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sábado, 17 de agosto de 2019

EQUIDAD EN LA EDUCACIÓN

Joaquín Córdova Rivas Somos uno de los países más desiguales del mundo, la brecha entre ricos y pobres es cada vez más ancha, hay un diseño institucional que favorece que la riqueza que producimos entre todos se concentre en unas cuantas familias a costa de los demás. La movilidad social basada en el conocimiento y el esfuerzo es prácticamente inexistente desde hace, por lo menos, dos décadas, lo que significa que la riqueza y la pobreza se heredan independientemente de las políticas sociales y económicas que debieran producir el efecto contrario. En ese desventajoso contexto que produce como efectos, entre otros, un imparable abandono escolar, desinterés de profesores y estudiantes por innovar la práctica educativa, creciente desintegración familiar donde los hijos son simple moneda de cambio entre los integrantes de la pareja, embarazo infantil y juvenil, incremento en el consumo de drogas, mayor violencia, desesperanza en un futuro mejor o al menos con la misma calidad de vida —con más de la mitad de la población en situación de pobreza tampoco es algo motivador— que los padres, hay la urgente necesidad de hacer cambios radicales en las instituciones que favorecen el cierre de esas brechas socioeconómicas, comenzando por la educación pública. Lo mínimo que se puede ofrecer es un piso lo más parejo posible. Sabemos que hay escuelas para ricos y escuelas para pobres. Las primeras están mejor equipadas material y tecnológicamente, a fin de cuentas, son un negocio y se tienen que vender. Las segundas apenas cuentan —y a veces ni eso— con lo más indispensable. Pero la inteligencia está repartida democráticamente, la curiosidad, la capacidad de asombro, las ganas de aprender y progresar no distinguen origen social o ingreso económico familiar. Entonces hay que garantizar, a todos, el mismo acceso al conocimiento y un ambiente que facilite el desarrollo de aptitudes y competencias, para que las brechas socioeconómicas no se conviertan en un destino ineludible. Ya perdimos mucho tiempo en imponer una reforma educativa planeada desde el escritorio, vertical y autoritaria, que buscaba culpabilizar a los maestros dejando fuera de la jugada el papel de los directivos —frecuentemente improvisados pero influyentes para ser nombrados y ganar altos sueldos injustificados—, de los medios de comunicación y de una casta política depredadora y profundamente corrupta. Y aunque los cambios tardarán en verse y asentarse, hay que hacerlos de la mejor manera posible y con la participación de todos los interesados. Veamos el caso de la educación media superior. «La propuesta educativa de la actual administración 2018-2024 considera de manera prioritaria que se deben reconocer las necesidades y condiciones reales de los estudiantes y, con base en ello, se definirá el perfil del ciudadano que se quiere formar y las rutas que deberán implementarse desde el sistema educativo, que favorezcan la formación integral y la reducción de las desigualdades sociales que permita consolidar la calidad y equidad en la educación. Que los estudiantes tengan los elementos necesarios para continuar con su formación superior, o bien, incorporarse a la vida laboral. Esto será la base de un replanteamiento curricular que surgirá del consenso de los actores educativos.» El conocimiento no es transferible en el sentido de que no basta que uno aprenda para que los demás —sin esfuerzo y participación alguna— sepan lo mismo y al mismo tiempo. La primera tarea es caracterizar y tomar en cuenta a quienes deben aprender en un sistema escolarizado. «Se considera a los estudiantes, en su mayoría jóvenes entre 15 y 18 años de edad, como los actores centrales de este nivel educativo. Es necesario fortalecer el significado del aprendizaje y la calidad de la enseñanza para motivar el interés de los estudiantes, a través de recursos didácticos adecuados y la incorporación de una oferta, una formación pertinente, que se relacione cada vez más con su vida diaria y con las expectativas de su futuro. Para que exista una educación de calidad se deben contemplar al menos las siguientes condiciones: pertinencia, que significa un currículum adecuado a las circunstancias de los estudiantes y, relevancia, que sea acorde con las necesidades de la sociedad y del alumno como parte de ella. Además, lograr que los jóvenes accedan a la escuela, permanezcan en ella hasta el final del trayecto obligatorio y egresen con los aprendizajes establecidos en los planes de estudio, esto es, que los aprendizajes sean perdurables, que aprendan a aprender y que se traduzcan en comportamientos sustentados en valores individuales y sociales.» No hay mayor injusticia que tratar igual a desiguales. Cualquier sistema educativo debe contemplar las diferencias y establecer los mecanismos compensatorios necesarios para que todos los estudiantes se sientan seguros, confiados, acompañados y dediquen su principal esfuerzo a aprender. No vivimos segregados o divididos por categorías, en todo núcleo social conviven personas con alguna discapacidad con temporalmente capacitados, habilidosos en matemáticas y otros en lenguaje o en algún deporte o manifestación artística, flacos y no tanto, altos y bajos, rubios y morenos, bueno, hay de todo, por eso queremos una educación que incluya todas las diferencias. «Para ello es necesario contar con recursos humanos calificados y materiales suficientes que se aprovechen de manera racional, que se tome en cuenta las brechas de desigualdad que hay entre los estudiantes, y que se ofrezcan apoyos especiales a quienes lo requieran, para que los objetivos educativos sean alcanzados por el mayor número posible de los estudiantes.» Pero los esfuerzos educativos de poco sirven si los estudiantes sienten que la escuela los abandona, que no cubre con sus necesidades de conocimiento, de posibilidad a futuro, si no le ayuda a identificar sus emociones y a controlarlas, si no recibe un apoyo solidario de la comunidad escolar. «Un problema urgente por resolver es el abandono escolar, visto de otro modo, es la exclusión de muchos jóvenes de la oportunidad de estudiar. En este sentido, se buscará disminuir y superar todo tipo de exclusión educativa, así como identificar las razones y procesos de la deserción escolar. Se propone revisar las condiciones que existen en la comunidad estudiantil de este nivel educativo: edad, desarrollo socio-afectivo, logro escolar, hábitos de estudio, situación económica de la familia, estado de salud, acceso a la infraestructura educativa física o virtual, por mencionar sólo algunas; también se propone revisar el funcionamiento de los programas que se han implementado, con el objetivo de disminuir el abandono escolar y que no han logrado los resultados esperados.» http://sems.gob.mx/work/models/sems/Resource/13005/1/images/L%C3%83%C2%ADneas%20de%20pol%C3%83%C2%ADtica%20p%C3%83%C2%BAblica_Diseno.pdf Disque son vacaciones o receso escolar y en estas estamos.

jueves, 2 de noviembre de 2017

COMPARACIONES INCÓMODAS

Joaquín Córdova Rivas Hay algunas instituciones que, todavía, quieren justificar su existencia y presupuesto, una de ellas es el polémico Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación que, para este 2017, tardecito porque está por terminar, presenta un análisis necesario sobre los “Resultados Nacionales de Logro 2017” en Educación Media Superior. http://publicaciones.inee.edu.mx/buscadorPub/P2/A/328/P2A328.pdf Ni que decir que dichos resultados siguen reflejando, desde la óptica de una prueba masiva y estandarizada, el fracaso de nuestro sistema educativo, por más reformas bien o mal hechas que se han estado implementado desde hace algunos años. Con todo y que nuestro país ha sido cuna y refugio de brillantes pedagogos, seguimos importando modelos que ignoran nuestro contexto histórico y cultural, también pretenden pasar por alto las enormes desigualdades sociales generacionales que no favorecen tener un entorno adecuado para los cambios que se pretenden, o más bien los que serían deseables si tuviéramos un proyecto de sociedad y de país, igualitario, diverso y tolerante. Primer cambio en la mirada, ya no se habla de contenidos, de seguir poniendo el acento en la enorme cantidad de datos sin sentido que todavía contemplan nuestros planes de estudio, ya se refiere a “aprendizajes clave”, que según el INEE: «Son relevantes para la adquisición de nuevos aprendizajes en distintos campos de conocimiento. Son fundamentales para el dominio del campo curricular. Prevalecen en el tiempo con cierta independencia de los cambios curriculares.» Los puntajes se agrupan en 4 niveles, desde el más básico y notoriamente insatisfactorio para un egresado del bachillerato o preparatoria, el malo, el llamado bueno y, finalmente, el excelente. Si las expectativas de los planes de estudio se cumplieran y hablando de aprendizajes clave, todos los estudiantes que salen del nivel medio superior debieran estar en los dos niveles superiores (III y IV), sin excepción. Porque, según lo especifica la propia autoridad educativa: «Los niveles de logro son acumulativos: aquellos estudiantes que han adquirido los aprendizajes de un determinado nivel de logro poseen los del nivel previo (por ejemplo: quienes se ubican en el nivel II, ya tienen los aprendizajes del nivel I; quienes se ubican en el nivel III, poseen los del II y los del I, y así sucesivamente).» Vamos a algunas de las conclusiones, quien quiera consultar los datos pueden complementarlos en la liga electrónica señalada al principio de este texto. En los promedios nacionales, los resultados son consistentes y confiables en la evaluación de los niveles de logro para Lenguaje y Comunicación, y Matemáticas. En los puntajes más altos aparecen los llamados bachilleratos autónomos, es decir las escuelas asociadas con las universidades públicas estatales. Lo que es una paradoja, pues son el sector educativo más golpeado presupuestalmente y más desprestigiado apelando a supuestas razones de disciplina —no llevan uniforme, el control de asistencia a clase no es tan estricto, no se penaliza o se es más tolerante con la apariencia de los estudiantes (no se les está fastidiando con lo largo o corto del cabello, con que si traen piercings o perforaciones “fuera de reglamento”, con que si se ven “extravagantes” a juicio de quién sabe quién, con el color de las calcetas, lo largo de la falda y demás), o a lo variado de su origen económico y cultural. Uno de los muchos factores que podrían ayudar a entender sus mejores resultados, es la expectativa que tienen sus estudiantes, parece lógico imaginar que, quien de inicio prefiere ingresar a un bachillerato asociado a una universidad pública es porque pretende seguir sus estudios en la misma, ya tiene un proyecto de vida que trasciende la educación media superior y en esa dirección enfoca sus esfuerzos, otro, es que el clima de tolerancia los vuelve más autónomos en sus decisiones, ya piensan por sí mismos sin tener encima una “autoridad” que les diga cómo deben verse, qué deben pensar y cómo comportarse. Para los que pagan alguna de las muy caras preparatorias, cuya finalidad principal es el lucro, no la educación, pueden conformarse con un segundo lugar, aunque no muy lejos del resto de las instituciones públicas con administración y financiamiento federal o estatal. Y hasta se puede matizar más, en matemáticas, los bachilleratos de la Dirección General de Educación Tecnológica Industrial (DGETI), tienen un promedio en el puntaje de matemáticas (515) igual al de las preparatorias particulares, aclarando que el máximo es de 800 puntos, así que están igual de mal, aunque arriba del promedio nacional. El capital económico de los estudiantes también influye, entre más acceso a bienes y servicios mejores son los puntajes, pero, los bachilleratos asociados a las universidades autónomas siguen obteniendo los mejores resultados, por arriba de las particulares que concentran a la población con mayores ingresos, así que el tipo de educación cuenta y puede borrar, en algo, las diferencias. Quienes obtienen los puntajes más bajos, prácticamente sin importar el capital económico de sus estudiantes, son los bachilleratos con administración estatal; es lógico si consideramos que a los gobernadores les interesa más utilizar a su sistema educativo como “caja chica”, como lugar dónde depositar a parientes, compadres, ahijados y demás familiares, aunque no tengan la preparación necesaria para ocupar un puesto directivo en ninguna parte. Continua la tendencia cultural de que las estudiantes obtienen mejores resultados en Lenguaje y Comunicación, y los varones en Matemáticas, la diferencia en el promedio nacional es de 20 puntos en el primer caso, y de 30 en el segundo. Hay una parte en que vale la pena acudir a la cita textual, es esta: «En Lenguaje y Comunicación, los alumnos con madres que estudiaron una licenciatura o posgrado obtuvieron un puntaje promedio 112 puntos mayor, en contraste con los alumnos cuyas madres no cuentan con estudios formales. En Matemáticas, los alumnos con madres que estudiaron una licenciatura o posgrado obtuvieron un puntaje promedio 87 puntos mayor, en contraste con los alumnos cuyas madres no cuentan con estudios formales. [...] Diversos autores coinciden en que el nivel de escolaridad de los padres está relacionado con la acumulación de bienes, servicios y recursos que se asocian a la permanencia en la escuela y al desempeño educativo de sus hijos. Además, impacta en la expectativa y el acompañamiento académico que les proporcionan, lo cual puede reflejarse en mejores resultados académicos.» Ese “capital cultural” es importante, influye de manera significativa, pero es generacional y llevará años revertirlo, lo que no se toma en cuenta a la hora de evaluar a los docentes, que tienen un trabajo cuesta arriba desde el inicio de la vida escolar de sus estudiantes. Hay otras comparaciones y conclusiones interesantes, pero se acaba el espacio, basta mencionar, otra vez, que los estudiantes queretanos obtienen el cuarto mejor promedio a nivel nacional en lenguaje y comunicación, y el tercero en matemáticas; dentro de lo malo no estamos tan peor.

viernes, 22 de septiembre de 2017

GRADUADOS Y ATURDIDOS

Joaquín Córdova Rivas Fuente de satisfacción personal, orgullo familiar, esperanza social. Los logros educativos pueden ser eso y más, pero también menos. Temporada de graduaciones, nuestros jóvenes celebran el término de la ahora llamada “educación básica obligatoria” que legalmente abarca desde lo que conocemos como preescolar, pasando por primaria y secundaria, para rematar con el bachillerato o preparatoria. En términos legales y de desarrollo, es un tránsito desde la infancia hasta la mayoría de edad. Por eso el trayecto escolar es importante. No solo la escuela educa, también lo hace y de manera determinante la familia, también la iglesia —cualquiera de ellas—, los medios de comunicación, las ahora omnipresentes redes sociales, el entorno urbano o rural y sus costumbres y tradiciones, la vida misma que engloba todo lo anterior y lo que haga falta. La educación formal debiera aspirar a formar ciudadanos críticos, reflexivos y bien informados, además de hacer posible la adquisición de conocimientos necesarios en un contexto histórico actual, y de desarrollar habilidades para aplicarlos para un beneficio colectivo y personal. Muchas veces remará contra la corriente enfrentándose a prejuicios, discriminaciones, intolerancias, imposiciones, supersticiones, desidias, impunidades y corrupciones; con el riesgo de normalizar y legitimar un desorden social injusto y represivo. Pero los riesgos siempre están allí y hacer nada no es una opción. Hay que celebrar con gozo y con cautela, no son cualidades contrarias, menos en estos tiempos convulsos y acelerados. En una sociedad tan desigual como la nuestra todo parece irse a los extremos sin encontrar un equilibrio que disminuya las tensiones sociales, que de tan fuertes llegan a romper un tejido social ya muy dañado. «Se ha generado desde arriba y en torno nuestro una violencia ambiental que todo lo permea y se vuelve lo usual, y que paulatinamente va reduciendo también lo poco que va quedando para vivir sin temor. Y esto es sumamente grave porque va contra los espacios que siempre han sostenido la carga más pesada para que los conflictos no se salgan de cauce, para que tengan contención (en su sentido de algo que acoge y repara): lugares como la pareja, la familia, el grupo escolar, la escuela, la comunidad, los vecinos, el barrio, la unidad habitacional. [...] Crecientemente estos espacios pequeños pero vitales, también están bajo acoso. Es el efecto de las grandes políticas y, sobre todo, de las grandes decisiones que han trastocado la ecología social y que se han convertido en el medio denso y opaco que todos habitamos y respiramos sin importar donde estemos. Es la atmósfera que crean las políticas neoliberales del Estado, los medios y una economía capitalista feroz, nutrida por el narcotráfico y la corrupción. De ahí surgen y se nutren los procesos de desmembramiento de familias y comunidades, la migración y el reforzamiento de la atmósfera violenta. Los promotores del rompimiento de las normas de la convivencia económica antes regulada por la política social, desmantelaron los grandes acuerdos sociales que a su vez alentaban y reforzaban a esos millones de acuerdos pequeños de la malla fina que sostiene la sociedad. Ese es el gran error de un Estado que no promueve el bienestar sino, primordialmente, busca ofrecer condiciones competitivas a la inversión y al comercio internacional. Cuando la mitad de la población económicamente activa no tiene un trabajo formal y sigue estancada en la pobreza, cuando millones viven del subsidio oficial y no de fuentes dignas de trabajo, cuando las escuelas superiores son escasas, se vuelve difícil argumentar que la violencia social generalizada y difusa se debe a que como sociedad no somos suficientemente represivos.» Hugo Aboites. Violencia contra la educación. http://www.jornada.unam.mx/2017/06/24/opinion/016a2pol Allí están presentes las desigualdades sociales, no es lo mismo graduarse en un Colegio de Bachilleres, un CONALEP o cualquier otra escuela pública, que hacerlo en una privada para familias de altos ingresos. Las primeras, atendiendo a las mayorías que muestran los efectos generacionales de esa desigualdad, de la incertidumbre en el futuro y luchando por compensarlos, y las segundas, necesariamente selectivas y discriminadoras, sumidas en la autocomplacencia de los privilegios heredados, de las certezas inmerecidas. El académico, periodista y escritor Ricardo Raphael utiliza como metáfora social un edificio de 10 pisos para explicar la desigualdad y escasa movilidad social: «En México, sólo 4% de quienes se encuentran hasta arriba empezaron la vida en la planta baja de la construcción social. 1 de cada 2 personas nacidas en los dos primeros pisos de abajo tendrá hijos que vivirán ahí mismo. La niña mazahua que vende chicles en la esquina de un barrio elegante tendrá antes de los dieciséis años una hija cuya historia repetirá de manera casi idéntica los pasos de su progenitora; el azar jugará para ella un papel menor porque su biografía ha sido determinada de antemano. Si se coloca la cámara en el otro extremo, resulta que los habitantes de los pisos 9 y 10 son muy afortunados: únicamente 4 de cada 10 llegan a descender al piso 8 y sólo 2 de cada 10 caen más abajo. Mientras los residentes del edificio mexicano la tienen muy difícil cuando quieren subir, quienes están alojados en los pisos superiores corren pocos riesgos de descender. La oportunidad la asigna la cigüeña y después de ello hay poco más que hacer. La razón principal de pertenencia al estrato social deriva del nacimiento, no del mérito, el esfuerzo o las oportunidades.» https://cursosespeciales.files.wordpress.com/2011/07/3-1_raphael_mirreynato_vii.pdf En esas condiciones, una reforma educativa que pretenda una mayor movilidad social topará con las resistencias de quienes ya se apropiaron, de manera exclusiva, de los pisos superiores de este imaginario edificio. Hay que demostrar, por si hiciera falta, que pobreza generacional no es destino y que riqueza heredada o ajena tampoco es garantía de éxito.

sábado, 5 de diciembre de 2015

UNA BUENA Y OTRA DUDOSA

Comencemos por algo agradable, por puro gusto, porque hace falta: «"Yo nací en una comunidad totalmente indígena, crecí de la milpa, tengo el sabor de la milpa, porque cuando voy a Oxchuc encuentro la diferencia del sabor del elote de mi pueblo recién arrancado de la milpa. Y veo en mis hijos que estudian ahora en la Universidad, ya no encuentran esa diferencia, porque ya no crecieron con ese sabor del maíz. Quiero dejar una constancia de cómo éramos, de cómo vivíamos, escribo en tzeltal porque estoy pensando en mis lectores tzeltales, y traduzco al español porque quiero dar a conocer nuestras formas de vida. Creo que la clave de los escritores indígenas es que lo vivimos nosotros, lo sentimos nosotros; no espero información: es lo que sale de mi corazón, de mi chulel (alma)" […] Le llamó la atención la vida de un viejo curandero a quien querían robarle su palabra, su canto. "Me dije entonces que tenía que escribirlo de una manera digna: inventé la estructura, los diálogos, busqué el nombre del personaje, evité reiteraciones para darle una mayor coherencia narrativa. Así nació mi primer cuento, titulado El ladrón de palabras: es la voz de un viejo curandero, antes jamás escuchada, porque parte desde las raíces de lo más profundo del ser del pueblo maya de Oxchuc, surgido de la profundidad de las montañas. Lo traduje al español y fue publicado en el libro Palabra conjurada en 1999. Imagínese mi sorpresa al ver publicado mi primer cuento, fue crucial para mí, porque me ayudó a tener confianza en mi destino literario". Habla Josías López Gómez (Oxchuc, Chiapas, 1959), quien obtuvo el Premio de Literaturas Indígenas de América, 2015». Javier Molina, La Jornada del 02 de diciembre de 2015. Ahora lo obligado, el fin de semana del 28 y 29 de noviembre se realizó en Querétaro y otros estados del país, la evaluación para la permanencia docente en educación media superior. Para que no sucediera lo mismo que en la evaluación de educación básica, en que se bloquearon algunas de las sedes para impedir la entrada de los convocados, a pesar de que los dirigentes disidentes declararon que sólo harían acto de presencia para difundir su rechazo a la misma y convencer a los asistentes a negarse a realizar tal procedimiento, se cambiaron las sedes a último momento y se concentró todo en una sola, el centro de congresos. Para ello se citó a los profesores en diferentes lugares para, de allí, ser trasladados en camiones y camionetas escoltados por la fuerza pública estatal. El sábado 28, en un gélido salón La Corregidora que provocó espasmos musculares, conjuntivitis y molestias respiratorias en muchos de los asistentes, se realizaron las etapas III y IV de dicha evaluación, 3 horas en la mañana, una hora para comer y otras 3 horas en la tarde, sin posibilidad de abandonar las instalaciones. El domingo 29 la última parte de la etapa III de 10 a 15 horas, es decir, otras 5 horas. Si a Usted le parece que estar casi 11 horas frente a la pantalla de una computadora es poco conveniente y sano, tiene razón, más si le toca que la misma corresponda a una lap-top de 20 pulgadas o menos. Porque la variedad de equipos concentrados en el lugar era amplia, con suerte le podía tocar una computadora de escritorio con pantalla un poco más grande, pero no mucho. Ocho mesas de registro para verificar la identidad de los evaluados, la entrega simultánea y en el momento de las claves personales de acceso a la plataforma y el inicio colectivo de las sesiones fueron parte del operativo. Una breve ceremonia donde solo hablaron, breve, el delegado de la SEP en el estado y el secretario de gobierno; la presencia del secretario de educación estatal y supuestos dirigentes del SNTE. Hay que mencionar que no todos los profesores de ese nivel, medio superior, fueron convocados, sólo una muestra con ciertas características: que fueran docentes con materias del “núcleo básico” y con antigüedad de 6 a 20 años. Por ejemplo, del COBAQ fueron convocados 137 docentes de 14 disciplinas diferentes, de los cuales 107 subieron evidencias a la plataforma (etapa II), y 102 se presentaron a las etapas III y IV los días que estamos comentando. Las críticas de diferentes instancias a esa forma de evaluación se pueden encontrar, con algo de dificultad, en algunos medios de comunicación. Ya viviendo la experiencia y en una opinión personal, es más que difícil encontrarles alguna coherencia y/o congruencia a los más de 200 reactivos de opción múltiple “armados” con la combinación de diferentes y diversos planes de estudio, la variación es amplia y confusa, en literatura se va de términos en latín para referirse a estructuras poéticas, hasta poner como ejemplos de cuento textos de autores de libros de autoayuda como Jorge Bucay, un zigzagueante traslado del culteranismo al kitsch (según la infaltable Wikipedia: En México la palabra tiene un uso limitado al mundo del arte. Su uso generalmente implica definir una obra de arte o un suceso que tiene características vulgares, de mal gusto o popular). En la evaluación consistente en supuestos casos que ejemplifican situaciones de enseñanza-aprendizaje en el aula, la confusión o falta de coherencia parece mayor, da la impresión de que diferentes personas, cada una con su estilo y redacción —aunque difícilmente se percibe alguna experiencia práctica en el salón de clase—, presentaron sus propuestas y sin una jerarquización, orden u homogenización, simplemente se amontonaron en un mismo documento. En fin, los casos eran tan irreales que provocaban desde francas resistencias hasta ataques de risa. Las supuestas secuencias didácticas para abordar cualquier tema eran interminables, complicadas y hasta estúpidas. Más parecían intentos de adoctrinamiento que alguna ocurrencia afortunada para evaluar algo: parafraseando la redacción “el docente, comprometido con la calidad de la educación y la formación integral de todos sus alumnos, tomando en cuenta los acuerdos de las reuniones interdisciplinarias y de la academia de su plantel, arma su planeación del curso y llega al grupo 5.10 y…”. Lo curioso es que en ninguno de los casos, el o la supuesta docente hace algo tan básico como pasar lista para saber quién de sus alumnos llegó o faltó a clase. En ningún momento se plantea consultar a los estudiantes sobre los temas que les interesa abordar, a los padres de familia menos, estos últimos son considerados como simples reforzadores de lo que hace o dice un profesor que está atado a un plan de estudios rígido y vertical. En ese mundo ideal la vinculación con otras instituciones se logra no por un alineamiento de propósitos, sino porque “la mamá de María trabaja en la casa de la cultura del municipio y puede conseguir el auditorio para hacer una representación”. En fin, sería útil que el INEE recopilara la opinión de esta primera nuestra de docentes evaluados, porque la encuesta de salida que aplicaron tampoco permitía profundizar sobre la pertinencia de lo presentado, apenas preguntaban sobre la limpieza de las instalaciones, la facilidad de acceso a la plataforma y cosas por el estilo, con opciones que iban de muy de acuerdo a muy en desacuerdo, pareciera que hay temor por consultar más en serio. Esperemos los resultados que están prometidos para la segunda quincena de febrero, a ver qué pasa.

viernes, 8 de mayo de 2015

¿QUIÉNES ESTÁN EN LAS ESCUELAS?

Resulta fácil hablar del sistema educativo nacional sin conocerlo, las frases huecas rellenas de aparentes buenas intenciones surgen a la menor provocación, lo que sí no deja de extrañar es que el gobierno federal se haya planteado una disque reforma educativa sin haber tenido actualizado el estado de su planta docente, el perfil de sus profesores en cuanto a dónde están, los promedios de edad, su origen académico, capacitación y demás detalles importantes; pero ya estamos acostumbrados, y eso es malo, a que las cosas se hagan al fregadazo y si algo funcionan pues es su mérito, y si no, es culpa de los maestros o de los padres de familia. Vamos con algunos datos duros. “La mayor parte de los docentes de educación básica (86.8%) labora en escuelas de sostenimiento público: 81% en preescolar, 90% en primaria y 86% en secundaria. Es importante destacar la casi nula existencia de un mercado de servicios educativos privados en las modalidades indígena, comunitaria y para trabajadores.” A pesar de los pesares la educación pública sigue siendo estratégica en este país, los esfuerzos por incrementar la oferta y que más niños y jóvenes tengan acceso a la escuela ha sido importante, pero las cosas cambian de un momento al otro, la escuela de hace 50, 20 o 10 años no puede seguir siendo la misma que la de este siglo 21, y sin embargo, sigue metida en esquemas viejos porque al gobierno así le ha convenido, y ha convertido la antes crítica presencia magisterial en corrupción sindical, con los altísimos costos sociales que padecemos. De la información anterior hay que señalar que para las organizaciones privadas la educación no es un servicio, sino un negocio que hay que explotar al máximo, por eso su nula presencia en las modalidades educativas indígena, comunitaria y de trabajadores, allí no hay lana. “Para la prestación del servicio en educación media superior concurren diversas instancias federales, estatales, universitarias y privadas. La oferta privada es mayor que en la educación básica, al contratar a 34 de cada 100 docentes y atender a casi una quinta parte del total de los alumnos. Respecto de los profesores que laboran en el servicio público, 17.6% lo hace en planteles federales, 37.5% en estatales y 11% en escuelas dependientes de universidades autónomas”. Aquí si hay más negocio, por eso 1 de cada 5 estudiantes en bachilleratos y preparatorias están en escuelas privadas, aprovechando también que el presupuesto público es limitado respecto de la cantidad de egresados del nivel básico que debieran, en un proceso lógico en la décimo segunda economía mundial, continuar sus estudios escolarizados. Continuamente escuchamos que la productividad del país depende de la vinculación entre la educación y la empresa privada. Que si los estudiantes son motivados para desarrollar habilidades y tener conocimientos técnicos tienen asegurado un trabajo y un ingreso seguro. Pero esa supuesta guía hacia lo técnico parece que existe desde hace mucho: “Mientras la gran mayoría de los docentes de planteles federales imparte clases en bachilleratos tecnológicos (87%), los profesores estatales participan de forma importante en el bachillerato general (69%) y, en menor medida, en el tecnológico (30%). En contraste, 86% de quienes laboran en planteles autónomos y casi 80% de quienes lo hacen en los privados se encargan fundamentalmente de impartir el bachillerato general”. Y es que no podemos seguir engañándonos, nuestras escuelas siguen siendo parte importante del mecanismo de desigualdad y marginación social, mientras por un lado buscamos que existan más probabilidades de acceso a las carreras que requieren una licenciatura o ingeniería de buen nivel, la educación tecnológica está orientada hacia los estudiantes de familias de bajos ingresos y mayor grado de marginación, y esa aparente ventaja de empleos más seguros y salarios mejores no más no cristaliza. Mientras la educación privada se enfoca en preparar a los aspirantes a mirreyes o a profesionistas de alta especialización. “Se sabe que los docentes ubicados en contextos de alta vulnerabilidad social enfrentan mayores retos que sus pares que laboran en ambientes de menor marginación y pobreza. En educación preescolar, casi dos terceras partes de los docentes en la modalidad general (65.7%) laboran en localidades de marginación media, baja o muy baja. En contraste, casi todos los de escuelas indígenas (96.2%) y cuatro quintas partes de aquellos docentes en comunitarias (81.4%) se encuentran en zonas de alta y muy alta marginación”. Otra vez los datos duros revelan las increíbles desigualdades sociales que padecemos, y luego nos asombramos de que esas escuelas no obtengan los mismos resultados en las pruebas estandarizadas que sí tienen los finlandeses. Los indicadores de marginación resultan poco creíbles y aun así, como son oficiales, hay que usarlos para la organización de los datos: “tres cuartas partes de los docentes de telesecundaria y 89.6% de los instructores de secundarias comunitarias prestan sus servicios en localidades de alta y muy alta marginación. En el caso de la educación media superior, sin importar el modelo educativo al que están adscritos, más de tres cuartas partes de los docentes se encuentran en zonas de reducida marginación”. Eso revela que ese nivel medio sigue estando inaccesible, hasta geográficamente, para una parte importante de la población de nuestro país, con el problema de que nuestros legisladores, por dedazo, decidieron que para el 2020 será obligatorio. La buena intención de ofrecer educación media para todos los egresados de las secundarias puede quedar en un obstáculo más que agrave la desigualdad social si las escuelas de bachillerato no se acercan a las comunidades más pequeñas y apartadas. Se termina el espacio, nada más dejamos las siguientes cifras para ir precisando el perfil de nuestras maestras y maestros: “Las escuelas de educación preescolar y primaria son preferentemente atendidas por mujeres. En preescolar hay 93 educadoras por cada 100 docentes; en primaria la presencia femenina disminuye a 67%, mientras que en secundaria es ligeramente superior (52%) a la de los varones […] En educación media superior, la participación de las mujeres es menor a la de los varones en los planteles federales, estatales y autónomos. En los privados esta relación se invierte”. No se puede negar la participación femenina en nuestro sistema educativo, sea por cultura o por oportunidad, nuestras mujeres han estado encargadas de hacernos lo que somos, con nuestras cualidades y defectos, considerando que la participación femenina como estudiantes es cada vez más importante hasta ser mayoritaria, el dato es significativo. Pero seguiremos después.