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martes, 18 de septiembre de 2018
SE SOLICITA TROVADOR
SE SOLICITA TROVADOR
Joaquín Córdova Rivas
Hay que imaginar que un país diferente es posible, hay que contagiar esas ansias por cambiar, hay que convencer que vivir con miedo no es normal, que se pueden resolver los problemas sin recurrir a la violencia intrafamiliar o en el noviazgo, que el romanticismo y el amor no combinan con los golpes o las humillaciones cotidianas, que es deseable y alcanzable estudiar lo que los talentos personales indiquen, que se puede envejecer con dignidad porque podemos construir un sistema de jubilaciones y pensiones justo y remunerador, que ser joven no es sinónimo de delincuencia, que ser indígena o profesar una creencia religiosa diversa a la de la mayoría no significa ser inferior, que podemos sacudirnos el temor a ser víctimas de quien cree ser impune porque ya no lo será, hay que valorar lo que tenemos y ser solidarios con los demás.
La lista se antoja interminable, pero es que lo que hay que modificar parece tampoco tener fin. Imaginar una forma diferente de amar que haga imposible un feminicidio implica derrotar machismos ancestrales que ahora se disfrazan de simple seguimiento de reglas o de respeto a tradiciones, el conservadurismo mexicano a veces se encubre de moral y buenas costumbres, de “mejor malo conocido que bueno por conocer”, no por nada somos el país de las quesadillas sin queso o del chile que no pica. Queremos que las cosas cambien pero que lo hagan otros, para nosotros seguir siendo igual de gandallas.
Las sociedades que intentan cambios urgentes y radicales —esto último no por violentos, sino porque se llegó a una situación insoportable que todo contamina—, recurren a construir su propia narrativa, a esparcir las nuevas ideas a través del arte, porque como decía el poeta Dante Alighieri, la belleza es el adorno de los argumentos, de las razones, de los sentimientos y emociones, y el arte tradicionalmente trata con la belleza.
La llamada “poesía social” armada de música se convierte en esa trova latinoamericana que le canta a los pueblos necesitados de cambios, no se puede pensar en la dilatada democracia chilena sin Salvador Allende y los infaltables cantautores populares como Víctor Jara, la inolvidable Violeta Parra, el físico, matemático y antipoeta Nicanor Parra, el poeta Pablo Neruda; la esperanza uruguaya parece proyectarse en Mario Benedetti, en el genial Jorge Drexler; la todavía convaleciente Argentina, víctima de todos los abusos posibles que se les ocurre a las dictaduras militares, se piensa con Jorge Luis Borges, con la sensibilidad de Alfonsina Storni, con León Gieco, con la potente voz indígena de Mercedes Sosa, con el cotidiano Alberto Cortez, con el persistente rock en español; podríamos seguir país por país de nuestra sufrida Latinoamérica y sus venas abiertas como dijera el nacido uruguayo Eduardo Galeano, todos tienen figuras qué presumir, esos que lograron en buena medida romper el cerco de la censura, del comercialismo necesariamente barato pero con un control férreo sobre los medios de difusión artística.
Se dice y puede que tenga algo de verdad, que esa poesía social en español tiene un primer impulso, por lo viejo y por la intervención de la naciente potencia militar nazi, en la España inmediatamente anterior a la segunda guerra, pero ni el franquismo pudo callar a poetas, compositores y cantantes, hasta acá nos llegaron Antonio Machado, Joan Manuel Serrat, Víctor Manuel San José, Luis Eduardo Auté, Joaquín Sabina y todos con los que su memoria contribuya. Todos aportando una forma alternativa de ver la vida, de proponer relaciones sociales fundadas en el respeto a la diversidad, en el reconocimiento del otro, en la solidaridad y la pelea contra las desigualdades sociales. Por una democracia diferente, diaria, en todos los ámbitos.
La terquedad cubana sería imposible sin sus trovadores, los que conocemos desde hace décadas y seguimos cantando: Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Sara González, Amaury Pérez, en el poeta que les sirve como antecedente y maestro: José Martí; la negritud presente en Nicolás Guillén y tantos otros.
No pretendo una revisión exhaustiva, no me alcanza la vida para conocerlos a todos, faltan muchas mujeres que estuvieron en todo este proceso, pero librar la censura y el machismo es un doble candado que no siempre se pudo romper.
¿Dónde están los trovadores mexicanos? Indudablemente existen, llevan décadas componiendo, cantando, presentándose donde quiera que les abran los espacios, los micrófonos, a contracorriente de una cultura que en muchos casos sigue creyendo que escribir, tocar magistralmente un instrumento musical, componer cualquier canción que cuestione nuestro conservadurismo mocho, macho e hipócrita, no es profesión decente. El duopolio televisivo y radiofónico ni los pela, prefieren hacer negocio con pseudo “estrellas” extranjeras o locales desechables, pero, hoy más que nunca su voz, la de esos trovadores para seguirles llamando así, y su música, resultan necesarios, porque su visión es diferente y crítica, porque proponen de una manera amable formas cotidianas de ser mejores seres humanos.
No nos va a alcanzar con cambiar las instituciones, barrer la corrupción como se barren las escaleras, de arriba hacia abajo necesita que nos dejemos de tranzas en las planta baja, que cambiemos nuestra cotidianidad, de otra forma se perderá el tiempo, el esfuerzo, se agotará la esperanza y perderemos irremediablemente el futuro que imaginamos mejor y disfrutable.
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viernes, 15 de junio de 2012
SENTIR EL CORAZÓN
En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
¡ya no siento el corazón!
Antonio Machado
Inventamos reglas con la desesperada idea de que las pasiones no nos dominen; aprendemos hábitos en un intento fútil de no pensar y justificar todo lo que hacemos, para reducir nuestro margen de acción y portarnos bien sin necesidad de caer en dudas.
Antes de seguir en un aparente divagar, es necesario dejar en claro el motivo de este texto. Surgió de examinar, después de observar, la conducta de algunos de los muchos candidatos que son protagonistas en este proceso electoral. Intenté ponerme en el lugar de alguno pero no pude, la pasión por el poder no es lo mío, imaginar la vorágine de actividades que se tienen que cumplir en una campaña electoral, el recorrer todos los municipios del país como ya lo ha hecho uno de ellos, el tener la agenda llena por semanas y meses, el recibir presiones, sufrir espionaje, estar en la boca de todos y en algunas de ellas sólo para ser maltratado.
Es creencia pública que quien se dedica a la política es impulsado por ese lado corrupto que como humanos todos tenemos, que sólo quieren dar rienda suelta a sus bajos instintos aprovechándose del dinero ajeno, de nuestro dinero.
Pero quizás estemos pasando algo importante por alto, el filósofo español José Antonio Marina, que ya mencionamos en otro momento, se atreve a asomarse a ese mundo interno que tanto tememos, donde se encuentran esos poderosos motivos para hacer cosas que nos sobrepasan y que no aparecen por arte de magia, o que traemos con nosotros por el simple hecho de creer que somos una especie aparte: “Olvidamos que gran parte de las cosas que pensamos, sentimos y creemos son resultado de un largo proceso de invención, de descubrimiento o de ambas cosas, y que si desconocemos esto, desconocemos también por qué pensamos, sentimos o creemos lo que pensamos, sentimos o creemos.”
Es cierto que detrás de lo político, como un gran escenario, están los intereses de personas, grupos, facciones, que se disfrazan de colectivos para imponerse en las mentes de los demás. También damos por cierto que nuestros candidatos están al tanto de ello y son parte, pero habría que plantearse otras posibilidades, entre ellas que esos intereses, algunos inconfesables públicamente, se valgan de la pasión de los verdaderos políticos para lograr sus fines. Pero puede que el apasionado se entere demasiado tarde de estar siendo utilizado o de utilizar a los demás. Regresemos tantito: “Pasión puede definirse como una conmoción afectiva, vehemente, intensa, con gran capacidad movilizadora, que se adueña tiránicamente de la conciencia y que hace perder el control de la conducta”. Así dice en el Pequeño tratado de los grandes vicios y nos recuerda algo que no podemos olvidar, esas pasiones hacen perder el control de la conducta, se saltan la conciencia como filtro para diferenciar el bien del mal.
Ya nos metimos en más problemas, parece haber una relación entre la pasión y el mal, por lo menos así lo creen algunos de los pensadores que han moldeado nuestro sistema de valores: “Tomás de Aquino encuentra tres causas internas del mal: la ignorancia, la pasión, la malicia (que es la inversión en la escala de valores).” ¿Qué hacer cuando las pasiones se desbordan, cuando se rompen las reglas o se cae en excesos públicos? ¿Tenemos que resignarnos a que todo se vale?
No. No podemos justificar el daño que los otros o nosotros hacemos cayendo en la inacción o en la omisión. Por ejemplo, quedarnos sin reaccionar ante la forma en que se lleva el proceso electoral por la alcaldía de Querétaro no se vale, se están sobrepasando los límites que aceptamos todos. Lo mismo en el caso de la contienda presidencial, hasta inventamos términos como “guerra sucia” para rechazarla al tiempo que la justificamos, como si existieran las guerras limpias. Un proceso electoral tiene contendientes no enemigos, es una competencia por convencer y lograr la voluntad de los electores convertida en voto, pero no puede ser una guerra donde no existen límites, porque nos lastimamos todos. Otra vez Marina: Malo es lo que hay que evitar porque produce dolor, malestar, insatisfacción o muerte. Y esa idea es completamente humana: “Pero el mal surge por oposición a un Bien pensado, de la misma manera que la injusticia sólo tiene sentido si previamente hemos pensado la Justicia.”
¿Cuál es nuestra idea del Bien, de lo permitido, de lo aceptado? Parece que nuestros jóvenes universitarios tienen una mejor idea de ello, no se vale manipular, no se vale imponer, no se vale mentir, no todo lo que se puede hacer se debe hacer. Hay que intentar encausar las pasiones, dominarlas absolutamente puede ser castrante, frustrante e inútil, lo dice bien el poema de Antonio Machado, se deja de sentir el corazón.
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