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martes, 7 de abril de 2020

CUARENTENA ÉTICA


CUARENTENA ÉTICA
Joaquín Córdova Rivas

Tanta corrupción e impunidad infectaron hasta a nuestros opinólogos. De plano se nota que la ética no se desarrolló en un contexto que favorecía el simple pragmatismo, la transa como sinónimo de influencia pública y la ignorancia como máscara de una sabiduría que se quedaba escondida detrás de los panfletos o los boletines oficiales.

Nuestros opinólogos están enseñando el cobre cuando se les atraviesan temas que requieren un tantito de conocimiento social o técnico. No es lo mismo dejarse ganar por la antipatía ideológica o la consigna política que compartir información relevante que le sirva a cualquier ciudadano para tomar decisiones importantes para su vida personal y familiar, ya no se diga en las que tienen que ver con su compromiso o solidaridad social.

Si no sabes mejor pregunta a los que sí saben. Pero si en el remolino informativo los ignorantes se citan entre ellos creyendo que la repetición de falsedades, imprecisiones e intencionales mentiras las justifican, las convierten en verdades que un instante después se derrumban, pues estamos fritos.

Así está pasando con la crisis actual del Covid-19, repentinamente nos vimos rodeados —como célula indefensa ante un ataque de coronavirus— de opiniones sin sustento alguno, incluso minimizando o queriéndole dar lecciones a los que han dedicado su vida al estudio de este tipo de microorganismos, a su forma de propagación, a su mortalidad y a la aplicación de medidas de contención que tienen que ser oportunas y calculadas, no a lo tarugo y de cualquier manera. Vivimos en un mundo tan interconectado que tomar medidas unilaterales, inoportunas y desmedidas afecta a propios y extraños, además de que no resuelve el problema y provoca pánico en lugar de conocimiento.

No tiene nada de malo reconocer que hay temas que nos rebasan, que requerimos ayuda experta para saber y entender, que no se vale dejarse arrastrar por los que creen que la libertad de expresión es la obligación de decir cualquier tontería y exigir que los demás se la crean, porque si no lo hacen están atentando contra nuestra “libertad” o no nos están respetando. Ya lo advertía el semiólogo Umberto Eco:

«Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos rápidamente eran silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles.»

Si la sociedad está dispuesta a seguir una cuarentena social para intentar detener la propagación de una enfermedad que se ensañará con los más vulnerables, como casi siempre, los opinólogos irresponsables o que se manejan con su propia agenda convenenciera debieran asumir una cuarentena donde la ética esté por encima de sus intereses particulares. Quizás sea mucho pedir y difícilmente lo harán porque creen que su “prestigio” aguanta cualquier cosa, que tienen una gran cantidad de creyentes y replicadores que, a veces sin saber por qué, se identifican con sus intereses. La única forma en que el ciudadano común y corriente pudiera defenderse de las notas falsas a las que nuestros opinólogos son adictos —fake news—, y a sus juicios condenatorios basados en lo que mal informaron, es con la comparación con fuentes de información confiables, con la diversidad de opiniones, con el ejercicio de un criterio que también se forma y está en desarrollo continuo. Hay que estar seguros que no tenemos un gemelo que sea igualito a lo que queremos, que piense lo mismo, que reaccione como nosotros quisiéramos, pero que también tenemos la opción de dejar de prestar atención y darle credibilidad a necedades.

Parte de la transformación de este país tendrá que pasar por la aparición de fuentes y de formas diferentes de comunicar, confiables, reflexivas y que den tiempo a que los expertos intervengan, que siquiera en temas como este del Convid-19 demuestren que pasaron por la escuela y se les quedó algo, porque los actuales demuestran una ignorancia enciclopédica que confunden con sabiduría.

lunes, 6 de febrero de 2017

HAGAN SU JUEGO

HAGAN SU JUEGO Joaquín Córdova Rivas
La neta sí dan miedo. Encargar las negociaciones comerciales, o las que sean, de este gobierno —a nombre de todos— con el señor Trump, a los neoliberales que han devastado al país en los últimos 40 años, y que han sido y son completamente dóciles a los designios, deseos y ambiciones de nuestros vecinos del norte, es de antemano una derrota completa. No se trata de conocimientos técnicos, que presumen tenerlos aunque no se les noten; se trata de tener dignidad, ética, conducta intachable y un mínimo de afán nacionalista. Ningunas de tales características poseen. Son parte importante de esa generación de norteamericanos nacidos en México a la que se refería en sus escritos Heberto Castillo, cuando daba cuenta de la tendencia de nuestra élite gobernante por mandar a sus juniors a educarse en universidades gringas, con desprecio a las públicas nuestras, inmersas en un contexto histórico propio y congruentes históricamente con el mismo. ¿Qué sabe de patriotismo o nacionalismo aquél que conoce mejor la historia ajena que la propia? ¿Qué intereses puede defender si no los que conoce y cree que lo identifican? Por eso se portan como virreyes, no como producto de un proceso electoral democrático por muy amañado que esté. Volvamos sobre la dignidad, la responsabilidad y la ética. Imaginemos que los negociadores del señor Videgaray se visten de niños héroes y hacen como que defienden intereses nacionales, y del otro lado les salen con los expedientes de sus numerosas rendiciones anteriores, de sus traiciones, de una que otra corruptela o conflicto de intereses. Ni modo que nuestros vecinos no aprovechen la información sacada a los extraditados que les hemos mandado a lo largo de la historia reciente. Que los amenacen con dar a conocer los fraudes electorales, los financiamientos indebidos, las fortunas mal habidas, las complicidades propias y ajenas con el crimen organizado, la ubicación de fosas “clandestinas”, el destino de muchos “desaparecidos”, alguna nómina vergonzante, las cuentas en bancos extranjeros y paraísos fiscales. Ni modo que no firmen lo que sea, primero yo y los demás a joder a México. El señor Trump y su gabinete de multimillonarios hará uso de todo lo que saben de sus corruptos socios del sur, y en ese lodazal ganará el que esté menos embarrado. El problema es que con esas debilidades se someterán y firmarán a nombre de todos, nos harán responsables de desigualdades perpetuas en aras de sus valores “nacionales”: el libre comercio, la globalización, el fin de la historia. Hasta puede que nos encarguen la construcción, mantenimiento y vigilancia de otro muro en nuestra frontera sur, para que la hagamos de sus policías, de su aborrecible migra contra nuestros semejantes centro y sudamericanos. Para descuadrar más las cosas, no se puede esperar ninguna ayuda de los canadienses, ya dijeron que prefieren un acuerdo bilateral con los gringos a cargar el fardo de un tercer socio que no tiene como defenderse, porque malbarató lo que le daba algo de ventaja: mano de obra barata y reprimida, cuantiosos recursos naturales y energéticos, un proyecto de nación con importantes derechos sociales —nuestra maltrecha Constitución—, una historia rica en culturas originarias. Todo a cambio de empleos mal pagados, derechos laborales disminuidos, subordinación científica y tecnológica, inseguridad, corrupción, impunidad. Mientras, nos desgastamos en procesos electorales trucados. Ojalá sirvan para derribar muros mentales. Ya hemos vivido las pésimas experiencias de las coaliciones electorales pragmáticas, el simple quítate tú para ponerme yo, que al fin somos iguales. De nada sirven al ciudadano común y corriente, de todas formas nos va mal. Por eso no hay que padecer que el PAN y el PRD no presenten un solo candidato para evitar que el PRI y sus satélites ganen una elección, a final de cuentas se instalan los mismos intereses amafiados, allí están los penosos sexenios locales de Guerrero, Chiapas y demás. Nada se ganó y sí se perdió tiempo para provocar un cambio significativo en el fondo y forma de gobernar. Eso de que “las izquierdas” solo ganan si se unen también es una mentira, porque lo que se nos ha presentado como “izquierda moderna o moderada” nada tiene que ver con ese concepto político de contenido vaporoso, para algunos. Por lo pronto podríamos coincidir con que: «Hoy, las formas de igualdad se expresan como igualdad de oportunidades, distribución de la riqueza para reducir las escandalosas brechas entre ricos y pobres, eliminación de los privilegios de nacimiento y preparación para estar en la sociedad competitiva. De otra parte, está el tema de la igualdad ante la ley y del propio sufragio universal, que seguramente representan la mayor extensión de igualdad entre los hombres que ha creado la civilización. Es cierto que la izquierda ha privilegiado históricamente un tipo de igualdad que está orientado a la distribución de los recursos económicos y los servicios esenciales y, por tanto, ha privilegiado el contenido material de la igualdad antes que su legalidad formal. Hoy la izquierda interpreta plenamente la legalidad para asegurar los derechos de las personas. La izquierda trabaja con los conceptos de universalidad y una propuesta suya no puede tener sólo en cuenta los intereses de los grupos que históricamente representaba.» Antonio Leal. Norberto Bobbio: Izquierda y Derecha a partir de la democracia. http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2014/03/21/norberto-bobbio-izquierda-y-derecha-a-partir-de-la-democracia/ El espacio se acaba, ya habrá más para reincidir en el tema.

viernes, 22 de abril de 2016

¿DÓNDE ESTÁN LOS POETAS?

La barbarie se vuelve contra sus promotores, contra sus “arrepentidos” beneficiarios, contra sus cínicos encubridores. El entrecomillado anterior es porque no les creo. Las disculpas suenan falsas por inoportunas, porque vienen de quienes practican cotidianamente y con singular brutalidad lo que ahora parece que les escandaliza. No soy de los optimistas que obsequia el beneficio de la duda, ya no se vale chuparse el dedo con la primera tontería que nos arrojan para consolarnos. Al contrario de las series televisivas y las películas que produce Hollywood, no necesitamos de individuos que solitos y por una personalísima venganza sirven, de rebote, a un ideal de justicia que se queda en el individualismo. Nuestra historia y cultura prefiere las soluciones alcanzadas colectivamente, apelando al bien de todos, hasta al de esas minorías ciegas que por aprovecharse de los demás nos ponen en riesgo irresponsablemente. Con las dictaduras europeas, señaladamente el franquismo, la denuncia y la organización social fueron las armas para enfrentar a esas bestias que insistían en regresarnos a la simple sobrevivencia, sojuzgados, aparentemente resignados. En esa denuncia social el papel de los poetas fue fundamental. En algunos fue circunstancial, las dictaduras le temen a la poesía y a la cultura en general porque no la entienden, porque, además, la apreciación estética pasa por el desarrollo de lo que nos hace mejores seres humanos, con la empatía y la sensibilidad ante el sufrimiento y las desigualdades que sufren los otros, porque esos otros somos nosotros. Pasa también por el gozo y el disfrute de una vida que tiene caducidad. Lo peor que nos puede pasar es que nos volvamos inmortales, eso rompería cualquier límite, cualquier necesidad ética, viviríamos —si a eso se le puede llamar vida—, devorándonos incesantemente, provocándonos sufrimiento todos contra todos. Muchos de los poetas que viven en nuestra conciencia colectiva, de esa convulsa historia del franquismo para acá, pasando por las dictaduras latinoamericanas — sean “perfectas” o no—, simplemente denunciaban lo que veían. Quizás olvidándose a veces de una técnica muy depurada, priorizaban el contenido sobre la forma, eran valientes y hasta geniales. Revisar sus obras y biografías es repasar el exilio, las diversas formas de represión, el miedo de los que no los entendían. A los poetas le siguieron los cantautores, la poesía con música para propagarse utilizando las nuevas tecnologías que inicialmente escapan al control dictatorial, la lista es larga y merece una futura oportunidad. ¿Dónde están los poetas, los teatreros, los cantautores, los novelistas, nuestros modernos denunciantes? Sí están, dando la batalla desde sus obras, arrinconados quizás por una globalización y tecnificación que insiste en desplazarlos, porque siguen sin entenderlos. Han sido reemplazados, sin menospreciar, por líderes de opinión surgidos en las redes sociales o en los escasos medios de comunicación que les dan espacio. Todavía marginales pero con impactos crecientes que da la “viralidad” de las conexiones instantáneas, fuera de filtro y de censura. Pero la cosa ya está tan grave que hasta el discurso científico comienza a preguntarse, y a intentar responderse, acerca de la falta de sincronía entre los vertiginosos avances en ese ámbito y el poco desarrollo, y hasta desprecio, por el uso adecuado de esos conocimientos. Howard Gardner, autor de la teoría de las inteligencias múltiples, ya se atreve a decir, haciéndole las preguntas adecuadas, cosas como estas: «…empecé también a preguntarme por la ética de la inteligencia y por qué personas consideradas triunfadoras y geniales en la política, las finanzas, la ciencia, la medicina u otros campos hacían cosas malas para todos y, a menudo, ni siquiera buenas para ellas mismas […] Pero yo soy un científico e inicié un experimento en Harvard, el Goodwork Project, para el que entrevisté a más de 1.200 individuos. ¿Por qué hay excelentes profesionales que son malas personas? Descubrimos que no los hay. En realidad, las malas personas no puedan ser profesionales excelentes. No llegan a serlo nunca. Tal vez tengan pericia técnica, pero no son excelentes […] Lo que hemos comprobado es que los mejores profesionales son siempre ECE: excelentes, comprometidos y éticos. ¿No puedes ser excelente como profesional pero un mal bicho como persona? No, porque no alcanzas la excelencia si no vas más allá de satisfacer tu ego, tu ambición o tu avaricia. Si no te comprometes, por tanto, con objetivos que van más allá de tus necesidades para servir las de todos. Y eso exige ética. Para hacerte rico, a menudo estorba. Pero sin principios éticos puedes llegar a ser rico, sí, o técnicamente bueno, pero no excelente. Resulta tranquilizador saberlo. Hoy no tanto, porque también hemos descubierto que los jóvenes aceptan la necesidad de ética, pero no al iniciar la carrera, porque creen que sin dar codazos no triunfarán. Ven la ética como el lujo de quienes ya han logrado el éxito. “Señor, hazme casto, pero no ahora”. Como san Agustín, en efecto. Otra mirada estrecha lleva a estudiantes y profesionales comodones a ser lo que consideramos inerciales, es decir, a dejarse llevar por la inercia social e ir a la universidad, porque es lo que toca tras la secundaria; y a trabajar, porque es lo que toca tras la universidad..., pero sin darlo todo nunca. Sin ilusión, la vida se queda en obligación. Y otros son transaccionales: en clase cumplen lo mínimo y sólo estudian por el título; y después en su trabajo cumplen lo justo por el sueldo, pero sin interesarse de verdad limitan su interés y dedicación. Y son mediocres en todo. ¿No descubren algún día de su vida algo que les interese realmente? Algunos no, y es uno de los motivos de las grandes crisis de la madurez, cuando se dan cuenta de que no hay una segunda juventud. Otra causa es la falta de estudios humanísticos: Filosofía, Literatura, Historia del Pensamiento... ¡Qué alegría! Alguien las cree necesarias... Puedes vivir sin filosofía, pero peor. En un experimento con ingenieros del MIT descubrimos que quienes no habían estudiado humanidades, cuando llegaban a los 40 y 50, eran más propensos a sufrir crisis y depresiones. ¿Por qué? Porque las ingenierías y estudios tecnológicos acaban dándote una sensación de control sobre tu vida en el fondo irreal: sólo te concentras en lo que tiene solución y en las preguntas con respuesta. Y durante años las hallas. Pero, cuando con la madurez descubres que en realidad es imposible controlarlo todo, te desorientas.» http://www.panorama.com.ve/cienciaytecnologia/Cientifico-de-Harvard-Una-mala-persona-no-llega-nunca-a-ser-buen-profesional-20160412-0031.html Por eso no les creo sus disculpas, no hay arrepentimiento; ni creo en un cambio de rumbo, todavía no entienden que no entienden.

sábado, 7 de febrero de 2015

Nada más se tardaron 3 meses para responder a las denuncias públicas de conflicto de intereses. Nada más 4 meses para dar los pobres resultados de la investigación del caso Ayotzinapa. Otros 3 mesesitos para reconocer que el Tren de Alta Velocidad México-Querétaro era inviable financieramente y había que “suspender” la licitación, ahora reconocen que no será posible hacerla en los próximos 2 años, mencionando, como de pasadita, que requeriría de 48 mil millones de pesos de subsidios. Reaccionan tarde, mal y de malas. Para un régimen político basado en la corrupción, la impunidad y el cinismo la lógica más elemental carece de sentido. Sigamos simulando, total el país aguanta eso y más. Dos regulaciones distintas que no surgen de la coyuntura inmediata, tampoco de la defensa indigna del tótem sexenal: “Un conflicto de interés personal es una situación en que los intereses privados de una persona —como relaciones profesionales externas o activos financieros personales— interfieren o puede entenderse que interfieren con el cumplimiento de sus funciones oficiales. La aceptación de un honor, una condecoración, un favor, un obsequio o remuneración en relación con las funciones oficiales puede dar lugar a un conflicto efectivo o posible de interés por cuanto puede considerarse que crea una obligación. No debemos utilizar nuestro cargo ni los conocimientos obtenidos en su desempeño para favorecer a familiares y amigos. Tampoco debemos prejuzgar la posición de los colegas o clientes que no aprobemos. En la contratación de personal o consultores siempre debemos procurar los candidatos más apropiados para el empleo”. Oficina de Ética de la Organización de las Naciones Unidas. http://www.un.org/es/ethics/conflictofinterest.shtml Va la otra: “Los conflictos de interés son aquellas situaciones en las que el juicio de un sujeto, en lo relacionado a un interés primario para él o ella, y la integridad de sus acciones, tienen a estar indebidamente influenciadas por un interés secundario, el cual frecuentemente es de tipo económico o personal. Es decir, una persona incurre en un conflicto de intereses cuando en vez de cumplir con lo debido, podría guiar sus decisiones o actuar en beneficio propio o de un tercero.” http://www.innsz.mx/opencms/contenido/investigacion/comiteEtica/conflictointereses.html Nunca hubo sorpresa, llevan en precampaña electoral varios meses a pesar de lo que diga la acomodaticia ley electoral y sus órganos rectores y disque vigilantes. ¿Por qué hay que apoyar “proyectos personales” con dinero público? Y todavía van a exigir nuestro voto a su favor. Un día sí y el otro también han estado apareciendo en los medios de comunicación con el pretexto de dar a conocer lo que hacen, en favor de los queretanos, las instituciones que encabezan por gracia de su partido. Ahora hay que fingir asombro, que nadie sabía nada, que su aparición en los medios era simple coincidencia, pero su “destape” real se dio hace mucho en las páginas de sociales, cobijados por los suyos que no somos nosotros. El futuro nos alcanza, nuestras vialidades se colapsan en cualquier momento y producen pérdidas millonarias, en vidas, en tiempo irrecuperable, en calidad de vida. Revelan la pésima planeación o más bien la falta de ella. Circular por la autopista del TLC, vulgarmente llamada carretera 57, es jugar a la ruleta rusa. Ni qué decir del pésimo diseño del anillo vial Junípero Serra, del ya poco eficiente distribuidor Bicentenario, del caprichoso nudo de Corregidora norte y Bernardo Quintana, obras carísimas, para la foto. Mientras, el transporte público naufragando en un mar de intereses particulares, en la simulación del cambio de colores, en los parches de vinil para que no se vea la lámina podrida, en la escasa capacitación de sus choferes. Ya que está de moda el #yopropongo: yo propongo que para ser funcionario educativo en cualquier nivel se tenga como requisito que ellos mismos y sus hijos estén o sean egresados de escuelas públicas; que para ser funcionario se utilice el transporte público de pasajeros cotidianamente, él y su familia, nada de helicópteros o camionetotas blindadas escoltadas por guaruras o policías; que todos los funcionarios públicos y sus familias utilicen para su atención el IMSS o el ISSSTE, que no tengan seguros médicos privados; que tengan salarios dignos que no rebasen 10 veces el salario promedio de un trabajador de su estado o municipio, sin bonos ni compensaciones. También propongo que para ser candidato a cualquier puesto de elección popular se haga público su curriculum vitae, para que cualquiera pueda corroborar esa historia de vida. Ya encarrerado, que las calles, hospitales, escuelas o cualquier obra pública tengan el nombre de un ciudadano que se haya distinguido por su entrega a los demás, como la enfermera Mónica Orta Ramírez del Hospital de Cuajimalpa, quien muriera víctima de la explosión de gas al regresar a rescatar a los recién nacidos que se encontraban en ese nosocomio. Mientras eso sucede, hay que ser optimistas y presionar, sigue la campaña de organizaciones empresariales en contra de los sindicatos y los sistemas de salud y educación, entre otros; les urge tragarse el presupuesto destinado a los mismos. Ahora resulta que se toma como logro que el Estado renuncie a sus obligaciones, que se quiera presentar como avance del Sistema Nacional de Bachillerato el que cada escuela de ese nivel “pueda gestionar” sus propios recursos, como si nadie pagara impuestos para ello; que en plena revolución tecnológica los maestros tengan que contratar el servicio de internet de su escuela para poder dar clase o trabajar utilizando la red mundial de información, o que compren y lleven sus computadoras, impresoras o proyectores porque las escuelas carecen del equipamiento más elemental. Se critica a los “alborotadores” que toman carreteras porque nadie atiende sus demandas, pero se oculta que hay estados en este país donde más del 40 por ciento de las escuelas son multigrado y sólo cuentan con uno o dos profesores; que se les paga, cuando tal cosa llega a suceder, depositándoles en cuentas bancarias teniendo el cajero más cercano a varias horas de distancia; y que además, son objeto cotidiano de robos, extorsiones y atentados contra su vida. Pero eso no cuenta, sigamos simulando que no hay conflictos de interés torciendo la lógica más elemental. Por eso yo tampoco aplaudo los discursos del Presidente.

viernes, 10 de enero de 2014

2014 OPTIMISMO O INDIFERENCIA

Buscamos certezas, nos aferramos a aquello que nos dé la impresión de que podemos adivinar lo que viene, inventamos el tiempo como una trampa que impida que se nos acabe la vida o que nos diga que lo que hicimos valió la pena. Pero las fechas no cambian inercias, si acaso sirven como marcas arbitrarias para desear cambios, como si la historia corriera en línea recta hacia la misma dirección: el progreso individual, familiar o nacional. Puros buenos deseos que esperamos que de algo sirvan. Si algo está quedando claro y el 2014 lo reafirmará, es que estamos montados tercamente en un modelo de desarrollo que no se puede sostener. Consumir cada vez más inventándonos necesidades que no son vitales sólo crea insatisfacción permanente, infelicidad y una estúpida competencia que nos convierte en enemigos hasta de nosotros mismos; además de que estamos devastando al único planeta en que podemos vivir. Si alguien dudaba de los efectos perniciosos que estamos provocando aquí está la locura climática con la que comenzamos el año. De algo no hay duda, los avances tecnológicos seguirán hasta donde nuestros propios sentidos les pongan un límite, o hasta que la falta de ética en su manejo nos condene a la desaparición por soberbios. Hemos perdido de vista que nuestra principal meta o ambición debiera ser el convertirnos en mejores seres humanos, en recuperar los saberes ancestrales que abandonamos persiguiendo una modernidad que quizás no valga la pena alcanzar. Puede ser un buen deseo para este año, que con la filosofía por delante nos demos el espacio y el tiempo para repensarnos como individuos y como especie, en relación estrecha con las otras, con el planeta, como un todo que viva en armonía. La resignación y la indiferencia no son alternativa, ya lo decía Antonio Gramsci (http://es.scribd.com/doc/111612385/Odio-a-los-indiferentes-Antonio-Gramsci): “Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son cobardía, no vida. Por eso odio a los indiferentes. La indiferencia es el peso muerto de la historia. La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad; aquello con que no se puede contar. Tuerce programas, y arruina los planes mejor concebidos. Es la materia bruta desbaratadora de la inteligencia.” Nuestro país seguirá sumiéndose más en ese modelo de desarrollo que ha mostrado, desde 1994, si no es que desde antes, que provoca la concentración de la riqueza en poquísimas manos mientras socializa y expande la pobreza; pero esa polarización puede ser el germen de nuevos movimientos sociales que intenten poner freno a los abusos y construyan acuerdos que, basados en la equidad, en la racionalidad y el uso ético de la inteligencia y la tecnología, permitan un manejo pacífico de los conflictos y el combate frontal contra la corrupción y la impunidad. De otra manera, la espiral de crimen y violencia aumentará sus efectos, ganará territorios y seguirá afectando nuestra vida cotidiana. Ya existen caminos alternos, las presiones por una mayor transparencia en el uso de los recursos públicos, la organización autónoma para asegurarse territorios libres de la influencia del crimen organizado, las valientes denuncias e investigaciones que falta se traduzcan en consecuencias contra los delincuentes, pero se va avanzando. Querétaro, sin sustraerse a esa dinámica, estará marcado por la agenda política. Los afanes futuristas de las cúpulas partidistas intentarán acaparar todos los espacios en los medios de comunicación. La rudeza dependerá de la cola que tengan y les puedan pisar, del tamaño de sus ambiciones personales o de grupo, de su soberbia y desesperación. En ese ambiente, una agenda ciudadana sólo será considerada si coincide con sus oportunismos, lo bueno es que las redes sociales todavía escapan a su control aunque las pretendan saturar con mensajes y apoyos artificiales y pagados. Es falso que el simple paso del tiempo asegure el progreso, o que cualquier cambio sea benéfico para todos o siquiera para la mayoría. Ya no sabemos si la frase es una contribución local al lenguaje político porque se la atribuye hasta el “filósofo de Güemes” (http://www.oem.com.mx/oem/notas/n1332083.htm): En política, la reversa… también es cambio. De cualquier forma no hay que entusiasmarse mucho con la reformitis del sexenio actual, igual ha estado haciendo el salinismo transexenal y miren los resultados, en ningún indicador internacional, salvo los negativos, estamos bien evaluados. Lamentamos no ser absolutamente optimistas, pero es que no se puede a menos que caigamos en la irresponsable indiferencia. Un cambio de fechas, de año en este caso, no garantiza que las cosas serán mejores. Mejor estar alertas a lo señalado por Gramsci: “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.”

sábado, 24 de noviembre de 2012

LOS EDUCADORES

“La educación es corregir siempre cosas. La idea de que la libertad de expresión se debe dar desde niño no es viable porque simplemente no educaríamos. El asunto es quién lo va a educar, ¿las personas que lo quieren y que se van a preocupar por él o lo va a educar el medio ambiente, la banda del barrio, el tipo que quiere aprovecharse de ellos? Los que se aprovechan de los niños y los convierten en niños soldados y a los ocho años les dan un fusil también los están educando, los están educando para el horror, para la muerte o la esclavitud. Nosotros lo que queremos es educar para otras cosas. Eso naturalmente exige que al niño le quites el Kaláshnikov, y que si le ves que quiere estrangular a su hermanita le digas que no se puede hacer, y si quiere estar todo el día apretando un botón en vez de aprender a leer o a sumar, tienes que decirle que tiene que aprender a leer y a sumar. Los educadores tenemos que caer antipáticos porque el que halaga y da la razón no educa. Lo más repugnante para mí son los viejos que siempre se pasan la vida dándoles la razón a los jóvenes.” Fernando Savater. A cierta edad dejas de ser vendible y eres como un florero. Por Juan Cruz Ruiz, en Revista Ñ 16 de Octubre del 2012. ¿Quién educa? La pregunta no es ociosa porque detrás del quién está el para qué. Aprovechando los malos resultados en evaluaciones internas y externas, nuestro sistema educativo sufre el embate de organizaciones supuestamente preocupadas y bien intencionadas. Nada más falso. Se nos olvida que no solo la escuela educa, también lo hacen las familias, las integradas y desintegradas, las tradicionales y monoparentales, las violentas y las indiferentes, las colaborativas y las castrantes; pero también educan los medios de comunicación, sus estúpidas telenovelas, sus enajenantes reality shows, sus sermoneantes noticieros, sus interesadas ignorancias. Poner el acento únicamente en un sistema educativo público que sufre del desmantelamiento compartido con el de salud, el de generación de energía, el financiero, y demás, es injusto y nada casual. Como sustituir de golpe y porrazo a casi dos millones de profesores es imposible en el corto plazo, se utiliza un atajo, arrancar al Estado la capacitación y actualización de los mismos, reeducarlos para que lleven a las aulas los intereses particulares de los grupos de poder que se quieren eternizar utilizando la democracia formal. Por eso y de forma creciente, la capacitación y actualización están encargándose a empresas privadas, de esas que asesoran bancos, refresqueras, grandes corporativos. Se trata de darles chamba con el dinero de nuestros impuestos a la vez que inoculan la visión de sus dueños y accionistas en el pensamiento y actuar de los educadores, para que estos hagan lo mismo en las mentes y acciones de los niños y jóvenes que contribuyen a formar. Renegamos de nuestro sistema educativo mientras queremos implementar unas reformas que nos son ajenas. Es cierto, el mundo de hoy no es el mismo al de hace algunos años, nunca lo ha sido. Pero el modelo, el currículo no es lo único importante, Fernando Savater ahora premiado por su obra literaria con el premio Octavio Paz, reflexiona sobre su experiencia docente: “Se les educa a los jóvenes en unas realidades que cambian, puedes cambiar de canal, utilizar el photoshop para quitar arrugas, pero la realidad no tiene mando ni zapping posible. Es importante manejar ordenadores pero también es importante la relación de tú a tú, por eso creo que el aula es más importante que todo lo que se enseña en ella. El hecho de estar ahí sentado con 40 personas a las que no conoces, a las que tienes que respetar pero con las que no tienes por qué tener ningún tipo de relación afectiva y que sean lo más variadas posible es muy importante. Separar a los niños de las niñas es un disparate. El aula debe darte esas divergencias que hay en la realidad, de género, de etnias, de estratos sociales, y cuanto más variados sean más te educan. Luego, además, aprendes geografía pero lo importante es la educación que te da la pura convivencia dentro del aula. No puedes modificar al otro como tú quieras”. Esa rica experiencia colectiva puede fastidiarse echando mano de intentos repetidos que busquen la uniformidad de pensamiento, si los educadores se muestran persistentes en inculcar interpretaciones de la realidad que atenten contra los intereses colectivos. No estamos hablando solo de sumas y restas, de puntos cardinales, de ríos y cordilleras, de átomos y moléculas, de hardware y software: “Mientras que la técnica se preocupa de las cosas que pasan y se transforman, la ética se preocupa de lo que no pasa, de lo que está ahí permanentemente. Esos principios se ejercen sobre cosas que están modificándose. La ética de Aristóteles está llena de reflexiones importantes sobre la vida humana pero no habla de biogenética porque Aristóteles no la podía conocer. La combinación es que hables de biogenética pero sabiendo que en el fondo estás vinculado a Aristóteles […] la visión ética más profunda es la que ve la parte invulnerable que hay en el hombre, el sentido de su vida. El entender que efectivamente estamos amenazados por muchas cosas pero que en cambio en nosotros mismos hay algo que no va a pasar o que no va a morir. El que es generoso, solidario, tierno, está actuando desde el lado invulnerable que hay en él, no desde el lado de lo perecedero y asustadizo”. También se privatiza la educación cuando pierde su esencia crítica, cuando mata la diversidad, cuando se culpa y se asusta a los educadores para después adularlos y volverlos dóciles. Para que acepten lo que sea sin cuestionar.

viernes, 25 de noviembre de 2011

CONSTRUIR CIUDADANÍA


“… educar es construir ciudadanía. Es perseguir la utopía de siempre. La utopía de la libertad y del combate a la desigualdad y la injusticia. La del respeto y el aprecio por los demás. La del servicio a los otros, en particular a los que menos tienen y más requieren. La de la dignidad humana que cubra a todos.” José Narro Robles, Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, 17 de Noviembre del 2011.

Encontrar una forma de interpretar los sucesos no es fácil. Explicarse lo sucedido en la elección de Rector en la Universidad Autónoma de Querétaro cuyo proceso evitó en último momento el desbarrancamiento; entender lo que pasa en la definición de las candidaturas presidenciales de los partidos políticos con miras el 2012; hurgar el motivo detrás de la tendencia penalizadora y no preventiva de los delitos que priva en el poder ejecutivo queretano, con la sumisión correspondiente del legislativo; evitar que sucedan cosas como el conflicto del consejero electoral Juaristi del Instituto Electoral de Querétaro; saber lo que ocurre detrás de la debacle educativa mexicana y de los fallidos intentos reformistas con su cauda de reprobados, desertores y ninis; descifrar la locochona propuesta de la república amorosa. Todo ese enredo y más se podría descifrar si fuéramos verdaderos ciudadanos y no simples portadores de une credencial de elector y de opiniones fragmentadas y superficiales.

Por eso, como dice el rector de la UNAM, nos falta construir ciudadanía, trascender la simple asistencia a unas aulas abarrotadas y más o menos equipadas, capacitar a profesores que han permitido se les expropie su papel de líderes comunitarios para convertirse en servidores de maquinarias electorales perversas, o en simples correas de transmisión de saberes simulados y “competencias” meramente instrumentales y carentes de contenido teórico que les den congruencia y futuro.

La educación sigue siendo prioridad, pero no cualquier educación, no la consumista que promueven los medios de comunicación, no la que se disfraza de crítica y reflexiva para promover el conformismo y la pasividad, no la que privilegia los resultados estadísticos en lugar de los contenidos éticos. De la misma UNAM, el Instituto de Investigaciones Filológicas revela que: “Aunque es difícil hacer un cálculo preciso sobre la cantidad (de palabras que conoce y utiliza) un estudiante de nivel medio, contamos con datos que fluctúan entre 300 y mil 500 palabras, aunque hay que distinguir entre el número de voces que se emplean y el conocimiento pasivo de las mismas. En el caso de hablantes cultos, por ejemplo, los trabajos tradicionales de léxico señalan que suelen emplear alrededor de cinco mil vocablos, aunque su conocimiento pasivo sea de 10 mil ó 12 mil”, lo que revela que los programas de promoción de la lectura en realidad la desalientan, parece que se trata de que los mismos niños y jóvenes renuncien a sus capacidad para comprender el universo simbólico que hemos construido, este mismo texto está constituido por símbolos que muchos logran “leer” pero no comprenden.

Lo “cientificista”, que no científico, le ha estado ganando terreno a las otras formas de entender el mundo, de aprehenderlo y aprenderlo, por eso resulta conveniente conocer puntos de vista como los del Dr. José Narro o de investigadoras como Laura Frade (Los nudos existentes en la evaluación por competencias desde una visión del pensamiento complejo. Antología - 5º Congreso Nacional de Educación http://www.snte.org.mx/?P=articulo&Article=1343), del primero podemos rescatar otra cita: “La auténtica función de las universidades trasciende a la de transmitir y generar conocimiento. El verdadero propósito tiene que ver con la vida en sociedad. Con la creación de modelos al respecto. Con la formación de ciudadanos libres, con conciencia colectiva, capaces de valorar principios éticos y la vida en sociedad. Atentos al cumplimiento de los marcos legales y de sus propias obligaciones. Aptos para la democracia, respetuosos de los derechos de los demás y competentes para exigir el cumplimiento de los propios”; de la segunda: “…una competencia no es sólo un acto racional es también un acto afectivo puesto que hoy se sabe que la emoción es la base del pensamiento y del comportamiento, aquel que puede responder frente a las demandas o problemas que enfrentamos y a su vez los resuelve, incluye un proceso que inicia por el interés y la motivación en los que regula los sentimientos que emergen durante el proceso de ejecución hasta llegar a la meta deseada. Más aún, la falta de emoción en la resolución de demandas es tan dañina para el sujeto como el exceso de ellas al actuar, así si la persona no se emociona por lo que observa, pues no lo hace, no se interesa o su participación disminuye, pero también si sigue sus impulsos sin control puede llegar a matar a alguien”, o robar, o extorsionar, o secuestrar, o justificar todo lo anterior. Pero también se necesita “un criterio de adecuación entre lo que hace el sujeto para resolver lo que enfrenta y lo que la sociedad y su cultura necesita y acepta como éticamente válido. Es decir que no todo lo que se hace resulta en un comportamiento competente por más que el sujeto que lo despliegue logre los resultados a los que aspira, de ahí que la competencia también sea un asunto cultural”.

En resumen, no basta con atenerse a los contenidos académicos de un plan de estudios o al diseño perfecto de proyectos a realizar en el aula, el alma educativa está también en las motivaciones, en las actitudes, en los valores, en la construcción de una ciudadanía plena que no evada lo emotivo y ético, que no acepte simulaciones, que no olvide las utopías.