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sábado, 27 de octubre de 2018
LOS MONSTRUOS
Joaquín Córdova Rivas
No elegimos dónde nacer, ni la familia a la que llegaremos, mucho menos sus características, tampoco el momento histórico ni el contexto social. Nuestros padres apenas tendrán un asomo de lo que genéticamente nos heredarán, como la mezcla puede resultar medianamente bien como puede ser un fracaso; pero aun así tendremos que hacernos responsables de nuestros actos, de aprender, con la complicidad, el apoyo y el ejemplo de los que creemos semejantes, eso que se llama humanidad.
El asunto es mucho más complejo de lo que parece y en cualquier momento se puede torcer el rumbo de la vida, dañar a los demás comenzando por los más cercanos, a veces irreparablemente.
Hace dos años, por estas fechas, traíamos a estas páginas la opinión de dos estudiosos de esos y otros muchos temas: «Qué seguro y cómodo, acogedor y amistoso parecería el mundo si los monstruos y solo los monstruos perpetraran actos monstruosos. Contra los monstruos estamos bastante bien protegidos, y podemos descansar seguros de que estamos protegidos contra los actos perversos que los monstruos son capaces de realizar y que amenazan con perpetrar. Tenemos psicólogos para vigilar a los psicópatas y sociópatas, tenemos sociólogos que nos indican dónde es más probable que se propaguen y congreguen, tenemos jueces para condenarlos al confinamiento y al aislamiento, y policía y psiquiatras para asegurarnos de que permanecen allí.» Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis. Ceguera Moral. La pérdida de la sensibilidad en la modernidad líquida. https://www.planetadelibros.com/libros_contenido_extra/30/29568_Ceguera_moral.pdf
La polémica no tardó en llegar, pero poco ha trascendido, opinadores, columnistas, analistas cuestionaron la utilidad de dar a conocer con todos sus detalles cruentos, las declaraciones del feminicida de Ecatepec. No abona al debate, es tratar el crimen como un espectáculo más, oscurece las causas y evita las posibles soluciones, dijeron. Pero el espectáculo tenía que continuar, el dios “rating” exige más sacrificios en su nombre y ahora conocemos las “confesiones” de ese “monstruo” como se le ha dado en llamar.
Tampoco tardó la revictimización, “eso les pasa por confiados, por no cuidar a sus mujeres y niños, por drogarse, por irresponsables” como si las víctimas hicieran a su victimario y no al revés.
Queremos seguir creyendo que es un caso aislado, que no nos representa porque los demás, los “normales”, no seríamos capaces de hacer eso. Desde otros ámbitos se piensa lo mismo, pero se van al extremo: la culpa no es del hombre, tampoco de las instituciones que fallan en desarrollarnos como mejores seres humanos, que no detectan las desviaciones graves que dañan a los demás, a los mas indefensos, a los que confían en la igualdad o superioridad moral de sus abusadores. Y entonces aparecen los demonios como una falsa y cómoda explicación de nuestras fallas, de nuestra humanidad fallida, de los valores que pregonamos pero no ejercemos, de esas divinidades vengativas y ciegas en las que creemos cuando nos conviene.
Lo mismo hacemos cuando pretendemos olvidar que nuestra especie, al igual que todos los demás seres vivos, es migrante. No hemos explorado y explotado el planeta quedándonos quietos, siempre buscamos estar donde mejor podemos hacerlo y nos movemos continuamente, apenas la aparición de las fronteras impide en algo ese flujo constante entre territorios, pero huimos de las guerras, de las desigualdades sociales buscando en otro lugar mejores oportunidades, de las sequías y de las inundaciones, de las plagas y enfermedades, de los peligros e intolerancias que nos convierten en inocentes víctimas de cualquier atrocidad. Por eso es una estupidez inhumana castigar la migración sin atender sus causas, sin resolver los problemas que la provocan, nadie tiene derecho a impedir que los otros busquen vivir mejor utilizando la violencia. La caravana de más de dos mil migrantes hondureños que tanto enoja al copetudo del norte —hijo de migrantes y pensante de monstruosidades— es apenas el anuncio de un problema que lleva décadas sin quererse ver y resolver, los europeos también lo saben, es un fenómeno mundial que no se detendrá hasta que haya las condiciones mínimas para todos para vivir dignamente, sin las insultantes desigualdades que se ahondan y solo convienen a unos cuantos.
Allí están nuestros monstruos, también están las posibles soluciones para evitarlos, prevenir que se sigan desarrollando nos corresponde a todos, aunque no con el mismo grado de responsabilidad, pero tampoco se vale la indiferencia, quedarse en el mero escándalo para olvidarlo en cuanto surja algo más terrorífico para asombrarnos y negar nuestra maldad, en lugar de ocuparnos en desarrollar nuestra humanidad.
lunes, 25 de junio de 2018
999
999
Joaquín Córdova Rivas
Malvado, perverso, salvaje, inhumano, los epítetos se acumulan en contra de una persona, el detestable señor Trump; pero nos estamos haciendo guajes, no queremos entender que no es él, es el sistema económico y social neoliberal el que está mostrando, ya sin ropajes piadosos que lo cubran, sus efectos esperados en el largo plazo.
No es casual que las víctimas directas sean niños migrantes o hijos de indocumentados, con repercusiones directas en familias extensas como las latinas, por que ellos, junto con los pobres, los mal llamados marginados, los indígenas o pertenecientes a cualquier etnia, los jóvenes depauperados, muchas mujeres, constituyen los “desechables” de esta sociedad.
“En el nuevo mundo de los consumidores, la producción masiva no requiere ya mano de obra masiva. Por eso los pobres, que alguna vez cumplieron el papel de «ejército de reserva de mano de obra», pasan a ser ahora «consumidores expulsados del mercado». Esto los despoja de cualquier función útil (real o potencial) con profundas consecuencias para su ubicación en la sociedad y sus posibilidades de mejorar en ella.” Trabajo, consumismo y nuevos pobres. Zygmunt Bauman.
Los niños, hijos de migrantes e indocumentados, no producen ni consumen. Sus padres seguramente tampoco, de otra forma no estarían tratando de alcanzar ese “american dream” que nos han vendido por medio de las películas de Hollywood y de sus medios de comunicación. Al no producir ni consumir se convierten en una carga, en algo que hay que ocultar, encerrar, desaparecer, evitar. Recordemos que en otro alarde verbal, el señor Trump interpeló al primer ministro de Japón, en la reunión del G7 diciéndole, sobre el tema de los migrantes en Europa y su país: "Shinzo, tú no tienes ese problema, pero yo te puedo enviar 25 millones de mexicanos y estarás fuera del cargo muy pronto", como si los mexicanos fuéramos simple mercancía dispuesta a ser trasladada donde se le pega la gana, aunque la intención clara fue mandar el mensaje de: no se metan conmigo porque estos malos consumidores, bad hombres, pueden estar en sus fronteras antes de lo que se imaginan. Por eso es importante la defensa de los derechos humanos, es la última trinchera contra los abusos de este neoliberalismo devastador, sin ética ni misericordia.
Démonos el lujo de cambiar de tema. Constancia, persistencia, terquedad, eso y más se requiere para permanecer en un mundo que cambia a una velocidad vertiginosa, donde el “antes” parece sacado de un texto de antropología no porque “sea” viejo, sino porque “parece” viejo.
Venimos de una época donde las certezas duraban años, donde la realidad y el tiempo eran construcciones sociales “sólidas”, ajenas a la incertidumbre actual, contrarias a ese estado “líquido” que disuelve al amor, a esta modernidad, a la vida, al miedo, al tiempo.
Prevalecer como texto escrito en papel a lo largo de 999 ediciones no cualquiera lo presume, aunque ya se tenga también versión electrónica. Y es que leer es toda una aventura sensorial que no se limita a lo que dice la Real Academia de la Lengua (RAE): «Pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados», tiene que ver también con el olor del papel y la tinta, con la aspereza en el tacto, con el juego de luces, sombras y colores del diseño, con la posición y disposición del cuerpo, con abstraerse del entorno que algunos juzgarían poco propicio para la concentración.
El reto parece que no cambia, pero se percibe con mayor grado de dificultad ante la proliferación de redes sociales que convierten a cualquiera en experto en todos los temas. Y es que esa ilusión da el poder de la interacción con otros, que asumimos iguales a uno mismo cuando no lo son. Algunos, pocos, serán verdaderos expertos en el tema que les apasiona; otros, muchos, creerán que la simple posibilidad de opinar se convierte en obligación y confundirán el parloteo con sabiduría.
Publicar semanalmente y no con otra periodicidad tiene sus ventajas y problemas. No se tiene la inmediatez de la prensa diaria y se pelea contra ese “tiempo líquido” que todo puede volver obsoleto en apenas instantes. En contraste, da espacio para reflexionar, comparar, contrastar, encontrar un enfoque que difiera en algo de los ya presentados, hacer el intento de lograr el objetivo que me marcaran cuando comencé a colaborar en este Magazine: que los lectores sepan que detrás de cualquier hecho convertido en noticia hay mucho más de lo que se ve a simple vista, que lo trivial puede no serlo y merecer mayor análisis y reflexión, que lo noticiosamente destacado puede no ser tan importante como aparenta. Huir de la fugacidad y del lugar común pudiera ser la síntesis.
O como escribiera el sociólogo Zygmunt Bauman: «Cuando una cantidad cada vez más grande de información se distribuye a una velocidad cada vez más alta, la creación de secuencias narrativas, ordenadas y progresivas, se hace paulatinamente más dificultosa. La fragmentación amenaza con devenir hegemónica. Y esto tiene consecuencias en el modo en que nos relacionamos con el conocimiento, con el trabajo y con el estilo de vida en un sentido amplio.» http://www.lavanguardia.com/cultura/20170110/413219646963/zygmunt-bauman-frases-celebres-pensamiento.html
Todo con respeto hacia un lector que imaginamos, y seguramente lo es, interesado e inteligente. Que no desprecia un medio porque sea accesible y de distribución gratuita, que sabe que el precio al público no es garantía de calidad. En fin, comencemos a festejar el número mil, que no es cualquier cosa.
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sábado, 16 de junio de 2018
EL PROGRESO INMÓVIL
EL PROGRESO INMÓVIL
Joaquín Córdova Rivas
Lo que se interpretó como un simple ajuste de cuentas resultó ser algo más profundo. Lo vivimos como la cotidianidad cambiante en el valor de nuestra moneda, en el costo de llenar el tanque de gasolina de nuestros transportes, en la inflación incontenible e indetectable para los funcionarios pasmados de las áreas económicas del gobierno; en la vaguedad de los discursos de los candidatos presidenciales, que cuando caen en las escasas precisiones provocan más incredulidad que confianza; en la incertidumbre del único mecanismo “modernizador” que pergeñaron nuestros limitados neoliberales. El “eterno” Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con el que hipotecamos nuestro futuro y nos separamos del resto de los países de nuestra América Latina, creyéndonos los tocados por los dioses capitalistas, se viene abajo estrepitosamente, resultó que tenía fecha de caducidad.
Caímos en la trampa de los expertos y sus falsas creencias. La salida de la Gran Bretaña del mercado común europeo nos la pintaron como la venganza, poco racional, de la generación “vieja”, que vio disminuido su poder adquisitivo y su calidad de vida de forma consistente en las últimas décadas, a cambio del supuesto futuro promisorio que tendría la generación “joven” después de ese “ajuste necesario, aunque doloroso”. Es decir, los viejos no entendieron que su sacrificio económico era necesario para una bonanza que nunca terminó de llegar. Bueno, pues ahora vamos descubriendo que ese “capricho generacional” no era tal, sino el síntoma alarmante de que el modelo neoliberal promovido e impuesto por la dupla Gran Bretaña-Estados Unidos de América terminaba por desfondarse.
La victoria de Donald Trump, su llegada a la presidencia de su país y el riesgo actual de su reelección tampoco fue la sorpresa que muchos insistieron en pregonar. Los herederos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher se niegan a aceptar que su “fin de la historia” no era más que el pretexto para someter a las economías periféricas a sus caprichos y devastación. Tampoco reconocerían que los tratados de un supuesto libre comercio, que beneficiaba a los poderosos globales, estaban fundamentados en mentiras que terminarían por desvelarse con el tiempo y con las brutales desigualdades sociales que produjo.
«¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos?» Es la pregunta que responde uno de los pensadores más lúcidos de la modernidad. Zygmunt Bauman le arranca, uno por uno, los ropajes “benéficos” de que se disfraza el modelo económico actual y deja al descubierto sus perversos resultados:
«La “mano invisible del mercado”, ilusoriamente reputada por actuar en favor del bienestar universal (la mano que la política estatal de desregulación pretende liberar de las cadenas legales que habían sido diseñadas para limitar su libertad de movimientos) puede que sea invisible, pero no hay dudas sobre a quién pertenece esa mano y quién dirige sus movimientos. La desregulación de los bancos y de sus movimientos de capital permite a los ricos moverse libremente, buscar y encontrar los mejores terrenos para obtener los mayores beneficios, lo que les hará más ricos; mientras que la desregulación de los mercados de trabajo hace que los pobres no se puedan beneficiar de las mejoras, y mucho menos parar o atenuar los desplazamientos de los propietarios del capital (rebautizados como “inversores” en la jerga de las bolsas de valores), y por tanto estarán condenados a empobrecerse. Además de que ha empeorado su nivel de renta y sus oportunidades de obtener un empleo y un salario suficiente para vivir, dependen ahora de las veleidades de los movimientos del capital en busca de beneficios, so capa de la competitividad, que les hace crónicamente precarios y les provoca un grave malestar espiritual, una preocupación constante y una infelicidad crónica, unas lacras que no desaparecerán y no dejarán de atormentarles incluso en los (breves períodos) de relativa bonanza.» https://drive.google.com/file/d/0B9h7aliyWcfjMlNvR3g1VWV6ck0/view
Cualquiera con dos dedos de frente sabe que el papel de México en ese TLCAN era el de suministrar mano de obra barata y dócil para las maquiladoras que producirían los bienes de los consumidores canadienses y norteamericanos, ansiosos por gastarse lo que sus dolarizados ingresos exigían, antes de que los inundaran los productos asiáticos o europeos. México además proveería de petróleo barato y a una distancia cercana a las refinerías del norte, y de otros recursos naturales —oro, plata, productos agrícolas— a precios de regalo. Todo para que el consumidor de esos “socios” incrementara, artificialmente, su nivel de vida y gozar de una “felicidad” basada en tener muchas cosas aunque no fueran necesarias, y reemplazarlas continuamente por otras “nuevas”.
Pero esa ilusión se terminó. Las medidas “proteccionistas” que limitan aún más ese supuesto “libre mercado” son simple reflejo de la crisis interna del modelo económico que se enseña en las aulas de las universidades anglosajonas y que nosotros nos empeñamos en creer y copiar a pie juntillas, suponiendo que eso nos hace “modernos”, que el “progreso” siempre es hacia arriba y adelante, como lo pregonara el presidencialismo del post 68 y que no hay vuelta atrás porque eso sería antihistórico, impensable, poco moderno. El problema es que mientras el modelo está en franca decadencia, aquí profundizamos sus perversiones con las reformas estructurales recetadas desde organismos internacionales y tropicalizadas por instituciones como el ITAM, de donde egresan nuestros trasnochados neoliberales.
No se trata de meter la reversa cuando el auto está lanzado a toda velocidad hacia adelante, el problema es que no nos queremos dar cuenta que hace mucho nos robaron las ruedas y estamos hacinados en un chasis viejo trepado en tabiques, que está inmóvil desde hace al menos dos décadas y que está sufriendo de su desmantelamiento, que se le arrancan las piezas para venderlas en un mercado negro que no tiene ética y sí mucha corrupción.
De eso se trata este proceso electoral, de darnos cuenta que no es nuestra velocidad la que nos despeina, sino que es el viento de los cambios que amenaza con arrastrarnos, otra vez, al fondo del callejón.
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domingo, 6 de noviembre de 2016
LOS MONSTRUOS DEL MAL
LOS MONSTRUOS DEL MAL
Joaquín Córdova Rivas
“Qué seguro y cómodo, acogedor y amistoso parecería el mundo si los monstruos y solo los monstruos perpetraran actos monstruosos. Contra los monstruos estamos bastante bien protegidos, y podemos descansar seguros de que estamos protegidos contra los actos perversos que los monstruos son capaces de realizar y que amenazan con perpetrar. Tenemos psicólogos para vigilar a los psicópatas y sociópatas, tenemos sociólogos que nos indican dónde es más probable que se propaguen y congreguen, tenemos jueces para condenarlos al confinamiento y al aislamiento, y policía y psiquiatras para asegurarnos de que permanecen allí.” Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis. Ceguera Moral. La pérdida de la sensibilidad en la modernidad líquida.
Nuestra casta política está conformada por personas comunes y corrientes, en muchas ocasiones más corrientes que comunes. Por eso, creer que los casos de los exgobernadores sinvergüenzas exhibidos en los medios de comunicación son una excepción, es pasarse de inocentes. Tanto Javier Duarte como Guillermo Padrés, señalados como ejemplos de lo que no se debe permitir, son más bien ejemplos de lo que existe en muchos casos: Personas metidas a la política que en lugar de servir a los demás se sirven de los demás para enriquecerse descomunalmente. Quizás la impunidad y el poder casi absoluto los corrompieron más allá de lo aceptable por un sistema político fundado en la impunidad y el reparto de favores. Puede ser también que sean los chivos expiatorios que estaban más a la mano para fingir una voluntad inexistente de luchar contra la corrupción. Porque hasta tontos son ¿quién les va a creer que los miles de millones de pesos que no aparecen fueron solamente para comprar casas en Texas, ranchos en todos lados, yates o cualquier estupidez semejante? Las cantidades que se acusa fueron desviadas de los presupuestos públicos para comprar cuanta tontería se les ocurrió, rebasan con mucho, cualquier posibilidad de siquiera disfrutarlas. No, el silencio cómplice de familiares cercanos, prestanombres, colegas políticos, de instituciones supuestamente vigilantes como las secretarías de hacienda, de la función pública, las chorrocientas comisiones de contraloría o auditoría, los congresos estatales y hasta la presidencia de la república, todas conspiraron porque les convenía, porque alguna ganancia sacaban de las tropelías de esos y otros que ya pasaron o siguen en funciones.
Es cierto lo que dicen Bauman y Donskis, hay una acentuada y casi suicida “ceguera moral”, podríamos decir que estamos normalizando lo que antes cabía en una categoría que conocíamos como “el mal”.
¿Cómo definen estos estudiosos esa “ceguera moral”? Sin retoques «es el comportamiento cruel, inhumano y despiadado o bien (como) una postura ecuánime indiferente adoptada y manifestada hacia las tribulaciones de otras personas». O como lo precisa otro autor: “El mal reside en la normalidad e incluso en la banalidad y trivialidad de la vida cotidiana de las personas corrientes más que en los casos anormales y patológicos”. Urteaga, Eguzki; (2015). Ceguera moral. La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida. Reflexión Política, Diciembre-Sin mes, 160-165.
¿Quién en realidad se escandaliza por casos como los anteriormente mencionados, qué tanto nos impulsará, como sociedad, a condenarlos y evitar que se sigan presentando? ¿Qué no es “normal” que nuestros políticos roben, mientan, maten o sean cómplices de grupos criminales?
Bajemos al nivel de taquería. ¿Cuántos justificaron los golpes a una mujer que tenían acorralada varios machos? Que si “seguramente” estaba ebria, que “posiblemente” se les puso al tiro y por eso la golpearon. Que “a lo mejor” no quería pagar la cuenta. ¿Qué no había otra forma de resolver un problema, cualquiera que haya sido?, llamar a la policía parece buena opción, exhibirla en las redes sociales, ya que estamos perdiendo cualquier posibilidad de discreción, recurrir a sus acompañantes para pedir el pago, bueno, habría muchas otras opciones, pero ¿golpearla de forma tan cobarde y todavía justificarlo?
Otro caso reciente, el “vengador” que después de un asalto a un transporte público mata a 4 rateros, ¿no tenía otra opción? Era el único con un arma de fuego real, pudo haberlos detenido con la ayuda de los otros pasajeros, entregarlo a las autoridades, grabar la entrega y darle seguimiento al caso para que no los liberaran hasta cumplir su condena, exhibirlos para incrementar las denuncias, pero ¿dispararles a sangre fría y todavía rematarlos con una bala en la cabeza?
Regresando al inicio de este texto, Bauman y Donskis tienen la esperanza de que existe un entramado social e institucional para identificar y diferenciar a los monstruos de las personas normales, para protegernos contra ellos; pero en este país vivimos en el peor escenario posible porque ni siquiera eso tenemos, y entonces, a las personas normales que se convierten en delincuentes porque su entorno inmediato se los permite y exige, hay que sumar a los malos que nadie detecta y detiene.
Como nota aparte, no hay que conflictuarse por lo que dicen las estadísticas respecto de la presunta popularidad de los candidatos presidenciales estadunidenses, que también tiene sus propios monstruos, en esa “democracia moderna”, como en cualquier otra, los que en realidad deciden son las grandes corporaciones y sus multimillonarios propietarios, y darán color hasta el día de la elección, mientras, solo observan cómo reacciona la economía a los diferentes escenarios posibles.
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FORZADO CAMBIO GENERACIONAL
Joaquín Córdova Rivas
Envejecer no es malo, siempre y cuando se haga con dignidad. Nuestras sociedades tecnológicamente avanzadas creen poder arreglarlo todo, su soberbia nos lleva a querer disfrazar el paso del tiempo, negarnos a notar las arrugas, los músculos flácidos, las canas o la calvicie, la pérdida de rapidez y el equilibrio, también la memoria pierde datos que creíamos imborrables y que repentinamente se esconden en el laberinto neuronal.
Por eso nos aseguramos que las generaciones siguientes tengan acceso a los conocimientos alcanzados por las anteriores, que no se pierda ese legado de costumbres, tradiciones, de la ética que trasciende al paso del tiempo. Pero esa continuidad aparente parece romperse cuando las generaciones nuevas creen que saber lo más reciente es saberlo todo. Y entonces desprecian la experiencia, la consideran un fardo innecesario, creen que se pueden saltar la historia porque es algo que ya pasó. Por lo mismo son esclavos de un presente que no entienden y de un futuro que no existe, porque cuando llega deja de serlo. Quieren exprimir cada instante y por lo tanto se vale probarlo todo, no se dan cuenta que el apresurarse en vivir los vuelve viejos prematuros y amargados, aunque por fuera parezcan jóvenes.
Tampoco se trata de exaltar la gerontocracia, pero, como curiosa paradoja, la excelencia en las artes y la ciencia llega a edades cada vez mayores, allí están los ganadores de los premios Nobel de cada año, muchos son septuagenarios, octogenarios y hasta nonagenarios; sean de Química, Física o Literatura. Hasta en las listas musicales de popularidad siguen apareciendo los longevos ruckeros de los Rolling Stones, los de Pink Floyd, los viejitos de Who y muchos otros más. Algunos de los estudiosos de las ciencias sociales, de los que hemos echado mano para explicar esta actualidad que se nos escapa, también tienen su cúmulo de años, por ejemplo Zygmunt Bauman tiene más de 90 años y sigue explicando esta líquida realidad.
Pero lo anterior pudiera revelar que estamos en una sociedad de extremos, una generación “joven” que quiere comerse la vida sin saber masticarla, y una generación muy vieja que se da su tiempo para digerir todo lo vivido. En medio parece haber una generación de transición, con el ansia de vivir de una y la desesperación por acumular conocimiento de la otra, quizás sin lograr plenamente ninguna de las dos.
Pero dejémonos de elucubraciones, nuestra casta política parece estar viviendo un cambio generacional poco terso, los políticos tradicionales están siendo bruscamente desplazados por los fuereños que no logran identificarse con los usos y costumbres locales, es más, las perciben como obstáculos para el precipitado relevo generacional que pretenden, porque saben que de eso depende su permanencia en el poder local.
Lo que aparece como simples anécdotas puede estar encubriendo ese disparejo cambio. No parece casual que la pretendida aristocracia queretana haya abandonado los territorios que le daban identidad, sin darse cuenta perdieron cohesión cuando dejaron el centro histórico para irse a las colonias “modernas”, tampoco reaccionaron cuando sus indispensables aficiones taurinas se mudaron de una avejentada Plaza Santa María a otra sin prosapia ni la tradición que a esta le sobraba. Ahora, que vuelven a perder el poder, porque ya habían recibido una severa advertencia cuando los fuereños les arrebataron la gubernatura y la presidencia municipal de Querétaro, se muestran desconcertados porque sus “costumbres y tradiciones”, como las tempranas y cuantiosas jubilaciones, no fueron respetadas, e incluso estuvieron a punto de ser tratados como simples delincuentes.
A la aristocracia queretana ya le queda grande el estado, sus relevos no aspiran a ser mejores, simplemente a desplazarlos con todas las canonjías que eso implica, lo peor es que a los juniors de las familias tradicionales no parece interesarles esa obsesión por unos antepasados venidos de una madre patria venida a menos, tampoco asistir a alguna de sus universidades teniendo más cerca a las anglosajonas de nuestros vecinos del norte, eso de peregrinar cada año o tantos meses a un pueblito español no es atractivo en un mundo donde el avance tecnológico está en otras latitudes. El traslado de los intereses de una generación con respecto a la otra se ve hasta en los suplementos de sociales de los grandes diarios. Los apellidos poco conocidos pero cada vez más poderosos desplazan a los que creíamos serían “los mismos de siempre”.
Falta saber si ese cambio generacional tiene éxito, obvio decir que está topando con resistencias que, al sentir tocados sus intereses, puedan aglutinarlos y regresar por la venganza en los próximos procesos electorales, si es que eligen la vía institucional y más o menos pacífica. Como sea, al queretano común y corriente no tiene porqué interesarle esa disputa interna, sólo quiere respeto a los derechos humanos, paz y tranquilidad social, empleo seguro, salud y vida digna con todo lo que implica, y un estado de derecho que sea parejo y no esté tandeado a los mismos poquitos de siempre, aunque estén peleados.
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sábado, 14 de mayo de 2016
TRUMP Y LA MALA EDUCACIÓN
No hay aprendizaje, a un escándalo anterior se suman otros más y ninguno se resuelve; lo peor, faltan más ya anunciados pero perversamente administrados. Alguien está sacando raja de los múltiples errores, pero no hay beneficio para la población en general, sólo para los que tienen capacidad de espiar, exhibir y negociar su silencio.
Lo mencionamos en textos que parecían tempraneros, el señor Donald Trump no es ningún payaso, representa la reacción, quizás tardía, del habitante promedio estadunidense a los efectos locales de la política neoliberal. Hace más tiempo todavía señalamos lo dicho por estudiosos sociales respecto de los tratados de libre comercio, por ejemplo, Zygmunt Bauman, que tomando como caso el Tratado de Libre Comercio de América del Norte —TLCAN— firmado durante el salinato entre México, los Estados Unidos y Canadá, revelaba su peculiar integración. Palabras más o menos decía que todo acuerdo de este tipo tenía que ser asimétrico, que beneficiaba más a unas partes sobre las otras y por tanto no podían ser equitativos, que siempre habría quien tendría como función principal aportar mano de obra abundante, barata y dócil para producir lo que los otros países consumirían. En nuestro caso no sólo suministramos eso, también les damos recursos naturales y energéticos tan baratos que los volvemos incosteables, cortando de tajo cualquier ventaja que pudiéramos tener.
Un sistema económico que requiere del consumo desmedido para prevalecer, también tiene crisis y límites. Es una economía irreal porque pretende romper la barrera de los ingresos de los consumidores otorgando créditos que a final de cuentas resultan impagables, nada más recordar los casos de ENRON, la crisis inmobiliaria que arrastró a las grandes compañías como Fannie Mae y Freddie Mac, que además evidenciaron la fraudulenta evaluación que hicieron y hacen grandes compañías como Lehman Brothers y Merrill Lynch, que se atreven a calificar la deuda de países, estados y municipios. Pero esa es otra historia.
Para Querétaro y otros estados del país cuya economía regional se basa en las manufacturas para compañías trasnacionales, que en cualquier momento pueden cambiar de ubicación y que gozan de exenciones fiscales, accesos a autopistas, ramales ferroviarios, aeropuertos de carga, puertos, agua casi ilimitada, energía eléctrica y demás que exijan y necesiten, las pretensiones de Donald Trump para limitar o cancelar el TLCAN son desastrosas. Si ya estamos con la amenaza de que el avance tecnológico logre robotizar las líneas de producción de las maquiladoras y volver obsoletos a los obreros poco calificados —que son la mayoría—, enviándolos directamente al desempleo, “castigar” a las empresas norteamericanas que muden su producción de allá para acá, o limitar el acceso al mercado norteamericano de lo aquí fabricado por empresas coreanas, francesas, o del país que sea, sería devastador en lo inmediato.
Para provocar el caos los republicanos ni siquiera necesitan ganar, la simple posibilidad de que puedan acceder a la presidencia de nuestro vecino del norte ya produce efectos indeseables. Y no porque seamos partidarios de ese tipo de acuerdos comerciales, donde llevamos la peor parte, sino porque cualquier cambio no planeado en las condiciones actuales nos tomaría, valga la expresión, con los pantalones en las rodillas. Y nuestra clase política para nada muestra el talento mínimo para ver lo que se viene, es más, ni le interesa. Para el norteamericano WASP —blanco, anglosajón y protestante— quizás sea la última elección presidencial en que sea mayoría y no querrán perder la oportunidad para vengarse de lo que su propio estilo de vida ha producido: constantes crisis económicas, la casi desaparición de sus ciudades-fábricas, la amenaza creciente del desempleo, la pobreza de gran parte de su población que se esconde dentro de sus estadísticas oficiales y, el mayor de los males, convertirse en minoría poblacional por el crecimiento demográfico de sus minorías raciales, por eso les urge la deportación masiva y el impedir el acceso por su frontera sur. Por eso no se les ha ocurrido construir un muro en su frontera con Canadá, una de las más porosas del mundo. Curioso, la democracia ha llevado al gobierno al nacionalsocialismo de Hitler, al fascismo de Mussolini y hasta a dictadores militares, hay que preguntarse porqué.
Para dilucidar lo anterior hay que recordar que es la fecha para prestigiar la labor docente, tan golpeada por nuestro gobierno, que no entiende que no entiende, hay poco espacio así que recurriremos a la filósofa norteamericana Martha Nussbaum: «Cambios radicales se están produciendo en lo que las sociedades democráticas enseñan a los jóvenes, y estos cambios no han sido bien pensados. Ansiosas de lucro nacional, las naciones y sus sistemas de educación, están descartando descuidadamente habilidades que son necesarias para mantener vivas las democracias. Si esta tendencia continúa, las naciones de todo el mundo pronto estarán produciendo generaciones de máquinas útiles, en lugar de ciudadanos completos que puedan pensar por sí mismos, criticar la tradición y entender el significado de los sufrimientos y logros de otra persona. ¿Cuáles son estos cambios radicales? Las humanidades y las artes están siendo eliminadas, tanto en la educación primaria/secundaria como en la técnica/universitaria, en prácticamente todas las naciones del mundo, vistas por los responsables políticos como adornos inútiles, en momentos en que las naciones deben cortar todas las cosas inútiles con el fin de mantener su competitividad en el mercado global, éstas están perdiendo rápidamente su lugar en los planes de estudio y también en las mentes y corazones de padres y niños. De hecho, lo que podríamos llamar aspectos humanísticos de la ciencia y las ciencias sociales —el aspecto creativo imaginativo y el aspecto del pensamiento crítico riguroso— también están perdiendo terreno, debido a que las naciones prefieren perseguir beneficios a corto plazo cultivando habilidades útiles y altamente aplicables, adaptadas a fines lucrativos.» Párrafo del discurso que la filósofa norteamericana Martha Nussbaum pronunció el jueves 10 de diciembre de 2015 al recibir el doctorado honoris causa por parte de la Universidad de Antioquia.
Por eso el rechazo a la actual reforma educativa mexicana, que no se limita a la grave pérdida de derechos laborales, también tiene que ver con el presente y futuro de nuestra democracia.
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sábado, 2 de abril de 2016
SITIADOS
No se puede esperar más. De este lado hay desesperación, indignación, vergüenza, hartazgo, incertidumbre, porque a pesar de los esfuerzos todo va de mal en peor y no se avizora mejora alguna; del otro lado, sólo se perciben las ganas de que todo siga igual, y si para eso hay que despojar a la población de cualquier salida o esperanza, se vale utilizar toda la fuerza del estado para “domar su voluntad”.
Se nos quiere hacer creer que hay que aguantar, que las cosas no están tan mal como casi todos las sentimos en carne propia y ajena, que es un problema de “percepciones”, que quienes disienten de la versión oficial son subversivos, malandrines y malos ciudadanos que se dejan influenciar por la realidad. En el texto de la semana anterior expusimos lo que los datos soportan: que la impunidad campea en nuestro país, que la corrupción la acompaña y beneficia a los mismos de siempre, que se utiliza la violencia “legal” o de la delincuencia “organizada” desde el poder para infundir miedo y paralizarnos. Parafraseando al sociólogo Zygmunt Bauman, nuestra sociedad está “sitiada” y es permanentemente atacada desde todos los frentes posibles.
Lo decimos desde las tribunas que nos quedan y que seguimos construyendo, desde organizaciones como Amnistía Internacional, como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, como Eureka, como los comités de familiares de desaparecidos, secuestrados, ejecutados, extorsionados; como la coordinadora de organizaciones alternativas, como los colectivos de artistas, de minorías sexuales, de discapacitados y todo lo que recuerde en este momento. Porque los medios siguen siendo propiedad del poder y aun así el dolor y la canija realidad se cuelan. Un año sin el noticiero de la periodista que con su equipo de reporteros e investigadores denunció la casa blanca, la de Malinalco, los cotidianos y escandalosos tráficos de influencias y dineros públicos, y lo anterior es apenas una muestra.
«La crisis de corrupción, inseguridad, violaciones a los derechos humanos y conflicto de interés no ha convertido a México en un Estado fallido, sino en un Estado “esquizofrénico” en el que funcionarios y jueces ganan salarios equiparables a los de importantes empresarios de Suiza, pero con resultados de naciones como Sudán. Así lo consideró Edgardo Buscaglia, director del International Law and Economic Development Center e investigador principal en Derecho y Economía en la Universidad de Columbia en Estados Unidos.» Así resume la revista SinEmbargo —11 de marzo del 2015 http://www.sinembargo.mx/11-03-2015/1276842—, la entrevista que Juliana Fregoso le hace al analista latinoamericano, con amplia experiencia en el caso de México. Hace un año y con toda la razón que dan las cifras, que apenas logran reflejar un poquito de lo que sucede, advertía: «–México está viviendo una crisis que desde hace varios años va empeorando. En un país promedio de América Latina, como hacen Bolivia, Argentina o Brasil, la sociedad civil ya se hubiera organizado y hubiera paralizado al país, porque no hay tanto dinero del gobierno hacia la sociedad civil para mantenerla adormecida. México tiene esa combinación de terror y flujos patrimoniales de corrupción hacia lo político y hacia la sociedad civil que son improcedentes en América Latina, lo que adormece a la sociedad civil. –¿Esta situación agrava problemas como la corrupción y el Estado de Derecho? –Las autoridades están tratando de resolverlo todo con detenciones gestionadas, mediáticas y están tratando de generar chispazos. Todo es mediático para esta gente. Viven bajo la convicción de que la imagen que ellos venden a través de sus firmas consultoras determinan la realidad. Es una postura cínica la que tienen. –Desde el tema “casa blanca” parece que hubo un divorcio entre los mexicanos y el gobierno, ¿esto se ha ido agravando? –Los indicadores de gobernabilidad como el del Global Financial Integrity Report (Reporte Global de Integridad Financiera) ya colocan a México entre los países con mayores colapsos de gobernabilidad dentro de los estados medianamente funcionales y eso dice mucho. En México hay cantidades cuantiosas de dinero comprando a la sociedad civil continuamente, intentado reparar daños extrajudicialmente. Las víctimas acuden a la prensa para adquirir un alto perfil mediático y que no las puedan asesinar. En un país con tanto flujo de dinero donde tienes a los ministros de la Suprema Corte mejor pagados del planeta, ganando más de 50 mil dólares al mes, diputados y senadores ganando sueldos de empresarios poderosos europeos y sociedad civil de amigos recibiendo cifras cuantiosas, la sociedad no reacciona y no genera los cambios que queremos que se generen.»
Cambiar el estado de cosas difícilmente aguantará, para muchos, hasta el proceso electoral federal del 2018, que es la fecha que el propio sistema se está dando para seguir asfixiando los intentos de protesta u organización que le puedan mover el piso. Además, se estaría jugando con sus reglas e instituciones amañadas, con su legalidad perversa, con su poder amafiado, con sus partidos infectados del virus del cinismo y la complicidad. Urgen organizaciones sociales serias que no caigan en el juego cooptador de esta clase política fascinada por verse el ombligo y encontrar allí propiedades mal habidas, desvíos de dinero público, contratos inflados hasta lo que pareciera imposible, sus carros de lujo y colección resguardados por guaruras prepotentes como sus dueños, los lujos estúpidos con que miden su falsa importancia y su escasa cultura.
Sí hay soluciones, pero no serán fáciles de lograr, pero ya se antoja más difícil seguir soportando tanto abuso, el costo personal, familiar, social de hacer oídos sordos y ojos ciegos es muy alto, más alto que no hacer nada. Ya no existe el consuelo de pensar y decir que las cosas no pueden estar peor que lo que están ahora, porque a cada rato rompemos esos límites y seguimos cayendo en el vacío de la aparente impotencia y la desesperación. Viene un lapso de tiempo apto para la reflexión, no para seguir sufriendo como pretenden algunos, sino para encontrar caminos transitables para todos, o casi todos.
Ya fueron varias llamadas, ojalá y hagamos caso, que el futuro inmediato tenga remedio.
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viernes, 4 de septiembre de 2015
LA REBELIÓN DE LOS DESECHABLES
“Más que en ningún otro momento de la historia, la humanidad se encuentra ante una encrucijada. Un camino conduce a la desesperación y a una mayor desesperanza. El otro, a la extinción total. Recemos porque se nos conceda la sabiduría para elegir correctamente…”. Woody Allen.
Así es, parece que no hay salida, este sistema económico globalizado ha destruido cualquier base de solidaridad humana, cada quien debe rascarse con sus uñas, cualquier fracaso es individual y con ello nuestros políticos, empresarios y dirigentes religiosos se zafan de cualquier responsabilidad o ánimo de arrepentimiento. Lo curioso es que podemos leer desde la misma perspectiva eventos aparentemente desconectados, separados geográficamente pero estrechamente ligados por el contexto histórico. Pasa con las oleadas incontrolables de indocumentados, sin papeles, posibles refugiados que asedian las fronteras europeas y las de nuestros vecinos del norte. Pasa dentro de fronteras que apenas sirven para querer deshacerse de problemas comunes, pero que insistimos en hacer pasar como exclusivos de una región o país en particular. Es lo que sucede con las reformas estructurales que en países como México nos lanzan, no al desarrollo, sino a la devastación humana y de la naturaleza.
No, Donald Trump no es un payaso, es el más acabado representante del neoliberalismo galopante que padecemos, ese que carece de cualquier asomo de empatía, de consideración por los demás porque los rebaja a categorías humillantes y humilladas. Lo peor es que tenemos la mata de esa forma de pensamiento y acción pegada a nuestra frontera de más de 3 mil 152 kilómetros, dejándonos el triste papel de contener, por la fuerza legal e ilegal, el asedio de nuestros compatriotas, de los centroamericanos y hasta asiáticos desesperados que ilusoriamente aspiran a una vida mejor.
¿Qué es lo que piensan desde esos guetos favorecidos por una economía que produce diario miles de pobres mientras concentra la ganancia en poquísimos híper ricos? “Innecesarios, indeseables, abandonados… ¿qué lugar les toca? La respuesta más concisa es: fuera de la vista. Primero hay que sacarlos de la calle y de los otros lugares públicos que usamos nosotros, los residentes legítimos del valiente mundo consumista. Si por azar se trata de recién llegados y sus permisos de residencia no están en perfecto orden, podemos deportarlos más allá de nuestras fronteras, expulsándolos físicamente del universo de protecciones legales debidas a quienes gozan de derechos humanos. Si no se encuentra una excusa para deportarlos, se les puede encerrar en cárceles lejanas o en campos de refugiados, casi siempre en lugares semejantes al desierto de Arizona, barcos anclados lejos de las rutas de navegación o prisiones de alta tecnología altamente automatizadas, donde no ven a nadie y donde nadie, ni siquiera un guardiacárcel, los verá de frente y cara a cara con mucha frecuencia […] Los pobres, además de ser desterrados de las calles, también pueden ser desterrados de la comunidad humana reconocible: del mundo de los deberes éticos. Esto se consigue reescribiendo sus historias en el idioma de la perversión y no en el de la privación”. Vida de Consumo. Zygmunt Bauman. FCE 2007.
Una tragedia humanitaria que no se detiene, al contrario, cada vez desnuda con mayor crudeza los efectos de una economía inequitativa, sin misericordia ni asomo alguno de justicia. Como advertían ya hace algunos años personajes como José Saramago, tal parece que alguien decidió que un porcentaje significativo de la humanidad es desechable, prescindible, borrable, por eso a nadie le interesa intervenir en las crisis humanitarias como las que fotografía y denuncia magistralmente Sebastiao Salgado en su documental La Sal de la Tierra.
«Así es que, cada vez más, los refugiados se encuentran atrapados entre dos fuegos; más exactamente, en una paradoja. Si bien se les expulsa a la fuerza de su país de origen, o se los atemoriza para que huyan, no se les permite la entrada a ningún otro. No cambian de lugar; pierden su lugar en la tierra, son catapultados hacia la nada, a los non-lieux de Augé o las nowherevilles de Garreau, a los Narrenschiffe de Michel Foucault, a la deriva hacia “un lugar sin lugar, que existe por sí mismo, que está cerrado sobre sí y a la vez entregado a la vastedad del océano […] Los refugiados se han convertido en una semblanza caricaturesca de la nueva élite del mundo globalizado, en el epítome de la extraterritorialidad en la que se asientan las raíces de la actual precarité de la condición humana, la principal fuente de temores y angustias de la humanidad actual». La sociedad sitiada, Zygmunt Bauman.
Alguien podría preguntar ¿cómo se expulsa o se desplaza a alguien de su propio país o de su propia tierra? La respuesta la tenemos a simple vista: con un modelo económico que favorece la desigualdad, que propicia el bajo desarrollo y el desempleo, que no educa sino adiestra, que produce pobres, que vuelve inseguro el trabajo, que minimiza el ingreso, que limita el acceso a los servicios sociales básicos privatizándolos; que concesiona grandes extensiones de tierra a compañías mineras, madereras y demás desplazando a los pueblos originarios; que permite la destrucción de grandes extensiones de cultivos por la vía de permitir la entrada de semillas transgénicas, que hay que pagar con cada siembra porque no se reproducen por sí solas, destruyendo la biodiversidad nativa; que deja al mejor postor sus fuentes de energía; que tolera la corrupción, el crimen organizado y la violencia como complementos a sus reformas estructurales; que devalúa su moneda y que sólo se fija en el “equilibrio macroeconómico” valiéndole gorro la calidad de vida de sus ciudadanos, que para eso estamos, para exprimirnos y volvernos desechables.
Por allí vamos y algunos irresponsablemente lo festejan: “En total, son 13 reformas estructurales, que constituyen una nueva plataforma para el crecimiento y el desarrollo sostenido de nuestro país. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos ─la OCDE─, México es el mayor reformador de los últimos dos años, entre las 34 economías que integran ese organismo. Por eso hoy podemos decir, con orgullo, que México se mueve hacia adelante. Juntos, estamos avanzando hacia las grandes metas nacionales que nos trazamos.” Tercer Informe de Gobierno EPN.
Pero esos desplazados, esos desechables se están haciendo visibles, pelean por lo único que les queda, su propia vida y la de sus hijos, por un futuro que se les niega, por una humanidad que los excluye y los ignora sin saber, que pronto, de seguir así, casi todos seremos desechables.
“Ya no habrá más estatuas de la libertad que prometan cobijar a las masas abandonadas y oprimidas”. La sociedad sitiada. Zygmunt Bauman.
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viernes, 11 de julio de 2014
INFANCIA NEOLIBERAL
“Los más desposeídos, los más carenciados, son quizás quienes han perdido la lucha simbólica por ser reconocidos, por ser aceptados como parte de una entidad social reconocible, en una palabra, como parte de la humanidad”. Pierre Bourdieu, Meditaciones Pascalianas.
Era lógico y se veía venir, es parte del funcionamiento “normal” de un mundo globalizado a la manera neoliberal. No hacía falta ser un gran analista o teórico, las evidencias estaban hasta en la literatura y la cinematografía. Basta recordar Voces Inocentes de Luis Mandoki, que retrata las consecuencias, que sobre nuestros infantes tienen las guerras civiles propiciadas por nuestros vecinos del norte para conseguir gobiernos dóciles y seguir explotando las materias primas de nuestro subcontinente. La reciente Jaula de oro de Diego Quemada-Díez. También la secuela que intenta penetrar en ese inframundo existencial de las pandillas juveniles, que no encuentran más salida que la autodestrucción y la violencia cotidiana, los “mareros”.
No se vale fingir sorpresa, las señales estaban allí y tienen décadas, pero preferimos no verlas hasta que adquirieron los tintes públicos de una crisis humanitaria. La migración ya es percibida como la única salida a la miseria, a la inseguridad, a la falta de un presente y un futuro dignos de ser vividos. Pero tuvo que venir el regaño, poco simulado de las desbordadas autoridades estadunidenses, presionando a los gobiernos disque soberanos ubicados al sur de su frontera, para que cerraran sus puertas o, al menos, impidieran que miles de niños que viajan solos lleguen hasta su territorio. Su respuesta “humanitaria” ante tal arribo los caracteriza mejor que cualquier cosa: el internamiento, en condiciones de hacinamiento para quienes osan llegar sin su permiso a la “tierra de las oportunidades”.
Ahora sí, como apuntan los estudiosos, Zygmunt Bauman por ejemplo (Vida de consumo), en este sistema individualista: “Las sociedades nunca se avergüenzan ni pueden hacerlo: la vergüenza sólo es imaginable como un estado individual”. Y entonces cualquier responsabilidad social desaparece, todo es culpa de los individuos, de esos niños aventureros y desagradecidos que no miden el peligro, que abandonan sus familias y países nada más por ocurrencia. Más claro, por si hace falta y cortesía del mismo Bauman: “La tan repetida aseveración de que “éste es un país libre” significa lo siguiente: el tipo de vida que uno desea vivir, cómo decide vivirla y qué elecciones hace para lograrlo dependen de uno, y es uno el único culpable si todo eso no conduce a la tan añorada felicidad. Sugiere que la alegría de la emancipación está íntimamente entrelazada con el horror de la derrota”. Pero el autor se refería críticamente a los adultos atrapados en esa ilusión voluntarista, fabricada artificialmente para deshacer cualquier intento de responsabilidad social, colectiva. No a niños que no tienen por qué estar tomando ese tipo de decisiones extremas, que tendrían que estar protegidos por un sistema social que les garantice cuidado, salud, educación, posibilidades ciertas de desarrollo. La migración infantil es una muestra más, de que el sistema económico y social neoliberal, de capitalismo salvaje ─como si existiera otro─, es inviable sin su cauda de desigualdades y sacrificios humanos masivos, todo en aras de una ilusoria libertad individual que sólo ejercen los que tienen los medios para hacerlo. Y entonces sólo viven, a su tierna edad “el horror de la derrota”.
Incluso se les niega la pertenencia a una clase social, se les define como una “infraclase”, así la describen autores como Herbert J. Gans: “Esta definición conductista abarca a los pobres que abandonan la escuela, no trabajan, y en el caso de las mujeres jóvenes, a las que tienen bebés sin el beneficio del matrimonio y dependen del bienestar social. La infraclase definida por su comportamiento incluye también a los sin techo, los mendigos y pordioseros, los pobres adictos al alcohol y a las drogas y a los delincuentes callejeros. Como el término es flexible, los pobres que viven en “viviendas sociales”, los inmigrantes ilegales y las pandillas de adolescentes suelen incluirse en esa categoría”. Y ahora hay que incluir a los niños.
Esa migración infantil es forzada, no deseada. Es el último recurso de los niños desesperados a la vez que presionados para asumir un rol social que no les toca, por absorber responsabilidades que los adultos no somos capaces de resolver. Todo eso nos lo recuerdan y preferimos voltear la mirada hacia otro lado, volvernos ciegos, indiferentes. Sabemos que nadie buscará integrarlos a sociedades que cargan con sus propias carencias o que viven la ilusión de las oportunidades individuales, casi mágicas: “Los refugiados traen consigo los lejanos ruidos de la guerra y el hedor de los hogares miserables y las ciudades derruidas que no pueden sino recordarles a los establecidos cuán fácilmente el cascarón de la rutina segura y familiar (segura por lo familiar) podría ser horadado o aplastado”. Zygmunt Bauman. La sociedad sitiada.
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viernes, 31 de enero de 2014
FELIZ OBSESIÓN
Cada grupo social de acuerdo a su desarrollo cultural, a sus tradiciones y costumbres, a sus creencias ancestrales y adquiridas, a sus valores compartidos, tenía sus propias ideas sobre conceptos abstractos que son importantes, como la honestidad, el amor, la justicia, la felicidad. Pero hay procesos que tienden a desaparecer esa diversidad e imponer una sola forma de ver y sentir el universo del que somos parte. La globalización propiciada por los avances científicos y tecnológicos recientes cumple con lo anterior.
Parece una obsesión de nuestra civilización occidental el querer ponerse como meta la felicidad de los ciudadanos, se supone que todo nuestro aparato institucional ─gubernamental, económico, religioso y demás─, debe estar orientado hacia tal fin. Aun así, en octubre del año pasado, el imperio norteamericano se burló del presidente venezolano cuando creó, entre otros muchos, el viceministerio de la “suprema felicidad social del pueblo”. No pocos lo calificaron de una locura más, olvidándose de que existen organizaciones internacionales que pretenden medir tal emoción. Por ejemplo, la agencia IPSOS midió la felicidad de los países de la unión europea y encontró que “La media europea de ciudadanos que dice ser feliz se sitúa en el 73 por ciento, con los suecos a la cabeza, seguidos de los belgas (82 por ciento), británicos (80 por ciento), franceses (79 por ciento), alemanes (77 por ciento) e italianos (69 por ciento)”, con los españoles en el último lugar con apenas el 59 por ciento (http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/sociedad/espanaa-cola-felicidad-union-europea-20140128). Otro más, apenas el 29 de enero de este año la empresa española Adecco presenta los resultados de su cuarta encuesta llamada “la felicidad en el trabajo”, los mismos resultan ajenos al presente texto, basta mencionar que hay empresas y gobiernos que buscan medir tal cosa. Cercano a nuestros afectos porque acaba de otorgársele la máxima condecoración mexicana a una persona de otro país, el presidente uruguayo José Mujica advirtió, en un discurso que no tiene desperdicio y que vale la pena conocer (http://www.frenteamplio.org.uy/node/9505): “Tenemos que integrarnos por nuestro propio desarrollo, pero este no es solo sumar riqueza, aumento del consumo, es la lucha por la felicidad humana. La única cosa trascendente para cada uno de los seres humanos es la vida real y concreta y esta no se puede esclavizar, no se debe perder y es la meta de cada ser y no puede intentarse un desarrollo contra la felicidad humana. Eso no sería desarrollo”.
¿Qué nos hace felices en este mundo que tiende a la estandarización, que presume de una libertad absoluta donde todo se vale porque todo se puede? Desde la sociología hay posibles respuestas que vale la pena considerar: “He recogido material de diferentes investigaciones sobre la idea común que relaciona felicidad y riqueza. Cuando aumenta el PIB, aumenta la felicidad. Y se dice que la gente que gana más parece más feliz. Pero hoy sabemos que la felicidad no se mide tanto por la riqueza que uno acumula como por su distribución. En una sociedad desigual hay más suicidios, más casos de depresión, más criminalidad, más miedo. O sea que la afirmación de que la riqueza de unos nos beneficia a todos es doblemente errónea. Por un lado, no es verdad porque para eso la gente tendría que invertir su riqueza, cosa que no ocurre siempre, y por otro, porque no revierte en más felicidad porque, como hemos dicho, la felicidad depende de la igualdad, de la equidad”. Zygmunt Bauman en entrevista con el reportero Cristóbal Manuel de El Clarín con motivo de la presentación en español de su libro ¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos?
Hasta nuestra sociedad queretana, tan conservadora y bien intencionada, está alarmada por la cantidad de ciudadanos que prefieren el suicidio a seguir luchando por una felicidad que está fuera de su alcance, hay que considerar que ese comportamiento extremo es apenas la punta de algo más amplio y profundo, la depresión que refleja la infelicidad provocada por la brutal inequidad. Por eso, formar comisiones interinstitucionales sólo sirve para fingir que se ataca un problema que en realidad no se atiende.
Ahorita mismo vivimos una situación extrema, causada por la corrupción y complicidad generalizadas, que presenta como una necesidad la pérdida de libertades en aras de una seguridad ilusoria y una felicidad inflada mediáticamente: “Estamos constantemente presionados por dos valores opuestos y necesarios: libertad y seguridad. Seguridad sin libertad nos convierte en esclavos, y si tienes libertad sin seguridad eres una especie de plancton, flotando por ahí, no un ser humano. Los dos extremos son insoportables, hay que combinarlos […] Vivimos en la cultura del consumismo, no es ya simplemente consumo, porque consumir es totalmente necesario. Consumismo significa que todo en nuestra vida se mide con esos estándares de consumo. En primer lugar el planeta, que es visto como un mero contenedor de potencial explotable. Pero también las relaciones humanas se viven desde el punto de vista de cliente y de objeto de consumo. Mantenemos a nuestro compañero o compañera a nuestro lado mientras nos produce satisfacción, igual que un modelo de teléfono. En una relación entre humanos aplicar este sistema causa muchísimo sufrimiento. Cambiar esta situación exigiría una verdadera revolución cultural. Es normal que queramos ser felices, pero hemos olvidado todas las formas de ser felices. Solo nos queda una, la felicidad de comprar. Cuando uno compra algo que desea se siente feliz, pero es un fenómeno temporal”.
Es tiempo de recuperar esas otras formas, que ya olvidamos, de ser felices. Nuestro sistema educativo, no sólo el escolar, debería estar enfocado en esa dirección, ahora se limita a producir frustraciones y desgracias. Pero los cambios propuestos caminan en sentido contrario porque refuerzan un modelo de desarrollo depredador e infeliz. La meta allí está, parece que ser feliz es una tarea social que nos rebasa como individuos. La felicidad, para ser tal, debe ser compartida.
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viernes, 25 de enero de 2013
ESPEJITO ¿QUIÉN ES EL MÁS BONITO?
Tanto consenso, tanta aparente unanimidad quiere aparecer como esperanzadora, pero vivir toda una vida sorteando y padeciendo crisis recurrentes nos hace resistentes a los espejismos. Por lo menos a los cincuentones nos pasa eso, ignoro si las generaciones siguientes ─las más jóvenes─ todavía tengan guardada la duda suficiente como para otorgársela a ese nuevo PRI que sigue firmemente anclado a su pasado.
Apenas a fines del año pasado y principios de este sostuvimos que el partido en el gobierno seguía el mismo camino de siempre: concentrar el poder y solo repartirlo, o aceptar que alguien más lo tenga, si daba la impresión de estar haciendo algún favor. Para ello tiene que maniobrar en el reino de las apariencias, como si fuera la consecuencia natural de las promesas de campaña, como un sustituto de realidades que necesariamente tienen que posponerse porque son deseables pero no posibles.
En la estratosfera política, allá en las alturas, se practica algo que ya tiene nombre, al menos la politóloga Denise Dresser ya le puso nombre, “política de aparador” le llama y es el acaparamiento, un día sí y el otro también, de toda la atención de los medios sobre la figura del presidente de la república, que aparece como el gran hacedor, el gran reconciliador, el gran salvador, el indispensable. Pero eso no es nuevo, en Querétaro lo hemos visto por años, nuestros medios de comunicación, comenzando por la prensa escrita, tenían ─ ¿porqué lo pongo en pasado? ─ que poner en sus ocho columnas cotidianamente al titular del poder ejecutivo estatal o municipal aunque no hiciera nada importante o trascendente, sin importar el partido que gobernara. Los casos más ridículos por obvios eran los anuncios recurrentes de autoridades dando a conocer programas sociales que solo existían en el acto protocolario, en el boletín de prensa, en la pose “espontánea” para la fotografía rodeado de ciudadanos agradecidos. Y después la nada.
De allí la importancia de los casos que logran salir del marasmo informativo a fuerza de constancia, de una desesperante paciencia, de inmerecidas injusticias, esos que desnudan al príncipe en turno y dejan al descubierto todas sus miserias. Son los casos, en su respectivo nivel de escándalo, de Florence Cassez, del indígena mazahua Hugo Sánchez Ramírez, de los campesinos ecologistas reprimidos en diferentes partes del país, de las queretanas solidarias con los migrantes acusadas de tráfico de personas, del par de indígenas amealcenses que solitas disque sometieron y sobajaron a una decena de policías federales, del presunto culpable que tuvo que llegar a los cines de México y el mundo, del “madreado” de plaza de armas, y de tantos otros que se escapan a la tinta y a este espacio; y para allá van los casos del “tortillas” de El Colorado, de Daniel Ramírez de La Griega, de las desaparecidas.
Se quiere que cuenten los espejismos por encima de una terca realidad, la intencional fabricación de percepciones. Pero lo penal es solo un aspecto, los espejos terminan por reflejarlo todo, hasta las desnudeces. El control en un mundo que desaparece muchas de sus fronteras es también ilusorio, momentáneo, que se revierte cada vez más fácilmente. Antes nos veíamos en esos espejos chiquitos porque eran los únicos al alcance, ahora parece la casa de los espejos, esos que había en las ferias y que multiplicaban al infinito y deformaban las imágenes: “nuestra confianza en las estrategias vitales, los modos de conducta, y hasta los estándares de éxito y el ideal de felicidad que, según se nos repetía constantemente en los últimos años, valía la pena perseguir, se han trastocado como si, de pronto, hubieran perdido una parte considerable de autoridad y atracción. Nuestros ídolos, las versiones modernas líquidas de las bestias sagradas bíblicas, se han ido a pique junto con la confianza en nuestra economía”. Así lo plantea el sociólogo Zygmunt Bauman ─ La globalización del miedo, Revista Ñ 30 enero 2012─, habitual visitante de estas páginas.
De allí la necesidad de contrarrestar la soberbia, el control absoluto ya no es posible, aunque para algunos sea un buen negocio. Javier Sicilia, el poeta que está recuperando su voz que también tiene silencios, lo ve claro: “México –no han dejado de mostrarlo los zapatistas y los diversos movimientos sociales que no han dejado de emerger del derrumbamiento de un mundo cuya violencia ha destrozado los significados– está hecho en más de un sentido de los excluidos, es decir, de las víctimas tanto estructurales como de la guerra, de las víctimas que ese mundo que se derrumba no ha dejado de crear y cuyo rostro está condensado en el paliacate y el pasamontañas zapatista. Por lo mismo, México, para resurgir, tiene que contar con ellos. Son esos anónimos, esos excluidos que silenciosa y sorprendentemente tomaron de nuevo las carreteras y las calles de las ciudades, los que pueden, junto con todos los demás, hacer de la noche el día.”
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viernes, 24 de agosto de 2012
DIVERSIDAD CREATIVA
Si algo ha provocado el sistema económico impuesto desde la década de los 80 del siglo pasado, es la increíble variedad en que los grupos sociales han intentado resistirlo, entenderlo y denunciarlo. Los zapatistas mexicanos, el 15M español, el occupy estadounidense, los piqueteros argentinos, los indígenas y campesinos bolivianos, el yosoy#132, los estudiantes chilenos, los indignados griegos, italianos, ingleses; la primavera árabe y ese largo etcétera que estamos viendo y viviendo tienen un origen común, pero como eso posee innumerables tentáculos, a cada quien lo acogota desde ángulos diferentes.
Esos muy diversos movimientos sociales, aún estando desarticulados entre sí, tienen un efecto común, o al menos eso piensan analistas como el sociólogo irlandés y catedrático en la Universidad Autónoma de Puebla en México John Holloway, quien lo explica de manera gráfica: “…podemos entender la idea de las grietas imaginando un lago congelado: estamos intentando romper el hielo, arrojando piedras al lago. Se crean agujeros y grietas, rajaduras, ¿no es cierto? Y del otro lado también están arrojando piedras y por otro lado también, que es un poco lo que está pasando hoy. Va formándose una multiplicidad de grietas que a veces se expanden y otras veces se regeneran, de manera que el agujero puede congelarse otra vez. Pero si las grietas se juntan, se hacen mayores, más potentes. A veces se juntan, se separan otras veces. Yo pienso el movimiento de las grietas como un proceso que incluye coincidencias, pero que no deben ser impuestas a partir de una perspectiva particular. Si yo estoy aquí desde este lado del lago arrojando piedras y veo que usted está haciendo lo mismo de su lado, no tiene ningún sentido que le diga que debería estar aquí conmigo. Es necesario reconocer que las personas están intentando romper el hielo del capitalismo de muchas formas diferentes y tengo que respetar que usted esté ahí. Y respetar implica criticar, una confluencia es importantísima, el diálogo.” (John Holloway entrevistado por Gabriela Moncau y Julio Delmanto. Revista brasileña Caros Amigos de marzo del 2011.)
Pareciera decir que esa desarticulación es real pero no por eso desafortunada, que hace falta dialogar desde cada resistencia, desde cada contexto y experiencia, a final de cuentas se está golpeando y afectando lo mismo. El politólogo y sociólogo de la Universidad Complutense de Madrid Marcos Roitman Roisennman (Revista Ñ, 06 de agosto del 2012), desde su perspectiva, parece mostrar alguna coincidencia: “El movimiento iniciado en la Universidad Iberoamericana por los estudiantes criticando el control mediático de Televisa en favor del candidato del PRI, Peña Nieto, conocido como yosoy#132, en México, no guarda relación con la toma de Wall Street ni con el 15M. Lo genérico, ser hijos de una crisis profunda del capitalismo y su proyecto neoliberal, no debe hacer perder la perspectiva. Cada uno de ellos hunde sus raíces en las estructuras sociales y de poder que le dan vida y explican. No son espontáneos ni surgen de la nada. ¿Cómo sino explicar los piqueteros en Argentina, sin ir más lejos?”
Las críticas al sistema educativo promovido por ese neoliberalismo depredador también son muestras de resistencia desde diferentes perspectivas, allí está el documental Educación Prohibida, al que nos referimos la semana pasada en este espacio. La multiplicidad de análisis refleja esa diversidad de síntomas, pero la causa es la misma, un sistema económico que destruye todo lo que encuentra a su paso, sin visión alguna de futuro, sin solidaridad, sin ética ni moral. Pero que también se defiende y esas defensas apuntan a la uniformidad. Le molesta la pluralidad de pensamiento y de manifestación, todo lo quiere encuadrar en unas nuevas buenas costumbres, en la construcción de falsas buenas conciencias que se escandalicen por el “desorden”, por el “poco respeto a la autoridad”, que promueven el respeto a un marco legal amañado en su aplicación e interpretación; con la intolerancia hacia formas diferentes de expresar y practicar la convivencia social, las preferencias sexuales; que promueve las desigualdades sociales y se escuda en el altruismo corporativo, mientras no le cueste.
Nuestro problema principal es que se encuentra metido en nuestras prácticas cotidianas y en nuestro pensamiento; sin percatarnos lo promovemos y lo defendemos, y terminamos por enfrentarnos. El sociólogo polaco Zygmunt Bauman es más pesimista: “Toda mi vida, y he tenido una larga existencia, siempre he tenido la impresión de que las jóvenes generaciones si se aplicaban al estudio y obtenían buenos niveles de educación, les aguardaba una larga carrera. Las nuevas generaciones comenzaban donde habían terminado las anteriores. Se daba por sentado. Es la primera vez en que la generación más joven tienen las mejores expectativas ─obviamente se refiere a la europea─ (buena educación, idiomas) y ningún futuro. La juventud está cerca de acabar en la cuneta, corre el riesgo de ser redundante […] Como estamos padeciendo una crisis detrás de otra, no prestamos atención a lo que es definitivo: no podemos seguir viviendo como vivíamos, no podemos consumir como antes. Y eso es un hecho. Hay que olvidar de una vez que la felicidad esté relacionada con la adquisición de bienes”. Y parte de ese consumo desmedido y descontrolado está en el mercado de armas, de narcóticos, de seres humanos.
Tenemos que preguntarnos, cuestionarnos, romper con formas de pensar que creemos “seguras” y hasta “trascendentes” cuando son lo contrario, precarios refugios de un egoísmo mal entendido y peor llevado. Comenzamos por uniformar las apariencias, terminamos por querer estandarizar el pensamiento, y eso no se puede. Por lo menos por ahora.
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sábado, 30 de junio de 2012
LA REALIDAD DE LA FICCIÓN
“Estamos rodeados de demasiados juguetes tecnológicos, con Internet, los iPod...La gente se equivocó. Yo no traté de prever, sino de prevenir el futuro. No quise hablar de la censura sino de la educación que el mundo tanto necesita”. Ray Bradbury
Sé que debería estar escribiendo del proceso electoral que formalmente finaliza este fin de semana, de la importancia del día después, de las condiciones de gobernabilidad, de los temas en que, aparentemente, hay consenso, pero debajo de ese galimatías hay temas que son necesarios, que nos sirven para reflexionar y corregir sobre lo andado.
Menos de un mes de que el gran escritor inglés muriera, su preocupación por la educación y la cultura era patente, se nota a lo largo de su obra. Mi generación tuvo, entre otros libros de lectura, el de Fahrenheit 451, la temperatura, en esos grados, en que se quema el papel. Nos sorprendimos con la paradoja de un equipado y entrenado cuerpo de bomberos cuyo trabajo era quemar libros en una sociedad ubicada en un futuro no muy lejano a 1953, año de su publicación. Y es que tener libros estaba prohibido, su contenido producía inquietud, intranquilidad, acicateaba la curiosidad, y eso, en una sociedad planeada hasta en su más mínimo detalle no podía ser tolerado. En cambio, se fomentaban las enormes pantallas de televisión, omnipresentes, siempre dispuestas a dar instrucciones sobre qué hacer, cómo pensar, qué comprar, cómo sentir. Ocupando todo el tiempo y todo el espacio con su incesante parloteo, motivando a las personas a delatar a familiares, amigos, vecinos que tuvieran libros o los leyeran.
El mismo Ray Bradbury lo decía, su novela no era anticipo del futuro, era prevenirlo, evitar que sucediera; porque los libros son importantes, guardan nuestros pensamientos, descubrimientos, sorpresas, sentimientos; son las ayudas de una memoria que tiene límite: “Sin bibliotecas, ¿qué nos quedaría? No tendríamos pasado ni futuro”.
Hoy no quemamos libros, no es necesario; allí están pero casi nadie los toca, no se leen, es que nos hemos vuelto más sofisticados. Prohibir la lectura se vería mal, dejaría al descubierto su objetivo. Lo que hacemos es desalentarla, es decirle a nuestros niños y jóvenes que lean para que constaten que no entienden, que sean capaces de decir los sonidos relacionados con un texto pero ser incapaces de entrar en su significado; que les resulte frustrante, aburrido, inútil leer. Así se culpan ellos mismos, sin entender que están educados para eso.
¿Cuál sería esa educación que preocupaba a Bradbury? La cinematografía reciente se ha ocupado del tema, no solo “de panzazo”, el documental interesado de una asociación claramente ligada a intereses empresariales y televisivos, también sus contrapartes como “un mexicano más”, o las norteamericanas “esperando a superman” o la novedad de “detachment” traducido como “indiferencia”. Desde distintas ópticas, todas tratando el tema de la debacle educativa en diferentes países de este sufrido mundo.
En nuestro México lo vemos con paros y manifestaciones de una parte del magisterio, con elevadas resistencias a una evaluación “universal”, con el fracaso de una prueba como ENLACE que sirve para todo menos para conocer las debilidades y fortalezas de nuestro sistema educativo, con la improvisación de funcionarios de ese sector; con la venta, al mejor postor, de las condiciones de trabajo y los salarios de los profesores, sabiendo que en el paquete se deterioran las condiciones de aprendizaje.
Parece necesario ampliar el enfoque y recurrir a alguien más: “los modelos de la vida buena han pasado hoy a ser la presa de llaneros solitarios, cazadores y tramperos, y se han convertido en uno más de los numerosos botines resultantes de la desregulación, privatización, la individualización y la conquista y la anexión de lo público por parte de lo privado”. Zygmunt Bauman (Mundo Consumo) se percata de que en la sociedad actual globalizada los ciudadanos valen sólo como consumidores, que este rollo neoliberal no sólo nos roba el presente sino que ya se apropió de nuestro futuro, que se ha metido hasta lo más íntimo de nuestras vidas y las ha desarticulado convenciéndonos de que es nuestra culpa, siendo su principal mentira. Nos lamentamos de la pérdida de valores pero pretendemos ignorar que: “Quienquiera que llame a resucitar los gravemente heridos «valores familiares» (y que lo haga sabiendo lo que tal llamamiento implica) debería empezar por esforzarse en reflexionar sobre las raíces consumistas tanto del languidecimiento de la solidaridad social en el lugar del trabajo como del desvanecimiento del impulso por compartir las tareas de atención y el afecto en el hogar familiar”, y agregaríamos que si no avanzamos en resolver asuntos tan básicos el cambio educativo seguirá siendo cuesta arriba y una simulación más.
Debería haber escrito sobre el número de casillas, sobre el esforzado ejército de ciudadanos que participan en este proceso electoral, sobre el IFE y sus capacidades, sobre las desconfianzas y escasas certidumbres, pero no pude.
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viernes, 24 de febrero de 2012
CUESTE LO QUE CUESTE
“Estamos asustados por la fragilidad y la vacilación de nuestra situación social, vivimos en la incertidumbre y en la desconfianza en nuestros políticos e instituciones. Estudiar una carrera ya no se corresponde con adquirir unas habilidades que serán apreciadas por la sociedad, no es un esfuerzo que se traduzca en frutos. Toda esta precariedad se expresa en problemas de identidad, como quién soy yo, qué pasará con mi futuro.” Zygmunt Bauman entrevistado por Ima Sanchís, publicado en Revista Ñ.
Nadie se salva. Es el mundo de todos contra todos. Las ganancias excesivas sólo se pueden lograr exprimiendo a los demás, abusando de ellos, explotándolos al límite, todo en nombre de la eficiencia y la productividad.
Ejemplos hay muchos, nos hemos convertido en un laboratorio en vivo de la aplicación de políticas económicas devastadoras, del medio ambiente, de lo que hemos logrado como humanidad. El progreso como muestra de que los retrocesos pueden disfrazarse de avances, hasta que sea demasiado tarde y no haya vuelta atrás. Allí están países completos fracasando, Grecia y España están de moda, pero antes fueron otros y mañana será cualquiera. Cuando dudamos de la certeza de nuestro futuro, de la pertinencia de nuestros esfuerzos, lo poco que queda se derrumba.
En un espléndido artículo publicado en el New York Times el 25 de enero de este año, los reporteros David Barboza, Peter Lattman y Catherine Rampell, desnudan las nuevas formas de producción en este ambiente donde la globalización está al servicio de los grandes corporativos y en contra de la gente común, comienzan preguntándose si la innovación tecnológica de las grandes empresas de su país benefician al mismo e investigan, como muestra, a Apple y la producción masiva del iPhone: "Las empresas sentían antes la obligación de apoyar a los trabajadores estadounidenses, incluso cuando no era esa la mejor opción en términos económicos", señaló Betsey Stevenson, que se desempeñó como economista jefa del Departamento de Trabajo de EE.UU. hasta septiembre. "Eso ha desaparecido. Las ganancias y la eficiencia se han impuesto a la generosidad." La historia es simple y a la vez aterradora, el genio de Apple Steve Jobs buscó la manera de sustituir las pantallas de plástico de ese artefacto electrónico por las de vidrio, ese cambio aparentemente mínimo llevó a sus ejecutivos a visitar China en búsqueda de opciones a pesar de tener un contrato casi listo con una empresa norteamericana ―Corning. Inc―; una de las características del iPhone es que su margen de ganancia es muy alto, abaratar su fabricación no debería ser prioridad en un sistema mínimamente solidario. Como no es el caso, los ingenieros de la empresa de la manzana encontraron que los chinos habían decidido subsidiar la fabricación de ese tipo de vidrio y que tenían todo preparado: “El gobierno chino había aceptado subsidiar los costos de numerosas industrias, y esos subsidios comprendían a la fábrica de corte de vidrio. La compañía tenía un depósito lleno de muestras de vidrio que ponía a disposición de Apple de forma gratuita. Los propietarios proporcionaron ingenieros prácticamente sin costo. Habían hecho construir dormitorios en el predio, de modo tal que los empleados estarían disponibles las 24 horas del día. La planta china obtuvo el contrato.”
Curioso que en un sistema de supuesto libre mercado se acepte que un país del tamaño de China subsidie áreas de su producción, en teoría eso va en contra del modelito, pero el capital no tiene ética, ni moral, ni buenas costumbres, es más, le estorban para ser exitoso. Ojalá que todo quedara en infraestructura material, pero subsidiar mano de obra significa atentar contra la sobrevivencia de miles y millones de seres humanos: “A 8 horas en auto de la fábrica de vidrio hay un complejo, que se conoce con el nombre informal de Foxconn city, donde se monta el iPhone. Las instalaciones cuentan con 230.000 empleados, muchos de los cuales trabajan seis días por semana y suelen pasar hasta 12 horas diarias en la planta. Más de la cuarta parte de la fuerza de trabajo de Foxconn vive en dormitorios de la compañía, y muchos trabajadores ganan menos de 17 dólares por día […] Foxconn tiene decenas de instalaciones en Asia y Europa oriental, además de en México y Brasil.”
Aquí entra otra parte de lo que dice Bauman en la cita introductoria, estudiar una carrera ya “no es un esfuerzo que se traduzca en frutos”, hasta tener una ingeniería es entrar en el mundo de la precariedad: “Los ejecutivos de Apple habían estimado que necesitarían unos 8.700 ingenieros industriales para el proyecto del iPhone.
Analistas de la empresa habían pronosticado que llevaría 9 meses encontrar tantos ingenieros en los EE.UU. En China, sólo hicieron falta 15 días.” Es decir, esos empleos seguros para la clase media también están desapareciendo, los despidos aparecen como inevitables y la contratación de profesionales con sueldos mucho más bajos es la regla. Mientras encontramos una alternativa hay que saber que: “Hemos trasplantado unos patrones de comportamiento creados para servir a las relaciones entre cliente y producto, a otros órdenes del mundo. Tratamos al mundo como si fuera un contenedor lleno de juguetes con los que jugar a voluntad. Cuando nos aburrimos de ellos, los tiramos y sustituimos por algo nuevo, y así ocurre con los juguetes inanimados y con los animados” ―Bauman―.
sábado, 5 de junio de 2010
EL PENSAMIENTO LÍQUIDO
Hay muchos indicios de que, a diferencia de sus padres y abuelos, los jóvenes tienden a abandonar la concepción "cíclica" y "lineal" del tiempo y a volver a un modelo "puntillista": el tiempo se pulveriza en una serie desordenada de "momentos", cada uno de los cuales se vive solo, tiene un valor que puede desvanecerse con la llegada del momento siguiente y tiene poca relación con el pasado y con el futuro. Como la fluidez endémica de las condiciones tiene la mala costumbre de cambiar sin previo aviso, la atención tiende a concentrarse en aprovechar al máximo el momento actual en lugar de preocuparse por sus posibles consecuencias a largo plazo. Cada punto del tiempo, por más efímero que sea, puede resultar otro "big bang", pero no hay forma de saber qué punto con anticipación, de modo que, por las dudas, hay que explorar cada uno a fondo. Zygmunt Bauman Premio Príncipe de Asturias en Comunicación y Humanidades 2010.
En una época como la actual, donde hasta los intelectuales se quejan de que hay poca producción de ideas que sirvan para explicarnos lo que sucede, el trabajo analítico del sociólogo polaco nacido en Poznan en 1925 pero avecindado en Gran Bretaña desde hace muchos años por el antisemitismo que lo exilió de su país de origen, es una bocanada de aire fresco en esa atmósfera asfixiante, soporífera, de una supuesta no ideología.
Según el periodista argentino Héctor Pavón, lo que dispara la visión teórica de Bauman es un suplemento de un medio de comunicación escrito inglés, así lo narra: How to spend it.... Cómo gastarlo. Ese es el nombre de un suplemento del diario británico Financial Times. Ricos y poderosos lo leen para saber qué hacer con el dinero que les sobra. Constituyen una pequeña parte de un mundo distanciado por una frontera infranqueable. En ese suplemento alguien escribió que en un mundo en el que "cualquiera" se puede permitir un auto de lujo, aquellos que apuntan realmente alto "no tienen otra opción que ir a por uno mejor...". La desigualdad a todo lo que da. Unos poquitos que no encuentran en qué gastar una minúscula parte de todo lo que han acumulado gracias a un sistema económico que se nos presentó como el único posible después de la caída del muro de Berlín. Ese capitalismo turbo que analiza la sociología alemana y que produce estragos a lo largo y ancho del único planeta en que podemos vivir.
En ese tiempo que carece de fluidez porque está constituido por una gran cantidad de episodios de vida que aparecen desconectados unos de otros, donde el esfuerzo empeñado en el presente no garantiza nada en el futuro, ni siquiera la posibilidad de seguir estudiando, ni un empleo seguro, ni un ingreso digno y permanente, ni una familia estable, ni una vida saludable física y emocionalmente, ni vivienda propia, ni escapar de caer en la miseria, ni el gozo, ni el disfrute, ni nada. Por eso ese tiempo que aparece como miríadas de puntos, sin relación unos con otros, hay que exprimirlos al máximo. ¿Para qué quemarse las pestañas leyendo, estudiando, haciendo tareas? Si se puede estar en el chupe, en la fiesta, en el consumo desmedido de alcohol y de otras sustancias aunque sean adictivas. ¿Para qué practicar la abstinencia o una sexualidad responsable? Si la oportunidad de tener sexo se presenta casi sin previo aviso y de la misma forma se puede perder para siempre, no importan las consecuencias como los embarazos no deseados, las enfermedades de transmisión sexual, la pérdida de un proyecto de vida que no existe más que en la mente de los mayores que no entienden la urgencia por vivir lo que se tiene, porque quizás mañana no se tenga.
Por eso los esfuerzos, más voluntaristas y plagados de supuestas buenas intenciones, por reforzar una moral religiosa o laica se estrellan contra una realidad que las rebasa, no es que carezcamos de valores, es que el sistema económico y sus provocadas desigualdades están determinando nuestra manera de pensar y comportarnos, la incertidumbre sobre nuestro futuro más inmediato produce tensiones sociales que no sabemos resolver.
El propio Bauman nos contextualiza y es tan actual que parece que está refiriéndose a nuestra circunstancia mexicana: Cada época y cada tipo de sociedad tiene sus propios problemas específicos y sus pesadillas, y crea sus propias estratagemas para manejar sus propios miedos y angustias. En nuestra época, la angustia aterradora y paralizante tiene sus raíces en la fluidez, la fragilidad y la inevitable incertidumbre de la posición y las perspectivas sociales. Por un lado, se proclama el libre acceso a todas las opciones imaginables (de ahí las depresiones y la autocondena: debo tener algún problema si no consigo lo que otros lograron); por otro lado, todo lo que ya se ganó y se obtuvo es nuestro "hasta nuevo aviso" y podría retirársenos y negársenos en cualquier momento. La angustia resultante permanecería con nosotros mientras la "liquidez" siga siendo la característica de la sociedad. Nuestros abuelos lucharon con valentía por la libertad. Nosotros parecemos cada vez más preocupados por nuestra seguridad personal... Todo indica que estamos dispuestos a entregar parte de la libertad que tanto costó a cambio de mayor seguridad.
Para colmo, existe una desvinculación creciente entre la política (y los políticos) con las necesidades e intereses de las mayorías, por eso abominamos a los partidos políticos y a sus cúpulas que sólo persiguen sus propios intereses y entrar (infructuosamente) a esas pequeñas élites económicas que concentran la riqueza que se produce socialmente, de allí la tendencia de privatizar hasta los servicios públicos más básicos e indispensables y la tentación de seguir presentando los mismos turbios personajes –véase la presentación de Emilio Gamboa Patrón como propuesta de líder de organizaciones populares― para amparar más de lo mismo.
Estudiosos como Bauman, Touraine y otros más que no se han dejado absorber por esa aspiradora que es el neoliberalismo, hacen su trabajo e intentan explicarnos lo que nos pasa hasta en nuestra vida diaria y cómo y por qué nos relacionamos con los otros, toca nuestro turno el conocerlos, el intentar darle “fluidez” a la vida, lograr que el esfuerzo, el aprendizaje, la originalidad, los valores y el trabajo legal y honesto sean las fuentes principales de bienestar; y no esa dispersión temporal que propicia y justifica la impunidad, la delincuencia y la concentración desmedida e insultante de riqueza.
En una época como la actual, donde hasta los intelectuales se quejan de que hay poca producción de ideas que sirvan para explicarnos lo que sucede, el trabajo analítico del sociólogo polaco nacido en Poznan en 1925 pero avecindado en Gran Bretaña desde hace muchos años por el antisemitismo que lo exilió de su país de origen, es una bocanada de aire fresco en esa atmósfera asfixiante, soporífera, de una supuesta no ideología.
Según el periodista argentino Héctor Pavón, lo que dispara la visión teórica de Bauman es un suplemento de un medio de comunicación escrito inglés, así lo narra: How to spend it.... Cómo gastarlo. Ese es el nombre de un suplemento del diario británico Financial Times. Ricos y poderosos lo leen para saber qué hacer con el dinero que les sobra. Constituyen una pequeña parte de un mundo distanciado por una frontera infranqueable. En ese suplemento alguien escribió que en un mundo en el que "cualquiera" se puede permitir un auto de lujo, aquellos que apuntan realmente alto "no tienen otra opción que ir a por uno mejor...". La desigualdad a todo lo que da. Unos poquitos que no encuentran en qué gastar una minúscula parte de todo lo que han acumulado gracias a un sistema económico que se nos presentó como el único posible después de la caída del muro de Berlín. Ese capitalismo turbo que analiza la sociología alemana y que produce estragos a lo largo y ancho del único planeta en que podemos vivir.
En ese tiempo que carece de fluidez porque está constituido por una gran cantidad de episodios de vida que aparecen desconectados unos de otros, donde el esfuerzo empeñado en el presente no garantiza nada en el futuro, ni siquiera la posibilidad de seguir estudiando, ni un empleo seguro, ni un ingreso digno y permanente, ni una familia estable, ni una vida saludable física y emocionalmente, ni vivienda propia, ni escapar de caer en la miseria, ni el gozo, ni el disfrute, ni nada. Por eso ese tiempo que aparece como miríadas de puntos, sin relación unos con otros, hay que exprimirlos al máximo. ¿Para qué quemarse las pestañas leyendo, estudiando, haciendo tareas? Si se puede estar en el chupe, en la fiesta, en el consumo desmedido de alcohol y de otras sustancias aunque sean adictivas. ¿Para qué practicar la abstinencia o una sexualidad responsable? Si la oportunidad de tener sexo se presenta casi sin previo aviso y de la misma forma se puede perder para siempre, no importan las consecuencias como los embarazos no deseados, las enfermedades de transmisión sexual, la pérdida de un proyecto de vida que no existe más que en la mente de los mayores que no entienden la urgencia por vivir lo que se tiene, porque quizás mañana no se tenga.
Por eso los esfuerzos, más voluntaristas y plagados de supuestas buenas intenciones, por reforzar una moral religiosa o laica se estrellan contra una realidad que las rebasa, no es que carezcamos de valores, es que el sistema económico y sus provocadas desigualdades están determinando nuestra manera de pensar y comportarnos, la incertidumbre sobre nuestro futuro más inmediato produce tensiones sociales que no sabemos resolver.
El propio Bauman nos contextualiza y es tan actual que parece que está refiriéndose a nuestra circunstancia mexicana: Cada época y cada tipo de sociedad tiene sus propios problemas específicos y sus pesadillas, y crea sus propias estratagemas para manejar sus propios miedos y angustias. En nuestra época, la angustia aterradora y paralizante tiene sus raíces en la fluidez, la fragilidad y la inevitable incertidumbre de la posición y las perspectivas sociales. Por un lado, se proclama el libre acceso a todas las opciones imaginables (de ahí las depresiones y la autocondena: debo tener algún problema si no consigo lo que otros lograron); por otro lado, todo lo que ya se ganó y se obtuvo es nuestro "hasta nuevo aviso" y podría retirársenos y negársenos en cualquier momento. La angustia resultante permanecería con nosotros mientras la "liquidez" siga siendo la característica de la sociedad. Nuestros abuelos lucharon con valentía por la libertad. Nosotros parecemos cada vez más preocupados por nuestra seguridad personal... Todo indica que estamos dispuestos a entregar parte de la libertad que tanto costó a cambio de mayor seguridad.
Para colmo, existe una desvinculación creciente entre la política (y los políticos) con las necesidades e intereses de las mayorías, por eso abominamos a los partidos políticos y a sus cúpulas que sólo persiguen sus propios intereses y entrar (infructuosamente) a esas pequeñas élites económicas que concentran la riqueza que se produce socialmente, de allí la tendencia de privatizar hasta los servicios públicos más básicos e indispensables y la tentación de seguir presentando los mismos turbios personajes –véase la presentación de Emilio Gamboa Patrón como propuesta de líder de organizaciones populares― para amparar más de lo mismo.
Estudiosos como Bauman, Touraine y otros más que no se han dejado absorber por esa aspiradora que es el neoliberalismo, hacen su trabajo e intentan explicarnos lo que nos pasa hasta en nuestra vida diaria y cómo y por qué nos relacionamos con los otros, toca nuestro turno el conocerlos, el intentar darle “fluidez” a la vida, lograr que el esfuerzo, el aprendizaje, la originalidad, los valores y el trabajo legal y honesto sean las fuentes principales de bienestar; y no esa dispersión temporal que propicia y justifica la impunidad, la delincuencia y la concentración desmedida e insultante de riqueza.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
LA PARED
Hay momentos para la nostalgia, y no porque se esté triste, sino porque hace falta detenerse y reflexionar sobro lo que se hizo y lo que falta por hacer. Se antoja que para eso deben de servir los aniversarios, los propios y los ajenos, porque hay aniversarios personales, generacionales e históricos.
Hoy me refiero a esos últimos, hace 30 años el rock dio uno de sus frutos más acabados, no sólo en términos musicales porque se rompieron falsos límites y se llevó la denuncia social a alturas artísticas. Los que son seguidores y degustadores de ese género musical sabrán que me refiero a la producción titulada The Wall (la Pared) del grupo inglés Pink Floyd, que ya antes había dado muestras de su genialidad con algo desconcertante como El lado oscuro de la Luna.
Bueno, pues La Pared explicaba y criticaba una sociedad producto de una insensata segunda guerra mundial, de sus efectos en la enorme cantidad de huérfanos y viudas que quedaron después de la muerte de cientos de miles de soldados, de un sistema social que con el pretexto de la guerra era intolerante, mojigato, castrante; y eso permeaba hasta al sistema educativo que, según estos ingleses, era una cadena de transmisión de abusos cotidianos. Para varias generaciones esa crítica fuerte, ácida pero musicalmente presentada, se convirtió en la película con el mismo nombre, filme que presenta en imágenes lo que se representaba en el pentagrama y que no se desmerecen entre sí.
Otro punto de reflexión, otro aniversario al que ya nos referimos brevemente es el de los 20 años de la caída del Muro de Berlín, ese muro más ideológicamente real que de ladrillos y alambre de púas que ha dado origen a otros, por lo menos a ese muro que se fragmenta y se reproduce por todas partes, el producido por un mal llamado neoliberalismo que no es otra cosa que el capitalismo en su fase turbo, en su forma más salvaje.
Estos muros de construcción reciente, igualmente intolerables, segregacionistas, productores de falsas seguridades son los que “separan y protegen” a unos pocos privilegiados de la gran masa de despreciados. Bien lo dicen los que estudian este tipo de fenómenos, la globalización ha producido un pequeño grupo de privilegiados económicamente poderosos que en las ciudades donde viven, porque tienen que vivir en algún lado, se sienten inseguros, amenazados, la inseguridad es su principal temor y lo que no los deja dormir y vivir, por eso construyen muros, por eso se van a las alturas esperando que nadie los alcance, por eso se rodean de aparatos de seguridad y de tecnología que deben impedir que se relacionen con los demás que no son como ellos. Pero están atrapados en su propia inseguridad y paranoia, porque en algún lugar deben comprar sus alimentos, en algún lugar deben estar sus escuelas, en algún lugar deben poder divertirse y esos lugares están llenos de extraños, de esos que no entienden y que perciben como amenaza. Esos muros que fallan en aislarlos de las colonias vecinas también existen en sus mentes y los tienen aterrorizados.
“La finalidad de dichos espacios es dividir, segregar y excluir; en vez de construir puentes, facilitar accesos y lugares de encuentro, facilitar la comunicación y el acercamiento entre los habitantes de la ciudad”, Zygmunt Bauman revisa la opinión de diferentes urbanistas, arquitectos y científicos sociales, las conclusiones parecen apuntar al mismo punto, a pesar de la globalización: “La experiencia humana se constituye y se recaba en torno a lugares, donde se trata de administrar la vida compartida, donde se conciben, absorben y negocian los sentidos de la vida. Y es en lugares donde se gestan e incuban los estímulos y los deseos humanos, donde se espera satisfacerlos, donde se corre el riesgo de la frustración y donde casi siempre terminan frustrados y sofocados”. Por eso son importantes los planes y programas de gobierno, los urbanos y de desarrollo, no sólo se afectan las tierras y el clima, también son base de discriminación, de segregación, de desprecios disfrazados de falsas seguridades, se trata de crear esos espacios por donde circularemos y buscaremos satisfacer nuestras necesidades, básicas y de esparcimiento, donde se dará la búsqueda de los deseos, donde se materializarán o frustrarán las ilusiones, de todos, amurallados o no.
Podemos construir muchas paredes incluso internas como la locura, como los vicios que nos sacan inútilmente de la realidad, incluso escoger la pared definitiva, la que separa la vida de la muerte y allí están los ejemplos: los adictos a las bebidas alcohólicas, a los enervantes, al tabaco, a la comida y a la neurosis; o los suicidas, que prefieren separarse definitivamente del resto de sus congéneres a edades cada vez más tempranas porque en la muchedumbre se sienten terriblemente solos, incomprendidos, desechables. O los que sienten que sólo cuentan con su cuerpo para disfrutar de la vida con sus secuelas de embarazos tempranos, de infecciones de transmisión sexual, de abandonos prematuros. O los que miden fuerzas y orgullos al volante de sus autos y provocan accidentes, tan comunes en nuestras ciudades y carreteras.
Así están nuestras ciudades y los que las habitamos.
Terminemos con otra cita que no tiene desperdicio: “las ciudades son espacios donde los extraños viven y conviven en estrecha proximidad… Esta presencia imposible de evitar salvo por algún instante, es una fuente inagotable de ansiedad y de agresividad, por lo general latente, que de vez en cuando explota”. Para evitar esas frustraciones y explosiones está la acción gubernamental que sigue siendo local aún en un mundo globalizado.
Hoy me refiero a esos últimos, hace 30 años el rock dio uno de sus frutos más acabados, no sólo en términos musicales porque se rompieron falsos límites y se llevó la denuncia social a alturas artísticas. Los que son seguidores y degustadores de ese género musical sabrán que me refiero a la producción titulada The Wall (la Pared) del grupo inglés Pink Floyd, que ya antes había dado muestras de su genialidad con algo desconcertante como El lado oscuro de la Luna.
Bueno, pues La Pared explicaba y criticaba una sociedad producto de una insensata segunda guerra mundial, de sus efectos en la enorme cantidad de huérfanos y viudas que quedaron después de la muerte de cientos de miles de soldados, de un sistema social que con el pretexto de la guerra era intolerante, mojigato, castrante; y eso permeaba hasta al sistema educativo que, según estos ingleses, era una cadena de transmisión de abusos cotidianos. Para varias generaciones esa crítica fuerte, ácida pero musicalmente presentada, se convirtió en la película con el mismo nombre, filme que presenta en imágenes lo que se representaba en el pentagrama y que no se desmerecen entre sí.
Otro punto de reflexión, otro aniversario al que ya nos referimos brevemente es el de los 20 años de la caída del Muro de Berlín, ese muro más ideológicamente real que de ladrillos y alambre de púas que ha dado origen a otros, por lo menos a ese muro que se fragmenta y se reproduce por todas partes, el producido por un mal llamado neoliberalismo que no es otra cosa que el capitalismo en su fase turbo, en su forma más salvaje.
Estos muros de construcción reciente, igualmente intolerables, segregacionistas, productores de falsas seguridades son los que “separan y protegen” a unos pocos privilegiados de la gran masa de despreciados. Bien lo dicen los que estudian este tipo de fenómenos, la globalización ha producido un pequeño grupo de privilegiados económicamente poderosos que en las ciudades donde viven, porque tienen que vivir en algún lado, se sienten inseguros, amenazados, la inseguridad es su principal temor y lo que no los deja dormir y vivir, por eso construyen muros, por eso se van a las alturas esperando que nadie los alcance, por eso se rodean de aparatos de seguridad y de tecnología que deben impedir que se relacionen con los demás que no son como ellos. Pero están atrapados en su propia inseguridad y paranoia, porque en algún lugar deben comprar sus alimentos, en algún lugar deben estar sus escuelas, en algún lugar deben poder divertirse y esos lugares están llenos de extraños, de esos que no entienden y que perciben como amenaza. Esos muros que fallan en aislarlos de las colonias vecinas también existen en sus mentes y los tienen aterrorizados.
“La finalidad de dichos espacios es dividir, segregar y excluir; en vez de construir puentes, facilitar accesos y lugares de encuentro, facilitar la comunicación y el acercamiento entre los habitantes de la ciudad”, Zygmunt Bauman revisa la opinión de diferentes urbanistas, arquitectos y científicos sociales, las conclusiones parecen apuntar al mismo punto, a pesar de la globalización: “La experiencia humana se constituye y se recaba en torno a lugares, donde se trata de administrar la vida compartida, donde se conciben, absorben y negocian los sentidos de la vida. Y es en lugares donde se gestan e incuban los estímulos y los deseos humanos, donde se espera satisfacerlos, donde se corre el riesgo de la frustración y donde casi siempre terminan frustrados y sofocados”. Por eso son importantes los planes y programas de gobierno, los urbanos y de desarrollo, no sólo se afectan las tierras y el clima, también son base de discriminación, de segregación, de desprecios disfrazados de falsas seguridades, se trata de crear esos espacios por donde circularemos y buscaremos satisfacer nuestras necesidades, básicas y de esparcimiento, donde se dará la búsqueda de los deseos, donde se materializarán o frustrarán las ilusiones, de todos, amurallados o no.
Podemos construir muchas paredes incluso internas como la locura, como los vicios que nos sacan inútilmente de la realidad, incluso escoger la pared definitiva, la que separa la vida de la muerte y allí están los ejemplos: los adictos a las bebidas alcohólicas, a los enervantes, al tabaco, a la comida y a la neurosis; o los suicidas, que prefieren separarse definitivamente del resto de sus congéneres a edades cada vez más tempranas porque en la muchedumbre se sienten terriblemente solos, incomprendidos, desechables. O los que sienten que sólo cuentan con su cuerpo para disfrutar de la vida con sus secuelas de embarazos tempranos, de infecciones de transmisión sexual, de abandonos prematuros. O los que miden fuerzas y orgullos al volante de sus autos y provocan accidentes, tan comunes en nuestras ciudades y carreteras.
Así están nuestras ciudades y los que las habitamos.
Terminemos con otra cita que no tiene desperdicio: “las ciudades son espacios donde los extraños viven y conviven en estrecha proximidad… Esta presencia imposible de evitar salvo por algún instante, es una fuente inagotable de ansiedad y de agresividad, por lo general latente, que de vez en cuando explota”. Para evitar esas frustraciones y explosiones está la acción gubernamental que sigue siendo local aún en un mundo globalizado.
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