jueves, 15 de octubre de 2020

ABUSAR DE LA CONFIANZA

 


ABUSAR DE LA CONFIANZA

Joaquín Córdova Rivas

 

Tuvieron tiempo y vaya que lo aprovecharon. Todo el sistema financiero del país se creó a su imagen y semejanza: opaco, corrupto, con vasos comunicantes a todos los lugares que les resultaba útil para desviar el presupuesto público y beneficiarse del mismo. Y aunque el tema no es nuevo, nada se había hecho porque existen obvios beneficiarios de tal modo de hacer las cosas.

 

Para no contaminar la discusión actual, recurrir a documentos anteriores que ya daban una visión independiente del problema, resulta conveniente.

 

En este caso nos remitimos al estudio: Fideicomisos en México. El arte de desaparecer dinero público. Investigadora principal: Sarahí Salvatierra. Colaboradores: Paulina Castaño, Oscar Arredondo, Justine Dupuy y Javier Garduño. 2018 Fundar, Centro de Análisis e Investigación, A.C. http://fundar.org.mx/

 

Desde antes, pero en particular ese año del 2018, las advertencias y dudas sobre el financiamiento, constitución, efectividad, legalidad y transparencia de esa figura de los fideicomisos, estaban en boga aunque con poca cobertura mediática.

 

«Éste es el caso de los fideicomisos públicos que, al ser una figura perteneciente al ámbito privado que pasó a formar parte de la administración pública, se ha ido configurando a partir de mecanismos complejos que los gobiernos en turno han aprovechado para mantener espacios de opacidad y discrecionalidad en el uso de los recursos, sin ninguna consecuencia. Esto en sí mismo es inaceptable pues en un Estado democrático de derecho es condición básica que las políticas públicas, y por ende los recursos que se destinan para implementarlas, estén sujetos al escrutinio público. Más aún en el marco de un gobierno que, dentro y fuera de sus fronteras se jacta de ser abierto y transparente.» Así lo plantea desde la introducción la Directora Ejecutiva de Fundar Haydeé Pérez Garrido.

 

¿De qué tamaño es el problema?

 

«La dimensión del problema acerca de los fideicomisos se entiende mucho mejor si revisamos los montos que actualmente concentran los 374 fideicomisos públicos existentes a nivel federal. Estamos hablando de 835,477 millones de pesos (mdp), que representan el 15.8% de todo el presupuesto público para 2018, es decir, más de 20 veces el presupuesto autorizado para llevar a cabo el proceso de reconstrucción después de los sismos del año pasado. […] en los últimos años se ha aprobado un aumento significativo y consistente de estos recursos y, sobre todo, porque lo que se ejerce sobrepasa por mucho lo aprobado. Por ejemplo, en 2016, de los 214, 135 millones de pesos ejercicios, sólo 65, 867 millones de pesos se habían aprobado; es decir, se ejerció un monto de tres veces superior al estipulado, sin que esté disponible ninguna explicación o justificación sobre de la racionalidad detrás de estas decisiones. […] Los escándalos de corrupción están a la orden del día y la sociedad mexicana está harta, cansada e indignada. En los últimos años, la desconfianza de la ciudadanía hacia las instituciones públicas ha ido en franco aumento. Basta con abrir el periódico o ver las redes sociales para darse cuenta de cómo miles de millones de pesos dejan de invertirse en las necesidades más apremiantes de la población y pasan a las manos de redes de corrupción en las que intervienen funcionarios y empresarios corruptos.»

 

No nos toca meternos en la legislación, confusa, complicada, a menudo contradictoria que permite la existencia de estos entes financieros, el estudio de Fundar ofrece una explicación detallada y bien fundamentada. Sí nos toca llamar la atención sobre algunas particularidades en el uso y abuso del financiamiento público, del que sale de nuestros impuestos y del pago de servicios, que debiera ser absolutamente transparente y eficiente. Repetimos que son cifras del 2018 o anteriores.

 

«Para diciembre de 2017, había casi 68,047 mdp de recursos públicos en 139 fideicomisos administrados por instituciones financieras privadas. Esto es particularmente grave pues implica que grandes cantidades de recursos públicos sean manejados por entes privados. […] las cinco instituciones de banca privada que fungen como fiduciarias en fideicomisos públicos donde se encuentra la mayor disponibilidad de recursos públicos son Santander, Banorte, BBVA Bancomer, Banamex y MIFEL cuya suma representa 65,545 mdp.»

 

Y eso que nos referimos apenas a los fideicomisos conformados desde la administración federal, pero los estados y municipios tienen los propios y sobre esos la opacidad es frecuentemente mayor.

 

Por ejemplo, en el «Sistema de Portales de Obligaciones de Transparencia (sipot) de la Plataforma Nacional de Transparencia. para marzo de 2018 se observó lo siguiente:

El padrón actual de fideicomisos y fondos federales como sujetos obligados registrados en el sipot, asciende a 403. El número de fideicomisos y fondos creados en las entidades federativas e integrados al padrón de sujetos obligados del sipot es de al menos 300, entre los que destacan: Jalisco, con la incorporación de 48 fideicomisos. Puebla, con la incorporación de 32 fideicomisos. Nuevo León, con el registro de 34. Y Chiapas, con el registro de 32. Siete entidades federativas aún no han incorporado ningún fideicomiso dentro del padrón de sujetos obligados en el sistema (Hasta marzo de 2018, última fecha en que se consultó el sipot, ni Baja California, Baja California Sur, Coahuila, Hidalgo, Nayarit, Sinaloa ni Tabasco habían incorporado ningún fideicomiso como sujeto obligado.)»

 

Para ejemplificar el problema, se analizan los casos de tres fideicomisos específicos, uno de ellos pudiera justificar algo de reserva en la información que a final de cuentas resulta infundada, es: «El Fondo para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas tiene fines muy importantes, como obtener recursos e incrementarlos para implementar las medidas de prevención y protección urgente para salvaguardar la vida, la libertad y la seguridad de quienes ejercen la libertad de expresión y promueven la garantía de derechos humanos. […] Independientemente de que se trate de un fideicomiso cuya total apertura esté restringida, al menos la información sobre la ejecución de recursos, como el detalle del concepto de gastos, la identidad de los proveedores de la medidas de protección, la forma de contratación y las fuentes que alimentan el patrimonio del fideicomiso, debería ser clara y de fácil acceso, en particular para los beneficiarios del Mecanismo y para las organizaciones que defienden a este sector, ya que esto les permitiría tener certeza de la eficacia del instrumento y del grado de seguridad que brinda el Mecanismo. En caso de incumplimiento, para que cuenten con los elementos para denunciarlo y exigir mejoras.»

 

No vaya a resultar después, que ignorábamos que las empresas contratadas para garantizar la protección de esas figuras indispensables en una democracia, los defensores de los derechos humanos y los periodistas, queden a merced de los mismos que atentan contra su seguridad, su trabajo y su vida, y además se les pague por ello.

 

Quizás “extinguir” esos fideicomisos resulte drástico para algunos, pero querer entrar al detalle de su funcionamiento era prácticamente imposible, muchos ni siquiera generan o resguardan la información suficiente para hacerlo, están diseñados como agujeros negros donde el financiamiento público simplemente desaparece.

 

 

 

 

 

 

LOS NIÑOS DE LA PANDEMIA

 


LOS NIÑOS DE LA PANDEMIA

Joaquín Córdova Rivas

 

Los niños de la pandemia, esos nacidos a fines del año pasado y principios de este 2020, esos que no conocen a sus parientes cercanos mas que a través de una pantalla, a través de la ventana de un auto o en persona, pero de lejecitos. Esos que no interactúan con niños de su edad porque los parques y jardines públicos, los centros de desarrollo infantil, las escuelas preescolares han estado cerrados.

 

O los más grandecitos que han sido impedidos de conocer a otros de su edad, pero con la diversidad y diferencias que dan siglos de cambios y evolución. Los niños que no saben que hay otras formas de ser, de verse, de quererse; los que no saben jugar en grupo, los que no toleran más reglas que sus caprichos, los que quedaron a merced de un núcleo familiar desintegrado o disfuncional y han crecido creyendo que eso es lo normal y deseable. O peor, los que son sometidos a abusos y son maltratados por no ser deseados, ni planeados, los que “aprenden” en ambientes donde la violencia, el alcoholismo, el machismo, la discriminación por cualquier cosa son el pan de cada día.

 

Si antes del confinamiento sanitario había la esperanza de que el sistema educativo público alcanzara a suplir algunas de las desigualdades sociales, a compensar las deficiencias de los padres o del núcleo familiar cualquiera que sea, porque falta recordar que muchas familias son monoparentales o que los niños están a cargo de alguno de los abuelos o tíos, unos cansados por el paso del tiempo y el desgaste de trabajar y vivir muchos años, los otros que tienen sus propias familias o que ni siquiera alcanzan la mayoría de edad y ya se les hace responsables de los hermanitos o sobrinos. Esa esperanza se desvaneció con la supuesta educación a distancia, precisamente en las etapas de desarrollo donde se requiere estar en contacto con otros humanos que sirvan de ejemplo para ser, también, cada vez mejores seres humanos. Además, se rompió la burbuja de creer que el acceso a la tecnología, a las redes de comunicaciones era cosa fácil y al alcance de todos.

 

De por sí la educación escolarizada estaba en crisis por el rebase de una tecnología en las comunicaciones que no atiende a una ética mínima y esta enfocada en la concentración de riqueza en cada vez menos manos, al menos tenía la ventaja de educar en la diversidad social y en el respeto mínimo a unos derechos humanos que, en la teoría, siguen avanzando, pero en la práctica se atoran en una enferma cotidianidad. Pero existía el espacio social para practicar la empatía, la solidaridad, la convivencia con los otros que son diferentes a uno, el conocer otras manera de relacionarse afectivamente, de poder denunciar los abusos o siquiera ser escuchados para no sentirse más solos en una sociedad que ahora prescribe la caricia, el abrazo, el apapacho, el beso, la simple cercanía y hasta el ver los gestos de los que logran vencer el miedo.

 

Dicen los que saben que más del noventa por ciento de nuestra comunicación es no verbal, es decir, las palabras no nos alcanzan para decir lo que queremos transmitir, recurrimos a los gestos, a la forma de caminar, de acercarnos o alejarnos, al parpadeo, a la mirada, a la sonrisa, al tono y volumen de la voz, a las pausas, a los silencios. Casi todo eso está impedido o queda muy mocho con el uso de cubrebocas, peor con las pantallas de los celulares, de las computadoras, que no logran siquiera simular la experiencia de la cercanía física. El texto escrito en cualquiera de las redes sociales, los emoticones, no son suficientes para saber si quien nos “habla” está bromeando, usa la ironía o la contradicción juguetona, y nos quedamos sin entender lo que nos dicen o, peor, lo malinterpretamos y adjudicamos falsas intenciones a quien nos manda un mensaje.

 

Primero nos dijeron que las medidas sanitarias eran para proteger nuestra salud física, que había que proteger la vida casi a cualquier costo, pero ese costo se negocia por motivos económicos y los otros se olvidan. Este capitalismo neoliberal, ya en franco proceso de destrucción planetaria, no aguanta más días de inactividad, de falsa inactividad deberíamos decir, ya que las maquiladoras en gran parte del mundo nunca detuvieron su marcha, y esas medidas sanitarias quedaron en pura apariencia a contentillo del político de la comarca, aunque lo que se impusiera fuera francamente absurdo.

 

Pero nadie quiere hablar de los otros costos de la pandemia, de la salud emocional francamente deteriorada de gran parte de la población sumida en el miedo y en los cambios con una convivencia forzada que agudizó sus carencias y distorsiones. Tampoco de los muertos provocados por falta de atención médica adecuada porque todo el sistema de salud se volcó a atender a enfermos que todavía no llegaban, ocultando también que los graves y necesitados de respiradores mecánicos tienen una sobrevivencia de apenas el 30 por ciento. O de las más de 600 mil intervenciones quirúrgicas que, solo en nuestro país, se han pospuesto alegando lo mismo.

 

Mientras, nos entretienen con “noticias” sobre el virus, sus innumerables formas de transmisión —ahora resulta que es omnipresente y omnipotente como cualquier dios—, sus posibles secuelas y efectos secundarios, los otros costos se ocultan, el problema es que ignorarlos no sirve, de todas formas, habrá que pagarlos.

sábado, 3 de octubre de 2020

QUINTO Y CONTANDO

 


QUINTO Y CONTANDO

Joaquín Córdova Rivas

 

La danza de cifras no tiene sentido sin comparaciones, sin contrastar, sin establecer puntos de salida y de llegada. Esto se pone muy difícil porque no existe continuidad en lo informado, se supone que hay una hoja de ruta que en este caso podría ser el Plan Estatal de Desarrollo, pero solo se utiliza como referencia general y todo queda en la recopilación de lo que reporta cada instancia de gobierno, sin pies ni cabeza.

 

El quinto informe de la administración estatal comienza con una referencia que puede servir para aquilatar las fortalezas y debilidades; las primeras están ampliamente comentadas en dicho documento, sin el menor asomo de crítica. Las segundas hay que verlas también. Por eso resulta importante el punto de comparación propuesto por el gobernador.

 

«Como resultado de los avances alcanzados en el año 2019, el Estado de Querétaro ocupó la segunda posición nacional en el



Índice de Progreso Social (IPS) que es una medida integral de la calidad de vida de la población que busca complementar los indicadores económicos. La estimación del IPS calcula valores para los componentes de Necesidades Humanas Básicas (NHB), Fundamentos de Bienestar (FB) y Oportunidades (O). De acuerdo con los resultados publicados, en el componente NHB, la entidad se colocó en la segunda posición nacional. Este componente examina variables relacionadas con nutrición y cuidados básicos, agua y saneamiento, vivienda y seguridad personal. Respecto a FB, el Estado de Querétaro ocupó la primera posición como resultado de la valoración del acceso a los conocimientos básicos, acceso a la información y comunicaciones, salud y bienestar y calidad medioambiental. El componente O situó a la entidad en la tercera posición; los aspectos valorados en él se relacionan con derechos personales, libertad personal y de elección, inclusión y acceso a educación superior. El IPS es publicado por las organizaciones México ¿Cómo vamos? y Social Progress Imperative.» Quinto Informe de Gobierno. Francisco Domínguez Servién. Gobernador Constitucional del Estado de Querétaro. https://mexicocomovamos.mx/new/md-multimedia/1573195326-169.pdf

 

Como todo, el índice invocado tiene peculiaridades que es necesario considerar. Primero, tiene un “puntaje” del 0 al 100, lo que significa que entre más se acerque al límite superior la situación es mejor. Segundo hay comparaciones (posición de Querétaro con respecto al conjunto) que consideran la totalidad de las entidades federativas (32), pero también, y sería el tercer aspecto, tiene un semáforo de fortalezas y debilidades: con verde señala un desempeño mejor al esperado, con amarillo un desempeño esperado y con rojo un desempeño menor al esperado. Pero esa comparación ya no se hace con el total, las 32 de entidades, sino con aquellas que comparten un PIB per cápita similar, que en este caso son 8: Aguascalientes, Baja California Sur, Campeche, CDMX, Nuevo León, Sonora y Tabasco. La combinación de las tres formas de “calificar” resulta interesante.

 

El rubro de Necesidades Humanas Básicas con 85.96 puntos y un tercer lugar nacional, está dividido en 4 aspectos, en el primero, Nutrición y cuidados médicos básicos con 92 puntos y un segundo lugar, llama la atención que en lo correspondiente a Morbilidad por enfermedades infecciosas estemos en el lugar 20 de 32, lo que significa que la pandemia nos agarró con una debilidad importante.

 

En lo que corresponde a Agua y saneamiento estamos en el lugar 16 general, marcando un 75 por ciento en Disponibilidad de agua dentro de la vivienda (lugar 18 a nivel nacional), y un 90 por ciento en Servicio sanitario exclusivo para la vivienda (lugar 26 de 32).

 

En vivienda, con un puntaje que parece, alto de 95.14, estamos en el lugar 14, en parte porque el 9.42 por ciento aun tienen cocina de leña o carbón (lugar 20 nacional).

 

En Seguridad personal, con todo y que el porcentaje baja drásticamente en comparación a los aspectos anteriores (70.78) se está en cuarto lugar. En inseguridad percibida, se reporta el 46.24 por ciento de la población adulta del estado, quedando en el lugar 19, todavía en el desempeño esperado, lo que significa que en toda nuestra geografía nacional andamos mal.

 

En Fundamentos del Bienestar con 74.62 puntos de 100 posibles, Querétaro se ubica en el primer lugar. El principal rubro que jala ese promedio hacia arriba es el de Acceso a conocimientos básicos con 88.76 puntos, aunque tengamos un 3 porciento de analfabetismo (lugar 13).

 

En Acceso a información y comunicaciones estamos en el lugar 13 con un puntaje de 69.6, considerando la necesidad actual de “escuela en casa” las cifras son importantes. Tenemos un 50.65 por ciento de hogares con computadora, apenas la mitad con el lugar 8 de 32; un 74.7 por ciento de usuarios de telefonía móvil ocupando el lugar 16; y un 55.5 por ciento de hogares con conexión a internet en el lugar 14. Resulta obvio que pretender que el sistema educativo funciona con cierta “normalidad” de forma virtual es una mentira.

 

En salud y bienestar ocupamos el quinto lugar con 66.65 puntos, reportamos un 18 por ciento de la población con obesidad y tenemos el lugar 21 en suicidios con 6.93 por cada cien mil habitantes.

 

En calidad medioambiental con todo y que ocupamos el quinto lugar, tenemos dos indicadores con semáforo rojo: en estrés hídrico —según Wikipedia “Se habla de estrés hídrico cuando la demanda de agua es más alta que la cantidad disponible durante un periodo determinado o cuando su uso se ve restringido por su baja calidad. El estrés hídrico provoca un deterioro de los recursos de agua dulce en términos de cantidad y de calidad. — en una escala del 1 al 5 estamos en 4.71 (más cercano al 5 es peor) ocupando el lugar 27 nacional. Y en una escala de deforestación del 0 al 100 (donde el 100 es lo peor) estamos en 90.27

 

En Oportunidades tenemos un tercer lugar, pero el puntaje general ya muestra el decaimiento nacional pues apenas alcanzamos 59.37 puntos, con un semáforo rojo importante, apenas el 47.09 por ciento de los hogares tienen título de propiedad, quedándonos en el lugar 27 nacional.

 

En Libertad personal y de elección estamos en séptimo lugar, el foco rojo está en el tema de Violencia contra las mujeres con un 46.8 por ciento y el lugar 28 nacional. En Embarazo adolescente reportamos un 15.1 por ciento, y en “incidencia de corrupción” 20663 sobre cien mil, el noveno lugar nacional. Queda pendiente examinar cómo se construye este indicador.

 

En Inclusión nos ponen en sexto lugar general; desagregado estamos en primer lugar porque la mitad del congreso —cifras del 2019— son mujeres. En porcentaje de población “no incluyente” se reporta un 28.74 con respecto a la población gay; un 16.27 respecto de la población indígena y un 15.78 con respecto a la población con alguna discapacidad. Un 68.8 dice confiar en sus vecinos.

 

En Acceso a educación superior estamos en quinto lugar con un puntaje de 61.81 aunque el foco rojo se encuentra en la cobertura con apenas un 31.99 por ciento, pero en lugar 8, lo que sucede es que en la comparación con los 8 estados con un PIB per cápita similar quedamos en la cola.

 

En fin, este quinto informe marca, para efectos prácticos, el inicio del periodo electoral, el gobierno actual se debilita porque los suspirantes quieren tomar decisiones adelantadas, colocar a sus operadores políticos para llevar ventaja ilegal y manejar el presupuesto público a su conveniencia. Ojalá no sea el caso. Ya se publicó el Índice de Progreso Social del 2020, falta desmenuzarlo por países y estados, por eso se tomó como referencia, para el informe de gobierno, el del año pasado.

SENTIDO COMÚN A LA MEDIDA

 


SENTIDO COMÚN A LA MEDIDA

Joaquín Córdova Rivas

 

No todos son iguales ni pesan lo mismo. Entre los 650 firmantes del desplegado que alertan sobre “amenazas” a la libertad de expresión y a la democracia, como si antes hubiéramos vivido en el paraíso de la libertad y la democracia, hay de todo; muchos respetables en sus respectivos campos, otros, verdaderas lacras que se llenan la boca de decencia mientras colaboran en crear espacios de odio.

 

Por décadas algunos fueron nuestros guías, eran lo que opinaban sin tener a nadie enfrente que los contradijera, los que parecían, y algunos lo fueron en alguna etapa de su vida, los inconformes y críticos del sistema. Los leíamos, los consultábamos, los ad-mirábamos en los numerosos espacios escritos, radiofónicos o televisivos; algunos se convirtieron en marcas registradas y se enriquecieron sin pudor alguno. Nada que objetar, parecía justa recompensa a su intelecto y valentía.

 

Siempre hay un pero. Con el tiempo comenzamos a ver que esa pretendida y comedida denuncia, que ese arrojo que llegaba en ocasiones hasta la burla abierta estaba siendo dosificada. Ahora conocemos de las carretadas de dinero público que sirvió para inflar sus tirajes, sus audiencias, sus falsas democracias con o sin adjetivos. Ni siquiera había necesidad de amenazarlos, bastaba hacerlos experimentar la gloria de ser los consentidos del sistema y después obligarlos a tomar un baño de realidad para que regresaran al redil y hasta vendieran su opinión y conciencia.

 

Ellos, los que en realidad pesan y promovieron el desplegado, nos decían qué era la democracia, qué era la libertad de expresión de la que ellos eran muestra, qué podíamos esperar del futuro: conformarnos con lo que había porque no había de otra. Moldearon la neoliberalismo mexicano a su imagen y semejanza, y se los creímos.

 

«Por ejemplo, en un artículo para Reforma, el historiador de derecha, Enrique Krauze, se unió al linchamiento mediático de las protestas del cnte. A su modo de ver —ya que en agosto de 2013 el sindicato bloqueó el aeropuerto y las arterias principales de

la Ciudad de México—, “abusaron de su derecho constitucional de manifestarse libremente” porque sus protestas afectaron a los habitantes de la ciudad y el sindicato actuó como “si representaran no sólo a su gremio sino a todo el país”. En este sentido,

la represión masiva y encarcelamiento de manifestantes es justificada y apoyada por la ciudadanía. La falta de apoyo y hasta el linchamiento mediático del sindicato de maestros podría plantearse como una guerra de clases. En resumen, la experiencia neoliberal de México es un ejemplo de lo que resulta cuando las formas de poder, instituciones, materiales y sensibilidades neoliberales operan en la economía política permitiendo a las empresas transnacionales y corporaciones controlar la salud, vivienda, alimentación, energía, recursos naturales, modos de producción y formas de vida. De esta misma manera, el neoliberalismo ha creado instancias de dependencia perjudiciales al Estado y a las corporaciones, los cuales a su vez, florecen en niveles sin precedentes de marginalización, violencia, explotación, desplazamiento, despojo, pobreza y muerte.» Irmgard Emmelhainz.



La tiranía del sentido común. La reconversión neoliberal de México. Paradiso editores (México). 2016. Colección Continente Negro.

 

Siguen utilizando los mismos mecanismos para el control social, ahora nos alertan para que tengamos “miedo” por la pérdida de la democracia y de la amenaza a la libertad de expresión. ¿De qué están hablando? Emmelhainz —en el 2016— plantea algunas hipótesis:

 

«Lo que nos preocupa son la incertidumbre y el miedo, el ambiente que respiramos y que es administrado por el gobierno. Si antes el miedo era un fenómeno relacionado con eventos específicos, hoy en día, todo el mundo está constantemente lleno de pánico y ansiedad. En este contexto, al tiempo que impone una realidad atemorizante a través de los medios de comunicación y la producción cultural —lo sensible—, el gobierno asegura ser capaz de salvaguardar la seguridad física de los ciudadanos al luchar contra el crimen organizado (en realidad una excusa para militarizar el país y crear un estado de excepción donde se ejerce la violencia de estado). Según Virilio, la consecuencia de que impere un ambiente de miedo es que una “comunidad de emociones” prevalezca sobre una “comunidad de intereses”, es decir, el miedo colectivo da lugar a una comunidad de emociones sincronizadas pero con deseos e intereses fuera de ritmo.»

 

Se trata de reinstalar ese neoliberalismo de compinches en nuestra subjetividad, en nuestra manera de ver las cosas y actuar frente a ellas.

 

«Entiendo al neoliberalismo como la producción de sentido común basado en la racionalidad del interés propio y el deseo, y que no sólo mantiene sino que causa que las relaciones de poder (una red de control) proliferen. En otras palabras, considero al neoliberalismo como una sensibilidad que trabaja los deseos más íntimos, colonizando nuestros sueños, canibalizando nuestros ideales de libertad y regurgitándolos como estrategias de control social.»

 

No se trata de 650 “intelectuales” —para diferenciarlos del resto de la chusma que no pensamos, como ellos—, es apelar a una forma de pensar en la que estuvieron trabajando durante mucho tiempo y que los instaló en el imaginario colectivo como los intelectuales orgánicos que algunos fueron.

 

«Convirtiendo en sentido común lo absurdo de la explotación extrema, la depredación sistémica y la devastación medioambiental, la economía neoliberal ha transformado la violencia en negocio cotidiano. La híper-estimulación nerviosa del cuerpo social está produciendo un efecto de desensibilización que está haciendo que la gente se acostumbre al horror cotidiano. ¿Cómo despertar de la pesadilla?»

 

Para variar nos quedamos apenas en la superficie de un texto muy rico en ideas que vale la pena leer completo, allí está la referencia, también se puede encontrar en la web: https://www.academia.edu/37450512/Tirania_del_sentido_comu_n_la_reconversi%C3%B3n_neoliberal_de_m%C3%A9xico

 

INCONGRUENTES E INOCENTES


INCONGRUENTES E INOCENTES

Joaquín Córdova Rivas

 

Ya en serio. ¿Cuántos contagios o muertes se evitaron con los filtros sanitarios que, en las carreteras, implementaron algunos estados del centro del país? Más si tomamos en cuenta que cerca del 80 por ciento de los contagiados son asintomáticos. Conozco casos de personas que por su trabajo tienen que viajar continuamente, que pasaron en diferentes fechas por esos “filtros” y nunca fueron detectados a pesar de resultar positivos cuando se hicieron la prueba.

 

¿Cuál es la evidencia científica que está detrás de la reglamentación de que en los estacionamientos se deje vacío un espacio entre carro y carro? ¿Cuál es la probabilidad de que dos automovilistas se estacionen simultáneamente en espacio contiguos y que uno contagie al otro? Lo anterior requeriría considerar que uno es portador y el otro no, porque si ambos están sanos o ya traen el virus la medida resultaría, también, inútil.

 

Después de mucha resistencia y dejadez se instalaron filtros sanitarios en los grandes supermercados, centros comerciales y otros lugares concurridos, el resultado era fácil de prever, las aglomeraciones de clientes se pasaron de las entradas a los espacios inmediatamente aledaños a ellas. Por ejemplo, en la UMF 2 del IMSS en la delegación Cayetano Rubio los derechohabientes se congregan en ambas banquetas mientras acceden a cuentagotas, con la advertencia, de quienes controlan el acceso, de que esperen “en la sombrita” para que al tomarles la temperatura —requisito indispensable para poder entrar— no marquen lo que es natural en una piel calentada por el inclemente sol queretano. Pero si le toca sombrita pasa fresco como lechuga recién cortada. Así pasa en los bancos, me ha tocado en suerte observar clientes que llegan apurados y marcan una temperatura superior a la deseable —¿cuál será? — lo que se arregla fácil, se les hace esperar 5 minutos a la sombra y después marca lo que debe marcar.

 

Mientras, el transporte público circula atestado, sin que autoridad alguna haga nada por incrementar el número de corridas o verifique que se facilite el distanciamiento social o el uso de cubrebocas que se supone son efectivos para prevenir, en algo, los contagios. A cafeterías, restaurantes, hoteles y demás negocios les tocó aceptar una reglamentación estricta y tuvieron que cerrar por meses con la asfixia económica resultante, pero conozco maquiladoras que trabajaron sin problema con el personal completo y a tres turnos. ¿Cuál fue el criterio que se aplicó en ambos casos?

 

Ya hay estudios que plantean respuestas a esas interrogantes o siquiera se atreven a plantear muchas dudas.

 

«…la hipótesis de que la mayoría de los Estados actuales son estructuralmente incapaces de enfrentar una amenaza como la del SARS-CoV-2 sin estrategias que impliquen actos inhumanos, violatorios de derechos humanos y potencialmente criminales. Estas estrategias tienen que ver tanto con su debilidad estructural como con dinámicas más profundas relacionadas con la forma en que se configuran las relaciones de poder. Nos enfocamos en el poder Estatal entendido como dominio sobre la vida y la muerte de quienes viven o transitan por sus territorios o jurisdicciones, sobre todo en situaciones de “emergencia”.» La pandemia, el Estado y la normalización de la pesadilla. por Tamara San Miguel y Eduardo J. Almeida. 2020. https://www.desdeabajo.info/images/docs/pandemia.pdf

 

Conocemos de abusos cometidos por las “fuerzas del orden” en muchos países, hasta de brutalidades y homicidios cometidos por policías municipales en el nuestro con el pretexto de la pandemia. Incluso están los ensayos de filósofos como



Byung-Chul Han que advierten que la “eficacia” de algunos países asiáticos en un primer momento de contención del contagio se debe a su capacidad de control de la población y a la suspensión, de facto, de leyes que resguardan los derechos humanos más elementales. Bueno, hasta vimos ciudades europeas con toque de queda, lo que implica la “suspensión” en el ejercicio de derechos básicos en una democracia.

 

«Tanto la experiencia de 2001 en el campo de la seguridad como la de 2008 en el financiero nos enseña que una palabra que parece generar una aceptación casi mágica de las soluciones más aberrantes es “emergencia”. […] en un estado de emergencia no existen muchas normas jurídicas que puedan aplicarse, no es una situación de guerra por lo tanto el derecho internacional humanitario queda relegado, y no es una situación normal, no es tiempo de paz por lo que los derechos humanos quedan mayormente sujetos a los criterios que el Estado establezca para la emergencia.»

 

¿Quién decide y con qué criterios cuales actividades son prioritarias o esenciales? ¿Por qué una maquiladora puede trabajar a planta obrera completa, tres turnos y se niega la posibilidad de realizar actividades artísticas, con acceso regulado y en espacios abiertos? ¿Por qué sabiendo que la actividad física es indispensable para tener un sistema inmunitario resistente se cierran espacios deportivos, a la vez que se sigue permitiendo la venta de comida chatarra que lo vulnera? Quieren, y a veces lo logran, que olvidemos que esta pandemia y las que vienen se dan en un ambiente específico y poco “natural”.

 

«El Covid-19 no llega a un mundo en blanco, se expande en ese mundo, en ese contexto de necrocapitalismo, de violencia, de eufemismos, de bienestar privatizado, de servicios públicos insuficientes y de Estados profundamente dependientes de los actores más poderosos del mercado. En conjunto con esto, en esta crisis de 2020, la del SARSCoV- 2, no nos enfrenta a “otros” humanos, sino a un “otro” invisible y aparentemente incontenible que pone en riesgo nuestra posibilidad de respirar y por lo tanto de vivir. Esto ha generado una enorme incertidumbre sobre lo que queremos

proteger de “lo humano” y sobre cómo responder, sobre todo porque está implicando ponerse frente al sistema hegemónico y a sus inocultables contradicciones y sus peligrosas deficiencias.»

 

Sistemas de salud pública desmantelados para ser privatizados, insuficientes e inequitativos para enfrentar una pandemia como la actual o enfermedades crónicas como la diabetes, el cáncer, la hipertensión y la obesidad que nosotros mismos provocamos, no como individuos, sino como sistemas sociales que privilegian la ganancia económica, aunque nos haga daño. Lo peor, el socialconformismo, la incapacidad de reaccionar ante los abusos y las incongruencias, el criminalizarnos unos a otros en lugar de ver las fallas sistémicas que nos han llevado a las crisis dentro de la crisis.

 

«Por lo contagioso que ha resultado el coronavirus existe el grave riesgo de criminalizar al otro, de profundizar el aislamiento y la desconfianza. En las ciudades la fragmentación ya era un problema profundo que muy posiblemente esté en aumento y corre el riesgo de agudizarse después de la pandemia.» Todas las citas son del trabajo de San Miguel y Almeida citado al inicio del texto.

  

miércoles, 2 de septiembre de 2020

NO SOMOS LO MISMO

 


NO SOMOS LO MISMO

Joaquín Córdova Rivas

 

Décadas de estar premiando conductas deshonestas, simuladoras, cínicas y corrupciones de todos los tamaños. Nuestro sistema político, nuestra casta política —porque de clase no tiene nada— devoraron o marginaron a sus mejores hombres y mujeres para promover a los “disciplinados”, a los que seguían el juego y se conformaban con las migajas que les dejaban; a destruir carreras basadas en méritos, en conocimientos, en valores civiles y republicanos. Por eso no hay oposición a la vista.

 

«Si me limitase a adjetivar el capitalismo mexicano en el siglo veinte no hay término más apto que capitalismo de compinches. Esto es, el capitalismo limitado estrictamente a las relaciones entre camaradas, personas con las que hay un tácito acuerdo para realizar transacciones comerciales por encima de cualquier precepto moral y legal. El término conlleva implícitamente que la índole de las relaciones comerciales entre compinches suelen obviar las leyes que regulan dicha actividad. Muchas de esas relaciones también conllevan un acuerdo tácito en el que los conflictos de intereses son obviados en pro de un beneficio mutuo entre los compinches que participan en las transacciones, sin consideración alguna por el daño moral a las partes que se ven afectadas por el impacto de dicha actividad. El elemento que cohesiona a este tipo de capitalismo es el desprecio de la ley y de la moral. Los acuerdos de negocio se hacen cuantas veces sea necesario por encima de la ética y por encima de las leyes. Lo único que importa es el beneficio mutuo, sea económico o de acceso a mayores cotas de poder. Es el capitalismo de hampones.» Álvaro de Regil Castilla, 2010, bibliografía completa al final.

 

¿De dónde sacar un programa alternativo de nación que no se regrese como escupitajo tirado al cielo? ¿A poco van a estar en contra de quitarle al neoliberalismo algunas de sus características depredadoras y excluyentes que lo tienen en crisis permanente desde hace 40 años? ¿Quién va a proponer que no exista batalla contra la corrupción, que no se investigue a funcionarios deshonestos, que no se permita el narco financiamiento de las estructuras electorales y políticas? ¿Cómo negar las obras públicas que cuestan 5 veces más que su valor real y que ni siquiera funcionan? —la refinería calderonista, las aulas escolares, las carreteras y caminos, los hospitales y clínicas—. ¿Quién le va a borrar a los viejitos, a los estudiantes, a los que buscan capacitarse para tener su primer empleo, a los discapacitados, de los programas compensatorios? ¿Algún valiente que defienda ante millones de electores el regreso de los “beneficios fiscales” a los más ricos?

 

No hay imaginación, no hay liderazgo moral, no hay personaje que represente la posibilidad de algo mejor sin engañar cínicamente.

 

Y entonces, dentro del espectro ideológico tradicional las principales críticas y propuestas solo pueden venir de un solo lugar: la izquierda. Y a la derecha política le queda como metáfora la de esos canes aburridos que para entretenerse persiguen en círculos interminables, su propia cola. Es que no se han dado cuenta que su agenda conservadora se la robó el actual gobierno y con ella está exhibiendo sus incongruencias. Por eso utilizar la falsa “amenaza comunista” no se la creen ni ellos.

 

Por el lado de la izquierda sí hay mucho qué avanzar, son los temas que AMLO deja continuamente de lado, que no enfrenta porque “el pueblo” no se lo ha dicho con suficiente claridad: la agenda feminista con sus múltiples ramificaciones —contra la penalización del aborto, contra la trata de personas, contra la pedofilia, contra la discriminación laboral y salarial, por un mayor equilibrio en las actividades domésticas y del cuidado de los más vulnerables (los niños, los ancianos, los enfermos, los discapacitados).

 

La agenda ambientalista y todo lo que tiene que ver con las energías “limpias” y renovables, el acceso público a un aire limpio, al agua como derecho humano y no como negocio, el respeto estricto a las áreas naturales protegidas y su expansión, a reglamentaciones más específicas que eviten la rapiña y el despojo de los fraccionadores.

 

Así podríamos seguir con el resto de los temas: la salud, la educación, la alimentación suficiente y nutritiva —contra la comida chatarra—, el acceso a la energía e interconectividad. Pero pueden quedar para otra ocasión.

 

A pesar de sus “asesores” extranjeros, la derecha mexicana no tiene camino, se lo quitaron y no lo quiere reconocer, su última línea de defensa, a la exhibición de sus corruptelas, a sus fracasos discursivos, a sus hipócritas llamamientos es decirnos que todos somos lo mismo.

 

Que somos igual de corruptos, igual de cínicos, igual de avariciosos, igual de sinvergüenzas, igual de pervertidos, que ser todo eso es parte de nuestra “naturaleza” humana y que ellos simplemente lo reconocen y lo practican, pero que los demás también.

 

Ante tal mentira es necesario marcar las diferencias, y en eso perdieron la ventaja, y gritarles a la cara que no todos somos como ellos. Para mayor detalle e información hay abundante bibliografía que documenta históricamente sus corruptelas, solo hay que buscarlas.

 

“México frente a la escoria ladrona” es un estudio sobre la indignante situación que padece nuestro país. Se trata de las ilegalidades sistemáticas efectuadas por los gobernantes en contra invariablemente de sus ciudadanías. Se trata de un entramado institucional que establece los privilegios depredatorios para la coalición gobernante. Se trata, inequívocamente, de una “isla despótica” que mantiene, acentuadas, todas las lacras autoritarias e ilegales del Estado mexicano, con efectos profundamente lesivos para el bienestar público. Como si su reloj histórico se hubiese detenido antes de ajustarse con el de Occidente, y la hora de la modernidad quedara en una inalcanzable promesa.» Guadalupe Lizárraga. Periodista y escritora independiente. Prólogo al libro México frente a la Escoria Ladrona. Dignidad o capitulación frente al secuestro de México por las mafias político-empresariales. Álvaro de Regil Castilla. 2010. La Alianza Global Jus Semper. Portal en red: www.jussemper.org/Inicio/Index_castellano.html

 

 

viernes, 21 de agosto de 2020

AVARICIA SIN CONTROL

 

AVARICIA SIN CONTROL

Joaquín Córdova Rivas

 

La congruencia entre lo que decimos, pensamos y hacemos es la base de la confianza, no de forma ciega, la confianza se construye con el trato, necesitamos creer que los demás son honestos en la medida que nosotros lo somos. No hay otra forma de convivir pacíficamente.

 

No podemos resignarnos ni caer en fatalidades, nuestro refranero, que asumimos recoge parte de la sabiduría popular, nos advierte: «En arca abierta, hasta el justo peca», como si no hubiera alternativa, como si eso que llamamos tentación fuera mas bien una condena, que la avaricia pertenece a nuestro código genético y que no hay nada qué hacer por ese lado. El significado que atribuye al refrán el Centro Cultural Cervantes es descorazonador: «Dada la fragilidad humana, no debe haber descuidos que favorezcan los delitos ni dar facilidades para cometer un delito o caer en la tentación.» https://cvc.cervantes.es/lengua/refranero/ficha.aspx?Par=58702&Lng=0

 

Pero entonces los preceptos religiosos, los que sean, carecen de sentido; también la educación formal que no logra convencer o domar nuestros “instintos”, asumiendo que robar sea parte de ellos. Parece que ni siquiera el buen ejemplo de nuestros padres; de personajes respetables, honestos, honorables porque son incapaces de robar, aunque tengan la oportunidad, tienen efecto alguno. ¿Será una pérdida de tiempo tratar de reforzar esa “fragilidad humana”, la exhibición de prácticas socialmente deleznables servirá de algo?

 

«Las palabras avaricia y avidez comparten raíz, ambas describen la acumulación anhelante, dolorosa en su afán; la lengua antigua la retrataba con la imagen de un río que no sacia al avariento: “Tú eres avaricia, eres escaso mucho, / non te fartaría el Duero con el su aguaducho” decía el Libro de buen amor.» Lola Pons Rodríguez. La avaricia. Diario El País. 11 de agosto 2020.

 

«Una de las cuestiones que más asombra es la insaciabilidad de algunas personas que cuentan con cantidades de dinero suficientes para más de diez vidas y que siguen robando. En realidad, no puedes comer más de dos o tres veces al día, y tampoco se puede dormir más que en una cama en cada ocasión. En el fondo hay un tope, más allá del cual el dinero se convierte en una molestia y no en una ayuda.»

 

Presumimos ser herederos de una cultura judeo-cristiana, esa que resumió en diez mandamientos las bases de una comunidad basada en valores compartidos y en el temor a una divinidad que se entera de todo, la finalidad es muy obvia, poner freno a comportamientos lesivos para todos. La cita anterior y la que viene corresponden a reflexiones del filósofo Fernando Savater y su libro “Los diez mandamientos en el siglo XXI”, para ello escribe respecto del último mandamiento: «No codiciarás los bienes ajenos. El escritor y Yahvé analizan las dificultades para hacer cumplir este mandamiento. Qué difícil debe de ser cumplir con este precepto cuando la codicia parece que funciona en todo el mundo de una manera abrumadora. Vemos que una serie de personajes, incluso los más celebrados, son codiciosos, y en ocasiones de un modo insaciable. Por mucho que hayan alcanzado, acumulado o robado, nunca es suficiente. Los mayores fraudes no los cometen quienes quieren hacerse ricos, sino quienes quieren hacerse más ricos. Y esto ocurre tú lo sabes bienen un mundo donde millones y millones de personas viven con menos de un dólar diario. El espectáculo de la codicia desenfrenada asusta y repugna a la vez.»

 

Tanta importancia se le da que: «Para el rabino Isaac Sacca, —Gran Rabino de la Comunidad Sefardí de Buenos Aires. Fundador y presidente de Menora, Organización Mundial para la Juventud. Miembro de la Superior Academia Rabínica de Jerusalén Iehave Daat.— “este mandamiento en cierta medida desencadena los anteriores. El que envidia roba, el que envidia levanta falso testimonio, el que envidia mata, el que envidia comete adulterio. La envidia es la raíz de los grandes males de la sociedad. Dios no nos convoca a apartarnos del mundo, pero nos advierte: cuidado con el descontrol de la codicia, de la envidia y de la ambición, porque eso destruye al hombre y lo lleva a matar, robar, cometer adulterio y mentir, que son los grandes males de la sociedad”.» Citado por Fernando Savater.

 

El médico neurocirujano, psicoanalista y escritor argentino: Marcos Aguinis define con precisión la codicia: «Es una condena para el que la sufre —afirma—, porque lo convierte en un ser mitológico que termina por morirse de hambre, debido a que todo lo que toca es oro. Es decir, es un individuo que jamás puede satisfacerse, que jamás llega a estar feliz, porque todo lo que consigue lo lleva a desear conseguir más. Entonces es una carrera loca, es una rueda que gira en el espacio que nunca llega a ninguna parte». Citado por Fernando Savater.

 

El rabino Sacca dice que «el Talmud explica que el que más tiene más codicia, el que más tiene más le falta. Si uno tiene cien quiere doscientos, si desea doscientos quiere cuatrocientos. La codicia no es una prohibición dirigida sólo a los que carecen de bienes, sino a la totalidad de los seres humanos. Éste es el último mandato de Dios, si surge el sentimiento de codicia y no lo controla, vuelve a transgredir los nueve anteriores. Se genera un círculo de transgresión permanente». Ídem.

 

«Más allá de las críticas, incluso desde el punto de vista de quienes no somos creyentes, la idea de un dios terrible, cruel y vengativo no está mal pensada, porque en definitiva todos los tabúes se basan en algo terrible. ¿Qué pasaría si no cumpliésemos? ¿Qué pasaría si todos los hombres decidiéramos matarnos unos a otros? ¿Si decidiéramos renunciar a la verdad o robáramos la propiedad de los demás o violáramos a todas las mujeres que se cruzaran en nuestro camino? Un mundo así sería horrendo. Ese dios terrible es el que representaría el rostro del mundo sin dios. La divinidad que castiga es, en el fondo, lo que los hombres serían sin las limitaciones impuestas por el dios. Es cierto que ese Yahvé puede resultar espantoso, pero los hombres sin tabúes pueden resultar peores. Ese rostro temible del dios nos recuerda lo fatal que sería carecer de autoridad, de restricciones al capricho y a la fuerza.» F. Savater. Ídem.

 

Pensar que todos los seres humanos somos lo mismo y que no podemos controlar nuestros impulsos es claudicar a la pretensión de que la Humanidad —con mayúsculas— tiene como finalidad desarrollar mejores seres humanos. Que el entramado institucional que construimos, que los valores que defendemos e inculcamos en nuestros descendientes a través de la ética, de la moral ciudadana, de los preceptos religiosos, de la educación pública, del ejemplo, no tienen sentido. Que caímos ya en la fatalidad de que cualquiera es un sinvergüenza, nada más falta que alguien, más corrupto y envidioso, lo exhiba. No hay “moralimetro” más efectivo que la congruencia y el ejemplo, cuando esto falla hay que acudir a las leyes, a su aplicación pareja, al escarnio público.