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martes, 7 de abril de 2020

VIVIR EN LA CUEVA


VIVIR EN LA CUEVA
Joaquín Córdova Rivas

Ante el peligro regresamos a la cueva. No es que nos asusten igual que antes terremotos, huracanes, meteoritos, inundaciones, erupciones y plagas, tenemos la ventaja de haber avanzado algo en el conocimiento de lo que somos y lo que nos rodea. Ahora nos aterra lo que no vemos a simple vista pero que sabemos que están allí y no son fantasmas, sino los poco conocidos microorganismos. No dejamos de aprender y de asombrarnos. Por eso, ante la falsedad de que la tecnología y la ciencia nos darán todas las respuestas, se alzan las incertidumbres de la filosofía: entre más conocemos más ignoramos.

Tampoco es cualquier cueva, bueno, para algunos si, a veces hasta peor cuando todo se reduce a un cuarto de tembeleques pedazos de madera y láminas de cartón enchapopotado en el cauce de un drenaje a cielo abierto, o a la orilla de un barranco, o en un áspero terreno en espera de que alguien se lo adjudique y termine destruyendo lo poco que se tiene.

Mejor pensemos al menos en una vivienda de interés social con aspiraciones clasemedieras, una casa de tabique, con agua corriente, drenaje, baño mínimamente equipado, energía eléctrica y una o varias pantallas, que, como modernas ventanas, nos dejan ver lo lejano ignorando lo que tenemos más cerca. Esa cueva moderna quizás está conectada a un servidor de internet para escapar de la esclavitud de la televisión abierta y sus insoportables programas.

En esa cueva neoplatónica, las sombras de esa falsa realidad que se proyecta en las paredes es la de los noticieros y las redes sociales, esos fallidos oráculos que han desgastado y abusado tanto del tema de la pandemia, tratada como show de terror y escándalo mediático, que cuando necesitamos tomar decisiones colectivas basadas en información verás y bien organizada ya no creemos en nada.

A pesar de que sabemos, o deberíamos saberlo, que el virus que ahora nos aflige infectará a la mayor parte de la humanidad —algunos cálculos andan por el 70 por ciento— por la facilidad de propagación en este mundo hiperconectado y por la ausencia de una vacuna que tardará meses en producirse ya que requiere de largo tiempo de pruebas para que no resulte peor el remedio que la enfermedad, recordar el caso de la Talidomida, o el más cercano de la Ranitidina, no viene mal—, de lo que se trata es que nos infecte en etapas distribuidas a lo largo del mayor tiempo posible, porque de trancazo no hay cómo auxiliar a los más vulnerables y la mortalidad se eleva dolorosamente.

Mejor regresemos a lo principal de este texto. ¿Cómo le hacemos para construir una cotidianidad, una convivencia familiar o de pareja, que transite por la negociación pacífica dentro de nuestras modernas cuevas? Y no se trata solo de combatir el aburrimiento, porque en un país tan desigual como el nuestro esas desigualdades se cuelan por las puertas y ventanas reales y virtuales. No es necesario imaginar una familia promedio en la cual ninguno de sus integrantes está en algún sector prioritario laboral, y que ahora, sin preparación previa, tienen que trabajar “desde casa”, o en el peor de los casos se han quedado sin trabajo o sin ingresos seguros por un tiempo indeterminado, lo que aumenta los niveles de enojo y frustración más allá de lo “normal”, que además tienen que compartir casi 24/7 los mismos espacios que, según pasan los días, se sienten más pequeños.

Los feminicidios no van a parar, hay hasta el temor de que se incrementen, o que algunos hogares eleven la temperatura de su propio infierno. Esa “convivencia” forzosa entre abusadores y abusados puede precipitar tragedias que pueden tener efectos más duraderos que la pandemia.

Pero también puede suceder —eso esperamos— lo contrario. Que la empatía sirva para limar asperezas, para construir nuevos equilibrios que funcionen para todos los integrantes de quienes comparten el mismo espacio, que se construyan nuevos modelos de convivencia basados en una comunicación más afectiva, colaborativa, menos egoísta y salvaje. Que esta crisis nos sirva para resolver las otras crisis, esas que nos han dicho que no tienen solución o que cambiar es peor que quedarnos como estamos.

Mientras, habrá que construirse otros espacios de encuentro sin caer en la tentación de la pura virtualidad, nuestra sociabilidad es la que nos ha convertido en lo que somos, el encontrarnos frente a frente, el tocarnos, abrazarnos, mostrar amor requiere del contacto. Hay abundantes evidencias al respecto, no por nada el peor castigo es el aislamiento.

Regresamos a nuestras cuevas buscando algo de seguridad, tratando de no contagiarnos o de que exista alguien que nos cuide si somos víctimas de esta nueva calamidad. Pero, mientras eso pasa, hay que vivir, tolerar, respetar y aprender de los otros.

sábado, 4 de mayo de 2019

LOS AÑOS Y LOS DÍAS

Joaquín Córdova Rivas A veces hay que dejar pasar algunas conmemoraciones para que los temas se “enfríen” tantito, no porque dejen de tener importancia o se intente disminuir su impacto cotidiano, sino porque también hay que evaluar las reacciones —muchas irreflexivas, en automático— y rescatar lo más valioso. Son 100 días no cien años. Así comenzaba un análisis de ese número de jornadas que como número mágico quién sabe de dónde salió. En días un sexenio tiene 2,190. ¿Por qué menos de una vigésima parte va a ser indicadora de algo que ni se sabe, que está perdido en un futuro incierto? Lo más rescatable y que había mencionado en un texto anterior, el “pegamento” de esas ideologías contradictorias que llevaron al poder al presidente es la lucha contra la corrupción, que, junto con un gobierno austero, serán suficientes para cambiar el rumbo del país, al menos esa es su premisa básica: recursos sí hay, pero se los robaban. La duda que surge es si el neoliberalismo es viable sin corrupción, yo creo que no, y esa confrontación queda pendiente. Las mujeres y su día internacional, la conmemoración que interpela a todos saltándose la frontera de los géneros. Mucho análisis y poca voluntad. Hay avances, eso es innegable, pero han costado mucho y las reacciones en contra se vuelven violentas, allí están los feminicidios, las mujeres son violentadas en el espacio que debiera ser más seguro: el refugio familiar, lugar de supuesta convivencia pacífica aislado, en algo, de los otros que por lo mismo se vuelven incontrolables. Son violentadas por sus parejas que las sienten como propiedad, sujetas a un poder patriarcal, machista, sustentado por siglos de dominación ejercida a través de instituciones que predican la comprensión y la piedad como coartada para hacer lo contrario. Los hombres también mueren, pero mayoritariamente en espacios públicos y víctimas de otros como él, por motivos que poco tienen que ver con esa afectividad enfermiza que convierte a una persona en propiedad de otra. Allí están los datos, refregándonos en la cara una realidad que ya no se puede ocultar: «...a diferencia de los mecanismos de defensa inherentes en el ser humano, la violencia se aprende, tiene una intencionalidad y está tan normalizada en la sociedad “que se encuentra inserta en la publicidad, en el humor, en los memes y en diversos productos y programas que forman parte de nuestro día a día”. [...] “En el caso de la violencia de género, sobre todo hacia las mujeres, sabemos que se asume cultural y socialmente que está condición sexuada es inferior en capacidades, en aporte a la humanidad y hay que dar cuenta que estas violencias pueden ocurrir en la calle y en el espacio privado, dentro del hogar. Y que parece que el motor detrás es controlar a las mujeres, suprimir la libertad de decisión y acción”. ONU Mujeres estimó que de las 87 mil mujeres asesinadas en 2017, más de la mitad de los homicidios fueron perpetrados por las parejas sentimentales o los familiares.» http://www.gaceta.unam.mx/la-violencia-no-es-natural-se-aprende/ Tania Rocha Sánchez, profesora de la Facultad de Psicología de la UNAM entrevistada por: Magali Espinosa / Damián Mendoza, Nayeli Manuel UNAM Global. Mar 4, 2019 «Este sistema es complejo y difícil de erradicar, y no ocurrirá sólo por medio de leyes y reglamentos o políticas públicas, se requiere además de cambios culturales en cuanto al significado que tiene lo femenino y lo masculino, y cómo se traduce en prácticas sociales. [...] Un rezago a superar es la división sexual del trabajo, porque ellas se incorporaron al empleo formal, pero los varones no se integraron a las tareas del hogar, del cuidado y responsabilidad familiares, “y ahí viene el concepto de la jornada doble y hasta triple para las mujeres”. [...] las labores que hacen ellas en sus casas supera el valor económico y es imposible valorizarlo en dinero, “porque no puede ponerse precio al cuidado de los hijos, al apoyo emocional, sentimental y de cuidados que dan”.» Pero el control se cuela hasta en lo más sensible y cotidiano «Patricia Castañeda Salgado, del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH), indicó que los estereotipos de género son un tipo de violencia. En general se trata de “una imagen fija y al mismo tiempo prefijada; es una manipulación de la realidad que genera una idea que no se cuestiona”. Es un ideal aspiracional que, en el caso de ellas, consiste en ser delgadas, de cabellos largos y, de preferencia, blancas o rubias. Eso conduce a que, a veces, las personas que no responden a ese modelo sean violentadas o se violenten a sí mismas.» http://www.gaceta.unam.mx/persiste-la-desigualdad-entre-hombres-y-mujeres/ Laura Romero / Guadalupe Lugo. Mar 7, 2019 Parece que no hay para donde hacerse, además de la violencia en la familia, en el noviazgo, en las relaciones de pareja en general, la corrupción y el crimen organizado tienen como víctimas preferidas a las mujeres, la cosificación lleva a verlas como simples mercancías en un mercado que parece no tener límites, allí también la educación, escolarizada o informal, tiene mucho qué hacer: sin demanda la oferta se cae. Mientras, hay mecanismos alternos, con las becas para educarse y capacitarse muchas jóvenes podrán tener algo de independencia económica, por lo menos no ser percibidas como una carga a la economía familiar que no valora el trabajo doméstico ni el cuidado de los demás, su permanencia en la escuela y su avance académico servirá para empoderarlas en un contexto sensible a ese tipo de argumentos. Hay muchas cosas por hacer y por cambiar, el entorno parece favorable a pesar de la resurrección de grupos conservadores que, hipócritamente, llaman a la paz utilizando la violencia.

domingo, 15 de abril de 2018

EL NIDO

Joaquín Córdova Rivas Determinar la agenda con un tema importante, con uno que sintetice todas las corruptelas habidas y por haber, que refleje las tensiones internas de las élites que parecen a prueba de insurrecciones internas, uno que sea fácil de entender para el elector en general, uno que permita poner al régimen en tela de juicio sin la necesidad del absurdo desgaste judicial, uno que sea atractivo en los medios de comunicación. Se intentó con temas que afectan a las mayorías: la reforma educativa con su cauda de fracasos que se sufrirán por varias generaciones —si antes estábamos mal, ahora estamos peor—, pero los maestros no aciertan a salir de su letargo como para generar movilizaciones que impacten conciencias. La energética y los absurdos, por desmesurados, incrementos a los precios de los combustibles y otras formas de energía indispensables para mover los hogares y las industrias, tampoco la entrega traicionera de los campos petroleros presentes y futuros —ya detectados y en exploración—. No se logró con la reforma laboral, esa psudofilosofía de que cada uno se rasque con sus propias uñas, tan propia del neoliberalismo y de los gurús de la autoayuda, sigue causando estragos en la mente de los trabajadores y empleados. La inseguridad creciente con robos, asesinatos, ejecutados, periodistas incómodos para los corruptos que desaparecen de la faz de la tierra, los deleznables feminicidios, la imparable trata de personas —mujeres y niños primero—, la pederastia, que provocan indignación momentánea pero no la empatía para organizarse —mientras no me pase a mí, quizás las víctimas tienen parte de culpa—. Tampoco se logró con las valientes investigaciones de la llamada Estafa Maestra, premiada en otros países y sepultada en el nuestro a pesar de que se muestra cómo nuestro gobierno federal desvió más de 400 millones de pesos, de nuestros bolsillos vía impuestos, creando 128 empresas fantasma: «El portal mexicano Animal Político obtuvo el Premio Ortega y Gasset de Periodismo 2018 en la categoría de Mejor Historia o Investigación Periodística por su trabajo “La estafa maestra”. Los periodistas Daniel Moreno, director del portal, Salvador Camarena, Miriam Castillo, Nayeli Roldán y Manuel Ureste fueron reconocidos por su labor en el reportaje titulado “La estafa maestra”, un trabajo de investigación que reveló el desvío de fondos públicos.» http://www.sinembargo.mx/03-04-2018/3403907 Nada se logró con las denuncias sobre la manera en que el consorcio brasileño Odebrecht ganó tratos preferenciales ilegales en diversos países, incluyendo el nuestro, se sabe a quién le dio dinero, cuándo, para qué, y aquí no pasa nada. El escándalo de corrupción en licitaciones hasta internacionales, tenemos cercana la fallida construcción del tren rápido México-Querétaro. O el del sureste, dejando solo el de México-Toluca por muy atlacomulenses razones. Pero no se trata de seguir haciendo un mini catálogo de corrupciones, simplemente señalar que lo mostrado en esos casos, sumado a la pérdida de derechos laborales, al desmantelamiento de las instituciones educativas, de salud, de los sistemas de jubilación y retiro basados en la solidaridad social, los incrementos de precio que se desdeñan en los reportes sobre la inflación, el despojo de bienes públicos —vialidades, parques y jardines, zonas de reserva ecológica y todo lo que falta mencionar— para hacer negocios privados, la misma inseguridad en sus muchas modalidades —secuestros, desapariciones, feminicidios, extorsiones, ejecuciones, acosos, desempleo—, todos ellos constituyen, a final de cuentas, mecanismos de transferencia de riqueza, de todos hacia unos poquitos que no padecen de esas “incomodidades” porque ya tienen todo y más, despojando a los que menos tienen. Por eso, el proyecto del llamado nuevo aeropuerto internacional de la ciudad de México (NAICM), es el nido donde se encuentran, se concentran, se pueden evidenciar, todas las corruptelas de nuestra casta política y empresarial. Por eso reaccionaron a bote pronto cuando un candidato a la presidencia puso en duda la continuidad del proyecto, pasando por encima de la cúpula política y de sus candidatos, propusieron un debate técnico sobre el tema, antes de que se ventilen las graves irregularidades que anidan en la citada construcción y en las circunvecinas que no son públicas todavía, aunque ya asoman la cabecita buscando sus dosis de corrupción: «Sin Embargo publicó que las empresas de Carlos Slim Helú, Carlos Hank Rhon, Hipólito Gerard Rivero, Rolando Cantú Barragán, Olegario Vázquez Aldir, Bernardo Quintana Isaac y constructoras como Iuyet –que participa en la construcción del Tren México-Toluca– y Aldesem, Epccor y Aldesa –encargadas de construir el Paso Exprés de Cuernavaca–, concentran el 77 por ciento del presupuesto que se ha pagado, hasta el momento, en la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México.» http://www.sinembargo.mx/04-04-2018/3403639 Para colmo, hasta el dinero de nuestros fondos para retiro, ya exprimidos por las administradoras con sus porcentajes de comisión, están siendo utilizados para que los ricos no arriesguen su dinero, sino que se queden con el nuestro con sus proyectos faraónicos. Por la desconfianza de los trabajadores en el manejo de su ahorro no voluntario, el otro, el voluntario que supuestamente incrementaría las posibilidades de vivir dignamente después de la edad laboral no crece. Ahora esa desconfianza tiene de dónde agarrarse. Pero el proyecto del NAICM no para allí, con el feo nombre de “aerotrópolis” aparecen otras negras intenciones —oportunidades de negocios dirían los cínicos—, de un proyecto urbanístico de lujo que rebasa en mucho el costo del primero. http://www.eluniversal.com.mx/columna/salvador-garcia-soto/nacion/aerotropolis-el-gran-negocio-del-aeropuerto Lo dicho, hincarle el diente al caso de ese elefante blanco puede desnudar las corrupciones de un régimen que no tiene llenadera pero que se olvida de algo importante: para ser multimillonario es necesario que entre poquitos se quede lo que se pueda sacar a los demás, entre más “socios” la ganancia disminuye y esa contradicción puede abrir el espacio para negociar una transición pacífica, porque los despojados son muchos, hasta son mayoría y las reacciones nadie las puede predecir.