jueves, 17 de noviembre de 2011

TRAGEDIA GRIEGA


Grecia es considerada la cuna de la civilización occidental, sus filósofos siguen siendo citados como fuente de sabiduría, no sólo por lo que pensaban sino por los métodos que empleaban. Eso de apropiarse de la realidad, de reflexionar sobre ella, de analizarla y transformarla no es ningún chiste. También se les considera los inventores del teatro comenzando por la Tragedia. Entre sus otros muchos “inventos”, además de la democracia, ese intento perpetuo de hacer que el ciudadano se interese por su gobierno y participe en el mismo, está el alfabeto, esa capacidad de nombrarlo todo con apenas veintitantos símbolos escritos y sus correspondientes sonidos.

La Tragedia, todos lo sabemos, siempre termina mal, el destino se alza ante los personajes y termina por vencerlos; a los pobres mortales, aunque se consideren los protagonistas del drama, sólo les quedan dos caminos, el primero, resignarse y dejarse vencer sabiendo la inutilidad de sus afanes, o resisitirse, tratar de cambiar ese mal fario con el que nacieron, burlar esa fuerza obscura por inexorable y atentatoria de la libertad.

A los griegos y a toda la civilización occidental los acecha el destino disfrazado de esa minoría representada por los organismos financieros internacionales, en esos banqueros insaciables y sus gobiernos comparsas. Muchos se preguntan cómo una economía que apenas es el 0.5 por ciento del PIB mundial tenga en jaque al modelo económico globalizado y neoliberal. Pero es que no es únicamente Grecia, es también España, Portugal, Italia y casi el país que se quiera, hasta los mismos Estados Unidos. Es la crisis de una forma de explotación económica y del gobierno real de esas instituciones financieras que no tienen llenadera. Siempre se habla de irresponsabilidad gubernamental, que los ciudadanos de los diferentes países están pagando el derroche y robo de una clase política cómplice de intereses externos, no dejan de tener algo de razón, pero no toda, apenas en la semana que terminó, el analista del diario La Jornada José Blanco daba a conocer algunas cifras del Global McKinsey Institute, aunque a veces dé flojera leer cifras estas valen la pena: “Reino Unido: deuda total respecto de su PIB (la llamaré DT): 497 por ciento; la parte de deuda correspondiente a su gobierno (DG) es 77 por ciento. Las deudas del resto de los países, son como sigue: Japón, DT 492 por ciento, DG 213 por ciento; España, DT 366, DG 66; Francia, DT 341, DG 88; Italia, DT 313, DG, 110; Corea del Sur, DT 306, DG, 30; Estados Unidos, DT 289; DG 80; Alemania, DT 284, DG 86; Canadá, DT 274, DG 68.” Como se puede ver, la deuda pública de los últimos tres países apenas es un tercio del total, el resto es deuda privada, para que se vea con claridad quiénes son los irresponsables. Otros analistas nos recuerdan que Grecia no tenía este tipo de problemas financieros hasta que incrementó su deuda para organizar las Olimpiadas, apostó todo al turismo dado que no tiene petróleo, su agricultura es muy limitada y su dominio de las grandes navieras ha decrecido. Recordar también que el impuesto para financiar nuestras Olimpiadas ―México 68―, la tenencia por uso y tenencia de vehículos automotores apenas está por desaparecer ¡43 años después! Y ya queremos embarcarnos en otras.

El español Juan Luis Cebrián ―El País 02/11/2011― basándose en Adam Smith resume bien el conflicto: “Desde su fundación, el capitalismo ha necesitado de reglas que limiten y controlen el funcionamiento de los mercados, y es responsabilidad de los políticos y gobernantes establecer dichas reglas y hacerlas cumplir. Por eso tienen razón quienes señalan que la actual crisis económica es en realidad una crisis política, caracterizada por la ausencia de liderazgo, y también -y sobre todo- una crisis moral, en la que la pérdida de valores no puede de ninguna manera sustituirse por promesas electorales. Pero, además, tiene una dimensión global prácticamente sin precedentes, por la extensión y rapidez con la que se ha producido”.

El “plan de rescate” tan oportunamente comandado por los gobiernos derechistas de Francia y Alemania, buscan darle oxígeno extra a un modelo económico a punto de tronar porque no responde a las necesidades sociales de los comprometidos a pagarlo, los ciudadanos comunes y corrientes, los que ven afectada su calidad de vida porque no hay empleos, cuando los encuentran están mal pagados, porque no se asegura la salud, la educación, la vivienda y demás. Por eso ha caído tan mal la propuesta griega de poner a referéndum ese pretendido rescate más sus graves consecuencias, la democracia de los indignados, de los zombies, de los ocupados, de los desesperados es el veneno contra los abusos de los mismos de siempre. Elegir la libertad contra el destino. A ver si aprendemos.

sábado, 29 de octubre de 2011

FRUSTRACIÓN


“Se trataba de André H., quien explicó que lo pirómano le surgió por frustración, por falta de dinero y desolación. También había algo de envidia social, agregó, contra aquellos que tienen cosas que él, un pintor y barnizador desempleado, no puede pagar”. Yaotzin Botello, corresponsal en Berlín del diario Reforma.

La nota apareció apenas este 25 de octubre en la página 16 de ese diario. El fragmento citado pertenece a dicha noticia que da cuenta de una investigación de la policía alemana para encontrar al responsable del incendio intencional de más de cien autos de lujo, todos de marcas alemanas como BMW, Audi y Mercedes Benz, encontrando que André H., le había prendido fuego a 67, pero que otros 35 también habían sufrido daños. Nada más que la policía teutona tiene registrados 341 autos destruidos, quemados intencionalmente, sólo en su ciudad capital; hasta llegaron a creer que era una campaña de ciertos grupos de extrema izquierda, pero parece que no hay tal, que podría ser el resultado de la frustración de individuos resentidos porque a otros les sobra lo que ellos honestamente y con su trabajo no pueden obtener. Este caso, extremo si se quiere, podría dejar de ser la excepción si no ocurren cambios rápidos en un sistema económico que ya mostró su injusticia y que en algunos países, a pesar de sus nefastas consecuencias, se pretende profundizar; como en el nuestro con la propuesta de reforma laboral que empuja una presidencia ciega y consentidora de los intereses de una pequeña cúpula de multimillonarios. Hasta el Vaticano está preocupado y reaccionando, tarde, como siempre, con un documento que pretende establecer una posición crítica ante la próxima reunión de los países disque más poderosos del mundo ―el llamado G-20―: Tras el ocaso de las viejas ideologías, han surgido nuevas "ideologías neoliberalistas, neoutilitaristas y tecnocráticas que, al tiempo que marginan el bien común en favor de dimensiones económicas, financieras y técnicas absolutas, ponen en riesgo el futuro de las instituciones democráticas mismas", así dice la nota titulada "Para una reforma del sistema financiero internacional en la perspectiva de una autoridad pública de competencia universal" del Pontificio Consejo Justicia y Paz.

La crisis es tan profunda, que los millones de jóvenes educados y desempleados ya se dieron cuenta que tienen el presente y el futuro embargado por las grandes corporaciones típicas y beneficiarias de esas “ideologías neoliberalistas”, se están indignando y tomando las plazas públicas, hasta ahora pacíficamente, pero cualquier error, por parte de cualquier autoridad, puede prender una mecha que se ve muy corta.

La Cumbre de Negocios realizada en territorio queretano mostró las dos tendencias que estiran el conflicto social, por una parte hacer como si no pasara nada, festejar las cuantiosas inversiones que se mueven a otras partes del mundo donde los salarios y la seguridad laboral importan cada vez menos y los gobiernos hacen de la vista gorda a la hora de cobrar impuestos o asegurar las prestaciones sociales, por la otra, el llamado y la experiencia brasileña, personificada por Lula da Silva, que le dio oxígeno a la reunión mostrando que sí hay otras formas de hacer las cosas, que la gente debe ser el centro de las políticas públicas y no el pretexto para hacer más ricos a los millonarios, que todos habitamos el mismo mundo y que los excesos de unos son las carencias de muchos.

Mientras, hay que seguirse indignando, no caer en el juego de las pequeñas corrupciones que justifican las grandes, protestar contra las injusticias cotidianas, saber que la vida puede ser mejor si recuperamos nuestra capacidad de reflexionar y de solidarizarnos con los otros. Como dice el rockero español Miguel Ríos cuando anuncia su retiro, no a la piedad, sí a la solidaridad.

viernes, 21 de octubre de 2011

99 POR CIENTO


Nos pega la desigualdad, la falta de seguridad en el empleo, el desmantelamiento de las instituciones sociales que debían hacerse cargo de nuestro presente y futuro ―salud, educación, seguridad pública, vivienda, jubilación, alimentación, información, ambiente, cultura, recreación y demás―, nuestra percepción del mundo está fragmentada porque este capitalismo neoliberal aprieta por todos lados sin dar espacio para el respiro, la reflexión, cada vez nos aleja más la posibilidad de ponernos de acuerdo. Increíble que en un mundo hiperconectado no podamos comunicarnos en persona porque lo primero que aflora es la versión parcial y aparentemente incompatible de cada quien.

Parece que el primer auxilio es la masa que trasciende al individuo. Porque el individualismo es la primera trampa, ese creer que todo lo podemos hacer solos, esa falsa premisa de los interesados gurús de la autoayuda que repiten incesantemente que el mundo es tuyo, que el éxito depende de lo que tú, y sólo tú, hagas con él. Que si no eres exitoso es porque eres un estúpido y por tanto nadie más tiene responsabilidad alguna de que estés enfermo, desempleado, deprimido, desesperado, incomprendido, insatisfecho, todo porque eres un consumidor fracasado.

Quizás esa sea la razón del por qué la indignación se ha reflejado en eventos masivos que han utilizado las mismas redes sociales que nos han alejado de los otros. Ya no nos encontramos cara a cara, no podemos escudriñar al instante los efectos de lo que decimos, no nos vemos reflejados en esos “espejos del alma” que son los ojos de los otros, no hay el menor acercamiento físico y los apapachos también son necesarios. Hemos perdido lo más por la fugacidad de lo menos. Pero sus fortalezas son también sus debilidades.

A la convocatoria mundial para manifestarse hubo respuesta importante en más de 900 ciudades, millones de personas se movilizaron y tomaron las plazas públicas, todas protestando contra los gobiernos corruptos e ineficientes, esos que han traicionado a sus ciudadanos para beneficiar a unos cuantos; también contra los banqueros, contra las grandes corporaciones que concentran la riqueza, que debiera ser de todos porque todos la producimos, a la vez que “reparten” generosamente sus pérdidas para que todos las paguemos vía impuestos y una menor calidad de vida por varias generaciones.

En Querétaro también hay indignados, sin experiencia en organizarse pero con el ímpetu para intentar recuperar esas capacidades para encausar sus demandas de forma pacífica y colectiva, quisieron participar el sábado pasado, fueron pocos pero entusiastas, cambiaron de sede varias veces porque no encontraban el lugar adecuado, hasta terminar en el Jardín de la Corregidora. Sus demandas son excesivamente amplias, sus visiones hasta pueden chocar, pero los une el mismo sentimiento, la indignación y la certeza de que las cosas no deben ni pueden seguir como están.

Como respuesta, los políticos, sus partidos, sus empresarios, sus medios de comunicación, siguen como si no pasara nada, inventando conspiraciones, fingiendo guerritas “sucias”, atendiendo los detalles macabros de una guerra interna que escala alturas antes insospechadas, dándole escaparate a precampañas insulsas con precandidatos intercambiables, golpeando al árbitro electoral, proponiendo “reformas” que ahondan esas desigualdades, sus corrupciones e impunidades. Todo para que nada cambie.

Pero somos el 99 por ciento.

viernes, 14 de octubre de 2011

MANZANAS


¿Qué tiene de cachonda la manzana que insiste en formar parte importante de la historia de la humanidad?

Por lo menos en lo que corresponde al desarrollo de la civilización occidental, ese curioso fruto, que partido a la mitad despierta los sentidos y la imaginación, ocupa un papel decisivo en nuestra muy particular mitología.

Desde el relato bíblico en el que a Adán y Eva se les presenta la tentación en forma de manzana, con la consecuencia lógica de la necesaria rebeldía ante un dios que pretende controlarlo todo, absolutamente todo. Pasando por un pretencioso y también rebelde Robin Hood que intenta que el sistema económico funcione al revés, los ricos dándole a los pobres parte de su riqueza, aunque sea a fuerzas, y con una puntería capaz de partir en dos una manzana sostenida por la cabeza de alguien apreciado y no sustituible. Siguiendo por las redondeces de un fruto que insiste en caer cerca, y no encima, de un joven observador e inquieto como Isaac Newton para que imagine e invente la ley de la gravedad.

Y qué decir de la compañía disquera formada por el quinteto de Liverpool, sí, los Beatles, con su Apple Records que presentaba en el lado «A» de sus acetatos una manzana verde aparentemente completa, pero que se descubriría partida a la mitad al darse vuelta hacia el lado «B», y de allí el salto tecnológico; otra vez la manzana ligada a la rebeldía frente a lo mismo de siempre, al pensamiento lineal, a trascender lo obvio para descubrir lo que hay oculto, la manzana mordida, cayendo en la tentación de probarla, de no quedarse sólo viéndola, de paladearla, morderla para atrapar sus secretos y hacerlos parte de uno. La manzana de Steve Jobs y sus invenciones, sus carretadas de dinero, mostrando lo que ya sabíamos pero que insistimos en olvidar, que el genio y la riqueza, ni siquiera juntos, pueden vencer a la muerte.

Pero la manzana no basta para endiosar a la tecnología, esa sorprendente búsqueda de lo más chiquito, de lo más rápido, de lo que más contiene, de lo que más distrae por sus múltiples utilidades que pueden funcionar al mismo tiempo, sumiendo nuestro cerebro en un permanente estado de confusión. Falta que la manzana aparezca para decirnos que no todo lo que se puede hacer debe de hacerse, que nos dé la capacidad de prever a dónde nos pueden llevar los cambios tecnológicos que parecen no tener más dirección que la que se dan ellos mismos o algunos personajes siniestros que abundan en la historia. Lo peor es cuando les enseñamos a nuestros niños y jóvenes que las guerras son “buenas” porque “provocan” avances científicos y tecnológicos que no se darían, dicen algunos maestros, si siempre viviéramos en paz. El conflicto como motor de la historia. Pero esa idea no es de las ciencias naturales, por lo menos no enunciada así.
Falta el desarrollo de las ciencias sociales, las temidas y al mismo tiempo despreciadas porque no tienen manzanas, pero nos leen los pensamientos, desnudan nuestras intenciones, nos descubren, todos los días, humanos y diferentes, magníficamente diferentes a las máquinas.

viernes, 30 de septiembre de 2011

LECCIONES DEL 68

Hay vivencias que definen, que cambian el rumbo de una vida, que nos vuelven sensibles a procesos históricos y sociales, que nos vuelven escépticos y preguntones, críticos en lugar de conformistas.

No participé en el movimiento estudiantil del 68, no soy de esa generación, por edad no me correspondía, ni siquiera por cercanía geográfica o por tener algún afecto familiar involucrado, y sin embargo, recuerdo que esperaba con ansias los periódicos para leer sobre algo que no entendía, que a los adultos intrigaba pero que no se molestaban en explicar a un niño de primaria particular marista. Como tantos temas que se quedan fuera de las aulas, como si la escuela fuera un mundo paralelo a la realidad ―igual que ahora―, los profes tampoco parecían interesados en eso que pasaba en la capital del país o en las escasas ciudades donde los universitarios, esa élite dorada, trataban de replicar un movimiento que comenzara con demandas muy específicas y que evolucionara a un enfrentamiento contra un gobierno que descubrimos más miedoso y autoritario de lo que se veía a simple vista.

No conocí a protagonistas de ese 2 de octubre hasta que al principio de la década de los ochentas del siglo pasado, en Querétaro, pude escuchar al Búho, llamado así por sus enormes lentes de culo de botella, Eduardo Valle, uno de los más lúcidos dirigentes estudiantiles de esa época; también a Heberto Castillo quien diera el grito de independencia el 16 de septiembre en una Ciudad Universitaria sitiada por el ejército, ese ingeniero que planeara un nuevo partido político desde las celdas del antiguo Palacio de Lecumberri junto con algunos de los dirigentes estudiantes también presos, con obreros como el ferrocarrilero Demetrio Vallejo, con intelectuales que después prefirieron quedar como apoyos externos, con muchos de los grandes caricaturistas que renunciaban a los derechos de autor por el uso de su obra para hacer carteles, para imprimir camisetas, bonos de cooperación y demás. Pero conocerlos fue el remate de una curiosidad despertada muchos años antes y que llevó a muchos jóvenes a preguntarse si la realidad cabía en las primeras planas de los periódicos, en los estrechos márgenes de una pantalla de televisión o en los límites cerebrales marcados por los enormes audífonos del locutor de moda.

Aprendí, junto con algunos de mis compañeros y amigos, que la realidad tiene muchas formas de vivirse, percibirse e interpretarse, que hay niveles de comprensión que se escapan si no la cuestionamos, la exprimimos y actuamos en consecuencia, que las cosas frecuentemente no son lo que parecen. Que vale más un espíritu libre que uno atado a ideas ajenas, por más dogmáticas y bienintencionadas que sean.

No somos la generación del 68 pero sí somos sus herederos. Como tales y seguramente sin saberlo participamos y hemos hecho nuestras propias historias, nos tocó la suerte de contribuir en algo en luchas que ahora parecen novedosas, por los derechos humanos, por una sociedad plural y tolerante, por la diversidad sexual, por los derechos de las mujeres, por una educación pública y laica para todos, por hacer que el voto cuente y se cuente, por hacer realidad preceptos constitucionales que para algunos son meras quimeras, por una sociedad más igualitaria.

El 2 de octubre de 1968 no es solo una fecha más del almanaque nacional, fue la culminación de un proceso social y el inicio de muchos otros. No hay frustración, no hay reniegos, no es lo mismo ver pasar la vida que intentar formar parte de ella. Todos podemos elegir, en cualquier momento, entre más pronto mejor.

domingo, 25 de septiembre de 2011

COMO SI NO PASARA NADA

“Les deseo a todos, a cada uno de ustedes, que tengan su propio motivo de indignación. Es un valor precioso. Cuando algo te indigna como a mí me indignó el nazismo, te conviertes en alguien militante, fuerte y comprometido. Pasas a formar parte de esa corriente de la historia, y la gran corriente debe seguir gracias a cada uno. Esa corriente tiende hacia mayor justicia, mayor libertad, pero no hacia esa libertad incontrolada del zorro en el gallinero. Esos derechos, cuyo programa recoge la Declaración Universal de 1948, son universales. Si se encuentran con alguien que no se beneficia de ellos, compadézcanlo y ayúdenlo a conquistarlos.” Stéphane Hessel. ¡Indígnense!

Lo sabemos, nos lo embarran en la cara, su porquería ocupa todo y no deja respirar sin tragarse algo de la misma, pero su discurso la evita, como si no existiera, como si no la produjeran y fueran parte de ella.

Detrás de cada escándalo de impunidad y corrupción están los datos duros de lo que ya no se puede esconder, nuestro sistema político está completamente podrido. Allí está la andanada de aplausos cínicos al exgobernador Montiel en el cambio de gobierno del Estado de México; allí están las grabaciones, los testimonios, los documentos, las fotografías que involucran a las cúpulas políticas, partidistas, empresariales y religiosas en tragedias cotidianas como el casino Royal; también las víctimas visibles que estaban enterradas en las fosas de la indiferencia y que sigue recogiendo la caravana encabezada por Javier Sicilia y el resto de familiares que no han perdido la capacidad de indignación; allí están los autodestapes disque disfrazados de informes de gobierno, de entrevistas televisivas; también los 35 ejecutados en Veracruz, a cortísima distancia temporal y geográfica de la reunión nacional de procuradores estatales de la justicia con la cabeza de la PGR y de remate los 301 bienes inmuebles decomisados por la policía colombiana achacados al cártel del Chapo Guzmán; seguir con la lista ya interminable nos dejaría sin espacio, ni para pensar, ni para recuperar esa capacidad de indignación que el francés Stéphane Hessel nos demanda a nombre de tantos miles de muertos, de nuestra historia reciente, que tenían esperanza en un futuro mejor.

No pueden ser más cínicos, se aprovechan de sus propias corrupciones para proponer “reformas” que las legalizan, pretendiendo legitimar sus privilegios, su visión de un mundo y una Nación creada exclusivamente para su beneficio, garantizando su impunidad y haciéndonos creer que es para nuestro bien. Así han desmantelado el llamado estado de bienestar, ese que creció con la idea de que nuestras instituciones deberían garantizar una vida digna para todos, con salud, educación, vivienda, acceso a la cultura y esparcimiento, con la seguridad en nuestras vidas y bienes, a una vejez digna y productiva, a un trabajo y salario decentes. Se roban la riqueza generada socialmente, por todos; devastan amplias zonas del territorio nacional para lucrar con el agua, con los minerales, con la biodiversidad, con el paisaje. En nombre del progreso se están quedando con todo y se lo acaban, como si fueran inmortales.

La globalización nos iguala para bien y para mal, lo que pasa en Europa no es exclusivo de esa región del mundo. La altiva Europa, cuna de la civilización occidental, tan vapuleada recientemente, está reaccionando, esperemos que no demasiado tarde, que su indignación nos contagie a todos: “Se atreven a decirnos que el Estado ya no puede garantizar los costos de estas medidas ciudadanas. Pero ¿cómo puede ser que actualmente no haya suficiente dinero para mantener y prolongar estas conquistas cuando la producción de riqueza ha aumentado considerablemente desde la Liberación, un período en el que Europa estaba en la ruina? Pues porque el poder del dinero, tan combatido por la Resistencia, nunca había sido tan grande, insolente, egoísta con todos, desde sus propios siervos hasta las más altas esferas del Estado. Los bancos, privatizados, se preocupan en primer lugar de sus dividendos y de los altísimos sueldos de sus dirigentes, pero no del interés general. Nunca había sido tan importante la distancia entre los más pobres y los más ricos, ni tan alentada la competitividad y la carrera por el dinero”.

Por eso urge que recuperemos la sensibilidad, que ubiquemos con precisión los intereses generales, que nos resistamos a seguir siendo manipulados. Que el remolino electoral, tan costoso, que ya comenzó, no nos deje resignados, como simples espectadores de unos poderosos que se reparten lo poco que nos queda. Que aparezcan las definiciones ideológicas, los compromisos reales, antes de que se los trague el determinismo económico. Que no nos roben la indignación y la esperanza.

domingo, 18 de septiembre de 2011

REQUISITOS

Hasta para renunciar hay que ser oportuno, por lo menos en la política, porque la acción puede trascender, enviar un mensaje, aprovecharla para tomar impulso e iniciar una etapa diferente. Pero fue al revés.

Seguramente nuestro secretario de educación pública, que dedicó el último año para promoverse e intentar ser considerado como candidato de su partido a la presidencia de la república, no solo consideró el ir abajo en las encuestas internas del PAN, también debe haber recibido un adelanto de los resultados de la prueba ENLACE 2011, que es la mejor evaluación a su desempeño; como los resultados no fueron buenos, aunque presume que se alcanzaron metas sexenales, el trampolín de un espectacular avance educativo se rompió apenas agarrando vuelo. Desgraciadamente, es también la tomografía de un sistema educativo esclerosado, cuyas dosis reformistas no logran el objetivo deseado porque la comunicación entre las autoridades y los profesores está mediada por una instancia sindical que todo lo deforma y lo usa para su exclusivo beneficio. Claro, la autoridad tiene su parte de responsabilidad, pero los docentes siguen dejando espacios que les pertenecen de origen y por no ocuparlos están permitiendo que cualquiera se los adueñe, y después se quejan porque sus expectativas y conocimientos cotidianos en el aula no son tomados en cuenta.

Los cambios, para que resulten, deben tomarse como propios, con la conciencia plena de su necesidad y pertinencia, de que se le toma a uno en cuenta como agente activo y no como un simple administrador de las decisiones de otros. Así, las reformas se quedan en simples requisitos, el discurso de los directivos es: “hay que llenar estos formatos nuevos porque a mí me los piden”, la administocracia se vuelve la nueva justificación para los cambios, no hay motivación didáctico-pedagógica, como lo escribe Alexander Schaunard: “Lo que pasa con el grupo otrora compacto, ejemplo viviente de un gremio en plena globalización, es que se hace grumos, se dispersa, forma pequeñas cofradías, que basan su comunicación en sencillos códigos, aferradas a unos cuantos conceptos, limitando su competencia a reducidos ámbitos que los hacen sentir seguros; lo más indispensable para seguir chambeando en la enseñanza, un saber que con cada nueva reforma se ha venido muriendo más y más”. Y entonces las principales resistencias contra los cambios son internas, de un profesorado que no logra asumir un lenguaje diferente, una concepción distinta de su quehacer frente al grupo de estudiantes que también se resiste porque ya se acostumbró a asistir a la escuela y no aprender, sólo cumple con requisitos administrativos para pasar de un grado al otro, igual que sus maestros.

Cuando a los reformadores se les ocurrió decir que lo nuevo era lo mismo que lo que ya se hacía desde hace muchos años se perdió el sentido de todo, otra vez Schaunard (Y ahora… ¿quién podrá defendernos? Revista Educación 2001, septiembre del 2011): “Lo primero que hacemos cuando somos introducidos súbitamente en un nuevo ambiente lingüístico, es tratar de encontrar parecidos fonéticos o gráficos con nuestro propio código para intentar entreabrir la cortina que nos permita atisbar esa nueva realidad. Al final hacemos tantas sustituciones que, sin darnos cuenta, sometimos a la nueva lengua a nuestra gramática acostumbrada, haciendo un vis a vis con el que podemos continuar nuestras vidas…”. Es decir, para hacer lo nuevo seguimos haciendo lo viejo, engañándonos nosotros mismos. Parecer que cambiamos sin realmente hacerlo. Y luego nos sorprendemos de que lo nuevo no dé resultados.

Mientras, los profesores siguen haciendo como que hacen sin hacer realmente. Seguimos cumpliendo con requisitos absurdos con tal de tener mayores ingresos, como el burro persiguiendo la zanahoria que nunca podrá alcanzar. Hasta recurrimos a posgrados “patito” sabiendo que no aprendemos más, que lo supuestamente cursado no tendrá impacto en nuestra práctica cotidiana porque, otra vez, recurrimos a lo ya sabido para no aprender otra cosa, si acaso nos volvemos soberbios. Ese es el juego de la meritocracia.

Nuestras escuelas debieran ser un hervidero de discusiones, los resultados de ENLACE tendrían que estar siendo examinados a detalle, vinculándolos al trabajo en el aula, al de cada quien en particular, al de todos como comunidad, pero eso no sucede, estamos esperando que los administradores nos den su interpretación y nos impongan sus acciones, para cumplir con el requisito.