sábado, 16 de abril de 2016

VERGUENZAS COMPARTIDAS

A este neoliberalismo decrépito le hace falta más maquillaje, porque el que tiene se le cae a pedazos dejando ver todo el horror que lleva el seguir aferrándose a sus perversidades y pretender que no le afectan. Recomponer su imagen, presentar una cara que resulte mínimamente aceptable para las mayorías engañadas, está saliendo demasiado caro. Más cuando algunos personajes no cooperan y prefieren sus corruptelas individuales por encima de las del grupo que los llevó a tener el poder del que abusan cínicamente. La semana pasada vimos las advertencias, que para un buen lector eran evidentes, de la subsecretaria de los Estados Unidos Roberta Jacobson, respecto de los costos de seguir apoyando “democracias” corruptas y poco transparentes. Al mismo sistema político de nuestro norteño vecino le está costando demasiado mantener ocultas sus necesarias desigualdades y tratos discriminatorios, con que se beneficia su economía, con un vocero descarado como Donald Trump, o con su posible sustituto Ted Cruz. Ninguno de ellos está loco, simplemente decidieron despojarse de sus ropajes retóricos para mostrarse tal cuales son, unos verdaderos cruzados del sistema político y económico que ha encumbrado a menos del uno por ciento de los súper ricos por encima del resto de la humanidad. Pero nos están echando a pelear entre nosotros, pobres contra pobres, incrementando los odios raciales; de clase, aunque estemos todos casi igual de jodidos; religiosos, aunque nuestros dioses prediquen la paz y la originaria igualdad. Por lo menos los privilegiados son consecuentes con sus desvergüenzas, uno de los porkys de la costa de oro, presunto violador confeso, huyó hacia el sueño americano, dándole la razón al copetudo pretendiente republicano cuando dijo que de México reciben violadores, que además entran con pasaporte, visa y la cartera abultada de sus papis. Por las puras cifras pareciera que el tipo es todo un estadista de talla mundial, lleva acumuladas más de 40 giras internacionales visitando un mayor número de países en apenas 3 años, ni Obama, que en 7 años y entrando al octavo apenas le llega a la mitad. El que dice que trabaja como nuestro presidente va a lavarse la cara al extranjero, pero ni haya le están creyendo y regresa con más suciedad de la que se fue. Tocó el turno de las advertencias a la canciller alemana Ángela Merkel, quien “ofreció” ayuda para resolver el caso Ayotzinapa —o Iguala como les da por llamarlo—, y en asesoría para luchar contra la corrupción. Ni que decir que esos “ofrecimientos” son advertencias, o nuestra clase política se contiene o perderán la cobertura de sus aliados. Por las puras cifras se asoma la podredumbre que el maquillaje del que hablamos no alcanza a ocultar. Hasta los medios que forman parte de “la mafia del poder”, como insiste en llamarle el fantasma que más los asusta, tienen que sumarse al coro de regaños. Porque unos cuantos se están robando lo que corresponde repartir entre unos poquitos. El diario Reforma publica los resultados de su encuesta titulada “Décima evaluación al Presidente”, lapidarios como pocos, muestran una severa caída en la aprobación de la gestión peñanietista entre “líderes” y “ciudadanos”. La tasa de desaprobación del trabajo de Enrique Peña Nieto como presidente en el primer grupo es de un ¡78 por ciento!, entre el segundo grupo la desaprobación es de 66 por ciento, ni cómo ayudarlo. Resulta claro que los poquitos beneficiarios —principalmente extranjeros—, de las reformas neoliberales, impulsadas por todos los partidos políticos a través del Pacto por México, deben estar temblando de pánico. Por las malas gestiones, las torpezas y abusos, sus anhelados privilegios pueden caerse en cualquier momento por el hartazgo ciudadano y de los líderes de opinión. Y las venganzas pueden ser terribles. Pero si la cabeza principal no entiende que no entiende, los más chiquitos están peor. Un caso que nos importa por su cercanía es el del alcalde de la capital queretana, que se ha dedicado a pagar facturas políticas y puede que económicas a sus patrocinadores, sin importarle las afectaciones a la ciudadanía que creyó que un cambio, que él decía representar, era bueno. La desilusión está siendo mucho mayor que la ilusión inicialmente despertada, la llamada “luna de miel” con los votantes que le dieron el beneficio de la duda o que creyeron ciegamente en su falso discurso, no duró lo suficiente para jurarse amor eterno, y los reproches por el nulo desempeño ya son causa suficiente para un divorcio. A un problema no le sigue una solución, sino que se acumula otro, y otro, y los que sigan en los próximos días. Hasta la domesticada prensa local y nacional está sorprendida por la ineptitud, eso de pintar puentes que ni corresponden al municipio fue una primera vacilada frente al monstruo problemático que está creando. Pero que no se nos olvide que no es él solito. También su gabinetazo y su partido contribuyen en los desaciertos, no hay el mínimo pudor ni la voluntad para rectificar, si acaso se sorprenden y se paralizan cuando se les impide vender las casas de cultura, o que unos sencillos pero aguerridos policías o trabajadores de limpia osan levantarse contra la voluntad del moderno, pero obsoleto, señor feudal.

sábado, 9 de abril de 2016

COSITAS MALAS

A nuestra clase política no le importa nada que no sea cómo incrementar sus riquezas y privilegios. No le importa el daño que hace a los demás. No le importa quedar exhibida en los medios de comunicación —cuando tal cosa llega a suceder, porque ellos son los dueños— o en las redes sociales. Total, no pasa nada. Hasta que algo comienza a suceder. El día que se escribe este texto se cumple un año y medio de los crímenes contra los normalistas de Ayotzinapa y nuestro gobierno persiste en su estrategia: no entregar resultados, enredar todo para que no se entienda, desprestigiar a las víctimas y a los organismos independientes que dan seguimiento al caso, mentir descaradamente utilizando sus múltiples voceros oficiosos en las televisoras, estaciones de radio, prensa escrita y hasta con hackers especializados en espiar a rivales políticos y alterar resultados electorales. Y mencionamos Ayotzinapa porque allí tomó velocidad la indignación, pero puede ser San Fernando y sus fosas clandestinas, o Tlatlaya y su falsa justicia, o Apatzingán y los ejecutados, o los innumerables secuestros, desapariciones, violaciones, extorciones, o la legitimación social de la violencia a través de videos de música de banda, de acoso a quienes denuncian —allí están los casos de Daphne y Noel como amarga muestra de nuestra cotidianidad vergonzante—, los Panamá Papers y la exhibición internacional de la corrupción desmedida, hasta los porkys de la costa de oro y muchos más que se esconden en las influencias de sus papis y en las faldas de sus mamis. Todo esto no es casual, la imposición “democrática” del neoliberalismo requiere de corrupción e impunidad, pero en nuestro caso mexicano se han superado los límites para tener una imagen interna y externa mínimamente creíble. Y viene la amenaza: “El momento de discusiones abiertas en torno a corrupción, demandas por transparencia y especialmente rendición de cuentas ha llegado. […] Hemos sido (en Estados Unidos) demasiado complacientes en nuestra defensa de las democracias, sin examinar la fuerza y la transparencia de las instituciones que la sostienen. […] Lo que ha cambiado es que la gente en la región ya no está dispuesta a tolerar la corrupción que sale a la luz, no importando el tamaño. En parte esto se debe a economías más apretadas. Con la caída de las materias primas hay menos qué repartir entre el público. […] Pero también se debe a otro cambio en la región, la relativa apertura de estas sociedades. Incluso aquellas donde medios tenaces han sido reprimidos. […] Pero hemos visto cómo (la corrupción) puede rebajar puntos de crecimiento del PIB en los países. No es un crimen sin víctimas. Entonces, aún cuando lo que han hecho es legal, lo que se va a tener es gente diciendo en sus países de origen ¿Cómo logramos avanzar en este juego?” Estos fragmentos (Diario Reforma, martes 5 de abril, por José Díaz Briseño) son de una presentación que hizo, en la Universidad de Brown, en Providence, Rhode Island, la subsecretaria Roberta Jacobson, nominada para ser embajadora de su país en México una vez que el senado de su país haga la ratificación del nombramiento. Sin meternos al detalle, porque cada uno de los fragmentos merecerían una crítica corrosiva, comenzando por su concepto de democracia… con corrupción, pero no tanta; el tono es de alerta y fastidio. A nuestros vecinos del norte ya les está costando demasiado mantener el apoyo a países con gobernantes, empresarios, líderes sociales y religiosos corruptos. No tiene margen de maniobra para exhibir a los gobiernos que no le son afines ideológica y financieramente. El costo ya está siendo más que el beneficio, y eso sí les duele. Ni al caso apelar a su decencia, que no tienen; a su sensibilidad, tampoco; a su hartazgo, menos. “Recursos por un monto que ronda los 299 mil millones de dólares están depositados a nombre de empresas y particulares mexicanos en paraísos fiscales extendidos por diferentes regiones del planeta, de acuerdo con una investigación de la organización no gubernamental Red por la Justicia Fiscal (TJN, por sus siglas en inglés). Esa suma, que para efectos comparativos triplica el saldo de la deuda externa del gobierno federal –de 82 mil 320 millones de dólares a diciembre pasado, según cifras oficiales– corresponde sólo a activos financieros y no incluye los mecanismos empleados en esas jurisdicciones para la adquisición de casas, yates, aviones u obras de arte, apuntó la TJN.” Roberto González Amador. Periódico La Jornada Miércoles 6 de abril de 2016, p. 8 En un tablero de ajedrez global hasta esos movimientos externos cuentan, quizás más que los internos que pueden ser sofocados o reprimidos sin medir consecuencias. Cualquier gobernante, de casi cualquier país del mundo con los niveles de corrupción que tenemos aquí, no habría durado en el poder, pero como gozan de la “cobertura” de la economía más endeudada del mundo, la estadunidense, nuestros políticos y rémoras que los acompañan, se sienten inmunes a cualquier intento de castigo y de transparencia. Esas cositas malas ya no las van a poder seguir haciendo, porque están pasando los límites. En lo doméstico seguimos los malos ejemplos. En lugar de invertir y de veras ordenar el transporte público se hacen obras viales que nacen saturadas; se provoca la inconformidad de los policías por tener un mando que sabe de orden y disciplina militar, pero que puede ser cuestionado en sus tácticas policiales, que son cosas muy diferentes. No hay política cultural, desde la campaña electoral local pedimos se hicieran explícitas las propuestas al respecto, no hubo respuesta porque no les interesó, apenas les despertó el apetito por algunas propiedades y quisieron vender las casas de la cultura, que con la creatividad y terquedad de los diferentes artistas, que han resistido hasta intentos por desaparecer sus plazas, han sufrido de todo, pero persisten y ofrecen su talento para desarrollarlo en los demás, que no tienen acceso a instituciones privadas. Vamos dando tumbos, ni en lo educativo hay más proyecto que seguir las órdenes del ejecutivo federal, con todo y los lamentables ceses de profesores que no quieren se les siga tratando como infantes, sin voz y sin decisión.

sábado, 2 de abril de 2016

SITIADOS

No se puede esperar más. De este lado hay desesperación, indignación, vergüenza, hartazgo, incertidumbre, porque a pesar de los esfuerzos todo va de mal en peor y no se avizora mejora alguna; del otro lado, sólo se perciben las ganas de que todo siga igual, y si para eso hay que despojar a la población de cualquier salida o esperanza, se vale utilizar toda la fuerza del estado para “domar su voluntad”. Se nos quiere hacer creer que hay que aguantar, que las cosas no están tan mal como casi todos las sentimos en carne propia y ajena, que es un problema de “percepciones”, que quienes disienten de la versión oficial son subversivos, malandrines y malos ciudadanos que se dejan influenciar por la realidad. En el texto de la semana anterior expusimos lo que los datos soportan: que la impunidad campea en nuestro país, que la corrupción la acompaña y beneficia a los mismos de siempre, que se utiliza la violencia “legal” o de la delincuencia “organizada” desde el poder para infundir miedo y paralizarnos. Parafraseando al sociólogo Zygmunt Bauman, nuestra sociedad está “sitiada” y es permanentemente atacada desde todos los frentes posibles. Lo decimos desde las tribunas que nos quedan y que seguimos construyendo, desde organizaciones como Amnistía Internacional, como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, como Eureka, como los comités de familiares de desaparecidos, secuestrados, ejecutados, extorsionados; como la coordinadora de organizaciones alternativas, como los colectivos de artistas, de minorías sexuales, de discapacitados y todo lo que recuerde en este momento. Porque los medios siguen siendo propiedad del poder y aun así el dolor y la canija realidad se cuelan. Un año sin el noticiero de la periodista que con su equipo de reporteros e investigadores denunció la casa blanca, la de Malinalco, los cotidianos y escandalosos tráficos de influencias y dineros públicos, y lo anterior es apenas una muestra. «La crisis de corrupción, inseguridad, violaciones a los derechos humanos y conflicto de interés no ha convertido a México en un Estado fallido, sino en un Estado “esquizofrénico” en el que funcionarios y jueces ganan salarios equiparables a los de importantes empresarios de Suiza, pero con resultados de naciones como Sudán. Así lo consideró Edgardo Buscaglia, director del International Law and Economic Development Center e investigador principal en Derecho y Economía en la Universidad de Columbia en Estados Unidos.» Así resume la revista SinEmbargo —11 de marzo del 2015 http://www.sinembargo.mx/11-03-2015/1276842—, la entrevista que Juliana Fregoso le hace al analista latinoamericano, con amplia experiencia en el caso de México. Hace un año y con toda la razón que dan las cifras, que apenas logran reflejar un poquito de lo que sucede, advertía: «–México está viviendo una crisis que desde hace varios años va empeorando. En un país promedio de América Latina, como hacen Bolivia, Argentina o Brasil, la sociedad civil ya se hubiera organizado y hubiera paralizado al país, porque no hay tanto dinero del gobierno hacia la sociedad civil para mantenerla adormecida. México tiene esa combinación de terror y flujos patrimoniales de corrupción hacia lo político y hacia la sociedad civil que son improcedentes en América Latina, lo que adormece a la sociedad civil. –¿Esta situación agrava problemas como la corrupción y el Estado de Derecho? –Las autoridades están tratando de resolverlo todo con detenciones gestionadas, mediáticas y están tratando de generar chispazos. Todo es mediático para esta gente. Viven bajo la convicción de que la imagen que ellos venden a través de sus firmas consultoras determinan la realidad. Es una postura cínica la que tienen. –Desde el tema “casa blanca” parece que hubo un divorcio entre los mexicanos y el gobierno, ¿esto se ha ido agravando? –Los indicadores de gobernabilidad como el del Global Financial Integrity Report (Reporte Global de Integridad Financiera) ya colocan a México entre los países con mayores colapsos de gobernabilidad dentro de los estados medianamente funcionales y eso dice mucho. En México hay cantidades cuantiosas de dinero comprando a la sociedad civil continuamente, intentado reparar daños extrajudicialmente. Las víctimas acuden a la prensa para adquirir un alto perfil mediático y que no las puedan asesinar. En un país con tanto flujo de dinero donde tienes a los ministros de la Suprema Corte mejor pagados del planeta, ganando más de 50 mil dólares al mes, diputados y senadores ganando sueldos de empresarios poderosos europeos y sociedad civil de amigos recibiendo cifras cuantiosas, la sociedad no reacciona y no genera los cambios que queremos que se generen.» Cambiar el estado de cosas difícilmente aguantará, para muchos, hasta el proceso electoral federal del 2018, que es la fecha que el propio sistema se está dando para seguir asfixiando los intentos de protesta u organización que le puedan mover el piso. Además, se estaría jugando con sus reglas e instituciones amañadas, con su legalidad perversa, con su poder amafiado, con sus partidos infectados del virus del cinismo y la complicidad. Urgen organizaciones sociales serias que no caigan en el juego cooptador de esta clase política fascinada por verse el ombligo y encontrar allí propiedades mal habidas, desvíos de dinero público, contratos inflados hasta lo que pareciera imposible, sus carros de lujo y colección resguardados por guaruras prepotentes como sus dueños, los lujos estúpidos con que miden su falsa importancia y su escasa cultura. Sí hay soluciones, pero no serán fáciles de lograr, pero ya se antoja más difícil seguir soportando tanto abuso, el costo personal, familiar, social de hacer oídos sordos y ojos ciegos es muy alto, más alto que no hacer nada. Ya no existe el consuelo de pensar y decir que las cosas no pueden estar peor que lo que están ahora, porque a cada rato rompemos esos límites y seguimos cayendo en el vacío de la aparente impotencia y la desesperación. Viene un lapso de tiempo apto para la reflexión, no para seguir sufriendo como pretenden algunos, sino para encontrar caminos transitables para todos, o casi todos. Ya fueron varias llamadas, ojalá y hagamos caso, que el futuro inmediato tenga remedio.

sábado, 26 de marzo de 2016

Niegan visita a relator de tortura de la ONU

Niegan visita a relator de tortura de la ONU: Gobierno rechaza su trabajo de seguimiento por 'cuestión de agenda'; vendrá mi sucesor, si así lo consideran las autoridades: Méndez

Ahí están, volvieron tristes

Ahí están, volvieron tristes: Un año y medio sin ellos. Nuestros 43, realidad y símbolo. Hoy, día 26, se cumplirá el malhadado ciclo. Dieciocho meses, 546 días. La congoja merma el color a cualquier cosa: la torna gris

sábado, 12 de marzo de 2016

FRUSTRACIÓN APRENDIDA

Todo apunta en la misma dirección pero no se hace caso. Prácticamente no existe institución, pública o privada, en este país, que funcione como debe o se supone que debe de funcionar. En muchos casos los esfuerzos por hacer las cosas bien se estrellan con los imponderables de la corrupción, la inseguridad, la incertidumbre de no saber qué pasa cuando alguien sale de su casa o se queda en ella, cuando hay que circular por calles, avenidas, carreteras o autopistas esclerotizadas o a merced del más imprudente, más bestia o más pesado. O cuando se solicita un servicio que se cobra y nunca se proporciona; cuando se nos da gato por liebre en los litros de gasolina, en los kilogramos de lo que sea, en la confianza que se traiciona, en la buena fe que se toma por estupidez, en el supuesto amor que se transforma en violencia. En este México azotado por múltiples crisis que casi todos sentimos, pero que unos pocos se empeñan en negar, hasta al principal jerarca católico se le enmienda la plana. Todos estamos equivocados menos nuestra autista clase política, que incluye a las cúpulas partidistas, empresariales y religiosas. Cualquier región del mundo estaría sujeta a procedimientos anticorrupción radicales, allí están como ejemplos: Guatemala, Brasil, España, y casi cualquier país que tenga, todavía, una mínima capacidad de reacción y corrección, hasta la FIFA tiene que fingir que hace por algo por enmendarse. Pero aquí no. Será porque surtimos de mano de obra barata y dócil a la primera potencia económica del mundo, nuestro incómodo vecino del norte, que interesadamente decide quién sí y quién no, debe de corregir su descarado actuar. Prácticamente no hay organización, nacional o internacional, de promoción y protección a los derechos humanos que no esté denunciando, en todos los tonos y por todos los medios, lo que aquí padecemos cotidianamente. Afortunadamente no perdemos la capacidad de indignarnos, pero eso de poco sirve si no hay resultados. «Según cifras oficiales, de diciembre de 2006 a noviembre de 2012 se cometieron 102.696 homicidios en el país y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas hizo referencia a 151.233 hasta agosto de 2015. Aunque la cantidad anual de estos delitos se ha reducido desde 2013, la cifra sigue siendo alta. Al 30 de septiembre de 2015, el Estado mexicano reportaba 26.798 personas “no localizadas” o desaparecidas a nivel nacional, y en algunas entidades federativas existe una tendencia a la alza. […] Las falencias en las investigaciones sobre desapariciones son graves y múltiples. La actual crisis de graves violaciones de derechos humanos que atraviesa México es en parte consecuencia de la impunidad que persiste desde la “Guerra Sucia” y que ha propiciado su repetición hasta hoy en día. Muchos casos de desaparición no se denuncian debido a la desconfianza de los familiares en la capacidad de respuesta del Estado o su temor a sufrir represalias, y en los casos donde sí hay denuncia, la respuesta de las autoridades presenta graves deficiencias. En este contexto, en todos los lugares que la CIDH visitó durante su visita se reunió con víctimas, familiares y defensores, quienes describieron los obstáculos que han encontrado en su búsqueda de justicia y su desconfianza en las autoridades. Estas informaciones son consistentes con las investigaciones hechas por la CIDH en los últimos meses en México, así como con diversas fuentes nacionales e internacionales. Los hallazgos por los familiares de fosas con decenas de cadáveres resaltan que son ellos quienes ante la inoperancia del Estado, han asumido la búsqueda de sus seres queridos, mientras que las autoridades no cumplen con su deber de investigar, encontrar, identificar y entregar a las víctimas con debida diligencia como corresponde.» Situación de los derechos humanos en México. Comisión Interamericana de Derechos Humanos. http://www.oas.org/es/cidh/informes/pdfs/Mexico2016-es.pdf La desvergüenza se exhibe en los medios no domesticados, que gracias al internet y las redes sociales, son cada vez más y mejor informados. Pero la “verdad oficial” insiste en imponerse, en cercar a las voces disidentes, en señalarlas como alarmistas y falsas, en armar costosas campañas de desprestigio, en justificar los excesos y las corruptelas, en utilizar la “justicia” para victimizar, una y otra vez, a los que disienten y siguen señalando que nuestra situación no tiene nada de “normal”. No se tientan el corazón para utilizar toda la fuerza de este maltrecho Estado para reprimir y crear un ambiente de miedo, porque saben que el miedo paraliza, hasta que las cosas estallan: «Por otro lado, la práctica de la tortura es alarmante en México. El Estado mexicano informó que la Procuraduría General de la República (PGR) contaba, al mes de abril de 2015, con 2.420 investigaciones en trámite sobre tortura, y que existen sólo 15 sentencias condenatorias por este delito a nivel federal. La Comisión coincide con otros organismos internacionales al señalar que en México la tortura es generalizada, y se presenta frecuentemente entre el momento de una detención— que suele ser arbitraria—y antes de que la persona detenida sea puesta a disposición de un juez. La CIDH observa que incluso en la investigación de los hechos ocurridos en Iguala, uno de los asuntos de mayor perfil en materia de derechos humanos en los últimos años, el 77% de las personas investigadas mostraban lesiones corporales, un indicio, por lo menos, de la existencia de apremios ilegales y posibles torturas perpetradas en su contra. La Comisión ha constatado en terreno niveles críticos de impunidad y una atención inadecuada e insuficiente a las víctimas y familiares. La falta de acceso a la justicia ha creado una situación de impunidad de carácter estructural que tiene el efecto de perpetuar y en ciertos casos impulsar la repetición de las graves violaciones a los derechos humanos. Las amenazas, hostigamientos, asesinatos y desapariciones de personas que buscan verdad y justicia han generado un amedrentamiento en la sociedad mexicana, el cual la CIDH constató en reiterados testimonios de personas que no denuncian estas violaciones ante las autoridades por temor a represalias, generando un problema grave de sub-registro en las cifras oficiales. Las barreras en el acceso a la justicia, y la inoperancia en muchos casos con la impunidad resultante, han debilitado el Estado de Derecho y constituyen desafíos urgentes.» Hay muchos mexicanos que no caen en el letargo o están saliendo de él. Que no se “acostumbran” a ser siempre las víctimas de todas y cada una de las pequeñas o grandes cosas que no funcionan. Que saben que la solución no pasa por fugarse de una realidad apabullante, que no se cansan de exigir, denunciar, poner el ejemplo; que no pierden la esperanza y construyen espacios disfrutables, gratificantes, de confianza y certidumbre, a esos hay que apoyarlos, a los otros, condenarlos a cualquiera de los inframundos del desprecio y a la aplicación, tarde que temprano, de la justicia de a de veras. Estamos aprendiendo, otra vez, a dejar de ser los eternos frustrados.

sábado, 5 de marzo de 2016

DOCENTES MUY DECENTES

Hasta el último momento quiso ser aprovechado, en el límite del plazo autoimpuesto por la Secretaría de Educación Pública, apenas el pasado 29 de febrero, se dieron a conocer los resultados de la primera evaluación para la permanencia docente en Educación Básica y Media Superior. Se esperaron a que pasara la efervescencia por la visita papal, no querían que algo le quitara reflectores al señor secretario, además fue lunes, día en que se hace la gira nada sorpresiva y sí muy planeada para visitar una escuela y hacer honores a la bandera, aunque sea puro pretexto para jalar a los medios y exhibirse desde el inicio de cada semana. Pero ahora el motivo era más que importante, como dice el Profesor del Centro de Estudios Educativos de El Colegio de México, analista y crítico de la reforma educativa, Manuel Gil Antón: «La reforma tuvo, como eje fundamental en su diseño, un supuesto: la fuente, si no única, sí la más importante de los problemas educativos en México, era el magisterio. Al ser concebidos como causa, la acusación simplificadora fue inmediata: los profesores y las maestras en el país, desde preescolar al nivel medio superior, estaban mal preparados. Inculpados sin miramientos, ni matiz, como un gremio repleto de flojos, violentos, ignorantes y desobligados, el (también) único remedio era evaluarlos: “el corazón de la reforma es la evaluación”. Ha sido de tal manera central este prejuicio, que ha generado lo propio e inevitable: perjuicios. Sobre todo, la estigmatización de las y los docentes y, derivado de ello, su ubicación en el proceso como objetos, cosas a reformar, y no como sujetos, socios indispensables, en la transformación que sin duda requiere el acceso al conocimiento en el país […] Al establecer, como diagnóstico, que la relación entre capacidad docente y calidad educativa era obvia, y directamente proporcional, la prueba del ácido sería que la medición de los conocimientos y las destrezas pedagógicas fuese muy negativa: a malos maestros, malos resultados. Se requería que los maestros calificados como incapaces fueran la mayoría, para probar la fuerza de su concepción […] En su propia (in)coherencia, los resultados desmienten la expectativa: en términos generales, con ligeros cambios por nivel, solo 15 de cada 100 obtuvieron resultados insuficientes. Fueron ubicados como buenos 42%, y 8% destacados. El resto, un poco más de un tercio, registraron en los exámenes aplicados condiciones suficientes – que son bastantes para ser capaces y aptos, dice el diccionario – al desempeñar su labor.» http://www.educacionfutura.org/la-reforma-educativa-el-fin-de-un-prejuicio/ Parte de los resultados aparecen en el sitio oficial del Registro Nacional del Servicio Profesional Docente, http://servicioprofesionaldocente.sep.gob.mx/, porque no creo que sean los únicos que se generaron y también porque se pueden encontrar otro tipo de correlaciones, que allí no se señalan. Pero hay que comenzar con lo que se tiene. Primero, llama la atención que en su presentación pública a los medios se hayan “juntado” dos categorías, ya que se sumaron los porcentajes de los calificados como “insuficientes” con los “suficientes”, por lo que se dijo, y así se publicó, que el 52 por ciento de los docentes evaluados no eran aptos o idóneos para dar clase frente a grupo, forzando la interpretación que desnuda Gil Antón, para aparentar que los malos resultados de nuestros estudiantes se deben exclusivamente a que los profesores son malos, están mal preparados y no deberían estar trabajando en las aulas del sistema educativo público nacional. Como contraparte, “apenas” el 48 por ciento resultarían aptos o idóneos porque fueron evaluados en las categorías de “bueno”, “destacado” y “excelente”. Pero, como bien se aclara, con todo y los defectos de una evaluación impuesta, técnicamente más que discutible, ya que en muchos casos se anularon los resultados de una de las fases de la misma por mal diseño de los reactivos, los evaluados como “insuficientes” apenas llegaron al 15 por ciento. Lo que no justifica, en modo alguno, la estigmatización de los profesores y la pérdida de sus derechos laborales. Entonces el problema no está en los docentes, o no sólo en ellos. Habría que meterse en temas que la SEP y el INEE han estado rehuyendo, como la impertinencia de unos programas de estudio saturados de información inútil y que se exige sean seguidos al pie de la letra, la existencia de un modelo educativo que no se adapta a nuestros distintos y peculiares contextos sociales, evaluaciones a nivel de aula que no reflejan lo que saben o aprenden los estudiantes; el prejuicio estúpido de que los alumnos son flojos, irresponsables y tramposos; la indiferencia, falta de conocimiento, compromiso y empatía de los directivos, que le deben su puesto a sus influencias o conectes políticos y no a su capacidad e identificación con su comunidad. De la corrupción e incompetencia de los altos funcionarios, salvo excepciones, mejor ni hablar. Quedan muchas cosas que se prestan a una reflexión más pausada sin olvidar la urgencia de los tiempos, baste saber que, por la forma en que la SEP organizó parte de su información, en lo que respecta a nuestro estado y tomando como base únicamente la categoría de Insuficientes, en educación básica nos colocan en el lugar vigésimo quinto con un porcentaje de 16, cuando el promedio Nacional es de 12.4. Nada que festejar. En contraste, a los docentes evaluados en el nivel de Media Superior (bachilleratos y preparatorias) les va mejor, ya que se nos coloca, en porcentajes de “insuficientes”, en el sexto lugar, lo que quiere decir que tuvimos poquitos, detrás de Quintana Roo con 6.8; Hidalgo con 7.2; México con 8.3; Chihuahua con 8.4; Campeche con 9.7; Querétaro con 11.6; mientras que el promedio nacional fue de 17.7. Queda claro pues, que no se puede hacer una revolución educativa, que es lo que se necesita, sin la participación de los actores principales: profesores y estudiantes.