, atendiendo a las mayorías que muestran los efectos generacionales de esa desigualdad, de la incertidumbre en el futuro y luchando por compensarlos, y las segundas, necesariamente selectivas y discriminadoras, sumidas en la autocomplacencia de los privilegios heredados, de las certezas inmerecidas. El académico, periodista y escritor Ricardo Raphael utiliza como metáfora social un edificio de 10 pisos para explicar la desigualdad y escasa movilidad social: «En México, sólo 4% de quienes se encuentran hasta arriba empezaron la vida en la planta baja de la construcción social. 1 de cada 2 personas nacidas en los dos primeros pisos de abajo tendrá hijos que vivirán ahí mismo. La niña mazahua que vende chicles en la esquina de un barrio elegante tendrá antes de los dieciséis años una hija cuya historia repetirá de manera casi idéntica los pasos de su progenitora; el azar jugará para ella un papel menor porque su biografía ha sido determinada de antemano. Si se coloca la cámara en el otro extremo, resulta que los habitantes de los pisos 9 y 10 son muy afortunados: únicamente 4 de cada 10 llegan a descender al piso 8 y sólo 2 de cada 10 caen más abajo. Mientras los residentes del edificio mexicano la tienen muy difícil cuando quieren subir, quienes están alojados en los pisos superiores corren pocos riesgos de descender. La oportunidad la asigna la cigüeña y después de ello hay poco más que hacer. La razón principal de pertenencia al estrato social deriva del nacimiento, no del mérito, el esfuerzo o las oportunidades.» https://cursosespeciales.files.wordpress.com/2011/07/3-1_raphael_mirreynato_vii.pdf En esas condiciones, una reforma educativa que pretenda una mayor movilidad social topará con las resistencias de quienes ya se apropiaron, de manera exclusiva, de los pisos superiores de este imaginario edificio. Hay que demostrar, por si hiciera falta, que pobreza generacional no es destino y que riqueza heredada o ajena tampoco es garantía de éxito.

EL ESTILO DE GOBERNAR

Joaquín Córdova Rivas No recuerdo que en la historia reciente de Querétaro sucedieran varios hechos que, relacionados, llevaran a pensar en un rompimiento irreparable en la comunicación política entre ciudadanos y gobernantes. Ha habido desencuentros y francas confrontaciones, hasta se ha utilizado a la fuerza pública contra sectores vulnerables de la población con el pretexto de “poner orden” o siguiendo —siquiera como coartada— polémicas resoluciones judiciales. Pero que profesionistas, habitantes o usuarios frecuentes del centro histórico expresen inconformidades por la falta de consenso en la construcción de obra pública, y que por no sentirse escuchados y tomados en cuenta decidan manifestarse hasta ser desalojados por la fuerza, eso sí no se había visto. La verdad, resulta asombroso que en pleno corazón del conservadurismo queretano, exista cuestionamiento e inconformidad contra un gobernante cuya principal característica sea personificar esa forma de pensar y actuar. Como que algo no cuadra. El enojo, la impotencia, la extrañeza por lo que se percibe como un uso desmedido de la fuerza, puede llevar a culpar a una persona, en este caso al presidente municipal de la capital queretana, de tener ciertos rasgos de personalidad que lo lleven a la cerrazón o al autoritarismo, hasta el momento no se ha escuchado que la indignación se dirija a su partido, al resto del gobierno municipal —por ejemplo los regidores, al encargado de seguridad pública, al secretario de obras públicas, a los concertadores políticos, a los encargados de comunicación social cuya tarea sería proveer la información suficiente y poner al alcance de los ciudadanos los argumentos de las acciones de su gobierno—, sino que las quejas y denuncias se enfilan directamente al munícipe. Podemos encontrar la razón de lo anterior en dos características de nuestro sistema político, primero, una debilidad institucional extrema, donde no existen controles a lo que se percibe como caprichos personales, o la simple satisfacción de intereses del mismo tipo. Y segundo, a que la debacle de nuestra democracia empodere a cualquier autoridad —en este caso del poder ejecutivo de un municipio—, por encima de lo que está políticamente pensado. Vamos, que nadie se atreva a pedirle cuentas o ponerle freno cuando se requiera, menos una ciudadanía que, desdeñada y sin voz que sea escuchada en las alturas del poder, inaugura formas diferentes para hacerse oír encontrándose con la fuerza como única razón de Estado. El estilo personal de gobernar —como dijera Daniel Cosío Villegas— era de uso presidencial, pero la atomización, producto de varias reformas políticas mal aplicadas, ha hecho que este término también se tenga que aplicar hasta el nivel de gobiernos municipales. Don Daniel lo explicaba así: «tomaré como punto de partida de este ensayo, una idea bastante obvia, puesto que el presidente de México tiene un poder inmenso, es inevitable que lo ejerza personal y no institucionalmente, o sea que resulta fatal que la persona del presidente le dé a su gobierno un sello peculiar, hasta inconfundible. Es decir, que el temperamento, el carácter, las simpatías y las diferencias, la educación y la experiencia personales influirán de un modo claro en toda su vida pública y, por lo tanto, en todos sus actos de gobierno». Cosío Villegas se refería en específico al sexenio echeverrista y a la forma de gobernar de dicho señor, siempre satanizado por, en primer lugar, la derecha política, por eso resulta extraño que esa corriente ideológica, tan refractaria al echeverrismo, haga lo mismo cuando ocupa cualquier puesto gubernamental, y que la “inmensidad” de ese poder quepa en los estrechos márgenes geográficos de un municipio. El 4 de mayo de 1995 Lorenzo Meyer —El estilo impersonal de gobernar, diario Reforma— escribía: «Daniel Cosío Villegas en El estilo personal de gobernar (Mortiz, 1974), y tras examinar el gobierno de Luis Echeverría, formuló una hipótesis: en nuestro país, una parte sustantiva de la política se explica más por las características personales de quien concentra y ejerce en grado desmedido el poder —el presidente—, que por las condiciones estructurales del sistema en que ese poder se ejerce. Otra forma de decir lo mismo es esta: la institucionalización política en México es deficiente y las personalidades importan mucho. Para don Daniel, no había duda que las características más desafortunadas del echeverriato —incongruencia, contradicción, improvisación, desmesura o ignorancia— coincidían con las peores características del propio Luis Echeverría Álvarez. En virtud de lo anterior, y según don Daniel, la esencia de la vida pública en México depende en alto grado de las características individuales de sus presidentes.» Vamos al meollo del asunto. Una céntrica avenida, que sí requería de reparaciones, es cuestionada por la excesiva tardanza en realizarlas y por el método absurdo de ensayo y error hasta para poner los adoquines. Otra calle importante del centro histórico intervenida sin que parezca existir una necesidad manifiesta, más bien parece simple capricho. Para colmo, se utiliza maquinaría que con su peso y excesivas vibraciones está afectando las viejas construcciones que le dan ese sello característico a un lugar catalogado como patrimonio cultural de la humanidad. Lo malo es que la información presentada en la página electrónica del municipio en cuestión, nos regala una ficha técnica que da por terminada la obra en el mes de enero de este año, siendo que el 25 de julio, fecha de la consulta electrónica, eso no era cierto. Más, la ficha técnica de la obra en la avenida Ezequiel Montes no aparece ni georeferenciada —http://www.municipiodequeretaro.gob.mx/transparencia_obraspublicas.php—. Otro detallito, la misma página advierte que está “actualizada” hasta febrero de este año. Como que es mucho desorden para ser accidental. De plano nuestra “institucionalidad democrática” está por los suelos, no hay quién les pida cuentas a nuestros gobernantes, ni su partido, ni una autoridad superior del mismo poder, y tampoco funciona la vigilancia de los otros poderes entre sí, cada quien hace lo que se le pega la gana sin más criterio que su propio capricho, por eso la corrupción está metida hasta el tuétano de nuestro sistema político. Ya se multiplican las voces de alerta, hasta los organismos empresariales están asustados del monstruito que alimentaron, hasta que creció al punto de amenazarlos directamente. Para la ciudadanía es otra cosa, es el descubrir que no hay casos aislados, que la represión es pareja, que la intolerancia se disfraza de orden público y arrasa con quien se deje.

lunes, 20 de marzo de 2017

REESCRIBIR LA HISTORIA

Joaquín Córdova Rivas Se tardaron y lo hacen mal. Además, reescribir la historia sirve cuando se quiere darle otro significado a la existencia, no para justificar los fracasos permanentes y cotidianos. Las despreciadas culturas indígenas tienen maneras de expresar lo anterior, cuando la mala suerte inexplicable se ensaña con alguien, suelen hacer rituales, no para borrar lo malo que ha pasado, porque no se puede, sino para escribir encima de él. A nuestra derecha política le siguen molestando los derechos sociales establecidos hace 100 años como horizonte hacia el cual encaminar los pasos, y en un lance tragicómico, pretenden enjaretarle los fracasos neoliberales recientes a lo que llaman el gran fiasco constitucionalista, lo que no entienden es que, otra vez, están llegando tarde a la historia. El profesor de historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén Yuval Noah Harari, en su polémico pero interesante libro llamado Homo Deus, dice que: “Los movimientos que pretenden cambiar el mundo suelen empezar reescribiendo la historia, con lo que permiten que la gente vuelva a imaginar el futuro. Ya sea lo que queramos que los obreros organicen una huelga general, que las mujeres tomen posesión de su cuerpo o que las minorías oprimidas exijan derechos políticos, el primer paso es volver a narrar su historia. La nueva historia explicará que «nuestra situación actual no es natural ni eterna. Antaño las cosas eran diferentes. Solo una sucesión de acontecimientos casuales creó el mundo injusto que hoy conocemos. Si actuamos con sensatez, podemos cambiar este mundo y crear otro mucho mejor». Esta es la razón por la que los marxistas vuelven a contar la historia del capitalismo, por la que las feministas estudian la formación de las sociedades patriarcales y por la que los afroamericanos conmemoran los horrores de la trata de esclavos. Su objetivo no es perpetuar el pasado, sino que nos libremos de él”. Esa liberación pasa por el conocimiento, no por la ignorancia; pasa por la imaginación, no por la simple aplicación de modelos sociales o económicos como recetas de cocina; se trata de construir un futuro colectivo, no de dinamitarlo queriendo forzar el regreso a pasadas épocas gloriosas para unos cuantos. Como preámbulo ya fue suficiente, las marchas por la unidad —primera contradicción que fueran al menos dos en lugar de la “unitaria”—, con el patrocinio descarado de las grandes cadenas de comunicación masiva, fueron el primer intento fallido por crear un “enemigo común externo” que aglutinara nuestras inconformidades internas y las neutralizara. Por eso, la petición cándida, pero con mucha jiribilla, de utilizar pancartas con demandas “neutras” —lo que también contradice el espíritu y la necesidad de hacer una manifestación pública del tamaño que sea, cuando se sale a las calles a marchar es para exigir algo, no nada más para pasearse o sacar a la mascota a hacer ejercicio—. Al señor Trump le sirvió inventarnos, a los mexicanos, como enemigo común. Conoce, lo mismo que nosotros, nuestras debilidades acentuadas por la aplicación de un modelo económico dependiente y que ha desmantelado nuestra planta productiva —ni siquiera, según estudios recientes, somos capaces de proveer de insumos básicos a la industria maquiladora asentada en nuestro país, la gran ganona es China—, sabe de las múltiples corrupciones de nuestra inepta casta política, de su coloniaje intelectual y falta de identificación con los intereses mayoritarios. Todas esas debilidades nos hacen vulnerables, peor porque sabemos que no tendría por qué ser así. Enfrentar esa visión, que ni siquiera es monolítica, solo se puede hacer desde la diversidad de puntos de vista. Desnudar los argumentos simplones basados en la ignorancia se logra resistiendo y probando formas alternativas de hacer las cosas, no copiando e inventando una falsa unidad que olvide o perdone los múltiples agravios internos. Denunciar a nuestros gobernantes, exhibir sus corrupciones, tratar de frenar sus impunidades, no nos debilita ni nos divide, al contrario, nos fortalece y aglutina para dar la cara ante quienes quieran discriminarnos y despreciarnos. Tal vez nos ha faltado tiempo, reflexión y paciencia para terminar de entender que sufrimos los coletazos de un imperio que sabe que se desploma pero quiere aventar el cascajo a sus vecinos, que ellos —nosotros— compartan los costos del derrumbe y les construyan no un muro que impida el paso, sino uno que impida ver sus miserias: su intolerancia, su discriminación, su machismo trasnochado, su falso puritanismo —¿hay de otro?—, su desprecio por los derechos humanos, todo lo que estuvo enterrado bajo una fina capa de polvo y que el vendaval neoliberal está dejando al descubierto, no para cambiarlo, sino para justificarse y socializar sus cuantiosas pérdidas.

sábado, 9 de julio de 2016

ABUSIVOS Y DESCONTROLADOS

Los deslindes, los malos entendidos y las burlas públicas no pueden ser simples problemas de traducción o de desconocimiento de contextos culturales diferentes. Mientras el secretario de gobernación amenazaba a los profesores y pobladores que bloquean carreteras, en un intento más de hacerse oír ante un gobierno sordo y autoritario, y una sociedad grotescamente manipulada por los medios de comunicación de los grandes grupos empresariales, al que trabaja como presidente de este país le iba como en feria en Canadá, con sus supuestos homólogos de Estados Unidos y el país anfitrión. Los videos que circulan por las redes sociales dan cuenta de una percepción que se ajusta a una ceñida interpretación de señales que nuestra clase política sigue sin entender. Es cierto que el sistema económico actual requiere de corrupción y cierto grado de violencia para imponerse y mantenerse, pero el requisito principal es que “reparta” los “beneficios” entre los poquitos ganones de siempre. Pero nuestros políticos insisten en quedarse con todo, en no tener llenadera alguna, ya resultan más un estorbo que un conveniente, aunque estúpido, aliado. Se los dijeron primero, y públicamente, a través de una secretaria de estado que ahora es candidata demócrata a la presidencia, después más claro en una intervención, también pública, ante universitarios de élite de la propuesta, y ahora ratificada, embajadora estadunidense en nuestro país, que les repitió la dosis en la presentación de sus cartas credenciales y, después, en la participación en una marcha celebrando la diversidad sexual. Nuestros gobernantes abusan tanto de la corrupción, de la inseguridad y de la violencia, que están provocando reacciones encontradas cada vez más fuertes, poniendo en riesgo este neoliberalismo que necesita un ligero barniz de legitimidad. Mientras, los informes de organizaciones internacionales dan cuenta del grave estado de los derechos humanos en este país, casi no hay semana en que alguno termine su investigación y nos exhiba como un país de mentiras, porque hasta fabricamos culpables al contentillo de cualquiera, para esconder el fracaso intencional en la guerra contra la delincuencia organizada. Pero quizás las cifras ya no nos digan nada, estamos tan insensibles y “normalizamos” tanto la violencia que corremos el riesgo de tolerarla y creer que es inevitable. Va un caso de los 100 que documentó detalladamente Amnistía Internacional para su informe titulado: Sobrevivir a la Muerte, Tortura de Mujeres por Policías y Fuerzas Armadas en México AMR 41/4237/2016 «Mónica, entonces de 26 años, viajaba en automóvil con su esposo y su hermano el 12 de febrero de 2013 cuando les dio el alto la Policía Municipal de Torreón, en el estado de Coahuila. Mónica relató a Amnistía Internacional los sucesos que siguieron. Los agentes no mostraron orden de aprehensión alguna, pero se los llevaron a los tres a un galpón detrás de las oficinas de la Dirección de Seguridad Pública de Torreón. Mónica al principio se quedó fuera, en una camioneta policial. Un oficial llegó y, cuando vio a Mónica allí, se puso furioso con la agente que la había llevado, y le dijo: “¡Eres una pendeja! ¿Por qué la tienes detenida ahí?”. Unos minutos después regresó y metió a Mónica en el galpón, amenazándola con cortarla en pedacitos. Según el relato de Mónica, al entrar en el galpón el oficial le dijo, “bienvenida a la fiesta”, y ella vio a su hermano y su esposo sentados, desnudos y ensangrentados. Los policías agarraron a Mónica y empezaron a simular que la ahogaban sumergiéndole repetidamente la cabeza en una cubeta. Luego la asfixiaron con bolsas de plástico, la golpearon en las nalgas con un tablón de madera y la arrastraron por el suelo agarrándola del pelo. Durante todo ese tiempo, no dejaron de hacerle preguntas que Mónica no podía contestar. Mónica vio cómo golpeaban a su esposo con látigos con espuelas de metal y cómo le desprendían la piel de la pierna con un cuchillo. Los policías municipales aplicaron descargas eléctricas a Mónica en los genitales y las piernas. A continuación, un representante de la Secretaría de Seguridad Pública de Torreón la agarró y empezó a besarla bruscamente y a morderla en la cara y el cuello, y luego la violó delante de su esposo y su hermano. Después, seis policías la violaron uno detrás de otro, y a continuación se masturbaron en su cara y la obligaron a practicarles sexo oral y tragarse el esperma. Durante esa brutal violación, unos miembros uniformados del ejército estuvieron allí mirando. Luego la policía llevó a los tres detenidos a las oficinas de la PGR en Torreón. En el camino, el esposo de Mónica murió en sus brazos, a consecuencia de la tortura. Tras permanecer más de 12 horas bajo custodia policial, a Mónica la llevaron en avión a las oficinas de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO) en la Ciudad de México, donde la obligaron a firmar una “confesión” en la que decía que formaba parte del cártel de droga de los Zeta. Luego se desmayó, y la llevaron a toda prisa al hospital. En agosto de 2014, expertos forenses de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) confirmaron que Mónica había sido violada y que su esposo había sido ejecutado arbitrariamente a consecuencia de su tortura. En abril de 2016, la CNDH emitió una recomendación en la que pedía una investigación criminal sobre el caso. Mónica está en prisión en espera del resultado de su juicio por cargos de participación en delincuencia organizada. Dos de sus cuatro hijos, de corta edad, están al cuidado de un albergue, ya que su familia no puede asumir el costo de su manutención.» Cualquiera, literalmente, puede ser detenido, torturado y obligado a “confesar” cualquier cosa que a nuestros cuerpos “de seguridad” les dé la gana. Somos rehenes en un país donde sólo tenemos el derecho de sufrir abusos en silencio, apenas algunos de miles de casos salen a la luz y provocan alguna respuesta, como el de la valiente señora que denuncia el robo y la violación en un autobús de la línea de transporte más lujosa y en la autopista más transitada del país, pero primero tuvo que “compartirlo” en las redes sociales para que los medios masivos hicieran algo de eco porque era imposible seguir ocultando lo que siempre desdeñan. Después la respuesta ridícula pero apantallante, la movilización, tardía, insuficiente, de 300 policías para “vigilar” 100 kilómetros de carretera, como si las “fuerzas del orden” no fueran parte del problema, sin dejar de reconocer que entre sus integrantes hay quienes quieren hacer la diferencia, pero el mismo sistema los ahoga y sobrepasa. No es solo Oaxaca, no es solo la CNTE, no son solo los familiares de los desaparecidos, no es solo Ayotzinapa o Tlatlaya o Nochixtlán o San Fernando o la guardería ABC, no son solo las mujeres torturadas o violadas o asesinadas, no son solo los inocentes a quienes les fabrican delitos, también son las mentiras y los abusos cotidianos. Somos casi todos.