viernes, 23 de marzo de 2012

LOS HISTÓRICO DOSCIENTOS


La “madre patria”, ese terminajo que alguien se inventó y que siempre me ha caído como patada en el cerebro, porque niega esa otra parte originaria, la indígena; porque implica que los territorios colonizados por la España monárquica tiene ocupantes y no ciudadanos, como si estuviéramos condenados a una infantilización y dependencia eternas. Pero es que la historia oficial crea muchas antipatías y pocas, poquísimas simpatías.

Se nos olvida que Europa entera, con España incluida, estuvo “conquistada” por los árabes por la friolera de 8 siglos, que prácticamente no hay nación que no pueda presumir y tenga que asumir que es producto de conquistas y colonizaciones. También, alguien evitó mencionar que los procesos de independencia de esas colonias españolas en América coinciden con la invasión francesa; que la otrora poderosa Armada Española, que en su época de gloria ―1790―, llegó a tener 117 buques de guerra perfectamente armados y con tripulaciones expertas prácticamente dejó de existir 22 años después y, principalmente, que para 1812 en la ciudad de Cádiz, bajo el acoso francés, se promulgaría la Constitución que permitiría deshacerse, en parte, del lastre que les imponía un régimen monárquico y una influencia religiosa dominante que permitía y era parte de los abusos cotidianos contra una población prácticamente indefensa. De hecho, algunos autores e historiadores plantean la idea de que en algunas de esas antiguas colonias, los movimientos independentistas estuvieron, al final, patrocinados por una jerarquía eclesiástica que habiendo perdido sus privilegios en España quería seguirlos manteniendo en la llamada Nueva España.

Bueno, pues esa Constitución de Cádiz acaba de cumplir su bicentenario el 19 de marzo, su importancia histórica es indiscutible porque cristaliza esa corriente liberal que en México tardaría en triunfar con Benito Juárez y sus contemporáneos: “la voluntad del pueblo que suscribe a través de la reunión en Cortes de sus representantes el contrato social expresado en la Constitución para garantizar los derechos fundamentales de los ciudadanos, afirmar su condición de tales, y regular el funcionamiento del Estado y sus instituciones. Se establece no sólo la división de poderes, sino también el triple nivel nacional, provincial y municipal en que se organizarían sus territorios peninsulares, americanos y asiáticos. A partir de su proclamación, se instalan las ideas, sus ideas, frente a las creencias como necesario referente en la construcción de la historia, y la pugna entre unas y otras marcará la lucha fraticida que atraviesa en las décadas siguientes el mundo hispánico, su devenir histórico” Manuel Montobbio La Pepa y los bicentenarios de la Independencia. Diario El País 19 de Marzo del 2012. La editorial de ese mismo medio impreso señaló: “Con la Constitución de Cádiz los españoles dejaron de ser súbditos y se proclamaron ciudadanos, poco importa que los instrumentos para lograrlo fueran incompletos o insuficientes si se contemplan con criterios actuales. La igualdad ante la ley tendría que recorrer aún un largo camino, lo mismo que el derecho al sufragio, los límites entre los poderes separados, la relación de la Iglesia con el Estado o la concepción de la soberanía. No pocos de los avances contemplados por la Constitución fueron, incluso, revisados durante las turbulencias políticas que desde entonces tantas veces sumieron la historia de España en la violencia y el caos. Como aspiración a recuperar o como referente a combatir, el texto de Cádiz hizo de la lucha política una lucha por imponer una Constitución u otra, pero, en cualquier caso, una Constitución. Ello significaba admitir la idea imprescindible para cualquier régimen democrático de que el poder político no puede ser ilimitado frente a los ciudadanos.” José María Lassalle no olvida el dramatismo de la situación y del resultado: .

Este recuerdo histórico tiene su razón de ser no solo por la fecha, sino por la situación actual en que está sumida España y el resto de los países de la Comunidad Económica Europea, es un preámbulo necesario para los textos que están por venir, para vernos en el espejo de esa media “matria”, en el sentido de intentar fusionar esa contradicción existente en eso llamado “madre patria”, a ver si me causa menos repulsión.

viernes, 16 de marzo de 2012

SIN MONTAJES, SIN MENTIRAS


“Primero, la verdad absoluta es, sin ninguna duda, falsa porque no quiere reconocer que es verdad interpretada. Luego, cuando alguien dice “te estoy diciendo la verdad”, tenés que prestar atención de no creerle. Si alguien te dice: Yo lo pienso de esta forma, puede convertirse en un problema de negociar, en cambio, si te dice: Yo lo pienso así y es tu jefe, es difícil que negocies; si él te dice “yo lo veo así”, tenés que estar atento. Siempre se puede disentir, pero depende de la relación de poder que tengas. Ese discurso del jefe y la verdad, la interpretación y el dominio, siempre es un problema referido a si podemos prescindir de la verdad absoluta [...] La verdad sería una forma de última instancia, como un tribunal, que debemos no obstante instituir, es decir que debemos fundar democráticamente, y no aceptarla como si fuera un hecho natural […] Después en lo que se refiere a las verdades de hecho siempre hay criterios para verificar. Por ejemplo, la verdad jurídica, cuando un tribunal termina condenando a alguien, ¿sabemos si fue realmente él el asesino? No, pero hay un sistema de verificación y falsificación por el cual según esos cánones, podemos decir que es verdad que fulano mató a la viejita.” Estas citas, que ya habíamos utilizado en otro texto publicado aquí, pertenecen al filósofo italiano Gianni Vattimo, en una entrevista que con el título de “La construcción de la verdad” realizara el periodista argentino del diario El Clarín Héctor Pavón.

Viene a cuento porque parte del bombardeo mediático está dirigido a justificar un linchamiento social, donde “la verdad” no es investigada y verificada por instituciones que deben respetar, estrictamente, ciertas reglas convenidas o aceptadas por todos. Cuando ese proceso no se sigue, nadie puede afirmar ni imponer su interpretación personal de un hecho a todos los demás. Esto es lo que está pasando en el caso de la ciudadana francesa que ha interpuesto una serie de recursos legales, previstos y permitidos, para cuestionar una sentencia que se le ha impuesto sin seguir ese proceso.

Lo peor del caso es que la justificación para pervertir y permitir lo inaceptable se apropia y habla a nombre de las víctimas, que ahora resultan doblemente victimizadas porque se les utiliza para imponer una “verdad” fundada en la empatía y la compasión, no en una investigación e interpretación de los hechos que esté, lo más posible, libre de errores.

El proyecto del juez de la Suprema Corte Arturo Zaldívar no se refiere a la culpabilidad o inocencia de Florence Cassez, simplemente establece que no se hicieron las cosas como debieron hacerse, que esa falta impide conocer la verdad legal y por tanto no se puede condenar a alguien saltándose lo que la ley establece, porque entonces todos quedamos a merced de lo que a las autoridades policiacas se les antoje, a lo que a las televisoras que se prestan a los montajes se les ocurra, a sufrir las injusticias que los más poderosos arman para su lucimiento personal.

Las maniobras están a la vista de los que las quieran ver, pero la manipulación sentimental también surte efecto. Las víctimas de la banda de secuestradores que les quitó la libertad, que los extorsionó, que los mutiló, que los mató, que deshizo sus vidas y las de sus allegados deben estar seguras de que se hará justicia, y la forma en que eso se puede lograr es seguir el debido proceso, para que se castigue a todos incluyendo a los que hicieron las cosas mal y nos impusieron su interesada versión de los hechos. Que los que sean señalados como culpables lo sean con el menor margen de duda.

Los peligros de linchamientos por parte de masas que no atienden a leyes ni razones es que nos regresan a una situación de salvajismo donde los más influyentes y poderosos siempre ganan, y eso sólo conviene a la delincuencia organizada y a quienes han permitido que operen con los grados de corrupción e impunidad que comenzamos a vislumbrar, lo que se ha dejado de hacer bien es intolerable en un país y para un gobierno que se asumen como democráticos. Otra vez quedamos exhibidos ante propios y extraños. No se trata de liberar delincuentes, se trata de saber quiénes en realidad lo son, sin trampas, sin montajes, sin mentiras.

viernes, 9 de marzo de 2012

UN MUNDO PARA IMAGINAR


“El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas, había que señalarlas con el dedo”. Gabriel García Márquez Cien Años de Soledad.

En ese momento comienza un viaje alucinante, cuando las cosas no tienen nombre, cuando en la infancia apenas estamos apropiándonos del mundo que nos rodea. Primero del que tenemos, casi literalmente a la mano, el que tocamos, vemos, probamos, oímos, olemos; después, con las palabras, el que está fuera de nuestro alcance, con esos signos que, mágicamente, nos transportan a otros tiempos y otros sitios, que nos permiten asombrarnos de lo que vivimos y aprendemos, que vuelven disfrutable la aventura de vivir. Eso y más está contenido en una buena obra literaria que rebasa, con mucho, a la realidad. Como la del genial Gabo que celebra ―nunca mejor dicho― 85 años de edad.

No se trata solo de escribir bien, sino de hacerlo de manera que se establezca una especie de juego con el lector, con cada uno, que en este caso somos millones, para que cada quien se imagine lo que se cuenta a su manera, que se convierta en cómplice del escritor. De eso se trata la literatura, de despertar emociones, sentimientos, imágenes, asombros; de vivir muchas vidas en el espacio temporal de una sola. Esa es la genialidad de Gabriel García Márquez.

Un escritor sabe que apenas terminado un texto pierde el control sobre el mismo, que ya le pertenece a sus lectores, que significará mucho más de lo que alguna vez imaginó, allí está la riqueza de los escritos, en los otros. Cuando dejamos de ser una sociedad lectora perdemos más que una habilidad, dejamos de ser parte de esos mundos, dejamos de disfrutar y padecer ―que quizás sea lo mismo desde ópticas diferentes―, ya no aprendemos a la misma velocidad y con el mismo gusto, cualquier actividad que nos cambie la forma de ver e interpretar el mundo se torna obligatoria y desagradable, algo que hay que evitar a cualquier costo, hasta el mortal aburrimiento se les hace preferible.

Ya me fui al espacio sideral, comencé a escribir con la intención de hacer algún comentario sobre la situación de la mujer en un mundo globalizado donde todo es mercancía, quizás recuperar y volver a vivir aquellas épocas universitarias sumergidas en plenas luchas feministas, traer al presente los testimonios y las teorías que buscaban evitar que la lucha por los derechos de las mujeres cayera en la simple confrontación con los hombres, había que escarbar más hondo, encontrar las razones y los argumentos ocultos detrás de usos y costumbres, de tradiciones que parecían deseables y por lo mismo inmutables. Siempre un camino cuesta arriba, a veces con desesperantes retrocesos porque plantear una relación diferente entre géneros es como comenzar todo de nuevo, construir alcances y límites que beneficien a los dos.

Pero las cosas no son fáciles, nunca lo serán. Apenas el 17 de febrero de este año ―La Jornada―, pudimos calibrar el tamaño de los nuevos retos, que son los mismos pero con otras caras; un estudio conjunto del Instituto Nacional de las Mujeres y el INEGI titulado Mujeres y hombres 2011, encuentra: “que la asistencia escolar está claramente relacionada con el inicio de la maternidad a edades tempranas, ya que una de cada cuatro adolescentes (25 por ciento) que no asisten a la escuela es madre, mientras menos de uno por ciento de las jóvenes que va a clases ha tenido un hijo… El Inmujeres advierte que existe una relación entre la edad temprana del inicio de la reproducción y la presencia de condiciones socioeconómicas precarias de estas mujeres, toda vez que sus oportunidades y capacidades se ven limitadas por cumplir los roles y obligaciones asociadas con la maternidad… Sobre la situación conyugal los datos muestran que 7 por ciento viven en unión libre, 3 por ciento son casadas y 89 por ciento solteras.”

La trata de personas, principalmente mujeres, la prostitución forzada, el negocio de la pornografía son otras manifestaciones de la problemática femenina. La profesora de la Universidad de Melbourne Sheila Jeffreys ―Revista Ñ digital reseñada por Daniel Ulanovsky―, encuentra datos espeluznantes como este: “La industria de la triple X mueve 97 mil millones de dólares a nivel mundial. En un país como China se estima que ejercen la prostitución entre 10 y 20 millones de mujeres y que el dinero que mueve el pago por sexo y las actividades vinculadas alcanzan el 8 % de la economía de ese país.”

Enlazando los dos temas, entre el erotismo y el abuso sexual es difícil establecer líneas definidas a priori, por eso la polémica al trasladar al lenguaje cinematográfico algunas de las obras de García Márquez, pero, a final de cuentas, el arte o el morbo estarán en el cerebro del lector o del espectador.

viernes, 2 de marzo de 2012

NO PENSAR Y NO TEMER


La tentación es irresistible, encontrar a alguien que en medio del caos en que hemos convertido nuestro mundo y nuestras vidas tenga las cosas más claras es un alivio, pero también una preocupación. El filósofo español Antonio Fornés ―entrevistado por Ima Sanchís Revista Ñ digital―es uno de esos especímenes raros, más en un país que parece estarse yendo a la m…: “El sistema no va a cambiar. Debemos cambiar nosotros, recuperarnos como seres humanos y vencer el miedo. Estamos dispuestos a trabajar más por menos dinero por miedo a perder el puesto de trabajo. Es lo que decía Dostoyevski: preferimos ser esclavos y no pensar y no temer, pero eso nos deshumaniza. Los subidones que nos provoca el consumo nos acaban convirtiendo en drogadictos. No vale la pena trabajar un minuto más por tener un coche mejor. El placer está en cosas mucho más importantes y fáciles que nos mejoran como personas; desde una buena conversación hasta implicarnos con nuestro hermano y nuestro vecino. Tenemos mucho que ganar: vivir la vida en plenitud, estar orgullosos de haber vivido. ¿Qué nos quedará tras haber sido tan buenos trabajadores? No podemos apostar nuestra vida en el trabajo, la casa y las obligaciones, eso es nada. Al final sólo nos quedará el haber vivido en la máxima de las dignidades, que es la de ejercer de ser humano”.

Pero eso de “ejercer de ser humano” no es algo fácil en un contexto histórico que lo impide, hay demasiadas distracciones, el sistema económico nos tiene encandilados y nos hace creer que matarse trabajando, con tal de tener algo más que nunca es suficiente, es lo único que vale la pena, perdemos el contacto con nosotros mismos y con los otros. Lo vemos con todos y en todas partes, hasta nos sentimos culpables cuando disfrutamos del tiempo libre, nos sentimos improductivos, como si estuviéramos desaprovechando parte importante de la vida, cuando es al revés; ese correr para todos lados creyendo que conseguir unos cuantos pesos a cambio de algo que nunca podremos recuperar es lo normal, los que nos dedicamos a la docencia estamos detrás de más horas de clase, los obreros buscan las horas extras, sin advertir que nos desgastamos inútilmente. La solución parece fácil, el mismo Fornés lo dice con plena seguridad: “Hacer y hacer, lo único que provoca es que el tiempo pase a una velocidad tremenda y que no saboreemos la auténtica densidad de la vida. Ya lo decía Pascal: el mayor problema del hombre es la incapacidad de estar solo consigo mismo. Sólo cuando reflexionamos ejercemos de seres humanos, y la reflexión es algo personal y necesario para el equilibrio. La sociedad actual nos despieza, nos da remedios para el dolor, para las vacaciones, para ser guapos, contra el aburrimiento. Tenemos la esperanza de que las cosas externas van a resolver nuestros problemas, pero las respuestas no están fuera, sino dentro de nosotros”.

Claro, las necesidades básicas deben estar satisfechas, reflexionar desde la inseguridad laboral, desde la precariedad del ingreso propio, desde la enfermedad, desde el hacinamiento, desde el analfabetismo impuesto, desde la falta de oportunidades no es lo ideal. Por eso el costo social de los “rescates financieros” en la Europa de hoy está provocando levantamientos populares. En la revancha casi nadie advirtió que dejar los controles en manos de la derecha política sólo haría más profundas las desigualdades y cancelaría, tal vez por varias generaciones, las posibilidades de avanzar en el camino de “ejercer de ser humano”. Las reducciones salariales, en las pensiones, en la inversión educativa y en otros ámbitos sensibles no están solucionando los problemas, pero sí los están trasladando a los sectores más vulnerables. Por ejemplo, la reforma educativa española implementada por el gobierno conservador tan pronto llegó al poder está siendo cuestionada y rechazada, los colectivos de docentes y estudiantes han señalado las falacias que la sustentan, desde el semanario Diagonal ―22 de febrero 2012―, el reportero Tomás Muñoz recoge los siguientes análisis: representantes del colectivo Baltasar Gracián advierten que “Es degradar la educación; evidencia una voluntad de privatización descarada y subordina lo que antes se conocía como Formación Profesional a las necesidades empresariales”… “Pedagógicamente no se ha dado ningún sustento académico a la nueva organización curricular”, explican en Soy Pública. Temen que el motivo sea concertarlo: “Se trata de un nuevo pretexto para seguir derivando recursos públicos hacia la enseñanza privada”, critica el integrante de Baltasar Gracián. El propio ministro (José Ignacio Wert) dio pistas para deducir esta estrategia al manifestar que está estudiando qué mecanismo se arbitra “porque tampoco hay que aferrarse a clichés o a prejuicios sobre la conveniencia de extender la gratuidad”.

No es nuestro objetivo entrar al detalle de la reforma educativa española, ni de la pretendida homologación que se quiere hacer con el sistema alemán, sólo concluir, por el momento que, como mencionan los colectivos citados por Tomás Muñoz: reducir un año la educación secundaria común supone además “la segregación de flujos de alumnos, retirar a la gente del camino a la universidad antes de tiempo, quebrando así una de sus finalidades esenciales: garantizar una formación básica común equiparable para toda la población escolar”.

Tener más para ser más, ese es el gran engaño. Por pensar así se justifica todo, destruir el planeta, explotar a los más débiles y necesitados, correr para todos lados sin sentido, evitar pensar y reflexionar en lo que hacemos; con esas carencias apoyamos políticas públicas que nos deshumanizan para beneficio exclusivo de unos cuantos, hasta que es demasiado tarde. Regresemos con Fornés para intentar una conclusión provisional: “Trabajamos más horas que un esclavo romano, pero creemos que vivimos en una sociedad superlibre. Damos demasiado peso a cosas superficiales; podríamos vivir con muchísimo menos, ese dejarnos llevar pesa demasiado. Hay que parar e incluso retroceder, porque el avance continuado es una especie de locura que nos lleva al vacío y la angustia”.

viernes, 24 de febrero de 2012

CUESTE LO QUE CUESTE


“Estamos asustados por la fragilidad y la vacilación de nuestra situación social, vivimos en la incertidumbre y en la desconfianza en nuestros políticos e instituciones. Estudiar una carrera ya no se corresponde con adquirir unas habilidades que serán apreciadas por la sociedad, no es un esfuerzo que se traduzca en frutos. Toda esta precariedad se expresa en problemas de identidad, como quién soy yo, qué pasará con mi futuro.” Zygmunt Bauman entrevistado por Ima Sanchís, publicado en Revista Ñ.

Nadie se salva. Es el mundo de todos contra todos. Las ganancias excesivas sólo se pueden lograr exprimiendo a los demás, abusando de ellos, explotándolos al límite, todo en nombre de la eficiencia y la productividad.

Ejemplos hay muchos, nos hemos convertido en un laboratorio en vivo de la aplicación de políticas económicas devastadoras, del medio ambiente, de lo que hemos logrado como humanidad. El progreso como muestra de que los retrocesos pueden disfrazarse de avances, hasta que sea demasiado tarde y no haya vuelta atrás. Allí están países completos fracasando, Grecia y España están de moda, pero antes fueron otros y mañana será cualquiera. Cuando dudamos de la certeza de nuestro futuro, de la pertinencia de nuestros esfuerzos, lo poco que queda se derrumba.

En un espléndido artículo publicado en el New York Times el 25 de enero de este año, los reporteros David Barboza, Peter Lattman y Catherine Rampell, desnudan las nuevas formas de producción en este ambiente donde la globalización está al servicio de los grandes corporativos y en contra de la gente común, comienzan preguntándose si la innovación tecnológica de las grandes empresas de su país benefician al mismo e investigan, como muestra, a Apple y la producción masiva del iPhone: "Las empresas sentían antes la obligación de apoyar a los trabajadores estadounidenses, incluso cuando no era esa la mejor opción en términos económicos", señaló Betsey Stevenson, que se desempeñó como economista jefa del Departamento de Trabajo de EE.UU. hasta septiembre. "Eso ha desaparecido. Las ganancias y la eficiencia se han impuesto a la generosidad." La historia es simple y a la vez aterradora, el genio de Apple Steve Jobs buscó la manera de sustituir las pantallas de plástico de ese artefacto electrónico por las de vidrio, ese cambio aparentemente mínimo llevó a sus ejecutivos a visitar China en búsqueda de opciones a pesar de tener un contrato casi listo con una empresa norteamericana ―Corning. Inc―; una de las características del iPhone es que su margen de ganancia es muy alto, abaratar su fabricación no debería ser prioridad en un sistema mínimamente solidario. Como no es el caso, los ingenieros de la empresa de la manzana encontraron que los chinos habían decidido subsidiar la fabricación de ese tipo de vidrio y que tenían todo preparado: “El gobierno chino había aceptado subsidiar los costos de numerosas industrias, y esos subsidios comprendían a la fábrica de corte de vidrio. La compañía tenía un depósito lleno de muestras de vidrio que ponía a disposición de Apple de forma gratuita. Los propietarios proporcionaron ingenieros prácticamente sin costo. Habían hecho construir dormitorios en el predio, de modo tal que los empleados estarían disponibles las 24 horas del día. La planta china obtuvo el contrato.”

Curioso que en un sistema de supuesto libre mercado se acepte que un país del tamaño de China subsidie áreas de su producción, en teoría eso va en contra del modelito, pero el capital no tiene ética, ni moral, ni buenas costumbres, es más, le estorban para ser exitoso. Ojalá que todo quedara en infraestructura material, pero subsidiar mano de obra significa atentar contra la sobrevivencia de miles y millones de seres humanos: “A 8 horas en auto de la fábrica de vidrio hay un complejo, que se conoce con el nombre informal de Foxconn city, donde se monta el iPhone. Las instalaciones cuentan con 230.000 empleados, muchos de los cuales trabajan seis días por semana y suelen pasar hasta 12 horas diarias en la planta. Más de la cuarta parte de la fuerza de trabajo de Foxconn vive en dormitorios de la compañía, y muchos trabajadores ganan menos de 17 dólares por día […] Foxconn tiene decenas de instalaciones en Asia y Europa oriental, además de en México y Brasil.”

Aquí entra otra parte de lo que dice Bauman en la cita introductoria, estudiar una carrera ya “no es un esfuerzo que se traduzca en frutos”, hasta tener una ingeniería es entrar en el mundo de la precariedad: “Los ejecutivos de Apple habían estimado que necesitarían unos 8.700 ingenieros industriales para el proyecto del iPhone.
Analistas de la empresa habían pronosticado que llevaría 9 meses encontrar tantos ingenieros en los EE.UU. En China, sólo hicieron falta 15 días.” Es decir, esos empleos seguros para la clase media también están desapareciendo, los despidos aparecen como inevitables y la contratación de profesionales con sueldos mucho más bajos es la regla. Mientras encontramos una alternativa hay que saber que: “Hemos trasplantado unos patrones de comportamiento creados para servir a las relaciones entre cliente y producto, a otros órdenes del mundo. Tratamos al mundo como si fuera un contenedor lleno de juguetes con los que jugar a voluntad. Cuando nos aburrimos de ellos, los tiramos y sustituimos por algo nuevo, y así ocurre con los juguetes inanimados y con los animados” ―Bauman―.

INSEGURIDAD PARALIZANTE


“La capacidad de aprender es un arma poderosa, quizás la más poderosa del arsenal humano; sin embargo, eso vale solamente para un entorno predecible, en el que, como regla general, siempre o casi siempre se premian ciertas conductas y se castigan otras. La capacidad humana de aprender, memorizar y adoptar como hábito un tipo de conducta que en el pasado demostró ser exitosa (es decir, que resultó gratificante) puede ser sin embargo suicida si las relaciones entre los actos y sus consecuencias son aleatorias y efímeras y cambian sin previo aviso”. Zygmunt Bauman La Sociedad Sitiada.

La incertidumbre es la principal enemiga de una sociedad que quiere desarrollarse, porque afecta todo, hasta al aprendizaje. La gran tragedia de nuestro sistema educativo es que nuestros niños y jóvenes están renunciando a su capacidad de aprender, de leer, de interpretar y disfrutar del mundo que les tocó vivir. Los problemas que causan la deserción y reprobación no pueden reducirse a ser tratados con el simple asistencialismo en el que estamos metidos. Las miles y miles de becas para que a nuestra juventud le alcance el dinero para transportarse a las escuelas, para conseguir el uniforme que no es obligatorio pero sin el cual no los dejan entrar a su centro de estudios, para comprar libros de texto “opcionales” pero sin los cuales no pueden mantenerse al paso de sus compañeros, para no estar más horas con el estómago vacío, para no ser una carga más para sus familias que difícilmente soportan la presión para no desarticularse más de lo que ya están, no serán motivación suficiente para cumplir con el papel que históricamente se les encomienda, desarrollar las aptitudes y actitudes para saber lo básico del conocimiento que hemos acumulado como especie y contribuir para desarrollar conocimientos nuevos, con ética y responsabilidad para con los demás y el planeta que nos hospeda temporalmente.

Tampoco serán muy eficientes los cursos y talleres de regularización, más horas de clase, el incremento en las tareas e investigaciones, el uso de poca o mucha tecnología, sin un motivo cierto para esforzarse, para pasar horas y días poniendo atención, adquiriendo hábitos de estudio, levantándose temprano año tras año, aguantando presiones, regaños, frustraciones; claro, sin eliminar la convivencia gratificante y los buenos ratos junto a los demás.

Esa visión amplia que revela el papel de este sistema económico disfrazado de un liberalismo al extremo, no la tienen nuestros reformadores del sistema educativo, tampoco los gobernantes que confían ciegamente en falacias como el mercado libre y que este se equilibra solo, eliminando las desigualdades sociales. Lo que hemos estado viendo desde el inicio del desmantelamiento del “Estado de bienestar”, es que las certezas se desvanecen: “Cuando la confianza no tiene un terreno firme para echar raíces, el coraje necesario para correr riesgos, asumir responsabilidades y contraer compromisos a largo plazo, se desvanece” (Z. Bauman).

Parece paradójico pero no lo es, pero los países en donde las reformas neoliberales han encontrado más resistencias es donde la crisis económica actual global menos ha podido golpear. Esa “parálisis legislativa”, esa falta de acuerdos en nuestros congresos de América Latina para implementar, de una vez por todas, los cambios que exigen los grandes capitales para venir a exprimirnos al límite, han sido el mejor escudo para no caer en los problemas que tienen actualmente sociedades como la griega, la española, la italiana, la portuguesa y las que se acumulen en la semana. La resistencia ha estado disfrazada de una aparente improductividad según los medios de comunicación más poderosos, según las empresas que quieren manga ancha para despedir trabajadores sin alegato ni indemnización, para contratar temporalmente y sin responsabilidades, sin prestaciones que mermen sus ya considerables ganancias.

Por eso hay que cuestionar y resistir los embates reformistas que tan de moda están, esos que buscan convertir todo en un negocio, hasta los servicios sociales más elementales que han sido criminalmente descuidados para argumentar su obsolescencia, para que nos cansemos de su intencionada ineficiencia, para que nos resignemos a su privatización y hasta la pidamos ―por ejemplo “si el IMSS no te da la medicina, que te la pague”―.

Mientras todo se está reflejando en conflictos continuos, otra vez Bauman: “Los hogares familiares se vuelven campos de batalla sustitutos para el juego de la autodeterminación que ha sido desalojado de la escena pública… Lo mismo ocurre con los lugares de trabajo, que fácilmente dejan de ser refugios para la solidaridad y la cooperación, y se convierten en un ámbito de competencia salvaje en la que cada uno se las arregla como puede”. Qué decir de las escuelas, que proclamando lo contrario perpetúan las desigualdades sociales y con el enfoque por “competencias” desechan el conocimiento que no tiene una utilidad inmediata, y lo útil es lo que produce ganancias para los mismos de siempre.

viernes, 10 de febrero de 2012

LENGUAJE Y POLÍTICA


“Cuando pronuncio la palabra Futuro,/ la primera sílaba ya se fue al pasado./ Cuando pronuncio la palabra Silencio,/ lo estoy destruyendo./ Cuando pronuncio la palabra Nada,/ estoy creando algo que ya existe.” Wislawa Szymborska, poeta polaca.

La política no espera, tiene plazos fatales que por lo mismo se deben cumplir. Ya tenemos tres virtuales aspirantes a la presidencia, falta el cuarto, el incómodo, el que no estaba invitado. Pero la poesía tampoco puede esperar, por eso el recuerdo a la cotidiana presencia polaca. Lástima que comencemos a conocerla porque su muerte se convierte en noticia en un mundo aparentemente desencantado.

¿Qué tienen que ver la política y la poesía? Lo dijo un italiano que conjuntaba ambas actividades, Dante Alighieri en la voz de uno de sus reseñistas Mariano Pérez Carrasco ―El Clarín Digital―: “para que surja un orden político más pleno tiene que haber un cambio radical en el lenguaje”. Porque detrás de cierto lenguaje político está el ocultamiento de intereses inconfesables, el discurso de las mezquinas intenciones, la retórica de los privilegios indebidos, pero también, si lo cambiamos, está la bondad, la belleza, los intereses comunes, las otras verdades.

Dante busca, escribiendo en un muy joven italiano, traspasar la barrera del latín culto, hacerse accesible para las grandes masas, referirse a las cosas cotidianas que a todos importan; esto último lo hace también Szymborska apenas fallecida el pasado primero de febrero, no importa que escriba en polaco, al reflexionar y embellecer las cosas más sencillas les da otro sentido, las vuelve accesibles, nos reconocemos en ellas.

Con la magia de las palabras lo dice otro de sus admiradores, Jesús Silva-Herzog Márquez ―Reforma 8 de febrero 2012―: Wislawa Szymborska abre la mano a una gota de agua que cae del cielo. En la gota está el Ganges y también el Nilo, la humedad en los bigotes de una foca y el líquido de una vieja vasija china. En esa gota, todo el mundo y todos los tiempos: alguien que se ahogó y quien fue bautizado. En una gota de lluvia, siente que el mundo la toca, delicadamente”. Quién de nosotros logra sentir lo mismo ahora que nos ha llovido recientemente, apenas comenzamos a valorar la lluvia después de meses de angustiosa sequía, de que la sed y el hambre ronda detrás de los más vulnerables, nuestros pueblos originarios, nuestros campesinos que saben del amor al terruño. Cuántos nos olvidamos que somos “polvo de estrellas” como decía Carl Sagan, que por eso mismo, quizás, merecemos ser más de lo que ahora somos.

Lo menos que habría que exigir a nuestros políticos, a esa multiplicidad de rostros que no nos significan nada, es que su lenguaje sea completamente diferente, que abandonen las buenas intenciones antes de que ellas les huyan, que se ahoguen de realidades aunque no sean agradables, aunque duelan; que recurran a la simplicidad de lo complejo, que despierten las esperanzas aletargadas y provoquen la participación de los apáticos. No para manipularlos, sí para tener un presente que valga la pena vivir y revivir.

La recuerda Elena Poniatowska ―La Jornada 3 de febrero 2012―: “En su discurso al recibir el Nobel de Literatura, el 3 de octubre de 1996, Szymborska dijo que cualquier saber que no provoca nuevas preguntas se convierte muy pronto en algo muerto, pierde la temperatura que proporciona la vida. También habló de dos palabras que siempre la estimularon: no sé. Y se refirió a otra polaca insigne: “Si mi compatriota María Sklodowska-Curie no se hubiera dicho ‘no sé’, probablemente se habría convertido en profesora de química en un pensionado de señoritas de buena familia; en este respetable trabajo habría transcurrido su vida. Pero ella se dijo ‘no sé’ y fueron exactamente estas dos palabras las que la condujeron, no una sino dos veces, a Estocolmo, donde se galardona con el premio Nobel a las personas de espíritu inquieto en constante búsqueda”.

Ojalá que nuestros políticos, que todo lo saben, abandonen esa falsa idea, que se dejen de sonrisas perpetuas y vacías, que reconozcan sus casi increíbles limitaciones, que sepan que la imaginación es algo que hay que trabajar, que hablen del presente, que conozcan el pasado, que ignoren el futuro que todavía no existe.