Mostrando entradas con la etiqueta lectura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lectura. Mostrar todas las entradas
domingo, 19 de mayo de 2019
NOS LO DIJO EL PROFE
Joaquín Córdova Rivas
Nos lo dijo el Profe Murillo y se me quedó grabado en la memoria, las circunstancias es más difícil precisarlas, creo que alguien cuestionó qué se necesitaba para ser maestro frente a grupo, la respuesta no tardó en llegar y no fue solo verbal, fue toda una demostración en teoría y práctica «ser maestro es transformarse frente al grupo, frente a los estudiantes», es dejar de ser uno para adoptar un papel que no se representa en otros lugares ni frente a otras personas. Es reflejar la pasión por saber lo que antes se ignoraba, sabiendo, al mismo tiempo, que faltan muchas cosas por asombrarse y seguir conociendo. Es la capacidad de concentrar atención y esfuerzo de esos otros que nos rodean, para aprender, hasta memorizar, contenidos necesarios en ese momento para entender e interpretar esa realidad que nos apabulla con su crudeza, dotarla de sentimientos que le den sentido personal y colectivo, que nos identifique con los demás y cargarla de emociones que nos hagan tratar de cambiarla. Obvio que no dijo todo eso, o no lo recuerdo como tal porque me quedé atrapado en la frase entrecomillada, lo demás es parafraseo, es recuperar algo de las experiencias propias y de otros compañeros de escuela o colegas actuales.
Me lo dijo y escribió el Profe Carmelo en la primaria cuando me acerqué con mi anuario —el librote ese donde aparecían las fotografías de todos los estudiantes, maestros y trabajadores de la escuela, en plan serio y bien peinados; y otras en actividades que alguien juzgaba dignas de recordarse muchos años después— para pedirle que me firmara y pusiera una dedicatoria, volteó a verme, sonrió y escribió «para el desapercibido», después agregó, verbalmente, algo que me dio a entender que mi principal característica era no llamar la atención, camuflarme dentro del grupo para no resaltar, para que los demás no notaran mi presencia, pero no como algo que tuviera que ver con la modestia o humildad, sino con el temor, con la actitud de esconderse como suele pasar con muchos niños y jóvenes que evitan cualquier acción para evitar que los compañeros los molesten o los profesores los identifiquen con el nombre. De esos que prefieren ser un número más en una lista de asistencia que una persona con nombre y apellidos. Desde esos tiempos me repele el anonimato. Prefiero que lo que soy y lo que hago lleve nombre y apellido que pasar desapercibido entre la masa que se vuelve impersonal e irresponsable.
Antes se daba reconocimiento por todo, acumulé los de puntualidad y asistencia porque era parte de la disciplina familiar, no me gusta que los impuntuales me hagan perder el tiempo mientras yo respeto el de los demás. La palabra de uno debe tener valor, se debe cumplir lo que se dice hasta en fijar una hora para encontrarse o llegar a algún lugar. Los reconocimientos por aprovechamiento en las distintas materias no fueron abundantes, más bien escasos, como que ese rollo de competir y demostrarle a los demás lo que se sabe o se ignora no me llamaba la atención. Gracias al ejemplo del abuelo paterno, indispensable maestro informal —el materno murió antes de lo que yo y él hubiéramos querido— mi primer y pertinaz vicio es la lectura. Hasta que estuve en sexto de primaria la escuela tuvo biblioteca abierta a los alumnos y con una encargada que no solo sabía clasificarlos y acomodarlos, sino que propiciaba clubes de lectura y talleres de promoción lectora. Al acervo familiar, que no estaba pensado para mi edad, se agregó el escolar, ese sí con lecturas y autores más atractivos para esa etapa.
Lo dijo el Profe Domínguez y su amor a la naturaleza, ese que organizaba excursiones a playas y bosques para demostrarnos que fuera del núcleo familiar —muchas veces sobreprotector— podíamos sobrevivir, escalar para salir del cañón de algún río, construir puentes con cuerdas y con los mástiles de las pesadísimas lonas de las tiendas de campaña para doce personas y atravesar arroyos u otros accidentes geográficos. Aprendimos a encender fogatas para cocer la comida sin provocar incendios forestales, le perdimos el miedo a las olas y las corrientes marinas, a medir el peligro y enfrentarlo. Supimos que éramos diversos, que cada quien tenía virtudes que no todos compartíamos, aprendimos a respetarnos pese a nuestros defectos.
Lo dijeron los Profes Cabrera y Correa y su pasión por la filosofía y el arte, uno desde la lógica y ética, el otro desde la psicología; no tiene sentido saber mucho si uno sigue siendo un patán, un ratero, un sinvergüenza, un corrupto.
Lo dijeron muchos otros que dejaron huella en nuestras vidas. Posiblemente no recordemos nada de lo aprendido en las clases de cálculo integral y diferencial, pero la imagen de ese maestro impecablemente vestido, con su bastón por haberse hecho trizas la rodilla practicando su deporte preferido, con ese humor corrosivo para ver la vida sin perder la formalidad, nos enseñó que la vida hay que aprovecharla a pesar o gracias a los buenos o malos momentos. O ese otro de matemáticas a quien le decíamos polvorón porque borraba la tiza del pizarrón con la manga del desgastado saco, que llegaba diario en su bicicleta de panadero. O el de física con su aula llena de sorpresas, con sus poleas, balanzas, con sus tres pizarrones que se iban desplegando hacia el alto techo según iba mostrando cómo se calculaba la velocidad, la aceleración, la fricción y todo lo que implicara el movimiento de cualquier cosa, y que solo perdiera la compostura en la clase siguiente a la muerte de su madre.
Tiene razón ese otro gran maestro, Fernando Savater, cuando advierte que los seres humanos aprendemos de los otros de nuestra misma especie, que dedicarse a la docencia es diferente a otras profesiones porque formamos ciudadanos, porque modelamos valores que no se mencionan en los planes de estudio, porque la solidaridad, la empatía, la ética, la honestidad, la frugalidad no se enseñan repitiendo oraciones o leyendo y resolviendo libros de texto.
Nos dicen, los profes, que para ser mejores seres humanos hay que aprenderlo de otros que son como nosotros, que hay que transformarnos para contagiar la pasión, el asombro, las ganas de aprender.
sábado, 26 de abril de 2014
NORMAL INCOMPETENCIA
Permítame felicitarlo. Sí, a Usted que está leyendo este texto, porque al menos mientras dure su lectura se estará escapando de esa amplia mayoría de mexicanos que no leen.
Posiblemente no sea el momento de ponerse a recordar o reflexionar sobre la importancia de la lectura ya que lo está experimentando, por momentos se escapa de la realidad que lo rodea y se sumerge en la poco común labor de traducir los garabatos impresos en este papel y construirse una realidad diferente. De su maestría en hacerlo, de su hábito lector, de su capacidad de concentración dependerán las posibilidades de divertirse, de jugar con el texto, de hacer que sus neuronas se entretengan porque, al parecer, se lo están pidiendo.
Lo anterior viene a cuento porque el pasado 23 de abril, todavía en plenas vacaciones de primavera, se celebró el día internacional del libro, según unos, o el día mundial de la lectura y del derecho de autor, según otros; como sea que se llame se dieron a conocer datos estadísticos poco dignos de un país que presume ser la décimo segunda economía mundial.
Pero hasta este tipo de noticias tienen su chiste, los principales medios de comunicación masiva hicieron eco de una encuesta nacional de lectura del 2012 cuando las instancias generadoras de ese tipo de datos ─el CONACULTA y su sistema de información cultural o la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana─ ni siquiera los tienen en sus sitios electrónicos ni en sus principales notas. Según publicó el diario La Jornada y sitios electrónicos de noticias: “La Encuesta Nacional de Lectura 2012 –publicada por la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana– reportó que 35 de cada 100 mexicanos no han acabado un libro en su vida y sólo 12 de cada centenar dedican su tiempo libre a leer. En contraste, 42 por ciento prefiere la televisión. Los datos del estudio señalaron que tres de cada 10 jóvenes de entre 12 y 17 años respondieron que no les gusta leer, 61 por ciento de los encuestados comentó que no lo hace por falta de tiempo y 48 de cada 100 no había asistido a una biblioteca.” A la fecha de escribir este texto, el mismo 23 de abril, ignorábamos el origen real de la información, ya que las instancias oficiales reconocen dicha encuesta, pero del 2006.
Lo que sí encontramos son otros datos que pueden servir de contraste, quizás no tan completos como una encuesta nacional aplicada a la población mayor de 12 años, cosa que no suele mencionarse a la hora de dar a conocer la información, pero que de algo pueden servir. Por ejemplo, logramos conocer el “NOP World Culture Score(TM) Index Examines Global Media Habits... Uncovers Who's Tuning In, Logging On and Hitting the Books”, que trata de medir los hábitos o el tiempo que se le dedica a actividades como leer, ver televisión, estar conectado a internet por motivos ajenos al trabajo y a escuchar la radio. La muestra de países fue limitada ─se realizaron más de 30 mil encuestas en 30 países entre diciembre del 2004 y febrero del 2005─ pero intenta ser representativa y plural. En ese índice que es hasta marca registrada, resulta que los mexicanos mayores de 13 años leemos un promedio de 5.5 horas por semana, que comparadas con las 10.7 horas que le dedican en la India pues nos estamos quedando en la mitad. Como todo esas cifras son relativas, nuestros vecinos del norte, tan cultos ellos, casi leen lo mismo que nosotros, 5.7 horas por semana. Eso sí, le ganamos a los coreanos (3.1), japoneses (4.1), taiwaneses (5.0), brasileños (5.2) e ingleses (5.3).
Para estar sentadotes frente al televisor somos buenos, pero no tanto. De los 30 países encuestados estamos en el último lugar con 11.6 horas por semana, seguramente la pésima calidad de la programación puede que tenga algo que ver con esto; como sea los tailandeses le dedican 22.4 horas por semana a estar frente a la caja idiota. Pero ellos están muy lejos, los gringos reconocieron 19 horas en promedio y el global fue de 16.6 horas. Claro, son resultados de hace 8 años que seguramente han tenido cambios. Para oír la radio los argentinos son, bueno eran, los campeones con 20.8 horas a la semana, nosotros andábamos por las 11.1 horas, seguramente los embotellamientos viales tienen algo que ver, y el promedio global andaba por las 8 horas, con los chinos hasta abajo de la tabla con apenas 2.1 horas.
Nuestro pésimo servicio de internet y el atraso tecnológico nos ubicaban al fondo del registro de horas por semana frente a la computadora, fuera del dedicado por trabajo, con 6.3 horas a la semana, el máximo era de los taiwaneses con 12.6 horas y el global alcanzaba las 8.9 horas.
Ya son muchos datos, además contrastantes en ciertos aspectos. Vale la pena centrarnos en dos cosas, la primera que tiene que ver con la fecunda producción literaria representada por autores como Elena Poniatowska ─premio Cervantes este año─, el premio Nobel de literatura Octavio Paz, el multipremiado José Emilio Pacheco, y otros igualmente destacados como Carlos Monsiváis o el inatrapable Gabriel García Márquez por mencionar a los más recientes, que no conocemos ni apreciamos lo suficiente como para que impacten en nuestro placer por la lectura. El segundo es una necedad propia, seguimos sosteniendo que nuestros jóvenes y niños no leen porque están educados para no hacerlo, porque les hemos enseñado y ellos han aprendido, que leer es aburrido, que es tan difícil que hasta cuando se tiene que hacer no se entiende nada. Hemos elevado la incompetencia lectora a la normalidad, pero no queremos reconocerlo.
Etiquetas:
conaculta,
Elena Poniatowska,
encuesta,
gabriel garcía márquez,
joaquin cordova,
jose emilio pacheco,
lectura,
libro,
magazine,
octavio paz,
queretaro
sábado, 14 de diciembre de 2013
PIFIAS TEXTUALES
Ya están las reformas que le urgían al neoliberalismo criollo mexicano, aunque quizás el adjetivo sea paradójico si nos referimos como criollo a quien cumple con lo especificado en el diccionario: “Dicho de una persona: Nacida en un país hispanoamericano, para resaltar que posee las cualidades estimadas como características de aquel país”. En este ambiente global el lugar de nacimiento no implica que alguien posea esas “cualidades estimadas”, más bien sería un accidente geográfico.
Sin precisar la fecha exacta, pero fue a fines de la década de los ochenta del siglo pasado, el Ingeniero Heberto Castillo Martínez, quien por necesidad y virtuosa necedad se convirtió en experto en cuestiones petroleras, entre otras cosas; señalaba de la aparición de la primera generación de norteamericanos nacidos en México. Lo que quería decir era que nuestros tecnócratas, a pesar de ser mexicanos, pensaban como gringos por el hecho de haberse educado en las universidades y tecnológicos de nuestro avasallante vecino del norte. Heberto Castillo hacía notar la fuerte influencia ideológica que marcaba a esa generación, que conocía y cantaba mejor el himno y la historia oficial norteamericana, que estaba imbuida en sus particulares intereses y en su forma excluyente de ver al mundo. Era la época del thatcherismo y de los reaganomics, de los dogmas económicos creados en esa corriente, de coartada académica, llamada “la escuela de Chicago”, esa que está detrás de la privatización de todo y del “adelgazamiento” del Estado con el pretexto de que la economía se gobierna sola, con la “mano invisible” del mercado. Con el problema de que esa “mano” tiende a concentrar la riqueza social generada por el trabajo de todos en poquísimas personas y corporaciones, agravando las desigualdades sociales e incrementando la pobreza; pero eso no importa, es apenas un efecto temporal en lo que se logran nuevos equilibrios, eso dicen ellos, los ganones.
¿Cuántos de nuestros diputados y senadores son expertos en asuntos petroleros? No se nos ocurre ningún nombre, así que intentar discutir con ellos sobre el tema sería más que ocioso, el problema es que ellos son los que deciden los cambios que nos incluyen a todos, aunque no convenzan ni estemos de acuerdo. Como sea, si no hay resultados inmediatos en lo que prometieron, que bajarán los precios del gas, de las gasolinas; que los ingresos petroleros serán mucho mayores y eso redundará en un mejor poder adquisitivo, en obras públicas necesarias; que habrá una baja drástica en los niveles de pobreza, entonces tendremos un problema muy serio.
Pero queríamos tratar otro tema que nos resulta más agradable, encontrar propuestas para salir de nuestro letargo educativo, hallar las formas más adecuadas para aprovechar la inteligencia y los talentos de nuestros niños y jóvenes para tener mejores ciudadanos y seres humanos. Hay aciertos y es necesario señalarlos, uno de ellos fue pedir a la Academia Mexicana de la Lengua que revisara los libros de texto gratuitos para detectar y corregir los errores ortográficos que causaron un escándalo reciente. Hay otra ventaja, los integrantes de dicha academia no se están limitando, como era la condición impuesta por las autoridades de la SEP, a la ortografía, también le están entrando a la revisión integral de la congruencia y pertinencia de los planes de estudio y otras menudencias por el estilo. Bueno, pues uno de los integrantes de tal organismo el señor Felipe Garrido, lanza la pregunta y propone una respuesta con la que estamos completamente de acuerdo: “¿Nos preocupa la educación? Tiene que preocuparnos tener espléndidos maestros, y, para mí eso incluye que los maestros sean lectores. El maestro debería ser un sabio, un lector y un productor de textos, y todo eso tiene que transmitírselo a los alumnos” ‒Urgen a formar maestros lectores, nota de Sonia del Valle en el periódico Reforma del 10 de diciembre del 2013‒.
“Un maestro tiene la obligación de ser lector, no puede hacerse a un lado. Debe ser un lector de 50 o 70 libros por año, algunos relacionados con su profesión, pero otros que no tengan nada que ver con ella, sino sobre lo que está pasando en el país y el mundo; y tiene que incluir una dosis de literatura e historia […] El sistema educativo, los maestros y las escuelas han encontrado fácil delegar la lectura en los padres de familia, en los abuelos lectores, en las salas de lectura o los libro clubes, pero la necesidad de lectura de los alumnos tendría que estar satisfecha en la escuela”. Por supuesto que eso no se logra con maestros de doble plaza o con sobrecarga de horas frente a grupo, tampoco “compitiendo” por ellas a costa de despojar a otros que tienen poquitas. La lectura requiere tiempo propio, la escritura también, no pueden relegarse a los “tiempos muertos” cada vez más escasos por el contraproducente incremento en el trabajo administrativo. La reportera Sonia del Valle aporta otros elementos para contrastar lo deseable con lo que tenemos actualmente, y nos recuerda que el último informe sobre hábitos de lectura realizado por el INEE, el único, es de 2007 y revelaba que: “4 de cada 10 profesores tienen menos de 20 libros en su casa, y 6 de cada 10 afirman haber leído, cuando mucho, un par de libros por año”. Desgraciadamente no registra el número de ensayos, artículos, cuentos o textos en general producidos por los docentes, que debe ser mucho menor. Y así queremos que nuestros niños y jóvenes sepan leer, comprendan y además se expresen por escrito. Por eso Okinawa queda en Chihuahua.
Etiquetas:
chicago,
criollo,
felipe garrido,
heberto castillo,
inee,
lectura,
maestros,
neoliberalismo,
petróleo,
profesores,
reforma energética
viernes, 8 de marzo de 2013
REALIDADES OPUESTAS
viernes, 7 de septiembre de 2012
NO APRENDEMOS, ENLACE 2012
Esta experiencia ya la vivimos, sólo la estamos repitiendo porque no hay capacidad ni voluntad para escaparse de ella. Hace un año nos lamentamos de los bajos resultados alcanzados por nuestros niños en la prueba ENLACE, lo volvemos a hacer, la única diferencia es que el desplome ahora fue mayor.
Según los datos disponibles, Querétaro ocupa el poco halagüeño lugar 29 (de 32) si se suman los porcentajes de alumnos de educación primaria que alcanzan las categorías de Bueno y Excelente (34.7), en lo que se refiere a la materia de español; en matemáticas, en el mismo nivel, estamos en el lugar 30 con apenas un 35.3 en la suma de las mismas categorías.
En los siguientes niveles educativos todavía nos defendemos, estamos con la inercia de las generaciones que tuvieron puntajes arriba del promedio nacional, pero la diferencia se achica y pronto se revertirá por el efecto en cascada. Esto es, que las generaciones actuales, que tienen magros resultados en primaria, llegarán a secundaria y preparatoria dentro de algunos años y arrastrarán, a la baja, los que tenemos hasta el momento. Según la nota de Alan Gamaliel Contreras Guadarrama de Libertad de Palabra del 30 de agosto pasado «en el caso de Matemáticas, en nivel Secundaria, el estado logró un promedio de 20.5 por ciento de alumnos en “Bueno Excelente”, mayor al de la media nacional que es de 20.3 por ciento, logrando así el lugar número 11 a nivel nacional. En Español, el 24.3 de los alumnos evaluados obtuvieron calificaciones de “Bueno Excelente”, lo que lo coloca en por encima de la media nacional que es de 20.7 y en el tercer lugar nacional.» En la media superior el estado de Querétaro, en Matemáticas, tuvo un 36 .1 por ciento de alumnos en “Bueno Excelente”, con el sexto lugar nacional; mientras que en Comunicación logró obtener 60.1 puntos porcentuales y colocarse en el lugar número 3 a nivel nacional. A pesar de las posiciones obtenidas, la pérdida en los puntajes del 2006 al 2012 es evidente y preocupante, quien esté interesado puede consultar un análisis más a detalle en http://enlace.sep.gob.mx/content/gr/docs/2012/historico/22_QRO_ENLACE2012.pdf
La respuesta de las autoridades es igual de deficiente que lo mostrado por los estudiantes de educación básica, según la misma nota, «el secretario de Educación, Fernando de la Isla Herrera, refirió que se implementará un programa piloto en 50 escuelas primarias para mejorar los niveles de calidad de lectura (comprensión) de los estudiantes, en el cual se involucrará a los estudiantes y padres de familia a través del uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC’S).» Así, sin más detalles y apenas 50 escuelas de las cientos que existen en el estado. Ojalá que alguien les avisara que a leer se aprende leyendo, y a escribir, escribiendo.
Vamos a ver hasta dónde llega el repartidero de culpas, fastidiar a los profesores está de moda, sería la salida fácil para ignorar que desde hace meses los recursos financieros no fluyen a las escuelas, del nivel que sea; o se están desviando o se están quedando en otras manos, pero cada vez se depende más de las cuotas, mal llamadas voluntarias, que se les exige a los padres de familia. Ejemplos sobran.
Los estudiantes también pueden ser chivos expiatorios, llamarlos flojos, decir que están desmotivados, que sus padres no son lectores y que eso influye es descubrir el hilo negro. Vale la pena insistir en algunos puntos que se pierden en el discurso autojustificatorio. Primero, los programas institucionales de promoción a la lectura han fracasado, su principal logro es haber convencido a los niños y jóvenes que leer es aburrido, trabajoso, inútil; que no comprenden lo que leen porque son tontos, porque “no le echan ganas”. Nuestras escuelas, con todo y las reformas que se cargan más al aspecto administrativo y que ha convertido a los maestros en coleccionistas de formatos absurdos, en simples aplicadores de un programa que les es completamente extraño y ajeno, son espacios de aburrimiento, casi de reclusión en algunos casos, donde imperan más los castigos que los estímulos, donde se busca uniformar la apariencia y estandarizar el pensamiento.
No olvidemos el pésimo papel que juegan los medios de comunicación, la verdadera secretaría de educación en este país, en este desbarajuste; no cumplen con los preceptos constitucionales, fomentan el fanatismo, el pensamiento mágico llevado al absurdo, sus argumentos telenoveleros justifican la doble moral, imponen modelos de comportamiento y apariencia que son ajenos a nuestra cultura, que ignoran a propósito los valores que creemos convenientes.
Saben qué es lo peor, que es hora que los profesores y padres de familia no conocen los resultados que tuvieron sus alumnos e hijos, la información se queda en algunos medios como nota rutinaria anual y en algunos funcionarios que harán declaraciones tronantes para después olvidarse del tema, hasta el siguiente año. Los consejos educativos se entretendrán dictando reglas absurdas sobre la apariencia conveniente de alumnos y alumnas, sobre el largo de la falda del uniforme, sobre el color de tenis y zapatos, sobre el apego estricto a reglamentos absurdos que no favorecen el aprendizaje, y no le entrarán a la discusión de temas como los malos resultados académicos o los perversos programas de estímulo a la eficiencia docente. Lo que sea, menos entrarle directo al problema.
Etiquetas:
2012,
bueno,
comunicación,
docente,
elemental,
enlace,
escritura,
español,
estímulo,
excelente,
insuficiente,
joaquin cordova,
lectura,
maestro,
magazine,
matemáticas,
profesor,
querétaro,
reglamento,
septiembre
sábado, 30 de junio de 2012
LA REALIDAD DE LA FICCIÓN
“Estamos rodeados de demasiados juguetes tecnológicos, con Internet, los iPod...La gente se equivocó. Yo no traté de prever, sino de prevenir el futuro. No quise hablar de la censura sino de la educación que el mundo tanto necesita”. Ray Bradbury
Sé que debería estar escribiendo del proceso electoral que formalmente finaliza este fin de semana, de la importancia del día después, de las condiciones de gobernabilidad, de los temas en que, aparentemente, hay consenso, pero debajo de ese galimatías hay temas que son necesarios, que nos sirven para reflexionar y corregir sobre lo andado.
Menos de un mes de que el gran escritor inglés muriera, su preocupación por la educación y la cultura era patente, se nota a lo largo de su obra. Mi generación tuvo, entre otros libros de lectura, el de Fahrenheit 451, la temperatura, en esos grados, en que se quema el papel. Nos sorprendimos con la paradoja de un equipado y entrenado cuerpo de bomberos cuyo trabajo era quemar libros en una sociedad ubicada en un futuro no muy lejano a 1953, año de su publicación. Y es que tener libros estaba prohibido, su contenido producía inquietud, intranquilidad, acicateaba la curiosidad, y eso, en una sociedad planeada hasta en su más mínimo detalle no podía ser tolerado. En cambio, se fomentaban las enormes pantallas de televisión, omnipresentes, siempre dispuestas a dar instrucciones sobre qué hacer, cómo pensar, qué comprar, cómo sentir. Ocupando todo el tiempo y todo el espacio con su incesante parloteo, motivando a las personas a delatar a familiares, amigos, vecinos que tuvieran libros o los leyeran.
El mismo Ray Bradbury lo decía, su novela no era anticipo del futuro, era prevenirlo, evitar que sucediera; porque los libros son importantes, guardan nuestros pensamientos, descubrimientos, sorpresas, sentimientos; son las ayudas de una memoria que tiene límite: “Sin bibliotecas, ¿qué nos quedaría? No tendríamos pasado ni futuro”.
Hoy no quemamos libros, no es necesario; allí están pero casi nadie los toca, no se leen, es que nos hemos vuelto más sofisticados. Prohibir la lectura se vería mal, dejaría al descubierto su objetivo. Lo que hacemos es desalentarla, es decirle a nuestros niños y jóvenes que lean para que constaten que no entienden, que sean capaces de decir los sonidos relacionados con un texto pero ser incapaces de entrar en su significado; que les resulte frustrante, aburrido, inútil leer. Así se culpan ellos mismos, sin entender que están educados para eso.
¿Cuál sería esa educación que preocupaba a Bradbury? La cinematografía reciente se ha ocupado del tema, no solo “de panzazo”, el documental interesado de una asociación claramente ligada a intereses empresariales y televisivos, también sus contrapartes como “un mexicano más”, o las norteamericanas “esperando a superman” o la novedad de “detachment” traducido como “indiferencia”. Desde distintas ópticas, todas tratando el tema de la debacle educativa en diferentes países de este sufrido mundo.
En nuestro México lo vemos con paros y manifestaciones de una parte del magisterio, con elevadas resistencias a una evaluación “universal”, con el fracaso de una prueba como ENLACE que sirve para todo menos para conocer las debilidades y fortalezas de nuestro sistema educativo, con la improvisación de funcionarios de ese sector; con la venta, al mejor postor, de las condiciones de trabajo y los salarios de los profesores, sabiendo que en el paquete se deterioran las condiciones de aprendizaje.
Parece necesario ampliar el enfoque y recurrir a alguien más: “los modelos de la vida buena han pasado hoy a ser la presa de llaneros solitarios, cazadores y tramperos, y se han convertido en uno más de los numerosos botines resultantes de la desregulación, privatización, la individualización y la conquista y la anexión de lo público por parte de lo privado”. Zygmunt Bauman (Mundo Consumo) se percata de que en la sociedad actual globalizada los ciudadanos valen sólo como consumidores, que este rollo neoliberal no sólo nos roba el presente sino que ya se apropió de nuestro futuro, que se ha metido hasta lo más íntimo de nuestras vidas y las ha desarticulado convenciéndonos de que es nuestra culpa, siendo su principal mentira. Nos lamentamos de la pérdida de valores pero pretendemos ignorar que: “Quienquiera que llame a resucitar los gravemente heridos «valores familiares» (y que lo haga sabiendo lo que tal llamamiento implica) debería empezar por esforzarse en reflexionar sobre las raíces consumistas tanto del languidecimiento de la solidaridad social en el lugar del trabajo como del desvanecimiento del impulso por compartir las tareas de atención y el afecto en el hogar familiar”, y agregaríamos que si no avanzamos en resolver asuntos tan básicos el cambio educativo seguirá siendo cuesta arriba y una simulación más.
Debería haber escrito sobre el número de casillas, sobre el esforzado ejército de ciudadanos que participan en este proceso electoral, sobre el IFE y sus capacidades, sobre las desconfianzas y escasas certidumbres, pero no pude.
Etiquetas:
comprensión lectora,
elecciones,
fahrenheit 451,
joaquin cordova,
lectura,
leer,
magazine,
querétaro,
ray bradbury,
valores familiares,
zygmunt bauman
viernes, 9 de diciembre de 2011
LEER O NO LEER
Cicerón escribió: “Si tienes un jardín y una biblioteca, tienes todo lo que necesitas”, aunque Borges dijo: “El Paraíso es una biblioteca, no un jardín”. Ray Bradbury, el autor de Fahrenheit 451, afirmó: “No hace falta quemar libros para destruir una cultura. Basta con hacer que dejen de leerlos”. Es indudable que todos los escritores somos lectores compulsivos. Dicen que Cervantes leía “hasta los pedacitos de papeles rotos en las calles”. Dos de los escritores más grandes del siglo XX creían que leer era la forma ideal de descubrirnos a nosotros mismos. Marcel Proust sostuvo: “Todo lector se encuentra a sí mismo. El trabajo del escritor se reduce simplemente a una suerte de instrumento óptico que permite al lector discernir aquello que, sin ese libro, quizá nunca habría visto en sí mismo”. Franz Kafka escribió que: “Un libro debe ser el hacha que rompe el mar helado dentro de nosotros”. Homero Aridjis. Que te muerda algún libro. Focus 2011, foro internacional sobre consumos culturales organizado por Unesco, acerca del libro del futuro y el futuro de la palabra escrita.
Las pifias de dos de los precandidatos a la presidencia de la república han puesto de moda, otra vez, a los libros, a la lectura. Temas que han sido recurrentes en esta página de este semanario.
Parecería que no hay nada nuevo qué agregar. No es así. Como lo muestra la cita del mexicano Homero Aridjis, comprender lo que se lee implica el saber descifrar un muy amplio y riquísimo mundo construido por símbolos. Según una teoría del aprendizaje, los humanos no solo heredamos de nuestros antepasados ciertas características físicas: la estatura, el color de los ojos, el tono de la piel, ciertas alergias, la propensión a algunas enfermedades y un innumerable etcétera; también heredamos ciertas estructuras mentales que nos facilitan el aprendizaje del lenguaje, el manejo de símbolos que nos remiten a cosas concretas y que al mismo tiempo las rebasan. Creamos la imaginación, la capacidad de vivir otras vidas y de entender lo que nos rodea con el manejo simbólico que, después, se confrontará con esa realidad que resultará transformada, reinventada, porque nuestros sentidos son apenas pequeñas puertas, muy limitadas, para entrar en contacto con nuestro mundo exterior.
La memoria nos ahorra tiempo, reduce el número de pasos para no tener que empezar siempre de cero. No hay que volver a vivir lo ya vivido, lo recordamos y partimos de allí para construir cosas nuevas de las viejas. Aunque no siempre lo nuevo, por serlo, es mejor.
Si bien todos tenemos la capacidad para aprender a leer y comprender lo que leemos, no es algo automático, se necesita de la voluntad para hacerlo, porque es difícil, porque cuesta trabajo, porque requiere esfuerzo. El asombro, el poder maravillarnos por lo que podemos hacer, el saber compartir sentimientos y emociones, el construir todo un sistema para ponernos en contacto unos con otros y gozarlo, y padecerlo, facilita la tarea. En eso debiera estar empeñada nuestra educación, las miles de escuelas de todos los niveles, los maestros.
Convertir ese esfuerzo para aprender a leer, en placer, no es algo que se pueda desdeñar, está en juego nuestra sobrevivencia como especie. Cuando renunciemos al anhelo de ser cada vez más humanos nuestra permanencia perderá mucho de su sentido. Por eso es importante saber que nuestros políticos, los que aspiran a dirigir este país tan necesitado de ideas, carecen de ellas, que su imaginación está limitada y que apenas alcanzan a balbucear lo mismo de siempre redactado por un ejército de asesores que se rompen la cabeza para mantener a flote una imagen plana, sin más dimensiones que le den profundidad.
Nuestra tragedia compartida es que nuestras familias, las escuelas, los medios de comunicación, las redes sociales, parecen estar diseñados para que renunciemos a la capacidad de leer. La cultura del mínimo esfuerzo nos está llevando a vivir vidas mínimas, emociones superficiales sin frenos éticos ni morales, sociedades donde todo se vale sin la menor consideración por los demás. Leer o no leer no es cualquier cosa.
viernes, 6 de mayo de 2011
LO FUGAZ Y LO PERMANENTE
“Nueve de cada diez niños tienen caries; pero en vez de curarlos se propuso agregar una asignatura más al ya de por sí recargado currículo de las escuelas primarias. Y es que ahora prácticamente cualquier problema que padece la infancia: maltrato, mala alimentación, desnutrición, adolescencia, etcétera, se pretende que sea solucionado a través de una asignatura, quizás para que dentro de 10 o 20 años –cuando los niños sean doctores, abogados, ingenieros, políticos—arreglen lo que nuestros actuales profesionistas, funcionarios, burócratas no pudieron hacer y aventaron la chamba a los profesores”. Alexander Schaunard Las Asignaturas del Rey Midas, en revista Educación 2001, Abril 2011.
A la lista de la cita anterior podemos agregarle otras puntadas, como esa de que hay que implementar la asignatura de educación financiera para que nuestros niños aprendan a ahorrar, como si fuera a ser cierto que a su magro gasto diario para medio desayunar le fuera a sobrar algo para guardar y gastárselo en su ¿vejez? Pero lo que revela ese enfoque es que para todo se quiere que la escuela y los maestros resuelvan lo que los demás no quieren solucionar, porque no les da la gana, por corruptos, por flojos, por indiferentes.
Este texto estaba pensado para comenzar con otra cosa, así que volvamos al redil sin perder el estilo y la opinión ya expresada. Debido a la complejidad en su implementación, a la cobertura internacional, al exhaustivo procesamiento de los datos, se acaban de dar a conocer los resultados de lectura en PISA 2009, recordando que el nombre completo de dicha investigación es: Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, que se realiza cada 3 años y que los temas centrales van cambiando sucesivamente de Lectura en el 2000, Matemáticas en el 2003 y Ciencias en el 2006, para repetir en el 2009 con Lectura, por lo que ya hay material para comparar e intentar algunas conclusiones.
Entre las ventajas de PISA están: la cantidad de países que cubre, en este caso fueron 65, con un total de 475 mil estudiantes de entre 15 años tres meses y 16 años dos meses, independientemente del grado escolar en que estuvieran en ese momento, lo que nos permite vernos con otros sistemas educativos, para saber que tan mal o bien estamos.
Lo primero a comentar es que los 38,250 estudiantes que nos representaron quedaron, en promedio general, en el lugar 48 de los 65 que mencionamos, con una media de 425 puntos, arriba del promedio para América Latina que fue de 408. Además, como esos muchachos estuvieron agrupados por estado, nos podemos enterar que los estudiantes queretanos tuvieron un promedio de 427 en desempeño de Lectura en el año 2000 y que subieron a 432 en el 2009, un avance chiquito, de 5 puntos, al menos no hubo retroceso y están arriba del promedio nacional. Nada más viendo los resultados nacionales están en octavo lugar, detrás del Distrito Federal con 469, Nuevo León 450, Chihuahua y Aguascalientes con 449, México 440, Jalisco 438 y Colima con 436. Si agregamos al resto de los países resulta que se tiene una media por encima de Uruguay, Colombia, Brasil, Argentina, Panamá, Perú y otros más. Dentro del contexto nacional y latinoamericano no estamos tan mal, si agregamos al resto de los países participantes el resultado sigue siendo preocupante.
Regresemos a la opinión de Alexander Schaunard porque con tantos detalles se nos pierde lo importante: “La escuela tiene una misión y me temo que no estamos para abandonar su misión principal que es hacer que los niños aprendan a leer y escribir, que será el único medio de usar el cerebro contra ese adminículo del diablo (se refiere a la computadora) tan seductor, que nos dice «no pienses» ya todo está hecho para que disfrutes, ni siquiera tienes que guardarlo en la memoria (porque la computadora tiene más de la que necesitas). Todo es fugaz”.
PISA nos señala el reto, todavía el 38.1 por ciento de los queretanos que rondan los 15 años están en el mínimo de capacidad lectora, se esperaría que ya pudieran “comprender, emplear, reflexionar e interesarse en textos escritos con el fin de lograr metas, desarrollar conocimientos y participar en la sociedad”, pero no lo logran, el 54.8 están en un nivel intermedio y apenas el 7.1 logra un nivel alto de desempeño lector. A trabajar, a usar el cerebro, a leer y escribir porque eso desarrolla el pensamiento, el criterio, forma los valores, nos vuelve actores y no forzados espectadores.
A la lista de la cita anterior podemos agregarle otras puntadas, como esa de que hay que implementar la asignatura de educación financiera para que nuestros niños aprendan a ahorrar, como si fuera a ser cierto que a su magro gasto diario para medio desayunar le fuera a sobrar algo para guardar y gastárselo en su ¿vejez? Pero lo que revela ese enfoque es que para todo se quiere que la escuela y los maestros resuelvan lo que los demás no quieren solucionar, porque no les da la gana, por corruptos, por flojos, por indiferentes.
Este texto estaba pensado para comenzar con otra cosa, así que volvamos al redil sin perder el estilo y la opinión ya expresada. Debido a la complejidad en su implementación, a la cobertura internacional, al exhaustivo procesamiento de los datos, se acaban de dar a conocer los resultados de lectura en PISA 2009, recordando que el nombre completo de dicha investigación es: Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, que se realiza cada 3 años y que los temas centrales van cambiando sucesivamente de Lectura en el 2000, Matemáticas en el 2003 y Ciencias en el 2006, para repetir en el 2009 con Lectura, por lo que ya hay material para comparar e intentar algunas conclusiones.
Entre las ventajas de PISA están: la cantidad de países que cubre, en este caso fueron 65, con un total de 475 mil estudiantes de entre 15 años tres meses y 16 años dos meses, independientemente del grado escolar en que estuvieran en ese momento, lo que nos permite vernos con otros sistemas educativos, para saber que tan mal o bien estamos.
Lo primero a comentar es que los 38,250 estudiantes que nos representaron quedaron, en promedio general, en el lugar 48 de los 65 que mencionamos, con una media de 425 puntos, arriba del promedio para América Latina que fue de 408. Además, como esos muchachos estuvieron agrupados por estado, nos podemos enterar que los estudiantes queretanos tuvieron un promedio de 427 en desempeño de Lectura en el año 2000 y que subieron a 432 en el 2009, un avance chiquito, de 5 puntos, al menos no hubo retroceso y están arriba del promedio nacional. Nada más viendo los resultados nacionales están en octavo lugar, detrás del Distrito Federal con 469, Nuevo León 450, Chihuahua y Aguascalientes con 449, México 440, Jalisco 438 y Colima con 436. Si agregamos al resto de los países resulta que se tiene una media por encima de Uruguay, Colombia, Brasil, Argentina, Panamá, Perú y otros más. Dentro del contexto nacional y latinoamericano no estamos tan mal, si agregamos al resto de los países participantes el resultado sigue siendo preocupante.
Regresemos a la opinión de Alexander Schaunard porque con tantos detalles se nos pierde lo importante: “La escuela tiene una misión y me temo que no estamos para abandonar su misión principal que es hacer que los niños aprendan a leer y escribir, que será el único medio de usar el cerebro contra ese adminículo del diablo (se refiere a la computadora) tan seductor, que nos dice «no pienses» ya todo está hecho para que disfrutes, ni siquiera tienes que guardarlo en la memoria (porque la computadora tiene más de la que necesitas). Todo es fugaz”.
PISA nos señala el reto, todavía el 38.1 por ciento de los queretanos que rondan los 15 años están en el mínimo de capacidad lectora, se esperaría que ya pudieran “comprender, emplear, reflexionar e interesarse en textos escritos con el fin de lograr metas, desarrollar conocimientos y participar en la sociedad”, pero no lo logran, el 54.8 están en un nivel intermedio y apenas el 7.1 logra un nivel alto de desempeño lector. A trabajar, a usar el cerebro, a leer y escribir porque eso desarrolla el pensamiento, el criterio, forma los valores, nos vuelve actores y no forzados espectadores.
jueves, 29 de abril de 2010
EL LIBRO Y LA LECTURA
En estos días anteriores cayó una conmemoración que es más importante de lo que parece, el Día Internacional del Libro no festeja nada más ese invento como lo material, como ese amasijo de páginas que gracias a otro invento, la imprenta, se convirtió en popular.
Si recordamos nuestras lecciones escolares, sabremos que antes de los griegos, esa civilización que todavía nos maravilla porque recogió buena parte de la sabiduría de la época sin destruirla, inventó un sistema de signos con los que se podía representar todo y que admitía la creación o combinación de los mismos para nombrar lo que se iba conociendo. El alfabeto, que después, en nuestro caso adoptó otro código muy parecido que conocemos como abecedario, nos permitió, como especie humana, apropiarnos de la realidad, entenderla y transformarla.
Ese código escrito y verbal nos permite entender lo material y frecuentemente superarlo, nuestra convivencia sería imposible sin ese lenguaje que se atesora en las páginas de millones de libros que circulan, se leen y se guardan en todos los lugares posibles e imaginables.
Este día del libro se celebró con conferencias, encuentros académicos de alto nivel y de lectores que son los más importantes, de ferias del libro, de rescate de los mismos antes de que se reconvirtieran en papel sin más valor que su precio por kilo, en la sensibilización de que leer no es una actividad más de la que se puede prescindir. A la lectora y escritora Ángela Pradelli le interesa la manera en que se trata a la lectura y al libro dentro de las aulas, se pregunta si en realidad lo que se dice en los discursos oficiales se concreta en la práctica de diario en las escuelas y el provecho que tiene en los estudiantes. Pradelli parte o más bien llega a un hecho contundente: "Los alumnos que leen y escriben poesía en el aula se acercan al secreto más misterioso de la creación".
Pero vamos por partes y hasta donde el tiempo lo permite. En voz de la misma escritora: “Los profesores, en nuestras clases, tenemos que valorar la vacilación de la lengua como algo sagrado, preservarla en lo insondable de la materia que enseñamos. Escribir una oración breve puede ser una operación compleja y dificilísima. Se ponen en juego no sólo la circulación de las palabras, también los silencios, las jergas, la cadencia, el fraseo. El lenguaje corre allí con su energía creadora. La polisemia de la lengua es casi permanente: es imposible hablar sin matices, es imposible desatender a la vitalidad de ciertas frases y tonos. Los acentos de un poema nos revelan un mundo y nos ocultan otros. La intensidad de una prosa que nos afecta puede perturbarnos (…)
Los alumnos que leen y escriben poesía en el aula se acercan al secreto más misterioso de la creación. Cuando los estudiantes elaboran argumentaciones y construyen relatos hablan también, siempre, de su propia identidad. Vivimos en un mundo que se desborda de señales, que está repleto de mensajes. Cada gesto, cada color, las posturas, incluso los silencios tienen algo para decirnos.” Y sin embargo, un sistema educativo malo como el mexicano, no admite esas consideraciones, los profesores consideramos el uso del habla dentro del aula como desorden, como una falta a la disciplina, como un reto a la autoridad del docente quien es el único que puede hablar. Hace poquitos años escuché a un director de un plantel del Colegio de Bachilleres de nuestro estado decir que a él le gustaba que la escuela estuviera en silencio, que pareciera que no había nadie, que no había clases, él creía que el uso del lenguaje en el aula era simple ruido que había que acallar.
Conozco también el caso de una profesora que para ahorrarse trabajo prefiere reprobar a sus alumnos en lugar de motivarlos para que desentrañen esos misterios que los rodean y que también existen en su riquísima vida interior, que tiene índices de reprobación, en la materia de Literatura, del 50 al 80 por ciento, ni qué decir que esos alumnos terminan por aborrecer la lectura y la literatura en general, ni esperar que aprendan algún día a escribir correctamente. Sus directivos lo saben y no hacen nada por cambiar la situación, prefieren evitarse una bronca a cambio de que generaciones completas de muchachos terminen deformados y sin la posibilidad de encontrarle el gusto a algo que nos sirve, como ninguna otra cosa, para ser mejores seres humanos.
Vamos otra vez con Pradelli: “La riqueza de una clase puede ser ilimitada si valoramos los espacios de los diálogos "interlinguales". La capacidad del lenguaje es tremenda. Por la lengua construimos una mirada personal sobre el universo, nuestra propia humanidad depende de nuestras palabras”. Un poeta, el nicaragüense Ernesto Cardenal nos recuerda que: “En el aula, cuando el lenguaje circula con vida entre alumnos y profesores -en las bocas, los cuadernos, las pantallas- se construye, sobre todo, una visión del mundo.”
Necesitamos entonces, que nuestro niños y jóvenes sean los protagonistas del aprendizaje dentro y fuera de las aulas, debemos de facilitarles los espacios para que se comuniquen, que hablen, que opinen, que escriban, que compartan con los demás ese mundo que están construyendo, entender que el diálogo no es desorden, que si hay alguna reacción a lo que se ve en el aula puede ser la sorpresa que encuentran en conocer y comprender algo que desconocían, su capacidad de asombro, a pesar del maltrato escolar, todavía existe y puede desarrollarse, sólo así su mundo y el nuestro tendrán sentido. De eso se trata el libro y la lectura.
Si recordamos nuestras lecciones escolares, sabremos que antes de los griegos, esa civilización que todavía nos maravilla porque recogió buena parte de la sabiduría de la época sin destruirla, inventó un sistema de signos con los que se podía representar todo y que admitía la creación o combinación de los mismos para nombrar lo que se iba conociendo. El alfabeto, que después, en nuestro caso adoptó otro código muy parecido que conocemos como abecedario, nos permitió, como especie humana, apropiarnos de la realidad, entenderla y transformarla.
Ese código escrito y verbal nos permite entender lo material y frecuentemente superarlo, nuestra convivencia sería imposible sin ese lenguaje que se atesora en las páginas de millones de libros que circulan, se leen y se guardan en todos los lugares posibles e imaginables.
Este día del libro se celebró con conferencias, encuentros académicos de alto nivel y de lectores que son los más importantes, de ferias del libro, de rescate de los mismos antes de que se reconvirtieran en papel sin más valor que su precio por kilo, en la sensibilización de que leer no es una actividad más de la que se puede prescindir. A la lectora y escritora Ángela Pradelli le interesa la manera en que se trata a la lectura y al libro dentro de las aulas, se pregunta si en realidad lo que se dice en los discursos oficiales se concreta en la práctica de diario en las escuelas y el provecho que tiene en los estudiantes. Pradelli parte o más bien llega a un hecho contundente: "Los alumnos que leen y escriben poesía en el aula se acercan al secreto más misterioso de la creación".
Pero vamos por partes y hasta donde el tiempo lo permite. En voz de la misma escritora: “Los profesores, en nuestras clases, tenemos que valorar la vacilación de la lengua como algo sagrado, preservarla en lo insondable de la materia que enseñamos. Escribir una oración breve puede ser una operación compleja y dificilísima. Se ponen en juego no sólo la circulación de las palabras, también los silencios, las jergas, la cadencia, el fraseo. El lenguaje corre allí con su energía creadora. La polisemia de la lengua es casi permanente: es imposible hablar sin matices, es imposible desatender a la vitalidad de ciertas frases y tonos. Los acentos de un poema nos revelan un mundo y nos ocultan otros. La intensidad de una prosa que nos afecta puede perturbarnos (…)
Los alumnos que leen y escriben poesía en el aula se acercan al secreto más misterioso de la creación. Cuando los estudiantes elaboran argumentaciones y construyen relatos hablan también, siempre, de su propia identidad. Vivimos en un mundo que se desborda de señales, que está repleto de mensajes. Cada gesto, cada color, las posturas, incluso los silencios tienen algo para decirnos.” Y sin embargo, un sistema educativo malo como el mexicano, no admite esas consideraciones, los profesores consideramos el uso del habla dentro del aula como desorden, como una falta a la disciplina, como un reto a la autoridad del docente quien es el único que puede hablar. Hace poquitos años escuché a un director de un plantel del Colegio de Bachilleres de nuestro estado decir que a él le gustaba que la escuela estuviera en silencio, que pareciera que no había nadie, que no había clases, él creía que el uso del lenguaje en el aula era simple ruido que había que acallar.
Conozco también el caso de una profesora que para ahorrarse trabajo prefiere reprobar a sus alumnos en lugar de motivarlos para que desentrañen esos misterios que los rodean y que también existen en su riquísima vida interior, que tiene índices de reprobación, en la materia de Literatura, del 50 al 80 por ciento, ni qué decir que esos alumnos terminan por aborrecer la lectura y la literatura en general, ni esperar que aprendan algún día a escribir correctamente. Sus directivos lo saben y no hacen nada por cambiar la situación, prefieren evitarse una bronca a cambio de que generaciones completas de muchachos terminen deformados y sin la posibilidad de encontrarle el gusto a algo que nos sirve, como ninguna otra cosa, para ser mejores seres humanos.
Vamos otra vez con Pradelli: “La riqueza de una clase puede ser ilimitada si valoramos los espacios de los diálogos "interlinguales". La capacidad del lenguaje es tremenda. Por la lengua construimos una mirada personal sobre el universo, nuestra propia humanidad depende de nuestras palabras”. Un poeta, el nicaragüense Ernesto Cardenal nos recuerda que: “En el aula, cuando el lenguaje circula con vida entre alumnos y profesores -en las bocas, los cuadernos, las pantallas- se construye, sobre todo, una visión del mundo.”
Necesitamos entonces, que nuestro niños y jóvenes sean los protagonistas del aprendizaje dentro y fuera de las aulas, debemos de facilitarles los espacios para que se comuniquen, que hablen, que opinen, que escriban, que compartan con los demás ese mundo que están construyendo, entender que el diálogo no es desorden, que si hay alguna reacción a lo que se ve en el aula puede ser la sorpresa que encuentran en conocer y comprender algo que desconocían, su capacidad de asombro, a pesar del maltrato escolar, todavía existe y puede desarrollarse, sólo así su mundo y el nuestro tendrán sentido. De eso se trata el libro y la lectura.
domingo, 18 de octubre de 2009
NOSTALGIA
Nos falta publicar más seguido pero no es por carencia de ganas. A final de cuentas somos el reflejo de lo que sucede en una comunidad que tiene que recuperar los hábitos de lectura y escritura. En algún momento se perdió ese eslabón que unía la lectura con la imaginación, pasó lo que alcanzó a ver con la inteligencia Giovanni Sartori, nos convertimos en una especie exclusivamente visual y nuestro cerebro dejó de ejercitar esas habilidades que, antes, nos hicieron desarrollarnos y diferenciarnos del resto de los animales. Ahora no creemos en nada si no lo vemos con los ojos, sin darnos cuenta que son muy limitados, que la realidad que alcanzan a sentir es la que tenemos cerquita y que también nos pueden engañar.
Leer es conocer con la imaginación a través de las palabras. Para eso las inventamos, para apropiarnos del mundo que nos rodea y del que podemos construir sin necesidad de lo material, porque lo material nos limita, nos regresa cientos de años en la historia y nos hunde en la oscuridad de la ignorancia. Dicen los optimistas que lo visual dará como resultado una nueva cultura, que las tecnologías y los medios de comunicación masiva suplirán esos esquemas mentales que presupone el cognoscitivismo y que son producto de miles de años, pero una realidad inventada por “alguien” nunca será la misma que la lograda por uno mismo. ¿Cómo apreciar la vida si uno sólo se deja arrastrar por ella?
La escritura es el paso siguiente a la lectura. Nos volvemos audaces. Queremos comunicar –hacer común--, ese mundo que nos creamos, porque es un verdadero acto de creación, queremos compartirlo para que otros lo conozcan y nos dejen entrar en los de ellos. No nos conformamos con un universo, preferimos la variedad del multiverso. Vivir en muchos mundos de forma simultánea, porque podemos hacerlo, porque el tiempo se nos acaba, porque somos finitos.
Leer es conocer con la imaginación a través de las palabras. Para eso las inventamos, para apropiarnos del mundo que nos rodea y del que podemos construir sin necesidad de lo material, porque lo material nos limita, nos regresa cientos de años en la historia y nos hunde en la oscuridad de la ignorancia. Dicen los optimistas que lo visual dará como resultado una nueva cultura, que las tecnologías y los medios de comunicación masiva suplirán esos esquemas mentales que presupone el cognoscitivismo y que son producto de miles de años, pero una realidad inventada por “alguien” nunca será la misma que la lograda por uno mismo. ¿Cómo apreciar la vida si uno sólo se deja arrastrar por ella?
La escritura es el paso siguiente a la lectura. Nos volvemos audaces. Queremos comunicar –hacer común--, ese mundo que nos creamos, porque es un verdadero acto de creación, queremos compartirlo para que otros lo conozcan y nos dejen entrar en los de ellos. No nos conformamos con un universo, preferimos la variedad del multiverso. Vivir en muchos mundos de forma simultánea, porque podemos hacerlo, porque el tiempo se nos acaba, porque somos finitos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

