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sábado, 30 de marzo de 2013
REFORMAS IDEALES
viernes, 2 de marzo de 2012
NO PENSAR Y NO TEMER
La tentación es irresistible, encontrar a alguien que en medio del caos en que hemos convertido nuestro mundo y nuestras vidas tenga las cosas más claras es un alivio, pero también una preocupación. El filósofo español Antonio Fornés ―entrevistado por Ima Sanchís Revista Ñ digital―es uno de esos especímenes raros, más en un país que parece estarse yendo a la m…: “El sistema no va a cambiar. Debemos cambiar nosotros, recuperarnos como seres humanos y vencer el miedo. Estamos dispuestos a trabajar más por menos dinero por miedo a perder el puesto de trabajo. Es lo que decía Dostoyevski: preferimos ser esclavos y no pensar y no temer, pero eso nos deshumaniza. Los subidones que nos provoca el consumo nos acaban convirtiendo en drogadictos. No vale la pena trabajar un minuto más por tener un coche mejor. El placer está en cosas mucho más importantes y fáciles que nos mejoran como personas; desde una buena conversación hasta implicarnos con nuestro hermano y nuestro vecino. Tenemos mucho que ganar: vivir la vida en plenitud, estar orgullosos de haber vivido. ¿Qué nos quedará tras haber sido tan buenos trabajadores? No podemos apostar nuestra vida en el trabajo, la casa y las obligaciones, eso es nada. Al final sólo nos quedará el haber vivido en la máxima de las dignidades, que es la de ejercer de ser humano”.
Pero eso de “ejercer de ser humano” no es algo fácil en un contexto histórico que lo impide, hay demasiadas distracciones, el sistema económico nos tiene encandilados y nos hace creer que matarse trabajando, con tal de tener algo más que nunca es suficiente, es lo único que vale la pena, perdemos el contacto con nosotros mismos y con los otros. Lo vemos con todos y en todas partes, hasta nos sentimos culpables cuando disfrutamos del tiempo libre, nos sentimos improductivos, como si estuviéramos desaprovechando parte importante de la vida, cuando es al revés; ese correr para todos lados creyendo que conseguir unos cuantos pesos a cambio de algo que nunca podremos recuperar es lo normal, los que nos dedicamos a la docencia estamos detrás de más horas de clase, los obreros buscan las horas extras, sin advertir que nos desgastamos inútilmente. La solución parece fácil, el mismo Fornés lo dice con plena seguridad: “Hacer y hacer, lo único que provoca es que el tiempo pase a una velocidad tremenda y que no saboreemos la auténtica densidad de la vida. Ya lo decía Pascal: el mayor problema del hombre es la incapacidad de estar solo consigo mismo. Sólo cuando reflexionamos ejercemos de seres humanos, y la reflexión es algo personal y necesario para el equilibrio. La sociedad actual nos despieza, nos da remedios para el dolor, para las vacaciones, para ser guapos, contra el aburrimiento. Tenemos la esperanza de que las cosas externas van a resolver nuestros problemas, pero las respuestas no están fuera, sino dentro de nosotros”.
Claro, las necesidades básicas deben estar satisfechas, reflexionar desde la inseguridad laboral, desde la precariedad del ingreso propio, desde la enfermedad, desde el hacinamiento, desde el analfabetismo impuesto, desde la falta de oportunidades no es lo ideal. Por eso el costo social de los “rescates financieros” en la Europa de hoy está provocando levantamientos populares. En la revancha casi nadie advirtió que dejar los controles en manos de la derecha política sólo haría más profundas las desigualdades y cancelaría, tal vez por varias generaciones, las posibilidades de avanzar en el camino de “ejercer de ser humano”. Las reducciones salariales, en las pensiones, en la inversión educativa y en otros ámbitos sensibles no están solucionando los problemas, pero sí los están trasladando a los sectores más vulnerables. Por ejemplo, la reforma educativa española implementada por el gobierno conservador tan pronto llegó al poder está siendo cuestionada y rechazada, los colectivos de docentes y estudiantes han señalado las falacias que la sustentan, desde el semanario Diagonal ―22 de febrero 2012―, el reportero Tomás Muñoz recoge los siguientes análisis: representantes del colectivo Baltasar Gracián advierten que “Es degradar la educación; evidencia una voluntad de privatización descarada y subordina lo que antes se conocía como Formación Profesional a las necesidades empresariales”… “Pedagógicamente no se ha dado ningún sustento académico a la nueva organización curricular”, explican en Soy Pública. Temen que el motivo sea concertarlo: “Se trata de un nuevo pretexto para seguir derivando recursos públicos hacia la enseñanza privada”, critica el integrante de Baltasar Gracián. El propio ministro (José Ignacio Wert) dio pistas para deducir esta estrategia al manifestar que está estudiando qué mecanismo se arbitra “porque tampoco hay que aferrarse a clichés o a prejuicios sobre la conveniencia de extender la gratuidad”.
No es nuestro objetivo entrar al detalle de la reforma educativa española, ni de la pretendida homologación que se quiere hacer con el sistema alemán, sólo concluir, por el momento que, como mencionan los colectivos citados por Tomás Muñoz: reducir un año la educación secundaria común supone además “la segregación de flujos de alumnos, retirar a la gente del camino a la universidad antes de tiempo, quebrando así una de sus finalidades esenciales: garantizar una formación básica común equiparable para toda la población escolar”.
Tener más para ser más, ese es el gran engaño. Por pensar así se justifica todo, destruir el planeta, explotar a los más débiles y necesitados, correr para todos lados sin sentido, evitar pensar y reflexionar en lo que hacemos; con esas carencias apoyamos políticas públicas que nos deshumanizan para beneficio exclusivo de unos cuantos, hasta que es demasiado tarde. Regresemos con Fornés para intentar una conclusión provisional: “Trabajamos más horas que un esclavo romano, pero creemos que vivimos en una sociedad superlibre. Damos demasiado peso a cosas superficiales; podríamos vivir con muchísimo menos, ese dejarnos llevar pesa demasiado. Hay que parar e incluso retroceder, porque el avance continuado es una especie de locura que nos lleva al vacío y la angustia”.
jueves, 23 de diciembre de 2010
EL MIEDO
“Se trata de perseverar en la vida, y el conservarse vuelca la potencia a las cirugías, los remedios, los leviatanes. Un incidente prominente puede volver a la gente más temerosa de lo justificado; la concentración de la atención en el caso resonante puede desplazar la atención por algo peor, descuidando la probabilidad, ya que el compromiso emotivo desplaza la investigación de la magnitud real del riesgo. […] El miedo se filtra, húmedo y ondulatorio, se disemina polvoriento, se corporiza en espectros, trasciende a la velocidad de la luz; el miedo une, crece y se hace creencia y sacramento, ya religión que hace a la polaridad grupal. Es lo inverso de un ágape insumiso. Los grupos, con más miedo que los individuos, se sumen en la liturgia de las tinieblas”. Claudio Martyniuk. FACTORES DE RIESGO. Un análisis desde la filosofía del derecho.
El miedo es canijo, paraliza, se incrementa, se vuelve irracional. El miedo tiene miedo de sentirse solo y convoca a otros peores que él, se socializa, impide pensar con claridad, apela a los instintos y, en el último de los casos, a las respuestas violentas.
El caso del secuestro más prominente del año, por la importancia del personaje involucrado, incrementó el miedo entre quienes se sienten naturalmente inmunes al riesgo, por el poder que concentran, por las seguridades que compran, por las lealtades que subordinan. Así es como se entienden las reacciones viscerales que mostraron los voceros oficiosos a las declaraciones del recién liberado, atribuyendo algunas razones ideológicas a su secuestro. Lo impensable estaba sucediendo, el camino sin retorno, la política sin alternativas, el modelo económico ineludible, el único mundo posible estaba siendo cuestionado en transmisión nacional; el miedo se incrementó según se comenzó a filtrar, en algunos medios de comunicación, el texto titulado “Epílogo de una desaparición” que intenta dar una explicación, desde dentro del grupo de secuestradores, a la elección de su víctima en turno; peor cuando se mencionan otros nombres. Entonces sí se desató la histeria hasta llegar a la ramita más alta de Los Pinos: es puro rollo, declaró su fugaz ocupante.
Los intentos por alcanzar una explicación no pueden comenzar por la descalificación a bote pronto, eso está bien para los grandes públicos, para los ciudadanos que no se percatan de que están siendo manipulados para que tengan las mismas reacciones de rechazo irracional de quienes sienten en peligro sus creencias más arraigadas en la conveniencia coyuntural. Lo que está pasando no tiene nada de novedoso, un grupo de secuestradores que pretende rebasar ese nivel y darle una base de inconformidad social a su comportamiento, o quizás sea al revés, de todas formas se apela a una forma diferente de ver y organizar el mundo para el hipotético beneficio de otros que no son los actuales poderosos. Allí reside su peligrosidad. Si en realidad ese grupo organizado pretende ser congruente con lo que declara es otra cosa que no depende más que de ellos. Lo que no sirve de nada, si en realidad queremos entender lo que pasa, es la reacción fácil y apanicada
Pensar que hay otras formas de organización social más justas, equitativas, plurales y tolerantes tampoco es novedoso, el riesgo es la utilización de métodos que exceden los cálculos de quienes concentran los beneficios de la actual. Mientras, lo que puede estar pasando, es que haya grupos organizados que piensen que no hay otra alternativa para darle una salida pacífica a sus reclamos, a sus necesidades, a sus pretendidas solidaridades; que estén llegando a pensar que el diseño institucional no sirve y no cambia para darle salida a los problemas personales, familiares y generacionales de millones de mexicanos. Si el sistema, por temor, termina cerrándose más, promoverá la aparición de este tipo de grupos que sumados a los problemas de inequidad, corrupción e impunidad que han hecho posible al neoliberalismo, condenarán a la pobreza a más millones de mexicanos.
¿Cómo entender la complejidad social si despreciamos las ciencias dedicadas a explicar y promover el entendimiento humano? No se puede, y sin embargo la tendencia a desaparecer el estudio de “las humanidades” está presente en nuestros centros de enseñanza. El analista Silva-Herzog Márquéz nos remite a una severa llamada de atención que otro investigador, inglés, Terry Eagleton, publicó el 17 de este mes en un artículo en The Guardian sobre este tema. Al autor le parece impensable que existan universidades que excluyan a las humanidades y las artes de sus programas de estudio en todas las carreras y disciplinas, pero así como el miedo se filtra, algunas nefastas ideas también, por ejemplo: “Los hombres de a deveras estudian leyes e ingeniería, mientras el estudio de los valores y las ideas son para afeminados… (pero) Las humanidades deben constituir el corazón de cualquier universidad que se precie de tener tal nombre. El estudio de la historia y filosofía, acompañadas de conocimientos en arte y literatura, deben ser también para abogados e ingenieros, así como para aquellos que estudian en facultades dedicadas a las artes”. ¿qué diría Eagleton si supiera del invento mexicano de las “universidades tecnológicas”. Por eso somos tan fácilmente manipulables.
El miedo es canijo, paraliza, se incrementa, se vuelve irracional. El miedo tiene miedo de sentirse solo y convoca a otros peores que él, se socializa, impide pensar con claridad, apela a los instintos y, en el último de los casos, a las respuestas violentas.
El caso del secuestro más prominente del año, por la importancia del personaje involucrado, incrementó el miedo entre quienes se sienten naturalmente inmunes al riesgo, por el poder que concentran, por las seguridades que compran, por las lealtades que subordinan. Así es como se entienden las reacciones viscerales que mostraron los voceros oficiosos a las declaraciones del recién liberado, atribuyendo algunas razones ideológicas a su secuestro. Lo impensable estaba sucediendo, el camino sin retorno, la política sin alternativas, el modelo económico ineludible, el único mundo posible estaba siendo cuestionado en transmisión nacional; el miedo se incrementó según se comenzó a filtrar, en algunos medios de comunicación, el texto titulado “Epílogo de una desaparición” que intenta dar una explicación, desde dentro del grupo de secuestradores, a la elección de su víctima en turno; peor cuando se mencionan otros nombres. Entonces sí se desató la histeria hasta llegar a la ramita más alta de Los Pinos: es puro rollo, declaró su fugaz ocupante.
Los intentos por alcanzar una explicación no pueden comenzar por la descalificación a bote pronto, eso está bien para los grandes públicos, para los ciudadanos que no se percatan de que están siendo manipulados para que tengan las mismas reacciones de rechazo irracional de quienes sienten en peligro sus creencias más arraigadas en la conveniencia coyuntural. Lo que está pasando no tiene nada de novedoso, un grupo de secuestradores que pretende rebasar ese nivel y darle una base de inconformidad social a su comportamiento, o quizás sea al revés, de todas formas se apela a una forma diferente de ver y organizar el mundo para el hipotético beneficio de otros que no son los actuales poderosos. Allí reside su peligrosidad. Si en realidad ese grupo organizado pretende ser congruente con lo que declara es otra cosa que no depende más que de ellos. Lo que no sirve de nada, si en realidad queremos entender lo que pasa, es la reacción fácil y apanicada
Pensar que hay otras formas de organización social más justas, equitativas, plurales y tolerantes tampoco es novedoso, el riesgo es la utilización de métodos que exceden los cálculos de quienes concentran los beneficios de la actual. Mientras, lo que puede estar pasando, es que haya grupos organizados que piensen que no hay otra alternativa para darle una salida pacífica a sus reclamos, a sus necesidades, a sus pretendidas solidaridades; que estén llegando a pensar que el diseño institucional no sirve y no cambia para darle salida a los problemas personales, familiares y generacionales de millones de mexicanos. Si el sistema, por temor, termina cerrándose más, promoverá la aparición de este tipo de grupos que sumados a los problemas de inequidad, corrupción e impunidad que han hecho posible al neoliberalismo, condenarán a la pobreza a más millones de mexicanos.
¿Cómo entender la complejidad social si despreciamos las ciencias dedicadas a explicar y promover el entendimiento humano? No se puede, y sin embargo la tendencia a desaparecer el estudio de “las humanidades” está presente en nuestros centros de enseñanza. El analista Silva-Herzog Márquéz nos remite a una severa llamada de atención que otro investigador, inglés, Terry Eagleton, publicó el 17 de este mes en un artículo en The Guardian sobre este tema. Al autor le parece impensable que existan universidades que excluyan a las humanidades y las artes de sus programas de estudio en todas las carreras y disciplinas, pero así como el miedo se filtra, algunas nefastas ideas también, por ejemplo: “Los hombres de a deveras estudian leyes e ingeniería, mientras el estudio de los valores y las ideas son para afeminados… (pero) Las humanidades deben constituir el corazón de cualquier universidad que se precie de tener tal nombre. El estudio de la historia y filosofía, acompañadas de conocimientos en arte y literatura, deben ser también para abogados e ingenieros, así como para aquellos que estudian en facultades dedicadas a las artes”. ¿qué diría Eagleton si supiera del invento mexicano de las “universidades tecnológicas”. Por eso somos tan fácilmente manipulables.
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