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viernes, 15 de febrero de 2013

EDUCACIÓN FRUSTRADA

Despacio que llevo prisa. Quién sabe quién lo diría, pero no erraba en advertir que a las cosas que urgen también hay que darles tiempo para que maduren, que cuando algo se hace al aventón, con el pretexto de la premura, se tardan más porque, frecuentemente, hay que regresarse para corregirlas. Pero no solo se pierde tiempo, hay que agregar la desconfianza que produce algo mal hecho, la pérdida de energía, el desencanto. Así está nuestra manoseada reforma educativa. Y es que en principio se “olvidó” el detalle más importante, que cualquier cambio de ese tamaño necesariamente involucra al verbo convencer. Nadie se ha tomado la molestia de convencer a los maestros de la pertinencia de los cambios propuestos, no solo en los contenidos de las materias, en su organización, en su fallida integración en un nivel ─el de educación básica─ y en el amontonamiento de programas, en la implementación de la obligatoriedad de la educación media superior ─preparatoria o bachillerato─, también en la elección del modelo de “competencias”, que muestra graves carencias teóricas y que se presume, falsamente, como ideológicamente neutro. Y no es que los maestros se resistan nada más por molestar, si no que la falta de convicción lleva a “traducir” lo nuevo para meterlo en los moldes viejos. Es decir, cambia en algo el lenguaje pedagógico, pero las prácticas en el aula siguen siendo las mismas y hasta peor, terminan revolcadas. Lo que sí se incrementa hasta la asfixia es el trabajo administrativo con el pretexto de medirlo todo, controlarlo todo, de asegurar una “calidad” importada del lenguaje empresarial y que poco tiene que ver con un contexto educativo. La uniformidad es otro factor que se quiere hacer pasar como deseable. Al contrario de lo que recomiendan otras reformas educativas aparentemente exitosas, que buscan alimentarse de la diversidad y que la promueven, aquí buscamos que todos los maestros hagan lo mismo, vean los mismos contenidos, en el mismo orden, evalúen de la misma forma y propongan las mismas actividades obteniendo los mismos resultados. Por eso el afán de estandarizar las planeaciones, para facilitar, de rebote, el control de directivos que carecen de conocimiento pedagógico y de contenido de las materias, pero que son buenos para “palomear” listas de cotejo. Esta esquizofrenia educativa se resuelve fácilmente mediante el uso abusivo de libros de texto que, como complejas recetas, pretenden elaborar productos de alta cocina sin más ingredientes, recursos ni conocimientos que las hojas en que están impresos. Un negociazo para los nuevos mercaderes de la educación y una manera subrepticia de privatizarla. Y aquí reside otro problema mayor, no solo educa la escuela, también los medios de comunicación, también las familias integradas o no, también las cúpulas eclesiásticas y empresariales, también los partidos políticos y las instituciones públicas. Pero la reforma solo se refiere a la escuela, exentando de responsabilidad al resto de los personajes. Lo publicó Fabrizio Andraella ─http://www.jornada.unam.mx/2013/02/10/sem-fabrizio.html─ apenas el pasado 10 de febrero: “A lo largo de la historia, los sujetos encargados de educar a las nuevas generaciones han sido los padres, los sabios, los gurús, los eclesiásticos, los filósofos y los preceptores. Ahora, los maestros son reemplazados por los programas televisivos y los sitios web. Esta aseveración aparentemente exagerada e inverosímil se sustenta en el simple hecho de que el único conocimiento que nos moldea y nos acompaña por mucho tiempo es el conocimiento que nos fascina. Por eso el maestro verdadero es quien sabe despertar y alimentar la pasión. El conocimiento se filtra en el alma solamente a través de la seducción, y hoy en día el adolescente encuentra al seductor de su intelecto más en las tardes frente a las pantallas que en las mañanas frente a las pizarras”. Es que las palabras pasión y seducción están prohibidas en nuestras aulas, pareciera que el aprendizaje no tiene nada que ver con los sentimientos y emociones, con la curiosidad y la fascinación. Ya no somos educadores, nos hemos quedado como simples administradores de programas y contenidos que nos son completamente ajenos y peor, nos son indiferentes. Y eso lo están aprovechando unos medios de comunicación que producen telebasura. No es teoría, es la constatación cotidiana de una devastación mental: “No es difícil imaginar cuál es el papel de la televisión en esta envilecida desviación de la curiosidad hacia lo inútil. Puedo afirmarlo con amarga certeza, ya que tengo frente a los ojos las ruinas morales y los escombros antropológicos de veinte años de televisión italiana sometida al dominador de la política de mi país. Los italianos hemos comido felizmente la basura mediática vomitada en nuestros hogares: barata, alegre, sexy, americanizada. Así, los valores inyectados en nuestro cerebro han destruido todos los elementos comunitarios, depositando en los corazones y en las cabezas solamente aspiraciones individuales”. Nuestro duopolio televisivo y sus tentáculos en el resto de los medios de comunicación no se salvan, ni tantito, de esa crítica, por eso buscan desviar la atención hacia temas que son importantes, pero no los únicos, ya hasta se ampararon a nombre de un interés general del que carecen pero pretenden enarbolar. Todo para que nadie se fije en las distorsiones educativas que producen, intencionalmente o no. No es mala idea presionar para que la reforma educativa, una en serio, incluyente y convincente, incluya a los medios de comunicación, finalmente son concesionarios que deben cumplir con un fin social que insisten en ignorar, para privilegiar sus intereses.

viernes, 10 de agosto de 2012

PANISMO VACILANTE

Quién sabe qué tiene Querétaro que les gusta para reunirse y pensar en el futuro. Ejercicio un tanto inútil si el diagnóstico sobre el pasado inmediato resulta fallido. La disyuntiva panista no está entre la reforma y la refundación, ese es un debate falso, apto para detener el apetito de los medios de comunicación que pululan alrededor de este tipo de eventos. El problema con los albiazules es que se quedaron sin banderas, les fueron arrebatadas por un camaleón tricolor que muta cada que las circunstancias le son propicias, allí no valen los principios, allí la historia se borra y se reescribe a conveniencia. Ojalá no lo imiten otra vez, hay que buscar ser oposición, como se nació, como se le dio sentido a la existencia, como se legitimó la lucha por el poder. Hay que reconocer que se perdió el gobierno y se perdió al partido. Que toca recuperar al segundo para competir por el primero. La bandera que puede propiciar la recuperación, la que en el papel no les ha sido robada y que no supieron defender es la de la honestidad y la transparencia en el ejercicio del presupuesto público, allí queda, desgraciadamente, muchísimo por hacer. El apego a sus principios como un derecho histórico denunciando el oportunismo del adversario, que en cualquier momento puede volver a mutar y traicionar lo que sea, a quien sea y como sea. Por el lado de “las izquierdas” queda concluir el proceso electoral, llegar hasta lo último que las instancias legales prevén, encausar el enojo de muchos ciudadanos que alcanzan a vislumbrar que esta democracia neoliberal quizás no sea el camino más adecuado para resolver las disputas por el poder, proponerle cambios, transformarla en algo completamente diferente. Ahora sólo es un mecanismo más que utilizan los privilegiados para legalizar sus prácticas corruptas, esas que, saben, provocan mayores desigualdades sociales, más pobreza, menos oportunidades de educación, muertes fácilmente evitables, violencia sin medida. Son perversos, lo saben y no les importa. Uno de los profesores estrella de Harvard, Michael Sendel, que por su posición es más atendido que quien escribe este texto, acaba de publicar un ensayo con el título de What Money can´t buy (lo que el dinero no puede comprar), parte de algo muy simple que sintetiza la periodista Decca Aitkenhead, del diario inglés The Guardian ─el mismo que denunció el acuerdo de Televisa y el PRI para operar a favor de Peña Nieto desde el 2005─ de la siguiente forma: “Vivimos en una época en la cual casi todo se puede comprar y vender”, escribe el filósofo de Harvard. “Hemos pasado de tener una economía de mercado a ser una sociedad de mercado” donde la solución para cualquier forma de problemas sociales y cívicos no es un debate moral sino la ley del mercado, partiendo del supuesto de que los incentivos de dinero en efectivo constituyen siempre el mecanismo apropiado a través del cual se toman las buenas decisiones. Cada aplicación de la actividad humana tiene un precio y se mercantiliza, y todos los juicios de valor se reemplazan por la simple pregunta: “¿Cuánto cuesta?” […] Ponerle un precio a una pantalla plana de TV o a una tostadora es completamente sensato –dice. “Pero cómo valoramos el embarazo, la procreación, nuestros cuerpos, la dignidad humana, el valor y el significado de la enseñanza y el aprendizaje –debemos razonar sobre el valor de los bienes. Los mercados no nos dan ningún marco para mantener esa conversación. Y nos sentimos tentados de evitar esa conversación porque sabemos que no estaremos de acuerdo respecto de cómo valoramos los cuerpos o el embarazo o el sexo o la educación o el servicio militar, sabemos que vamos a disentir. Por eso dejar que los mercados decidan parece ser una modalidad imparcial, neutra. Y esa es la parte más profunda del atractivo; que parece ofrecer una forma de valor neutro, imparcial de determinar el valor de todos los bienes. Sin embargo, la locura de esa promesa –aunque puede ser bastante válida para las tostadoras y las pantallas de televisión– no es válida para los riñones”. Esa “lógica” tampoco es válida para comprar un proceso electoral, para forzar, por la compra o coacción del voto, la elección de alguien que favorezca abiertamente los intereses de los poderosos porque, en automático, será en contra del resto de la población. No todo se vale, no todo se debe poder comprar. Hay que regresar a lo básico, a los principios, a los intereses comunes, a pelear contra las desigualdades sociales. De otra manera todos aceptamos ser convertidos en mercancía, a la disposición de quien sea que nos llegue al precio. Porque estaremos aceptando que estamos en venta.

domingo, 18 de septiembre de 2011

REQUISITOS

Hasta para renunciar hay que ser oportuno, por lo menos en la política, porque la acción puede trascender, enviar un mensaje, aprovecharla para tomar impulso e iniciar una etapa diferente. Pero fue al revés.

Seguramente nuestro secretario de educación pública, que dedicó el último año para promoverse e intentar ser considerado como candidato de su partido a la presidencia de la república, no solo consideró el ir abajo en las encuestas internas del PAN, también debe haber recibido un adelanto de los resultados de la prueba ENLACE 2011, que es la mejor evaluación a su desempeño; como los resultados no fueron buenos, aunque presume que se alcanzaron metas sexenales, el trampolín de un espectacular avance educativo se rompió apenas agarrando vuelo. Desgraciadamente, es también la tomografía de un sistema educativo esclerosado, cuyas dosis reformistas no logran el objetivo deseado porque la comunicación entre las autoridades y los profesores está mediada por una instancia sindical que todo lo deforma y lo usa para su exclusivo beneficio. Claro, la autoridad tiene su parte de responsabilidad, pero los docentes siguen dejando espacios que les pertenecen de origen y por no ocuparlos están permitiendo que cualquiera se los adueñe, y después se quejan porque sus expectativas y conocimientos cotidianos en el aula no son tomados en cuenta.

Los cambios, para que resulten, deben tomarse como propios, con la conciencia plena de su necesidad y pertinencia, de que se le toma a uno en cuenta como agente activo y no como un simple administrador de las decisiones de otros. Así, las reformas se quedan en simples requisitos, el discurso de los directivos es: “hay que llenar estos formatos nuevos porque a mí me los piden”, la administocracia se vuelve la nueva justificación para los cambios, no hay motivación didáctico-pedagógica, como lo escribe Alexander Schaunard: “Lo que pasa con el grupo otrora compacto, ejemplo viviente de un gremio en plena globalización, es que se hace grumos, se dispersa, forma pequeñas cofradías, que basan su comunicación en sencillos códigos, aferradas a unos cuantos conceptos, limitando su competencia a reducidos ámbitos que los hacen sentir seguros; lo más indispensable para seguir chambeando en la enseñanza, un saber que con cada nueva reforma se ha venido muriendo más y más”. Y entonces las principales resistencias contra los cambios son internas, de un profesorado que no logra asumir un lenguaje diferente, una concepción distinta de su quehacer frente al grupo de estudiantes que también se resiste porque ya se acostumbró a asistir a la escuela y no aprender, sólo cumple con requisitos administrativos para pasar de un grado al otro, igual que sus maestros.

Cuando a los reformadores se les ocurrió decir que lo nuevo era lo mismo que lo que ya se hacía desde hace muchos años se perdió el sentido de todo, otra vez Schaunard (Y ahora… ¿quién podrá defendernos? Revista Educación 2001, septiembre del 2011): “Lo primero que hacemos cuando somos introducidos súbitamente en un nuevo ambiente lingüístico, es tratar de encontrar parecidos fonéticos o gráficos con nuestro propio código para intentar entreabrir la cortina que nos permita atisbar esa nueva realidad. Al final hacemos tantas sustituciones que, sin darnos cuenta, sometimos a la nueva lengua a nuestra gramática acostumbrada, haciendo un vis a vis con el que podemos continuar nuestras vidas…”. Es decir, para hacer lo nuevo seguimos haciendo lo viejo, engañándonos nosotros mismos. Parecer que cambiamos sin realmente hacerlo. Y luego nos sorprendemos de que lo nuevo no dé resultados.

Mientras, los profesores siguen haciendo como que hacen sin hacer realmente. Seguimos cumpliendo con requisitos absurdos con tal de tener mayores ingresos, como el burro persiguiendo la zanahoria que nunca podrá alcanzar. Hasta recurrimos a posgrados “patito” sabiendo que no aprendemos más, que lo supuestamente cursado no tendrá impacto en nuestra práctica cotidiana porque, otra vez, recurrimos a lo ya sabido para no aprender otra cosa, si acaso nos volvemos soberbios. Ese es el juego de la meritocracia.

Nuestras escuelas debieran ser un hervidero de discusiones, los resultados de ENLACE tendrían que estar siendo examinados a detalle, vinculándolos al trabajo en el aula, al de cada quien en particular, al de todos como comunidad, pero eso no sucede, estamos esperando que los administradores nos den su interpretación y nos impongan sus acciones, para cumplir con el requisito.

lunes, 4 de octubre de 2010

LA RAZÓN PERDIDA

Varios hechos políticos que suceden casi simultáneos en el tiempo, en un lugar tan aparentemente desabrido como Querétaro donde se presume que nunca pasa nada y cuando pasa son sucesos aislados cometidos por diabólicos “fuereños” y en donde las víctimas son inocentes “buenas conciencias” queretanas, inducen a sospecha. Analistas prestigiosos dicen que es por lo menos obligado buscar alguna racionalidad en eso que parece simple producto de un azar caprichoso. Centremos la atención en algunos.
Primero, el gobierno estatal descolorido comienza a dar color. La propuesta de reforma electoral local levantó más polvareda de la que estaba pensada, flaco favor le hicieron los actuales consejeros electorales del IEQ y el representante del PRI que se opusieron sin argumentos suficientes a que el consejo general de ese instituto opinara sobre la iniciativa ventilada en los medios de comunicación, además de que no lograron bloquear el acuerdo tomado por mayoría. La sinrazón se convirtió en la nota del día y de los subsecuentes por el encono mostrado, si hasta el presidente municipal de la capital puede decir lo que se le dé la gana sobre el tema en entrevistas banqueteras, a quien se le ocurre decir que lo que diga el órgano colegiado de la instancia especializada y autónoma es invadir competencias o que está fuera de lugar.
Segundo, días antes el identificado como dirigente del grupo de los duros dentro del partido albiazul y exsecretario de gobierno del sexenio garridista Alfredo Botello pidió, más bien exigió, que el actual gobierno estatal hiciera las cosas bien porque ellos –los panistas—no querían regresar a gobernar sobre ruinas, augurando un futuro triunfo electoral en los procesos locales del 2012 y 2015.
Tercero, por las mismas fechas el congreso priista del estado de México comete su propio madruguete electoral que impide la figura del “candidato común”, revelando los miedos de quien quería aparecer como super confiado por invencible y seguro precandidato a la presidencia por el club de los ricos. Todos sabemos, porque así se han encargado de hacerlo saber, de la sintonía que existe entre el copetudo gobernador de esa entidad y el de esta. Así que intuir que ambas reformas electorales, aunque por el momento no se refieran a los mismos aspectos, están encaminadas a proteger los mismos intereses, no tiene chiste.
La propuesta de reforma local ya fue tratada en el número anterior de este semanario, no tiene caso repetir lo que bien se resumió, allí también están los argumentos de las diferentes partes. Lo que falta es intentar una evaluación de la actuación de los consejeros que salen por terminar su periodo de siete años y que con esa experiencia esperábamos que terminaran con más gloria que pena. Por ejemplo, teniendo el IEQ competencia para proponer iniciativas legales electorales ¿porqué no lo hicieron en el más de un año que pasó de julio del pasado a septiembre de este? O siquiera hubieran convocado a consulta ciudadana, si a su juicio los cambios necesarios son pocos o ni siquiera existen ¿porqué no iniciar la consulta para concluir precisamente eso y evitar que el gobernador los “madrugara”?
El consejo electoral del IEQ poco ha abonado a la democracia, si acaso se han limitado a organizar los procesos electorales y sacar los resultados sin dudas significativas, que no es un asunto menor pero no suficiente. Por ejemplo, mientras el consejo general del IFE dirigido por José Woldenberg se caracterizó por las discusiones de alta calidad que sobre los diferentes temas de la democracia había que considerar, aplicar y solventar, dejando en claro que la pluralidad de opiniones bien sustentadas permitían la toma de acuerdos, provocando cambios en la cultura democrática apenas naciente después de una larga etapa oscurantista. Nuestro IEQ llegaba con los acuerdos previamente “planchados” a sus reuniones de consejo, nada más para darle legalidad a lo que habían acordado en la oficina del presidente en turno. Primero les ganó el fetichismo normativo, después el consensualismo, también el pánico de que los ciudadanos supiéramos que pensaban diferente, si es que tal cosa era cierta. Todos declaraban lo mismo y ponían cara de intelectuales superiores al resto de los mortales, como si la clonación, la soberbia y el falso consenso fueran la misma cosa. Hubo puntos positivos, pero no con la suficiente intensidad como para sentirlos cercanos a una ciudadanía que esperaba y se merecía más. Nos quedan a deber.
Se termina el espacio. ¿Cuál es la racionalidad que empata los dos primeros temas de este texto? Que el “duro” Botello ya se dio cuenta que los mismos funcionarios que precipitaron, con sus malas decisiones, la alternancia política a favor del PAN, están nuevamente en el poder y cercanos al gobernador actual, y están haciendo lo que saben hacer: perder en las próximas elecciones y en todas las que hagan falta, ¿la razón? que algunas de las decisiones políticas importantes se deciden en estructuras que están por encima de los partidos políticos, por eso a algunos les resulta fácil “brincar” de uno al otro y de regreso si es necesario, la lealtad o tener un perfil ideológico preciso es más una desventaja que una cualidad. El Yunque es una de ellas, pero hay otras, que esa “influencia” es profundamente antidemocrática y que el IEQ nunca pudo y quizás ni quiso, establecer una estrategia de largo alcance para trasladar esos poderes de facto al ámbito democrático, al de los votos de los ciudadanos. Allí está su principal deuda. El colmo es que los consejeros que se quedan no parecen tener el atrevimiento que les faltó a los anteriores, son contadores de votos, nada más. Las alternativas, como ha sucedido en los años recientes, están del lado de las organizaciones sociales que pelean por demandas específicas sabiendo que estas rebasan, con mucho, sus aparentes limitaciones.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Para leer ENLACE

Es cierto que una prueba no lo dice todo, no es lo mismo contestar preguntas de opción múltiple que enfrentarse a problemas en la vida cotidiana y saber resolverlos de la mejor manera, también es cierto que hay escuelas que trabajan para enseñar a sus estudiantes cómo resolverla aunque eso implique no cubrir los programas, también que la evaluación se pervierte al ofrecer estímulos económicos a escuelas, profesores y grupos que logren puntajes altos, pero al menos es un esfuerzo caro para evaluar nuestro sistema educativo.

Parece haber cierta coincidencia: hay un estancamiento con todo y la implementación de reformas presuntamente ambiciosas y dirigidas en el sentido correcto. Nuestro país ha estado padeciendo la puesta en marcha de dos reformas recientes, la RIEB (Reforma Integral a la Educación Básica) y la RIEMS (Reforma Integral a la Educación Media Superior), la cantidad de recursos, de horas, de trabajos dedicados a las mismas parecen no estar dando resultados, y es que se nos olvidó que el factor principal es la convicción de los docentes de que es necesario cambiar y el consenso de hacia dónde hacerlo.

Los resultados siguen hablando de un desastre anunciado, en el análisis comparativo hecho por la propia SEP señala que entre el año pasado y este, en primaria, en español, en los niveles “bueno” y “excelente” se pasa del 32.8 al 36.9 por ciento, un avance de 4.1 puntos porcentuales; en matemáticas el problema es mucho más grave, ya que los puntajes óptimos apenas se alcanzan en una proporción bajísima de la población estudiantil, se concentra en los mismos niveles señalados el 9.4 (en 2009) y el 11.2 por ciento este año, apenas una diferencia de 1.8 puntos porcentuales, demasiado pequeño para considerarse significativo. Si se comparan los resultados aceptables (bueno y excelente), los de español rebasan en un 30 por ciento a los de matemáticas.

Para el tercer grado de secundaria los resultados son peores porque no hay cambios, lo que revela que la reforma en este nivel no está sirviendo, para español, en los niveles “bueno” y “excelente”, hay un retroceso mínimo de 0.30 puntos porcentuales al pasar de 18.2 al 17.9 por ciento. El problema no es sólo ese, ya que el resultado es de apenas la mitad de lo que obtienen los alumnos de primaria en la misma materia. En “habilidad matemática” se pasa del 18.7 el año pasado, al 20.3 por ciento en este, apenas un incremento de 1.6 puntos, aunque los datos son mejores si se compara con “matemáticas” en primaria.

Por lo menos en educación media superior las cosas no pintan tan feas, de tener un porcentaje de 49.8 en “habilidad lectora” agrupados en los niveles “bueno” y “excelente” en el año pasado, en este sube a 57.2, es decir un avance de 7.4 puntos porcentuales; como contraste, ese resultado se ve opacado por lo señalado en “habilidad matemática”, donde apenas hay un cambio del 18.7 al 20.3 por ciento, y aún así se encuentra por lo menos un tercio abajo (35.4%) de la “habilidad lectora”.

Procesar los datos del estado con respecto al país, de cada alumno, de cada escuela por turnos y comparar todo con los respectivos promedios es algo que escapa a este texto. Pero sí podemos señalar que, como advierten algunos especialistas en temas educativos, cuando los avances son mínimos estos pueden deberse a que los estudiantes ya han realizado la prueba ENLACE anteriormente, en otro nivel educativo, y saben cómo se responde y ya no hay sorpresa o confusión al respecto, es decir sería un efecto de “habituación” a la prueba y no un avance real lo que se esté midiendo, por eso se habla de que si algo se revela es un estancamiento, malo por el contexto en que se da, que es el de las reformas educativas ya señaladas que debieran estar mostrando sus primeros efectos positivos.

También, y es importante subrayarlo, parece existir una relación estrecha entre los resultados en “habilidad lectora” y “habilidad matemática”, entre mayor es la primera aumenta la segunda. Nada sorprendente si consideramos que el manejo del lenguaje, la comprensión lectora, tienen que ver con el manejo de conceptos concretos y abstractos, y que estos últimos son la base de las matemáticas. Pero nuestros directivos siguen pensando a contracorriente, a los malos resultados en las materias que tienen que ver con ese pensamiento abstracto (llámense álgebra, cálculo, estadística y probabilidad o como sea), responden con un incremento de horas para las mismas, lo que deviene en más horas de incomprensión y mayor frustración para los muchachos, en lugar de incrementar las dedicadas a la “comprensión” de lo que se lee, de lo que se vive, de lo que se siente y a su expresión escrita, para después o conjuntamente, abordar el lenguaje matemático o el de las lenguas extranjeras.

Finalmente, quiero agradecer a los lectores que han mandado sus opiniones a través del correo electrónico, algunos se han tomado la molestia de compartir datos sobre eficiencia terminal de algunas instituciones educativas, que es otra forma importante de medir los resultados, y que por su extensión e importancia ya no hay espacio para tratarlos aquí. Habrá que hacerlo en las próximas semanas.

sábado, 7 de noviembre de 2009

MALA FAMA

Nuestro sistema educativo tiene mala fama, se la ha ganado a pulso; ya son muchos años de inercias, indolencias, corrupciones y malas complacencias.
Análisis, investigaciones, evaluaciones y comparaciones van y vienen, todas apuntando a lo mismo: el desastre educativo no sólo no se corrige, sino que se incrementa, no estamos contentos con haber echado a perder a generaciones de mexicanos que se creyeron que más educación correspondía a un mejor nivel social, seguimos por la fatídica senda de hacer pensar a nuestro niños y jóvenes que lo importante es el papelito y no el aprendizaje que debe sustentar, que hay que buscar la calificación por todos los medios posibles exceptuando el esfuerzo continuo, el hacer las cosas bien, el saber organizarse, el ser creativo y honesto.
Desde el inicio de este siglo XXI, cuando el partido hegemónico tuvo que abandonar, no por su voluntad, la presidencia de la república, anotamos que los blanquiazules no resistirían la tentación de incluirse y cambiar la historia oficial, tenían que legitimarse históricamente para darle permanencia a un vuelco en las preferencias electorales producto del hartazgo, la pregunta era con quién se aliarían para lograr algo que se antojaba dilatado.
La respuesta no tardó en llegar, como lo progresista no se les da, como no saben como ser una derecha moderna, su alianza tuvo que hacerse con una parte de lo más podrido y corrupto que tiene este país, aunque se condenara a otras generaciones de paisanos a una educación lamentable, que prefiere mirarse el ombligo en lugar de tener una visión de futuro.
En el foro La Política Educativa en México llevado a cabo apenas el pasado mes de octubre, una de las conclusiones fue que: “Los contenidos de los nuevos libros de texto gratuitos para educación primaria, elaborados a partir de la Reforma Integral a la Educación Básica (RIEB) no sólo son involutivos y una mala copia de los ya existentes, también profundizan los efectos de una reforma improvisada y regresiva que se traducirá en una formación básica defectuosa para millones de alumnos…”. Después vino la puntilla, un informe de una organización como Mexicanos Primero y que es exprimido por el asiduo visitante a estas páginas Jesús Silva-Herzog Márquez: “Escuelas para la legitimación política y el combate ideológico. El foco ha estado en lugar equivocado. Dando la espalda a los alumnos, no los han considerado jamás, el centro de su atención. Se han perfilado a atender el interés del Estado o las demandas contractuales de los maestros. Escuelas ciegas a las transformaciones del mundo y sordas a las exigencias del entorno. Un niño de primaria, aparece así como un accesorio del mobiliario escolar. No el propósito de la educación, sino apenas el ocupante de sus instalaciones… Un niño puede matricularse en una escuela pero todo indica que no recibirá una educación que lo haga contemporáneo del mundo, una educación que le permita entender su entorno e insertarse exitosamente en él, una educación que le ayude a detectar sus talentos y le ofrezca una plataforma para proyectarlos. Fraude cotidiano a cada uno de ellos; fraude cotidiano al país. La escuela entretiene pero no forma; acoge alumnos y jóvenes en sus instalaciones pero no les ofrece una educación de calidad. Engaño a los estudiantes y engaño a México. El derecho a la educación se viola cotidiana y silenciosamente al no ofrecer pistas reales para el cultivo de conocimiento y la formación de capacidades”. Por allí va el diagnóstico después de 9 años de gobiernos federales panistas, no hay avances, sí graves retrocesos, lo peor es que estos están anidados en las entrañas de las reformas educativas, en la RIEB de la que ya hablamos, pero también hace falta un buen análisis de lo que está pasando en la Reforma Integral en la Educación Media Superior que paulatina, pero inexorablemente, está cayendo en una gran simulación. Como bien advierten los especialistas, una reforma se construye no se decreta. A ambas reformas les falta la participación y compromiso de los docentes, de los alumnos, de los padres de familia, de los directivos y administrativos.
La práctica en el aula no sólo no cambia, sino que se enrarece y se cae en las prácticas típicas de los juegos de poder internos, se premian las calificaciones altas y fáciles, el aprendizaje no importa.
Con el cambio de gobierno estatal se presenta la oportunidad de abonar a un cambio en la dirección correcta, con el gobierno anterior algunos se sintieron con las atribuciones necesarias para embestir, sin rubor alguno, en contra de la libertad de creencias, en contra de una educación realmente laica y no sujeta a uno más de los muchos poderes fácticos que contribuyen al enrarecimiento del sistema educativo.
Ojalá que exista la sensibilidad y el conocimiento necesario para poner a los directivos que reclama la grave situación, que no sea un simple reparto de posiciones entre los cuates o producto de negociaciones entre grupos de poder interesados en los sueldos y prestaciones, no en el servicio que deben prestar.