“Dos personas se combinan en el capitán, escribió Séneca. Una de ellas es igual a todos los pasajeros porque el capitán también es un pasajero. Pero la otra persona es distinta porque sólo él es el capitán. La responsabilidad le otorga privilegios y lo marca con exigencias. Una tormenta puede afectarlo como pasajero, pero nunca como piloto. La imagen expresa la antigua noción del gobernante como personaje escindido: hombre y semidiós; cuerpo e institución. La idea cristalizaría en la doctrina medieval de los dos cuerpos del rey. El monarca era hombre y, como tal, sentía. Vivía las pasiones ordinarias, estornudaba, tropezaba. Pero como soberano no se enfermaba; era infalible e inmortal. Era la voz de la justicia, la palabra de la ley y daba su cara a la moneda”. La democracia de Lefort. Jesús Silva-Herzog Márquez, 01 de febrero del 2011.
Esa teoría política de “los dos cuerpos del rey” de origen medieval, parece tener vigencia en las supuestas democracias del siglo XX y XXI. Todos sabemos que los gobernantes son hombres en el sentido genérico del término, que pertenecen a la especie humana y que son iguales a todos, envejecen, enferman, son egoístas y generosos, heroicos y canallas, capaces de las más grandes virtudes, de los peores vicios y defectos. Ese carácter dual nos mete en muchos problemas ¿cómo criticar al hombre sin afectar la institución que representa? En primer lugar, quien debiera cuidar que esa dicotomía no se separe a extremos irreconciliables es el propio gobernante, porque lastimaría lo que políticamente le debiera ser más preciado, incluso que la propia vida. Pero pedirle eso a un simple ser humano puede ser demasiado.
En una monarquía quizás no habría más remedio que aguantarse o esperar una conspiración interna que permitiera un reemplazo antes de que fuera demasiado tarde, en una democracia se esperaría la existencia de mecanismos institucionales que previeran la debacle física e intelectual. La revocación del mandato podría ser una buena forma de hacerlo si todas las demás fallaran, pero ¿cuáles serían esas demás? Lo suficientemente claras como para evitar un disfrazado golpe de estado, como para suscitar la aquiescencia ciudadana, libre de sospechas y agandalles. En esa hipotética democracia moderna los medios de comunicación juegan un papel esencial porque lo mismo pueden ocultar lo evidente, que exagerar lo pequeño o fabricar lo inexistente. Aunque siempre, el silencio o la simulación serían la peor de las respuestas.
Cambiando de tema. Los gobernantes mantienen algunos temas constantes en sus discursos, la educación es uno de ellos porque se ha constituido en una especie de remedio para todo, para la carencia de empleo, para combatir la anorexia y el sobrepeso, para promover el ahorro, para remediar la ecología, para detonar el desarrollo, para combatir las adicciones y los embarazos precoces, para prevenir las enfermedades crónicas, para todo lo que se quiera y requiera. Pero detrás el discurso prevalece una tremenda confusión.
Por ejemplo, el viernes 4 de este mes, por la tarde y previo a un fin de semana largo, lo que ya indica algo planeado, como para no dar oportunidad a que alguien reaccionara y se encontrara el martes 8 con una decisión tomada, el sistema Colegio de Bachilleres del Estado de Querétaro, por decisión unipersonal del gobernador tal y como marca el artículo 20 de su ley orgánica que dice: “La titularidad de la Dirección, está a cargo de un Director General, quien será nombrado y removido por el Gobernador del Estado; el ejercicio de su cargo será de cuatro años, pudiendo ser reelecto por un periodo igual”; anunció, así en lo oscurito, que se cambiaba a su principal funcionario para que entrara el casi doctor en Derecho Miguel Ángel Mendoza Mendoza. De entrada se antoja que es mala idea que el nombramiento tenga que ser directo del titular del poder ejecutivo, cualquier error en la designación o en el funcionamiento de ese sistema de educación media superior se le puede achacar directamente, sin ningún colchón que amortigüe los trancazos. De esa manera, la desastrosa dirección del contador Gerner por más de un año no será culpa sólo de él, sino principalmente de quien lo puso allí sabiendo que no iba a poder con el paquete. Además, ¿a quién se le ocurre que el gobernador tenga que ser un especialista en todo? Lo mejor sería que ese tipo de designaciones cayeran en la esfera del secretario de educación del estado, a quien sí se le podrían dar instrucciones precisas, que se encargue de su implementación y se le pueda pedir cuentas. A la fecha nadie sabe qué instrucciones recibió el anterior director general de ese sistema que abarca ya a 54 planteles de bachillerato, si las cumplió o no, nunca se hace una evaluación de cara a la sociedad que le pagó su altísimo sueldo y envidiables prestaciones, tampoco se sabe si la penuria económica y la mala condición física de los planteles se deben a una mala administración, a que se le recortaron recursos o, peor aún, si se desviaron para otros fines. Tampoco sabemos cuáles son las prioridades que se le señalaron al funcionario recién nombrado, mucho menos hay claridad respecto de todo el aparato educativo del estado. Así no puede haber suma de esfuerzos y sí se abona a la confusión existente.
Claro que no todo es malo, hay más cosas buenas debidas al trabajo cotidiano de docentes, administrativos y estudiantes; también el panorama mejora con los cambios en la dirección académica, por fin la racionalidad se asoma, se encara la realidad de una educación que por años ha venido a menos en calidad y que se está viendo como un vulgar negocio. Por fin, decíamos, hay espacio para que lo académico recobre su importancia y el lugar que nunca debió haber perdido.
sábado, 12 de febrero de 2011
viernes, 4 de febrero de 2011
PERMISO
El día de la semana es lo de menos, baste saber que es el destinado a escribir la colaboración para este semanario, pero las notas principales de los diarios editados en la capital del país y que presumen de ser nacionales no le dan descanso al pesimismo. La violencia, desatada por una guerra declarada desde la falta de inteligencia y que se resiste a atacar las raíces de la corrupción e impunidad, es cada día más cruenta. La otrora sultana del norte, la tradicionalmente llamada perla de occidente, la legendaria Zacatecas, e inmediatamente antes Morelia, Acapulco, Ciudad Juárez y todas las que la memoria permita, asfixiadas por el crimen organizado y las autoridades cómplices y desorganizadas.
A falta de razones y argumentos, los estúpidos e ignorantes fomentan el odio y pretenden alimentarse de la desesperación. Para atacar estos sentimientos –que no hay que ignorar ni dejar que se desborden sin formar parte de la solución de lo que nos agobia—, nada mejor que la lectura, ese invento del ser humano que nos permite un momento de cordura en este mundo loco. Ese despliegue de imaginación nos permite viajar a otras partes de la misma realidad, mirarla de cerca estando lejos, hallar formas de entender lo que teniendo pegado a la cara nos hace perder el enfoque.
Viajemos pues a la cuna del fundamentalismo económico, causante de mucho de lo malo que está pasando en el mundo y donde no cesan las ocurrencias para profundizar con el modelito: “La crisis económica en Inglaterra ha provocado una serie de recortes presupuestales. El gobierno central ha limitado los recursos que entrega a las localidades y éstas deciden en dónde aplican la tijera. Un buen número de condados ingleses ha decidido terminar con el financiamiento de las bibliotecas públicas. Según los ahorradores, en estos tiempos no se justifica el gasto en esos símbolos de la antigua cultura”, el argumento, para estos trogloditas del pensamiento es impecable, para qué gastar en edificios llenos de libros si muchos ni siquiera son leídos por ellos mismos y además ya existen otras fuentes de conocimiento como internet. Sólo que la inteligencia necesita lugares donde consultarse y desarrollarse, las bibliotecas no son lujos, siguen siendo socialmente necesarias. El conocimiento es importante porque además es una construcción colectiva, a pesar de su especialización, es un espacio público importante. “Como el obispo Teófilo destruyó la Biblioteca de Alejandría por ser depósito de la cultura pagana, los fundamentalistas del mercado están dispuestos a rematar las bibliotecas por no resultar rentables. Estos dogmáticos del lucro, no entienden otra razón que el provecho económico. No tiene valor lo que no produce una ganancia cuantificable e inmediata”.
Jesús Silva-Herzog Márquez (La depredación de lo público) se horroriza, junto con David Pullman y otras personas que le deben parte importante de su vida a lo que provocan los libros, a esos espacios generosos que comparten lo que de otra manera no pudiéramos tener acceso, y además lo denuncian como una parte de esa estrategia globalizante que muchos se empeñan en imitar a lo tarugo.
“Pullman no defiende un edificio cargado de libros: pretende custodiar un modelo de sociedad, una idea de cultura y de civilización que están amenazados. La biblioteca que defiende no sólo es símbolo de los libros, sino emblema de lo público. El escritor recuerda el universo que la credencial de la biblioteca le abrió cuando era niño. ¡Todos los libros que podía llevar a casa, todas las historias que podía descubrir, todas las fantasías que podía alimentar, todas las ideas que podía encontrar! Era ése un espacio democrático lleno de emoción y de asombros, en donde tus propias emociones e ideas renacen clarificadas, magnificadas, purificadas, apreciadas. La biblioteca pública, dice Pullman implica membresía a una república crucial para la vida democrática: la pertenencia a la república de las letras. La presencia de una biblioteca pública en una comunidad es un recordatorio vivo de que hay cosas en el mundo por encima de la ganancia, cosas que la ganancia ni siquiera entiende. Cosas que ahuyentan al miserable fantasma del fundamentalismo de mercado, cosas que afirman la decencia, y el respeto público por la imaginación y el conocimiento y el valor del simple gozo”.
Es impresionante lo que existe detrás de lo que parece una simple noticia, también están nuestras reflexiones, nuestros recuerdos más entrañables, parte de nuestra vida. Como hay que seguir viviendo a pesar de las malas noticias, permiso, me voy a leer.
A falta de razones y argumentos, los estúpidos e ignorantes fomentan el odio y pretenden alimentarse de la desesperación. Para atacar estos sentimientos –que no hay que ignorar ni dejar que se desborden sin formar parte de la solución de lo que nos agobia—, nada mejor que la lectura, ese invento del ser humano que nos permite un momento de cordura en este mundo loco. Ese despliegue de imaginación nos permite viajar a otras partes de la misma realidad, mirarla de cerca estando lejos, hallar formas de entender lo que teniendo pegado a la cara nos hace perder el enfoque.
Viajemos pues a la cuna del fundamentalismo económico, causante de mucho de lo malo que está pasando en el mundo y donde no cesan las ocurrencias para profundizar con el modelito: “La crisis económica en Inglaterra ha provocado una serie de recortes presupuestales. El gobierno central ha limitado los recursos que entrega a las localidades y éstas deciden en dónde aplican la tijera. Un buen número de condados ingleses ha decidido terminar con el financiamiento de las bibliotecas públicas. Según los ahorradores, en estos tiempos no se justifica el gasto en esos símbolos de la antigua cultura”, el argumento, para estos trogloditas del pensamiento es impecable, para qué gastar en edificios llenos de libros si muchos ni siquiera son leídos por ellos mismos y además ya existen otras fuentes de conocimiento como internet. Sólo que la inteligencia necesita lugares donde consultarse y desarrollarse, las bibliotecas no son lujos, siguen siendo socialmente necesarias. El conocimiento es importante porque además es una construcción colectiva, a pesar de su especialización, es un espacio público importante. “Como el obispo Teófilo destruyó la Biblioteca de Alejandría por ser depósito de la cultura pagana, los fundamentalistas del mercado están dispuestos a rematar las bibliotecas por no resultar rentables. Estos dogmáticos del lucro, no entienden otra razón que el provecho económico. No tiene valor lo que no produce una ganancia cuantificable e inmediata”.
Jesús Silva-Herzog Márquez (La depredación de lo público) se horroriza, junto con David Pullman y otras personas que le deben parte importante de su vida a lo que provocan los libros, a esos espacios generosos que comparten lo que de otra manera no pudiéramos tener acceso, y además lo denuncian como una parte de esa estrategia globalizante que muchos se empeñan en imitar a lo tarugo.
“Pullman no defiende un edificio cargado de libros: pretende custodiar un modelo de sociedad, una idea de cultura y de civilización que están amenazados. La biblioteca que defiende no sólo es símbolo de los libros, sino emblema de lo público. El escritor recuerda el universo que la credencial de la biblioteca le abrió cuando era niño. ¡Todos los libros que podía llevar a casa, todas las historias que podía descubrir, todas las fantasías que podía alimentar, todas las ideas que podía encontrar! Era ése un espacio democrático lleno de emoción y de asombros, en donde tus propias emociones e ideas renacen clarificadas, magnificadas, purificadas, apreciadas. La biblioteca pública, dice Pullman implica membresía a una república crucial para la vida democrática: la pertenencia a la república de las letras. La presencia de una biblioteca pública en una comunidad es un recordatorio vivo de que hay cosas en el mundo por encima de la ganancia, cosas que la ganancia ni siquiera entiende. Cosas que ahuyentan al miserable fantasma del fundamentalismo de mercado, cosas que afirman la decencia, y el respeto público por la imaginación y el conocimiento y el valor del simple gozo”.
Es impresionante lo que existe detrás de lo que parece una simple noticia, también están nuestras reflexiones, nuestros recuerdos más entrañables, parte de nuestra vida. Como hay que seguir viviendo a pesar de las malas noticias, permiso, me voy a leer.
sábado, 29 de enero de 2011
TIRANOS TODOS
“Aquel que tanto os domina sólo tiene dos ojos, sólo tiene dos manos, sólo tiene un cuerpo, y no tiene nada más de lo que tiene el menor hombre del gran e infinito número de vuestras ciudades, a no ser las facilidades que vosotros le dais para destruiros. ¿De dónde ha sacado tantos ojos con que espiaros, si no se los dais vosotros? ¿Cómo tiene tantas manos para golpearos si no las toma de vosotros? Los pies con que pisotea vuestras ciudades, ¿de dónde los ha sacado si no son los vuestros? ¿Cómo es que tiene algún poder sobre vosotros, si no es por vosotros?” Discurso sobre la servidumbre voluntaria. Etienne de la Boétie.
Hace 435 años se escribió el texto cuyo fragmento sirve de introducción a este que está Usted leyendo amable lector. Al joven francés que lo escribió, ya que apenas llegaba a los 18 años, le obsesionaba encontrar la razón por la cual un pueblo era capaz de obedecer a un tirano, descontando el uso de la fuerza.
Hoy el poder se ha ido refinando en sus métodos y abarcando formas que antes no estaban tan desarrolladas, pero sigue siendo básicamente el mismo. O sirve para responder a los intereses de las mayorías, o para beneficiar a una minúscula minoría.
Dejando de lado lo que motivó a de la Boétie a escribir su ensayo y a su contexto histórico específico, nos puede servir como pretexto para preguntarnos por qué aguantamos leyes injustas, autoridades corruptas e ineficientes, sistemas educativos malos, la absurda e insultante concentración de la riqueza, la violencia en carne propia para enfrentar problemas que ni siquiera son nuestros, los feminicidios, la intolerancia religiosa, la simulación y el engaño que deja de ser tal porque todos nos damos cuenta.
Nos volvemos cómplices de las personas y prácticas que nos perjudican al no resistirnos, al “dejar hacer” de los que nos molestan y agreden, abandonamos espacios que eran nuestros y se los dejamos a los que nos tiranizan.
Desde hace mucho tenemos funcionarios en la educación que ni siquiera permiten que sus hijos asistan a una escuela pública, porque las desprecian, no les interesan, consideran a los estudiantes como carne de cañón de sus políticas y enjuagues privados, como futuros empleados baratos, como simple mano de obra que no debe pasar de ser eso. A las críticas venidas de todos lados por la mala calidad educativa, tanto pública como privada porque ninguna se salva, los medios de comunicación y las autoridades sólo le hacen caso a las que vienen de los que creen que son semejantes a ellos. Le dan una interlocución privilegiada a organizaciones dirigidas por los juniors de los grandes empresarios y asesores eternos de los presidentes de la república, como para librarse de la responsabilidad de sus malos consejos; o hacen caso a organismos empresariales que todos sabemos que tienen su propia agenda ajena a todos los demás. Esos que exigen que las escuelas les capaciten a su mano de obra con recursos públicos, para que ni siquiera gasten en eso; que se aprovechan de la inexistencia de un proyecto de nación incluyente, plural, donde ganemos todos, para imponer otro donde sólo ganan ellos.
La semana pasada citamos las declaraciones de dos funcionarios públicos del sector educativo, uno federal y el otro estatal, desgraciadamente allí murió lo que pudiera haber sido una buena discusión, los medios de comunicación silenciaron el tema en lugar de buscar las voces interesadas, que sí las hay. Hay muchos cuestionamientos, críticas serias y no tanto, pero también hay propuestas muy interesantes que no se conocen lo suficiente porque los proponentes responden a una lógica diferente a la de los poderosos.
Mientras, nos enteramos que los mexicanos leemos 2.2 libros por habitante al año, promedio engañoso porque hay muchísimos que no leerán ni uno en toda su vida, como ese 25 por ciento de queretanos de los municipios serranos y del semidesierto que no saben leer ni escribir. Los españoles leerán 7.7 libros en promedio, los portugueses, que para nada son un país rico 8.5 y, los alemanes 12. En el mismo evento, el Consejo de la Comunicación (la voz de las empresas) exigió al secretario de educación elevar las metas de resultados en la prueba ENLACE, así que ahora vamos a educar para pasar la dichosa prueba, no para disfrutar de la vida y vivir plenamente, como humanos.
Pero importa la cantidad y también la calidad, allí tampoco andamos muy bien que digamos, no es lo mismo leer buena literatura, lo que sea que signifique eso, que libros de texto, pasquines mal hechos o ladrillos de autoayuda que en realidad no sirven para nada.
Hace 435 años se escribió el texto cuyo fragmento sirve de introducción a este que está Usted leyendo amable lector. Al joven francés que lo escribió, ya que apenas llegaba a los 18 años, le obsesionaba encontrar la razón por la cual un pueblo era capaz de obedecer a un tirano, descontando el uso de la fuerza.
Hoy el poder se ha ido refinando en sus métodos y abarcando formas que antes no estaban tan desarrolladas, pero sigue siendo básicamente el mismo. O sirve para responder a los intereses de las mayorías, o para beneficiar a una minúscula minoría.
Dejando de lado lo que motivó a de la Boétie a escribir su ensayo y a su contexto histórico específico, nos puede servir como pretexto para preguntarnos por qué aguantamos leyes injustas, autoridades corruptas e ineficientes, sistemas educativos malos, la absurda e insultante concentración de la riqueza, la violencia en carne propia para enfrentar problemas que ni siquiera son nuestros, los feminicidios, la intolerancia religiosa, la simulación y el engaño que deja de ser tal porque todos nos damos cuenta.
Nos volvemos cómplices de las personas y prácticas que nos perjudican al no resistirnos, al “dejar hacer” de los que nos molestan y agreden, abandonamos espacios que eran nuestros y se los dejamos a los que nos tiranizan.
Desde hace mucho tenemos funcionarios en la educación que ni siquiera permiten que sus hijos asistan a una escuela pública, porque las desprecian, no les interesan, consideran a los estudiantes como carne de cañón de sus políticas y enjuagues privados, como futuros empleados baratos, como simple mano de obra que no debe pasar de ser eso. A las críticas venidas de todos lados por la mala calidad educativa, tanto pública como privada porque ninguna se salva, los medios de comunicación y las autoridades sólo le hacen caso a las que vienen de los que creen que son semejantes a ellos. Le dan una interlocución privilegiada a organizaciones dirigidas por los juniors de los grandes empresarios y asesores eternos de los presidentes de la república, como para librarse de la responsabilidad de sus malos consejos; o hacen caso a organismos empresariales que todos sabemos que tienen su propia agenda ajena a todos los demás. Esos que exigen que las escuelas les capaciten a su mano de obra con recursos públicos, para que ni siquiera gasten en eso; que se aprovechan de la inexistencia de un proyecto de nación incluyente, plural, donde ganemos todos, para imponer otro donde sólo ganan ellos.
La semana pasada citamos las declaraciones de dos funcionarios públicos del sector educativo, uno federal y el otro estatal, desgraciadamente allí murió lo que pudiera haber sido una buena discusión, los medios de comunicación silenciaron el tema en lugar de buscar las voces interesadas, que sí las hay. Hay muchos cuestionamientos, críticas serias y no tanto, pero también hay propuestas muy interesantes que no se conocen lo suficiente porque los proponentes responden a una lógica diferente a la de los poderosos.
Mientras, nos enteramos que los mexicanos leemos 2.2 libros por habitante al año, promedio engañoso porque hay muchísimos que no leerán ni uno en toda su vida, como ese 25 por ciento de queretanos de los municipios serranos y del semidesierto que no saben leer ni escribir. Los españoles leerán 7.7 libros en promedio, los portugueses, que para nada son un país rico 8.5 y, los alemanes 12. En el mismo evento, el Consejo de la Comunicación (la voz de las empresas) exigió al secretario de educación elevar las metas de resultados en la prueba ENLACE, así que ahora vamos a educar para pasar la dichosa prueba, no para disfrutar de la vida y vivir plenamente, como humanos.
Pero importa la cantidad y también la calidad, allí tampoco andamos muy bien que digamos, no es lo mismo leer buena literatura, lo que sea que signifique eso, que libros de texto, pasquines mal hechos o ladrillos de autoayuda que en realidad no sirven para nada.
sábado, 22 de enero de 2011
SINSENTIDO

“Eleuterio Zamanillo Noriega, representante en Querétaro de la Secretaría de Educación Pública (SEP), reveló que estudiantes de secundaria y bachillerato reprueban exámenes porque no saben escribir o simplemente no comprenden las indicaciones o preguntas citadas en las pruebas de conocimiento.” Héctor Ayala/Diario de Querétaro 18 de enero de 2011.
La declaración anterior es importante, quien la hizo no es ningún improvisado, tiene muchos años en nuestro estado y conoce bien el sistema educativo local y nacional, que siendo fundamentalmente iguales tienen diferencias propias de su contexto histórico y social. Por eso es normal que provoque respuestas, algunas apuntarán a desacreditar lo dicho, otras a reprochar la falta de soluciones, las “automáticas” a querer negar lo expresado. Pero no se debe ni puede ignorar.
En una nota fechada al día siguiente de la primera, Salvador Castillo en www.magazinedequeretaro.com recoge la respuesta de la instancia local educativa: “Los estudiantes de nivel secundaria son los mejor evaluados a nivel nacional y figuran entre los primeros lugares en las materias de español y matemáticas”, manifestó el Coordinador General de USEBEQ, Jaime Escobedo Rodríguez, luego de las declaraciones del Delegado de la SEP en Querétaro, Eleuterio Zamanillo Noriega, señalando que los estudiantes de secundaria no tienen las capacidades suficientes de comprensión de textos, ni son capaces de plasmar con claridad sus ideas por escrito […]Jaime Escobedo, reviró contra el delegado y le hizo un llamado para que tuviera más cuidado con las declaraciones que emitía, pues afirmó, no se puede hablar de manera superficial, ni personal, de cuestiones tan delicadas como el desempeño académico de los estudiantes queretanos. Asimismo, el Coordinador de la USEBEQ, defendió el nivel magisterial de los docentes, declarando que el estado es uno de los que mayor presupuesto contempla para estímulos a profesores”. Si bien las aclaraciones son válidas, estas también requieren de algunos ajustes; primero se parte de una premisa falsa, el tener un presupuesto “mayor” al de otros estados para estímulos a profesores no garantiza la calidad de los mismos, por una razón muy simple, se premia la meritocracia, la asistencia a cursos, los diplomados, la obtención de grados, pero no el desempeño en el aula y el aprendizaje de los alumnos, a menos que se tome un indicador como ENLACE y se considere meritorio que haya otros estados con peores calificaciones, que es lo que se está haciendo. No se premian los buenos resultados, sino los menos malos. Segundo, se descarta la experiencia personal para hablar sobre esos temas, pero entonces ¿desde dónde comenzamos? Por cierto, hasta el momento de escribir este texto ningún funcionario del COBAQ o de las preparatorias de la UAQ ha dicho nada al respecto.
Meto mi cuchara y pongo en juego mi experiencia. Lo que ha visto y preocupa es que cada semestre se incrementa el número y porcentaje de reprobación en el nivel medio (preparatorias y bachilleratos); que si bien el aprendizaje, la comprensión y los hábitos de lectura y escritura de los adolescentes que logran entrar a ese nivel ya vienen determinados por los anteriores (preescolar, primaria y secundaria), quizás la última oportunidad para establecerlos o incrementarlos es el medio superior y allí se nota, cada vez más, lo que advierte el Dr. Zamanillo.
La respuesta de los docentes es decir que los alumnos son cada generación más flojos, que no les interesa su progreso académico, que están desmotivados, que las familias y los niveles anteriores no cumplen con su cometido, pero hay algo que estamos pasando por alto, que todo lo anterior puede tener como antecedente la impotencia. El querer aprender, querer comprender y no poder ninguna de las dos cosas. La impotencia que amarga el carácter, que destruye las buenas actitudes, que provoca rechazo, que vuelve inútil la atención y el esfuerzo cotidiano. ¿Para qué hacer tareas y trabajos que resultan incomprensibles? ¿Para qué poner atención a algo que no se entiende? ¿Para qué esforzarse por una calificación que no significa nada? La impotencia también se aprende y esa sí la enseñamos muy bien.
El gusto por ir a la escuela, cuando existe, está basado en el encuentro con los amigos, en la posibilidad de conseguir novi@, en el compartir las primeras adicciones –al tabaco y el alcohol para empezar, a las drogas duras y al sexo para terminar--, en el saber que hay otros igual de frustrados que uno, en el identificar al enemigo común: los profesores. En cada vez más pocos existe el gusto por comprender el mundo que nos rodea, por aprender lo que las generaciones anteriores han descubierto, por colaborar en el incremento de ese bagaje cultural y científico que hemos heredado, por encontrar las claves para disfrutar la vida. Los seres humanos, lo han dicho muchos y lo repitió Vargas Llosa en su discurso después de recibir el premio Nobel de literatura: “Desde que empezaron a soñar en colectividad, a compartir los sueños, incitados por los contadores de cuentos, dejaron de estar atados a la noria de la supervivencia, un remolino de quehaceres embrutecedores, y su vida se volvió sueño, goce, fantasía y un designio revolucionario: romper aquel confinamiento y cambiar y mejorar, una lucha para aplacar aquellos deseos y ambiciones que en ellos azuzaban las vidas figuradas, y la curiosidad por despejar las incógnitas de que estaba constelado su entorno.” Pues vamos en sentido contrario y la única forma que muchos muchachos están encontrando para intentar escapar a esa supervivencia y a los “quehaceres embrutecedores” son las adicciones y sus amargas consecuencias que incluyen, a los efectos ya conocidos, las enfermedades tempranas y crónicas, los embarazos en niñas y adolescentes. No es solo un problema de rendimiento escolar, de reprobación o deserción, es el encontrarle sentido a la vida.
domingo, 16 de enero de 2011
PAÍS SANGRIENTO

La propuesta es de Eduardo del Río (Rius), la motivación es la persistencia en una estrategia equivocada a la luz de los efectos sobre la ciudadanía indefensa. No se afectan las finanzas de la delincuencia organizada que no solo se dedica al narcotráfico, también tiene que ver con el acceso a información privilegiada, con las “reglas” legales que permiten los fraudes o los dejan fuera de cualquier castigo; tiene que ver con la trata de personas incluidos niños y niñas, tiene que ver con el secuestro, robo, asesinato y explotación de migrantes propios y ajenos; con la criminalización de la protesta social, con el acoso a las organizaciones sociales y a defensores de los derechos humanos, con los asesinatos a periodistas, con las estúpidos e hipócritas “daños colaterales” de una guerra instalada en nuestras calles, escuelas, plazas, ciudades, carreteras, negocios y hogares. Tiene que ver, fundamentalmente, con un sistema social, económico, político, religioso y empresarial corrupto e impune.
Pero en lugar de enfocar los esfuerzos y las energías sociales en contra de esa corrupción e impunidad, se han concentrado los beneficios –porque siempre algunos salen ganando—en los mismos de siempre mientras se socializan las pérdidas en toda la población. Más de 30 mil mexicanos muertos en los últimos 4 años, muchas víctimas inocentes y otras no tanto, el problema es que no sabremos qué tanto porque no hay investigación, no hay un aparato de justicia que la administre y la procure, no hay un efectivo sistema penitenciario. En lo que sí ha habido éxito es en el desmantelamiento de esas instituciones basadas en la solidaridad que garantizaban cierto grado de seguridad y bienestar, esas instituciones de salud, de cultura, educación, de protección de los derechos laborales que premiaban la constancia y el esfuerzo. Que tenían fallas y eran perfectibles ¡por supuesto! Pero había cierta garantía de que a quien se portaba bien le iba bien, cualquier cosa que significara eso.
Ahora es difícil diferenciar entre los buenos y los malos, porque con el pretexto de la “guerra” o la “lucha” contra el narcotráfico y sólo contra esa parte de la delincuencia organizada, se vale todo, al grado de que es casi igual de riesgoso toparse con un retén o caravana de delincuentes que de policías y soldados. Porque algunos siguen pensando que en una guerra la ley y los derechos son un estorbo.
“Nos están llevando a un estado de importamadrismo” dice Rius, tanta violencia parece estar logrando ese efecto, o al menos es el riesgo, que el miedo combinado con la indiferencia nos lleve a aceptar lo inaceptable, que la energía ciudadana se apague y sea más manipulable, que entreguemos lo poco que nos queda como colectividad para que nuestros millonarios blindados y super vigilados sigan consintiéndose aprovechando un sistema diseñado para ellos.
Por eso el escándalo y la descalificación, si la campaña ciudadana propuesta por el monero Eduardo del Río tiene éxito en movilizar a la ciudadanía en algo tan sencillo como pegar en casas, negocios y automóviles un pequeño cartel diseñado para eso pero que cada quien debe imprimir, reproducir y pegar, para demostrar que es una iniciativa independiente, que no depende de coyunturas políticas, que es contra una estrategia que en 4 años ha demostrado su ineficacia y un costo altísimo que además se está incrementado a niveles que desde hace mucho son inaceptables, entonces se corre el riesgo –para algunos— de que se movilice para defender otras demandas urgentes y justas.
Hay que pelear contra la corrupción en todos los niveles, contra los privilegios y las desigualdades, contra la excesiva concentración de la riqueza, contra los monopolios y duopolios, contra la simulación, contra la impunidad, contra la violencia. Quizás ya llegó el momento de plantearse cambios radicales y pacíficos, no las reformas que buscan profundizar un modelo que no nos funciona.
sábado, 8 de enero de 2011
SUPERSTICIOSOS
“Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola.” Mario Vargas Llosa, fragmento del discurso para agradecer el premio Nobel de Literatura 2010.
Porque somos mortales usamos la imaginación para vivir más de lo que nuestro cuerpo nos permite, por eso creamos el arte y la literatura, por eso, dice Vargas Llosa, existe el espíritu crítico, el que nos hace avanzar porque nos rebela contra las insuficiencias de esta, nuestra vida.
Finalizar un año y comenzar otro es arbitrario, es más el deseo de que algunas cosas tengan término y se puedan olvidar, que un verdadero dique contra los infortunios. Con el año nuevo creemos que todo puede ir mejor porque es así: nuevo. Porque no tiene las manchas que acumularon los 365 días anteriores.
Ese comportamiento, más supersticioso que racional, puede servir al menos para reflexionar en lo que está mal o nos incomoda, para plantear cambios necesarios que podrían iniciarse en cualquier momento pero que aprovechan una fecha o momento de la historia personal y colectiva que parece propicio. No por nada la Encuesta sobre la Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología en México 2009, que elaboraron el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), nos muestra como lo que somos: supersticiosos, poco racionales. Según los datos de la misma el 83.6% de los mexicanos reconocen que “confiamos demasiado en la fe y muy poco en la ciencia”. Somos un pueblo de muchas creencias y pocas realidades, por eso nos manipulan y se ríen de nosotros, porque lo permitimos.
Rosaura Ruiz, entrevistada por el diario El Universal, directora de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y ex presidenta de la Academia Mexicana de Ciencias, afirma que “no es posible que ante los avances tecnológicos y de la ciencia que nos brinda el siglo XXI, en México, la población tenga como opciones, para resolver sus problemas, a los horóscopos, la magia, los números de la suerte, la lectura del café, o a señoras que salen en la televisión o brindan sus servicios por teléfono para resolver lo mismo problemas de amor que de empleo o salud. Esto puede causar risa, pero es desesperante y grave para el desarrollo nacional”.
No es lo mismo el imaginar y el saber, que el creer ciegamente en lo que otros dicen nada más porque lo dicen, porque debemos tenerlos como privilegiados en conocer cosas que para los demás están ocultas. La imaginación y los conocimientos se comparten, forman parte de nuestra forma de ver el mundo, de interpretarlo, de transformarlo. Lo otro es para encubrir el conformismo, el pensar que las cosas por sí solas mejoran o empeoran sin que tengamos nada que ver con ello. Creer ciegamente anula la voluntad y niega la libertad.
Por ejemplo, creer que disminuyendo la edad para castigar las conductas inadecuadas de jóvenes y niños va a arreglar ese problema, es creer en la magia de los números o de las leyes. Especificar una edad de 18 años para considerar que alguien es plenamente responsable de sus actos tiene fundamentos que van más allá de la numerología. 18 años es el tiempo que una sociedad se da para educar a sus miembros más jóvenes, para que estos conozcan sobre la necesidad de llevar una coexistencia pacífica, que les corresponden derechos que conllevan obligaciones, para enseñarlos a hacer juicios morales y que sepan diferenciar lo que está bien de lo que está mal en situaciones reales, cotidianas, propias. El saber que hacer o no hacer tiene consecuencias agradables o no. No solo educa la escuela, también la familia, la iglesia, los medios de comunicación, las ciudades, todo lo que nos rodea y el universo que llevamos dentro. Reconocer que cada vez más niños y jóvenes se sienten atraídos por comportamientos antisociales es reconocer que como sociedad no funcionamos, que estamos derrotados y entonces, para purificar nuestras culpas, sólo se nos ocurre castigarlos en lugar de proponer y llevar a la práctica un rediseño social. Y es que, de hacer esto último, los que disfrutan de privilegios, de impunidades y corrupciones serían los primeros afectados y eso no están dispuestos a permitirlo. No se vale castigar a seres humanos en formación inicial sin pensar en elevar las penalidades de aquellos que, siendo mayores de edad y sabiendo lo que están haciendo, se benefician de la actividad de esos menores que por lo mismo son más vulnerables a presiones externas.
El espacio se acaba y apenas dio para esbozar algunas ideas. Eso no es culpa del año nuevo, porque, no hay que olvidarlo, es de mala suerte ser supersticioso.
Porque somos mortales usamos la imaginación para vivir más de lo que nuestro cuerpo nos permite, por eso creamos el arte y la literatura, por eso, dice Vargas Llosa, existe el espíritu crítico, el que nos hace avanzar porque nos rebela contra las insuficiencias de esta, nuestra vida.
Finalizar un año y comenzar otro es arbitrario, es más el deseo de que algunas cosas tengan término y se puedan olvidar, que un verdadero dique contra los infortunios. Con el año nuevo creemos que todo puede ir mejor porque es así: nuevo. Porque no tiene las manchas que acumularon los 365 días anteriores.
Ese comportamiento, más supersticioso que racional, puede servir al menos para reflexionar en lo que está mal o nos incomoda, para plantear cambios necesarios que podrían iniciarse en cualquier momento pero que aprovechan una fecha o momento de la historia personal y colectiva que parece propicio. No por nada la Encuesta sobre la Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología en México 2009, que elaboraron el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), nos muestra como lo que somos: supersticiosos, poco racionales. Según los datos de la misma el 83.6% de los mexicanos reconocen que “confiamos demasiado en la fe y muy poco en la ciencia”. Somos un pueblo de muchas creencias y pocas realidades, por eso nos manipulan y se ríen de nosotros, porque lo permitimos.
Rosaura Ruiz, entrevistada por el diario El Universal, directora de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y ex presidenta de la Academia Mexicana de Ciencias, afirma que “no es posible que ante los avances tecnológicos y de la ciencia que nos brinda el siglo XXI, en México, la población tenga como opciones, para resolver sus problemas, a los horóscopos, la magia, los números de la suerte, la lectura del café, o a señoras que salen en la televisión o brindan sus servicios por teléfono para resolver lo mismo problemas de amor que de empleo o salud. Esto puede causar risa, pero es desesperante y grave para el desarrollo nacional”.
No es lo mismo el imaginar y el saber, que el creer ciegamente en lo que otros dicen nada más porque lo dicen, porque debemos tenerlos como privilegiados en conocer cosas que para los demás están ocultas. La imaginación y los conocimientos se comparten, forman parte de nuestra forma de ver el mundo, de interpretarlo, de transformarlo. Lo otro es para encubrir el conformismo, el pensar que las cosas por sí solas mejoran o empeoran sin que tengamos nada que ver con ello. Creer ciegamente anula la voluntad y niega la libertad.
Por ejemplo, creer que disminuyendo la edad para castigar las conductas inadecuadas de jóvenes y niños va a arreglar ese problema, es creer en la magia de los números o de las leyes. Especificar una edad de 18 años para considerar que alguien es plenamente responsable de sus actos tiene fundamentos que van más allá de la numerología. 18 años es el tiempo que una sociedad se da para educar a sus miembros más jóvenes, para que estos conozcan sobre la necesidad de llevar una coexistencia pacífica, que les corresponden derechos que conllevan obligaciones, para enseñarlos a hacer juicios morales y que sepan diferenciar lo que está bien de lo que está mal en situaciones reales, cotidianas, propias. El saber que hacer o no hacer tiene consecuencias agradables o no. No solo educa la escuela, también la familia, la iglesia, los medios de comunicación, las ciudades, todo lo que nos rodea y el universo que llevamos dentro. Reconocer que cada vez más niños y jóvenes se sienten atraídos por comportamientos antisociales es reconocer que como sociedad no funcionamos, que estamos derrotados y entonces, para purificar nuestras culpas, sólo se nos ocurre castigarlos en lugar de proponer y llevar a la práctica un rediseño social. Y es que, de hacer esto último, los que disfrutan de privilegios, de impunidades y corrupciones serían los primeros afectados y eso no están dispuestos a permitirlo. No se vale castigar a seres humanos en formación inicial sin pensar en elevar las penalidades de aquellos que, siendo mayores de edad y sabiendo lo que están haciendo, se benefician de la actividad de esos menores que por lo mismo son más vulnerables a presiones externas.
El espacio se acaba y apenas dio para esbozar algunas ideas. Eso no es culpa del año nuevo, porque, no hay que olvidarlo, es de mala suerte ser supersticioso.
jueves, 23 de diciembre de 2010
EL MIEDO
“Se trata de perseverar en la vida, y el conservarse vuelca la potencia a las cirugías, los remedios, los leviatanes. Un incidente prominente puede volver a la gente más temerosa de lo justificado; la concentración de la atención en el caso resonante puede desplazar la atención por algo peor, descuidando la probabilidad, ya que el compromiso emotivo desplaza la investigación de la magnitud real del riesgo. […] El miedo se filtra, húmedo y ondulatorio, se disemina polvoriento, se corporiza en espectros, trasciende a la velocidad de la luz; el miedo une, crece y se hace creencia y sacramento, ya religión que hace a la polaridad grupal. Es lo inverso de un ágape insumiso. Los grupos, con más miedo que los individuos, se sumen en la liturgia de las tinieblas”. Claudio Martyniuk. FACTORES DE RIESGO. Un análisis desde la filosofía del derecho.
El miedo es canijo, paraliza, se incrementa, se vuelve irracional. El miedo tiene miedo de sentirse solo y convoca a otros peores que él, se socializa, impide pensar con claridad, apela a los instintos y, en el último de los casos, a las respuestas violentas.
El caso del secuestro más prominente del año, por la importancia del personaje involucrado, incrementó el miedo entre quienes se sienten naturalmente inmunes al riesgo, por el poder que concentran, por las seguridades que compran, por las lealtades que subordinan. Así es como se entienden las reacciones viscerales que mostraron los voceros oficiosos a las declaraciones del recién liberado, atribuyendo algunas razones ideológicas a su secuestro. Lo impensable estaba sucediendo, el camino sin retorno, la política sin alternativas, el modelo económico ineludible, el único mundo posible estaba siendo cuestionado en transmisión nacional; el miedo se incrementó según se comenzó a filtrar, en algunos medios de comunicación, el texto titulado “Epílogo de una desaparición” que intenta dar una explicación, desde dentro del grupo de secuestradores, a la elección de su víctima en turno; peor cuando se mencionan otros nombres. Entonces sí se desató la histeria hasta llegar a la ramita más alta de Los Pinos: es puro rollo, declaró su fugaz ocupante.
Los intentos por alcanzar una explicación no pueden comenzar por la descalificación a bote pronto, eso está bien para los grandes públicos, para los ciudadanos que no se percatan de que están siendo manipulados para que tengan las mismas reacciones de rechazo irracional de quienes sienten en peligro sus creencias más arraigadas en la conveniencia coyuntural. Lo que está pasando no tiene nada de novedoso, un grupo de secuestradores que pretende rebasar ese nivel y darle una base de inconformidad social a su comportamiento, o quizás sea al revés, de todas formas se apela a una forma diferente de ver y organizar el mundo para el hipotético beneficio de otros que no son los actuales poderosos. Allí reside su peligrosidad. Si en realidad ese grupo organizado pretende ser congruente con lo que declara es otra cosa que no depende más que de ellos. Lo que no sirve de nada, si en realidad queremos entender lo que pasa, es la reacción fácil y apanicada
Pensar que hay otras formas de organización social más justas, equitativas, plurales y tolerantes tampoco es novedoso, el riesgo es la utilización de métodos que exceden los cálculos de quienes concentran los beneficios de la actual. Mientras, lo que puede estar pasando, es que haya grupos organizados que piensen que no hay otra alternativa para darle una salida pacífica a sus reclamos, a sus necesidades, a sus pretendidas solidaridades; que estén llegando a pensar que el diseño institucional no sirve y no cambia para darle salida a los problemas personales, familiares y generacionales de millones de mexicanos. Si el sistema, por temor, termina cerrándose más, promoverá la aparición de este tipo de grupos que sumados a los problemas de inequidad, corrupción e impunidad que han hecho posible al neoliberalismo, condenarán a la pobreza a más millones de mexicanos.
¿Cómo entender la complejidad social si despreciamos las ciencias dedicadas a explicar y promover el entendimiento humano? No se puede, y sin embargo la tendencia a desaparecer el estudio de “las humanidades” está presente en nuestros centros de enseñanza. El analista Silva-Herzog Márquéz nos remite a una severa llamada de atención que otro investigador, inglés, Terry Eagleton, publicó el 17 de este mes en un artículo en The Guardian sobre este tema. Al autor le parece impensable que existan universidades que excluyan a las humanidades y las artes de sus programas de estudio en todas las carreras y disciplinas, pero así como el miedo se filtra, algunas nefastas ideas también, por ejemplo: “Los hombres de a deveras estudian leyes e ingeniería, mientras el estudio de los valores y las ideas son para afeminados… (pero) Las humanidades deben constituir el corazón de cualquier universidad que se precie de tener tal nombre. El estudio de la historia y filosofía, acompañadas de conocimientos en arte y literatura, deben ser también para abogados e ingenieros, así como para aquellos que estudian en facultades dedicadas a las artes”. ¿qué diría Eagleton si supiera del invento mexicano de las “universidades tecnológicas”. Por eso somos tan fácilmente manipulables.
El miedo es canijo, paraliza, se incrementa, se vuelve irracional. El miedo tiene miedo de sentirse solo y convoca a otros peores que él, se socializa, impide pensar con claridad, apela a los instintos y, en el último de los casos, a las respuestas violentas.
El caso del secuestro más prominente del año, por la importancia del personaje involucrado, incrementó el miedo entre quienes se sienten naturalmente inmunes al riesgo, por el poder que concentran, por las seguridades que compran, por las lealtades que subordinan. Así es como se entienden las reacciones viscerales que mostraron los voceros oficiosos a las declaraciones del recién liberado, atribuyendo algunas razones ideológicas a su secuestro. Lo impensable estaba sucediendo, el camino sin retorno, la política sin alternativas, el modelo económico ineludible, el único mundo posible estaba siendo cuestionado en transmisión nacional; el miedo se incrementó según se comenzó a filtrar, en algunos medios de comunicación, el texto titulado “Epílogo de una desaparición” que intenta dar una explicación, desde dentro del grupo de secuestradores, a la elección de su víctima en turno; peor cuando se mencionan otros nombres. Entonces sí se desató la histeria hasta llegar a la ramita más alta de Los Pinos: es puro rollo, declaró su fugaz ocupante.
Los intentos por alcanzar una explicación no pueden comenzar por la descalificación a bote pronto, eso está bien para los grandes públicos, para los ciudadanos que no se percatan de que están siendo manipulados para que tengan las mismas reacciones de rechazo irracional de quienes sienten en peligro sus creencias más arraigadas en la conveniencia coyuntural. Lo que está pasando no tiene nada de novedoso, un grupo de secuestradores que pretende rebasar ese nivel y darle una base de inconformidad social a su comportamiento, o quizás sea al revés, de todas formas se apela a una forma diferente de ver y organizar el mundo para el hipotético beneficio de otros que no son los actuales poderosos. Allí reside su peligrosidad. Si en realidad ese grupo organizado pretende ser congruente con lo que declara es otra cosa que no depende más que de ellos. Lo que no sirve de nada, si en realidad queremos entender lo que pasa, es la reacción fácil y apanicada
Pensar que hay otras formas de organización social más justas, equitativas, plurales y tolerantes tampoco es novedoso, el riesgo es la utilización de métodos que exceden los cálculos de quienes concentran los beneficios de la actual. Mientras, lo que puede estar pasando, es que haya grupos organizados que piensen que no hay otra alternativa para darle una salida pacífica a sus reclamos, a sus necesidades, a sus pretendidas solidaridades; que estén llegando a pensar que el diseño institucional no sirve y no cambia para darle salida a los problemas personales, familiares y generacionales de millones de mexicanos. Si el sistema, por temor, termina cerrándose más, promoverá la aparición de este tipo de grupos que sumados a los problemas de inequidad, corrupción e impunidad que han hecho posible al neoliberalismo, condenarán a la pobreza a más millones de mexicanos.
¿Cómo entender la complejidad social si despreciamos las ciencias dedicadas a explicar y promover el entendimiento humano? No se puede, y sin embargo la tendencia a desaparecer el estudio de “las humanidades” está presente en nuestros centros de enseñanza. El analista Silva-Herzog Márquéz nos remite a una severa llamada de atención que otro investigador, inglés, Terry Eagleton, publicó el 17 de este mes en un artículo en The Guardian sobre este tema. Al autor le parece impensable que existan universidades que excluyan a las humanidades y las artes de sus programas de estudio en todas las carreras y disciplinas, pero así como el miedo se filtra, algunas nefastas ideas también, por ejemplo: “Los hombres de a deveras estudian leyes e ingeniería, mientras el estudio de los valores y las ideas son para afeminados… (pero) Las humanidades deben constituir el corazón de cualquier universidad que se precie de tener tal nombre. El estudio de la historia y filosofía, acompañadas de conocimientos en arte y literatura, deben ser también para abogados e ingenieros, así como para aquellos que estudian en facultades dedicadas a las artes”. ¿qué diría Eagleton si supiera del invento mexicano de las “universidades tecnológicas”. Por eso somos tan fácilmente manipulables.
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