sábado, 27 de octubre de 2012

OCTUBRE EN ROSA

Octubre se vistió de rosa, no es su color usual, esa tonalidad se eligió como símbolo de la lucha contra el cáncer de mama, una de las enfermedades más devastadoras en el sentido biológico y psicológico y casi, casi propia de las mujeres. Sumergirse en las estadísticas no tiene caso, ya se han repetido en otros medios y sabemos de la importancia del tema, de su forma de prevención y atención temprana, pero involucra aspectos que tocan algo más trascendente y que damos por hecho o que evitamos remover. A fines de la década de los 70 del siglo pasado, nuestro país y buena parte del mundo, llamado occidental, estaba metido en la dinámica de la discusión de los derechos propiamente femeninos. Detrás de la fachada de los derechos sin distingos, de la generalidad, estaban escondidos los derechos de, por lo menos, la mitad de la humanidad. De repente descubrimos que nuestro machismo estaba inextricablemente unido a nuestro desarrollo histórico de casi 2 mil años, que lo que dábamos por “natural” era, en realidad, un artificio socialmente construido, pero deshacerse de inercias que convienen a la otra mitad de esa totalidad de la que hablamos, no es nada fácil. Octubre de 1976 es importante en ese feminismo que se ha ido decantando, que decidió investigarse, definirse, plantearse metas; es la fecha en que aparece el primer número de la revista “fem”, sus fundadoras y artífices intelectuales fueron Alaíde Foppa y Margarita García Flores, quienes plantearon en la editorial de ese primer número, hace apenas 36 años: “Fem se propone señalar desde diferentes ángulos lo que puede y debe cambiar en la condición social de las mujeres; invita al análisis y a la reflexión. No queremos disociar la investigación de la lucha y consideramos importante apoyarnos en datos verificados y racionales y en argumentos que no sean sólo emotivos” (como nos recuerda Alejandra Parra Toledo en La Jornada del 03 de Octubre del 2005). Su intención era evidente, además de lo expresado en la cita anterior había que concentrar los textos y las luchas que parecían dispersas: “hacía falta un medio que hablará de los asuntos de las mujeres, aunque en ese entonces varias feministas escribían en periódicos nacionales; allí estaban, por ejemplo, Marta Lamas en El Universal, Angeles Mastreta en Últimas Noticias de Excelsior, Antonia Tarrascón en Excelsiór y Esperanza Brito en Novedades. También era cierto que hacía falta un vehículo que diera especial protagonismo a los temas de las mujeres. Por ello se dieron a la tarea de fundar un proyecto editorial de corte feminista.” En el camino hubo que deshacerse de prejuicios, apelar a la razón sin desconectar al sentimiento, quitarse de hembrismos y develar situaciones que a muchos nos convenía, aparentemente, dejar ocultas. Las preocupaciones iniciales estaban reflejadas en los primeros 21 artículos de la revista, señaladamente, según Alejandra Parra Toledo «de Alaíde Foppa, “Anatomía no es destino”; Elena Poniatowska, “Castillo en Francia”; Elena Urrutia, “Del trabajo invisible al trabajo visible”; Margo Glantz “¿Quién terminará con el fascismo amoroso”; de Simone de Beauvoir una entrevista a Jean Paul Sartre; una de Carmen Lugo a la psicoanalista Marie Langer; el artículo de Marta Lamas, “Las taquilleras del Metro ganan una batalla”» A 36 años mucho se ha avanzado, ese “feminismo” fue ganando terreno también en los hombres, se transformaron muchas relaciones de pareja, se abrieron nuevas posibilidades, se reivindicó el derecho al trabajo dignamente remunerado y en igualdad, a la participación en terrenos políticos y laborales antes exclusivos para los machos de la especie; al conocimiento del propio cuerpo sin culpas, a su disfrute, a la toma de decisiones respecto del mismo. Se han trastocado muchas cosas, el mundo no es el mismo. Pero las conquistas no han sido parejas y continuamente se cuestiona su permanencia, por eso no se puede descuidar lo ganado, no se puede dejar de avanzar, de investigar, de reflexionar, de convencer. Por eso la lucha contra las enfermedades que aparentemente son propiamente femeninas simboliza muchas cosas que no se pueden quedar en las corbatas de los conductores de noticias de la televisión, en el color temporal de los uniformes de algunos equipos de futbol, en la iluminación de edificios históricos o comerciales, en la compasión. La última edición impresa de “fem” fue en el 2005, hace 7 años, por problemas de matrocinio (es que patrocinio como que desentona), de distribución; en lo personal prefiero pensar que fue porque sus contenidos ya no cabían en sus numerosas páginas, en sus leales colaboradoras y público lector, que se filtraron en otros medios, en el surgimiento de organizaciones no gubernamentales de distinto tipo, y lo mejor, en nuestras vidas.

viernes, 19 de octubre de 2012

LOS MATICES CUENTAN

La oportunidad para enfocar el tema cayó solita. La nueva villana favorita, por obvias razones, emite una declaración que no está completamente desacertada, pero yerra en un punto importante: se le olvidan varias décadas de lucha continua a favor de los derechos de las mujeres. Matizar se vuelve difícil, estamos acostumbrados a aceptar discursos o tomas de posición completas o a rechazarlas absolutamente. Las críticas interesadas de asociaciones como Mexicanos Primero parten de situaciones reales, pero sus interpretaciones son sesgadas y mañosas; a pesar de que se esfuerzan por ocultar sus intereses empresariales, legítimos si nos los negaran, sus propuestas ignoran el desarrollo de la educación en México, como si no hubiera historia, como si todo se resolviera aplicando la voluntad autoritaria por encima de la construcción institucional democrática. ¿Qué parte de la declaración de la indigerible líder formal magisterial sirvió para descalificar todo lo que dijo?: “El abandono de la madre en la formación de los hijos, convirtió a las escuelas en guarderías juveniles, a los maestros, en solidarios responsables de la educación, y vació de contenido educativo y de convivencia humana, enormes cantidades del tiempo familiar, el cual fue ocupado por el excesivo consumo de la televisión chatarra y el abusivo uso de instrumentos lúdicos envueltos en ropajes de tecnología, también chatarra”. Sólo que la señora Elba Esther Gordillo no habla de un abandono intencional, por flojera o irresponsabilidad; tampoco se refiere a una sociedad ideal donde la educación familiar de los hijos es tarea intencionalmente compartida, habla de realidades evidentes. No las culpa, por lo menos no se ve eso en el sentido del texto, simplemente retrata, a su manera, lo que está pasando. ¿Por qué no se cuestiona lo que dice acerca de la televisión chatarra, o del desplazamiento de la tarea educadora de la familia tradicional, que cada vez es menos, a la escuela? Tampoco se niega que las escuelas se hayan convertido, en muchos casos y por periodos de tiempo cada vez más prolongados, en guarderías. Tal vez habría que reprocharle que no lo dijera antes porque no convenía a sus intereses personales, porque el texto de referencia habla de hechos muy evidentes: "Cuando la familia dejó de ser el centro de la formación de los valores, éste fue ocupado por otros sistemas de comunicación con otros objetivos […] Ello nos remite a reflexionar lo que implica y seguirá implicando, la desvalorización que la sociedad ha experimentado en las últimas décadas y que hoy se materializa en formas diversas, dramáticas, como son los homicidios múltiples, el incremento en las adicciones, el trágico aumento del número de NiNis o el fracaso del Estado para garantizar la seguridad". Hay que aprovechar para que diga claramente cuáles son los valores “desplazados” y qué intereses los sustituyeron y de quién son. Creo que todos lo intuimos si no es que los conocemos. El que nuestros niños y jóvenes no practiquen los valores que se consideran deseables e importantes, que aborrezcan la lectura y por eso no comprendan lo que leen y lo que viven, que carezcan de las más elementales habilidades matemáticas, que la ciencia les parezca algo extraño e inútil, no puede ser accidental. Las otras instancias educadoras de la sociedad, no solo la familia y la escuela, están aprovechando su desarrollo tecnológico, su omnipresencia, para atentar contra un proyecto de país o de humanidad si se quiere, que sea incluyente, equitativo, plural, tolerante, respetuoso del planeta que habitamos. Quizás sí habría que reprocharle que evitara referirse a los cambios acelerados en la composición e integración familiar, el reconocimiento de los otros modelos de familia provocados no por la inmoralidad, la irresponsabilidad, la flojera, sino por un modelo económico que propicia la concentración de la riqueza y de los medios de comunicación, y de todo lo que resulte rentable ─el esclavismo moderno, la trata de personas, el narcotráfico, bueno, lo que sea que pueda ser negocio─. Ni siquiera la “maestra” tiene la capacidad y el poder para desaparecer de un plumazo la lucha y los avances en el reconocimiento de los derechos de las mujeres, aunque todavía sobrevivan las dobles o triples jornadas de trabajo, frecuentemente mal remuneradas; el que se discutan abiertamente sus derechos sexuales y reproductivos, se acepten, se practiquen; el que deje de considerarse su potencial y realidad de dar vida como una desventaja, como un destino impuesto por una sociedad machista que la valora idealmente y la desvaloriza realmente. No se trata de defender al personaje, poco hay que hacer en ese sentido. Sí de mencionar que quizás tenga algo de razón porque hasta ella se da cuenta de cosas como esta: “"¿Cuándo se socializan los problemas, las aspiraciones y aún los miedos y fracasos de quienes forman la familia? Porque estamos claros que en los pocos momentos disponibles para ello, es cuando la televisión, con su monótono e insulso ruido, avasalla con el entretenimiento".

viernes, 12 de octubre de 2012

DESPEDIDAS Y ARREPENTIMIENTOS

Los testimonios son escalofriantes por emotivos, porque destilan vergüenza y culpa. Toda una generación de ciudadanos que se descubren engañados y que han condenado a otra de ellas a la migración, a la pobreza, a la desesperanza. No por nada Europa hierve de indignación en manifestaciones multitudinarias. Hay que prestarles el espacio y sumar nuestra voz: “Ayer me despedí de mi hija. Emigra en busca de un futuro que no ha podido encontrar en su país y que la sociedad, o sus padres, no le ha sabido dar […] Marchar le ha costado quedarse sin pareja, por lo que el llanto, apagado, que oía por la noche desde mi cama, se me hacía aún más amargo […] Como muchos jóvenes de su edad, mi hija ha completado su formación profesional con el paso cambiado. En la primavera regresó a España con la intención de buscar un empleo, en lo que fuese pero a poder ser "de lo suyo". Consiguió algunas entrevistas de trabajo, pero las condiciones siempre eran abusivas: salario de becario, 400 € al mes, para una persona con una licenciatura, un master, que domina cuatro idiomas y con experiencia laboral en el extranjero. Estos sueldos no le darían ni para comer ni para alquilar una habitación en las ciudades donde le ofertaban estos empleos. Tendría que tener una ayuda de sus padres, a lo que, por supuesto, estamos dispuestos. Pero ella no quiere seguir dependiendo de nosotros, con una ayuda que, de hecho, estaría subsidiando a los empresarios que abusan de nuestros jóvenes. Este verano han pasado por casa, para despedirse, muchos amigos suyos. Sus conversaciones siempre giraban en torno a lo mismo: la depresión de la crisis, los despidos o el miedo a ser despedido, los abusos de los empresarios que, aprovechándose de la crisis imponen condiciones leoninas, despidiendo a buena parte de la plantilla para que los "supervivientes" hagan el trabajo del resto, intimidados por la amenaza de ir a la calle […] En Mallorca, donde vivo, ha sido un año espectacular de turismo, con cifras récord de viajeros e ingresos. Un amigo que tiene un restaurante me dice que este verano ha hecho un 15% más de caja. Sin embargo, muchas empresas del sector han despedido a buena parte de sus plantillas, de nuevo forzando al resto a asumir las tareas de los despedidos, aprovechándose del miedo a perder el empleo para aumentar sus márgenes de beneficios. ¿Es esto lo que ha conseguido la reforma laboral?” Es el lamento ─tardío pero honesto─, de Carlos M. Duarte profesor investigador del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados, publicado en el Huffington Post del 5 de octubre de este año. Es la voz de esa generación que ha visto sus expectativas y los sueños de sus hijos despedazados, que se creyeron el rollo de que la reforma laboral que abarata los despidos, restringe hasta casi desaparecer los derechos laborales, posibilita los contratos a prueba y el pago por horas, era la gran solución contra el desempleo, y que vieron los efectos ahora vistos y padecidos. Los grandes beneficiarios, otra vez, los grandes empresarios, que no pueden ocultar, ni operándose, la sonrisa de la cara. Pero, en el desastre, no todo puede estar perdido: “Hay quien se felicita, estúpidamente, de que muchos seguimos en silencio, pero algo está cambiando. Ya no nos vale más de lo mismo, ya no nos aplacan con mentiras calculadas, engaños burdos, eufemismos y la cantinela de que lo que nos pasa es que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y nos merecemos lo que pasa”. En esta coyuntura estamos los mexicanos, está a punto de aprobarse una reforma laboral casi calcada de la aplicada sin piedad en los países europeos que se encuentran en crisis profunda y de la que tardarán años en salir. Ojalá alcancemos a vernos en ese espejo y no persistamos en los mismos errores. Me gustaría haber viajado en el tiempo, hasta 1492, encontrar una historia más convincente del encuentro de dos mundos, no del “descubrimiento” de uno sobre el otro. Compartir otras versiones e interpretaciones que nos permitan revalorarnos, ya no ser el pueblo vencido, humillado, que tiene que renegar de su pasado, de sus dioses, de su forma de ver y explicar el universo, pero el presente se nos viene encima y hay que dar espacio a la reflexión y a la crítica, seguramente habrá oportunidad para viajar en otro momento, que para eso sirve la Historia ─esta vez con mayúsculas─.

viernes, 5 de octubre de 2012

CONTANDO HISTORIAS

La historia como un galimatías prescindible y olvidable, como una simple sucesión de fechas destinadas a volver loco a cualquier escolar, y más en un examen; el eterno desfile de personajes con peluquín o vestidos estrafalarios, los grandes acontecimientos considerados así por algún genio de gabinete que nuca se tomó la molestia de explicarlos. Esa era mi visión de esa ciencia social enseñada por profesionistas de las disciplinas más disímbolas y que, obvio, tampoco entendían nada de lo que enseñaban. Hasta que conocí, por sus escritos, a Eric Hobsbawm. Ni siquiera recuerdo el año cronológico o escolar y eso podría considerarse una grosería, pero si tomo en cuenta mi aversión por las fechas, porque históricamente prefería olvidarlas por su falta de significado, ese olvido es una consecuencia lógica de la incomprensión. Con Las Revoluciones Burguesas, ?texto que necesito releer por el simple gusto de volver a entender la relación entre las revoluciones Francesa e Industrial, avistar el nacimiento de conceptos que se requerían ante fenómenos completamente nuevos y por ello íntimamente ligados a su pasado, encontrarle sentido a las fechas, llenarlas de contenido y relacionarlas con el mundo que estamos viviendo?, cambié mi perspectiva y aprecio por la historia, con minúsculas o con mayúsculas, es lo mismo dada mi aversión anterior. Saber, por fin, que la historia es mucho más que algo que ya pasó, fue un descubrimiento que reordenó todo lo que sabía y le dio sentido. El pasado adquirió vida y la sigue teniendo porque no es algo muerto, sino sujeto a reinterpretaciones, a descubrimientos. A Hobsbawm seguramente es mejor entenderlo y conocerlo a través de sus propias palabras, en este caso recopiladas por José Andrés Rojo del diario español El País del 1 de Octubre del 2012, por ejemplo, sobre este individualismo feroz que promueve el capitalismo voraz: “Creo que el individualismo libertario no es una base adecuada para la política del poder. Porque, en el fondo, el individualismo es lo opuesto a una política colectiva. Se puede movilizar a los pueblos en la senda del nacionalismo, del patriotismo o de otras rutas colectivas, pero si se dice al individuo que lo que cuenta es su supremo interés, luego es muy difícil convencerlo de que debe subordinar ese interés, aunque sea solo en parte, a los intereses de los demás”. Y menos si ese “individuo” está en una posición privilegiada, cercana al poder político o económico, entonces sí, que alguien pretenda convencerlo de que los demás existen más allá que como meros consumidores. Con todo y que nunca renunció a su cercanía ideológica con el marxismo, es más, esa manera de analizar las cosas fue su característica principal, tampoco se engañaba: “…los regímenes comunistas eran, en cierto sentido y deliberadamente, regímenes elitistas. Aunque sólo fuese por el énfasis que ponían en el papel de guía que debía desempeñar el partido. Su objetivo no era convertir al pueblo, las suyas no eran fes, sino iglesias oficiales. Por esta razón, la mayor parte de los pueblos sometidos a estos regímenes estaban fundamentalmente despolitizados. El comunismo no entró nunca en sus vidas en el sentido en que, por ejemplo, el catolicismo entró en las vidas y en las conciencias de los pueblos de América Latina tras la colonización. El comunismo era algo de lo que se esperaba buenos o malos resultados, pero que en general no fue interiorizado por los pueblos”. Hay categorías que se antojan indispensables en un historiador como este, pero que notamos totalmente ausentes en los procesos escolares de aprendizaje, seguramente por eso nunca me gustó la historia hasta que pude comprenderla a través de este ciudadano del mundo nacido en Alejandría, en un año que aparece continuamente en las efemérides de nuestra cultura occidental, 1917: “Es posible garantizar a todo el mundo que van a tener igual acceso a la Coca-Cola. Pero no es posible que todos tengan el mismo acceso a una entrada para el teatro de ópera de la Scala, de Milán. Porque por la naturaleza misma de este bien, el número de entradas de la Scala es limitado y no se pueden producir más. […] Por eso creo que el problema de la globalización es la aspiración a garantizar un acceso tendencialmente igualitario para todos los productos de un mundo que es, por su naturaleza, desigual y distinto. Hay una tensión entre dos ‘abstracciones’. Se intenta encontrar un denominador común al que puedan acceder todas las personas para cosas que no son, repito, accesibles naturalmente a todos. Y ese denominador es el dinero, es decir, otra ‘abstracción”. Recuerdo como entre brumas el 68 mexicano y francés, que después adquirieron sentido a través de los recuerdos y textos de Heberto Castillo, Eduardo Valle “El Búho”, Elena Poniatowska, Luis González de Alba y otros que de momento se me escapan. Entre Hobsbawm y el 68 se me aparece un camino que vale la pena volver a recorrer, esperando que haya tiempo, porque también no puedo dejar de reconocer la angustia que provoca que los referentes que forman parte de mi vida estén muriendo físicamente. Mientras, hay que disfrutar y comparar otros puntos de vista, desde la literatura por ejemplo, desde un continente que seguimos ignorando, nadie mejor que la joven escritora nigeriana Chimamanda Adichie para saber del “peligro de una sola historia”.

viernes, 28 de septiembre de 2012

DECISIONES CORRECTAS

“La deliberación exige responder a razones, y no sólo a intereses. Por eso, se apoya en las libertades fundamentales de pensamiento y expresión, pero también las apuntala. En un régimen democrático de calidad, nadie es, a priori, dueño de la verdad, y se establecen procedimientos que garantizan a todas las posiciones la posibilidad de participar en el debate.” Fernando Castaños Zuno del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Buena razón nos da el investigador universitario para aquilatar la importancia de la instalación formal de la LVII Legislatura del Estado y del relevo en la presidencia del Tribunal Superior de Justicia, ambos órganos, uno del poder legislativo y el otro del judicial, son colegiados y por tanto deben ser netamente deliberativos. No está de más recordar que el ejecutivo se deposita en una sola persona, el gobernador en este caso, mismo que deberá llevar a cabo, de la forma más puntual deseable, las decisiones tomadas en colectivo por los otros dos poderes Pero a nuestro sistema político lo ahoga el protagonismo, basta revisar las primeras planas de cualquier medio de comunicación impreso para darse una idea de quién las acapara. Nada más fácil que cubrir una nota que se refiera a la construcción de algo, a la invención de un nuevo programa, a la aplicación de otros tantos, pero no existe la cobertura suficiente para seguir al detalle los procesos de discusión que llevan a la toma de decisiones, a menos que se trate de ridiculizar a alguien, o bien ocurra cualquier cosa que parezca un escándalo. Si tuviéramos el detalle de las discusiones, si viéramos aflorar los intereses y las razones, sabríamos con cierta certeza para quién trabaja cada quién, qué representa cada fuerza política que forma parte de la legislatura, si en realidad nos representan o solo se hacen guajes, hasta dónde cuidan las razones los magistrados del Tribunal Superior de Justicia, porque Fernando Castaños lo tiene muy claro: “Para que en nuestro país ─la democracia─ se consolide y llegue a ser de calidad, es necesario que la deliberación entre actores políticos, y entre éstos y la ciudadanía, adquiera un lugar central. Es la mejor compañera del respeto a la pluralidad de posturas y de la toma de decisiones en órganos colegiados representativos, y son imprescindibles en un sistema democrático como el que aspiramos a tener los mexicanos, y se impulsan entre sí”. Ya se complicó el asunto, la democracia, desde esta perspectiva, no solo requiere de conocer la discusión, crítica, propuesta y negociación con base en razones, dentro de los órganos colegiados, sino que estos establezcan mecanismos plurales y transparentes para deliberar con la ciudadanía, para conocer sus puntos de vista, para considerarlos al momento de tomar una decisión que afectará, para bien o para mal, a todos o a los grupos más sensibles o más vulnerados. La práctica de esta característica democrática la ilustra muy bien la legisladora islandesa Birgitta Jónsdóttir (entrevista de Klaudia Álvarez / Barcelona Lunes 24 de septiembre de 2012. Diágonal Número 181) cuando recuerda la discusión respecto de la propuesta de su presidente de asumir las deudas privadas como públicas, vamos, sería la versión islandesa de nuestro FOBAPROA-IPAB: “Nosotros, el pueblo, descubrimos una manera de detener esto. La responsabilidad y el rol del presidente de Islandia es firmar las leyes, pero es el Parlamento quien las aprueba. Él dijo hace unos años que si existía una brecha entre la nación y el Parlamento, se negaría a firmar esa ley y daría a la nación la oportunidad de votarla. Todos lo recordamos diciendo eso, así que reunimos 70.000 firmas (un número enorme, teniendo en cuenta que hay 310.000 habitantes en nuestro país). De esta manera se vio obligado a convocar un referéndum nacional. Después el Gobierno intentó de nuevo firmar un contrato inconstitucional con los británicos y los alemanes, y nosotros lo rechazamos otra vez. Estas dos consultas nacionales fueron muy importantes para formar a las personas en la corresponsabilidad compartida.” Pero la legisladora también hace una advertencia, “Recuperar nuestra democracia es un proceso que no va a pasar en un año, o en cuatro años, es a largo plazo. A ellos les costó mucho tiempo quitárnosla y nos costará tiempo recuperarla.” Entonces, va quedando claro que por muy representativas que crean ser nuestras democracias, necesitan refrescarse y legitimarse, estableciendo formas diferentes de discusión y negociación para llegar a acuerdos, eso de quitarse de encima los intereses propios o ajenos a conveniencia no es nada fácil, es más, nuestros poderes constitucionales siempre serán los primeros en rechazar esas ideas argumentando la falta de tiempo, el presunto desorden de consultarlo todo, su disque alto nivel de representatividad, pero no hay de otra si se quiere evitar el abismo que separa a la clase política del resto de los ciudadanos y que finalmente puede llevar a estallidos sociales. Pero no todo puede quedar a la buena voluntad, si es que la hay, de legisladores, jueces y gobernadores o presidentes, la ciudadanía debe hacer su trabajo para lograr lo que por simple simpatía no se le dará, incluso establecer canales de comunicación, los que sean necesarios, para volcar esa diversidad e identificar posiciones que puedan ser comunes, sin caer en la trampa del consenso, otra vez la experiencia de Birgitta Jónsdóttir: “convencer a la gente para crear una red de medios de comunicación on line basada en el periodismo ciudadano, porque los mass media nunca cubrirían la perspectiva de los activistas.”

viernes, 21 de septiembre de 2012

NUESTROS MUERTOS

“Tal vez suene anacrónico o pueda parecer demagógico, pero a veces es necesario ser ‘como el tenor que imita la gutural modulación del bajo’ y decir palabras como patria, futuro y esperanza, aunque frente a nuestra cándida nariz rían los eternos polkos o se burlen los falsos cosmopolitas.” Hugo Gutiérrez Vega en su discurso como integrante de la Academia Mexicana de la Lengua, La Jornada 13 de septiembre 2012. Hay que recuperar la voz y la palabra, no dejársela a quien no la respeta, a quien la usa para engañar y esconder sus múltiples perversidades. Hay que nombrar a nuestros muertos, hablar de lo malo sin fingir que todo es bueno. Hermoso descubrimiento el del periodista John Harold Giraldo Herrera de la Revista Ñ (12 de septiembre del 2012), en esa tierra latinoamericana a la que Enrique Peña Nieto fue a pedir asesoría para seguir la guerra disque contra el narcotráfico: “En Guayabito vive muy poca gente. Los pocos habitantes del pueblo están surcados por extensos cultivos y sembrados de maíz. Son miles de hectáreas con más ganado que gente. Un puñado podría decirse. Y las pocas fincas se mantienen en solitario, salvo algunos fines de semana cuando llegan los patrones a pasar revista o a veranear con sus amigos. Sin embargo, María Isabel y su familia han tenido un contacto directo con los muertos, no solo porque los ven pasar ahí como en el patio de su casa, sino porque los muertos han sido una constante desde que ella llegó. Hace dos meses, decapitaron a dos muchachos del lugar y sus cadáveres fueron echados al río. Allí anduvieron flotando, entre algunas vacas que caen, en medio de esas aguas pasivas en la superficie pero tumultuosas debajo. Cuarenta metros de ancho mide el río, que a veces llega a 15 de profundidad. Allí guarda los misterios del devenir cruel y sanguinario de la historia colombiana. Los cuerpos deshilvanados, maltrechos, putrefactos y torturados no son normales para la poeta de los muertos. A ellos les ha escrito cientos de poemas en papelitos. El asombro la hizo escribir, aun exhausta tras su trabajo, sentada bajo un árbol escribe. Por necesidad, emoción y puro sentimiento […] Mientras nadie dice nada, mientras muchos callan el dolor y la angustia por “estar curtidos de tanto muerto”, María Isabel escribe, exorciza sus penas, ajenas, prestadas y las vuelve suyas. Ella no conoce a quienes con indolencia e inhumanidad han bañado al río de sangre, a las familias de vacíos, al país de olvido y a los muertos de desolación.” Así es María Isabel Espinosa, quien desde su sensibilidad, que algunos teníamos y hemos perdido, busca lo que muchos han renunciado a hacer: “Para María Isabel, haber llegado a este sitio fue asunto del destino. Los muertos no tenían quién les escribiera y al parecer zambullidos allí, los victimarios esperaban borrar sus rastros y que quedaran impunes sus atrocidades, pero la pluma de esta mujer aviva la memoria e impide el olvido. Los cuerpos no son sus parientes, no conoce ni sus nombres, ni su procedencia, tampoco los llora como las madres en Trujillo, Bolívar, Salónica, Bojayá, Riofrío y muchos lugares más; sitios que han tenido que padecer lo fatídico de los asesinatos en serie y las masacres. Nada de eso, María Isabel, les escribe por pura humanidad. Alguien los debía anclar, una persona se debía escandalizar y nada más que una mujer que tenía por pasión escribir, variar los sentidos emocionados por el color de las flores, al del horror producido por los muertos.” En el mismo afán está nuestro poeta Javier Sicilia, que los muertos por esta masacre cotidiana no se olviden, nos pertenecen a todos porque reflejan nuestro fracaso como seres humanos que pretenden trascender la muerte. Una caminata, tres caravanas cruzando el país y buena parte de la geografía de nuestro cómplice del norte, un intento de diálogo con una enferma clase política que no sabe honrar ni su propia palabra y que por eso nos corrompe a todos. Dice Sicilia estar “hasta la madre” de no encontrar la respuesta suficiente para detener esta guerra demencial que no parece tener fin, porque a muchos poderosos no les conviene que termine, porque se enriquecen enviciando a los demás, porque nos convierten a todos en mercancía. Los tres poetas, desde sus respectivas tribunas, tienen razón; hay que recuperar la palabra porque es lo único que nos queda, hay que nombrar a los muertos para que su muerte tenga sentido e impida la desmemoria, que nos ayuden a detener la espiral sangrienta en que estamos metidos. “En estos tiempos dolorosos –alertó el director del suplemento cultural La Jornada Semanal y autor de la columna Bazar de Asombros–, agobiados por las más lacerantes contradicciones, por la corrupción, la violencia homicida, la pobreza extrema, la injusticia, la cháchara redentorista y el terrible crecimiento de los fundamentalismos, tenemos la tentación de abominar de la política, pero la vencemos, pues es doblemente peligroso desconfiar de todo y de todos.” Es cierto, no podemos suicidarnos desconfiando de todos, tenemos que recuperar la humanidad perdida, olvidada, arrinconada, no caer en el juego de los que nos dividen para vencernos. Nos ocultan la realidad, nos maquillan las cifras, dicen cometer atrocidades por nuestra seguridad, hasta que nos convertimos en víctimas directas porque renunciamos a nuestros derechos, a nuestra memoria.

viernes, 14 de septiembre de 2012

MALDITO ANIVERSARIO

Desde 1973 el 11 de septiembre está metido en nuestra historia personal, lo sepamos o no para Latinoamérica es una fecha fúnebre, marca la forma más cruel y cínica de intervención en asuntos que rebasan pisoteando nuestras fronteras y la poca soberanía nacional que nos dejan. Hace 11 años, el corazón financiero del imperio del norte se derrumbó producto de un atentado terrorista planeado por un Osama Bin Laden, que lo conocía a la perfección por haber sido entrenado y financiado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para enfrentar a las tropas soviéticas en Afganistán. Pero el malamente célebre saudita, integrante de una de las familias más ricas del mundo con intereses globales, incluidos los Estados Unidos, no sabemos cómo ─porque es parte de esa historia no contada─, termina identificándose con intereses contrarios a sus patrones y utiliza todos sus recursos para exhibir su falsa fortaleza. Hace 39 años, un golpe militar fríamente calculado desde la oficina oval de la Casa Blanca, termina con un proceso democrático en Chile. A la vista de todos pero con la interpretación interesada de los medios de comunicación controlados desde nuestro vecino del norte, el presidente Salvador Allende es acorralado en una bombardeada Casa de la Moneda para salir sin vida. Todo por la manipulación del miedo irracional a una forma diferente de hacer las cosas, a ejercer la autodeterminación de cada país. Fue un golpe que retrasó y dejó marcada a nuestra deforme democracia. En el 2001 la destrucción del World Trade Center engrosó las prácticas discriminatorias y antiinmigrantes, a la fecha no estamos seguros de cuántos latinoamericanos sin papeles murieron en esas torres, trabajando en empleos que los blancos no quieren ocupar por considerarlos poco dignos y mal pagados. Se evita mencionar que los terroristas entraron a ese país legalmente, que tenían pasaportes y visas, que estudiaron para pilotos en escuelas autorizadas para ello, que compraron sus boletos y pasaron los filtros de seguridad sin problema alguno, que estuvieron, en todo momento, al alcance de las fuerzas de inteligencia y seguridad que prefirieron ignorarlos. No eran “mojados” ni “ilegales”, no cruzaron la frontera guiados por un pollero, no vivieron hacinados en un cuartucho ni trabajaron sin seguridad social con el miedo permanente a ser deportados y criminalizados. En 1973, con el pretexto de unas elecciones legislativas intermedias, los
medios de comunicación difunden resultados falsos, asignándole a los partidos de oposición al gobierno popular, cantidades de votos que sólo existen en sus planes golpistas, por eso apresuran sus planes. Las prácticas especulativas, el ocultamiento de alimentos básicos, el incremento desmedido de precios, el desmantelamiento de fábricas por parte de los patrones como una forma de provocar una crisis productiva y atizar el desempleo, se suman a los ríos de dólares que van a los bolsillos de los supuestamente afectados y de los militares que le ponen precio a su lealtad institucional. «Esto fue el principio del llamado “experimento Chileno”, un experimento social impulsado por el gobierno de los Estados Unidos cuyo método fue la implementación de la “doctrina del shock”, que consiste en generar impacto en la psicología social a partir de desastres y/o contingencias, de este modo se logra implementar el modelo económico-político neoliberal que fue desarrollado por Friedrich Hayer en los años 40´s y 50´s y posteriormente en Chicago por Milton Friedman.» http://www.yosoy132media.org/media/memoria-11-de-septiembre-de-1973/ Los resultados del 11-S-2001 están a la vista. El mundo es más inseguro que nunca, se declaró la guerra contra un país que no tenía nada que ver con el atentado, el pretexto sirvió para invadir un territorio rico en petróleo y con una posición geográfica envidiable para apoderarse o influir, por las buenas o por las malas, en el resto que hacen frontera con la antigua unión soviética. Es cierto que Hussein era un dictador, pero no hay que olvidar que fue impuesto con el visto bueno de nuestros vecinos del norte, hasta que ya no les sirvió. Afganistán siguió el mismo destino determinado por los intereses representados por la Casa Blanca. "No veo por qué tenemos necesidad de estar parados y ver un país ir al comunismo por la irresponsabilidad de su propio pueblo". Ese fue el epitafio dictado por Henry Kissinger, secretario de estado norteamericano, en 1970, al enterarse del triunfo electoral de Salvador Allende en Chile. De acuerdo con el segundo informe de la Comisión Valech, entregado en agosto de 2011 al presidente Piñera, las víctimas de la dictadura de Pinochet suman más de 40 mil, entre ellas más de tres mil muertos. Pero el golpe en el ánimo democrático de nuestros países fue brutal y lo seguimos padeciendo. Este mes que los mexicanos andamos tan patrioteros, es importante recuperar esas partes de nuestra historia colectiva, cuestionarnos qué tan independientes somos, qué tan democráticos podemos ser.