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domingo, 13 de octubre de 2019

EL HORROR Y EL ERROR


EL HORROR Y EL ERROR
Joaquín Córdova Rivas

Una historia de horror y de dolor. Las fechas conmemorativas quedan rebasadas porque hay un continuo de agresiones desde hace décadas, que se nos comenzaron a hacer normales porque nos enseñaron que la violencia es consustancial al simple paso de los días y los años, como si los tiempos de paz, de tranquilidad, de espacios de vida digna, de simple felicidad fueran excepciones cada vez más espaciadas, más cortas, como si no lo mereciéramos.

Entre más sabemos más nos asombramos de nuestra incapacidad de indignarnos, de nuestra desmemoria, de la falta de solidaridad, del inmenso miedo que nos paraliza y nos impide actuar. Lo peor es que racionalizamos nuestra falta de arrojo, nuestro silencio culpable, no faltan los pretextos para no involucrarse.

No encuentro la referencia exacta, seguramente el texto existe porque lo recuerdo, era de Heberto Castillo —si la memoria no traiciona— y hablaba sobre la tolerancia y los intolerantes. De esos que se escudaban en las supuestas libertades para renegar de ellas y atacarlas, para convertir en víctimas a quienes defendían la tolerancia en abstracto y no atinaban a poner límites a quienes abusaban de su poder. Una vieja paradoja que cada tanto se recicla. Los mismos que antes sin pudor, sin vergüenza, sin misericordia o ética alguna masacraron a los más débiles e indefensos, ahora se dicen reprimidos porque no pueden hacer lo que antes hacían.

Así, como sin querer, se van develando sus abusos cotidianos. “Hasta los dientes” es el título de un documental que se puede ver en Prime video, da cuenta del calvario de los familiares, amigos, compañeros y de cientos de ciudadanos regiomontanos por exigir una justicia que sigue sin cristalizar. Que presenta el horror de esa maquinaria burocrática al servicio de la brutalidad y la ignorancia que asesina a dos estudiantes del Tec de Monterrey —dentro de sus instalaciones— y los hace parecer como sicarios del crimen organizado que mueren en un enfrentamiento, cuando fue una ejecución extrajudicial. Esto en el marco de una irresponsable y cruenta “guerra contra el narcotráfico” declarada y dirigida por Felipe Calderón y sus cómplices. El mismo expresidente que quiso presentarse, en días pasados, a dar una conferencia en ese mismo campus y que fuera repudiado por la comunidad estudiantil. Suceso que no tardó en ser presentado como una forma de intolerancia y de ataque a la libertad de expresión, como si las comunidades de cualquier tipo no tuvieran derecho a defenderse y elegir a quién quieren escuchar y a quién no, a quién toleran que pise un lugar que debiera ser pluralmente académico y rechazar versiones ideológicas violentas y, esperamos, obsoletas. Rechazar el autoritarismo y sus símbolos se quiere presentar como intolerancia cuando es un sentido y digno rechazo a los agresores de siempre.

El poeta Javier Sicilia recuerda, dolorosamente, en un libro editado en el 2016 —El deshabitado. Grijalbo-Proceso—, hablando de sí mismo en tercera persona:

«México, pese a la reserva moral que gente como ellos había mantenido viva, a pesar de la lucha zapatista que diecisiete años atrás dio una salida al país, pero que, incomprendida, fue cercada y marginada, estaba devastado, extraviado en el infierno. Setenta años de una dictadura de partido que trató al país como su patrimonio, enquistándolo de mafiosos y criminales, veinte de una economía liberal y de una transición democrática fallida, y cinco de una guerra contra el narcotráfico desatada por el presidente Felipe Calderón y auspiciada por los Estados Unidos, lo sembraron de miseria, de cadáveres desmembrados y exhibidos como basura, de secuestrados, de desaparecidos y de miedo. Un lento pudrimiento del esqueleto moral y político del país lo había derruido.»

Las metáforas del poeta son precisas, estamos “sembrados” de horrores y errores, de miseria y violencia y esa “siembra” sigue dando sus macabros frutos y lo seguirá haciendo por mucho tiempo hasta que no se arranque de raíz, hasta que no siga germinando. Pero eso lleva tiempo. Sembrar una cultura de paz, de no violencia, de honestidad y ética requiere de voluntad y no dejarse corromper, sus frutos no serán instantáneos, pero tendrán que irse dando antes de que los violentos tengan más posibilidades de regresar y destruir lo ya logrado.

La decepción y traición foxista fue narrada como fábula, por la escritora Sabina Berman, en esa reunión de intelectuales que le piden al lenguaraz guanajuatense honrar los millones de votos que lo llevan a la presidencia de la república y que exigen un rompimiento con el régimen priista. Su cobardía no tiene nombre, prefiere entregarse y acordar con un derrotado partido oficial que honrar su palabra. https://www.eluniversal.com.mx/opinion/sabina-berman/fox-cae-en-un-hoyo-otra-vez

Sicilia tampoco es optimista, conoce el sistema y a través de la imaginación de un amigo describe:

«Por la mente de Georges pasó la presencia de ese ser con rostro de hombre honesto y cuerpo de serpiente, multicolor y alado, cuya cola termina en una punta venenosa y que custodia el octavo círculo del infierno de Dante, el de los fraudulentos que siembran las discordias y las guerras civiles.»

Refiriéndose a Peña Nieto y la entonces pendiente aprobación de la Ley de Víctimas:

«Es un nuevo Gerión. Cada presidente de México es Gerión. Pero lo hará, No tiene otra opción para ganar la legitimidad frente al desastre del país. Peña Nieto es un hombre intelectualmente pobre y también violento. Recuerda la espantosa represión de Atenco cuando era gobernador del Estado de México. Pero a diferencia de Calderón —un hombre visceral y contradictorio— es frío, ajeno al sentimiento y tiene asesores políticos maquiavélicos a los que escucha. Nos dará la Ley y cambiará el discurso belicista. Lo verás. Pero en el fondo todo permanecerá igual o empeorará. Son las perversiones de la política: que todo cambie para que todo siga igual. Esa Ley de Víctimas que acusa al Estado, es el rostro benévolo de una atrocidad: el incumplimiento de las leyes que estaban hechas para protegernos e impartir justicia. La promulgará, luego la manipulará mientras la violencia continúa apilando muertos y desaparecidos.»

Hay que recordar ese pasado de horror para evitar el error de justificarlo, de tolerar a sus emisarios que quieren recuperar ese poder que utilizaron para masacrar a una población que no atinaba a defenderse ante el terror provocado. Que nunca retornemos a racionalizar la maldad para darle otra oportunidad invocando libertades que quieren destruir.

viernes, 25 de enero de 2013

ESPEJITO ¿QUIÉN ES EL MÁS BONITO?

Tanto consenso, tanta aparente unanimidad quiere aparecer como esperanzadora, pero vivir toda una vida sorteando y padeciendo crisis recurrentes nos hace resistentes a los espejismos. Por lo menos a los cincuentones nos pasa eso, ignoro si las generaciones siguientes ─las más jóvenes─ todavía tengan guardada la duda suficiente como para otorgársela a ese nuevo PRI que sigue firmemente anclado a su pasado. Apenas a fines del año pasado y principios de este sostuvimos que el partido en el gobierno seguía el mismo camino de siempre: concentrar el poder y solo repartirlo, o aceptar que alguien más lo tenga, si daba la impresión de estar haciendo algún favor. Para ello tiene que maniobrar en el reino de las apariencias, como si fuera la consecuencia natural de las promesas de campaña, como un sustituto de realidades que necesariamente tienen que posponerse porque son deseables pero no posibles. En la estratosfera política, allá en las alturas, se practica algo que ya tiene nombre, al menos la politóloga Denise Dresser ya le puso nombre, “política de aparador” le llama y es el acaparamiento, un día sí y el otro también, de toda la atención de los medios sobre la figura del presidente de la república, que aparece como el gran hacedor, el gran reconciliador, el gran salvador, el indispensable. Pero eso no es nuevo, en Querétaro lo hemos visto por años, nuestros medios de comunicación, comenzando por la prensa escrita, tenían ─ ¿porqué lo pongo en pasado? ─ que poner en sus ocho columnas cotidianamente al titular del poder ejecutivo estatal o municipal aunque no hiciera nada importante o trascendente, sin importar el partido que gobernara. Los casos más ridículos por obvios eran los anuncios recurrentes de autoridades dando a conocer programas sociales que solo existían en el acto protocolario, en el boletín de prensa, en la pose “espontánea” para la fotografía rodeado de ciudadanos agradecidos. Y después la nada. De allí la importancia de los casos que logran salir del marasmo informativo a fuerza de constancia, de una desesperante paciencia, de inmerecidas injusticias, esos que desnudan al príncipe en turno y dejan al descubierto todas sus miserias. Son los casos, en su respectivo nivel de escándalo, de Florence Cassez, del indígena mazahua Hugo Sánchez Ramírez, de los campesinos ecologistas reprimidos en diferentes partes del país, de las queretanas solidarias con los migrantes acusadas de tráfico de personas, del par de indígenas amealcenses que solitas disque sometieron y sobajaron a una decena de policías federales, del presunto culpable que tuvo que llegar a los cines de México y el mundo, del “madreado” de plaza de armas, y de tantos otros que se escapan a la tinta y a este espacio; y para allá van los casos del “tortillas” de El Colorado, de Daniel Ramírez de La Griega, de las desaparecidas. Se quiere que cuenten los espejismos por encima de una terca realidad, la intencional fabricación de percepciones. Pero lo penal es solo un aspecto, los espejos terminan por reflejarlo todo, hasta las desnudeces. El control en un mundo que desaparece muchas de sus fronteras es también ilusorio, momentáneo, que se revierte cada vez más fácilmente. Antes nos veíamos en esos espejos chiquitos porque eran los únicos al alcance, ahora parece la casa de los espejos, esos que había en las ferias y que multiplicaban al infinito y deformaban las imágenes: “nuestra confianza en las estrategias vitales, los modos de conducta, y hasta los estándares de éxito y el ideal de felicidad que, según se nos repetía constantemente en los últimos años, valía la pena perseguir, se han trastocado como si, de pronto, hubieran perdido una parte considerable de autoridad y atracción. Nuestros ídolos, las versiones modernas líquidas de las bestias sagradas bíblicas, se han ido a pique junto con la confianza en nuestra economía”. Así lo plantea el sociólogo Zygmunt Bauman ─ La globalización del miedo, Revista Ñ 30 enero 2012─, habitual visitante de estas páginas. De allí la necesidad de contrarrestar la soberbia, el control absoluto ya no es posible, aunque para algunos sea un buen negocio. Javier Sicilia, el poeta que está recuperando su voz que también tiene silencios, lo ve claro: “México –no han dejado de mostrarlo los zapatistas y los diversos movimientos sociales que no han dejado de emerger del derrumbamiento de un mundo cuya violencia ha destrozado los significados– está hecho en más de un sentido de los excluidos, es decir, de las víctimas tanto estructurales como de la guerra, de las víctimas que ese mundo que se derrumba no ha dejado de crear y cuyo rostro está condensado en el paliacate y el pasamontañas zapatista. Por lo mismo, México, para resurgir, tiene que contar con ellos. Son esos anónimos, esos excluidos que silenciosa y sorprendentemente tomaron de nuevo las carreteras y las calles de las ciudades, los que pueden, junto con todos los demás, hacer de la noche el día.”

viernes, 21 de septiembre de 2012

NUESTROS MUERTOS

“Tal vez suene anacrónico o pueda parecer demagógico, pero a veces es necesario ser ‘como el tenor que imita la gutural modulación del bajo’ y decir palabras como patria, futuro y esperanza, aunque frente a nuestra cándida nariz rían los eternos polkos o se burlen los falsos cosmopolitas.” Hugo Gutiérrez Vega en su discurso como integrante de la Academia Mexicana de la Lengua, La Jornada 13 de septiembre 2012. Hay que recuperar la voz y la palabra, no dejársela a quien no la respeta, a quien la usa para engañar y esconder sus múltiples perversidades. Hay que nombrar a nuestros muertos, hablar de lo malo sin fingir que todo es bueno. Hermoso descubrimiento el del periodista John Harold Giraldo Herrera de la Revista Ñ (12 de septiembre del 2012), en esa tierra latinoamericana a la que Enrique Peña Nieto fue a pedir asesoría para seguir la guerra disque contra el narcotráfico: “En Guayabito vive muy poca gente. Los pocos habitantes del pueblo están surcados por extensos cultivos y sembrados de maíz. Son miles de hectáreas con más ganado que gente. Un puñado podría decirse. Y las pocas fincas se mantienen en solitario, salvo algunos fines de semana cuando llegan los patrones a pasar revista o a veranear con sus amigos. Sin embargo, María Isabel y su familia han tenido un contacto directo con los muertos, no solo porque los ven pasar ahí como en el patio de su casa, sino porque los muertos han sido una constante desde que ella llegó. Hace dos meses, decapitaron a dos muchachos del lugar y sus cadáveres fueron echados al río. Allí anduvieron flotando, entre algunas vacas que caen, en medio de esas aguas pasivas en la superficie pero tumultuosas debajo. Cuarenta metros de ancho mide el río, que a veces llega a 15 de profundidad. Allí guarda los misterios del devenir cruel y sanguinario de la historia colombiana. Los cuerpos deshilvanados, maltrechos, putrefactos y torturados no son normales para la poeta de los muertos. A ellos les ha escrito cientos de poemas en papelitos. El asombro la hizo escribir, aun exhausta tras su trabajo, sentada bajo un árbol escribe. Por necesidad, emoción y puro sentimiento […] Mientras nadie dice nada, mientras muchos callan el dolor y la angustia por “estar curtidos de tanto muerto”, María Isabel escribe, exorciza sus penas, ajenas, prestadas y las vuelve suyas. Ella no conoce a quienes con indolencia e inhumanidad han bañado al río de sangre, a las familias de vacíos, al país de olvido y a los muertos de desolación.” Así es María Isabel Espinosa, quien desde su sensibilidad, que algunos teníamos y hemos perdido, busca lo que muchos han renunciado a hacer: “Para María Isabel, haber llegado a este sitio fue asunto del destino. Los muertos no tenían quién les escribiera y al parecer zambullidos allí, los victimarios esperaban borrar sus rastros y que quedaran impunes sus atrocidades, pero la pluma de esta mujer aviva la memoria e impide el olvido. Los cuerpos no son sus parientes, no conoce ni sus nombres, ni su procedencia, tampoco los llora como las madres en Trujillo, Bolívar, Salónica, Bojayá, Riofrío y muchos lugares más; sitios que han tenido que padecer lo fatídico de los asesinatos en serie y las masacres. Nada de eso, María Isabel, les escribe por pura humanidad. Alguien los debía anclar, una persona se debía escandalizar y nada más que una mujer que tenía por pasión escribir, variar los sentidos emocionados por el color de las flores, al del horror producido por los muertos.” En el mismo afán está nuestro poeta Javier Sicilia, que los muertos por esta masacre cotidiana no se olviden, nos pertenecen a todos porque reflejan nuestro fracaso como seres humanos que pretenden trascender la muerte. Una caminata, tres caravanas cruzando el país y buena parte de la geografía de nuestro cómplice del norte, un intento de diálogo con una enferma clase política que no sabe honrar ni su propia palabra y que por eso nos corrompe a todos. Dice Sicilia estar “hasta la madre” de no encontrar la respuesta suficiente para detener esta guerra demencial que no parece tener fin, porque a muchos poderosos no les conviene que termine, porque se enriquecen enviciando a los demás, porque nos convierten a todos en mercancía. Los tres poetas, desde sus respectivas tribunas, tienen razón; hay que recuperar la palabra porque es lo único que nos queda, hay que nombrar a los muertos para que su muerte tenga sentido e impida la desmemoria, que nos ayuden a detener la espiral sangrienta en que estamos metidos. “En estos tiempos dolorosos –alertó el director del suplemento cultural La Jornada Semanal y autor de la columna Bazar de Asombros–, agobiados por las más lacerantes contradicciones, por la corrupción, la violencia homicida, la pobreza extrema, la injusticia, la cháchara redentorista y el terrible crecimiento de los fundamentalismos, tenemos la tentación de abominar de la política, pero la vencemos, pues es doblemente peligroso desconfiar de todo y de todos.” Es cierto, no podemos suicidarnos desconfiando de todos, tenemos que recuperar la humanidad perdida, olvidada, arrinconada, no caer en el juego de los que nos dividen para vencernos. Nos ocultan la realidad, nos maquillan las cifras, dicen cometer atrocidades por nuestra seguridad, hasta que nos convertimos en víctimas directas porque renunciamos a nuestros derechos, a nuestra memoria.

martes, 28 de junio de 2011

RECUPERAR LO PERDIDO

“En las desapariciones forzadas están coludidas las autoridades con los grupos criminales, por eso las procuradurías de justicia se niegan a investigar y cuando un policía honesto se atreve a denunciar a sus jefes, los policías desaparecen repentinamente o son misteriosamente asesinados”. Entrevista a María Herrera, madre de familia que denuncia la desaparición forzada de sus 4 hijos en diferentes fechas y eventos, una de las cinco víctimas que tomó la palabra en el diálogo del poeta Javier Sicilia y la administración de Felipe Calderón. Mario Casasús, Clarín de Chile/Rebelión.

Por lo que significa, por los efectos que puede tener. No hay otro tema. Resulta lamentable, por decir lo menos, que hayan hecho falta más de 40 mil muertes, miles de desaparecidos, una escalada en el salvajismo nunca antes vista en la historia reciente de nuestro país, para que las máximas autoridades accedieran a sentarse a escuchar a ciudadanos comunes y corrientes.

Tanta sangre, tantos muertos, tanto sufrimiento, tantas familias destrozadas para poder reventar el monopolio que sobre la representación política ejercen malamente los partidos políticos y los funcionarios emanados de ellos. Este remedo de democracia ha resultado my costoso. Como dicen por allí, lo poco que hemos logrado es tener varias mafias por quiénes votar, en lugar de tener una sola, pero a final de cuentas, como todas defienden los mismos intereses, pues da lo mismo.

Este 23 de Junio en el Castillo de Chapultepec se encontraron dos interpretaciones diferentes de la misma realidad, una, con un Felipe Calderón ninguneado, al igual que los demás representantes de los países reunidos en primera Conferencia Internacional de Apoyo a la Estrategia de Seguridad de Centroamérica, que se efectuó en Guatemala, por la poderosa e indiferente secretaria de estado de nuestro vecino del norte, una Hillary Clinton que mostró la importancia que le dan a lo que digan los demás al llegar dos horas tarde a esa reunión multilateral. Por el otro lado, un poeta que ha logrado aglutinar las voces desesperadas de millones de mexicanos, hartos de una guerra que les cayó de repente y que los ha convertido en víctimas reales o potenciales.

El primer logro es ese, el encuentro de dos visiones diferentes, de reclamos justos inatendidos, de denuncias de complicidades, impunidades y corrupciones que, para poder ser, sólo benefician a unos poquitos a costa de todos los demás.

Los ciudadanos, aunque no hayamos estado allí, aunque no seamos, todavía, víctimas directas de la barbarie desatada sin un diagnóstico preciso, nos sentimos más representados por esos familiares de víctimas, que por toda esa legión de sinvergüenzas que forman parte de las cúpulas del poder, a quienes no les importamos lo más mínimo.

Hace algunos años, no muchos, cuando al Instituto Electoral de Querétaro se le ocurrió realizar una consulta para hacer una de las varias reformas electorales, algunos ciudadanos propusimos romper con el monopolio de la representación política de los partidos, que los candidatos a algún puesto de elección popular se registraran haciendo uso de su derecho ciudadano a votar y ser votados, y que después, aceptaran o rechazaran por escrito el apoyo de alguno de los partidos políticos. Es decir, el registro quedaba fuera del control de las cúpulas partidistas y en el caso de que hubiera un candidato popular, conocido por su buena fama, con el compromiso de defender los intereses mayoritarios, los partidos se verían en la necesidad de “adoptarlo” para asegurarse una buena cantidad de votos, así salíamos ganando todos. Pero a los consejeros electorales de esa época, esos que no defendieron a sus antecesores y que se quedaron 7 años ganando un sueldo insultante, les dio miedo. A la fecha es un tema pendiente porque a los diputados federales no se les pega la gana convocar a un periodo extraordinario para aprobar las candidaturas independientes, y porque los locales no tienen las agallas suficientes para actuar como un poder independiente, ha de ser porque no lo son.

Esa sería una forma de recuperar la representación que hemos perdido, de no dejar solos a políticos, funcionarios, empresarios y líderes religiosos; de evitar que hagan lo que se les dé la gana para su exclusivo beneficio, de evitar la impunidad y la corrupción, que no declaren guerras y nos traten a todos como criminales en potencia, que no abusen de su poder y que nos protejan contra la delincuencia.

sábado, 25 de junio de 2011

CONTRA LA DESMEMORIA

La opacidad se disfraza de transparencia. En lugar de que los sucesos importantes se entiendan se vuelven un galimatías insoportable, quizás el problema sea que todo nos lo creemos, o que estamos tan saturados que no queremos saber más.

Un caso reciente. La prensa nos informa que se encuentra un laboratorio especializado en producir “metanfetaminas o cristal” en un predio cercano a la autopista México-Querétaro, específicamente en el municipio de El Marqués. Hasta aquí vamos bien, la localización pudo ser confirmada por los reporteros que fueron trasladados al sitio por las propias autoridades, aunque permanecieron expectantes fuera del mismo porque era peligroso entrar. Así que los siguientes datos dependieron de lo que dijeran las diferentes autoridades. Por ejemplo, con todo y que las instalaciones eran más que amplias porque el laboratorio se encontraba “asentado en una superficie de 4 mil 500 metros cuadrados” y que en su interior “se localizaron mil 462 tambos de 200 de litros conteniendo diversas sustancias químicas para el procesamiento de drogas sintéticas”, que: “Para lograr esta producción era menester que hubiera entre 30 y 40 trabajadores, incluyéndose ingenieros, \"cocineros\", \"aguadores\", entre otros”, apenas “se producía(n) alrededor de 150 kilogramos de droga cada 6 días”. Y los datos no cuadran, pareciera que una serie de televisión estadunidense como Breaking Bad maneja datos más reales sobre el tema. Pero olvidemos completamente la teleserie, nuestras autoridades son mejores para inventar tramas y enredar lo que debiera ser claro.

Sigamos. Según la nota publicada por El Universal el 20 de Junio “El hallazgo se logró gracias a una denuncia ciudadana”, así que nada de operativos, ni inteligencia, ni nada, puro chiripazo, pero lo interesante, para este texto, es lo que se informa después: “La PGR reportó que en el referido lugar se encontraron 3 mil 103 kilos 700 gramos de metanfetamina” que a razón de 150 kilos por cada seis días significa que se producían 25 kilos diarios, así que para tener almacenada la cantidad encontrada se trabajó durante poquito más de 124 días continuos, las 24 horas, sin descansos, o sea, la producción de más de 4 meses estaba guardada en ese lugar, lo que resulta imposible de creer, dado que parte importante de su producción es su rápida distribución, guardada no sirve para nada, el negocio no funciona así. Alguien miente o no se sabe explicar, o lo peor, a nadie se le ocurrió preguntar y nos quedamos, todos, conformes con lo que nos dijeron.

Querer indagar a qué organización pertenecía, si estaba el negocio dado de alta en Hacienda, si se pagaban impuestos, si tenían cuentas bancarias a nombre de la razón social exhibida, si rentaban o quienes son propietarios del terreno, si sus trabajadores sabían lo que producían y estaban registrados en el IMSS, o consultar a un Químico que calculara que tanta metanfetamina se puede producir con lo allí encontrado, si se surtían con empresas legales y demás detalles, pareciera ocioso. Siempre vamos a depender de lo que nos digan y quieran decir: “De conformidad con las indagatorias de la PGR, este narco-laboratorio tenía aproximadamente un año de operaciones”.

Pero el caso anterior es apenas uno de los miles que suceden a diario y que hacen que nos acostumbremos a la impunidad, lo peor es cuando hay afectaciones inmediatas a personas, a sus familias, a ese tejido social que somos todos, esas más de 40 mil víctimas que no pueden seguir siendo un número que cada día crece, que hay que luchar porque tengan nombres, que se conozca cómo eran, que se sepa que las extrañamos, todos. “Nosotros venimos haciendo estas pancartas desde años atrás; no son fichas técnicas con datos básicos, sino que incluimos una lista con la música que le gustaba a cada una de nuestras hijas, su comida favorita, sus sueños, su descripción de forma tierna, quisimos quitarle la violencia a nuestras pancartas y enseñar lo mejor de nuestras hijas”, así lo expresa José Rayas, cofundador de la ONG Justicia para Nuestras Hijas. “Desapareció el domingo 16 de marzo de 2003, a las 5:30 de la tarde; Viviana tenía 16 años, estudiaba en el Colegio Bachilleres de Chihuahua, ese día fue al Parque Lerdo para hacer la tarea, sus amigas de la escuela la acompañaron a buscar el autobús de regreso a casa. El cuerpo de mi hija fue encontrado tres meses después, en una carretera al sur de Chihuahua. El caso de mi hija no se ha aclarado, llevo 8 años exigiendo Justicia y nada, el expediente está en blanco, inculparon a dos jóvenes –que confesaron bajo tortura el secuestro y asesinato-, pero los dejaron en libertad ante la falta de pruebas y la tortura cometida por la policía.”